miércoles, 29 de agosto de 2018

Puros cuentos.

Primer cuento: ¿Estás mal? ¿No andas borracho?
Santiago, hombre de muchas letras y de pocas palabras, le escribe a su mujer después de un mes de no mandarle una solo línea, lo cual no quiere decir que haya desinterés o incordio. Simplemente dejo de mandarle letras debido a que estaba pasando por un proceso de disección interno, en donde el soliloquio, medio por el cual desvela los óbices de su entendimiento, le impele a poner distancia del objeto amado.

La realidad es que no hay día que no le escriba algo, a pesar de que es poco lo que llega a ojos de ella, ya que la gran mayoría de las cosas que escribe las escribe para sí… Para entender, entenderse y explicarse.  

Santiago es un hombre que poco se distingue de los demás. Es tan normal como cualquier otro. Ta vez las diferencias más sutiles estén en sus filias y fobias, sin embargo es menester reconocer que, pasando estas, no hay en él nada que le distinga y separe de los demás. Es, como usted y yo, un hombre normal.

Su premio, así le dice a su mujer (el Premio de Vencedor) es veinticinco años menor que él, no obstante es una mujer que sin dejar de ser jovial, pose una madurez y definición de vida que supera por mucho a las mujeres de su segmento etario.

A primera vista no podrían ser más disímbolos: él es un eremita, y como tal, serio, hosco y adusto. Ella, gregaria por excelencias, es jovial, alegre y bromista.

Los dos gustan de la charla inteligente, del enriquecedor debate que se da en el encuentro de contrarios, de pasar la tarde en buen sofá, degustando un café al tiempo que desvelan todo lo que una pintura o escultura les puede decir. No obstante él es un eremita, ella, una gregaria.

 Ella explora, innova, descubre, mientras que él, antípoda de ella, se sumerge en los abismos de su mente, de sus libros y proyectos. No sales de tu cueva, le dice ella, hay que secuestrarte y sacarte al mundo para que tomes nota de él. La novedad en la casa está en ella, la continuidad, en él.

No obstante esta dispar pareja posee códigos de comunicación cien por cien atípicos.

Ella gusta de la pluma de él y de navegar en el océano de sus letras. Surca con pericia las ciclónicas olas que la describen, al tiempo que bucea en las más profundadas oquedades del ser que él saca a la palestra a través de su pluma. De hecho hay ocasiones en que estas últimas la azoran y la abruman tanto como esas otras en las que él se proyecta describiéndola.

Sobre todo cuando ese conjunto de letras que forman un poema o una narrativa de lo que ella es en él, la llevan a descubrir o a re-pensar algún escondido abismo o litoral que ella había explorado poco o qué había sabido mantener para ella misma.

Cuando esto acaece, ella, siempre dulce y romántica, le contesta, como en reciente ocasión, con un: ¿Estás mal? ¿No andas borracho? En otras ocasiones contesta con un tierno y dulce: ¿Dónde lo copiaste? Y así como estas lindezas, muchas más.

Él aprendió que ella responde así solo cuando sus letras la abruman, la confunden o la comprometen. No con él..., claro está..., sino con ella.

Cuando sus letras son, por decirlo de una manera, cotidianas y coloquiales, ella no responde nada. Las lee, las guarda y en ocasiones las vuelve a leer no tanto para leer lo que estas dicen, sino para leerse en ellas, pero nunca dice nada. Son de ella y para ella. 

En las únicas que responde con esa carga de romanticismo inusual, es en aquellas en las que necesita tiempo para digerir no a las letras, sino a ella misma. Así, esta inusual forma de comunicación que hay entre ellos, es, sin duda alguna, extraña y atípica a ojos de los demás, pero para ellos es una forma de decir: ¡Te quiero¡

Segundo cuento: ¿Y si no nos casamos?
Sandra es joven, guapa y muy atractiva, amén de inteligente, pragmática y emprendedora.
Madre natural de dos y putativa de tres. Sus hijos, ella de 15 y él de 10, son de su primer y único matrimonio. Los otros tres son hijos de su asociado, no obstante ella los ha adoptado como putativos, en especial a uno de ellos con el que se ha identificado a plenitud.

Sandra dirige una empresa trasnacional con operaciones en varias partes del mundo, lo que la lleva a viajar a las latitudes de sus clientes con el fin de asegura que la calidad y el servicio sea el acordado, amén, claro está, de negociar precios y contratos.

Es una mujer independiente y autónoma a la que le cuesta trabajo la idea del matrimonio, pues este, aunque pleno si es con la persona correcta, demanda de los acuerdos y concesiones propias de la cohabitación, cosa que ella no ha tenido necesidad de hacer desde hace muchos años.

Sandra y su asociado, por llamarlo de una manera, coincidieron en una empresa en la que esta trabajaba cuando su hija de quince era una infante de tres. De ese entonces a la fecha él ha estado pendiente de su devenir, de sus parejas (intentos fallidos que terminaron en una samaritana reivindicación de sus pretendientes como hombres de bien y en una clase de apostolado de ella), de sus palabras, cuitas y canguelos. 

Él, cada que coincidía con ella, se abocaba a observarla y absorberla. Platicaba con ella y le preguntaba sin preguntar sobre sus devenires y andares, lo que hacía que ella platicara de sus yerros, aciertos y discernimientos sentimentales, los cuales él buscaba constatar en las aristas de su geografía corporal.

El cuerpo, lo sabemos bien, muta en función de la relación y las circunstancias, por lo que él, como cartógrafo humano, buscaba las manifestaciones de estas en los continentes y contenidos de su cuerpo. Lo hacía no porque dudara de lo que ella enunciaba, sino porque deseaba saber cuáles de todas esas experiencias eran las que habían dejado huella en su geografía corporal. Estas son las reales, las demás, insustanciales.

En todos los casos descubrió el mismo común denominador. Siempre era ella la que daba más en la relación, no porque ellos no la amasen, sino porque estos habían llegado a ella en el naufragio de su propia vida, siendo ella la que los reivindicó y salvo.

Descubrió también que nunca hubo un él que la llevara a más, tanto porque ninguno hubiese podido hacerlo como por él innegable hecho de que uno de esos jamás hubiese encontrado cupo en ella... Por lo menos no en ese momento.

Ella es una mujer que tiene el motor fuera de borda, por lo que se basta a sí misma para llegar a más, no obstante la realidad es que a todos necesitamos sentir la calidez de un amor salvífico que nos reconcilie con la vida… Y ella no lo ha sentido, por lo menos no así, siempre es ella la que salva, nunca a la que salvan.

La relación entre Sandra y su asociado se dio de manera desigual. Él se sintió atraído hacia ella en lo físico y en lo psíquico. Ella, en lo intelectual. En él había pasión, en ella cerebro.

Él quería cobijarse en ella al tiempo que ella buscaba cobijarse en la mente de él. La de él era una gravitación física; la de ella, intelectual. Al paso del tiempo se fueron acercando, no obstante la gravitación de ella siempre ha sido hacia la mente de él.

Él no solo está consciente de ello, sino que además no tiene problemas con ello. Él lo que quiere es estar con ella, ya sea en calidad de pareja, amigo o socio, pero estar con ella. Varias veces le dicho que él lo que desea es casarse con ella, pero que no es menester que lo haga, que pueden estar juntos como amigos o socios, pero juntos.

Él no gravita hacia ninguna otra Mujer o piel que no sea la de ella. Para él lo más importante es el que ella esté bien. Con o sin él, pero bien.

Ella, más allá de lo que él diga o haga, está consciente de que él batalla en el combes del ser en lo referente a ella. Cuando él no puede manejar una situación o una respuesta de ella, se aísla y se pierde en el más profundo de los silencios, lo que inevitablemente hace que ella se pregunte cómo sería una relación con él, ya sea como esposa, socia o amiga.

No obstante contempla la posibilidad racional de hacer una vida con él. Esta cierta de que sus hijos crecerían bajo la sombra de una mente que les haría mucho bien, no solo por la mente de él sino porque la de sus hijos empatarían muy bien con la de él.

Sabe que es un hombre con el que puede ser, que entiende sus claroscuros y disfruta sus demonios. Un hombre que no la va a frenar y que la va a permitir la expresión del ser, aún a pesar de sus intermitentes aislacionismos y silencios.

