sábado, 5 de agosto de 2017

La creación de la inteligencia.

La inteligencia se crea a sí misma y se crea a través de la ausencia; la espera y la palabra.

James Joyce decía que un hombre es un fantasma que se ha desvanecido hasta ser impalpable... Ya sea por muerte, por ausencia o por cambio de costumbres.

Y ni duda cabe que el mundo está lleno de este tipo de fantasmas... Hombres que se han desvanecido hasta hacerse impalpables... Ya sea por no hacer uso de su inteligencia, por no existir para ellos mismos.., y por ende para los demás.

Las redes neuronales se encienden justo a los días de nacido para no apagarse nunca, salvo que por voluntad propia uno decida apagarlas… ¿Cómo? Dejando de leer, de pensar y de analizar la vida y el entorno desde la estricta realidad. Dejando de escrutar todo lo que uno piensa, dice y hace, amén de todo lo que uno escuche, ve y observa.

Nunca hacemos nada por nada. Cierto que en apariencia hacemos muchas cosas solo por hacerlas, no obstante la realidad es que en todo lo hacemos hay substrato de razón que pocas veces llevamos a la razón.

Si nos detuviéramos a pensar en eso que queremos hacer porque se nos antojó en ese momento, ya sea por el impulso de terceros o porque nos dejamos llevar por el grupo, por el entorno o por cuantas razones deseemos agregar, descubriremos dos cosas: 
1)      Que nada lo hacemos porque sí; 
2)      Que muy pocas cosas que hacemos tienen un después…

Nada lo hacemos porque sí.
Todo lo que hacemos tiene un substrato de razón que pocas veces llevamos a la razón. Si nos detuviéramos a pensar cual es la razón primera y última de nuestro accionar, descubriríamos que muy poco de lo que hacemos tiene sentido. La gran mayoría de nuestros actos son irreflexivos y obedecen al impulso del momento, razón por la cual nos es menester crearle razones a la razón para justificar nuestro inútil y estéril accionar.

Esto es lo que hace que hayamos acuñado frases como: Ladrón que roba a ladrón… Lo que bailado quien me lo quita… y muchas más. Cuando en estricta realidad toda decisión debe ser buena a priori y no a posteriori. 

Es por ello que se dice y se dice bien que: “o piensas antes de actuar o terminaras actuando como piensas”. Justificar lo que paso no tiene ciencia, cualquiera lo hace. Proyectar y fundamentar lo que uno quiere que pase, es ahí donde está la diferencia entre un ser pensante y uno que no lo es. 

La realidad es que en todo acto, hasta en esos que no tienen sentido, hay un sustrato de razón que jamás nos detenemos a pensar. Son actos que obedecen a inseguridades acuñadas en lontananza y que por obvias razones hemos dejado en el olvido. Inseguridades que ya no podemos explicar, y menos si no nos detenemos a analizarlas, entenderlas y dirigirlas.

Estas son las que nos llevan a cometer una enorme cantidad de estulticias, ya sea por temor de que el otro crea que no nos atrevemos a hacer eso que nos pide, o por el temor de que la persona que nos invita a hacer algo nos deje al margen de sus afectos, o que el grupo nos rechace, o porque no queremos actuar con la impronta del deber ser de nuestros padres, maestros y tutores.

Causas, que ya identificándolas y entendiéndolas, se pueden dirigir sin problema alguno, ya que en el devenir del tiempo uno termina descubriendo que en la vida hay una enorme cantidad de sustos, pero muy pocos males. Tan pocos, que no son más de tres, mientras que los males son vastos…, y el 99.99% de ellos, imaginarios.

Así, cuando entiendes que no pasa nada si no haces aquello que los otros te invitan a hacer, es cuando dejas de hacer las cosas que hacen los demás, para empezar a las cosas que debes de hacer.

Intención de futuro.
Como vimos líneas arriba, la gran mayoría de las cosas que hacemos las hacemos para poblar el espacio. Son cosas que mueren justo en el momento en que las hacemos, debido a que carecen de intención de futuro. Son actos estériles que no nos llevan a ningún después que este encadenado a otro después.

Nosotros, que presumimos a los cuatro vientos de ser lo más sublime de la creación, somos la única especie de la creación que está llena de actos inútiles. Todas las demás especies tienen actos con intención de futuro: entrenar, jugar, reposar, cazar, etcétera; Nosotros no. Nosotros estamos llenos de actos inútiles. Actos que no tienen otro fin más que el de matar a ese que nos quiere matar: el tiempo.

La única razón por la cual nuestros actos carecen de intención de futuro, es debido a que no tenemos una definición de futuro. Nos vamos construyendo en el día a día, y si bien es cierto que la vida es oblicua y no lineal, también lo es el que por más oblicua que esta sea, si no se tiene una idea de futuro, será la oblicuidad la que gobierne nuestra vida y no nosotros. 

Napoleón Bonaparte, compañero mío de primaria, le decía a sus generales cuando estos le presentaban circunstancias antagónicas a sus planes: ¿Circunstancias? ¡La circunstancia soy yo!

Con esto lo que les quería decir es que él, más que nadie, reconocía el poder de la oblicuidad (aquello que surge más allá de lo planeado). Pero que el líder lo es en cuanto tiene la capacidad de adaptarse a las circunstancias, usarlas a su favor y conseguir el objetivo. Y esto solo se puede hacer cuando uno tiene bien definido su futuro.

Al inicio de este artículo decíamos que las redes neuronales se prenden a los días de nacido para no volverse a apagar jamás. De ahí en adelante operamos con el entramado de redes que construimos día a día, las más de las veces sin estar conscientes del entramado que estamos construyendo, y otras, las menos, conscientes de que lo estamos haciendo.

Es de suma importancia recordar que el cerebro no está hecho para pensar. Al cerebro hay que enseñarle a pensar, no obstante este piensa con el entramado que le construimos. Así, si el entramado es pobre, el pensamiento será igual.

Las redes neuronales son el software con el que se opera la vida, y estas se desarrollan en más o en menos en función de tres variables: 1) La ausencia de las cosas;
2) La espera para lograrlas y; 
3) La palabra, amplitud y significación de nuestro vocabulario -las cosas existen solo cuando las puedes nombrar.

La Ausencia.
Los padres de familia, en ese afán por darles a nuestros hijos lo que no tuvimos, les damos todo lo que podemos en aras de que tengan una vida mejor que la que tuvimos. Craso error. Como padres de familia tenemos todos los derechos, menos el de privarles del derecho de conquista, que es lo que hacemos al darles lo que nos piden.

La inteligencia rara vez se desarrolla en la abundancia de las cosas, al contrario, es la ausencia la que la dispara. Por supuesto que si esto fuera literalmente cierto, no habría, por mencionar un ejemplo, pobres en el mundo. Sin embargo la realidad nos demuestra que no es así. Los pobres son mayoría y si alguien que carece de cosas son ellos. Así entonces: ¿porque la ausencia dispara la inteligencia, si en la realidad vemos todo lo contrario?

El problema es que la ausencia solo dispara la inteligencia cuando la ausencia genera dolor y cuando se quiere trascender en lo ausente. 

