sábado, 25 de marzo de 2023

Una transición difícil.

El sol, la tierra y todo lo que esta en ella se rige por ciclos, y la historia, palabra con la que nominamos los hechos de los hombres, no es la excepción.

En cada siglo transitamos de la Crisis de las Instituciones (del año 1 al 25 del siglo) a la Crisis de la Crisis (del año 26 al 50 del siglo). Después de esto llega la Crisis de la Estabilidad (año 51 -75) que se distingue de las demás por la tensa calma que impera en ella, hasta que llegamos al Dispendio de lo Inútil (año 76 al 00 del siglo) en el que el sistema se afana por demostrar que funciona a pesar de su compleja irracionalidad.

Los fenómenos de cada ciclo son los mismos. No los alcanzamos a identificar como tales debido a que las manifestaciones son diferentes a las anteriores, lo cual es lógico, ya que las circunstancias lo son también.

Estamos por terminar el primer ciclo del siglo (01 - 25). Ciclo en el que las instituciones se muestran incapaces de brindar las certezas y soluciones del pasado. No olvidemos que el diseño de estas obedece a hechos diametralmente opuestos a los actuales.

Este momento de transición en el que nos encontramos, se distingue por ser un intervalo en el que la población romantiza con una nostalgia irracional, la vida que tenía en el periodo del Dispendio de lo Inútil (76 - 00). Lo que hace que le den oídos a personas de ideas blandas y cabezas duras que prometen un regreso a un pasado imposible de lograr (la historia no camina hacia atrás).

Esta transición se distingue por el imperio de las emociones. El problema es que las emociones que no se llevan a la razón nos conducen al fracaso. No estaremos conscientes de a donde nos llevan, debido a que, entre más emocionales sean sus seguidores, más tiempo necesitaran para darse cuenta de la magnitud del fracaso al que se encaminan. Esta por demás decir que solo hasta que la audiencia llegue a ese fracaso es que estará dispuesta a cambiar de rumbo.

Las ideas se debaten; las ideologías, se imponen.
Los autócratas (personas de muy bajo cociente intelectual y de muy alto nivel emocional) se distinguen por su capacidad para vender sueños y exaltar emociones. Esto es importante entenderlo, debido a que estamos padeciendo en varias partes del globo la presencia de autócratas que nos venden un mañana (lugar donde los deseos se estrellan con la realidad) con resultados no deseados, ni entre las personas ni entre las naciones.

Ante esto, que va a durar varios años, lo único que podemos hacer es centrarnos en nosotros mismos. No esperar nada de estos mesías del manicomio. Recuerde que los sueños son el hueco de la acción ausente. El hacer de esta gente es un decir, no un hacer.

No trate de hacerle ver lo que esta pasando a los demás. Lo único que va a lograr son enemistades. Déjelos que descubran por sí mismos la realidad. En ese inter, trabaje e invierta todo lo que pueda, aunque sea en pequeña escala, pero invierta. Que cuanto todo fracase, usted va a estará mejor que todos esos que oscilaron entre la idealización y la ensoñación.  

Nos leemos en el siguiente artículo. 

sábado, 11 de marzo de 2023

Ya veo en los otros...

 Ya veo en los otros la edad que siento en mi…

Esos otros que para escapar de su edad se reúnen con otros de su misma edad para ver si se ven más sanos o con más pelo, menos cintura o más agilidad, pero todos de la misma edad, porque si se reúnen con otros más jóvenes que ellos, no habría forma de esconder la edad.

Ya veo en los otros la edad que siento en mi. Veo que al pararse de la silla necesitan de unos momentos, no para caminar, si para cargar el cuerpo. Esos que como yo, tienen un lento andar y pensar. Esos que ya están conscientes de que su cuerpo es un almacén de batallas pasadas y que poco o nada se exponen a nuevos andares y pensares.

Ya veo en los otros la edad que siento en mí. Esos que ya no quieren viajar como viajan los demás, escapando de un lugar cuando el secreto está en ser parte de él. Esos demás que lo único que hacen al regresar de su viaje es romantizar aquel otro lugar del que no eran parte, sin darse cuenta que no son de ese lugar ni del que creen habitar.

Ya veo en los otros la edad que siento en mi. Veo a esos coetáneos que sin que su objetivo sea hablar de sus glorias de antaño, se sientan con sus iguales a hablar de anécdotas del pasado que ayudan a entender las similitudes anecdóticas de los que hoy crean las glorias de las que se hablara mañana.