Esto que a todas luces puede ser vista como una relación desigual debido a la gravitación física de uno e intelectual del otro, funciona bien entre ellos porque ambos están conscientes de las circunstancias de uno y otro. El amor de ellos es un amor funcional. No quiere decir que ella no lo ame. Lo ama pero lo ama a su manera, más intelectual que físicamente, así como él le ama más desde el combes de lo físico y psíquico que intelectual.

Los dos son racionales y, como todos los entes racionales, pasionales y emocionales. Su relación está basada en el raciocinio de las cosas. A ella le gusta gustarle y a él le gusta ella.

Él quiere que ella esté con él. Ella quiere un hombre que la cobije y la deje de ser.

Él teme que ella se vaya. Ella le dice que lo poco mucho que esté es ganancia. Él obtiene la presencia psíquica, física y espiritual de ella… Ella, la mente de él.

No es una relación de cuento ni tampoco pretende serlo....

La gran mayoría de las relaciones donde el raciocinio es la base y cimiento, es donde se dan las uniones más fructíferas, tanto para los actores principales como para los colaterales. 

Este tipo de relaciones donde él romanticismo decimonónico las ha hecho ver como puro cuento, son, paradójicamente, en las que se construyen los mejores cuentos.

Tercer cuento: Los malos amigos
Este cuento se pudo haber llamado: los malos hijos o los malos amigos. Escogí este último debido a que los hijos pueden entrar en el rubro de los malos amigos, pero los amigos no pueden entrar en de los hijos.

Jacob, es un sefardita observante que de no haber coincidido con la Mujer de su vida y con la gestión que sus malos amigos hicieron en favor de esta, hubiese dedicado su vida a desvelar más y mejores parcelas del saber. Avanzando en este ámbito, al tiempo que se perdía todos los demás, en especial el del amor.

El Amor, lo sabemos bien, nos brinda un “porque”, que no brinda ningún otro porque. No hay sobre el planeta nada que nos brinde un porque como el que brinda el amor, pero entremos al cuento…

Jacob lleva muchos años viviendo solo. Es un intelectual que gusta de las letras, del silencio y la soledad que estas requieren para su cabal disección y degustación.

Gusta tanto de ellas que en alguna momento llego a pensar en la posibilidad de vivir el resto de su vida dedicado a la gnosis, sin embargo la vida, que no gusta de la tediosa e insípida linealidad, le deparó una sorpresa y dos malos amigos: uno de ellos en la persona de su hijo y el otro en la de un Imam, que si nos es musulmán lo parece, no por su religiosidad o apariencia, sino porque es un hombre muy respetado en el mundo de la abstracción.

Jacob conoció tiempo atrás a una mujer que pobló su mente como ninguna otra. La pobló no solo desde el día en que la conoció, sino que además la ha ido poblando de tal forma que no hay día que no hable de ella.

Esta mujer causo tal azoro en él, que tiene grabada en su mente el día que la conocía… Su impronta, sus gestos, lo adusto de su rostro y la seriedad que en ese momento reflejaba su alma. Ella, fría y distante, ni siquiera reparo en él. Él le llevó chocolates y ella, en su papel de mujer casada, se quejó de él.

Consciente de lo poco atinente de su elección (ella estaba casada), guardo su gusto e intención en el archivo de asuntos sin terminar, a sabiendas de que este tema no podía archivarse en ningún otro lugar.

Paso el tiempo y con él los distintos avatares de uno y otro. Caminaron separados por aquellos caminos que creían sendero. Exploraron geografías corporales y territoriales que pensaban próximas, cuando la realidad es que eran tan lejanas que ni recuerdos dejaron.

Y así siguieron, recorriendo caminos y senderos que los alejaban y que en muy rara ocasión les permitía un encuentro ocasional… Hasta que un día la oblicuidad, principal causante de la gran mayoría de los acaeceres del mundo, los volvió a unir.

Jacob, reticente a perder el espacio que dedicaba a la abstracción, le dijo que estaba cierto de que si él se unía ella, iba a perder todo aquello que le distingue y es. Ella, sabía cómo la vida, se quedó callada, no dijo nada. Simplemente se circunscribió a estar, es decir, a dejar que la vida hiciera lo que le es menester hacer.

Las cosas entre ambos marchaban con los característicos ascensos y descensos del hacer humano. Él, a la caza de esa oportunidad que le diera a ambos el espacio que él consideraba correcto. Ella en la paciente espera de ver hasta cuando él hacía lo propio como hombre, cierta de que lo demás, es decir lo empresarial, vendría después.

Todo seguía su curso hasta que un día aparecieron los malos amigos. El primero en salir a la palestra fue el hijo de él. Este, por azares de la vida coincide con ella en un evento. Los presentan, se presentan y de inmediato se identifican y afinan.

Él, consciente de que lo que su padre necesita es a una mujer como ella, hizo lo propio para que las cosas se dieran y se dieran bien. El padre, huelga decir, ni idea tenia del accionar de su hijo y de la constante comunicación que este sostenía con ella, principalmente en esos momentos en los que él se refugiaba en los abismos de su ser, sin decir palabra y sin dar señales de vida. Gracias al hijo de este es que ella sabía que él estaba bien.

Lo más que él hijo abrió sus cartas fue con un simple: Papá, ya la conocí. Por favor no lo vayas a echar a perder.

El segundo en salir a la palestra fue el Imam, el amigo de Jacob mencionado al principio de este relato. Este, tan intelectual como Jacob, conoce a esta mujer gracias a que este los presento. Platica con ella y de inmediato cae bajo el influjo de su encanto, amén de comprender que ella es la mujer que Jacob necesita.

Así, los amigos (que en este caso eran hijo y amigo), esos otros yo que habitan en otros cuerpos y que conocen de nuestra personalidad ese lado que por familiar ya no vemos en nosotros, se confabularon consigo mismos y sin ponerse de acuerdo entre ellos, y mucho menos con ella, para lograr que Jacob se rindiera a ella.

Ambos, hijo y amigo, están ciertos de las fortalezas de Jacob, pero lo están más de sus debilidades, amén de que están ciertos de que no hay peor debilidad que ser débil en la debilidad. Y es precisamente ahí, en su debilidad, donde más lo ayudaron.

Ambos, cada uno por su lado y desde su muy particular óptica, coincidieron en que lo que más necesitaba Jacob era de la alegría y chispa de ella, amén de que estaban seguros de que ella es la única persona que lo podría sacar del ostracismo ante impuesto en el que vive.

Así, los amigos, cuando realmente lo son, no son más que esa otredad que nos ayuda, con o sin nuestra venia, a subsanar esas debilidades en las que cómodamente nos refugiamos para no salir jamás.

En el caso de este relato, ellos (hijo y amigo) hicieron lo propio no para darle más años la vida de Jacob, pero si para darle más vida a sus años

En este caso ellos fueron el espejo que le ayudó a entender que ella era y es la Mujer que lo completa y complementa, pero también hubiesen sido los primeros en alejarlo de ella si hubiese sido lo contrario...

Así, pues, hay ocasiones en que los malos amigos, ya que nunca le dijeron nada de su plan para salvarlo de él mismo, nos ayudan a ver con claridad lo que nuestros miedos y fantasmas no nos dejan ver.

Cuarto cuento: Dos senos y par de cuernos.
Janeth es una mujer exuberante que ha sabido sacarle partido a los maas media. Trabaja como modelo, además de conducir un programa de televisión, de publicar un libro e influir en las redes sociales.

Hace un mínimo de dos horas diarias de ejercicio y trata, en la medida de lo posible, de hacer una sola comida al día. Su cuerpo, sujeto a incontables operaciones de auto alteración genética, muestra la exuberancia de aquello que ella considera sus encantos.

A Janeth le conocí hace catorce años en un canal de televisión al que acudí a un debate. En ese entonces era edecán del set, sin más atributos que el servicio que prestaba. Coincidí con ella en dos o tres ocasiones y siempre en el mismo medio, no obstante en cada ocasión desempeñando un rol ascendente. Después de ello deje de verla hasta ahora que fuimos compañeros accidentales de viaje

Cuando la conocí el bisturí no había visitado su cuerpo, y si bien es cierto que no era ni es una mujer bella (no para mí), si poseía una estética delgadez que hacía que te fijaras en ella. El contenido, es decir aquello que estaba y está allende el empaque, sigue siendo el mismo. Ahí no había nada y sigue sin haber nada, salvo que hoy, paradójica e incongruentemente, hay un vacío mayor al que había antaño.