Una ausencia me puede generar dolor, pero no sentir la necesidad de trascender en ello. En estos casos el dolor es pasajero, es decir, me duele la ausencia pero no siento la necesidad de subsanarla, porque no siento el impulso de trascender en ella.

La ausencia debe generar dolor y sentido de trascendencia. Sin estas dos variables, la ausencia es tan solo una más de las ingentes carencias con las que nos hemos acostumbrado a vivir. Carencias que si están o no están, nuestra vida se mantiene igual. Cambiará el hacer de la persona, pero no el ser.

Veamos algunos ejemplos:
El rico tiene dinero porque le genera dolor no tenerlo y porque desea trascender en ello. A nada teme más el rico que a la pobreza, por lo que aguza su inteligencia al máximo para resolver ese problema que lo desvela.

El rico sabe que en cualquier momento se puede quedar sin dinero, ya que el dinero es un subproducto de nuestro hacer. En otras palabras, sabe que si lo que hace lo hace mal, perderá hasta el último centavo, por lo que se afana en pensar al máximo todo lo que hace para lograr que su hacer le garantice la presencia de eso que tanto miedo le da no tener: el dinero.

El culto tiene cultura porque le genera dolor su ignorancia y quiere trascender en ella. A nada le teme más que a su ignorancia. Esto lo lleva a leer todos los días, a estudiar, investigar y analizar todo lo que lee, estudia y ve. 

El culto no se conforma con leer, observar y estudiar el hacer humano. Para él es menester descubrir, entender y crear conocimiento... Se estima que en la actualidad, con todos los avances de la ciencia y de la tecnología, solo se conoce un 4% de la materia del universo y de las energías que lo mueven. El 96% es desconocido totalmente.

El culto, consciente de su no saber, observa, estudia, indaga y construye modelos que le ayuden a otros a entender la realidad. Lo que quiere es dejar huella, crear cultura, conocimiento. 

Un cofrade acuño una frase que explica a la perfección lo que aquí estamos tratando de explicar: Este le dice a otro cofrade: “He aprendido que si tú quieres leer un libro, vas y lo escribes”. Esto, para el culto, es una forma de trascender.

La diferencia entre el que lee y escribe es abisal. ¿Quiere esto decir que el que lee no es inteligente por el solo hecho de no escribir? Por supuesto que lo es. Siempre y cuando analice, medite y sujete lo leído y pensado al intercambio dialógico, ya que el conocimiento se da hablando. 

En mi mundo (finanzas y negocios) es común que los grandes monstruos de los negocios (hombres y mujeres) encuentren la solución a sus problemas cuando los platican con sus conyugues... Si por lo mucho que estos aportan. Más porque al platicar se escuchan, y cuando te escuchas te encuentras.

La ausencia es ausencia solo cuando esta genera dolor y sentido de trascendencia. 

¿Porque se puede dejar muy fácil a la pareja? Porque esta no nos genera dolor y mucho menos sentido de trascendencia. Cuando la pareja te duele, ya que esta te completa y complementa, lo único que no quieres estar sin ella. ¿Cómo entonces podrías terminar con ella si necesitas de ella para te completa y complemente? La trascendencia es inequívoca: Ella existe en ti y tu existe en ella.  

La Espera.
Otra variable de suma importancia en la formación de la inteligencia es la espera. Esta no solo sirve para desarrollar la inteligencia, sino que además forja el carácter. 

A los hijos no solo les damos todo o casi todo lo que nos piden y podemos, sino que además se los damos incondicionalmente y de inmediato. Por lo que no hay necesidad de que estos pongan a trabajar sus neuronas para conseguir las cosas, sino que además no se ven en la necesidad de forjar el carácter.

En una operación de negocios, un agente financiero que había apostado todo a una operación, me decía que es angustiante estar todo el día sentado esperando a que las cosas sucedan....

Lo que quiero ejemplificar con esto es que cuando a los hijos se les enseña a operar dentro de la estructura, donde todo está hecho y lo único que hay que hacer es esperar a que las cosas sucedan, pocas veces podrán operar fuera de ella. Lo que ineluctablemente les llevara a buscar trabajo, ya que lo único que no sabrán es crear trabajo. Tal como le pasa a la persona arriba mencionada.

La espera ayuda a desarrollar la ciencia de la paz (paciente), amén de que es de suma importancia entender que los objetos como los sujetos, tienen su tiempo y su momento, y cuando uno tratar de violentar los tiempos de las personas y de las cosas, termina, irremediablemente, echándolas a perder.

La naturaleza, que en sí misma es un poco más sabía que nosotros, se toma su tiempo para formar un bebe, un árbol, una vida. ¿Por qué entonces es que nosotros queremos todo al instante? La causa principal es que no nos han enseñado a trabajar la paciencia y esta, aunque usted no lo crea, genera réditos abundantes.

Algo que pocos van a entender al leer esto, es que cuando juegas con el tiempo a tu favor, terminas ganando. Para esto es menester entender y respetar los tiempos de las cosas y de las personas. 

Cantidad de parejas al divorciarse, crean en los juzgados cuantos óbices puedan para evitar que su pareja vea a sus hijos. Esto, claro está, como herramienta de presión para obligar al otro a que firme lo que este quiere. Afectando considerablemente a los hijos, los cuales terminan siendo reos de una situación que no quieren ni necesitan.

Si el agredido juega con el tiempo a su favor, lo que haría en lugar de entrar a un pleito interminable, es conciliar sin meter el tema de los hijos a debate, sabiendo que estos van a crecer y que le van a buscar más allá de los deseos del demandante. Al paso de tiempo se habrá ahorrado miles de pesos en abogados, así como una enorme cantidad de disgustos.

La dinámica mundial en la actualidad es tan rápida, que no nos alcanzaría el dinero ni la vida para darles gusto a nuestros hijos. Si en lugar de darles todo y de dárselo en el momento, los conminamos a trabajar para que pongan la mitad de lo que se requiere para comprar lo que desean, les estaremos desarrollando el valor del trabajo, del ahorro y de la espera.

Lo ideal sería que los conmináramos a desarrollar algo para vender, para tocar de puerta en puerta, no por lo que vayan a vender, sino por el reto de enfrentar y superar las negativas, las negociaciones de precios y demás óbices del cliente. 

Sin lugar a dudas que nuestros hijos cuestionaran nuestro proceder, lo cual nos debe tener sin cuidado, ya que no tienen la edad para entender lo que estamos haciendo.

La ausencia y la espera nos obligan a crear alternativas de acción o a esperar en la inamovilidad a que las cosas sucedan. La espera inmóvil no nos hace más inteligentes. Nos hace demandantes, pero no inteligentes.

En artículos anteriores narré la anécdota de uno de mis hijos. A este le contraté clases de manejo. De hecho tomo dos cursos. Cuando termino su segundo curso llego a mi oficina y deslizo su certificado en mi escritorio. Lo recibí, lo felicité y le dije que me daba mucho gusto. 

Al terminar mi salutación me pregunta con cierto nivel de exigencia: ya termine… ¿Y mi carro? A lo que de inmediato contesté: cuando estabas infante te metí a clases de natación… Y no recuerdo que una sola vez hayas llegado a mí a decirme: ¿y mi alberca?

