martes, 5 de febrero de 2019

Los fantasmas del amor.


Todos tenemos nuestros fantasmas. Los fantasmas son esas ideas, miedos o paradigmas que inconscientemente nos crearon en la infancia y que nos han acompañado en el devenir de la vida. Fantasmas a los cuales hay que agregar aquellos que conscientemente nos creamos en la adolescencia y edad adulta, los cuales, como no, reforzamos con esmero en el día a día de nuestra cotidianidad, al grado que muchos de nosotros hasta nos sentimos orgullosos de ellos.

Los fantasma (miedo e inseguridades conscientes e inconscientes) están en todos los ámbitos del ser. Los encontramos en nuestra relación de pareja así como en la relación con nuestros hijos, socios, amigos y conocidos. No hay forma de que estos no pueblen todos y cada una de nuestras decisiones y actos, no obstante la realidad es que los fantasmas se pueden dirigir, sin embargo primero nos es menester identificarlos, reconocer la forma en que estos inciden en nosotros para poder aceptarlos y dirigirlos.

Recién platique con un joven que está en sus primeros treintas. Este, hasta donde él me había platicado, estaba próximo a contraer nupcias, por lo que para mí lo natural fue preguntarle cómo iban los preparativos de tan especial acontecimiento. Su respuesta fue la propia de una persona que está próximo a ello, no obstante lo que me azoro no fue su respuesta, sino el lenguaje corporal, así como los sutiles pero determinantes cambios que se dieron en la arquitectura de su rostro y los decibelios que uso para comentar el tema.

Pudiera decirles que por desviación de oficio me aboque a explorar el porqué de sus reacciones, sin embargo la realidad es que no fue el gusto por la investigación antropológica lo que me impulso a ello, sino el morbo y la estulticia, ya que, desde fuera se veían como una pareja modelo.

Lo comenté que dese mi óptica la relación de pareja es la decisión más trascendental de un ser humano, por lo que lo prudente es que aun cuando crean que están cien por cien seguros en lo emocional y racional, se den la oportunidad de tomar un poco de tiempo en silencio y soledad para meditar profundamente el tema. Mi comentario no solo hizo que las orbitas oculares llegaran a su máximo, sino que además manifestó un ligero incordio, por lo que me disculpé de inmediato y le pedí que me permitiera explicar el porqué de mi dicho.

Le comenté que en los seminarios católicos se acostumbra, con mucha inteligencia y prudencia, darles a los jóvenes graduandos un año de vida civil fuera del seminario para que experimenten la vida antes de ordenarse como sacerdotes. En la inteligencia de que el que regrese al seminario lo hará después de haber constatado en piel y alma (mente) que lo suyo es el sacerdocio.

Por supuesto que hay quienes no regresan, no obstante estos son vistos por la iglesia como una aportación a la sociedad, ya que son personas que por su preparación y formación contribuyen a formar una mejor colectividad allá donde decidan quedarse. Contagiando, con su forma de ser y hacer, un nuevo marco de referencia para todas aquellas personas con las que trabajan y conviven.   

Así, le comenté, cuando yo te decía que si ya habían decidido darse un espacio de un mes o dos para meditar tan trascendente paso, me refería a ese ejercicio de silencio y soledad que demanda toda decisión y más si es una decisión de vida, como lo es la relación de pareja.

Antes de darle oportunidad de reaccionar a mi comentario, le expuse varias cosas que la pareja debe meditar a fondo, como son los hijos y la relación de pareja. Le hice ver que el cociente intelectual lo heredan de la mamá, la fuerza de dirección (voluntad) del papá; de tal suerte que una mamá inteligente, tienen una muy alta posibilidad de engendrar hijos inteligentes, en donde ella, por ejemplo, debiera analizar no solo el cociente intelectual de él, sino la capacidad para enfrentar las oblicuidades de la vida y la forma en que éste sale adelante de ellas, pues es muy probable que los hijos hereden la forma de él.

El cerebro, le dije, no está hecho para pensar. Está hecho para adaptarse y sobrevivir. Esto quiere decir que al cerebro le tienes que enseñar a pensar, lo cual es de suma importancia, ya que cuando siembras pensamientos, cosechas actos; cuando siembras actos, cosechas hábitos; cuando siembras hábitos, cosechas costumbres y la costumbre termina convirtiéndose en una segunda naturaleza. De tal suerte que si quieres cambiar la naturaleza adquirida, te será menester enseñar a tu cerebro a pensar para que este pueda sembrar pensamientos que terminen manifestándose en una mejor forma de ser y hacer las cosas.