Aprovecho las horas de viaje para platicarme que se había casado con un hombre muy mayor. Ante tal expresión me fue menester preguntar que era a lo que ella llamaba muy mayor, a lo cual contestó que 45 años.

Me comentó que duró dos años de noviazgo y veinte días de casada. Las razones de su divorcio, palabras textuales de ella: es que había descubierto, con mucho dolor, que no era millonario. En otras palabras, la habían engañado y ahora cargaba a cuestas los errores de su fracaso.

Ella había renunciado a todo. A los medios, a los canales de comunicación y al modelaje. Y lo hizo en aras de un matrimonio que resultó ser todo lo contrario a lo que se había imaginado.

En los dos años de noviazgo viajó con él por diferentes partes de Estados Unidos.  Se hospedo en hoteles de lujo, amén de que la llevaron a las mejores tiendas del lugar, lo cual a la postre fue parte del engaño, por lo menos así lo presenta ella, ya que el novio, hoy ex marido, resulto ser una persona normal, sin el dinero que ella necesita para poder expresar su amor y fidelidad.

En los veinte días que duró su matrimonio se involucró en cuatro experiencias extramaritales. Lo hizo, así me lo explico, para demostrarse así misma que él no era lo que ella necesitaba.

Insistió en que si se había operado los senos era para lograr que estos sirvieran como tarjeta de presentación a los ojos de los hombres, pero que nunca pensó que los que se fijaran en ellos fueran tan poquitos en capacidad económica y empresarial.

Janeth, como usted y como yo, construye sus propios cuentos, no obstante los de Janeth son cuentos con poca probabilidad de final feliz. Son una interminable caída del vacío en el vacío. Una muestra de ello es la suma de causas que me dio sobre el porqué de su infidelidad, tanto en su reciente divorcio como en sus relaciones anteriores.

Víctor Hugo, el insigne autor de Los Miserables, decía que no hay amor más puro que el amor pagado. Ya que es un amor donde ambos tienen claro lo que se espera de ellos. De uno, el que pueda pagar y del otro, que pueda servir. Hasta aquí todo va bien, salvo que eso no es amor. Es una transacción comercial, pero no amor.

En el caso de Janeth acaece lo mismo. Lo de ella es una transacción mercantil, pero no amor. Luego no es de extrañar que los hombres de su vida sean hombres similares a ella. La factibilidad de que encuentre al hombre de su vida es nimia.

Puede construir todos los cuentos que desee, en la inteligencia de que estos cuentos le van a servir única y exclusivamente para justificarse ante sí misma, pero no para hacer la vida.

En la vida hay un solo cuento que nos salva de todo y ese cuento es el amor. No hagamos, pues, un cuento de cuentos sobre el amor.

La realidad es que todo lo demás es efímero. Nacemos y morimos iguales. Nos vamos separando de los demás conforme avanzamos en edad, para buscar, al final de la vida, la atención de aquellos a los que no hubiésemos atendido ayer.

Los otros éxitos, empresariales, económicos, intelectuales y cuanto etcéteras desee usted agregar, de nada le van a servir si no tiene con quien compartirlos.

Haga de su amor un bonito cuento.

Nos leemos en el siguiente artículo.

jueves, 9 de agosto de 2018

Las generalidades humanas.


Explicar la universalidad de lo humano es una tarea que no tiene fin. Lo humano es insondable. Cuando crees que ya llegaste algo, te das cuenta que lo que conoces es la superficie de algo que tiene una profundidad que jamás podrás abarcar.

En esta tarea de explicar lo humano confluyen personalidades totalmente disímbolas. En un extremo están los románticos e idealistas. Esos que asumen que pueden explicar lo que el humano es, partiendo de la premisa de que el hombre tiende al bien. Su idealismo les hace ver la luz pero no la oscuridad que anida en cada uno de nosotros.

En el otro extremo están los cínicos y racionalistas. Esos que parten de la premisa de que el hombre es el lobo del hombre -frase acuñada por Plauto (254 – 184 a.C.) y popularizada por Hobbes (1588 – 1679)-. Estos basan su argumentación en la oscuridad del hombre, considerando la luz del hombre como algo intermitente e irregular y por ende no digno de tomarse en cuenta.

En un punto medio y sin demeritar a los arriba mencionados, están los coloquiales. Esos que sin tener el idealismo de los primeros y la oscura racionalidad de los segundos, nos ayudan a aproximarnos a esa suma de causas que es el ser humano, dado que las anotaciones de estos se centran más en el quehacer cotidiano del hombre que en sus extremos.

Los que los tres (idealistas, coloquiales y racionalistas) nos aportan, es una aproximación a esa generalidad que llamamos humano. Aproximación que nos ayuda pero que no deja de ser lo que su nombre indica, una aproximación.

En artículos anteriores explicábamos que un ser humano es como un pueblo. En este hay muchas colonias, calles y casas, y cada colonia, calle y casa con sus respectivas historias y costumbres. Y cuando creemos que ya tenemos una idea de la gente que vive en esa colonia, descubrimos al entrar a las casas que la conforman, que cada una de ellas tiene sus cuartos, muebles, cajones y recovecos… Y en cada uno de ellos cosas similares pero también diferentes a todo lo anterior.

Con los seres humanos pasa lo mismo. Nunca sabremos que vamos a encontrar en cada uno de ellos. Podemos generalizar pero las generalizaciones jamás explicarán las particularidades de cada quien, ya que estas obedecen a una suma de causas que se ven atenuadas o magnificadas en función de la cuna, geografía, historia y cultura del individuo. Podemos tener una aproximación de lo que la persona es, no obstante la realidad es que siempre habrá algo que nos sorprenda y que nos haga pensar que le conocemos menos de lo que pensamos. 

Las generalidades humanas.
A continuación trataremos de explicar algunas de las generalidades humanas, en la inteligencia de que estas son precisamente eso: generalidades…

El Gregario versus el Ermitaño.
Lo común es que la gente sea gregaria, no obstante una cosa es ser gregario y otra muy distinta vivir en el gregarismo. Hay quienes no saben estar solos. Es tal su necesidad de estar acompañados que cuando no tienen con quien hablar o convivir, se sienten mal. El ánimo se les cae al suelo por lo que tenderán a dormirse como mecanismo de evasión, buscando así que el tiempo se les pase rápido en el inter de que alguien les llama o los va a buscar.

Estas personas suelen ser muy activas, tanto física como mentalmente. Con una alegría y entusiasmo que oscila entre el regocijo del instante y el enojo inmediato. Enojo que por lo general es fugaz, ya que lo que en realidad necesitan es sacar la energía por la boca (decir lo que tienen que decir) para desahogarse y seguir con su vida normal.

Suelen ser listos, ingeniosos y de respuesta rápida. Amén de que la gran mayoría de ellos tienen el don de caer bien. Se les da muy bien la charla social, esa en la que se habla mucho sin decir nada pero que hace que tanto ellos como los otros se la pasen bien.

Son emprendedores y gustan de la gente. Se les da muy bien la interacción social y el liderazgo, sin embargo la realidad es que su preocupación por la gente se circunscribe a un número muy reducido de personas. Interactúan con muchos, pero intiman y se preocupan por muy pocos, aun cuando aparentan todo lo contrario.

Tienen el don de hacerle sentir al otro que se preocupan por él, cuando la realidad es que su preocupación es genuina pero efímera. Son personas de corta memoria antropológica, olvidan lo esencial del otro en cuestión de horas. Por lo general su preocupación dura tanto como el tiempo que están con la persona.

Es importante anotar que no hay maldad en ello, lo que pasa es que al dejar a la persona con la que están para convivir con otra, lo hacen tan intensa y genuinamente, que dejaran en el olvido la preocupación anterior para poder asumir la nueva. No obstante es menester anotar que si bien es cierto que la memoria biográfica de estos es de corto espectro, se torna larga y sorprendentemente detallista con aquellos que entran a su círculo íntimo.

Son unos camaleones. Su capacidad para leer las emociones de los demás y empatar con ellas es asombrosa. Se mimetizan tanto con el otro, que este se les entregara sin duda y sin reserva, sin reparar en ningún momento en el hecho de que la mimetización de estos es intensa pero fugaz.

