domingo, 16 de octubre de 2022

Un amor de mentiras.

El titulo de este artículo es poco afortunado, ya que el amor, en cuanto amor, no puede ser de mentiras. Estaría faltando a su esencia. Así pues, el artículo debería intitularse: la ficción en las relaciones de pareja, pero como es muy posible que este nombre no capte la atención de los dos lectores que tengo, decidí, en aras de la mercadotecnia, intitularlo como reza en la cabecera: un amor de mentiras.

Realización y responsabilidad.
El amor, en cuanto amor, se sustenta en dos pilares: realización y responsabilidad. No obstante, la gran mayoría de las parejas se centran en una sola de ellas: la realización. Lo que buscan es que la pareja las realice, es decir, que esta gire en torna a ellas y que las priorice sobre todas las cosas, como si su pareja no hubiese tenido una vida antes de conocerle.

Esto no es privativo de uno u otro género. Se ve en ambos géneros y tiene que ver más con la madurez emocional que con el genero de la persona. Cierto que todos necesitamos encontrar un cierto nivel de realización en la pareja, tanto por lo que esta o este nos hace sentir, por lo que para ella o él somos. No obstante, es menester reconocer que la pareja no te puede dar lo que no tienes.

La pareja ocupa y puebla una gran parte de nuestra vida, pero no toda la vida. De tal suerte que si nuestra pareja no se siente bien consigo misma, no habrá en el mundo persona alguna que le pueda brindar lo que busca y necesita. Todo lo contrario, su exigencia será tan castrante y abrumadora, que terminaremos escapándonos o minimizándonos.  

Reitero lo dicho, ese otro u otra del que nos enamoramos tenía una vida antes de conocernos. Y si lo que nosotros queremos es que esa persona pierda esa vida para estar con nosotros, terminaremos perdiendo a la pareja y a nosotros mismos.

Los seres humanos tenemos una ingente necesidad de realizarnos a través de actividades secundarias a nuestro oficio, ya sea pintando, leyendo, escribiendo o haciendo algo que nos realiza y construye.

Cuando la pareja nos impide realizar eso en lo que nos reflejamos y somos, no solo nos perderemos a nosotros al permitirlo (lo que se permite se repite), sino que además la pareja terminara dejándonos, porque eso en lo que nos estamos convirtiendo, no es lo que la o lo enamoro. La monotonía encuentra cabida justo en el momento en la pareja se pierde a si misma.   

La pareja es para crecer, no para disminuirse.
El primer obstáculo para la realización es la responsabilidad. Una relación de pareja conlleva realización y responsabilidad. Somos responsables del bienestar y de la felicidad de nuestra pareja y del bienestar y realización de nuestra persona. Renunciar a lo que somos por la pareja es caer en irresponsabilidad ante nosotros y ante ella misma.

La pareja no tiene que ser exactamente igual a nosotros, ni compartir nuestras mismas aficiones y realización, pero si respetar las nuestras tanto como nosotras las de ella. Lo correcto es hablar y mediar, pero no marginar.  

Las parejas no parejas.
Cada vez es más común encontrar parejas sustentadas en la realización, es decir, parejas que deciden no asumir la responsabilidad de vivir juntos. Parejas que se ven solo para realizar actividades que tienen que ver con las necesidades de realización de uno u otro, ya sea la relación sexual o salir a tomar un café, viajar o platicar (por mencionar algunas), pero no para hacer la vida juntos. En otras palabras, son personas que lo único que no quieren es tener pareja.

El que esto escribe es un diletante de las artes y de las letras, amén de que me gusta ejercitarme y canalizar a través de la extenuación física, esos impulsos que, no dirigidos, me pueden llevar a cometer actos que no me suman, pero si me restan.

Utilizo el ejemplo de mi persona por ser el más próximo y para no enunciar los de mis cofrades y socios. Si a mi pareja le incordia el tiempo que uso para leer, escribir y ejercitarme, deberé llegar a un acuerdo con ella para mediar entre sus necesidades y las mías, pero si lo que mi pareja desea, explicita o tácitamente, es que yo deje de hacer lo que me realiza por estar con ella, justo en ese momento perdemos la esencia de la relación en aras de la monotonía, ya que el nexo pierde ilación para convertirse en una relación de un solo lado.