Ya veo en los otros la edad que siento en mí. Veo el hastío cortes que sienten hacia esa pareja que al paso del tiempo se convirtió en compañera de casa y de vejez, pero que ya no les concita nada más que la tolerancia y aceptación. Tanto que prefieren estar con los amigos de los que realmente no saben nada a estar con esa pareja con la que no hablan de nada, pero saben mucho.

Ya veo en los otros la edad que siento en mí. Esos otros que ya aceptaron que el instinto camina hacía adelante y la tradición hacia atrás, lo que hace que sin prisa, pero sin pausa los hijos hagan su vida, dejando la de los padres cada vez más atrás.

Ya veo en los otros la edad que siento en mi…

Jaime Ramos. 

domingo, 16 de octubre de 2022

Un amor de mentiras.

El titulo de este artículo es poco afortunado, ya que el amor, en cuanto amor, no puede ser de mentiras. Estaría faltando a su esencia. Así pues, el artículo debería intitularse: la ficción en las relaciones de pareja, pero como es muy posible que este nombre no capte la atención de los dos lectores que tengo, decidí, en aras de la mercadotecnia, intitularlo como reza en la cabecera: un amor de mentiras.

Realización y responsabilidad.
El amor, en cuanto amor, se sustenta en dos pilares: realización y responsabilidad. No obstante, la gran mayoría de las parejas se centran en una sola de ellas: la realización. Lo que buscan es que la pareja las realice, es decir, que esta gire en torna a ellas y que las priorice sobre todas las cosas, como si su pareja no hubiese tenido una vida antes de conocerle.

Esto no es privativo de uno u otro género. Se ve en ambos géneros y tiene que ver más con la madurez emocional que con el genero de la persona. Cierto que todos necesitamos encontrar un cierto nivel de realización en la pareja, tanto por lo que esta o este nos hace sentir, por lo que para ella o él somos. No obstante, es menester reconocer que la pareja no te puede dar lo que no tienes.

La pareja ocupa y puebla una gran parte de nuestra vida, pero no toda la vida. De tal suerte que si nuestra pareja no se siente bien consigo misma, no habrá en el mundo persona alguna que le pueda brindar lo que busca y necesita. Todo lo contrario, su exigencia será tan castrante y abrumadora, que terminaremos escapándonos o minimizándonos.  

Reitero lo dicho, ese otro u otra del que nos enamoramos tenía una vida antes de conocernos. Y si lo que nosotros queremos es que esa persona pierda esa vida para estar con nosotros, terminaremos perdiendo a la pareja y a nosotros mismos.

Los seres humanos tenemos una ingente necesidad de realizarnos a través de actividades secundarias a nuestro oficio, ya sea pintando, leyendo, escribiendo o haciendo algo que nos realiza y construye.

Cuando la pareja nos impide realizar eso en lo que nos reflejamos y somos, no solo nos perderemos a nosotros al permitirlo (lo que se permite se repite), sino que además la pareja terminara dejándonos, porque eso en lo que nos estamos convirtiendo, no es lo que la o lo enamoro. La monotonía encuentra cabida justo en el momento en la pareja se pierde a si misma.   

La pareja es para crecer, no para disminuirse.
El primer obstáculo para la realización es la responsabilidad. Una relación de pareja conlleva realización y responsabilidad. Somos responsables del bienestar y de la felicidad de nuestra pareja y del bienestar y realización de nuestra persona. Renunciar a lo que somos por la pareja es caer en irresponsabilidad ante nosotros y ante ella misma.

La pareja no tiene que ser exactamente igual a nosotros, ni compartir nuestras mismas aficiones y realización, pero si respetar las nuestras tanto como nosotras las de ella. Lo correcto es hablar y mediar, pero no marginar.  

Las parejas no parejas.
Cada vez es más común encontrar parejas sustentadas en la realización, es decir, parejas que deciden no asumir la responsabilidad de vivir juntos. Parejas que se ven solo para realizar actividades que tienen que ver con las necesidades de realización de uno u otro, ya sea la relación sexual o salir a tomar un café, viajar o platicar (por mencionar algunas), pero no para hacer la vida juntos. En otras palabras, son personas que lo único que no quieren es tener pareja.

El que esto escribe es un diletante de las artes y de las letras, amén de que me gusta ejercitarme y canalizar a través de la extenuación física, esos impulsos que, no dirigidos, me pueden llevar a cometer actos que no me suman, pero si me restan.