Son los mejores en relación, promoción y venta de ideas y conceptos. Por lo general alcanzan el éxito debido a su extraordinaria habilidad social. No hay mejores anfitriones que ellos. Pueden hacer que alguien que nunca les haya visto se sienta familiar a los minutos de haber sido presentados. La gente confía en ellos y los buscan como amigos, líderes o socios de negocio.

En las antípodas de los gregarios se encuentran los eremitas. Esos que gustan y buscan por sobre todas las cosas el silencio y la soledad. Son, como su nombre lo indica, personas extraordinariamente solitarias, sin embargo jamás están solos. Siempre están acompañados de sí mismos. Su poca/ nula interacción social se debe al hecho de que nunca les alcanza el tiempo para estar consigo mismo, mucho menos para estar con los demás.

Los eremitas están ciertos de que uno es suficiente, dos bastante, tres multitud. Por lo que su círculo íntimo se circunscribe a una o dos personas y en muy poca frecuencia. La familia (conyugue, hijos) y el trabajo son el único contacto con la realidad. Los que no tienen familia, ya sea porque nunca la tuvieron o porque esta se dispersó, viven mucho más aislados que los demás. Su contacto humano es meramente laboral y circunscrito al tema que les atañe. No hay en ellos intercambio social ni les interesa tenerlo.

A estos, como a cualquier otro ser humano, les acontecen cosas espectaculares y algunas otras espectrales, sin embargo las mejores de todas son las que pasan en su mente. Esta nunca descansa. Siempre tienen algo que pensar, descubrir o crear. El escenario perfecto para este tipo de mentes es el silencio y la soledad. Es por ello que están muy bien solos, ya que su mente trabaja mejor cuando están solos que con los demás.

Por lo general estas personas padecen una “alextimia” (incapacidad para expresar sus emociones) que raya en el extremo, al grado que esta no solo los aísla involuntariamente de los demás, sino que además hace que los demás los aíslen y marginen debido a su poca, nula capacidad social.  

Lo común es que la gente hable de lo que le acontece y de lo que el acontecer les hace sentir, cosa que los eremitas jamás hacen. Por lo que los demás los segregan debido a que sienten que si no dicen nada si mismos es debido a que no confían en ellos.

Se les dificulta en mucho la charla social, no porque no la disfruten, sino porque se les hace insustancial. Tienen tanto que pensar, crear y diseñar que la charla social la disfrutan por excepción y solo en calidad de escucha. Rara es la aportación que hacen a la misma. Pueden estar en ella una par de horas, para salir huyendo de ahí y no repetir el acto hasta dentro de varios meses, ya que les es menester purgar tanta trivialidad.

Se les da muy bien la creación y el diseño. Su preocupación por la gente es genuina, no obstante se les dificulta entender las emociones de los demás. No entienden como la gente puede expresar el mismo nivel de emoción y desgate en lo efímero y trivial, que en lo trascendente y fundamental. Amén, claro está, de que lo que les causa emoción a ellos está muy lejos de lo que le genera emoción a los demás.

Suelen ser percibidos como fríos e insensibles, cuando la realidad es que son mucho más sensibles que los demás. Para muestra un botón. Las mejores cartas y poesías eróticas del mundo fueron escritas por eremitas. La sensibilidad y erotismo de estos está muy arriba de la sensibilidad y erotismo del gregario. Son el epitome del erotismo.

Uno de los lados grises de los eremitas es que estos no buscan a nadie, pero están ahí para todos aquellos que los buscan. Son atentos, educados pero no sociales. Se acuerdan de todos pero no son capaces de llamar o buscar a alguien. Sin embargo cuando alguien les busca estarán ahí para responder a las dudas existenciales del otro o para debatir algún tema que les ocupa y preocupa.

Otro de los claroscuros de los eremitas es su susceptibilidad. Cuando alguien les ofende, ya sea por que usaron un lenguaje soez, un comentario poco atinente o una broma con mal interior, se quedarán callados. No contestarán nada. Simplemente al terminar la charla o reunión se alejarán de la persona en cuestión para no buscarla nunca más. Sin embargo, si la persona que los ofendió los busca, ellos, por educación y cortesía, responderán a su llamado como si nada hubiese pasado, lo que inevitablemente hará que el otro confirme la muy extraña forma de ser del eremita.

Difícilmente encuentran cupo en el mercado de la obediencia y difícilmente crean empresa, por lo que lo normal es encontrarlos trabajando por su cuenta en oficios donde la creatividad y el diseño sean la norma, sin importar si están en el rubro de la medicina, finanzas, letras o arte. Son, por sobre todas las cosas, creadores excelsos.

La figura paterna en la mujer.
De nuevo, lo expresado aquí son generalidades que los lectores analizaran en su entorno para confirmar o refutar.

La relación padre hija pasa por diferentes estadios en función de si es la mayor, la de en medio o la última. Otro factor que incide en la relación es la edad en que el padre tuvo a la (s) hija (s).  No obstante hay padres que sin importar la edad, mantienen una rigidez que limita en mucho la interacción con su dinastía, al tiempo que hay otros que mantienen una flexibilidad que facilita la comunicación. Otros con el tiempo se van haciendo más flexibles y mejoran la relación, pero siempre se dará una de las siguientes relaciones padre – hija.

La hija que mitifico al padre;
La que lo tomo como símbolo, pero sin rechazar o mitificar (la común y normal);
La que no solo no se identifica con él, sino que además se distancio de él voluntariamente.

Por supuesto que puede haber otros roles e identidades, pero estas son los más comunes a observar. De estas tres, explicaremos dos, la primera y la última, debido a que la otra es común y normal. Es la relación que le permite a la hija definir los roles hombre-mujer y las relaciones que se establecen entre estos.

La hija que mitifico al padre.
Las hijas que mitifican al padre, ven a un padre que sus hermanos no ven, por lo menos no al grado en que la hija lo ha mitificado. Para estas hijas el padre es signo, no símbolo.

Cuando usted va por la carretera y ve un anuncio que indica que usted está entrando a una posible zona de incendio, no significa que lo haya, sino que existe la posibilidad. Ese letrero es un símbolo. Expresa una idea pero nada más. En cambio, cuando usted ve una columna de humo, esa columna es signo de que ahí hay un incendio. Así, pues, el signo es tangible, es realidad, mientras que el símbolo es etéreo, irreal. Es algo que usamos para expresar una idea.  

Los seres humanos nos vemos marcados por una o varias persona que tomamos como signo, ya sea la madre o el padre, pero difícilmente a los dos. Uno de ellos es signo, el otro símbolo. La relación con el símbolo es etérea, romántica pero no necesariamente sustancial. La relación con el signo es profunda, cardinal. Al símbolo se le quiere, al signo se le ama. La diferencia entre uno y otro es abisal.  

El símbolo se puede idealizar, pero es un ideal romántico, poético. Importante pero no trascendental. El símbolo está más en el decir que en el hacer. El signo es todo lo contrario. Por el signo das todo, sacrificas todo. No hay para el individuo nada ni nadie más importante que el signo. El signo ocupa un lugar primordial en la vida de cada quien, incluso más que la pareja.

El signo no solo se puede mitificar, en ocasiones se puede llegar al extremo de deificar a la persona al grado de que está solo tenga virtudes y no defectos. No obstante lo común es que la deificación se haga después de muerta la persona.

Una hija que haya mitificado o deificado al padre, tenderá a buscar una pareja que se parezca en algo al papá de la misma, aun cuando ese algo sea trivial, como por ejemplo, el tipo de zapatos o ropa que la pareja usa. Las bromas, respuestas o comentarios que la pareja hace y que se semejan un poco a las de su padre. Cosas que pertenecen al orden de lo cotidiano, pero que no tienen que ver con la sustancia del padre sino con las formas de este.

Si el padre vive, la pareja ocupara un honroso segundo lugar en el corazón de ella. El primer lugar será siempre para su padre. Estas mujeres, por muy autoritarias que sean, por muy firmes de carácter o exigentes en el ser y hacer de las personas, terminaran cediendo a casi todo lo que la pareja les pida, aun cuando no estén de acuerdo con ello.

Esto debido a que desde infantes lucharon por ganar un espacio en el corazón de su padre. Lucha, que sin estar conscientes de ello, trasladan a su pareja para lograr que ninguna otra mujer pueble un espacio en el corazón de ellos. Por supuesto que tienden a ser celosas. Ven, con o sin razón, una amenaza en todo lo que su pareja hace, sobre todo si esta ve o habla con otras mujeres, aun cuando este ver y hablar sea meramente social. 