Seremos compañeros de cama y tal vez de techo, pero no pareja. El objetivo de vivir en pareja es construirse a través de la realización y de la responsabilidad, pero esta debe ser dual, no solo de una de las partes. Una pareja que exige que sea de un solo dado, no es pareja. Es compañera de cama o de techo, pero no pareja.

Nos leemos en el siguiente artículo. 

500 palabras.

El idioma español cuenta con más de cien mil palabras. Un universitario promedio usa no más de 500 palabras para comunicarse. Su léxico, aunque limitado (0.5% del total), es superior al de todos aquellos que no tuvieron la oportunidad de asistir a una universidad.

El idioma ha venido sufriendo una degradación de inconmensurables consecuencias, tanto por lo que el lenguaje hace en la mente del hablante, como por la inteligencia en sí. Tome en cuenta que nosotros somos las historias que nos contamos, no las que les contamos a los demás.

En artículos anteriores he explicado que los seres humanos hablamos todo el día, poco con los demás, mucho con nosotros mismos. La paradoja de esta realidad es que aun cuando somos al actor principal de nuestro dialogo y de que no hay nada más sacro que nuestra mente, cuidamos en más lo que les decimos a los otros que lo que nos decimos a nosotros.

Dialogue con las personas que están a su alrededor. Descubrirá que la inteligencia de estas personas esta íntimamente ligada a la extensión de su vocabulario. Una persona que posea un vocabulario amplio y atinente al significado de las palabras mostrara un mayor nivel de inteligencia y capacidad para abstraerse y abstraer la esencia de la realidad que le rodea.

En estas personas poca prominencia tiene el imperio de la imagen. Este es propio de esos hombres o mujeres a los que les es más dable expresarse con emojis que con letras, desarrollando con ello una pereza mental que ineluctablemente extenderán a todos los ámbitos de su vida. Y en ningún lado se refleja más esto que en la lectura.

Recién lleve a cabo un experimento de comunicación con personas de distintos segmentos etarios. Unos a través de la palabra hablada, otros a través de mensajes escritos y algunos más compartiendo párrafos extraídos de libros o artículos que les recomiendo.

Todos los involucrados en este arbitrario, pero bien intencionado ejercicio, poseen estudios universitarios y en algunos casos, maestría terminada. No obstante, la gran mayoría de los involucrados (98%) se vieron en la necesidad de leer varias veces la frase o de pedir una explicación que les ayudara a comprender lo expuesto.

Todos ellos se han convertido, gracias a esta falta de comprensión, en operadores de lo que estudiaron. No crean, repiten. Los saltos cuánticos de su profesión se deben a otras personas, pero no a ellos. Personas que tal vez no sean las mejores para comunicarse vía emojis o para perderse en el imperio de la imagen, pero si para construir el mundo donde vivimos todos los demás.

Lo exhorto a que trabaje en la mejora de su léxico. Empezando por omitir el uso de las malas dicciones (maldiciones). Usando, en lugar de estas, las palabras que, en su acepción correcta, expresan mejor lo que usted quiere decir.

Mi segunda recomendación es que sea extremadamente correcto en el uso del lenguaje que usa para hablar con usted mismo. Esto, que en apariencia se lee muy fácil, no lo es, ya que se tiende a ser más permisivo consigo que con los demás.

Conclusión.
Es de suma importancia comprender que lo que mas incide en nuestra forma de ser y lo que con nuestro ser podemos hacer, es lo que nos decimos a nosotros mismos, es decir, las historias que nos contamos.

Si usted, para hablar consigo mismo usa las palabras en su acepción correcta para decirse lo que se tiene que decir, mejorará la comprensión y dirección de sus resortes (lo que lo saca de sí) y de sus motores (lo que lo impele a la acción). Y con ello, su marco de decisión y acción.

Cambia su lenguaje; cambia su ser.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

La tormenta perfecta.

En el artículo anterior (La nueva dinámica familiar), decíamos que somos actores y testigos de acontecimientos que anticipan no una época de cambio, sino un “cambio de época”.

Cambio de época.
La diferencia entre una época de cambio y un cambio de época es que esta última demanda de nosotros una nueva y radical forma de ver, entender y hacer la vida. Usemos, para ilustrar lo anterior, el caso México. País con 130 millones de habitantes y 66 millones de video jugadores (Gamers). Los cuales tienen hábitos, intereses e interacciones diametralmente opuestas a las de sus padres. En ningún lugar es más notorio esto que en el entretenimiento.