Utilizo el ejemplo de mi persona por ser el más próximo y para no enunciar los de mis cofrades y socios. Si a mi pareja le incordia el tiempo que uso para leer, escribir y ejercitarme, deberé llegar a un acuerdo con ella para mediar entre sus necesidades y las mías, pero si lo que mi pareja desea, explicita o tácitamente, es que yo deje de hacer lo que me realiza por estar con ella, justo en ese momento perdemos la esencia de la relación en aras de la monotonía, ya que el nexo pierde ilación para convertirse en una relación de un solo lado.

Seremos compañeros de cama y tal vez de techo, pero no pareja. El objetivo de vivir en pareja es construirse a través de la realización y de la responsabilidad, pero esta debe ser dual, no solo de una de las partes. Una pareja que exige que sea de un solo dado, no es pareja. Es compañera de cama o de techo, pero no pareja.

Nos leemos en el siguiente artículo. 

500 palabras.

El idioma español cuenta con más de cien mil palabras. Un universitario promedio usa no más de 500 palabras para comunicarse. Su léxico, aunque limitado (0.5% del total), es superior al de todos aquellos que no tuvieron la oportunidad de asistir a una universidad.

El idioma ha venido sufriendo una degradación de inconmensurables consecuencias, tanto por lo que el lenguaje hace en la mente del hablante, como por la inteligencia en sí. Tome en cuenta que nosotros somos las historias que nos contamos, no las que les contamos a los demás.

En artículos anteriores he explicado que los seres humanos hablamos todo el día, poco con los demás, mucho con nosotros mismos. La paradoja de esta realidad es que aun cuando somos al actor principal de nuestro dialogo y de que no hay nada más sacro que nuestra mente, cuidamos en más lo que les decimos a los otros que lo que nos decimos a nosotros.

Dialogue con las personas que están a su alrededor. Descubrirá que la inteligencia de estas personas esta íntimamente ligada a la extensión de su vocabulario. Una persona que posea un vocabulario amplio y atinente al significado de las palabras mostrara un mayor nivel de inteligencia y capacidad para abstraerse y abstraer la esencia de la realidad que le rodea.

En estas personas poca prominencia tiene el imperio de la imagen. Este es propio de esos hombres o mujeres a los que les es más dable expresarse con emojis que con letras, desarrollando con ello una pereza mental que ineluctablemente extenderán a todos los ámbitos de su vida. Y en ningún lado se refleja más esto que en la lectura.

Recién lleve a cabo un experimento de comunicación con personas de distintos segmentos etarios. Unos a través de la palabra hablada, otros a través de mensajes escritos y algunos más compartiendo párrafos extraídos de libros o artículos que les recomiendo.

Todos los involucrados en este arbitrario, pero bien intencionado ejercicio, poseen estudios universitarios y en algunos casos, maestría terminada. No obstante, la gran mayoría de los involucrados (98%) se vieron en la necesidad de leer varias veces la frase o de pedir una explicación que les ayudara a comprender lo expuesto.

Todos ellos se han convertido, gracias a esta falta de comprensión, en operadores de lo que estudiaron. No crean, repiten. Los saltos cuánticos de su profesión se deben a otras personas, pero no a ellos. Personas que tal vez no sean las mejores para comunicarse vía emojis o para perderse en el imperio de la imagen, pero si para construir el mundo donde vivimos todos los demás.

Lo exhorto a que trabaje en la mejora de su léxico. Empezando por omitir el uso de las malas dicciones (maldiciones). Usando, en lugar de estas, las palabras que, en su acepción correcta, expresan mejor lo que usted quiere decir.

Mi segunda recomendación es que sea extremadamente correcto en el uso del lenguaje que usa para hablar con usted mismo. Esto, que en apariencia se lee muy fácil, no lo es, ya que se tiende a ser más permisivo consigo que con los demás.

Conclusión.
Es de suma importancia comprender que lo que mas incide en nuestra forma de ser y lo que con nuestro ser podemos hacer, es lo que nos decimos a nosotros mismos, es decir, las historias que nos contamos.

Si usted, para hablar consigo mismo usa las palabras en su acepción correcta para decirse lo que se tiene que decir, mejorará la comprensión y dirección de sus resortes (lo que lo saca de sí) y de sus motores (lo que lo impele a la acción). Y con ello, su marco de decisión y acción.