El problema, si se me permite llamarlo así, es que requieres de un espacio de silencio y soledad para escucharte y poner en orden tu mente, y esto difícilmente lo vas a poder hacer en un entorno donde la presión familiar de uno y otro, la emoción propia del proceso, y la presión de amigos y sociedad en general, son las que mandan.

De igual manera está el tema de los fantasmas del amor. Los fantasmas del amor son todos esos miedos e inseguridades que uno carga…, este o no consciente de ellas. Las inseguridades, aquellas que ya tenemos identificadas más aquellas que aún no llevamos a la conciencia, terminaran incidiendo en la calidad de la relación y/o en el futuro de la misma.

Veamos algunos ejemplos: un hombre que por natura adquirida tema que la mujer le pueda ser infiel, tenderá a ejercer tal nivel de control y asedio en la pareja, que esta, inevitablemente, buscará la forma de escapar de él… Y cuando esto suceda, él se dirá a sí mismo: “tenía yo razón”.

Lo malo de esto es que al hacer que ella se escape de él, su profecía cumplida (esas que uno hace que sucedan), le va a servir para reforzar sus fantasmas y con ellos su segunda naturaleza, lo cual, inevitablemente, extrapolará en todas sus relaciones con el sexo complementario.

Como era de esperarse esta fue la parte que lo atrapo; la de los fantasmas del amor. Me hizo un mundo de preguntas al respecto y la forma en que estos inciden en la relación, así como si había forma de manejarlos.

Le comenté que sí, que si había forma de dirigirlos y controlarlos, pero que por razones obvias no podía hablar de los fantasmas de ella, debido a que no tengo forma de hacerlo y que de tenerla, me seria menester que ella estuviera presente y diera su anuencia. Pero que si podía, si él me lo permitía, hablar de los fantasmas de él. En donde lo más importante es que él tuviera claro cuál o cuáles son sus fantasmas y la forma en que estos inciden en él, ya que jamás podrá dirigir y mucho menos cambiar, lo que no conoces.

De inmediato me compartió algunos de sus fantasmas, los cuales al revisarlos no pasaron el filtro, mientras que otros, que eran obvios a mas no poder, jamás los menciono. Le hice ver que los fantasmas (miedos e inseguridades) no son exclusivos del amor. Estos operan en todos los ámbitos del ser, sin embargo, es en el amor donde más inciden, ya que no hay nada más trascendental que el amor. Esté, en cualquiera de sus manifestaciones, es lo que le da sentido a nuestra vida. Todo lo demás, por importante que sea, es funcional, transitorio y accidental.

Le mencione varios ejemplos, de los cuales me circunscribiré a mencionar algunos de ellos: “el miedo al compromiso”. El joven en cuestión me comentó que a él le enseñaron en casa que el “compromiso mata el amor”. En otras palabras, sus cuitas y canguelos tenían que ver más con el miedo a que el compromiso del matrimonio mate el amor que con la boda en sí.

Él creció en un hogar en donde una madre fuera de lo común, le decía a él y a sus hermanos que el compromiso mata el amor. Que el amor debe estar por arriba de cualquier compromiso y que si el amor necesita de un compromiso para ser, entonces no es amor.

La mamá le hacía ver a sus hijos (dos hombres y una mujer) que para la gran mayoría de la gente lo importante no es el otro en si, sino el matrimonio. Y que cuando el otro no da muestras de querer formalizar la relación vía un contrato matrimonial, lo común es que terminen la relación para estar casados con otra persona en muy poco tiempo.

Entiendo lo dicho por la madre, ya que efectivamente hay mucha gente para lo cual lo importante no es el boda, sino el novio; no el hijo, sino el bautizo, no el muerto, sino el funeral, sin embargo la realidad es que es muy fácil darse cuenta desde un principio si la otra persona es de aquellas en donde lo importante no es el otro, sino lo que envuelve al otro. 

En alguna ocasión conocí a una mujer que me decía que su sueño era casarse en la catedral, que esta estuviera llena de flores y de gente para que la vieran todas sus amigas, a lo respondí de inmediato: ¿Cómo? Si tú no eres católica. A lo que presto respondió: Y eso que tiene que ver. Lo importante es que me vean mis amigas… El novio y todo lo demás es accidental, puede ser uno u otro, lo importante es que todas mis amigas vean que me case y que tuve la mejor boda del mundo. 

