domingo, 11 de agosto de 2024

El ente maldito (Un seductor nato).

En la Abstracción tenemos un compañero al que de cariño llamamos el: “Ente maldito”. Epíteto que no tiene nada que ver con la ausencia de cualidades, sino con un dejo de admiración (disfraz elegante de la envidia) por sus innatas cualidades de seducción.

En estricto sentido, un seductor es aquel que tiene la habilidad de identificar y atender las necesidades del seducido. Esta pequeña diferencia es sustancial, ya que la gran mayoría de los seres humanos poseemos la habilidad de identificar las necesidades del seducido, pero no la disposición de atenderlas. Diferencia que marca, valga la redundancia, todas las diferencias.

La capacidad para identificar las necesidades del otro puede ser innata (en la gran mayoría de las mujeres) o adquirida (hombres), no obstante, esta demanda de un arduo trabajo de observación escucha y memoria, ya que no es el conocimiento sino la comprensión de lo aprendido lo que permite hacer uso de ello.

Para el seductor lo más importante es la indagación, es decir, no ser él o ella la persona que hable, sino la que escucha, analiza y guarda en la memoria lo que mañana habrá de reforzar o rectificar. Y lo hará plenamente consciente de que lo más natural es tergiversar lo observado a su favor, es decir, ver y oír lo que no está ahí (loco es aquel que espera encontrar en la vida lo que no está en la vida).

Este proceso de ajuste o adecuación de lo observado se hace a través de una larga y paciente indagación, en donde lo más importante es hacer las preguntas correctas. Preguntas que no solo inviten al otro a responder, sino a dejar ver en su lenguaje corporal, las emociones, miedos y ambiciones que oculta.    

Es importante saber distinguir entre el seductor y el Don Juan. El Seductor entiende de manera innata o adquirida que la seducción se sustenta en dos variables; la primera es que el poder de la seducción no está en la seducción sino en la(s) carencia(s) del otro; y la segunda en que la seducción requiere tiempo de incubación.

El Don Juan, por el contrario, está convencido de que la seducción depende de él, de su gracia, encantos y capacidades, lo que le hace suponer que, por el solo hecho de ser lo que es, va a hacer que el otro u otra se rinda sus pies.

Esta por demás anotar que, a menor nivel de carencias psíquicas, menor necesidad de validación o seducción requerirá la persona de nuestro interés, por lo que será menester un mayor horizonte de observación, escucha, análisis, atención y tiempo, ya que no hay un solo ser humano que no tenga una necesidad sin atención o sin la cota de atención que necesita y demanda. Lo que cambia entre uno y otro es el grado de necesidad. Entre más completa la persona, más difícil será la seducción, pero no imposible.

El ente maldito.
Lo que distingue al Ente Maldito de la abstracción de los demás miembros de ella y de la gran mayoría de los hombres, es que este no solo identifica las necesidades, sino que además está dispuesto a atenderlas, sin importar si estas son triviales o sustanciales. Él siempre está ahí para lo que necesitan esos otros que si son sus otros (pareja, hijos, amigos).

Sirva, como ejemplo, el servicio de Uber. Sus hijos (dos mujeres y un hombre que ya viven solos), pueden hablarle para que les haga el favor de pasar por ellos al aeropuerto o a la salida de un evento sin importar si la hora es de vigía o sueño. Lo mismo acontece con su mujer. Esta puede, sin reparo alguno, tomar para ella el tiempo de él a sabiendas de que este jamás se lo negará, ya que para él lo más importante es lograr que su relación tenga significado, conexión y dirección.

Yo, por desviación de oficio, estoy expuesto directa e indirectamente a una gran cantidad de personas, lo que me ha permitido observar, analizar y guardar en memoria lo que mañana habré de reforzar o rectificar de las personas que me interesan como objeto de estudio. A él no lo mueve el estudio de los demás. Lo que lo mueve es lograr que los demás encuentren en él significado, conexión y dirección. Y lo hace porque para él es de suma importancia lograr lo mismo con ellos.

Le llamamos el Ente Maldito debido a que ninguno de los miembros de la abstracción (salvo un servidor que vive solo), le platica a su pareja o amigas sobre el ser y hacer de este cofrade, ya que ello propiciaría de inmediato un nivel de exigencia que ninguno esta dispuesto a ofrecer.