Cambia su lenguaje; cambia su ser.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

La tormenta perfecta.

En el artículo anterior (La nueva dinámica familiar), decíamos que somos actores y testigos de acontecimientos que anticipan no una época de cambio, sino un “cambio de época”.

Cambio de época.
La diferencia entre una época de cambio y un cambio de época es que esta última demanda de nosotros una nueva y radical forma de ver, entender y hacer la vida. Usemos, para ilustrar lo anterior, el caso México. País con 130 millones de habitantes y 66 millones de video jugadores (Gamers). Los cuales tienen hábitos, intereses e interacciones diametralmente opuestas a las de sus padres. En ningún lugar es más notorio esto que en el entretenimiento.

Los padres de estos video jugadores son fanáticos de los deportes de expectación, es decir, de esos en que se es más espectador que actor (futbol americano, baloncesto, balompié, beisbol, tenis y demás deportes televisados). En donde la masa crítica de estos consumidores está en el segmento etario de 35 y más. Segmento que cada lustro va a ver reducido su tamaño, mientras que el de los video jugadores ira en aumento.

Los video jugadores abarcan un amplio espectro etario. Iniciando a la temprana edad de ocho años, con una masa crítica de interacción, consumo y juego entre los 20 y 35, con pequeñas interacciones en los 40 y más. La dinámica de estos video jugadores posee una interactividad que no poseen los fanáticos de los deportes de expectación. Los video jugadores se comunican con sus amigos, al tiempo que juegan, consumen y aprenden.

Este segmento mantiene poco contacto con los deportes de expectación, con las plataformas de transmisión en directo (Netflix, Amazon, Disney y demás etcéteras) y con cualquier tipo de educación y entretenimiento pasivo. Lo que obligadamente nos debe llevar a replantear la forma en que diseñamos y comercializamos los productos y servicios con los que competimos o salimos a mercado. 

Cambio súbito.
Otro cambio de época es lo que está aconteciendo en el entorno. En este están convergiendo variables críticas que rara vez confluyen a un mismo tiempo: cambio climático, escasez alimentaria, crisis energética, inflación, problemas de suministro y envejecimiento de la población. Variables que, en conjunto, anuncian una pronta colisión bélica, geopolítica, económica y social. Colisión que generará, en los siguientes diez años, fuertes cambios estructurales y sociales.

Cierto que la humanidad ha enfrentado y resuelto crisis de todo tipo, y esta no será la excepción, sin embargo, esta va a demandar de nosotros un viaje a las antípodas de nuestra existencia. Invirtiendo más en valor que en crecimiento (las bolsas de valores sufrirán un fuerte ajuste a la baja). Los jóvenes estudiaran carreas que tengan que ver más con los videojuegos y con las cadenas de bloques y barras (blockchain) que, con los negocios tradicionales.

En este nuevo entorno será más importante saber lo que no debemos hacer que hacer lo que hacíamos antes. Migraremos de una época de abundancia a una de restricción de recursos. Las empresas, universidades y escuelas tendrán serias dificultades para encontrar los insumos y el personal que necesitan para producir y colocar en el mercado lo que ofrecen.

Veremos empresas de rápida explosión e implosión, así como fenómenos sociales y políticos impensables en las primeras dos décadas de este siglo. El mundo va a necesitar exploradores expertos de caminos inexplorados, por lo que la pregunta que todos nos debemos hacer es: qué tanto nos estamos preparando para el mundo que no solo ya viene, sino que ya empezó.

Nos leemos en el siguiente artículo.
 

viernes, 26 de agosto de 2022

La nueva dinámica familiar

Somos, sin estar conscientes de ello, testigos y actores de acontecimientos que, en apariencia, no tienen precedente alguno. Y si bien es cierto que nuestros ancestros pensaban lo mismo, también lo es el hecho de que estamos por vivir una tormenta perfecta. Tormenta que se conforma de variables que no veíamos desde hace ciento setenta años y que analizaremos en el siguiente artículo.

En esta ocasión nos circunscribiremos en dos cambios: el de la dinámica familiar y comercial. Las otras variables (macroeconómicas y de entorno) las analizaremos en el siguiente artículo.

En México la cohorte demográfica de los baby boomers esta conformada por doce millones de habitantes. Los que, por obvias razones, están más preocupados por su salud, el precio de las cosas, la sociedad y el planeta (este último como algo extraño, distante y ajeno a ellos). El tema de la acumulación de experiencias les tiene sin cuidado, tanto por la edad en sí como por lo que ellos definían como experiencia: aquello que les ayudara a progresar económica y socialmente.