Mi trabajo es darte las herramientas, el instrumento es cosa tuya. Así como estas hubo muchas más en las que se vio en la necesidad de superar su frustración, creando ideas de negocio que le generarán los recursos que deseaba. Fracasando en casi todas, hasta que al paso del tiempo se convirtió en un empresario exitoso, acostumbrado a usar el cerebro para generar, no para demandar.

La palabra (la forma en que nomina las cosas).
Este tema es recurrente en mis escritos, ya que la forma en usted nomine a las cosas, determinara lo que en la cosa y con la cosa puede llegar a hacer.

Si usted cree que trabajando va a hacer dinero, le tengo una muy mala noticia. Lo que logrará es un sueldo que le permitirá vivir el día a día, y con un poco de suerte, una pensión para su vejez.

La pregunta que usted se debe hacer es: ¿qué quiere, trabajar o ganar dinero?

Cierto que para ganar dinero hay que trabajar, pero una cosa es operar negocios, otra dirigir negocios y otra crear negocios. Nosotros, en ese pésimo uso que hemos hecho del lenguaje, le llamamos trabajar a cualquier cosa, cuando la realidad es que la gran mayoría de los trabajos no son otra cosa que una terapia ocupacional o de ingresos, pero solo eso.

Observe a la gente en su trabajo. Descubrirá en la gran mayoría de ellos una inercia asfixiante, amén de una desidia, desinterés y apatía mayúscula. Hacen lo que tienen que hacer, para no más que ello. Esto debido a que la frustración y decepción que les embarga es mayúscula, ya que por mucho que trabajen no salen de donde están.

Lo único malo de ganar una carrera de ratas, es que, aunque ganas, sigues siendo rata. 

La gran mayoría de nosotros estamos donde estamos y como estamos por no pensar. Por creer que pensamos cuando la realidad es que pensamos que pensamos. Y pensar que se piensa no es pensar, es imaginar.  

El problema del cerebro es que este va formando su software en función de las palabras que usamos y el significado que le damos a estás. Estas definen los criterios con los que interpretamos y cualificamos la vida, limitando o ampliando nuestras posibilidades en un mundo que por sí mismo es más allá de lo que nosotros pensemos que es.

Por ejemplo, si usted cree que el universo es la respuesta, sus límites estarán definidos a eso que usted contempla como respuesta. Ya no tendrá la necesidad de inventar el hilo negro. Alguien lo hizo por usted. Usted solo tiene que limitarse a hacer lo que otros le dicten y con eso está bien.

Por el contrario, si usted cree que el universo es la pregunta, observará y cuestionará todo lo que le rodea. Hará ciencia, creara modelos que ayuden a otros a entender la realidad. Creará cosas al tiempo que se estará recreando a usted mismo.

Y la diferencia entre uno y otro es el software que construyeron a través de la palabra. Software que les ayudará a ver y operar el mundo desde un cristal muy particular. El de su entramado neuronal.

En síntesis, la inteligencia se crea a sí misma y se crea a través de la ausencia, la espera y la palabra.

La ausencia bien dirigida es una oportunidad que invita a crear los medios y las herramientas para subsanar lo deseado.

La espera bien dirigida forja el carácter y ayuda a entender que las cosas no se merecen, se ganan.

La palabra en su correcta significación nos ayuda a llamar las cosas por su nombre, amén de que nos enseña a no esperar lo inesperado.

La buena noticia es que la inteligencia (capacidad de pensar lo que se piensa) es algo que construimos día a día a través del entramado neuronal que construimos en el diario vivir.

Es usted y no su cerebro el que decide que pensar… Constrúyalo, ya que de no hacerlo, confundirá lo posible con lo probable, la fantasía con la realidad y el imaginar con el pensar.

Nos leemos en el siguiente artículo.

martes, 1 de agosto de 2017

La formación de la conciencia.

Recién sostuve una plática con unas clientas sobre una persona que necesitaban contratar para una operación de comercio internacional. La interrogante en cuestión era el que ellas pensaban que era una persona de cuestionable moral, ya que, desde la óptica de ellas, era hombre disoluto, mujeriego pero eficiente en su hacer. 

Las damas arriba mencionadas necesitaban de él para que les ayudara en unas operaciones en las que la persona en cuestión posee vasta experiencia, el problema es que iba a ser menester que por lo menos dos de los maridos de ellas viajarían con él para ser testigos de la operación, lo cual, en la fértil mente de mis clientes, representaba un grado de riesgo mayúsculo.

Las esposas, siempre preocupadas por la santa moral de sus príncipes consortes, se opusieron rotundamente a dicho viaje, para lo cual me pidieron que fuera yo (seguramente porque me ven igual que la persona mencionada) el que viajara con dicha persona, ya que qué, eso me dijeron, al término de la operación iba a ser menester hacer la ingeniería de pago, y quien mejor que yo para hacer dichas cosas.

Conozco de antaño a las cuatro parejas. Dos de ellas son hermanas y las otras dos son primas de las primeras y primas entre ellas. Las cuatro se casaron con unos muñecos de aparador, con hombres encantadoramente inútiles, poseedores de una sonrisa carismática, de una palabra fácil y con una habilidad extraordinaria para el palique social.

Ninguno de ellos se distingue por sus habilidades empresariales. De hecho a tres de ellos es menester explicarles las cosas más de una vez, ya que su pereza intelectual es tal que todo se les dificulta, a excepción, claro está, de vinos, restaurantes y lugares para vacacionar y jugar golf. El cuarto de ellos posee más luces y un mayor nivel de pragmatismo. Esta cierto de que si ella está bien, él va a estar bien, por lo que no discute, no cuestiona. Se limita a acatar los dislates de su mujer y así todo funciona bien.

Ellas son hijas, nietas y bisnietas de empresarios emblemáticos de su ciudad. Fueron educadas para trabajar desde un Consejo de Administración, no para operar, no para dirigir. Y lo que hacen lo hacen bien. No obstante su formación intelectual está cargada de paradigmas propios al estrato en el que crecieron, amén de que las familias de tres ellas mantienen una estrecha relación con los Legionarios de Cristo y el Opus Dei. La cuarta de ellas milita en el Opus Dei pero no tiene, como las anteriores, hermanos sacerdotes dentro de dicha institución.

Así, con este entorno, no me extraño la postura de ninguna de ellas respecto a la persona arriba mencionada y peor aún si este va a estar dos semanas de viaje con sus maridos. Las cuatro reconocen que el sujeto en cuestión es un hombre inteligente, eficaz y eficiente, no obstante piensan que posee una moral muy laxa, lo cual no comparto.

Terminamos la reunión y nos fuimos a cenar a un restaurante que está a dos cuadras de mis oficinas. Nos fuimos caminando, inmersos en la plática y en las ventajas de vivir en una ciudad como Austin. Llegamos al restaurante, ordenamos la cena y en el inter la conversación fue discurriendo sobre el tema de la moral y de la conciencia, y de cómo era posible que la gente pudiera vivir con una conciencia tan deteriorada.

Me limite a escuchar hasta que una de ellas cuestiono mi silencio. Me preguntó mi opinión sobre la persona en cuestión y me limite a contestar que en lo personal no conocía nada de él como para poder emitir una opinión con fundamento. Que a mí me parecía una buena persona, imprudente en el decir pero prudente en el hacer.