Si el padre ha muerto, su sentido de posesión e inseguridad tenderá a incrementarse. El sentimiento de orfandad es tal, que temerá perder la atención de la pareja, lo que puede hacer que al tiempo que accedan a casi todo lo que esta les pide, la abrumen con sus miedos e inseguridades.

Una característica de este tipo de mujeres, es que desarrollan un sentido de la utilidad y eficiencia que las distingue y separa de los demás. Son sumamente eficaces en todo lo que hacen. Ellas, sin importar la complejidad de la función, se abocaran a ella de tal forma, que en muy poco tiempo no solo harán las cosas mejor que nadie, sino que además rediseñarán los procesos con tal nivel de eficacia, que harán en muy poco tiempo lo que los demás necesitan muchas horas para hacer.

Son excelentes mujeres de negocio. Crean, apuntalan y llevan al éxito cualquier tipo de negocio que emprendan, con una capacidad extraordinaria para empezar de cero cuantas veces sea necesario.

Mujeres que se distancian voluntariamente del padre.
Cuando una hija decide distanciarse voluntariamente del padre, tenderá a refugiarse más en la razón que en las razones de su razón. Son mujeres que recurren poco al autoengaño. Por supuesto que nadie es ajeno a este y ellas tampoco, pero ellas tienden a engañarse menos que los demás.

Son mujeres echadas hacia adelante. Poco se detienen en el pasado. No porque no les duela o importe (les duele y mucho), sino porque la solución de sus problemas está en el futuro, no en el pasado. Son tránsfugas de la cuna. Lo que en esencia las mueve es la construcción, para ellas y los suyos, de un futuro mucho mejor que el pasado que tuvieron.

En sus inicios, al buscar pareja, tenderán a ver ligeramente hacia abajo. Por lo que es muy probable que sus parejas sean mucho menos decididas, eficientes y capaces que ellas, lo cual les hará sentir bien. No por las incapacidades manifiestas del otro, sino por el hecho de que estos, por sus mismas carencias, necesitaran mucho de ellas.

Estas mujeres, dada la carencia afectiva que tienen, manifiestan una alta necesidad de sentirse necesitadas, en especial de la figura masculina (pareja, hermanos, hijos). No obstante es importante anotar que no se relacionan con hombres parasito, pero si con hombres que sean menos que ellas, a los cuales los sacan adelante o los dejan atrás si ven que estos no responden.  

Se les dificulta un poco la relación de pareja, ya que aun cuando tienen una alta necesidad de que su pareja les dedique tiempo y atención, y de que les exprese en palabras dulces su sentir, se les dificulta en grado extremo ese mismo nivel de expresión. Les cuesta mucho regalar un te amo, te quiero y cosas así. Su amor lo expresan en actos, no en palabras.

Otro dato importante es que aun cuando gustan de que su pareja les exprese su sentir, se les dificulta aceptar como auténticas las expresiones de amor de su pareja, lo que las lleva a no contestar las expresiones de amor o a bromear a costa de ella, lo que a la postre termina afectando la relación.

Es menester anotar que ellas hacen esto de manera inconsciente, no porque no gusten de las expresiones de amor de su pareja, sino porque siempre hay en ellas un resabio de duda sobre la veracidad de las mismas, por lo que muchas veces terminan provocando lo que temen.

Otra particularidad de ellas es que aun cuando son osadas en el combes del hacer, no lo son en al ámbito del ser. Siempre se están cuidando, dado que su yo interior les dice que el otro en cualquier momento les puede fallar, sin estar conscientes de que ellas mismas generan en algunas ocasiones, las causas de la falla.

Son mujeres autosuficientes, con un empuje, influencia y liderazgo que les hace destacar sobre sus demás compañeros de trabajo. Son excelentes administradoras. Orientadas a la tarea y al proceso. Organizadas aunque no necesariamente ordenadas. Se pudiera decir de ellas que su desorden está muy bien organizado.  

Se comprometen con lo que hacen y no cejan de luchar hasta lograr sus objetivos, aun cuando estos sean a contracorriente. Su principal característica es que tienen la capacidad de llegar ahí, donde por lo áspero y difícil del entorno, nadie cree que puedan llegar.

Por supuesto que pudiéramos ahondar más en cada uno de los ejemplos enunciados, amén de explorar muchos otros, no obstante en este momento me es menester no abrumarlos con mis disquisiciones intelectuales y dejarlos con esta breve síntesis para su análisis, adecuación, confirmación o rechazo.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 18 de julio de 2018

Entre el instinto y la razón.


Los seres humanos nos movemos en dos dimensiones de las que no estamos del todo conscientes. Dimensiones que están en perene conflicto y que son las causantes de nuestras constantes contradicciones, ya que el instinto nos impele a hacer cosas que desaprueba la razón, al tiempo que esta nos aconseja cosas que son contrarias al instinto.

Por supuesto que lo que nos separa del resto de las especies es el hecho de que nosotros no estamos sujetos única y exclusivamente al instinto. La Inteligencia y voluntad, característica propia de los homínidos, es lo que nos ha llevado a distinguirnos y separarnos de las demás especies que pueblan el planeta.

Así, si le hacemos caso a la teoría, es debido a esta supuesta capacidad que tenemos de pensar lo que pensamos y de llevar lo pensado al ser, lo que nos ha llevado a ser la especie dominante del planeta, aun cuando en estricto sentido poco es lo que pensamos y poco lo que hacemos. No obstante hoy estamos en la cima gracias al trabajo creativo de un número muy reducido de personas y al trabajo operativo de muchos que con su diario, anónimo y rutinario quehacer, generan una continuidad que no poseen las otras especies.

Para lograr esto ha sido menester un sin número de generaciones, debido a que nuestra especie posee, como contrapeso a la inteligencia y voluntad, dos características que ralentizan su progreso:
Somos la única especie que está llena de actos inútiles (sin intención de futuro). Actos que lo único que pretenden es poblar el presente para matar a aquel que nos quiere matar: el tiempo.
Tan es así, que la frase más común que usted escuchara en su círculo de allegados es la de: estoy aburrido. Lo cual de suyo es una declaración de que la persona no sabe qué hacer cuando no tiene nada que hacer.
Esta frase es propia de la gente operativa. Los creativos no se aburren, ya que no les alcanza el tiempo para hacer todo lo que tienen que hacer.   

La segunda característica que ralentiza nuestro progreso es que somos la única especie que posee un comportamiento contradictorio. Las demás especies son lineales, limitadas pero lineales.
El comportamiento de las demás especies es cien  por cien predecible. Ninguna posee actos inútiles amén de que el comportamiento de las mismas no es contradictorio.
La inutilidad y la contradicción es propia de nuestra especie y la causa de la misma es esa perenne lucha que tenemos entre el instinto y la razón. Lo que hace de nosotros unos seres lógicamente ilógicos, que se mueven con un pie en el freno y otro en el acelerador.

Lo mismo que te lleva al éxito, te lleva al fracaso.
La combinación de instinto y razón nos ha llevado al éxito en algunas cosas y al fracaso en otras. Lo interesante aquí es que si aprendemos a identificar y a dirigir las señales del instinto, sin manipularlas pero sin dejar de sujetarlas al filtro de la razón, podríamos, con mucha seguridad, alcanzar mejores cuotas de desarrollo humano y material.

El instinto no es otra cosa más que la inteligencia de la especie. Y si de algo podemos estar ciertos es de que el instinto sabe más de nosotros y de lo que necesitamos que nosotros mismos. El instinto no se equivoca. Somos nosotros los que nos equivocamos al ignorar el instinto. El instinto funciona en todo, en el amor, en los negocios, en la familia, los hijos, amigos y demás menesteres.

El instinto siempre está ahí, atento y alerta a cualquier señal del entorno que le incumba para avisarnos del sí o el no de cada decisión. El problema no obstante no es el instinto y lo acotado que esté está, sino el hecho de que hemos aprendido a ignóralo en casi todo.

Le hemos dado todo el peso a algo que llamamos razón y que está muy lejos de la razón. Razonamos poco, racionalizamos mucho. Tanto que hemos minimizado el instinto casi al grado de la extinción, circunscribiendo este al combes de la reproducción y solo en los primeros estadios de la vida.