El hombre, huelga decirlo, es tan egotista y egoísta como la mujer, solo que el egoísmo del hombre esta más centrado en el no hacer, mientras que el de la mujer está centrado en el ser, lo que le genera un egotismo diferente al del hombre. La mujer no concibe que él no gire en torna a ella y sus necesidades, mientras que él no concibe que la mujer no entienda y acepte su enorme necesidad de no hacer. Tan es así que cuando el hombre tiene un tiempo libre, su mujer ve un lienzo en blanco y como tal, habrá de llenarlo.

El objetivo de anotar esto es explicar el porque ninguno de ellos platica sobre él. Hacerlo les exigiría de parte de ellas un nivel de entrega que no están dispuestos a ofrecer, ya que esa entrega les exime de lo más preciado para ellos: Tiempo para no hacer. Recuerde que a nada tiende más el ser humano que al confort, pero el hombre, género masculino, es el rey del confort (las mujeres lo llamarían de otra forma).

Así pues, hablamos de él entre nosotros y con él. Algunos en grado de incredulidad…, lo que lo hace más paradójico, ya que todos ellos son Abstractos, y, otros en forma de reclamo. Y los más, con extraña curiosidad. A él, huelga decirlo, le divierte en grado sumo la estupefacción que genera en sus cofrades. Lo importante de todo esto es que ya se le aviso que, de seguir sí, puede llevar a todos sus congéneres a la extinción, ya que son pocas las mujeres que aceptarían algo menor (como si estuviéramos los Abstractos en edad de atraer mujeres).

En el inter de que decidimos como neutralizar tan nefasta influencia, les dejo estas letras para su análisis y diversión.

Nos leemos en el siguiente artículo.

jueves, 8 de agosto de 2024

Una nueva dinámica poblacional.

El tema que nos ocupa en este artículo son los cambios que se han venido gestando desde hace tres generaciones (60 años) y que modificaran el balance de poder de las naciones. El poder siempre ha mutado de geografía y lo más probable es que los ciudadanos de aquellos epicentros de poder vieran con preocupación la progresiva e inevitable decadencia del imperio, aun cuando ninguno de ellos tuviera la oportunidad de llegar a ser testigo de esa caída terminal que imaginaban y conceptualizaban, ya que la coronación o pérdida del poder no solo es gradual, sino que toma muchas generaciones.

España fue el eje del poder en los siglos XIV y XV. Francia en el XVI y XVII. Inglaterra en el XVIII y XIX… Y Estados Unidos de Norteamérica en el XX y XXI. Obviamente las líneas divisoras se traslapan entre uno y otro, tan es así que Inglaterra, a través de la City ha podido incidir (cada vez menos) en el acontecer del entorno mundial. No sucede así con Francia. Esta nación que fue el epicentro de poder hace varios siglos, no es hoy ni la sombra de lo que fue…, y de España, ni hablar. Es un estado más de la Unión, pero nada más.  

En la actualidad el poder está centrado en Estados Unidos, sin embargo, al analizar su dinámica poblacional, uno no puede más que constatar una lenta e irreversible pérdida de poder. En algunos momentos gradual, en algunos otros, acelerada. Pudieran, si cambian su dinámica, ralentizar su pérdida de influencia, pero si lo que desean es extender su poder más allá del siglo XXI, tendrían que hacer cambios drásticos en su estructura social (una mayor presencia de la familia patrilineal), laboral (estimular el desarrollo de las ingenierías y plantas productivas) y económica (guardar un equilibrio entre el sector secundario y terciario).

El tema es que mientras esos cambios no se den, vamos a vivir una lenta transición del eje del poder de Estados Unidos a Asía y con él, el inexorable ocaso de la Europa que conocimos y el cada vez mayor debilitamiento de la Unión Europea como Unión. El poder económico de Occidente es financiero. En este momento Estados Unidos y Europa no producen más del 30% de los productos manufacturados del mundo, el resto se producen principalmente en Asía y en el Sudeste asiático.