Enfatizaron el hecho de que era un hombre egoísta, que solo pensaba en él (cosa que hacemos todos), al grado de que no se había casado y había decidido no tener hijos, y que las pobres mujeres que le habían acompañado en el tránsito de su vida, se vieron en la necesidad de dejarlo debido a que él no quería casarse ni formar una familia.

Pero de todo lo que dijeron, lo que más llamó mi atención fue el tema de la conciencia. Ellas, jueces indiscutibles y poseedoras de la verdad absoluta, calificaron al sujeto en cuestión como alguien con serios problemas de conciencia. Esto me llevo a preguntarme: ¿cómo podemos calificar la conciencia de una persona? ¿Quién está cualificado para juzgar la conciencia de alguien más?

El palique de las damas siguió varios derroteros hasta el final de la cena. Nos despedimos, les desee suerte en su emprendimiento y me fui a mi casa pensando en el tema de la conciencia.

Antes de explicar el proceso por el cual se forma la conciencia, he de confesar que intencionalmente omití debatir el tema con ellas. Primero porque sus príncipes consortes se iban a sentir incómodos y segundo porque no estoy cierto que a ellas les interesara. Me limite a escuchar, a concretar el negocio y recomendar ampliamente al sujeto de sus debates, ya que en lo suyo es el mejor.

La formación de la conciencia.
La palabra conciencia viene del latín conscius, la cual tiene su raíz en la palabra scire (saber), ampliando en el devenir del tiempo su significado y alcance hasta llegar a la multiplicidad de significados que tiene hoy: saber, saberse, saberse en el mundo y del mundo.

Así pues, la conciencia tiene que ver con el conocimiento de sí mismo, de si en el mundo y del hacer de si en el mundo.

Todos nacemos con una cantidad de conciencia nata, a la cual llamamos instinto. En él está el conocimiento base de nuestros ancestros, desde el primer hombre hasta lo que somos hoy. No hay en el instinto un saber acumulado. Lo que hay es un saber primario que es el que nos hace mantenernos vivos. Es el que lleva al bebe al pezón de su madre para succionar la leche materna y con él todo su sistema de defensas.

La ventana oscura.
Los primeros años de nuestra vida funcionamos con esa cantidad de conciencia nata a la que llamamos instinto. No le sumamos nada, no de manera consciente. Es el instinto el que nos lleva a reconocer el olor de nuestros padres, su voz, sus decibelios y demás etcéteras de la supervivencia, pero no hay en ello un conocimiento consciente. Estamos, por decirlo así, en nuestra más pura etapa animal. 

Este intervalo de cuatro cinco años es lo que se conoce como la ventana oscura. En esta etapa los padres de familia pueden enojarse con su hijo, regañarle, salir a trabajar, regresar y no pasa nada. El infante recibirá a sus padres como si nada hubiese pasado. Por supuesto que si el infante sufre de malos tratos por parte de sus progenitores, el instinto le hará mostrarse reservado y temeroso. Pero es algo que hará inconscientemente, ya que el instinto le hará mostrarse así.

Así pues, en la ventana oscura no hay consciencia. Esta está en proceso de formación, pero no iniciará hasta que la ventana oscura se cierre. En esta solo hay instinto, no conciencia.

Identidad (conciencia de sí).
Un día pasa algo en la mente del infante que cambia todo. A partir de ese momento, la ventana oscura se cierra abriendo paso a la conciencia de sí mismo. Esto no quiere decir que el proceso es de un día para otro. Líneas arriba comentamos que la formación de la conciencia lleva un proceso de varios años.

El primer paso de la conciencia es saber que uno es (conciencia de sí). Que existe. Verse en el espejo y saber que ese que está ahí es el reflejo de uno mismo. Distinguir mi cuerpo, saber que lo que toca mi cuerpo no es parte de él, sino algo mío pero ajeno a mí. Mi madre es mía pero no soy ella. Mi padre es mío pero no soy él. Mis juguetes son míos pero no soy ellos. Es la etapa donde se aprende a separar el yo de los demás y de lo demás. 

Ya una vez que el individuo toma conciencia de sí, de su existencia, inicia la larga tarea de saberse en el mundo. De aceptar que el mundo no soy yo. Que los demás existen. Hasta que un día logro entender que los demás existen y existen en sí y para sí mismos, no para mí y para los demás. Cierto que hay quienes nunca logran entender esto, no obstante este no entender terminará afectando su conciencia, su autoestima y con ella su lugar en el mundo.

Esta etapa se distingue por ser altamente centrípeta e individualista. Es una etapa larga y difícil, ya que nos cuesta mucho aprender y aceptar que no somos el centro del universo, sino una parte de él.

Es la etapa más difícil de superar, ya que si nos atenemos a los hechos, nos veremos en la necesidad de tener que aceptar que hay muchas personas que, sin importar la edad, siguen actuando como si ellos fueran el centro del universo. Cierto que cada uno de nosotros debemos ser el centro de nuestro universo, pero no del universo.  

El bien y el mal en la conciencia.
En la etapa de la identidad se dan los afectos conscientes y con ellos la formación conceptual de eso que llamamos Bien o el Mal.

Esto quiere decir que más allá de la moral, de la ética, de las clases de religión, de la arenga de nuestros padres, maestros y tutores, la idea del bien y del mal de cada persona es única e irrepetible, ya que esta se forja de manera inconsciente en la etapa de la identidad. 

El bien y el mal son una abstracción de los padres de nuestros padres, de nuestros padres, de las iglesias, maestros y tutores. El bien y el mal son una abstracción teorética que poco tiene que ver con nuestra realidad. Los valores humanos son tres, los demás son usos sociales y estos cambian con el tiempo, con la geografía, con la raza y con la historia de cada pueblo. 

Por favor obsérvese a usted mismo. La idea que usted tiene del bien y del mal es exactamente eso, una idea. Es decir, algo que defiende conscientemente con sus palabras pero que reprueba inconscientemente con sus actos.

Hagamos un ejercicio…
Por favor escriba en un papel todo lo que usted siempre ha defendido como bien y mal. Elabore cuantas copias necesite en función de cuantas personas vayan a colaborar con usted en ese atisbo de conciencia que hará de usted mismo.

Ponga por favor sus definiciones en igual número de sobres, ciérrelos y déselos a los suyos o a quienes vayan a colaborar con usted en este experimento. Es de suma importancia que ellos no lean lo que usted escribió.

Acto seguido pídale por favor a cada uno de ellos que escriba en una hoja de papel esa suma de actos de cuestionable honorabilidad en los que usted frecuentemente incurre (hablar de los demás, criticar al prójimo, ser elitista, clasista y demás etcéteras del hacer humano). Ya una vez que estos hayan terminado, les pedirá que abran el sobre y cotejen lo que usted escribió con los que ellos escribieron.

Descubrirá que pocas cosas de las que hace obedecen a lo que dice. Ya que una cosa es lo que usted cree creer de sí mismo y otra lo que usted es.

La diferencia estriba en lo que en acto usted profesa como Bien o como Mal. Los seres humanos forjamos a través del afecto, reconocimiento y aceptación, eso que profesamos como Bien o Mal.

Si a una persona se le brindo cariño, reconocimiento y aceptación por mostrase obediente, esta será obediente el resto de su vida.

