sábado, 28 de marzo de 2020

La dinámica del cambio.


Hemos escuchado hasta la saciedad que el cambio es la única constante del mundo, no obstante, es una frase que poco o nada nos detenemos a pensar. La dinámica del cambio ha sufrido, valga la redundancia, cambios en su dinámica.

Los cambios, antaño, se sucedían a una velocidad que en ese entonces se consideraba vertiginosa, sin embargo, estos, como los que se fueron sucediendo, no son nada si los comparamos con la dinámica del cambio actual.

Hoy, que vivimos en mundo que no solo es global, sino que además esta interconectado en todos los niveles, hace que los cambios que se suscitan en cualquier parte del orbe generen cambios más allá de sus lugares de origen, de tal suerte que hoy más que nunca, aplica eso que llamamos efecto mariposa.

Veamos algunos ejemplos que nos permitan entender el devenir del cambio. Para entender el mundo es menester verlo como una casa, y en una casa, lo sabemos bien, siempre hay alguien que manda. No vamos a entrar aquí a debate sobre quien manda en casa, eso lo sabemos bien…, y el que tenga dudas que por favor le pregunte a su mujer.

En el siglo XIV y XV, para no irnos más atrás, el líder del mundo era España. Esta definía la moda, la cultura, las ambiciones y formas de ser del resto de las naciones y sus habitantes. Lo peor que le pudo pasar a España fue descubrir América, ya que, en ese momento, sin estar conscientes de ello, empezaron a migrar de una cultura creativa y conquistadora, a una pasiva y merecedora.

Los españoles encontraron un filón de recursos en América que poco a poco los llevo a cosechar en lugar de conquistar. Las cosas las dieron por hechas y eternas, tal como nos sucede a todos los seres humanos cuando las cosas nos van bien.

Este filón de recursos generó en Francia e Inglaterra un espíritu de conquista inversamente proporcional al de España. Así, poco a poco, Francia le arrebato el liderazgo a España, de tal suerte que en el siglo XVI y XVII, Francia se corono como líder absoluto del mundo, imponiendo en el resto del mundo la forma de ser francés, tal como hoy lo hace USA.

No entraremos al detalle de lo que aconteció en Francia, pero le paso lo mismo que a España, las cosas las dieron por hechas y eternas, lo que a la postre los llevo a perder el poder en manos de los ingleses, los cuales rigieron el mundo en el siglo XVIII y XIX, esparciendo su cultura por todos sus territorios y con ella la forma de ser del mundo.

Hasta aquí la dinámica del cambio se daba cada doscientos años. El caos se manifestaba de manera violenta y brutal en el transito de la estafeta, lo cual duraba de una a dos décadas, no obstante, pasado este intervalo el mundo regresaba a su dinámica con los ajustes de aprendizaje que demandaban las nuevas formas.

En el siglo XX Inglaterra dominaba el mundo. Inglaterra era dueña del 25% del mundo, no obstante, los cambios se avecinaban en el entorno. Alemania necesitaba acceso a recursos y expandir su comercio, y el único medio para lograrlo era a través de la confrontación bélica, para lo cual le era menester debilitar a sus contendientes, principalmente a Rusia.

Conforme a este objetivo, el Kaiser decide apoyar a Vladimir Ilich Uliánov, quien usaba el seudónimo Lenin debido a que el rio Lena era el más largo de Rusia y corría en sentido contrario a Volgin (rio Volga), que era el seudónimo que usaba Gueorgui Valentinovich Plejánov, anarquista contrario a Lenin.

El Kaiser financia a Lenin con diez millones de marcos, amén de proporcionarle la salvaguarda y el tren que lo lleva a Rusia con la intención de desestabilizar el Imperio Ruso, evitando, así lo creía él, que esta participara en la guerra.

Lo demás es historia. Estalla la Primera Guerra Mundial (la cual fue una guerra entre primos) y con ella el reacomodo de fuerzas en el mundo. La derrota de Alemania se manejó tan mal que gestaron con sus condiciones la Segunda Guerra Mundial.

Esta, como todos sabemos, se concluyó cuando la coalición formada por Estados Unidos, Inglaterra, Rusia y Francia venció a Hitler. Así, al término de la guerra el mundo había experimentado un constante cambio de estafeta en el liderazgo del mundo, preludiando con ello lo que se avecinaba.

De 1946 a 1985, el mundo se debatía entre dos sistemas opositores que se peleaban el liderazgo del mundo, Estados Unidos y la URSS. Para 1980 todo indicaba que la URSS ganaba la batalla. El 75% de las naciones del mundo gravitaban bajo la influencia del socialismo…, hasta que la realidad los alcanzo.

La URSS se había inmerso en una debacle económica financiando a sus países satélites, lo que a la postre la debilito a tal grado que ya no podía ni sostener a su propia nación, quedando, en 1990, Estados Unidos como líder absoluto del mundo. Lo curioso de este intervalo fue que Hollywood, al ya no tener un enemigo claro, se aboco a hacer películas en las que el enemigo era la naturaleza: meteoritos, terremotos, huracanes y demás fenómenos terrestres…, y en ocasiones, espaciales.  

De 1990 al 2000, el liderazgo se lo disputaban en distintas áreas diferentes actores: EUA era el gran policía (liderazgo político); Japón contendía por el liderazgo económico (época en la que Japón salió de compras, tal como hoy lo hace China), al tiempo que Alemania disputaba el liderazgo tecnológico y Rusia el militar.

Como podemos ver, la dinámica de los cambios se trastocó en el siglo XX. En un solo siglo, el mundo vivió el liderazgo de Inglaterra; el de la Alemania de Hitler; el militar e ideológico del URSS, el político y económico de Estados Unidos, el emergente de Japón y el tecnológico energético de Alemania. En los siglos precedentes, los cambios se sucedían cada doscientos años, en el siglo XX se sucedían en décadas.

En el siglo XXI la dinámica del cambio se trastoco de nuevo. La revolución cibernética cambio el mundo, como antaño lo había hecho la Industrial. Así, pues, los cambios en el primer cuartil de este siglo (año 01 – año 25) se han venido gestando, primero cada cinco años, después cada dos años, reduciendo cada vez más el intervalo hasta llegar a este momento en el que se suscitan de un día a otro.

Cierto que Estados Unidos sigue siendo el líder del mundo, sin embargo, Rusia y China están codo a codo peleándole el liderazgo. China, el liderazgo tecnológico y económico; Rusia, el liderazgo militar. Cambios, todos, que se ven fuertemente afectados por la tecnología, los mercados (financieros y comerciales), la migración y la energía (petróleo), sin demeritar, claro está, los que gesta y va a gestar, social, política y económicamente, el coronavirus.

Hoy usted puede llegar a una idea determinada del acontecer mundial y verse en la necesidad modificarla en menos de una semana. Los cambios, sin ánimo de ser repetitivo, se suscitan a una velocidad inconcebible hace una década, amén de que estos están generando, como ya mencionamos líneas arriba, serias alteraciones en la estructura societaria de las naciones, de los mercados y, por ende, en el liderazgo en sí, de tal suerte que lo que era válido hace una semana, no lo es hoy.

Veamos un ejemplo. Antaño los adultos mayores eran venerados en todas las culturas, cosa que hoy ya no acontece, de hecho, son vistos más como una carga que como un oráculo.

Antaño, cuando el mundo cambiaba cada doscientos años, los adultos mayores poseían el saber que necesitaban las nuevas generaciones. Lo más normal era que un joven viviera exactamente lo mismo que habían vivido sus padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y trastatarabuelos, por lo que lo prudente era acudir a ellos, ya que estos tenían el conocimiento que los jóvenes iban a necesitar para hacer la vida un poco más fácil.

Todo esto fue cambiando en el siglo XX y lo hizo de tal forma que, para la segunda mitad de la centuria, los adultos mayores ya no tenían, en las nuevas generaciones, el peso que ostentaban en el pasado. Ni que decir de este siglo. La dinámica del cambio es tan acelerada, que personas que rondan los cincuentas y sesentas, son, en su gran mayoría, material de desecho en el mundo actual.