Los padres de estos video jugadores son fanáticos de los deportes de expectación, es decir, de esos en que se es más espectador que actor (futbol americano, baloncesto, balompié, beisbol, tenis y demás deportes televisados). En donde la masa crítica de estos consumidores está en el segmento etario de 35 y más. Segmento que cada lustro va a ver reducido su tamaño, mientras que el de los video jugadores ira en aumento.

Los video jugadores abarcan un amplio espectro etario. Iniciando a la temprana edad de ocho años, con una masa crítica de interacción, consumo y juego entre los 20 y 35, con pequeñas interacciones en los 40 y más. La dinámica de estos video jugadores posee una interactividad que no poseen los fanáticos de los deportes de expectación. Los video jugadores se comunican con sus amigos, al tiempo que juegan, consumen y aprenden.

Este segmento mantiene poco contacto con los deportes de expectación, con las plataformas de transmisión en directo (Netflix, Amazon, Disney y demás etcéteras) y con cualquier tipo de educación y entretenimiento pasivo. Lo que obligadamente nos debe llevar a replantear la forma en que diseñamos y comercializamos los productos y servicios con los que competimos o salimos a mercado. 

Cambio súbito.
Otro cambio de época es lo que está aconteciendo en el entorno. En este están convergiendo variables críticas que rara vez confluyen a un mismo tiempo: cambio climático, escasez alimentaria, crisis energética, inflación, problemas de suministro y envejecimiento de la población. Variables que, en conjunto, anuncian una pronta colisión bélica, geopolítica, económica y social. Colisión que generará, en los siguientes diez años, fuertes cambios estructurales y sociales.

Cierto que la humanidad ha enfrentado y resuelto crisis de todo tipo, y esta no será la excepción, sin embargo, esta va a demandar de nosotros un viaje a las antípodas de nuestra existencia. Invirtiendo más en valor que en crecimiento (las bolsas de valores sufrirán un fuerte ajuste a la baja). Los jóvenes estudiaran carreas que tengan que ver más con los videojuegos y con las cadenas de bloques y barras (blockchain) que, con los negocios tradicionales.

En este nuevo entorno será más importante saber lo que no debemos hacer que hacer lo que hacíamos antes. Migraremos de una época de abundancia a una de restricción de recursos. Las empresas, universidades y escuelas tendrán serias dificultades para encontrar los insumos y el personal que necesitan para producir y colocar en el mercado lo que ofrecen.

Veremos empresas de rápida explosión e implosión, así como fenómenos sociales y políticos impensables en las primeras dos décadas de este siglo. El mundo va a necesitar exploradores expertos de caminos inexplorados, por lo que la pregunta que todos nos debemos hacer es: qué tanto nos estamos preparando para el mundo que no solo ya viene, sino que ya empezó.

Nos leemos en el siguiente artículo.
 

viernes, 26 de agosto de 2022

La nueva dinámica familiar

Somos, sin estar conscientes de ello, testigos y actores de acontecimientos que, en apariencia, no tienen precedente alguno. Y si bien es cierto que nuestros ancestros pensaban lo mismo, también lo es el hecho de que estamos por vivir una tormenta perfecta. Tormenta que se conforma de variables que no veíamos desde hace ciento setenta años y que analizaremos en el siguiente artículo.

En esta ocasión nos circunscribiremos en dos cambios: el de la dinámica familiar y comercial. Las otras variables (macroeconómicas y de entorno) las analizaremos en el siguiente artículo.

En México la cohorte demográfica de los baby boomers esta conformada por doce millones de habitantes. Los que, por obvias razones, están más preocupados por su salud, el precio de las cosas, la sociedad y el planeta (este último como algo extraño, distante y ajeno a ellos). El tema de la acumulación de experiencias les tiene sin cuidado, tanto por la edad en sí como por lo que ellos definían como experiencia: aquello que les ayudara a progresar económica y socialmente.

Los miembros de esta generación crecieron dándole un alto valor al sacrificio personal. Para ellos era y es más importante el “deber ser” que el “ser”. Trabajaban y ahorraban arduamente para progresar empresarial, laboral y socialmente, lo que les permitía crear una plataforma patrimonial que le brindara a sus hijos mejores oportunidades que las que ellos tuvieron. Es una generación con un sentido de familia diferente al de las nuevas generaciones.