Esto va a generar en el tránsito de una generación, un conflicto bélico totalmente ajeno a la geopolítica, a las ideologías o doctrinas políticas. El conflicto no va a ser por el poder económico, va a ser por el poder financiero. El 80% de la riqueza de Occidente viene de la especulación financiera, no de la manufactura. En otras palabras, lo que principalmente genera Occidente es una riqueza basada en la especulación, no en la producción. Produce y ofrece poco (30%), sin embargo, para especular es menester que exista una base productiva que genere el dinero sobre el que se va a especular. De no ser así lo que ofrece es aire, es decir, riqueza sin sustento.

Si Estados Unidos no hace lo que tiene que hacer en lo social, laboral y económico en los siguientes veinte años, va a depender de aquellos países que sean dueños de la ingeniería y de la producción. Países que inevitablemente marcaran la pauta del acontecer mundial.

Un ejemplo de debilidad son las medidas proteccionistas (aranceles) que están adoptando en Estados Unidos y en la Unión Europea, las cuales no solo atentan contra su ciudadanía (que es la que los paga), sino contra su industria, ya que esta, al estar protegida por los aranceles, no se ve en la necesidad de hacer más eficiente sus plantas productivas.

Lo que pase en Estados Unidos los siguientes dos periodos presidenciales, nos dejará ver lo que está por venir: el cambio de rumbo o el conflicto bélico.

Nos leemos en el siguiente artículo.

 

jueves, 1 de agosto de 2024

Habitar las palabras.

Es poca la gente que habita sus palabras, pero a todos los habitan sus palabras. Esto que parece más un juego de palabras que un aforismo, determina nuestro ser y hacer mucho más allá de lo que nuestra mente es capaz de asimilar y dirigir. No porque la mente sea débil, sino porque la hemos hecho débil. Y si usted se pregunta cómo es que podemos debilitar algo tan poderoso como la mente, le diré que la respuesta está en su boca, es decir, en las palabras que usa.

Hace un tiempo una persona a la que estimo en mucho, me comentó que me faltaba barrio. Esto debido a algo que me dijo y que no entendí. Mi respuesta fue que no me interesaba el barrio. No porque tenga algo contra el barrio (de ahí venimos todos), sino porque lo que menos deseo es regresar a él. El problema es, como enuncie al principio de este artículo, que son muy pocas las personas que habitan sus palabras, pero las palabras que usamos nos habitan a todos. Usar las palabras del barrio va a ayudar a que este me habite a mí.   

Habitar las palabras no es otra cosa más que usar palabras que realmente obedezcan a lo que intrínsecamente queremos ser y no al momento en sí. Lo invito a que escuche detenidamente el lenguaje que usa para hablar con usted y con los demás, tanto en lo trivial como en lo sustancial. Y ya una vez que tenga claro el lenguaje que le habita, pregúntese a donde lo va a llevar ese lenguaje. Y si ese es el lugar en el que desea estar, felicidades. Ya llego a donde quería llegar.

Ahora bien, si el paisaje y paisanaje al que lo llevan sus palabras no es el que quiere para usted, cambie su lenguaje. Si usted desea relacionarse y asociarse (en lo sentimental, filial o empresarial) con personas que posean un mejor horizonte socio cultural que el suyo, deberá usar el lenguaje y las formas de estos. Para poder hacerlo va a ser menester que habite ese lenguaje, tanto en forma (tono) como en fondo (significado) y hacerlo de tal forma en que llegue el momento en que estas expresen a ese otro ser en el que se ha transformado. Su esencia no va a cambiar, lo que va a cambiar es la forma de expresarla.

Al hablar nos traicionamos, porque al hablar nos transparentamos.
Nuestra forma de hablar le deja ver a los otros la tribu a la que pertenecemos. Uno es el lenguaje del artesano y otro el del artista, aunque ambos se dediquen a lo mismo. Solo que uno en calidad de artesano y el otro en calidad de artista. Uno es el lenguaje del operario y otro el del transformador. Ambos hacen lo mismo, solo que uno con la visión y alcance del operario y el otro con la visión y alcance del transformador. Lo que nos sitúa a cada uno de nosotros en una determinada tribu es el lenguaje, no el uniforme.

Es de suma importancia que evaluemos si el paisaje y paisanaje en el que estamos es en el que deseamos estar. Y si no lo es, prepararnos tanto en forma como en fondo para formar parte de ese otro al que deseamos pertenecer.   