Los adultos mayores, es decir, los que están en los sesentas, setentas o más, ya no tienen cupo en el mundo actual, de hecho, ni siquiera son considerados como fuente de opinión, mucho menos en el combes de lo laboral. Su obsolescencia ante los vertiginosos cambios de la tecnología y la cada vez más cambiante forma de hacer negocios, ha hecho que ellos mismos se sienten fuera de lugar, tanto con sus hijos y como con el mundo en general.

El entorno…, o lo formas o te deforma.
Los seres humanos nos movemos en dos entornos: un entorno socio afectivo restrictivo y otro entorno socio racional propositivo.

Lo común es que nos desenvolvamos en uno solo de ellos: el socio afectivo restrictivo. Este es un entorno que nos acoge, nos salva, nos reconforta. Es un entorno conformado por aquellos que nos quieren, que nos aceptan tal como somos, que nos han acompañado en las buenas y en las malas, amén de que muchos de quienes los integran son personas que han estado con nosotros de años ha. Son amigos que hemos ido cultivando desde la primaria y en algunos casos desde el preescolar.

Este entorno está integrado, amén de la familia, por personas que nos quieren y aceptan tal como somos, al grado que nos tienen una tolerancia afectiva que nos permite ser y expresarnos tal como somos, cosa que no podemos hacer en ningún otro entorno.

Este entorno, que debemos cuidar y salvaguardar, tuvo y tiene un gran valor en nuestro acontecer biográfico, sin embargo, quedarnos única y exclusivamente en este entorno, nos va a llevar a no buscar nada más, por lo que, sin darnos cuenta, nos va a pasar lo mismo que le paso a España.

Encontramos en ellos un filón de amor, amistad y tolerancia que, ineluctablemente, nos va a meter de lleno en una zona de confort que nos hará migrar, sin estar conscientes de ello, de una cultura de lucha y conquista a una cultura de confort y cosecha, precipitándonos, sin darnos cuenta, a los brazos de la obsolescencia.

Luego, que no nos extrañe que el mercado laboral y la sociedad en sí, no nos vean como oráculo…. Nos lo ganamos a pulso.

El otro entorno es el socio racional propositivo. Este es un entorno conformado por gente que está en abierta competencia con nosotros. Gente que valora nuestra funcionalidad, más que nuestra persona, por lo menos al principio.

Para estar en él nos es menester cambiar nuestra conducta, nuestra forma de hablar, vestir, comer y socializar con los demás. En este entorno nos es menester aprender cosas nuevas, estar a la vanguardia de los cambios, cambiar nuestra forma de ver las cosas y lo que en el mundo sucede, ya que de ello depende que el entorno nos acepte o nos rechace y con ello el que podamos capitalizar las oportunidades que se gestan en ese entorno.

La inteligencia, lo sabemos bien, es la falsa medida del hombre, ya que son inteligencias diferentes para retos diferentes. Por ejemplo, la inteligencia que se desarrolla al jugar ajedrez es muy útil para jugar ajedrez, pero no necesariamente lo es para los negocios y para lo humano... Y en estos entornos nos es menester desarrollar diferentes tipos de inteligencias: la social, la empresarial y la de negocios (que es diferente a la empresarial). Una empresa esta compuesta de mil y un negocios, y en todos ellos nos va a ser menester hacer empresa.

En estos entornos nos es necesarios mostrarnos, a un mismo tiempo, listos e inteligentes. Listos para captar las oportunidades del entorno (sentido de oportunidad) e inteligentes para identificar la mejor forma de instrumentarlas (pensamiento vertical: causa -raíz).

El entorno socio afectivo restrictivo no nos demanda ninguna de estas capacidades, a excepción de la inteligencia social. En este entorno las otras inteligencias son deseables, pero no indispensables, tan es así que si tenemos amigos que no han desarrollado las otras inteligencias, es tal el afecto que les tenemos que no encontramos óbice alguno para estar con ellos, ya que es un grupo con el que nos reunimos como divertimento, no como ejercicio de construcción.

No obstante, es menester apuntar que podemos lograr, a través de la creación del caos (caos creado, caos controlado), convertir nuestro entorno socio afectivo restrictivo, en un entorno socio racional propositivo.

Para ello, por ejemplo, va a ser menester pedirles a los miembros de nuestro entorno que nos ayuden a crear ideas disruptivas. Ideas que nos permitan a nosotros y a nuestros hijos, irrumpir en el mercado con un producto, aplicación o servicio novedoso, en donde lo importante no es si se cristaliza como proyecto (que lo ideal sería que si lo hicieran), lo importante es que los moviste de su zona de confort…, y tú con ellos.

Otro ejemplo es organizar una visita cultural con los hijos de todos a un museo, a un pueblo pintoresco de la localidad o a una de las empresas de alguno de los miembros de nuestro entorno socio afectivo restrictivo. Al llegar al museo es menester que uno de los miembros del grupo asuma la responsabilidad de ser el guía (para lo cual se debió haber preparado muy bien) y que le explique a todos las obras que hay expuestas y el entorno o situación en la que se hicieron, así como lo que autor quería expresar.

En el pueblo va a suceder lo mismo, sin embargo, el objetivo es que los presentes busquen entender porque el pueblo es como es y qué es lo que les hace ser como son, entonces y solo entonces habrán entendido lo que el pueblo es… No olvidemos que jamás podrás cambiar y mucho menos dirigir, lo que no conoces.

Con la visita empresarial sería lo mismo, el objetivo es que los hijos del grupo, así como los otros miembros del grupo, conozcan lo que en la empresa se hace, a quien se le vende y porque… Todo esto lo que va a generar es una apertura de mente que, sin darse cuenta, estarán aplicando en su diario quehacer, convirtiendo su entorno en grupo cultural demandante y constructivo.

Carlos Slim es famoso en todo el mundo porque una vez al año organizar un congreso en alguna parte del mundo, al que invita a los empresarios más prominentes América Latina, para que estos acudan acompañados de sus hijos, en donde el objetivo es conocer que hacen las empresas de los asistentes, los nuevos negocios en los que han incurrido y los proyectos que están en ciernes, amén de que se conozcan los hijos y trabajen en proyectos conjuntos, lo que les permite establecer alianzas sociales, empresariales y, en algunos caos, matrimoniales. No porque se acuerden matrimonios en dichas reuniones, sino porque al conocerse y tratarse, se han dado algunas relaciones sentimentales que han terminado en matrimonio.

En alguna ocasión, una maestra de secundaria les pidió a sus alumnos su colaboración para hacer una dinámica. Les explico que la dinámica consistía en resolver anagramas. Creo el interés y ya una vez que lo logro, repartió entre sus alumnos dos tipos de anagramas, unos de fácil solución y otros de difícil solución, no obstante, esto lo hizo haciéndoles creer a todos que tenían el mismo anagrama. Al resolverlo debían levantar la mano, pero sin decir cuál era la palabra. A los quince minutos, la mitad que tenía el anagrama fácil levanto la mano y la otra mitad, los que tenían el anagrama difícil, se volteaban a ver con cara de estupefacción.

La maestra les pidió que lo tomaran con calma, que iba a ver dos intentos más. Repitió el ejercicio, repartiendo dos nuevos anagramas, uno de fácil solución al mismo grupo y uno de difícil solución a los que no había resuelto el anterior.

El resultado fue el mismo. Los que habían vuelto a recibir un anagrama fácil levantaron la mano con cara de satisfacción, al tiempo que los que no habían resuelto el primero, se encontraron con la sorpresa de que esta vez tampoco lo habían podido resolver. La maestra insistió en que no pasaba nada. Que tal vez era cosa de suerte. Que estaba segura de que en el tercer intento les iría mejor.

En el tercer intento repartió un anagrama de dificultad media a todo el grupo, de tal suerte que ahora todos tenían la misma oportunidad, ya que en esta ocasión no había segmentado la distribución. A los pocos minutos, casi todos los que había resuelto los dos anagramas anteriores levantaban la mano para indicar que ya lo habían resuelto y junto con ellos dos o tres del grupo que no había podido resolver los anteriores.