Para este tipo de personas lo común es que las relaciones tengan fecha de caducidad, sin embargo la realidad es que la cada vez más manifiesta fecha de caducidad de las relaciones, ha hecho que esta se convierta en un fantasma del amor que se suma a los ya heredados.

Para ilustrar estos, me abocaré a enunciar algunos ejemplos de gente próxima a mí:

Miriam es una mujer que está en sus primeros cuarentas. A Miriam la signo una supuesta infidelidad de su madre. Cuando ella era una niña vio a su madre platicando con un hombre que no era su papá. Esto la llevo a construir en su mente una infidelidad que nadie más en su casa vivió pero que a ella la signo de por vida.

Esta construcción que hizo en su mente, la ha llevado a ver con muy malos ojos cualquier conducta impropia a sus ojos, aun cuando estas sean comunes y cotidianas en un entorno donde las redes sociales y la comunidad, son la norma.

Si su pareja voltea a ver a alguien que entra a un lugar y esa persona es una mujer, este voltear a ver es una traición. Si este mantiene contacto con compañeras o amigas del pasado, aun cuando no haya en ellas más que una amistad de años, es una traición. Si él le da un “me gusta” a cualquier publicación donde la imagen sea una mujer o sea publicada por una mujer, es una traición. 

Está por demás decir que la relación que sostiene con su pareja no es la mejor, amén de que ella guarda en su mente todos y cada uno de aquellos actos que considera innobles de parte de él. Actos, que sin duda alguna, sanan con el tiempo la herida que lastima, pero que le dejan una cicatriz que recuerda, distorsiona y engrandece el acto. La relación de ellos, huelga decirlo, está condenada al fracaso…. No por algo real, pero si imaginado.

Otro fantasma común es el de la familia de origen. Hay quienes tienen un miedo enorme a perder contacto con su familia, por lo que desde el noviazgo hacen hasta lo imposible para que el otro se integre como parte esencial en la familia de él o de ella.

Rafael es un hombre que está en sus primeros cincuentas y tiene un matrimonio de varias décadas. Para él lo más importante es la familia de origen, es decir, sus papás, hermanos, cuñados y sobrinos. Su esposa e hijos los da por hechos, por lo que todo su esfuerzo se encamina en atender a sus papás y agregados.

Sus hijos, que nacieron y crecieron en ese entorno, lo ven normal, sin embargo la esposa no lo ve así. Y si han durado más de tres décadas se debe a que uno de los fantasmas que rigen la vida de ella, es el de la no disolución del matrimonio. No obstante eso no quiere decir que la relación sea la mejor.

El fantasma del control.
Blanca creció en un hogar donde el control era la norma. Su papá, hombre al que idolatró por sobre todas las demás personas, incluido pareja e hijos, era un hombre con un nivel de control y con una capacidad administrativa inigualable.

Hace algunos años me invitaron a comer a casa de los papas de Blanca. Conocí al señor, platique con él y entre los temas que salieron a palestra, destaco el del oneroso costo de la luz eléctrica. Al responder un servidor que no estaba seguro de que el costo de la misma en el devenir del tiempo fuera en los porcentajes que él mencionaba, se paró de inmediato, fue a su estudio y regreso con una caja en donde tenía archivados todos y cada uno de los recibos de luz pagados en su vida.

Me mostró con datos, y con el análisis que había hecho (graficas, porcentajes y demás menesteres), la solides de sus argumentos. Le pregunté si tenía la misma información de los otros servicios (agua, gas, etcétera) y me contesto que tenía todo: agua, gas, despensa, colegiaturas, boletos de avión, tickets de restaurantes y un mundo de cosas más. En ese momento entendí a Blanca y con ello la relación que sostiene con su pareja, la cual, huelga decirlo, esta cien por cien subordinado a ella.

Con quien estar versus con quien ser.
Saúl es un hombre que está en sus primeros cuarentas. Se divorció hace poco más de diez años y de ese entonces a la fecha se ha abocado a sus negocios. Sin embargo, recién hace unos meses en esas oblicuidades que tiene la vida, coincide en un evento con una excompañera de la facultad de leyes que era la causante de sus insomnios, por lo menos hasta que él se fue a estudiar la maestría al extranjero. 