Muchos de ellos se vieron en la necesidad de trabajar y convivir con gente que no querían en aras de conseguir mejores medios para su familia, ya que esta era mucho más importante que su realización personal. Centraban su realización en la realización de los suyos. La responsabilidad y el compromiso tenían más peso que la innovación, acumulación de experiencias y romanticismo. La rutina, el ritual y el deber ser antes que el ser.  


Lo mismo que te lleva al éxito, te lleva al fracaso.
Esta ortodoxia termino generando un cambio estructural que se vio reflejado en las nuevas generaciones, las cuales rompieron con la idea romántica de que la felicidad está en el desarrollo económico. Lo paradójico del caso es que estas generaciones consumen veintisiete veces más que la de los baby boomers.

Para los millennial y centennials es más importante el ser que el deber ser. Los primeros le dan más valor a la acumulación de experiencias que a la construcción de una plataforma familiar y patrimonial. El tener no representa para ellos garantía de un futuro mejor. Viajar, vivir y conocer les es más importante que el crear a temprana edad un compromiso que limite su libertad personal, lo que de suyo cambia el concepto de matrimonio y la construcción patrimonial. Para los millennial el ideal del igualitarismo social es más importante que la realidad social.

Para los centennials el ser es tan importante como la naturaleza, el cuidado del medio ambiente y la acumulación de experiencias. Estos buscan plasmar todas sus experiencias en las redes sociales. Viven y se comunican a través de ellas. El concepto de matrimonio y familia esta en último lugar, no obstante, se dan más permisos que las generaciones anteriores, por lo que se aventuran a vivir en pareja, sin que ello implique necesariamente un compromiso. Es un interinato que puede cambiar en función de las necesidades y circunstancias, cambiando de origen la idea del matrimonio y de familia.

Dinámica comercial.
Es importante anotar que los millenials y centennials representan sesenta millones de habitantes en el pais. Son una masa crítica que no está centrada en el tener patrimonial, sino en el consumo. Su motor es el cambio, lo nuevo, lo del momento. Este amor por lo nuevo los lleva a comprar una prenda nueva de ropa cada cinco días. Pagan por estilo, no por calidad. Lo importante no es cuanto les va a durar la ropa, sino como se les ve.

Este afán por lo nuevo los ha llevado a tener un nivel de consumo diferenciado. Compran cosas desechables y de bajo valor. Cosas que, por definición, duran poco tiempo.

Para estas generaciones todo es experiencia, no obstante, esta debe ser versátil y cambiante, de lo contrario perdería sentido. Lo que los llevaría a buscar experiencias humanas y comerciales en otros lados.

Uno de los fenómenos en los que participamos como actores y testigos en el primer cuartil de este siglo, es de la creación de un nuevo concepto de relación (con objetos y sujetos) en el cual la pareja y los hijos no son necesariamente el motor, sino una circunstancia meditada, en el menor de los casos; accidental, en la mayoría de ellos.

En el segundo cuartil de este siglo vamos a vivir, amén de una implosión demográfica, cambios radicales en la dinámica de pareja y cambios extraordinariamente novedosos en la venta y el consumo de productos y servicios. Además, claro está, de las fuertes presiones sociales que estas generaciones van a ejercer, pero de esto y de las otras variables hablaremos en el siguiente artículo: el de la “Tormenta perfecta”. 

viernes, 12 de agosto de 2022

Apología del no saber.

 No hay nada más intimo que el no saber.

Lo que se conoce se observa y procesa desde el saber, es decir, desde fuera de uno.

Por el contrario, el no saber nos obliga a llevar adentro eso que no sabemos y que apenas estamos conociendo. Esto lo hace íntimo, lo hace propio. Ya una vez que internalizamos eso que es nuevo a nuestros ojos y ser, lo operamos y vivimos en automático. Justo en ese momento es cuando se empieza a convertir en algo ajeno a nosotros. Es un algo que ya no está en nosotros. Ya no lo tenemos que pensar. Es un algo que ejecutamos sin pensar.

Un ejemplo de ello son las cosas, es decir, los objetos (y los sujetos). Medimos nuestra felicidad por la cantidad de cosas que tenemos y no por la relación que tenemos con esas cosas. La felicidad que sientes al comprar una cosa (o conocer a alguien) es porque esta es ajena a ti. La adquieres; la internalizas y ya una vez que la haces tuya…, la empiezas a perder. Tu relación con ella (o con el sujeto) se vuelve extrínseca. Ajena a ti. Deja de ser intima. Ya no te relacionas con ella. Es una cosa que usas y que al paso el tiempo puedes cambiar por otra, debido, principalmente, a que perdiste la relación con la cosa (o con el sujeto). Solo al sacarlos de nosotros es que podemos cambiarlos por otros. Ya no nos son.  