La maestra le pregunto a los que no habían podido resolver los anagramas, que qué es lo que ellos pensaban que había pasado, y casi todos dijeron que no eran buenos resolviendo anagramas.

La maestra les explico que es lo que había hecho y les dijo que hay una cosa que se llama “indefensión aprendida” … Cuando crees que no puedes hacer algo, lo mas probable es que termines no pudiendo, de tal suerte que cuando les dio el mismo anagrama a todos los participantes de la dinámica, lo normal es que los que no habían podido resolver, se atrofiaran en este último y tampoco pudieran.

Los mismo nos acaece a nosotros cuando nos quedamos en el mismo entorno, este, sin que nosotros estemos conscientes, al paso del tiempo nos va brindando una “indefensión aprendida”, la cual adquirimos por contagio de los mismos miembros de nuestro entorno. Y no porque haya mala voluntad, sino porque la media de todos marca lo que y lo que no se puede hacer. En síntesis, cambias de entorno y cambian las posibilidades.

Así, pues, los invito a que consideren la posibilidad de crearle a su entorno socio afectico restrictivo las variables de caos que lo lleven a convertirse en un entorno socio racional propositivo, al tiempo que en paralelo construyen para sí, un entorno socio racional propositivo con nuevos elementos que les lleven a exigirse más de ustedes mismos, lo cual no solo ralentizará su (nuestro) proceso de obsolescencia, sino que además les (nos) ayudara a construirse mejor, tanto a ustedes mismos como a los suyos.

Nos leemos en el siguiente artículo.

Jaime Ramos.

martes, 24 de marzo de 2020

El coronavirus de los conspiradores.


Cierto que a la gente le gusta el chisme (está en nuestra naturaleza), sin embargo, es menester reconocer que no solo hay a quienes les gusta el chisme, sino que además hay quienes los mejoran. Y este intervalo de ocio que algunos llaman elegantemente cuarentena, ha propiciado que los amantes de las conspiraciones le den rienda suelta a su imaginación, inventando un cumulo de ideas y argumentos que ya quisiera cualquier escritor.

Comento lo anterior debido a que me han llegado todo tipo de especulaciones y afirmaciones, y en todas ellas el tema de la conspiración es la base. Algunas más alógicas que otras, pero en todas se acusa una ignorancia mayúscula (igual o mayor que la mía), y una carencia sin parangón de sentido común.

En aras de vestirlas de legitimidad, le achacan las mismas a Noam Chomski, quien sin duda alguna es uno de los intelectuales (lingüista, filosofo, antropólogo, psicólogo, político) más respetados del orbe; otras tantas a Bill Gates, quien predijo hace algunos años lo que estamos viviendo hoy, razón por la cual piensan (si es que eso se le puede llamar pensar), que aprovechó la coyuntura junto con su esposa Melinda para capitalizar las ventajas del virus.

La última que recibí es una en donde se me informa que a finales del año pasado, hubo una junta de alto nivel en Nueva York, en la que se reunieron prominentes políticos, banqueros, dueños de la industria farmacéutica y de salud, amén de otras tantas de otros rubros, salidas todas de la fértil imaginación de los conspirologos, en la que se acordó, dicen ellos, liberar el virus para hacer una purga económica, colocando a la gente en el nivel que deben de estar, amén de deshacerse de las personas de la tercera edad, las que en poco tiempo, argumentan ellos, serian carga y no aporte.

Por supuesto que las preguntas obligadas que les podemos hacer son: ¿Cómo saben ellos, simples ciudadanos, lo que esas prominentes personalidades acordaron en dicha reunión? ¿Cómo es posible que hayan logrado obtener información de una junta que, de hacerse hecho, jamás hubiesen sido convocados?

Los seres humanos estamos hechos para la fantasía y el rumor, y más en tiempos donde el ocio es visto como defecto y no como virtud. El Estagirita de Tracia (Aristóteles 384 a. C – 322 a. C) decía que el líder debe dirigir hacia el ocio, ya que es ahí, en el silencio y la soledad, donde se gestan las grandes decisiones y hazañas.

La mente ascendente, esa que es responsable de crear, innovar y acuñar soluciones disruptivas. Esa que se da el permiso de explorar cuanta alternativa sea posible para resolver un problema, se gesta en el silencio y en la soledad. En ese aislamiento social que hoy, gracias al coronavirus, llamamos distancia social.

No obstante, la realidad es pocos son los que saben estar consigo mismos. La gran mayoría se la pasa en las redes sociales, en la televisión de paga y o en cualquier distracto que los salve de escucharse a sí mismos. Estas personas son los que se la pasan inventando cuanta explicación se les ocurre: que si es un castigo divino; que si la naturaleza se quiere deshacer de nosotros; que si determinadas potencias están atrás de todo esto; que si los hombres del poder y del dinero acordaron esparcir el virus… Y así como estas, muchas cosas más.

No pongo en tela de juicio el hecho de que se puedan crear conspiraciones de orden político y empresarial, pero no como las arribas mencionadas. Son los líderes de una nación o de un grupo de naciones los que se unen, transitoriamente, para competir con otra nación o naciones, como es el caso de la competencia entre China y USA; Rusia y Arabia Saudita. Por supuesto que los políticos de dichas naciones están en bloque unidos con su líder para sacar las mayores ventajas para su país, para lo cual crearan cuanta barrera arancelaria puedan, ya que lo buscan es obstaculizar al otro país, no para eliminar sus posibilidades (porque lo necesitan como mercado), pero si para impedir que tome el liderazgo o se lleve la tajada principal de ese pastel.  

De la misma forma, los ejecutivos de una empresa acordaran con su líder una serie de estrategias para ganarle mercado a su competidor, sin embargo, de ahí a que políticos, empresarios, médicos y líderes de la banca y del mundo se pongan de acuerdo para conspirar tal como se dice en las redes sociales, es falso.

Creer y afirmar que este tipo de personas conspiran para crear la pandemia que hoy nos ocupa, es propio de personas que acusan una clara ignorancia de la naturaleza humana. Por favor pregúntese: ¿Usted en realidad ve posible que este tipo de líderes se deje dirigir por otros iguales a ellos para hacer algo así?

Estas personas son lo que son debido a que no encontraron cupo en el mercado de la obediencia. Son personas que siempre tuvieron problemas con las figuras de autoridad de su entorno, y que, en lugar de luchar estérilmente contra ellas, decidieron crear un entorno para sí, donde los demás quisieran estar.

Son personas que nunca subordinaron la redacción de su biografía al lápiz de otro escritor. Jamás, por ninguna razón, aceptarían ser dirigidos por sus iguales. Con ellos mantienen alianzas transitorias o feroces competencias, pero jamás subordinarán sus querencias a las querencias de sus iguales.

La realidad es que el coronavirus no es una entelequia o invento de alguna potencia o grupo político o empresarial, es una realidad que esta muy lejos de esas ideas que se construye la masa para explicar lo que no pueden o no quieren entender.

Cierto estoy de que este será el primero de muchos que vendrán más adelante. El progreso económico y social ha generado un calentamiento global que favorece a algunas naciones y perjudica a otras. De tal suerte que algunas naciones se van a ver beneficiadas al ir retrocediendo el hielo, ya que este va a dejar al descubierto enormes cantidades de tierra fértil que permitirá una mejor siembra y cosecha, pero también saldrán a flote virus y bacterias que tenían millones de años enterradas y de las cuales no sabemos nada. Virus que los amantes de las conspiraciones podrán atribuir al ominoso proceder de esos líderes que, según ellos, conspiran contra la humanidad.

Efectivamente los estragos económicos que las medidas sanitarias están y van a generar, son mayúsculas, no obstante, la realidad es que las consecuencias económicas, políticas y sociales serían mucho mayores si no las hubiésemos tomado.

La debacle económica que estamos viviendo y que vamos a vivir, es lo que hace que los amantes de la conspiración edifiquen cuanta teoría (mencionada así con el debido respeto que merece toda teoría) justifique su falta de prevención. Siempre es bueno tener a quien echarle la culpa de nuestros yerros y desaciertos.