Regreso casado y metió en el cajón de los olvidos a la dama en cuestión. Las cosas no caminaron bien en su matrimonio, se divorciaron en muy buenos términos, conservando una muy buena relación hasta la fecha. Se aboco a los negocios y jamás pensó en sacar del cajón del olvido a persona alguna, hasta que la vida lo hizo coincidir con ella en un evento.

Por azares del destino tuve la oportunidad de trabajar estrechamente con ambos, con él, como socio de algunos negocios y con ella como abogada. En todo ese intervalo, jamás salió a la palestra el nombre de uno u otro al hacer negocios, ya que en todos los proyectos en los que ella me apoyo, no estuvo involucrado Saúl. Y en los proyectos que realice con él, nos apoyábamos en sus abogados y en él mismo.

Mi azoro, cuando los vi juntos en un restaurante, fue mayúsculo, ya que la natura y la mente de uno y otro son diametralmente opuestos y por lo tanto no complementarios. Saúl es mi socio y amigo, por lo que cuando él me compartió su alegría, le escuche con atención y ya una vez que termino su exposición, le hice ver que ambos formaban una pareja impensable.

Le comenté que para mí era un misterio la forma en que iban a cohabitar los fantasmas de uno y otro, y más aún, la mente de uno y otro, pero que me daba mucho gusto por ellos. Al último le dije que no olvidara que lo más importante en el amor, no es con quien estar, sino con quien ser.

Estar, no tiene ciencia, el instinto se encarga de ello, no obstante, ser con alguien, es algo que muy pocos pueden lograr, ya que el ser con alguien demanda que instinto y mente se empaten en una sola persona, amén de que ambos, él y ella, trabajen intensamente en la identificación de sus fantasmas para no permitir que estos echen a perder la relación.

Todos, le comenté, tenemos fantasmas, sin embargo, pocos son los que deciden saltar al abismo del interior… A lo más profundo del yo para buscar en él el origen de nuestros fantasmas, la forma en que han incidido e inciden en nosotros y la forma en que tenemos que dirigirlos. La gran mayoría de nuestros fantasmas, ya una vez identificados de origen, no pasan el tamiz de la lógica y de la razón, son, casi todos son, en esencia, falsas evidencias que hemos hecho reales.  

Retomando el tema, cerré la plática con el joven en cuestión, preguntándole si entendía el porqué de darse un tiempo en silencio y soledad para analizarse a sí mismo; identificar sus fantasmas y dirigirlos, al tiempo que analiza los de ella y evalúa, en función de la historia entre ellos, que tan identificados los tiene para poder recibir retroalimentación de parte de él, pero más importante aún, si ella es la persona con la que puede ser y si él es la persona con la que ella puede ser, ya que estar no tiene ciencia, se puede estar con mucha gente, pero poder ser con el otro y que el otro pueda ser con uno, es algo que poco pensamos, y por ende, poco logramos.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 16 de enero de 2019

El dispendio de lo inútil.


El mes de diciembre es atípico respecto a los demás meses del año y lo es en muchos ámbitos. Lo es en lo empresarial, bancario y comercial, amén, claro está, de la parte espiritual y familiar. No obstante lo que hoy me impele a pulsar las teclas no es lo espiritual ni la tradición occidental de la navidad, lo que me impele a pulsar las teclas es el enorme dispendio de lo inútil que se manifiesta en estas fechas.

Diciembre es un mes en el que las empresas y bancos hacen el correspondiente cierre contable, financiero y fiscal, previo a la onerosa responsabilidad del pago de impuestos. Razón por la cual en mi trabajo me es menester viajar a diferentes latitudes para entrevistarme con inversionistas de muy alto espectro, con los CEO de los Bancos con los que trabajamos, así como con algunos de los Gobernadores de los Bancos Centrales de dichos lugares.

Esto me ha permitido ser testigo de lo que la idea de la navidad hace en la mente de la Masa, ya que esta se comporta igual en cualquier parte del mundo. La Masa está conformada por esa ingente multitud de seres en los que el sentimiento prima sobre el pensamiento, tanto que han hecho del sentimiento un pensamiento. La Masa no piensa. La Masa siente y cuando siente, siente que piensa.