El proceso de cambio es lento, pero notorio. Lo primero que va a cambiar es su forma de hablar (vocabulario, tonos y formas) y con ello su forma de ver e interpretar el mundo, así como sus relaciones y asociaciones. Lo segundo es que muchas personas y cosas que antes le interesaban van a pasar a un estadio de ocasión, pero ya no de pertenencia. La tercera es que lenta y gradualmente va a empezar a rodearse de personas y cosas que expresan ese nuevo ser que usted es.

En otras palabras, usted, sin perder su esencia, se expresará acorde a las nuevas circunstancias que construyo para usted.

Es importante anotar que no hay un paisaje y paisanaje mejor que otro. Todos tienen posibilidades y limitaciones. Lo importante es definir cual obedece más a su esencia, talentos y posibilidades, que ahí es donde podrá expresar y desarrollar lo mejor de usted.

Nos leemos en el siguiente artículo.

viernes, 26 de julio de 2024

Un frágil equilibrio (crisis de futuro).

En el artículo anterior (crisis de futuro) hablamos de lo inmanente y cambiante del ser humano. En este vamos a explorar algunos de los fenómenos sociales que explican esos cambios. Es importante anotar que no es nuestra intención cualificar cual es mejor en relación con los otros. Los cambios son parte del proceso evolutivo de la sociedad y nos va a llevar de dos a tres generaciones de procesos intensos y convulsos hasta que encontremos un punto medio que nos ayude a ser mejores como individuos y como sociedad.

Los seres humanos nos movemos en un frágil equilibrio biológico y emocional, en donde todo lo que hagamos o dejemos de hacer, tiene consecuencias. Algunas de las cosas que hacemos, dada su inmediatez, las podemos vislumbrar sin problema, pero hay otras en las que nos menester analizarlas ya una vez que sucedieron.

Lo individual incide en lo social y lo social en lo individual. Nosotros creamos nuestro entorno al tiempo que este nos crea a nosotros. Esto quiere decir que tenemos la posibilidad de crear un microentorno que nos permita desarrollar la individualidad que deseamos aun cuando el entorno en general sea diferente o adverso al nuestro.

Como humanidad hemos vivido cambios comunicacionales que han incido en nuestra forma de ver, interpretar y operar el mundo, cambios que su vez han incidido en nuestra forma de ser. El primero de ellos es la imprenta.

La imprenta permitió que el conocimiento saliera de la esfera de la iglesia y se popularizara entre el pueblo. Cierto que tomo muchos años, pero fue el cambio que gesto mucho de lo que hoy somos. Después de la imprenta llegaron los periódicos y con estos los mentideros sociales (cafés). En estos se debatían las diferentes interpretaciones que los individuos hacían del acontecer de su entorno. El siguiente cambio fue la radio y tiempo después la radio que se ve (televisión), en donde la sociedad podía debatir hasta en la mesa de la cocina las diferentes interpretaciones que del acontecer mundial hacían los miembros de una misma familia. El ultimo de los cambios comunicacionales fue el de las redes sociales, que dio cauce a la creación de redes y grupos identitarios en los que el individuo se identifica más con su grupo identitario que con su familia o pais.

Gracias a todos estos cambios la alfabetización avanzo lenta pero consistentemente en todos las naciones. Y si algo nos ha demostrado la historia es que cuando en una nación la población alfabetizada es igual o mayor al 50%, se gestan movimientos estructurales que cambian el sistema de gobierno del pais (revoluciones, caída de monarquías o establecimiento de monarquías parlamentarias y demás mutaciones en la estructura del poder). Esto genera tiempos revueltos, ya que lo que el pueblo busca es ocupar el puesto de las elites, para lo cual es menester derrocarlas. El problema, claro está, es que estas son las que tienen el saber del gobierno. 

En su primera etapa los cambios en el sistema de gobierno dejaron incólumes los de la familia. Estas seguían siendo patrilineales (jerárquicas, autoritarias, conservadoras, religiosas, monolíticas y masculinas). Los cambios en la estructura de las familias se dan cuando en una nación alfabetizada en 50% o más, logra que el 25% de la población estudiantil obtenga una titulación profesional.