Cierto que hay quienes poseen un ingreso que nos les permite hacer ningún tipo de prevención, dado que en ocasiones el ingreso ni siquiera alcanza para el diario vivir, pero también es cierto que esta gente no piensa en conspiraciones, lo que les apremia es llevar algo de dinero a su casa y no buscar a quien echarle la culpa de las cosas. La realidad no les da espacio para la especulación.

Las conspiraciones encuentran su caldo de cultivo en la mente de esos que, frustrados ante su propia irrealización, construyen escenarios en donde son otros y no ellos los responsables de su pobre proceder.

Cierto que los amantes de la conspiración son individuos con educación media o profesional inconclusa, pero son los menos. La mayoría de los conspiradores, por decirlo así, son personas que tuvieron grandes logros académicos en la universidad. Logros que, en su mente mágica de Winnie Pooh, los llevo a creer que obtendrían el mismo nivel de logros en el combes de lo empresarial.

Así, pues, la creencia de que todo se debe a una conspiración es más fácil que la crean los académicos y estudiosos que se distinguen de los demás por el alto nivel de notas escolares que recibían en la universidad. Personas que están plenamente conscientes de la superioridad de su poder e intensamente frustradas de la inferioridad de su poder.

Estas personas son las que crean, escriben y divulgan la idea de que el coronavirus obedece a una conspiración y lo hacen debido a que ello les permite atribuir, a la malignidad de otros, sus propias incapacidades.

La realidad es que el coronavirus no es una entelequia ni tampoco es algo creado intencionalmente. Nadie en su sano juicio escupe hacia arriba. Por favor pregúntese: ¿Qué potentado de la política o del dinero crearía una cosa que a todas luces va a afectar gravemente su estamento de poder (en el caso de los políticos) o a su patrimonio (en el caso de los hombres del dinero)?

Las repercusiones económicas del coronavirus van a hacer, por lo bajo, de cuatro a cinco veces más grandes que la crisis del 2008, amén de que va a cambiar el mundo en todos sus aconteceres. Va a cambiar el estamento político, ya que los reclamos y exigencias de la gente van a alcanzar cotas nunca vistas, al grado que la primavera árabe o los disturbios de América Latina, se van a ver como juego de infantes contra lo que se viene.

Los políticos se van a tener que reinventar para poder lograr un espacio en la mente de los electores, y esto es algo que se va a ver en todo el mundo, incluso en las democracias imperiales, que son, hay que reconocerlo, las que mejor han manejado la crisis.

Los hombres del dinero no la tienen más fácil. La gente le va a cobrar las facturas a aquellas empresas que dejaron a su gente a la deriva. Un ejemplo de ellos es una cadena de cafés que tiene como símbolo una medusa, la cual opto por despedir a un buen número de personas al tiempo que paraba todas sus inversiones (lo cual es inteligente) y mandaba a otras a su casa sin goce de sueldo (lo cual no es inteligente). Esta empresa ni siquiera se detuvo pensar en las necesidades de su gente o en buscar como mediar sus perdidas y la de su gente. Se centro solo en las de ella y eso se lo van a cobrar.

Por otro lado, está la sociedad en sí, La dinámica de los tiempos es tan acelerada que hoy, para lo único que no tenemos tiempo, es para estar con nosotros mismos. Sin embargo, la distancia social o cuarentena a la que nos obliga como medida sanitaria el virus arriba mencionado, va a hacer que mucha gente se pierda y mucha otra se encuentre.

Habrá parejas que descubran que no tienen nada en común y que van a aprovechar este estadio para crear nuevos y mejores vínculos. Habrá otras que no sepan cómo hacerlo o no quieran hacerlo. Habrá quienes descubran talentos que no sabían que tenían; otros que decidirán cambiar de trabajo y otros de vida. Habrá los que inventen nuevos productos, servicios y formas de hacer negocios y trabajar, no obstante, sin importar lo que hayan descubierto, lo cierto es que la sociedad va a cambiar.

El Renacimiento surgió después de la Peste Negra. Esta fue la que llevo a la humanidad a un nuevo renacer, al descubrir que las formas en que estaban llevando la vida no era la mejor. Lo mismo nos va a pasar con el coronavirus. El estadio de aislamiento al que nos vimos obligados nos va a llevar a gestar nuevas formas en lo individual, en lo familiar y en lo social.

El mundo se va a poder dividir en un antes y en un después del coronavirus. Va a cambiar todo, absolutamente todo, y hoy, más que nunca, necesitamos de exploradores expertos en caminos inexplorados, porque lo que viene es un mundo no explorado.

El reto que nos ofrece este intervalo de aislamiento en el que estamos inmersos, es el de reinventarnos a nosotros mismos, de lo contrario nos vamos a quedar fuera de este nuevo mundo en el que vamos a vivir y que nadie sabe a ciencia cierta como va a ser.

Nos leemos, si los conspiradores nos dejan, en el siguiente artículo.

Jaime Ramos.

martes, 10 de septiembre de 2019

La muerte del matrimonio.


La figura del matrimonio ha sufrido algunas mutaciones en el devenir del tiempo, lo cual no quiere decir que este en vías de extinción, sino que está surgiendo una forma de relación que no gusta a los ortodoxos, pero que se está abriendo camino con o sin la venia de estos. No obstante, el tema que nos compete no es la mutación del matrimonio (el cual estará inmerso en una constante evolución), sino la muerte que se gesta lenta e inexorablemente en aquellos matrimonios que de origen nacieron mal.

Recién llegue a Monterrey, lugar donde supuestamente radico, y después de ordenar mis haberes de viaje y disponer los próximos para mi inminente salida, tome un libro y me fui a un café a esperar a unos amigos con los que había acordado departir, después de varias semanas no vernos.

Llegue al lugar acordado media hora antes de lo convenido y ya estando ahí me llamaron para avisarme que llegarían con quince minutos de demora. Ordene el café y antes de abrir el libro, me tome unos minutos para observar y leer a la gente que estaba en el lugar.

Observe varias parejas jóvenes y algunas no tantas, sin embargo, el común denominador de estas es que pocas de ellas eran, en sí mismas, pareja. Lo que se leía en la gran mayoría de ellas era una circunstancia, pero no una unión.

De todas, las que más me llamó la atención, fue una pareja que estaba en sus últimos cincuentas. En ellos, lo único que se leía, era el tedio, la desesperación. Entre ellos no había más que muchos años de convivencia y connivencia. Habían aprendido hacer de esa nada, un algo, de tal suerte que ninguno de los dos sabría que hacer sin la nada del otro.

Lo único que leí en ellos y entre ellos, fue una interminable caída del vacío en el vacío. Me impacto tanto lo que leí en ellos, y en la gran mayoría de las parejas que estaban el lugar, que opté por dejar el libro para postrera ocasión y dedicar el poco tiempo que quedaba, a estudiar las razones que nos impelen a estar en una relación que a sabiendas sabemos, que no debemos estar.

El amor confía en lo aparente.
El otro nunca nos miente, nos mentimos respecto al otro, pero el otro, hasta cuando nos miente, nos dice la verdad. Somos nosotros los que conscientemente decidimos ignorar la verdad y creer lo aparente. No hay forma que no sepamos que el otro no es. Basta con peguntarnos que es lo que nos lleva a esa persona: la atracción sexual, su rostro, su geografía corporal, sus formas, elegancia, personalidad o simplemente una circunstancia.

Cierto que, al otro, cuando es, lo reconoces de inmediato. El amor es un encuentro con nuestra otredad, con ese otro que es un yo mismo, pero mejorado, sin embargo, esto no es algo que sucede todos los días, por lo que lo normal es que el amor sea algo que va surgiendo de una relación. El problema es cuando lo que nos llevo a la otra persona, no va más allá de eso que nos llevo a ella.

En esa relación lo único que hay es eso que nos llevo a ella, pero nada más. El amor no puede ni debe basarse solo en el instinto (atracción sexual), este, antes o después de la fatídica curva de los dos años, se ubicará en el lugar que le corresponde, para encontrar, al transito de ese tiempo, que tenemos una relación que obedece a una circunstancia, pero no al amor.  