La razón de esta minimización se debe a la sobre argumentación que hemos hecho de todos los acaeceres de la vida. Es tal la necesidad de justificarnos que sobre argumentamos el porqué de nuestras decisiones cuando la realidad es que las cosas se explican solas. Las cosas se dicen haciéndolas, no explicándolas.

Lo ideal, claro está, sería sujetar el instinto a la razón y no a la racionalización, sin embargo la realidad es otra. Nos gana el impulso y para justificar este, esgrimimos argumentos que lo expliquen y justifiquen.

Las cosas se explican, no se justifican.
Racionalizar no es razonar. Racionalizamos cuando cubrimos nuestros argumentos con un disfraz que los haga parecer lógicos. Esto debido a que la lógica no es debatible. Es tan contunde que no se puede debatir. Y lo que pretendemos con nuestra argumentación es que esta sea tan lógica que el otro no nos la pueda debatir, cosa que pocas veces logramos.

Otra de las cosas que buscamos con nuestra argumentación es que ésta sea inteligente, ya que la inteligencia, amén de que nos es debatible, logra una tacita aceptación de parte de la audiencia. Así, pues, la razón por la cual esgrimimos argumentos que parezcan inteligentes, es porque queremos ser aceptados, no juzgados… Lo cual pocas veces logramos.

No olvidemos que la razón es una construcción social. Todo lo que usted piensa, lo piensa desde el marco cultural en el que usted creció y vive. Cambia su entorno, cambia su razón.

Veamos un ejemplo nimio. Si usted está en la nómina de una empresa, su mente va a empezar a procesar todo lo que le acontece a partir de ese entorno. Y si permanece en él más tiempo de lo debido, llegará el momento en que hasta lo que no compete a su trabajo lo procesara con la mente de una persona que se mueve en un entorno donde la certeza, seguridad, estabilidad y predictibilidad son la norma.

Todo aquello que no encaje en los parámetros mencionados (certeza, seguridad, estabilidad y predictibilidad), tendrá poca o nula posibilidad de aceptación y realización.

Por el contrario, si usted trabaja por su cuenta o posee una empresa propia, sin importar el tamaño de esta, su mente procesará todo lo que le acontece desde la óptica de la variabilidad de las cosas. Ya que usted habrá aprendido, más que ninguna otra persona, que la oblicuidad consiste en entender que la realidad que ve y vive obedece a una realidad que aconteció o está aconteciendo en otro lado y que incide en la realidad que esta usted viendo y viviendo, aun cuando no tenga ni la menor idea de lo que está pasando más allá de su campo de visión. Lo cual le ha hecho entender que las cosas cambian de un momento a otro y que no hay nada seguro.

El primero estará acotado a buscar en todo lo que hace la seguridad, estabilidad y predictibilidad. Poca, nula capacidad tendrá para adaptase a los vaivenes de la oblicuidad y responder a ella con soluciones creativas que no tengan precedente alguno. El segundo será flexible y oblicuo en todo lo que hace, adaptándose rápido a los avatares del entorno, sin problema para dejar atrás lo que debe dejar atrás.

El primero crea continuidad, el segundo innovación. Lo que cambia entre uno y otro es el entorno y la forma en que los sujetos se adaptan o sobreponen a él.

Si usted cambia su entorno, cambiará su mente y con ella su razón. Basta con que usted esté expuesto 120 días a un hábitat diferente para que su mente empiece un lento pero progresivo cambio en su forma de observar, interpretar y procesar la información del entorno.

Es por ello que es de suma importancia elegir muy bien lo que ve, escucha y lee, así como la gente con la que se asocia, ya que usted es el entorno que tiene… En la inteligencia de que el entorno, en su gran mayoría, lo elige y crea usted. No olvide que elegante es aquel que sabe elegir.

Regresemos al instinto.
El instinto es la inteligencia de la especie y justo es reconocer que muchos de nuestros actos están subordinados en primera instancia al impulso de éste. La razón por la cual no nos damos cuenta de ello, es debido a que los racionalizamos en nuestro interior para poder justificarnos a nosotros mismos del porqué de nuestras acciones. Tanto que llegamos a creer que son actos que obedecen a la razón.

No obstante la realidad es que es el instinto el que nos hace voltear a ver esa persona que atrapa nuestra atención, a escuchar a esa otra que nos parece interesante o a desconfiar de ese que percibimos amenazante o perjudicial a nosotros. Este saber natural que nos alerta positiva o negativamente sobre el otro, está en el instinto y lo poseen todas las especies, sin embargo, en nuestro caso, el instinto se completa y complementa con la razón.

Relaciones fallidas.
El por qué a veces nos involucramos en relaciones dañinas en lo sentimental, personal o empresarial, es debido a que justificamos nuestro proceder con los artificios que nuestra razón construyo para explicar nuestro accionar.

De origen sabemos que el otro, aún cuando nos guste en demasía, no es lo que necesitamos, y sin embargo seguimos adelante porque queremos creer que lo vamos a lograr (la esperanza se alimenta de esperanza, no de realidad).

Lo mismo acaece en los negocios. El instinto nos avisa que ese negocio no va, que ese negocio tiene algo turbio que no alcanzamos a vislumbrar y que va a terminar metiéndonos en problemas. O que no tiene posibilidad de futuro por la incapacidad de los actores. Pero son tales nuestras ganas de que si funcione, que la esperanza hace lo suyo y nos lleva a él… Hasta que la realidad, siempre inobjetable, nos muestra eso que ya habíamos visto pero que no queríamos aceptar.

Así, el instinto es el filtro de todo. Que no lo usemos así es otra cosa. Identificarlo y dirigirlo nos haría mucho bien. No obstante es importante anotar que el instinto no es todo. Este, en estricto sentido, debe sujetarse al filtro de la razón, haciendo a un lado nuestra muy subjetiva racionalización.

La generalidad del instinto.
El instinto, en el combes de lo sentimental, nos generará las mismas señales de atracción con todas aquellas personas que completan y complementan nuestra genética, lo cual no quiere decir que tendríamos que vincularnos con todas ellas. Es justo aquí donde la razón nos puede decir, más allá de nuestras emociones y subjetividades, cual de todas esas personas es con la que mejor asociación haríamos.

El amor es piel y razón. 
La piel atrae la mirada, pero no la retiene. Lo que nos retiene es el alma y mente del otro, pero estas necesitan forzosamente de la piel. Debe haber una mezcla muy bien balanceada de piel y razón para construir una relación con posibilidad de futuro.

La razón por la cual nos equivocamos tanto, es que ya una vez que el instinto nos lleva a alguien, nos instalamos en ese ese cúmulo de emociones que nos genera el otro y que nos obnubilan la razón. Por ello es que se dice que el amor es ciego, pero los vecinos no.

La emoción tiene imperio sobre la razón. Su mandato no solo es imperativo, sino que además mueve de manera inmediata los resortes que impelen a la acción. Mientras que la razón, siempre lenta y prudente, se circunscribe a aconsejar a la emoción para que esta no se precipite. Consejo que llega, las más de las veces, cuando la emoción ya activo los resortes de la acción.

Así, pues, el instinto no se equivoca, pero el instinto no es exclusivo. Este se manifestará con cuantas personas posean la genética que necesitamos para reproducir un ser con mejores genes que los nuestros, pero solo eso. Al instinto no le interesa la razón, inteligencia, moral o buenas costumbres. A éste lo que le interesa es la reproducción y a ello se aboca.

Es la razón la que debe filtrar la selección del instinto, pero para ello es menester que esta no subjetive el razonamiento, cosa muy difícil de lograr, no obstante es una habilidad que se desarrolla entre más se practica. En el fondo usted siempre sabe si quiere o lo quieren. Es usted, el que subordinado a la piel, decide engañarse.

Mejor no lo haga, hable directamente con el otro y hágale ver que es solo piel. Lo más probable es que lo manden a paseo, pero si de algo puede estar seguro es de que se va a evitar muchos problemas. Total, si le sirve de consuelo, piense que el instinto siempre se repite… Al tiempo le llevará a otra persona que le guste igual o más que la anterior.

Las relaciones fallidas.
Las relaciones fallidas son aquellas en donde lo único que impera es el instinto. En estas todo funciona muy bien… Pero solo al principio. Ya que ninguno de los dos puede dejar de ser lo que es. Sin embargo, es tal el impacto de la piel, que todo lo que no nos gusta del otro lo minimizamos con tal de prolongar la relación.