 El Mundo (la realidad).
El mundo es todo aquello que acaece. Es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Lo interesante de esto es que todos los hechos están interconectados, aun cuando no estemos conscientes de ello. Tan es así que ante el mal que nos abruma, nos pesa más todo lo que pudimos hacer para evitar el mal, que el mal en sí.

Cierto es que dada la complejidad del mundo nos es menester reducirlo a conceptos, sin embargo, el problema no esta en los conceptos, sino el lenguaje que usamos para describirlos. Somos prisioneros del lenguaje que hemos construido para nosotros. Este nos limita o expande. Lo paradójico de esto es que poco o nada hacemos para expandir y mejorar nuestro lenguaje.

Las palabras tienen un valor y un significado.
A los seres humanos no nos gusta la realidad, amén de que nada nos agrada más que escapar de ella. Esto nos lleva a instalarnos no en lo que las palabras son en cuanto significado y valor, sino en el disfraz con el que las vestimos. Es muy común, por ejemplo, que la gente diga: “algún día” voy a hacer; “algún día” voy a comprar o “algún día” voy a viajar. No obstante, la realidad es que “algún día” es el disfraz elegante de “nunca lo haré”. Usamos el disfraz de “algún día” para no tener que reconocer la realidad de “nunca lo haré”. Por favor no se incordie. Revise sus “algún día” y descubrirá que muchos de ellos están en el departamento de pendientes, es decir, de algo que no ha hecho y que todo indica que no va a hacer.  

Otro ejemplo es la palabra “promesa”. Una promesa es una mentira sujeta a confirmación. Nadie promete lo que va a hacer. Usamos la palabra “promesa” para aparentar que nos estamos comprometiendo con algo que no estamos cierto de poder hacer. La persona que le promete a su pareja que le va a ser fiel, le esta anunciando que tiene un problema con la fidelidad. El que no tiene problemas para ser fiel, no se ve en la necesidad de prometer lo que ya es.  

Así, pues, los conceptos que hemos construido para explicar y explicarnos el mundo son tan amplios o limitados como nuestro lenguaje es. Los conceptos que una persona enuncia no son descripciones de la realidad, son aproximaciones de lo que la persona es.

El mundo, pues, no es equivalente a las descripciones que hacemos de él. Creer que lo son es instalarse en un saber ajeno a nosotros que por definición nos limita y constriñe. La realidad esta llena de matices que solo alcanzamos a percibir cuando vemos el mundo con los ojos del no saber, es decir, del “descubrir” lo que siempre ha estado allí y que poco o nada queremos ver… No hasta que alguien nos lo hace obvio. Y justo en ese momento es que nos dolemos o sorprendemos.    

Nuestros pensamientos y opiniones están asentados en una actitud de saber; no en una de descubrir nuevas formas de ver, ser y hacer, es decir, del no saber.

Ante una cuita o canguelo, nuestra posición no es dudar, es creer. Lo que nos impele a escoger la opción que consideramos correcta en base a nuestra experiencia. No analizamos ni cuestionamos nuestros prejuicios, lo que hacemos es buscar evidencias que, por sesgo de confirmación, los sustenten. Lo que nos lleva a ignorar o demeritar todo aquello que los cuestione.  Lo que hace que nos instalemos en un saber que llevamos al extremo y que nos concita a descartar todo lo que no sabemos, que es, por lo general, donde están las mejores soluciones.

Nada nos es más íntimo y propio que el no saber.

El no saber, enamora; el saber, expele.


jueves, 23 de junio de 2022

La nueva dinámica poblacional.

El siglo XXI enfrenta tres retos que darán forma a naciones e individuos. Algunos de orden global y otros de carácter individual. La forma en que naciones e individuos resuelvan estos retos es lo que determinara su rol en el nuevo orden mundial.

El primer reto es de orden global: la demografía.
El índice de fecundidad de reemplazo es 2.1 hijos por mujer, índice que esta muy por arriba del que tiene Corea del Sur (0.81); Hong Kong (0.87); España (1.19); Italia (1.24); Japón (1.34); Alemania (1.53); Reino Unido (1.56); Estados Unidos (1.64); China (1.70) y Francia (1.83). En Francia y Alemania se fabrican el doble de ataúdes que de cunas. En Japón el mercado de pañales de adultos rebasa por mucho al de pañales de niños y China y Corea del Sur van por el mismo camino. 