Si una persona recibió cariño, reconocimiento y aceptación por su astuta inteligencia y por su capacidad para salir con ventaja de cualquier situación, se mostrara así el resto de su vida.

Nosotros escogemos a aquellas personas que son para nosotros el todo de nuestra vida. Son personas a las que deseamos agradar más que a nadie en el mundo, por lo que inconscientemente buscamos hacer aquello que hace que nos hace más amables (dignos de amar) a sus ojos. 

Por ejemplo, si una persona escogió como signo (persona a la que se quiere parecer) a uno de sus progenitores, y éste le brindaba todo su reconocimiento, cariño y aceptación cuando este mostraba un comportamiento ventajoso sobre los demás… Esa persona vera como bien el sacar ventaja de todo lo que hace. Esto mismo hará que se sienta muy mal cuando se presente una oportunidad de sacar ventaja y no la haya aprovechado. Esa noche la conciencia no lo dejara dormir en paz, ya que se sentirá muy mal consigo mismo. En cambio, si saco una ventaja desmedida en el trato con la otra persona, esa noche dormirá de lo mejor, con la conciencia tranquila de que está haciendo bien las cosas... Para esta persona el ser ventajoso lo asociara siempre con el bien y el ser equitativo lo asociara siempre con el mal... Ya que estará fallando en eso que le hacía ganar el cariño, reconocimiento y aceptación de su ser querido.

Si una persona escogió como signo a uno de sus familiares, y este le brindaba reconocimiento, cariño y aceptación cuando se desprendía de lo que tenía para dárselo a los demás. Esta persona será altruista y desprendida el resto de su vida. El día que no se desprenda de algo para ayudar a un desfavorecido, se sentirá mal consigo mismo. Su conciencia no lo dejará dormir. Por el contrario, si se desprendió de algo para ayudar a otros, se sentirá bien consigo y dormirá de lo mejor. Para esta persona el compartir tiene que ver con el bien, el no compartir, con el mal. 

El concepto del bien y del mal no se aprende con la teoría, las clases de moral, religión, ética y demás hierbas de ese tipo. Se aprende de manera inconsciente a través de los afectos, reconocimiento y aceptación de esos a los que hemos elegido como modelo de éxito. Esto es lo que hace que haya una clara discrepancia entre lo que decimos y lo que hacemos… Ya que una cosa es el decir social que le externamos a los nuestros..., y otra la que en acto nos ven hacer.

Así pues, lo que en acto nos hace sentirnos y dormir bien, lo aprendemos en esa etapa de formación de la conciencia que tiene que ver con la identidad (conciencia de sí). 

Si en la formación de mi identidad está bien ser ventajoso, dormiré de lo mejor cada vez que logre sacar provecho de los demás. Por el contrario, si en la formación de mi identidad está bien ser justo y equitativo, dormiré de lo mejor cada vez que logre ser justo con los demás. En ambos casos mi conciencia estar tranquila y dormiré de lo mejor.

Un empresario que conozco de años atrás, reconocido en su ciudad por su altruista participación en todo tipo de campañas orientadas a formar en los jóvenes discentes en la ética y la moral, financia campañas de ética en varias universidades al grado que una aula lleva su nombre. No obstante, en los negocios es desalmado y ventajoso como pocos. Y jamás ha tenido un conflicto de intereses entre lo que dice y hace, porque como bien dice él, a los jóvenes hay que meterles la ética y la moral hasta el tuétano, para que cuando lleguen a los negocios no te roben.

Nominar las cosas.
Ya hicimos un breve recorrido por la conciencia. Vimos que esta para por varias etapas: 
-          La ventana oscura (de los cero a los cinco años). 
-          La formación de la identidad (conciencia de sí). 
-          El bien y el mal en la conciencia. 
-          Verdad y realidad en la conciencia (nominar las cosas).

Esta última etapa, verdad y realidad en la conciencia, es la que demanda más disciplina y tiempo de formación en el individuo. De hecho es una etapa que está en constante construcción. En esta etapa es donde la persona define lo que es la verdad.

En artículos anteriores hemos explicado que las cosas son por si solas, es decir, usted puede llamar a la mesa con el nombre de silla, incluso puede usarla como silla, no obstante la mesa seguirá siendo mesa.

Lo importante de este estadio de la conciencia es aprender a llamar a las cosas por su nombre, aun cuando no nos guste, ya que nadie quiere un chubasco de realidad. No obstante es de suma importancia hacerlo (por ello la disciplina), ya que la forma en usted nomina a las cosas, definirá lo que en la cosa y con la cosa puede llegar a hacer…

Si usted cree que brindándole a su hijo carrera, maestría y doctorado le está asegurando su futuro, descubrirá al paso del tiempo que no es así. Ya que la instrucción pública nada es sin la educación. La educación es la que forma al individuo, la instrucción lo instruye pero no lo forma.

El problema es que si usted confunde instrucción con educación, descubrirá al final del día (cuando ya no hay nada que hacer), que su hijo tendrá carrera, maestría y doctorado, pero no la voluntad y el coraje para salir adelante. Estas se aprenden en la casa, no en la escuela.

El problema no solo es que tratamos de estandarizar lo que es el bien y el mal en función de nuestro teorético decir, ya vimos que una cosa es lo que creemos que somos y otra lo que realmente somos, sino que el problema en si es la forma en que nominamos las cosas.

En síntesis no podemos estandarizar lo que es el bien y el mal para una persona, ya que cada quien definió en función de sus afectos, reconocimiento y aceptación lo que es el bien y el mal para él, amén, claro esta, de la geografía donde creció.

Por otro lado está el hecho de que la verdad y realidad en la conciencia (nominar las cosas: llamar las cosas por su nombre) es lo que más afecta en el desarrollo de la persona. Su moral puede ser la mejor a ojos de los demás, no obstante si la persona no aprende a nombrar las cosas por su nombre, su horizonte de posibilidad y acción se verá limitado a ese mundo imaginario que construyo en su mente, descubriendo que en la vida real los que avanzan no son necesariamente los que poseen una moral mejor que la de usted. 
Un ejemplo de ello es el dinero. Me queda claro que el dinero no lo es todo, pero obligadamente necesitas el dinero para comprar todo aquello que compra el dinero. No vas a pagar la luz con amor, ni la despensa, ni la escuela de tus hijos. El dinero es de suma importancia para el quehacer cotidiano de la vida…

Entonces, si este es tan importante: ¿porque la gente no tiene dinero?

La gente no tiene dinero debido a la idea que tiene de él. Idea que adquirieron desde la infancia y que reforzaron en su entorno familiar y social...

Muchos creen que el dinero es para gastar. Craso error. El dinero es para hacer dinero.

Otros creen que el dinero llama dinero. Craso error. Lo que llama al dinero es la inteligencia y la capacidad para crear cosas que generen dinero. 

Otros invierten el dinero en una casa. Craso error. La casa consume rentas, no las genera... y así, mil ejemplos más.

En una ocasión conocí a una persona que invertía todo su dinero en oro. Efectivamente, el oro tiene un valor, siempre y cuando este en certificados bancarizados o en su defecto con el sello Hallmark, pero no en joyas. Esta persona nomino como inversión a la compra de joyas. Cuando se vio en la necesidad de vender su inversión, descubrió que esta no valía ni la mitad de lo que había pagado por ella.