Estas parejas funcionan muy bien como Neo-Pareja, es decir, esas parejas en las que cada quien vive en su casa. Son parejas en las que cada quien tiene su vida y solo se ven para convivir intermitentemente y para darle cauce al instinto. La relación de estas será fenomenal, aun cuando al paso de los años terminen separándose, ya que el único motor que las tiene juntas es el instinto.

Una de las características de las relaciones en donde lo único que impera es el instinto, son los constantes encuentros y desencuentros de la pareja. El instinto los junta y la razón los separa. El instinto actúa tan fuerte en ambas direcciones, que obnubila la razón de las partes. Lo que hace que echen al olvido la causa de la separación, regresando en días, semanas o meses para redescubrir el o los motivos por los cuales habían terminado.

Cuando el instinto es el único motor, es inevitable que los desencuentros culturales (forma de pensar y hacer la vida), de cuna (estrato social) y de prospectiva (idea de futuro), no trunquen la relación.

No olvidemos que el instinto se satisface al consumarlo. Y ya una vez satisfecho lo que nos queda es la cultura, cuna y visión de futuro que tienen las partes, las cuales, si no encajan con el otro, terminarán abortando la relación. De estas variables la más acuciante de todas es la visión de futuro. Y es muy importante tomarla en cuenta, ya que esta está en la mente de cada quien y es cien por cien aspiracional…

Más claro, la visión de futuro de una persona, la verbalice o no (casi nadie lo hace), es el motor que impele, consciente o inconscientemente, la totalidad de nuestras acciones. Esta es la que nos lleva a asociarnos o desasociarnos de la pareja, socios, amigos o conocidos, e incluso hasta de familiares.

Veamos un ejemplo…
 Las parejas donde la diferencia de edad es abisal, digamos de quince años o más, la concepción de futuro de uno y otro es lo que va a determinar las posibilidades de éxito de la misma.

Puede ser que al principio una de las partes se haya sentido atraída por la madurez, sabiduría y sapiencia del otro, así como el otro se sintió atraído por el impulso y fuerza de vida del más joven. Sin embargo la realidad es que al paso del tiempo los atributos de uno y otro se verán como normales, ya que la familiaridad termina desmitificando al otro.

No es que el otro deje de ser lo que es, sino que la familiaridad nos muestra esas otras cosas que no veíamos y que lo hacen humano. Seguimos pensando que es muy inteligente o muy jovial, pero también vemos esas otras cosas que no veíamos y que forman parte del ser.

Y ya una vez que se desmitifica a la persona, la idea de futuro de uno y otro será la causa de unión o separación de los actores. No se van a dejar de querer, pero ya no podrán vivir juntos.

Mientras el de mayor edad trabaja hacia una sola dirección, el otro, que aún le falta mucho por conocer, tenderá a explorar cuanta dirección se le haga interesante, abriéndose poco a poco una brecha entre los dos. De tal suerte que lo mismo que los unió, terminara siendo lo que los separe…, salvo que coincidan en visión.

Regresemos al tema del instinto.
Éste, como ya lo explicamos, escoge a aquel o aquellos con los que se completa y complementa, por lo que la función de la razón es cribar las elecciones del instinto, conscientes de que este se aplica única y exclusivamente a lo suyo.

También debemos considerar que el instinto menguará al paso del tiempo, mientras que las otras variables de la relación (cultura, cuna y prospectiva) irán en aumento, por lo que la razón debería servirnos para elegir la relación que tiene mejores posibilidades de futuro.

Nos leemos en el siguiente artículo.

martes, 12 de junio de 2018

Negociar con uno mismo.


El que esto escribe es un diletante de las letras que tiene la fortuna de contar con un grupo de cofrades compuesto por hombres y mujeres de distintas edades, oficios, concepciones religiosas y filosóficas, lo que no solo nos permite tener acceso a un encuentro de contrarios, sino que además nos permite confrontar nuestro saber con el saber de los demás, enriqueciendo así el acervo de todos. 

Nuestras sesiones son un encuentro de contrarios. Encuentro donde no solo está la perspectiva de género, la cual es por demás notoria, sino que además son una ventana al conocimiento del otro. Encuentros en donde lo más importante para nosotros es dejar atrás la ética de principios, que siempre obnubila la razón y el entendimiento, para instalarnos en una ética de responsabilidades, que es donde debiéramos estar todos.

En uno de estos encuentros, Humberto, un cofrade que ha tenido la oportunidad de trabajar en culturas cien por cien antípodas unas de otras en religión, cultura y filosofía, puso sobre la mesa como tema de debate: la negociación. Tema trillado y del que todos creemos saber algo, no obstante la polémica fue atroz, no por el tema en si, sino por las premisas que presento.

La reacción de los contertulios no se hizo esperar. Tanto ellas como ellos afilaron sus agudos instrumentos intelectuales para diseccionar, refutar y/o complementar lo expuesto por Humberto.

En este artículo me limitaré a exponer, sin ánimo de demeritar el proceso y las opiniones de unos y otros, las conclusiones de la ponencia. Consciente de que en lo humano nada está dicho, por lo que lo presentado aquí no es mas que una invitación a que debata con usted mismo lo aquí expuesto.

Negociar es ceder en algo que estimo en mucho para lograr algo que aprecio en más.
Humberto, el creador y responsable de la ponencia, baso en la premisa subrayada la esencia de su argumentación.

Nos hizo ver que el problema nuclear de toda negociación, sin importar la cultura, religión u oficio de la persona, es la persona en sí. Es posible, nos decía Humberto, que la persona tenga todas las habilidades que requiere un negociador, no obstante el secreto de la negociación no está en sus habilidades, sino en la honestidad que tiene para consigo mismo.

Hablemos en primera persona. Las habilidades nos van a ayudar mucho a la hora de negociar, sin embargo el problema real no está en las habilidades, sino en el hecho de que no nos enseñaron a ser honestos con nosotros mismos, y no solo no nos enseñaron, sino que además no hemos hecho nada para corregir la siempre apasionante y encantadora psicología del auto engaño en la que vivimos.

Nos mentimos tanto a nosotros mismos que es muy probable que nos sintamos incómodos cuando interactuamos con una persona que es honesta consiga misma. Esta nos parecerá árida y con poco o nulo respeto a la sensibilidad de los demás, cuando en la realidad, somos nosotros los que nos estamos evadiendo.

El secreto de la negociación está en aprender a negociar con uno mismo, no obstante para ello es menester ser honestos y dejar de construirle razones a nuestra razón para justificar nuestros actos. Justificación que hacemos no a ojos de los demás, los cuales no son más que un pretexto, sino ante nosotros mismos, que es lo que realmente nos importa.

En algunos artículos he explicado que la ignorancia es solo uno de los problemas del ser humano. Un problema muy importante. De acuerdo, pero no es problema - problema. El problema – problema es la conciencia. En ella está la causa primera y última de todo nuestro errático accionar.  
Sirva de ejemplo la comida. Todos sabemos que es lo que debemos comer y que es lo que debemos evitar. Tan cierto es que no necesitamos de un Nutriólogo o de un Bariatra para que nos diga que estamos comiendo mal. Lo que necesitamos es aplicarnos y comer bien...

Pasa lo mismo en todos los aconteceres de la vida. Todos sabemos que estamos haciendo cosas que no debemos hacer, y no solo las hacemos, sino que además hasta nos regodeamos haciéndolas. Así, pues, en estricto sentido el problema no es la ignorancia, sino la conciencia.

Partiendo de esta premisa, nos es menester reconocer que es más que imposible el que no nos demos cuenta de los yerros en los que conscientemente incurrimos. Por supuesto que nos damos cuenta, no obstante lo que pasa es que le damos razones a nuestra razón que no tienen otro fin más que aletargar la conciencia (animal extraño que no nos deja dormir y que nos causa mucho ruido).

En esta época, en la que todo lo disfuncional es funcional, hemos hecho de la laxitud de nuestra conciencia una forma de vida en la que la falta de honestidad para con uno mismo nos hace instalarnos permanentemente en lo accidental, dejando al margen lo esencial.

Uno de los cofrades nos decía en ese momento: De acuerdo, pero si solo vamos a hacer lo esencial, cómo entonces nos vamos a escapar de la realidad. Pregunta que nos acerca de nuevo al problema de la conciencia.