En este momento empieza el lento debilitamiento de la familia patrilineal. Se cuestiona la autoridad para dar paso a individualidad de sus miembros. En estas familias la mujer va tomando poco a poco un papel predominante dentro de casa y fuera de ella (la sociedad), amén de que la familia se hace más comunitaria (se debaten las ideas y las normas de autoridad, estableciendo, por decirlo así, una democracia familiar en donde lo importante son los individuos y sus creencias).

Este avance que representa cosas muy positivas para la sociedad y los individuos, sufre, como contraparte, una lenta pero progresiva caída en la religiosidad de los individuos y de la sociedad. Por ejemplo, en las familias patrilineales es de suma importancia asistir los domingos al templo, así como el matrimonio por la iglesia, el bautizo y demás ritos sacros, amén de que las relaciones sexuales tienen un combés de sacralidad que las hace únicas y cuasi exclusivas.
     

En las familias patrilineales blandas, formadas en una sociedad altamente alfabetizada y con un 25% de la población estudiantil titulada, se deja de asistir al templo los domingos, pero se respeta el bautizo como rito social. Los matrimonios por la iglesia merman poco a poco, compartiendo espacio con aquellos que se hacen por lo civil y/o por unión libre, pero no se contempla en ningún modo el matrimonio entre miembros del mismo sexo.

Las familias individuales o liberales se gestan en sociedades altamente alfabetizadas (50% o más) y con una población estudiantil titulada mayor al 35% en donde son más las mujeres que se titulan que los hombres. En estas familias se asiste al tempo solo por excepción (defunción de un familiar o boda de un amigo extraviado). La unión de parejas es por voluntad, sin requerir la intervención de la iglesia o de la autoridad civil y las relaciones sexuales son parte del proceso de prueba error en la selección de pareja hasta que dan con esa con la que empatan y entienden más. La unión entre parejas del mismo sexo y la relaciones entre parejas del mismo sexo se ve normal y la gestación, en la gran mayoría de los casos, es por encargo (vientre subrogado). Ucrania representaba antes de la guerra el 25% de las Gestaciones por encargo del mundo.

El único estrato social en el que no se ven cambios tan radicales es en las elites (1% de la población). Estas siguen asistiendo a misa y cumpliendo con todos los ritos sacros que el cristianismo protestante o católico comandan. Las parejas se casan por la iglesia, y se espera que las mujeres se embaracen cuantas veces puedan, ya que es menester tener a quien legar los bienes. En este estrato se espera que las personas que se decantan por personas de su mismo sexo se mantengan célibes o se casen y tengan hijos, ya que legar los bienes a los miembros de la familia está por encima de las individualidades.

Para no extender más esto, podemos concluir aceptando que el avance de la sociedad, con lo bueno y lo malo que tenga, es inexorable, pero también es cierto que uno puede crear un entorno propio en donde exista un frágil pero necesario equilibrio entre el concepto patrilineal (que asegura la continuidad) y el liberal (que asegura el desarrollo de la comunidad).

No podemos sustraernos del mundo, pero si crear nuestro propio mundo.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 24 de julio de 2024

Crisis de futuro.

En la sesión de la Abstracción que se llevó a cabo esta semana, hablamos de lo inmanente y de lo cambiante en el ser humano, por lo que nos fue menester analizar ambas variables desde campos tan diversos como la antropología, filosofía, sociología y psicología.

Huelga decir que la filosofía y la antropología se centran más en lo inmanente que en lo mutante. Y si bien es cierto que estudian esto último, también lo es que esta parte, que por esencia es mudable e inconsistente, compete más a la sociología y psicología. Disciplinas que ineludiblemente están subordinadas al entorno y a las circunstancias de los individuos.

En lo inmanente analizamos la relación hombre mujer y el cómo está, sin haber dejado de ser lo que es, ha priorizado la relación más hacia los intereses del individuo que de la especie. Los fenómenos sociales y psicológicos que explican esto son más que evidentes (41.7% menos matrimonios que en el 2000 y una tasa de natalidad del 1.6%, cuando la de remplazo es 2.1%), no obstante, y dado que nuestra capacidad de anticipación es muy limitada, el precio que vamos a pagar como especie es muy alto, amén claro está, de los cambios socio estructurales que esto va a traer en un futuro que ya se empieza a vislumbrar.