Así, la forma en que la persona nomina a las cosas es lo que hace que se limite o potencie al máximo. Ya que esto es lo que generara lo que para esa persona es verdad y realidad en su conciencia, aun cuando no lo sea.

En el caso de mis clientas, lo único que respondí es que sus maridos no necesitan de un tercero para hacer lo que quieran hacer… La pregunta no es si la persona que querían contratar era de dudosa moral… La pregunta real es si ellas confían en su maridos, no en el otro.

El silencio fue total. Nadie dijo esta boca es mía. Cambie el tema y no se habló más de ello.


Nos leemos en el siguiente artículo. 

viernes, 14 de julio de 2017

Las sociedades secretas.

No existen las sociedades secretas. Si fueran secretas nadie sabría nada de ellas y la verdad es que de estas se sabe y mucho. En internet se pueden encontrar una vasta cantidad de artículos sobre ellas, amén de que en todas las librerías de uso hay una buena variedad de libros y libelos que explican a detalle lo que estas son, por lo que nos es menester reconocer que lo que hay son sociedades discretas. Algunas herméticas, pero ninguna secreta.

La variedad de estas es amplia y para todo tipo de gustos y necesidades. Algunas de ellas vigentes y del dominio público, otras en franco declive y empeñadas en repetir liturgias que obedecen a un pasado que ya no existe.

Otras creadas a mediados del siglo XX tuvieron su momento de gloria, encontrando un nicho de mercado que ya llego a su nivel de madurez, razón por la cual les es menester motivar a su grey para que esta se reproduzca abundantemente, con cinco o más hijos (Opus Dei - Legionarios de Cristo) y a educar a estos y a los amigos de estos en las escuelas de dichas sociedades, lo que les asegura un cierto grado de permanencia.

Otras tienen una existencia limitada al imaginario social del Hombre Masa, como los Templarios, Illuminati, Priorato de Sion y muchas más. Son sociedades que desaparecieron por no cumplir con lo que ofrecían o por no saber escoger sus batallas.

Es importante anotar que el imaginario social es tan fuerte que todas las revistas del mundo, desde las serias hasta lo no tanto, acuden a él para aumentar sus ventas.

Cinco son, en orden de importancia, los temas que aseguran una venta sustanciosa en el mercado editorial: 
1.      Los antiguos egipcios con sus ritos, mitos y enseñanzas secretas;
2.      Adolfo Hitler y toda su parafernalia Nazi;
3.      Los Templarios, ascenso, caída y enseñanzas secretas;
4.      Jesús de Nazaret con sus mitos y leyendas;
5.      Sociedades secretas.

Estos temas, en donde el secreto es el atractivo a desvelar, están tan vivos en la mente del Hombre Masa, que todo lo que usted publique o escriba de ellos va a ser un éxito editorial.

El Hombre Masa ha dado por sentado desde el principio de los tiempos, que hay un conocimiento que solo se le revela a los iniciados, y que ya una vez que estos han accedido a él, podrán hacer y lograr cosas que están más allá de lo que por sí solos pudieran hacer. La realidad es que no existe tal. El conocimiento es abierto y está ahí para aquel que quiere ir por él.

Aunada a las anteriores, hay otro tipo sociedades que ocupan la mente del Hombre Masa. Estas se dedican al análisis del entorno económico, político y social, como son el Club Bilderberg y otras más en Europa y Asia.

Estas son sociedades de análisis y prospectiva son condenadas sin fundamento alguno por el Hombre Masa, ya que este, ignorante a más no poder, da por sentado que las grandes mentes del mundo se reúnen para decidir y actuar en beneficio del grupo y no de su estricta individualidad.

Si algo nos ha enseñado la historia es que si es difícil poner de acuerdo a pocos en lo poco, lo es mucho más el poner de acuerdo a muchos en lo mucho. Y menos a esos muchos que tienen tanto, que lo único que no les interesa es subordinar sus decisiones al parecer de aquellos con los que compiten en dinero e influencia.

Hay sociedades que están a la vista del público y que nadie repara en ellas debido a que estas tienen un orden y un origen natural. Son sociedades del orden común y se conforman por personas que poseen gustos e intereses afines. Las hay de negocios, deportes, artes, letras y una suma de etcéteras más.

Estas sociedades se forman gracias a las asociaciones libres de sus miembros, lo que hace que no se organicen como las arriba mencionadas ni pretendan ocupar un espacio de poder o de opinión en la sociedad, por lo que las dejaremos atrás para circunscribirnos a las que persiguen utopías de poder o salvación, siendo ellas mismas una distopía.

Los cofrades.
Otro tema de sumo interés en el combes de las sociedades secretas son sus miembros: los cofrades. Estos se afilian a ellas buscando un espacio de poder, conocimiento y salvación que jamás van a encontrar ahí.

Este tipo de sociedades se nutren del candor de sus pringados, los cuales no solo son unos idealistas que decidieron ignoran a espuertas la realidad, sino que además ignoran que ignoran, lo cual hace que sea extremadamente difícil hacerles ver el mundo real, ya que para estos la evidencia está en las palabras, no en los hechos.

Otra característica distintiva de estas personas es lo exiguo de su identidad. Esta es tan pobre, que les es menester entregar a su cofradía la poca que tienen para poder tomar de esta una nueva identidad. Lo paradójico de esto es que son ellos, los que si existen, los que hacen que eso que no existe (la cofradía) tenga vida. En otras palabras, lo que es: el individuo, le da identidad a lo que no es: la sociedad.

El éxito de estas sociedades seudo secretas, es que estas les brindan a sus cofrades un ambiente en donde la esquizofrenia de uno se alimenta de la de los otros, lo que les permite validar y confirmar la aparente cordura de su vesania. No olvidemos que este tipo de personas viven una realidad imaginada que solo existe en su mente y en la de sus iguales, razón por la cual necesitan del otro para su constante afirmación.

Son personas que llegan a tal nivel de alienación, que se subordinan sin reparo al decir de sus sacerdotes, ministros, pastores, maestros o gurús, ya que dan por sentado que estos mitómanos y farsantes de la palabra, poseen la verdad revelada.

Otras características de las personas que se afilian a este tipo de sociedades son: la inseguridad, el rencor y el dolor. Por lo general son personas que tuvieron una infancia en la que los dos grandes ausentes fueron: el cariño y el reconocimiento. Esto no quiere decir que sus padres no les hayan querido o brindado reconocimiento, sino que ellos sintieron que lo que se les brindo fue insuficiente, afectando con ello su identidad y seguridad.

Esta aparente ausencia de cariño y reconocimiento les generó un vacío afectivo que hizo de ellos unos seres inseguros y rencorosos, amén de unos jueces impolutos de la verdad, de esa que les vende su cofradía.

Sirva para ilustrar lo anterior el caso de los masones. Estos tuvieron un peso mayúsculo en el acontecer político y económico de las naciones. Su influencia duro varios siglos y fueron los causantes de casi todas las independencias y revoluciones que se dieron en los siglos precedentes, no obstante su influencia decayó a niveles de extinción en las postrimerías del siglo XX.