A la Masa es muy fácil motivarla a la acción. Lo único que se requiere es venderles una idea, concepto o producto que les haga sentir que son parte de algo. El motor de la compra en la Masa es la persuasión emotiva (chantaje emocional). Si usted quiere venderle algo a la Masa es menester que la venta posea una alta dosis de chantaje emocional…. Si usted adquiere esto se va a sentir…; si usted lleva a esto a su casa su familia será feliz…; si se toma esto será tan bella como…; y muchas cosas más.  

La Masa, en el cien por cien de los casos, no compra función, compra identidad. Por lo general dispendian el poco mucho dinero que tienen en cosas totalmente innecesarias.

La verdad es negociable, la razón, no.
Una característica de la Masa es que esta siempre está negociando la verdad, y la razón por la que optan negociar con la verdad es que no se puede negociar con la razón

Permítaseme un ejemplo del ámbito de las finanzas. El intercambio de divisas en el mundo es más de cinco trillones de dólares al día. Todos los días se compran y se venden una ingente cantidad de divisas, por lo que el precio de estas siempre esta fluctuando en función de la cantidad y el lugar donde se compren y vendan.

A mi llegada a México me busco un conocido para decirme que tenía entre manos el negocio de su vida. Que le ofrecían en oportunidad cajas enteras de dólares de Zimbabue, las que en total sumaban más de cien trillones de dólares, y que necesitaba mi ayuda para instrumentar la compra. Le comenté que esos billetes no tenían valor, que no perdiera el tiempo con eso y que se abocara a perseguir realidades, no fantasías.

Mi respuesta lo incordio a más no poder por lo que su respuesta no se hizo esperar. Ya una vez que termino de decirme lo que me tenía que decir, me disculpe con él por lo impropio de mis formas, haciéndole ver que mi negativa no obedecía a la operación en sí, sino a la paridad de la moneda, ya que se requerían doscientos sesenta y dos mil dólares de Zimbabue para poder comprar un dólar americano.

Me comentó que si la gente está comprando los dólares de Zimbabue era porque estos tienen valor en el mercado y que no iba a dejar pasar esa oportunidad. Le dese suerte y no volví a saber de él hasta que regreso a mí para decirme que había hecho la operación y que no sabía qué hacer con ellos, ya que ningún banco o casa de cambio le quería pagar el valor que él había pagado por ellos.

En estricto sentido esta persona prefirió negociar con la verdad (si la gente lo compra es porque tiene valor en el mercado) y cerrase a la razón (paridad cambiaría).  Usted podrá pensar que el yerro de este hombre fue mayúsculo, sin embargo la realidad es que negociamos con la verdad mucho más allá de lo que pensamos, si es que lo pensamos.

Observe a la gente próxima a usted. Cuántas veces ha sido testigo de que aun cuando la razón les dice que no procedan con tal o cual cosa, estas, haciendo a un lado a la razón, optaron por negociar con la verdad, en aras de que un día las cosas cambien o mejoren.

La verdad es negociable, la razón, no. La Masa vive negociando con la verdad. La razón les dice que están mal, pero la esperanza es tal, que llegan a imaginar que al adquirir ese algo que no necesitan…, o al vinculare emocionalmente con ese otro que a todos luces no es, se llegaran a convertir en eso que la publicidad les dice o en aquello que la ilusión les dicta, lo que ineluctablemente los llevará a ignorar a la razón.

Así, pues, a la Masa no la mueve lo veraz, lo que la impele a la acción es lo verosímil (aquello que parece verdad pero no lo es). Este amor por lo verosímil les lleva a comprar todo aquello que siente que le brinda una identidad de momento. Una marca, símbolo o imagen que les hace sentir, de manera fugaz y estéril, que son parte de un algo, aun cuando ese algo sea una entelequia, y como tal, irreal.

Entre mayor sea el vacío interior de una persona, mayor será su nivel de consumo.
Por favor no se ofenda, todos somos consumidores. Aquí nos referimos específicamente a esas personas que sienten una ingente necesidad de acudir semana a semana a las tiendas o centros comerciales para adquirir algo, lo que sea, pero algo. Son personas que siempre viven en la orilla del presupuesto o excediendo en poco o en mucho su relación gasto / ingreso.

Por el contrario, una persona que trabaja consigo mismo para llenar su vacío interior, acudirá a las tiendas por excepción, comprando única y exclusivamente lo que en función necesita, cuidando en todo momento la relación precio valor. Para estas personas la marca es lo de menos. Ellos son marca (identidad), no necesitan adquirir una para sentir que son, que existen.