En este tipo de relaciones, el vacío empieza crecer lenta e inexorablemente. Los hijos, cuando los hay, atemperan el vació, al grado que la pareja gravita hacia ellos, pero ya no entre ellos. De tal suerte que cuando los hijos crecen y empiezan a tener una vida ajena al núcleo familiar, la pareja descubre que entre ellos no hay nada, absolutamente nada.

No hay forma que la pareja no se diera cuenta desde un principio, de que era lo único que los unía. Ambos sabían que el otro no era su es, y sin embargo, decidieron mentirse a si mismos y mentirse entre ellos, por lo que ella decide creerle hasta cierto grado a él y él decide creerle hasta cierto grado a ella, así opera el amor, no en todos, pero si en la gran mayoría.

El amor, no es motor.
El motor de la humanidad no es el amor. Los motores de la humanidad son el sexo y el poder. Estos, sexo y poder, están en todo lo que hacemos, compitiendo entre ellos, a cada momento y en cada acto, por el primer lugar. Esto que de entrada nos puede agredir, lo podemos constatar desde la primera infancia. La lucha por el poder se manifiesta desde la cuna y se extiende hasta la muerte.

Cualquiera que haya tenido mellizos o gemelos, habrá constatado que entre estos se da una cruenta y constante lucha por el poder, la cual se prolongará por el resto de la vida de ambos. El poder es el motor primario de los seres humanos, pasando a un segundo lugar ya una vez que se llega a la edad biológica de la reproducción.

La cruenta lucha por el poder se manifiesta en todos los ámbitos del ser. Es algo que se hace patente entre hermanos, amigos, socios y colaboradores. Se manifiesta en la academia, en la iglesia, en los negocios y en la política, incluso, lo queramos o no aceptar, en el amor y, claro está, en el sexo.

Así pues, el amor, contra lo que la gente cree y contra lo que las novelas y películas no han mostrado, no es el motor de la humanidad. El amor es lo que salva a la humanidad, pero no su motor.

Cuerda, ancla o motor.
Las personas, si se me permite la analogía, somos en la vida y con los otros: cuerda, ancla o motor.

Una persona cuerda es esa que transita por la vida como comparsa. Es parte del paisaje y paisanaje, pero jamás actor. No incide en nada, pareciera ser que su misión en la vida es poblar un espacio y nada más. Es la parte anónima del escenario, del decorado, al grado que no se nota si esta o no está. En más de una ocasión le habrá pasado a usted que en una platica alguien le diga: ¿te acuerdas de fulano? Y usted responda que no. A lo que el otro le replicará de inmediato: ¡Como no, era ese que estaba ahí con nosotros en la reunión…! Y, sin embargo, usted, ni lo noto. Esta es una persona Cuerda, es decir, alguien con quien se puede experimentar la nada.

Las personas que en este artículo denominamos: “cuerda”, son tan anónimas, que no representan más que una gran masa que navega por la vida, poblando un espacio social y de mercado en el que solo inciden cuando son masa, pero no como individuos.

Estas personas, en el amor, no son mas que un alguien, indistinto y anónimo que puebla su soledad con la soledad de ese otro que es igual a él: cuerda. Entre estas personas no hay nada más que una interminable caída del vació en el vació. Cumplen un rol; juegan al amor, a la familia y a la paternidad, pero la realidad es que en ellos y entre ellos, no hay nada. Son, como su nombre lo indica, una cuerda que se puede poner aquí, allá o acullá, pero que si esta o no esta, no pasa nada.

Las personas que en este artículo denominamos cuerda, quieren creer que tienen una relación. No se dan cuenta de que no tienen nada, debido a que al impulso de la reproducción no les deja ver que lo único que hay entre ellos es eso: la reproducción. En cuanto el instinto mengue, descubrirán que entre ellos va surgiendo una nada como pareja, que solo se sostiene por la responsabilidad de los hijos, primero, y por la costumbre, después.

Las personas denominadas ancla son, como su nombre lo indica, un freno en los demás. Tienen una enorme capacidad para ver lo malo en todo lo que hacen los demás, en especial, esos demás que si son sus demás. Están ciertas de que solo lo que hacen ellas, esta bien. El hacer de los suyos, en especial el de su pareja, es un mediocre hacer.

Las personas que, en este artículo, ilustramos como ancla, son suspicaces, desconfiadas, paranoides. Tienen una enorme capacidad para ver el mal en todo lo que les rodea. Lo cual se agudiza en grado extremo, en todo lo que rodea a su pareja. Si tiene amigas, la calidad de las migas, si tiene amigos, la intención de estos. Si la pareja va a ir a una cita de negocios, el porque de la cita, si va a ir a hacer deporte, el porque d ese deporte y el porque de ese lugar.

Conocí a una mujer que se mantenía enojada con el marido, por que este iba a caminar a un lugar, que, sin duda alguna, estaría mal, primero porque ella no va con él y por ende no puede cuidar quien o quienes saludan a su pareja, y segundo, porque, desde la óptica de ella, a ese lugar solo se va con la intención de buscar a alguien con quien salir o tener una aventura. De igual manera conozco hombres que ejercen tal nivel de control y acotamiento sobre su pareja, que lo único que hacen, es incentivar la huida.     

Lo más probable es que usted conozca a alguien que por años estuvo con una pareja ancla, lo que seguramente le permitió ser testigo de que ese alguien, al terminar la relación con el hombre o mujer ancla, despego como nunca lo hizo en el tránsito de esa relación.

Con este tipo de personas, la relación de pareja es de odio / amor. Cosa que no pasa en la relación donde el otro o los otros son cuerda. En las parejas donde uno de los dos (o los dos) son cuerda, la relación es de tedio, de aburrimiento, mientras que en la relación con la o las personas ancla, la relación es de odio / amor.

Las personas que por natura o cultura adoptan la posición de ancla son un tormento. Tienen una ingente necesidad de controlar la vida de su pareja (hijos, hermanos, colaboradores, etcétera). Quieren saber todo lo que hace, con quien hablan, de que hablan, con quien se juntan y porqué, así como lo que se platica y el porqué de esa platica. Estas personas se convierten muy rápidamente en obstáculo, dejan de ser motor, para ser freno.

En estas relaciones lo que hay es hastió… Uno quiere acotar y el otro, escapar. Estas relaciones están condenadas al fracaso. Es tal la desconfianza de uno y el hartazgo del otro, que no hay forma de que tengan un final feliz. Gracias a este tipo de parejas es que se dice que algunos matrimonios terminan bien, otros, duran toda la vida.

Una persona que por natura o cultura adopta la posición de motor, nos impele a buscar nuevas y mejores formas de ser y hacer las cosas. Este tipo de personas se centran en lo que el otro es, y no en lo que le gustaría que sea. Gracias a esa tacita aceptación de lo que el otro es, es que la relación se cimienta con bases reales, haciendo que la pareja sea sólida y difícilmente indisoluble.

Las personas motor, crean alrededor de sí, un entorno en donde la libre expresión del ser es la norma. Esto permite que las capacidades del otro se explayen, al tiempo que sus límites se acoten. Cierto que habrá cosas que no gusten del otro, pero entienden que en ello no hay maldad, ni intención de dañar, lo que hay es una natural expresión del ser. Expresión que se comenta y se trabaja de manera conjunta, lo que hace que, al paso del tiempo, uno y otro, maximicen sus potencias y acoten sus limites.

Cuando uno esta en una relación motor, es muy difícil que la relación se fracture. Todo lo contrario, se fortalece. En esa relación no hay engaños ni falsas expectativas. En otras palabras, ni uno ni otro se ven en la necesidad de reprimir lo que son. Todo lo contrario, entre más se exprese el otro, más fácil le será a la pareja, completar y complementar lo que el otro es y viceversa.

En este tipo de relaciones, donde uno o dos de los actores son motor, la relación se sustenta en el binomio, razón - emoción. La piel atrae la mirada, pero no la retiene. Lo que retiene la mirada es el sr del otro, sin embargo, si en el otro no hay eso que llamamos química, la relación no va a funcionar. Por el contrario, si lo único que hay es química, la relación va a fracasar.