En la actualidad son una agrupación social sin peso e influencia en el acontecer del mundo. No obstante muchos de los que se afilian a sus líneas lo hacen pensando que ahí van a encontrar conocimiento y poder. Nada más lejos de la verdad. Una mirada a sus cofrades les bastaría para entender que ahí no hay nada.  

Lo mismo pasa con el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y todas las asociaciones cristianas como la Vid y el Olivo. Son asociaciones donde la grey podrá encontrar a otros que confirmen su locura, pero no la salvación. Esta está en ellos, no en la cofradía.  

Las personas que se suman a este tipo de sociedades poseen tal nivel de orfandad psíquica, que les es menester afiliarse a estas cofradías para obtener de ellas una identidad que no poseen -mil locos no pueden estar equivocados. Identidad que solo les sirve mientras estén en la cofradía, ya que lejos de sus cofrades y de sus templos, vuelven a ser el mismo ser gris, anodino y afantasmado que eran antes de entrar ahí. Una persona que tiene bien definida su identidad, jamás podría asociarse a este tipo de falacias.

Las Cofradías del conocimiento.
Las Universidades nacieron como cofradías del conocimiento. No obstante estas se proletarizaron. Esto trajo ganancias y pérdidas. Se ganó en la generalización de la instrucción y se perdió en conocimiento.

El conocimiento ha dejado de tener valor. Hoy es más importante la instrucción que el conocimiento. Tanto que los padres de familia priman el saber de la escuela sobre el saber de la vida, y si bien es cierto que las escuelas son la base de la civilización, también lo es que estas han dejado de hacer lo que hacían: generar conocimiento.

Hasta los dos primeros cuartiles del siglo XX, a los infantes, amén de ir a la escuela, se les enseñaba un oficio. Los hogares eran centros de producción, no de consumo. Lo normal es que en las casas, por pequeñas que fueran, hubiera un huerto o macetas con aquello que se iba a consumir: cilantro, perejil, tomates, papas, y demás etcéteras culinarios, amén de que todos en el hogar aportaban lo mucho o poco que ganaban.

Hoy el único oficio que les enseñamos a nuestros vástagos, es el de ir a la escuela. Los hogares han dejado de ser un centro de producción para ser un centro de consumo. Los hijos desconocen casi todo de la vida. Les protegemos demás, privándoles con ello de las herramientas y del carácter que necesitan para cuando ya no estemos con ellos.

Dejemos la disgregación atrás y retomemos el tema de las sociedades secretas… En la actualidad hay pocas cofradías y escuelas centradas en el conocimiento. Por regla general, a la universidad se va a estudiar todo aquello que hicieron los que no estudiaron. Los docentes y discentes han dejado de crear conocimiento. La creación del conocimiento se ha circunscrito a algunos doctorados y a una que otra cofradía, y la realidad es que son muy pocos los que llegan ahí.

El saber de las escuelas es una instrucción, no un saber. En ellas se roza la academia, lo exógeno, lo funcional. Es un saber bibliográfico, no biográfico. En ellas se estudia el mejor hacer del hombre como humanidad, no al hombre. Se les ha olvidado que la humanidad es un concepto, el hombre, una singularidad.

Cualquier persona que aspire a dirigir mundo, deberá empezar por entender al hombre. No a la humanidad, concepto etéreo, difuso y profuso, sino al hombre. A ese hombre particular y singular que es el que hace el mundo. El mundo es un subproducto del hombre. Entendiendo al hombre, se entiende el mundo.

El Quien explica el Qué.
Jamás podrá conocer y entender el porqué de un acto hasta que no conozca el Quien, y no podrá entender el Quien de los demás si no entiende el suyo propio.

Las cosas siempre dependen de una sola persona: la que decide. Saber quién es él Quien es tener la piedra angular sobre la que se hará palanca. Ya una vez identificado el Quien, deberá identificar sus centros de influencia y sus motores para saber quién, quiénes o que cosas son las que inciden en la voluntad de su quien.

Lo mismo aplica en lo personal. Usted es su propio Quien, pero, ¿sabe usted quien o quienes son esas personas que ha tomado como modelo y que consciente o inconscientemente inciden en usted? ¿Sabe qué cosas son las lo que le impulsan a tomar una decisión?
  
En la vida nada es caro cuando se sabe el precio.
Ya una vez que usted sabe el precio de algo podrá decidir si lo paga o no. Todos los hombres tienen un precio. Un resorte con el que se puede doblegar su voluntad e incidir en su accionar. La responsabilidad de cada uno es dar con ese resorte -el propio y el ajeno, para ello es menester observarse y observar, estudiarse estudiar, descubrirse y descubrir, en usted y en los otros, lo que desea y teme.

Por favor no se exalte, no se indigne… Esto es algo que hacemos todos los días, solo que de manera inconsciente. Observe por favor a sus hijos y a sus seres queridos… Descubrirá que esto es exactamente lo que ellos hacen con usted para lograr algo: le tocan los resortes correctos.

Así pues, regresando a usted: ¿Cuáles son sus resortes?

Los resortes son las palancas que mueven a un ser humano, y si mueves a un ser humano, mueves el mundo. Explorar, estudiar, entender y saber esto, es como tener la llave del querer ajeno. Esto se estudia en las cofradías del conocimiento, no en las universidades.

La lengua y la patria.
La patria más auténtica es la que se hereda a través de la lengua. Con esta se heredan los mitos, creencias y cultura (forma de hacer las cosas), así como los signos y los símbolos de la persona, no obstante esta es una herencia individual, ya que dentro de una misma nación se dan geografías diferentes, y cada una de ellas con una forma muy particular de expresar la lengua.

En las cofradías del conocimiento se estudia la lengua, la forma de hablar, lo que las palabras dicen de la persona… En ellas está todo: su pasado, su presente, su futuro. Sus miedos y anhelos. Sus frustraciones y ambiciones. Todo está ahí.

Al escuchar hablar a una persona o al leer lo que esta escribe, se accede a lo más íntimo de la persona, a lo que la persona fue, es y será. En las palabras habladas y escritas esta todo lo que usted quiere saber del otro, y esto no lo va a aprender e ninguna universidad, ya que solo se enseña en las cofradías del conocimiento.  

Las cofradías del conocimiento son extraordinariamente rigurosas en su proceso de selección, ya que en ellas es de suma importancia que sus miembros posean tal nivel de identidad que no necesiten de la grey para confirmar la suya.

Las cofradías del conocimiento son una mesa de intercambio. El cofrade aporta y recibe conocimiento. En ellas no hay jerarquías. La jerarquía la tiene el conocimiento. De tal suerte que si uno de los cofrades es el que tiene el conocimiento de un tema, él será el que en ese momento tenga la responsabilidad de explicar, aportar y ampliar, con la óptica y el saber de los demás, su propio tema.

Vemos el caso de una de ellas…
Cuatro son los objetivos de esta cofradía:
1)      La abstracción (sacar de, para aplicar a);
2)      Saber para entender.
3)      Poner distancia de la cosa en sí;
4)      Dirigir la cosa en lugar de ser dirigido por la cosa.

La cofradía arriba mencionada parte de unas premisas muy sencillas: 
-          Casi nada de lo que sabes es cierto; 
-          No hay conocimientos ocultos, lo que hay son intenciones ocultas. 
-          O diriges las ideas o las ideas te dirigirán a ti.