Las generaciones pasadas crecieron en un entorno y con unas circunstancias que los impelía trabajar pensando en un futuro modélico que se venía repitiendo por generaciones: casarse, tener hijos y construir un hogar con roles y responsabilidades muy definidas, en donde el objetivo de los padres era construir un escenario económico, cultural y social que le permitiera a sus hijos empezar desde una plataforma mejor que la que ellos tuvieron.   

Hoy el entorno y las circunstancias son otras. En México país, la gran mayoría de las parejas se casan (36.9%) o viven en unión libre (17.8%) entre los 30 y 40 años, permaneciendo solteros solo un 33.1% de ese segmento etario, amén de que son muy raras las parejas que logran estar juntas más de 17 años.

En estás relaciones es más importante el acompañamiento que la relación en sí. Poco o nada piensan en tener hijos, no obstante, es justo reconocer que los hijos que llegan a tener obedecen más a una decisión que a un accidente.

Lo que también ha mutado es el significado de la relación sexual. Esta ha perdido la sacralidad que en el pasado poseía para pasar a hacer algo que tiene que ver más con la biología que con una vinculación sexo afectiva que une y suelda a las parejas. Esto lo menciono debido a que ese 33.1% que permanecen solteros mantienen relaciones intermitentes con parejas del sexo opuesto o del mismo, sin que represente para ellos un vínculo afectivo emocional.  

Este sentimiento de libertad absoluta en donde la relación es más un acompañamiento o una intermitencia ha desasociado a las nuevas generaciones del sentido del compromiso. Con esto no quiero afirmar que carecen de compromiso, lo tienen, pero no necesariamente en la construcción de una familia. Su compromiso tiene que ver más con sus proyectos profesionales y económicos que de pareja o familia.

Uno de los tantos cambios en el entorno que los ha llevado a esto es el alto costo de la vida. El progreso ha representado para todos una mayor oportunidad de desarrollo laboral y profesional, pero no necesariamente económico, por lo menos no en la forma en que lo fue para sus padres.

Hoy las parejas perciben un mayor nivel de dificultad para lograr el nivel de vida que desean, tanto que muchas de ellas piensan que antes era más fácil, ya que con el trabajo de uno o de ambos padres habían logrado un nivel de bienestar que hoy lo ven cada vez más remoto.

No dudo que las circunstancias hayan cambiado (costo de la vida y mayor competencia laboral), pero también ha cambiado el nivel de sacrificio que están dispuestos a hacer. Una muestra de ello es la forma en que sus padres vivieron su etapa escolar y laboral. Lo más probable es que muy pocos de ellos tuvieran el dinero y la oportunidad de gastar socialmente (restaurantes, bares, eventos y demás etcéteras) y de viajar como lo hacen los jóvenes de hoy. Sus padres tenían que limitar el gasto para poder subsanar los costos de manutención y educación.

Lo que distingue a estas generaciones, sin demeritar lo agudo de las circunstancias económicas y laborales que enfrentan, es que poseen una visión de futuro de muy corto plazo y un nivel de inmediatez que les impide ver más allá de sí mismos y de lo que van a enfrentar al paso del tiempo.

Están subordinando sus ideas (forma de vida – el bien ser) a sus intereses (nivel socio económico – el bien estar) en lugar de subordinar los intereses a las ideas. Esto, que no pueden o no quieren visualizar y entender en sus últimas consecuencias, les está generando un nivel de individualidad y liberalismo que no solo va en detrimento de ellos, sino de la sociedad en sí.

Pero de esto hablaremos en el siguiente artículo.

miércoles, 10 de julio de 2024

Realidad y fe.

Los seres humanos nos movemos en dos dimensiones de la realidad: una realidad objetiva (lo que la cosa es) y una subjetiva (lo que en el sujeto la cosa es). La realidad objetiva es simple, lineal y no demanda de nosotros más que comprensión y aceptación. Cierto que podemos y debemos reflexionar sobre ella, ya que en ella está el saber científico, procesal y mecánico de las cosas, sin embargo, por mucha reflexión que de ella hagamos, está siempre será poca comparada con la que nos demanda la siempre fluida y cambiante realidad subjetiva.