En una relación motor, se trabaja la piel y la razón. Ambas son de suma importancia, y ambas tienen un peso igual, no obstante, es la razón, acompañada de la piel, la que hace que la pareja encuentre puntos de unión y crecimiento. En estas relaciones, lo más importante es lo que el otro es, trabajando uno y otro, a partir de lo que cada uno es. La solidez de estas parejas no deja cupo para la fractura. La infidelidad se da en las relaciones cuerda y en mayor medida en las relaciones ancla, pero no en las relaciones motor.

La infidelidad.
Otra de las cosas que observe en dicho lugar, es que una de las parejas que estaba presente en el lugar, no eran una pareja normal, debido a que ambos tenían otra relación. A él le conocí hace algunos años en una conferencia que impartí en una Cafebrería de la localidad a la que acostumbraba a ir acompañado de su esposa. A ella la identifico por ser la esposa de un conocido con el cual en una ocasión realice alguna transacción. A ambos me los he topado con sus respectivos cónyuges, de tal suerte que cuando nuestras miradas se encontraron, hicieron como que no me conocían, lo cual agradezco.

Las razones de la infidelidad son múltiples, no obstante, es menester anotar que antropológicamente la infidelidad masculina se debe más al ocultamiento que el hombre le hace a su madre en la figura de la esposa, que a la infidelidad en sí. Lo que disfruta es el ocultamiento. Esto no quiere decir que no disfrute la infidelidad, la disfruta, sin embargo, el motor no es esta, es el ocultamiento.

Esto, que seguramente le costará trabajo aceptar, es tan real, que cuando el infiel pierde su matrimonio por su infidelidad, se descubrirá a si mismo alejado de la conquista, no porque le hayan dejado de gustar las mujeres, ni por el dolor de la perdida, sino porque no hay en ello, el disfrute del ocultamiento. 

La infidelidad femenina se debe más al vació que a otra cosa. Ya habíamos explicado en otros artículos que todo deseo, implica un vacío…, y en ningún lado se ve más que en la infidelidad. Cuando la mujer se siente vacía, canaliza este vacío a través de la compra de zapatos, ropa, cosméticos o cosas con las que se puede atender y regalar. Cuando esto no es suficiente (que nunca lo es) se refugiará en la religión, esoterismo y cosas por el estilo, para descubrir que esto tampoco le llena el vació.

Muchas encuentran en la parte social, una catarsis, lo que las lleva a realizar mil y un actividades filantrópicas y humanitarias. Algunas, incluso, hasta adoptan a los amigos de sus hijos., ya que lo que necesitan es existir para alguien. No obstante, ninguna de esas válvulas de escapa llenará el vació que sienten. El vació solo lo podrá llenar reconociéndolo y dirigiéndolo, de lo contrario, quedará inmersa en una relación tan frágil y accidentada como la que la llevo a ella.

Con el hombre sucede lo mismo, no podrá resolver el tema de la infidelidad, si no reconoce que lo que le mueve a ello es el disfrute del ocultamiento y su acusada incapacidad para crearse retos que lo construyan y le generan la adrenalina que necesita para sentirse vivo. Cabe aclarar que un reto es aquello que excede mis límites. Si lo que me fijo como reto, no excede mis limites, entonces no es reto, es terapia ocupacional, pero no reto.

Las cosas se explican, no se justifican.
La infidelidad, en esencia, es la manifestación de un vacío, el cual se agravará si la persona en cuestión esta con una persona ancla o cuerda. Cierto que la persona podrá argüir mil y una razones, sin embargo, la realidad es que no hay justificación alguna, ya que lo correcto es enfrentar la realidad…, hacerle frente a la equivocación y dar por terminada la relación.

Iniciar otra relación antes de dar por terminada la que se tiene, hará que la probabilidad de error se magnifique, amén de que es muy probable que la persona que entra en sustitución sea igual o muy parecida a la que se le esta siendo infiel, amén, claro está, que la persona que entra en sustitución no es necesariamente la mejor, de lo contrario como se explica que esta persona no le exija a la otra que de por terminada su relación antes de iniciar la actual. Esto dice mucho, tanto del sustituto como del infiel, amén, claro está, que descubrirán que tendrán muchas razones para estar contentos, pero no satisfechos, lo que ineluctablemente, agravará el vacío.

Decía el insigne Albert Camus, Premio Nobel de Literatura en 1957: cuando, por oficio o por vocación, uno ha meditado mucho sobre el hombre, ocurre que se experimente nostalgia por los primates. Éstos no tienen pensamientos de segunda intención.

Él o la amante de una relación en la que el otro no ha dado por terminada la anterior, podrá, como ya lo comentamos, esgrimir excelentes razones, sin embargo, la realidad es que, en él o en ella, hay una segunda intención. Intención que el amado debiera de desvelar para conocerle mejor y saber dónde se está metiendo. Lo más probable es que descubra que la persona en cuestión se parece mucho a la anterior, o que uno y otro están inmersos en un proceso de invención para la desviación. Ni uno quiere divorciarse del otro, ni el otro quiere que se divorcie, de lo contrario, le habría exigido al otro, que termine lo que está mal, para empezar algo bien.    

El que esto escribe, oficia en las finanzas y gravita en las letras. Mi entorno, por razones obvias, esta conformado por personas con las mismas inclinaciones (empresariales e intelectuales), lo que me ha permitido estudiar y reconocer, empezando por mi mismo, que estos, los intelectuales, son, como decía uno de mis cofrades, los más peligrosos de todos, ya que la elegancia de sus formas, no le permite al otro, desvelar las segundas intenciones.

Lo cierto es que los empresarios y los intelectuales poseen, por oficio, una segunda intención, la cual intencionalmente ocultan para no desvelar su juego. Estos, amén de negocios, lo único que saben hacer, decía el cofrade arriba mencionado, es fornicar y leer libros. Antropológicamente son, como amantes, los más peligrosos de todos, ya que no solo saben hacer lo suyo, sino que además lo hacen de tal forma que el otro poco o nada se da cuenta de su juego.  

Esta disgregación es para explicar que, en el lugar en cuestión, en una mesa cercana a mí, un intelectual que también oficia en el mundo de los negocios. El cual, obviamente, estaba haciendo lo mismo que yo: leer a los comensales para elucidar lo que estos, conscientes o no, estaban manifestando a ojos de los demás.

Cuando llegaron las personas que estaba esperando, me encontré con el hecho de que a ambos nos había citado la misma gente, amén de otros más que nos presentaron en el lugar. Al término de la reunión, la persona arriba mencionada y un servidor, abordamos el tema de nuestra mutua observación, concluyendo ambos en lo mismo… ninguna de las parejas presentes, eran, en esencia, pareja, por lo que a la postre, el resultado iba a ser el mismo: una nada acompañada de otra nada.

El que yerra al casar, ya no le queda en que errar.
El amor, decía al principio de estas líneas, no es el motor de la humanidad, pero si es lo que la salva. La decisión más importante en la vida de un ser humano es la elección de pareja. Desafortunadamente es algo que la gran mayoría lo descubre a edad tardía. Al paso el tiempo se van a dar cuenta que: el que yerra al casar, ya no le queda en que errar. La elección de pareja marca el antes y el después de un ser humano. Es el parteaguas de lo que será la vida de ahí en adelante, y, sin embargo, poco nos preparan para tan crucial elección. Cierto que mucho es lo que vemos en casa, pero también es cierto que poco es lo que este tema se discute y analiza en casa.

Yo tengo tres hijos varones y si bien es cierto que mucho es lo que hablamos de este tema, también lo es que la edad que tienen hace que el instinto sea lo que prime en ellos, no obstante, mi trabajo, como el de todos los padres, es el de crearles los marcos de referencia que los lleven a descubrir el porqué del devenir de una persona y la forma en que la elección de pareja incidió en su devenir.