Los seres humanos tenemos una ingente necesidad de escaparnos intermitentemente de la realidad, lo cual no solo es sano sino necesario. Vivir permanentemente en la realidad es de locos. No hay quien lo soporte. Sin embargo el problema no es que nos escapemos a intermitentemente de la realidad, sino que hemos hecho del escape una permanencia y de la realidad una intermitencia.

Es tal nuestra necesidad de divertimento y de ocuparnos de cosas gratas, que poco a poco nos hemos ido dando permisos en la conciencia hasta que hicimos de estos la constante y no la excepción. Le hemos enseñado a nuestra conciencia a ver lo laxo como funcional y lo ortodoxo como disfuncional, tanto que nos cuesta mucho trabajo ser honestos con nosotros mismos, ya que ganar en todo, nos ocupa en todo.

La realidad es que no sabemos qué hacer con nosotros mismos, lo paradójico de este no saber es que hay millones de seres humanos que suspiran por la inmortalidad, pero no saben qué hacer una tarde de un domingo lluvioso, sin luz y sin internet.  

Regresemos al tema. La pregunta que toda persona se debe hacer en cualquier negociación, sin importar el tema o el objeto, es: ¿qué es aquello que aun valorándolo en mucho lo puedo ceder o dejar ir, en aras de lograr algo que aprecio en más?

Cuando la persona tiene perfectamente claro que es aquello que le es esencial, podrá ceder sin problema alguno aquello que es importante pero no fundamental. En esta batalla que emprendemos con nosotros mismos para separar lo esencial de lo trivial, el ego será nuestro gran oponente. El ego (el gran oponente) siempre es el enemigo a vencer.

Es el ego el que nos lleva a no querer ceder en nada y a querer ganar en todo. Cuando la realidad es que hay cosas que si pasan, no pasa nada... Mientras que hay otras que si pasan, pasa todo. ¿En cuales nos queremos detener?

En toda negociación nos es menester unir sin confundir y distinguir sin separar. ¿Qué si podemos y debemos ceder en aras de llegar a un acuerdo? Y que no podemos ni debemos ceder, por que ceder en ello es ceder en lo que somos. Y lo que somos, no es negociable. 

Por favor no juegue con su mente. No todo es esencial. Hay muchas cosas que son deseables, pero no indispensables. En la negociación pasa lo mismo que en la vida. Una cosa es lo que se desea y otra lo que se necesita. Usted desea poder comprar el carro de sus sueños, cuando la realidad es que usted lo que necesita es transporte, no marca.

Cuando usted hace de la marca algo no negociable, es debido a que usted, en un auto engaño de la conciencia, cree que la marca tiene el poder de brindarle la identidad que no posee. No obstante lo que usted realmente necesita es definir su identidad y definirla más allá de su estrato económico, poder adquisitivo o función. Esas cosas son accidentales. Hoy están, mañana no. Lo que siempre esta es la esencia. Esta nace y muere con usted. 

No olvide que la identidad esta subordinada, entre otras cosas, a la idea que tenemos de nosotros mismos en el futuro, y esto no tiene que ver con nuestra capacidad de compra, sino con la visión que tenemos de nosotros mismos. Una persona que no tiene de visión de si, carece de identidad, por lo que estará subordinado a las marcas. 

Regresemos al tema que nos compete: negociar con uno mismo. 
Imagine que usted va a cenar con alguien y ese alguien le pide que elija el restaurante. Que él o ella no tienen en mente algún lugar en especial, por lo que cenaran en el lugar que usted elija. Acto seguido presenta usted su elección la cual de inmediato es objetada, y así las siguientes tres o cuatro opciones que presenta.

Cuando usted le dice a la persona que mejor elija ella, esta le dice que no. Que lo que realmente quiere es cenar en el restaurante que usted elija. Es claro que esta persona ya tiene una opción en mente, pero quiere que usted la adivine, ya que no quiere decirle donde desea cenar. Este no ser honesto con ella o con él mismo, hace que la elección sea innecesariamente difícil, cuando lo más fácil sería dejar claro donde quiere cenar.

Este tipo de personas buscan el control por el control, lo que le les dificulta en mucho separar lo accidental de lo esencial, ya que ven cualquier concesión como una pérdida de poder e influencia sobre el otro. Para ellos lo esencial es el control. Negociar con este tipo de personas es asaz difícil, ya que estas personas dimensionan por igual todas, sin importar si son triviales o no. No saben como negociar con ellas mismas, ya que para ellas todo es importante. 

Llevemos la negociación al combés de la pareja. Imagine que usted está en una relación con una pareja que le gusta en demasía. Al grado que cuando usted la ve se queda en pausa, es decir, se le va el audio. No obstante reconoce que hay en ella algunos hábitos y actitudes que le incomodan y otros que le incordian, lo cual obviamente aplica para ambos lados.

Así, pues, usted debe ser muy honesto consigo mismo y preguntarse que le es más importante, el contenido o el empaque. Que si está dispuesto a ceder y que no. En la inteligencia de que hay cosas que si pasan, no pasa nada, y otras que si pasan, pasa todo.

Si quieres hacer reír a dios, cuéntale tus planes.
Permítaseme enunciar un caso cercano a mí, el cual tiene como fin ilustrar lo complejo del tema de la conciencia, ya que lo que en conciencia es bueno para unos, no lo es para otros.

Recuerde por favor que conciencia no es solo tener la capacidad de identificar y llamar a las cosas por su nombre, sino que también es todo aquello que nos enseñaron a valorar (y que ya de adultos confirmamos como valor), razón por la cual lo que es bueno para unos, no lo es para otros.

Por ejemplo, si a usted le enseñaron a ser ventajoso, se va a sentir muy bien tomando ventaja de los demás. Por el contrario, si le enseñaron a ser justo (y confirmo el valor de adulto), se va a sentir muy mal el día que intencionalmente haga un trato tomando ventaja de los demás.

Sirva esta disgregación para poder explicar y entender el caso que narraré a continuación. 

Nelly estuvo felizmente casada con un hombre que había hecho de ella el centro de su universo. Pasaron los años y la relación se fortalecía. Él no tenía ojos más que para ella y su única ambición era llegar a casa para estar con ella, no obstante la vida, siempre oblicua, los llevo por otros caminos.

Nelly conoce a Adriana y se enamora súbitamente de ella. Termina su matrimonio y se divorcia en muy buenos términos. No obstante Adriana, honesta con ella y con Nelly, le dice que ella no se piensa divorciar de Carmen, por lo que Nelly tiene que negociar con ella misma y decidir si acepta las cosas como están o da marcha atrás.

Acepto a Adriana en las condiciones de esta. Pasaron los meses y Adriana tomo la decisión de presentarle a Nelly a una amiga con la que mantiene encuentros casuales, en donde el objetivo de dicha presentación es hacer que la amiga funja como pareja de Nelly a ojos de Carmen y de todos los demás.

El entorno inmediato de Nelly reprueba su accionar, no obstante esta, en esa negociación que hizo con ella misma, decidió que esto que está mal a ojos de todos, está bien para ella...

Aquí no estamos calificando si está bien o mal, sino el hecho de que ella tuvo que ser honesta con ella misma y decidir, en función de su conciencia, lo que está dispuesta a perder y lo que no, y ella decidió no perder a Adriana. 

Nada es caro cuando sabes su precio, porque entonces ya decides si lo pagas o no.
Si hizo bien o hizo mal es algo que no nos compete a nosotros. Aquí lo único que queremos enunciar es lo difícil que es ser honesto con un mismo. Y cada quien lo es en función de sus conciencia. Todo lo que haga o deje de hacer tendrá consecuencias y es menester conocer el precio de las mismas y asumir las consecuencias. 

Como bien sabemos, uno de los secretos de la vida es que no hay respuestas, solo aproximaciones, pero no respuestas. No hay un solo lugar al que podamos acudir por ellas. Nunca ha habido una respuesta a las cosas y esa es la respuesta.

Lo aquí escrito es una aproximación más de las muchas que se han hecho, y cierto estoy, como decía líneas arriba, que lo aquí expuesto no tiene otro fin más que invitarlo a un debate con usted mismo para encuentre en su interior una respuesta, la cual le será útil a usted y todos nosotros.

No obstante lo importante aquí es tomar conciencia de que el secreto de toda negociación, esta primero en negociar con uno mimo. Ya una vez que uno tiene claro lo que está dispuesto a ceder y lo que no, entonces y solo entonces podrá negociar con el otro y llegar a un arreglo, antes no.

Nos leemos en el siguiente artículo.