En una tertulia puedo afirmar que esta lloviendo y mis contertulios lo único que necesitan hacer es validar que efectivamente este lloviendo, sin embargo, si lo que afirmo es que estamos viviendo tiempos revolucionarios, mi afirmación deberá sujetarse al infinito de valoraciones y opiniones de mis contertulios, los cuales emitirán, desde su circunstancia socioeconómica y cultural, un juicio que podrá respaldar o negar mi afirmación. Este intercambio de puntos de vista y opiniones se basa en un proceso reflexivo que nada tiene que ver con la realidad objetiva.

En este espacio de subjetividad es donde entra la fe, que no es otra cosa más que esa enorme necesidad que tenemos los seres humanos de que las cosas sean ciertas, aun cuando no tengan un ápice de realidad o sustento. En donde más impera el reino de la fe, sin ánimo de caer en la tautología, es en el combés de las creencias, de lo intangible y de las relaciones humanas.
   

Para no herir susceptibilidades innecesarias, me circunscribe al ámbito de las relaciones humanas, donde hasta el más lógico, sarcástico, irónico y racional de mis cofrades (y vaya que tengo algunos) se verán en la necesidad de aceptar que la fe es el hilo que anuda y sostiene las relaciones humanas.

El motor de nuestros primeros veinte años de vida es el conocimiento. Las siguientes dos décadas nos movemos entre el conocimiento y la voluntad (más conocimiento que voluntad). En la tercera veintena se da un frágil equilibrio entre conocimiento y voluntad, en donde poco a poco la voluntad va ganando terreno, hasta que llegamos a la cuarta veintena, donde lo que impera es la voluntad. No significa que dejemos de buscar el conocimiento. Al contrario, este se hace más selectivo, pero cierto es que, aunque tengamos el conocimiento, la voluntad de hacer las cosas ya no es la misma.

Es importante entender esto, ya que podemos estar cien por cien ciertos de nuestras herramientas y conocimientos técnicos para hacer las cosas, sin embargo, todo el conocimiento del mundo entra al mundo de lo subjetivo (fe), en cuanto roza la piel del otro, ya que es la voluntad y no el conocimiento la que genera la gran mayoría de las acciones humanas.

Hay acciones innatas que no requieren ni conocimiento ni voluntad (instintivas), pero fuera de ellas, todas demandan de esta dupla. Usted, por ejemplo, puede ser un experto en naturaleza humana (si es que existen expertos en eso), sin embargo, al iniciar una relación sentimental, de amistad o de negocios con una persona, el éxito de esta depende más de la voluntad del otro que de su propio conocimiento. Y ese estar subordinado a la voluntad del otro, demanda fe, mucha fe.

Usted, sin duda alguna, pondrá lo mejor de usted (conocimiento, voluntad y paciencia) para lograr que la relación fructifique, sin embargo, la decisión final siempre estará subordinada a la muy natural ambivalencia del querer (voluntad) del otro. Querer que, a su vez, hará titubear el propio. Y es precisamente en este errático y no siempre claro andar, donde se mueve el hacer humano. Un hacer que demanda, en muchas ocasiones, mas fe que conocimiento.

Nos leemos en el siguiente artículo.

viernes, 5 de julio de 2024

La soledad: el mal del siglo XXI

La obesidad y las enfermedades que de esta emanan, van a representar un alto costo económico, social y político en las estructuras de salud pública de las naciones Occidentales. No obstante, lo que más preocupa a los expertos en geopolítica y dinámica poblacional, es el alto costo que está representando y que va a representar el mal de la soledad. Al grado que se estima que va a ser el mal del siglo XXI.

La tasa de natalidad en Occidente no solo decrece año a año, sino que además cada vez son más los individuos que optan por vivir sin compañía humana, pero con una o dos mascotas que por mucho que interactúan con sus dueños, no pueden remplazar la riqueza intelectual que se da en el intercambio dialógico entre dos o más entes pensantes. Esto, que en este momento no se ve preocupante, aun cuando ya hay serias señales del deterioro cognitivo de los individuos, terminara afectando no solo su capacidad intelectual, sino también la emocional, ya que perderán la habilidad de entender y dirigir sus emociones y las de los demás.