Los miembros de esta generación crecieron dándole un alto valor al sacrificio personal. Para ellos era y es más importante el “deber ser” que el “ser”. Trabajaban y ahorraban arduamente para progresar empresarial, laboral y socialmente, lo que les permitía crear una plataforma patrimonial que le brindara a sus hijos mejores oportunidades que las que ellos tuvieron. Es una generación con un sentido de familia diferente al de las nuevas generaciones.

Muchos de ellos se vieron en la necesidad de trabajar y convivir con gente que no querían en aras de conseguir mejores medios para su familia, ya que esta era mucho más importante que su realización personal. Centraban su realización en la realización de los suyos. La responsabilidad y el compromiso tenían más peso que la innovación, acumulación de experiencias y romanticismo. La rutina, el ritual y el deber ser antes que el ser.  


Lo mismo que te lleva al éxito, te lleva al fracaso.
Esta ortodoxia termino generando un cambio estructural que se vio reflejado en las nuevas generaciones, las cuales rompieron con la idea romántica de que la felicidad está en el desarrollo económico. Lo paradójico del caso es que estas generaciones consumen veintisiete veces más que la de los baby boomers.

Para los millennial y centennials es más importante el ser que el deber ser. Los primeros le dan más valor a la acumulación de experiencias que a la construcción de una plataforma familiar y patrimonial. El tener no representa para ellos garantía de un futuro mejor. Viajar, vivir y conocer les es más importante que el crear a temprana edad un compromiso que limite su libertad personal, lo que de suyo cambia el concepto de matrimonio y la construcción patrimonial. Para los millennial el ideal del igualitarismo social es más importante que la realidad social.

Para los centennials el ser es tan importante como la naturaleza, el cuidado del medio ambiente y la acumulación de experiencias. Estos buscan plasmar todas sus experiencias en las redes sociales. Viven y se comunican a través de ellas. El concepto de matrimonio y familia esta en último lugar, no obstante, se dan más permisos que las generaciones anteriores, por lo que se aventuran a vivir en pareja, sin que ello implique necesariamente un compromiso. Es un interinato que puede cambiar en función de las necesidades y circunstancias, cambiando de origen la idea del matrimonio y de familia.

Dinámica comercial.
Es importante anotar que los millenials y centennials representan sesenta millones de habitantes en el pais. Son una masa crítica que no está centrada en el tener patrimonial, sino en el consumo. Su motor es el cambio, lo nuevo, lo del momento. Este amor por lo nuevo los lleva a comprar una prenda nueva de ropa cada cinco días. Pagan por estilo, no por calidad. Lo importante no es cuanto les va a durar la ropa, sino como se les ve.

Este afán por lo nuevo los ha llevado a tener un nivel de consumo diferenciado. Compran cosas desechables y de bajo valor. Cosas que, por definición, duran poco tiempo.

Para estas generaciones todo es experiencia, no obstante, esta debe ser versátil y cambiante, de lo contrario perdería sentido. Lo que los llevaría a buscar experiencias humanas y comerciales en otros lados.

Uno de los fenómenos en los que participamos como actores y testigos en el primer cuartil de este siglo, es de la creación de un nuevo concepto de relación (con objetos y sujetos) en el cual la pareja y los hijos no son necesariamente el motor, sino una circunstancia meditada, en el menor de los casos; accidental, en la mayoría de ellos.

En el segundo cuartil de este siglo vamos a vivir, amén de una implosión demográfica, cambios radicales en la dinámica de pareja y cambios extraordinariamente novedosos en la venta y el consumo de productos y servicios. Además, claro está, de las fuertes presiones sociales que estas generaciones van a ejercer, pero de esto y de las otras variables hablaremos en el siguiente artículo: el de la “Tormenta perfecta”. 

viernes, 12 de agosto de 2022

Apología del no saber.

 No hay nada más intimo que el no saber.

Lo que se conoce se observa y procesa desde el saber, es decir, desde fuera de uno.

Por el contrario, el no saber nos obliga a llevar adentro eso que no sabemos y que apenas estamos conociendo. Esto lo hace íntimo, lo hace propio. Ya una vez que internalizamos eso que es nuevo a nuestros ojos y ser, lo operamos y vivimos en automático. Justo en ese momento es cuando se empieza a convertir en algo ajeno a nosotros. Es un algo que ya no está en nosotros. Ya no lo tenemos que pensar. Es un algo que ejecutamos sin pensar.