El matrimonio no esta en vías de extinción, no obstante, lo que, si está en vías de extinción es la importancia que los padres le damos al tema, ya que, si bien es cierto que el amor no es el motor de la humanidad, si es lo que la salva… Y cierto estoy de que cada uno trae su propio motor, también lo es que ayudarles a que encuentren en la pareja un puerto de abrigo, es algo que a nadie le hace daño.

Concluyo con la frase expuesta líneas arriba: El que yerra al casar, ya no le queda en que errar.

martes, 5 de febrero de 2019

Los fantasmas del amor.


Todos tenemos nuestros fantasmas. Los fantasmas son esas ideas, miedos o paradigmas que inconscientemente nos crearon en la infancia y que nos han acompañado en el devenir de la vida. Fantasmas a los cuales hay que agregar aquellos que conscientemente nos creamos en la adolescencia y edad adulta, los cuales, como no, reforzamos con esmero en el día a día de nuestra cotidianidad, al grado que muchos de nosotros hasta nos sentimos orgullosos de ellos.

Los fantasma (miedo e inseguridades conscientes e inconscientes) están en todos los ámbitos del ser. Los encontramos en nuestra relación de pareja así como en la relación con nuestros hijos, socios, amigos y conocidos. No hay forma de que estos no pueblen todos y cada una de nuestras decisiones y actos, no obstante la realidad es que los fantasmas se pueden dirigir, sin embargo primero nos es menester identificarlos, reconocer la forma en que estos inciden en nosotros para poder aceptarlos y dirigirlos.

Recién platique con un joven que está en sus primeros treintas. Este, hasta donde él me había platicado, estaba próximo a contraer nupcias, por lo que para mí lo natural fue preguntarle cómo iban los preparativos de tan especial acontecimiento. Su respuesta fue la propia de una persona que está próximo a ello, no obstante lo que me azoro no fue su respuesta, sino el lenguaje corporal, así como los sutiles pero determinantes cambios que se dieron en la arquitectura de su rostro y los decibelios que uso para comentar el tema.

Pudiera decirles que por desviación de oficio me aboque a explorar el porqué de sus reacciones, sin embargo la realidad es que no fue el gusto por la investigación antropológica lo que me impulso a ello, sino el morbo y la estulticia, ya que, desde fuera se veían como una pareja modelo.

Lo comenté que dese mi óptica la relación de pareja es la decisión más trascendental de un ser humano, por lo que lo prudente es que aun cuando crean que están cien por cien seguros en lo emocional y racional, se den la oportunidad de tomar un poco de tiempo en silencio y soledad para meditar profundamente el tema. Mi comentario no solo hizo que las orbitas oculares llegaran a su máximo, sino que además manifestó un ligero incordio, por lo que me disculpé de inmediato y le pedí que me permitiera explicar el porqué de mi dicho.

Le comenté que en los seminarios católicos se acostumbra, con mucha inteligencia y prudencia, darles a los jóvenes graduandos un año de vida civil fuera del seminario para que experimenten la vida antes de ordenarse como sacerdotes. En la inteligencia de que el que regrese al seminario lo hará después de haber constatado en piel y alma (mente) que lo suyo es el sacerdocio.

Por supuesto que hay quienes no regresan, no obstante estos son vistos por la iglesia como una aportación a la sociedad, ya que son personas que por su preparación y formación contribuyen a formar una mejor colectividad allá donde decidan quedarse. Contagiando, con su forma de ser y hacer, un nuevo marco de referencia para todas aquellas personas con las que trabajan y conviven.   

Así, le comenté, cuando yo te decía que si ya habían decidido darse un espacio de un mes o dos para meditar tan trascendente paso, me refería a ese ejercicio de silencio y soledad que demanda toda decisión y más si es una decisión de vida, como lo es la relación de pareja.

Antes de darle oportunidad de reaccionar a mi comentario, le expuse varias cosas que la pareja debe meditar a fondo, como son los hijos y la relación de pareja. Le hice ver que el cociente intelectual lo heredan de la mamá, la fuerza de dirección (voluntad) del papá; de tal suerte que una mamá inteligente, tienen una muy alta posibilidad de engendrar hijos inteligentes, en donde ella, por ejemplo, debiera analizar no solo el cociente intelectual de él, sino la capacidad para enfrentar las oblicuidades de la vida y la forma en que éste sale adelante de ellas, pues es muy probable que los hijos hereden la forma de él.

El cerebro, le dije, no está hecho para pensar. Está hecho para adaptarse y sobrevivir. Esto quiere decir que al cerebro le tienes que enseñar a pensar, lo cual es de suma importancia, ya que cuando siembras pensamientos, cosechas actos; cuando siembras actos, cosechas hábitos; cuando siembras hábitos, cosechas costumbres y la costumbre termina convirtiéndose en una segunda naturaleza. De tal suerte que si quieres cambiar la naturaleza adquirida, te será menester enseñar a tu cerebro a pensar para que este pueda sembrar pensamientos que terminen manifestándose en una mejor forma de ser y hacer las cosas.

El problema, si se me permite llamarlo así, es que requieres de un espacio de silencio y soledad para escucharte y poner en orden tu mente, y esto difícilmente lo vas a poder hacer en un entorno donde la presión familiar de uno y otro, la emoción propia del proceso, y la presión de amigos y sociedad en general, son las que mandan.

De igual manera está el tema de los fantasmas del amor. Los fantasmas del amor son todos esos miedos e inseguridades que uno carga…, este o no consciente de ellas. Las inseguridades, aquellas que ya tenemos identificadas más aquellas que aún no llevamos a la conciencia, terminaran incidiendo en la calidad de la relación y/o en el futuro de la misma.

Veamos algunos ejemplos: un hombre que por natura adquirida tema que la mujer le pueda ser infiel, tenderá a ejercer tal nivel de control y asedio en la pareja, que esta, inevitablemente, buscará la forma de escapar de él… Y cuando esto suceda, él se dirá a sí mismo: “tenía yo razón”.

Lo malo de esto es que al hacer que ella se escape de él, su profecía cumplida (esas que uno hace que sucedan), le va a servir para reforzar sus fantasmas y con ellos su segunda naturaleza, lo cual, inevitablemente, extrapolará en todas sus relaciones con el sexo complementario.

Como era de esperarse esta fue la parte que lo atrapo; la de los fantasmas del amor. Me hizo un mundo de preguntas al respecto y la forma en que estos inciden en la relación, así como si había forma de manejarlos.

Le comenté que sí, que si había forma de dirigirlos y controlarlos, pero que por razones obvias no podía hablar de los fantasmas de ella, debido a que no tengo forma de hacerlo y que de tenerla, me seria menester que ella estuviera presente y diera su anuencia. Pero que si podía, si él me lo permitía, hablar de los fantasmas de él. En donde lo más importante es que él tuviera claro cuál o cuáles son sus fantasmas y la forma en que estos inciden en él, ya que jamás podrá dirigir y mucho menos cambiar, lo que no conoces.

De inmediato me compartió algunos de sus fantasmas, los cuales al revisarlos no pasaron el filtro, mientras que otros, que eran obvios a mas no poder, jamás los menciono. Le hice ver que los fantasmas (miedos e inseguridades) no son exclusivos del amor. Estos operan en todos los ámbitos del ser, sin embargo, es en el amor donde más inciden, ya que no hay nada más trascendental que el amor. Esté, en cualquiera de sus manifestaciones, es lo que le da sentido a nuestra vida. Todo lo demás, por importante que sea, es funcional, transitorio y accidental.

Le mencione varios ejemplos, de los cuales me circunscribiré a mencionar algunos de ellos: “el miedo al compromiso”. El joven en cuestión me comentó que a él le enseñaron en casa que el “compromiso mata el amor”. En otras palabras, sus cuitas y canguelos tenían que ver más con el miedo a que el compromiso del matrimonio mate el amor que con la boda en sí.

Él creció en un hogar en donde una madre fuera de lo común, le decía a él y a sus hermanos que el compromiso mata el amor. Que el amor debe estar por arriba de cualquier compromiso y que si el amor necesita de un compromiso para ser, entonces no es amor.