Tal vez las personas que opten por vivir solos sin tener la capacidad de resistirse a sí mismos, no se den cuenta de lo que les está aconteciendo, debido a que la edad o el trabajo les permite un cierto grado de interacción social que les ayuda a paliar su soledad, no obstante, al paso de los años la interacción social no solo se hace más electiva, sino que, además, se reduce a mínimos, lo que hace que la persona enfrente mayores espacios de tedio o, en el mejor de los casos, de soledad.

En los países donde la pirámide poblacional se ha invertido, el sentimiento de irrealización y frustración de las personas que viven solas se ha ido haciendo patente en los estudios de dinámica poblacional. Muchos de ellos argumentan que la soledad les empezó a llegar en el tránsito de la tercera a la cuarta década de su vida, la cual se hace intolerablemente acérrima en las décadas subsiguientes.  

Interpretaciones puede haber muchas, no obstante, me voy a detener en una sola de ellas: la necesidad de los otros es inversamente proporcional a la capacidad de estar consigo mismo. Entre más a gusto se encuentra una persona consigo misma, menos necesidad tiene de los demás.

Antes del nacimiento de las redes sociales (2008) le gente iba a los Mentideros sociales (cafés) a interactuar dialógicamente con sus iguales. Nunca mejor dicho, ya que la calidad del intercambio dialógico depende de la calidad de los contertulios. No obstante, aun cuando la calidad intelectual no fuera diga de encomio, las personas tenían que afilar su agudeza mental para escuchar, entender y replicar. Hoy ya no sucede así, los mentideros sociales se convirtieron en oficinas. La gente va a ellos a trabajar.

Lo que priva hoy en Occidente en la gran mayoría de los adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos es el tedio. El cual no solo está en las antípodas del ocio, sino que además es improductivo.

El tedio es común en aquellas personas que no tienen la capacidad de resistirse a sí mismas. Lo que los lleva, en aras de paliar su hastió, a dividir su tiempo entre las redes sociales (Instagram; TikTok; YouTube) y las plataformas de contenido de medios, solazándose a través de películas y series infinitas que les permiten estar pacientemente clorofilando.  

El ocio, como contraparte, es cien por cien productivo. Demanda una alta capacidad de resistirse a si mismo y de desarrollo neuronal. El ocio crea, ya sea pintura, letras, obras de arte, desarrollo tecnológico y abstracción en general. Cuando usted se entrevista con una persona que vive inmersa en el tedio, descubre que su capacidad neuronal no le da para más. No solo no le interesa saber nada de nada, sino que además esta conforme con ello. Sus platicas nunca van a ir más allá de la superficie (lo que alcanzan a percibir sus ojos) y de los eventos del momento en las redes y plataformas.

En cambio, los que viven inmersos en el ocio, por fortuna, retiro o decisión, poseen un intercambio dialógico que va mucho más allá de la mirada y de lo eventos del momento. Estas personas nos enriquecen. Nos abren una ventana al conocimiento que nos permite ver, analizar y entender esa otra parte del mundo que no habíamos alcanzado a ver. Ya sea porque estábamos inmersos en nuestra respectiva parcela de abstracción (arte, pintura, escultura, filosofía, letras, etcétera) o por miopía intelectual.

Lo cierto, para no extenderme más, es que el tedio esta siendo y va a ser el mal del siglo XXI en occidente. No se extrañe usted de encontrar cada vez más personas a las que no solo se les lea en el rostro su insatisfacción, sino que además expresen de viva voz una falta de sentido que solo compete a ellos.

En el intertanto vamos a ver un serio incremento de síntomas depresivos, de abandono de sí mismos y de suicidios. Fenómenos, todos, que van a ser capitalizados por lideres populistas de derecha e izquierda que con sus propuestas de solución inoperante e irreales, van a sumar al mundo en un caos de inestabilidad los siguientes veinte años.

Pasados esos veinte años (que es lo que se tarda una generación en darse cuenta de sus errores y cambiar el rumbo), regresaremos difícil, dolorosa y lentamente, a construir un nuevo tipo de estabilidad. En el intertanto, preocúpese usted por lo que pasa en su casa, para que no sea usted parte del caos.

Nos leemos en el siguiente artículo.