El problema no es menor. En algunos de esos países la mayoría de la población está próxima al retiro o en el retiro, generando un menor nivel de consumo, de emprendimiento y una mayor proclividad a votar por lideres autoritarios (populistas) de derecha o de izquierda que les aseguren su pensión y bienestar. Cosa que estos lideres no podrán hacer sin aumentar el impuesto sobre la renta de los jóvenes que incursionan al mercado laboral o sin llevar a sus países a situaciones de déficits e insolvencia. 

Algunos de estos países crearan leyes que favorezcan la migración (países occidentales), lo que cambiara el rostro de su país. Otros intentarán ocupar tierras ricas en población y materias primas (países asiáticos). Otros instalaran sus empresas en países próximos a ellos al tiempo que otros emprenden un acelerado camino a la robotización.

El segundo problema es la Desglobalización.
La pandemia y el conflicto de Ucrania hicieron evidentes las fisuras de la globalización. La desglobalización es obligada tanto por cuestiones políticas (nacionalismos y populismos en países de fecundidad negativa), como por cuestiones geopolíticas (conflictos bélicos por materias primas y población) y comerciales (garantizar la cadena de suministro). 

Las naciones industrializadas buscarán instalar su cadena de suministro en países próximos al suyo, lo que abre enormes oportunidades para estos, pero estos deberán garantizar el acceso a energías limpias y certidumbre legal. El siglo XX fue el siglo del petróleo, el XXI será el de la electricidad. Las empresas se van a instalar en aquellos países que les garanticen un abasto de electricidad libre de hidrocarburos. Los países que no logren capitalizar esta coyuntura sufrirán un retroceso de años en el progreso mundial. 

El tercer problema es el de la educación.
En un mundo en el que la carencia de mano de obra se recrudece, la robotización se convertirá en la norma. Los países que centren sus planes de estudio en las nuevas tecnologías serán los que más puedan influir en el concierto de las naciones. Por el contrario, los países que centran su educación en el pasado, serán los que ofrezcan mano de obra operaria, de baja instrucción y de bajo valor.  

China.
Me han cuestionado mucho el tema de China. Este país enfrenta problemas que limitan en mucho sus posibilidades como líder mundial. Su tasa de fecundidad es negativa. Año a año tendrán más muertes que nacimientos. En cuatro décadas habrán reducido su población a la mitad, lo que debilitara su posición geopolítica con India (su eterno enemigo) y su papel en la economía mundial. Este año encerró a 350 millones de habitantes por problema del Ómicron, lo que hará que su economía no crezca más allá del 2%. Otra variable es el tema de su deuda interna la que equivale a tres veces su Producto Interno Bruto. A esto hay que sumarle el hecho de que tienen tres mil millones de metros cuadrados de propiedades vacantes que no tienen mercado ni colocación. Todo esto hace que no se vea un futuro prometedor para China.

Cierto que Estados Unidos tiene problemas parecidos en lo referente a la demografía y una muestra de ello es que el mercado laboral femenino ha bajado sensiblemente, debido a que limitaron la entrada de migrantes, lo que hizo que la carencia de nanas obligara a las mujeres a quedarse en casa. No obstante, Estados Unidos está abierto a legislar y regular la entrada de migrantes para subsanar sus necesidades demográficas y de mano de obra, amén de que su sistema educativo esta cien por cien orientado a la generación y producción de nuevas tecnologías de automatización y robotización.

En síntesis, las naciones y personas que estén constantemente actualizándose en el uso y generación de sistemas de automatización, serán las que se conviertan en generadoras de riqueza. Los que no lo hagan serán usuarios y pagaran el precio de usuario.

Nos leemos en el siguiente artículo. 

jueves, 2 de junio de 2022

La inevitable guerra.

En algunas conferencias sobre entorno mundial hemos analizado el comportamiento, trascendencia e impacto de los cuartiles.

 En este momento estamos ante el telón del primer cuartil, el de la “Crisis de las instituciones” (2001 – 2025). La historia nos ha demostrado que los años previos al término del primer cuartil se caracterizan por una suma de actos previsibles para unos e inesperados para otros. Actos agresivos e intempestivos que acaecen al final del primer cuartil y que preparan la violenta entrada al siguiente cuartil: el de la “Crisis de la Crisis” (2026 -2050).