Partiendo de estas premisas es que pasan por el tamiz de la verdad todo lo que creen saber, para lo cual les es menester acudir a las fuentes (orígenes), ya que el secreto de todo está en el origen. Ya una vez que el cofrade accede al origen descubre que entre él y su actual saber, hay un cumulo de prejuicios que han ido tergiversando el saber, limitando con ello el potencial del ser.  

Los prejuicios crean nuestros criterios de interpretación al tiempo que nuestros criterios de interpretación nutren a nuestros prejuicios. Es un círculo alienante muy difícil de romper.

Si usted quiere saber cuáles son los prejuicios que norman y limitan la vida de una persona, va a ser menester que observe la forma en que reacciona ante las circunstancias favorables y antagónicas de su diario acontecer, ya que es ahí, en sus reacciones, donde usted podrá descubrir lo que le incordia, agrada, expone y limita.

La mejor forma de romper el círculo alienante es identificar nuestros criterios de interpretación y buscar los orígenes de los mismos. Descubriremos que la gran mayoría de ellos son herencia de gente que ya no está y de un mundo que ya no es (tradición). Otros, los más fáciles de cambiar, son los que se adquieren en la adolescencia y edad adulta.

Identificar sus prejuicios le ayudará a dirigirlos y mutarlos, ampliando su horizonte de posibilidad y acción.

Poner distancia de la cosa en sí.
En el cristianismo y en el islam, se enuncia y defiende con orgullo la siguiente sentencia: “el conocimiento mata el espíritu”. Sentencia que lleva implícita la ignorancia como modelo.

Para aquellos que profesan esto desde la fe y no desde el combes de las apariencias, el conocimiento se circunscribe a lo que dicen sus libros sacros, aun cuando no saben nada de ellos.

Para los cristianos el hecho de que el nuevo testamento fundamente su origen en los Génesis Apócrifos del Viejo Testamento les tiene sin cuidado… Jamás han leído o investigado los orígenes del Libro Primero de Enoc; el Apocalipsis de Moisés; el Libro de los Jubileos; el Testamento de Adán; el Testamento de los doce Patriarcas y la Vida de Adán y Eva entre otros.

El que Pablo de Tarso base todas sus letras en ellos, a veces copiando párrafos completos, otras cambiando letras pero no enunciados, les es insustancial. Para ellos eso es el conocimiento y lo toman como tal, convirtiéndose, sin estar conscientes de ello, en repetidores de repetidores.

Recién me invitaron a un culto cristiano en el que el Pastor coronaba su prédica de la siguiente forma: ¿tiene lógica esto? No. Y no debe tenerla. La Biblia no tiene qué ser lógica. La palabra de dios es para ser creída, no analizada, y mucho menos desde ámbito de la razón, la lógica o la congruencia. Eso está bien para los libros de texto, pero no para la palabra de dios.

Los amen no se hicieron esperar, por doquier se escuchaba el amen, amén. Mi azoro fue mayúsculo, no solo por la sentencia en sí, sino por la ciega aceptación de la audiencia.

Las personas ahí reunidas confirman y reafirman cada semana un conjunto de prejuicios que les obnubilan la razón y les crean los marcos de interpretación desde los que observan y viven el mundo, alejándolos de la realidad objetiva -la que se sustenta en evidencias, en hechos reales,  para meterlos en una realidad imaginada que tiene su sustento en la palabra hablada y escrita de un conjunto de libros que no pasan el filtro de la razón.

La realidad imaginada en la que viven es un placebo que les ayuda a escapar de la realidad objetiva, en la cual, desde la óptica de ellos, todo está mal, mientras que en la realidad imaginada en la que viven, todo está bien. Esta gente no sabe que la suma de infinitos datos erróneos si hacen una media, pero no arrojan algo.

Lo mismo pasa con algunas de las sociedades islámicas. Estas piensan que el conocimiento mata el espíritu. Razón por la cual se ven en la penosa necesidad de tener que buscar infieles que posean el conocimiento que ellos no tienen, para que estos hagan lo que ellos no pueden.

Conocer y saber.
Hay una gran diferencia entre conocer y saber. Se conoce lo que se hace. Se sabe lo que se hace propio, lo que se mete al sistema al grado de que forma parte de lo que uno es.

La instrucción es un conjunto de saberes funcionales que son muy útiles para vivir. La instrucción tiene como fin mejorar la forma de Hacer, el conocimiento, mejorar la forma de Ser. Y siempre será más importante mejorar la forma de ser que la de hacer. El Hacer se aprende, el ser se es. Y este se tiene que trabajar día a día.

Esto no es algo que se enseña en las universidades. Esto se aprende y se trabaja en las cofradías del conocimiento. 

La verdad es lo que es aunque la gente la piense al revés.
La verdad es un conjunto de mentiras repetidas hasta el infinito a un infinito de generaciones, hasta que poco a poco va surgiendo otra verdad que será repetida hasta el infinito a otro infinito de generaciones y así sucesivamente.  

La verdad, en cuanto tal, está muy lejos de eso que llamamos verdad. La verdad, tal como nosotros la conocemos, es subjetiva, cultural y circunstancial. Cambia la época, cambia el concepto de verdad.

No obstante la verdad Es y es más allá de nuestra corta transitoriedad, razón por la cual no nos alcanza la vida para verla en toda su dimensión, es por ello que la debemos buscar, desvelar, estudiar, ya que en ella está la realidad.

El problema de la verdad es que pocos quieren acceder a ella. La verdad es cruda, objetiva y nunca deja lugar a dudas. Razón por la cual le huimos a la verdad. La verdad no es para todos. De nada sirve hablar con la verdad a aquel que no puede hacer nada con ella. Eso sería cinismo, pero no verdad.

La verdad está reservada a muy pocas personas. Para acceder a la verdad es menester poseer madurez y el entendimiento para recibir, digerir y dirigir la verdad. Para ello es necesario entender que las cosas solo son. No necesitan de nuestros atributos o adjetivos. Estas son por sí mismas y se explican solas.

Para un infante es más fácil aceptar la verdad que para un adulto. Cierto es que hay verdades que los infantes no necesitan saber, no obstante la realidad es que ellos digieren y dirigen mejor la verdad que los adultos… Los dramas los hacemos los adultos. Todo lo cualificamos con adjetivos peyorativos o encomiables, en función de nuestros prejuicios y frustraciones.

Identifique sus prejuicios, páselos por el tamiz de la realidad. Deshágase de que aquello que no es. Tal vez lo fue para sus padres y abuelos, pero lo fue en mundo que ya no es.

No necesita afiliarse a ninguna de las sociedades seudo secretas que pululan en el mercado. Tampoco a las abiertas o religiosas. Lo único que tiene que hacer es afiliarse a usted mismo. Dese el permiso de observar y estudiar la realidad. Las cosas se explican solas. No les ponga atributos o defectos. Las cosas solo son.

Ya una vez que usted entienda que las cosas solo son, podrá dirigirse a usted mismo y al mundo sin problema alguno, poniendo distancia de la cosa en sí, para dirigir a la cosa en sí.

Nos leemos en el siguiente artículo.