La mamá le hacía ver a sus hijos (dos hombres y una mujer) que para la gran mayoría de la gente lo importante no es el otro en si, sino el matrimonio. Y que cuando el otro no da muestras de querer formalizar la relación vía un contrato matrimonial, lo común es que terminen la relación para estar casados con otra persona en muy poco tiempo.

Entiendo lo dicho por la madre, ya que efectivamente hay mucha gente para lo cual lo importante no es el boda, sino el novio; no el hijo, sino el bautizo, no el muerto, sino el funeral, sin embargo la realidad es que es muy fácil darse cuenta desde un principio si la otra persona es de aquellas en donde lo importante no es el otro, sino lo que envuelve al otro. 

En alguna ocasión conocí a una mujer que me decía que su sueño era casarse en la catedral, que esta estuviera llena de flores y de gente para que la vieran todas sus amigas, a lo respondí de inmediato: ¿Cómo? Si tú no eres católica. A lo que presto respondió: Y eso que tiene que ver. Lo importante es que me vean mis amigas… El novio y todo lo demás es accidental, puede ser uno u otro, lo importante es que todas mis amigas vean que me case y que tuve la mejor boda del mundo. 

Para este tipo de personas lo común es que las relaciones tengan fecha de caducidad, sin embargo la realidad es que la cada vez más manifiesta fecha de caducidad de las relaciones, ha hecho que esta se convierta en un fantasma del amor que se suma a los ya heredados.

Para ilustrar estos, me abocaré a enunciar algunos ejemplos de gente próxima a mí:

Miriam es una mujer que está en sus primeros cuarentas. A Miriam la signo una supuesta infidelidad de su madre. Cuando ella era una niña vio a su madre platicando con un hombre que no era su papá. Esto la llevo a construir en su mente una infidelidad que nadie más en su casa vivió pero que a ella la signo de por vida.

Esta construcción que hizo en su mente, la ha llevado a ver con muy malos ojos cualquier conducta impropia a sus ojos, aun cuando estas sean comunes y cotidianas en un entorno donde las redes sociales y la comunidad, son la norma.

Si su pareja voltea a ver a alguien que entra a un lugar y esa persona es una mujer, este voltear a ver es una traición. Si este mantiene contacto con compañeras o amigas del pasado, aun cuando no haya en ellas más que una amistad de años, es una traición. Si él le da un “me gusta” a cualquier publicación donde la imagen sea una mujer o sea publicada por una mujer, es una traición. 

Está por demás decir que la relación que sostiene con su pareja no es la mejor, amén de que ella guarda en su mente todos y cada uno de aquellos actos que considera innobles de parte de él. Actos, que sin duda alguna, sanan con el tiempo la herida que lastima, pero que le dejan una cicatriz que recuerda, distorsiona y engrandece el acto. La relación de ellos, huelga decirlo, está condenada al fracaso…. No por algo real, pero si imaginado.

Otro fantasma común es el de la familia de origen. Hay quienes tienen un miedo enorme a perder contacto con su familia, por lo que desde el noviazgo hacen hasta lo imposible para que el otro se integre como parte esencial en la familia de él o de ella.

Rafael es un hombre que está en sus primeros cincuentas y tiene un matrimonio de varias décadas. Para él lo más importante es la familia de origen, es decir, sus papás, hermanos, cuñados y sobrinos. Su esposa e hijos los da por hechos, por lo que todo su esfuerzo se encamina en atender a sus papás y agregados.

Sus hijos, que nacieron y crecieron en ese entorno, lo ven normal, sin embargo la esposa no lo ve así. Y si han durado más de tres décadas se debe a que uno de los fantasmas que rigen la vida de ella, es el de la no disolución del matrimonio. No obstante eso no quiere decir que la relación sea la mejor.

El fantasma del control.
Blanca creció en un hogar donde el control era la norma. Su papá, hombre al que idolatró por sobre todas las demás personas, incluido pareja e hijos, era un hombre con un nivel de control y con una capacidad administrativa inigualable.

Hace algunos años me invitaron a comer a casa de los papas de Blanca. Conocí al señor, platique con él y entre los temas que salieron a palestra, destaco el del oneroso costo de la luz eléctrica. Al responder un servidor que no estaba seguro de que el costo de la misma en el devenir del tiempo fuera en los porcentajes que él mencionaba, se paró de inmediato, fue a su estudio y regreso con una caja en donde tenía archivados todos y cada uno de los recibos de luz pagados en su vida.

Me mostró con datos, y con el análisis que había hecho (graficas, porcentajes y demás menesteres), la solides de sus argumentos. Le pregunté si tenía la misma información de los otros servicios (agua, gas, etcétera) y me contesto que tenía todo: agua, gas, despensa, colegiaturas, boletos de avión, tickets de restaurantes y un mundo de cosas más. En ese momento entendí a Blanca y con ello la relación que sostiene con su pareja, la cual, huelga decirlo, esta cien por cien subordinado a ella.

Con quien estar versus con quien ser.
Saúl es un hombre que está en sus primeros cuarentas. Se divorció hace poco más de diez años y de ese entonces a la fecha se ha abocado a sus negocios. Sin embargo, recién hace unos meses en esas oblicuidades que tiene la vida, coincide en un evento con una excompañera de la facultad de leyes que era la causante de sus insomnios, por lo menos hasta que él se fue a estudiar la maestría al extranjero. 

Regreso casado y metió en el cajón de los olvidos a la dama en cuestión. Las cosas no caminaron bien en su matrimonio, se divorciaron en muy buenos términos, conservando una muy buena relación hasta la fecha. Se aboco a los negocios y jamás pensó en sacar del cajón del olvido a persona alguna, hasta que la vida lo hizo coincidir con ella en un evento.

Por azares del destino tuve la oportunidad de trabajar estrechamente con ambos, con él, como socio de algunos negocios y con ella como abogada. En todo ese intervalo, jamás salió a la palestra el nombre de uno u otro al hacer negocios, ya que en todos los proyectos en los que ella me apoyo, no estuvo involucrado Saúl. Y en los proyectos que realice con él, nos apoyábamos en sus abogados y en él mismo.

Mi azoro, cuando los vi juntos en un restaurante, fue mayúsculo, ya que la natura y la mente de uno y otro son diametralmente opuestos y por lo tanto no complementarios. Saúl es mi socio y amigo, por lo que cuando él me compartió su alegría, le escuche con atención y ya una vez que termino su exposición, le hice ver que ambos formaban una pareja impensable.

Le comenté que para mí era un misterio la forma en que iban a cohabitar los fantasmas de uno y otro, y más aún, la mente de uno y otro, pero que me daba mucho gusto por ellos. Al último le dije que no olvidara que lo más importante en el amor, no es con quien estar, sino con quien ser.

Estar, no tiene ciencia, el instinto se encarga de ello, no obstante, ser con alguien, es algo que muy pocos pueden lograr, ya que el ser con alguien demanda que instinto y mente se empaten en una sola persona, amén de que ambos, él y ella, trabajen intensamente en la identificación de sus fantasmas para no permitir que estos echen a perder la relación.

Todos, le comenté, tenemos fantasmas, sin embargo, pocos son los que deciden saltar al abismo del interior… A lo más profundo del yo para buscar en él el origen de nuestros fantasmas, la forma en que han incidido e inciden en nosotros y la forma en que tenemos que dirigirlos. La gran mayoría de nuestros fantasmas, ya una vez identificados de origen, no pasan el tamiz de la lógica y de la razón, son, casi todos son, en esencia, falsas evidencias que hemos hecho reales.  

Retomando el tema, cerré la plática con el joven en cuestión, preguntándole si entendía el porqué de darse un tiempo en silencio y soledad para analizarse a sí mismo; identificar sus fantasmas y dirigirlos, al tiempo que analiza los de ella y evalúa, en función de la historia entre ellos, que tan identificados los tiene para poder recibir retroalimentación de parte de él, pero más importante aún, si ella es la persona con la que puede ser y si él es la persona con la que ella puede ser, ya que estar no tiene ciencia, se puede estar con mucha gente, pero poder ser con el otro y que el otro pueda ser con uno, es algo que poco pensamos, y por ende, poco logramos.

Nos leemos en el siguiente artículo.