 El primer cuartil se distingue de los demás debido a que es en el que se derrumban las instituciones que imperaron en los cuartiles precedentes. Es un cuartil en el que las cosas se empiezan a degradar hasta que llega el momento en que nada funciona bien. Los primeros veinte años del primer cuartil se muestran álgidos en lo comercial, económico y político. Deviniendo los últimos cinco en problemas de orden geopolítico, lo que ineluctablemente hará que se reestructuren las fronteras y naciones. En algunos casos por presiones internas (escisiones) y en otras por presiones externas (obligados por las potencias hegemónicas). 

En esta ocasión la “Crisis de la Crisis” (año 26 – 50) va a estallar en Eurasia. Vamos a vivir el fin del poderío franco germano y el nacimiento de un nuevo eje de poder en Europa del este, siendo Polonia y Turquía los que se disputen el liderato de la zona, sin que ninguno de ellos lo logre en totalidad (Estados Unidos no la va a permitir).

Lo que se permite, se repite.
Francia, Alemania, Polonia y Rusia libraron guerras que no resolvieron los problemas geopolíticos (definición de fronteras). Lo que inevitablemente hará que se vuelvan a enfrentar.

Rusia (porción oriental de Europa) ha chocado innumerables veces con Europa occidental: las guerras napoleónicas, las dos guerras mundiales, la guerra fría y la de los países bálticos. Rusia tiene a su favor recursos naturales y tierra, pero no gente (soldados). Lo que ineluctablemente la debilita a ojos de sus contendientes, quienes tienen mucho interés en los recursos naturales que esta posee. Y la mejor forma de apropiarse de ellos será dividiendo a Rusia.

La gente se azora ante la resistencia del pueblo de Ucrania, sin embargo, la realidad es que Rusia no está luchando contra Ucrania. Está luchando contra Estados Unidos y Europa en la tierra de Ucrania. 

Para comprender el accionar de Rusia es menester estar conscientes de que sus debilidades están en sus fronteras. Cuanto más al oeste extienda sus fronteras, mayor será la distancia que tendrán que recorrer sus invasores para llegar a Moscú.

En tiempos de la URSS, la OTAN estaba a mil quinientos kilómetros de San Petersburgo. Hoy está a menos de ciento cincuenta. Vladimir Putin (que tiene tierras, pero no soldados), está obligado a extender sus fronteras para protegerse ante cualquier invasión. No es lo mismo reaccionar con mil quinientos kilómetros de anticipación que reaccionar con ciento cincuenta. El tema es que Estados Unidos y Europa comentaron que no van a reconocer las nuevas fronteras, lo que en si mismo anuncia una guerra larga y desgastante.  

Una guerra que terminara dividiendo a Rusia y debilitando a Europa occidental, al tiempo que se fortalecen los nuevos contendientes de Europa del este. Cierto que en una guerra todo es incierto y que todo puede cambiar de un momento a otro, por lo que es muy difícil predecir lo que va a ocurrir, pero lo que si es seguro es que enfrentaremos dos décadas de cambios e incertidumbres.

En estas dos décadas China jugara un papel determinante y lo jugara en China. No demerito la importancia del país en el comercio mundial y en la política, pero estas dos décadas van a ser muy difíciles para la estabilidad y continuidad del país. Las fracciones internas son muy fuertes, tanto en el poder político como en la nación en sí y a esto habrá que sumarle la presión que Japón ejercerá sobre China para hacerse de una parte de ella. Esto no va a ser inmediato, pero es muy probable que se de en el devenir del siguiente cuartil (2026 – 2050).  

Serán dos décadas en las que la lucha por los recursos naturales y los mercados van a redefinir las fronteras en Eurasia, así como las estructuras comerciales y financieras en todo el mundo.

Cierro el artículo con las palabras de un cofrade:

Son tantos cambios y tantos sucesos en todas partes, que las personas se preocupan más por lo que sucede a miles de kilómetros que por lo que sucede en la mesa de su cocina o en las habitaciones de su casa. Pienso, me decía mi cofrade, que lo mejor que podemos hacer es empezar por resolver lo propio, para que el futuro nos encuentre preparados y no preocupados.

Nos leemos en el siguiente artículo.