Un ejemplo de ello son las cosas, es decir, los objetos (y los sujetos). Medimos nuestra felicidad por la cantidad de cosas que tenemos y no por la relación que tenemos con esas cosas. La felicidad que sientes al comprar una cosa (o conocer a alguien) es porque esta es ajena a ti. La adquieres; la internalizas y ya una vez que la haces tuya…, la empiezas a perder. Tu relación con ella (o con el sujeto) se vuelve extrínseca. Ajena a ti. Deja de ser intima. Ya no te relacionas con ella. Es una cosa que usas y que al paso el tiempo puedes cambiar por otra, debido, principalmente, a que perdiste la relación con la cosa (o con el sujeto). Solo al sacarlos de nosotros es que podemos cambiarlos por otros. Ya no nos son.  

 El Mundo (la realidad).
El mundo es todo aquello que acaece. Es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Lo interesante de esto es que todos los hechos están interconectados, aun cuando no estemos conscientes de ello. Tan es así que ante el mal que nos abruma, nos pesa más todo lo que pudimos hacer para evitar el mal, que el mal en sí.

Cierto es que dada la complejidad del mundo nos es menester reducirlo a conceptos, sin embargo, el problema no esta en los conceptos, sino el lenguaje que usamos para describirlos. Somos prisioneros del lenguaje que hemos construido para nosotros. Este nos limita o expande. Lo paradójico de esto es que poco o nada hacemos para expandir y mejorar nuestro lenguaje.

Las palabras tienen un valor y un significado.
A los seres humanos no nos gusta la realidad, amén de que nada nos agrada más que escapar de ella. Esto nos lleva a instalarnos no en lo que las palabras son en cuanto significado y valor, sino en el disfraz con el que las vestimos. Es muy común, por ejemplo, que la gente diga: “algún día” voy a hacer; “algún día” voy a comprar o “algún día” voy a viajar. No obstante, la realidad es que “algún día” es el disfraz elegante de “nunca lo haré”. Usamos el disfraz de “algún día” para no tener que reconocer la realidad de “nunca lo haré”. Por favor no se incordie. Revise sus “algún día” y descubrirá que muchos de ellos están en el departamento de pendientes, es decir, de algo que no ha hecho y que todo indica que no va a hacer.  

Otro ejemplo es la palabra “promesa”. Una promesa es una mentira sujeta a confirmación. Nadie promete lo que va a hacer. Usamos la palabra “promesa” para aparentar que nos estamos comprometiendo con algo que no estamos cierto de poder hacer. La persona que le promete a su pareja que le va a ser fiel, le esta anunciando que tiene un problema con la fidelidad. El que no tiene problemas para ser fiel, no se ve en la necesidad de prometer lo que ya es.  

Así, pues, los conceptos que hemos construido para explicar y explicarnos el mundo son tan amplios o limitados como nuestro lenguaje es. Los conceptos que una persona enuncia no son descripciones de la realidad, son aproximaciones de lo que la persona es.

El mundo, pues, no es equivalente a las descripciones que hacemos de él. Creer que lo son es instalarse en un saber ajeno a nosotros que por definición nos limita y constriñe. La realidad esta llena de matices que solo alcanzamos a percibir cuando vemos el mundo con los ojos del no saber, es decir, del “descubrir” lo que siempre ha estado allí y que poco o nada queremos ver… No hasta que alguien nos lo hace obvio. Y justo en ese momento es que nos dolemos o sorprendemos.    

Nuestros pensamientos y opiniones están asentados en una actitud de saber; no en una de descubrir nuevas formas de ver, ser y hacer, es decir, del no saber.

Ante una cuita o canguelo, nuestra posición no es dudar, es creer. Lo que nos impele a escoger la opción que consideramos correcta en base a nuestra experiencia. No analizamos ni cuestionamos nuestros prejuicios, lo que hacemos es buscar evidencias que, por sesgo de confirmación, los sustenten. Lo que nos lleva a ignorar o demeritar todo aquello que los cuestione.  Lo que hace que nos instalemos en un saber que llevamos al extremo y que nos concita a descartar todo lo que no sabemos, que es, por lo general, donde están las mejores soluciones.

Nada nos es más íntimo y propio que el no saber.

El no saber, enamora; el saber, expele.