El consumo, contra lo que se cree, no tiene que ver con el poder adquisitivo. Tiene que ver con el vacío interior. A mayor vacío, mayor consumo.

El tema no es cuánto gasta una persona, sino la relación gasto / ingreso que esta tiene. Una persona puede ganar mucho o poco dinero y gastar una buena parte de él en cosas totalmente innecesarias. El motor de este gasto siempre será el de subsanar el vacío interior que le consume. Este gasto es lo que llamamos: el dispendio de lo inútil.

Al regreso de mi viaje me reuní con mis hijos y socios para comentar los avatares del mismo, al tiempo que me enteraba de los propios de este lado. En ese momento me comentaron de una persona que necesitaba entrevistarse conmigo. Me entreviste con la dama en cuestión, atendí su tema y después sostuvimos un poco de charla social. De esa en la que se habla mucho sin decir nada.

En el curso de la misma me preguntó por el devenir de mi viaje y sin entrar en detalles que no le concernían, le comente que regrese azorado ante el irracional y alógico nivel de gasto de la Masa. Ella, que dos o tres veces por semana acude a tiendas o centros comerciales a comprar algo, me respondió, haciendo de su biografía el centro del universo: que la gasta mucho, porque gana mucho.

Ella, huelga decirlo, gana mucho y gasta mucho. No obstante y aun cuando opte por no replicar su comentario, este me llevo a pensar en todos esos potentados que ganan cantidades impensables de dinero y que llevan una vida similar a la que llevamos usted y yo.

De todos es conocido el caso de Warren Buffet. Este vive en la casa que compro cuando se casó. Marck Zuckerberg, el CEO de Facebook conduce un carro común como un hombre común. Y así como ellos muchos otros que saben que el dinero no es para gastar, sino para invertir.

Hogares de consumo.
Vivimos inmersos en cultura de consumo. Los hogares que imperaron en los primeros dos cuartiles del siglo pasado, eran los hogares productivos. En ellos trabajaban todos. Las responsabilidades de los miembros de la familia eran determinadas por sus edades. En las casas había huertos familiares, ya sea en macetas o patios, pero se sembraba parte de lo que se consumía.

En el tercer cuartil del siglo pasado (1951 -1975), la cultura fue migrando hacia la instrucción pública. Lo importante ya no era producir, era estudiar para poder lograr una preparación que nos brindara mejores oportunidades laborales que las que habían tenido nuestros padres. Así, sin darnos cuenta, fuimos abandonando la idea de la producción en aras de la idea de la instrucción, como si ambas fueran incompatibles.

Para el cuarto cuartil del siglo XX (1976 – 2000), la cultura de consumo era la norma. Los hogares productivos eran la excepción. Estos se veían más como un indicador de pobreza que de producción… Los hogares en los que tenían que trabajar todos, eran vistos como hogares en donde las cosas no iban bien.

Hoy, en el primer cuartil del siglo XXI, lo único que ya no existe son los hogares productivos. Todo en el hogar se centra en el tener, no en el hacer. Padres e hijos se sienten orgullosos cuando estos últimos logran obtener su primera tarjeta de crédito, el cual es un crédito para el consumo, no para la inversión.

Los padres se sienten satisfechos cuando los hijos compran su primer televisor, teléfono celular, automóvil y demás menesteres, cuando lo que les debiera preocupar es que todo ello los condena a trabajar para pagar, no para crear un patrimonio que trabaje para ellos.  

El éxito lo medimos cada vez más por el consumo, no por la inversión. Y lo que es peor es que una buena parte de la Masa imagina que todo lo que compra es una inversión.

Estamos rodeados de cosas que no necesitamos pero que compramos porque nos han dicho que son necesarias para vestir una casa, lo cual es entendible (todos queremos una casa cómoda). Lo que no es entendible es que busquemos adquirir las mejores cosas que nuestro presupuesto pueda comprar, aun cuando sean cosas que jamás van a devengar su costo. Lo que tenemos que comprar es función, no marca.

Entre menos identidad tiene una persona, más gasta en marca. La función, para ellos, es irrelevante. Lo importante es la marca, ya que esta les da una marca (identidad) que no poseen como persona.

Pensar que se piensa no es pensar, es imaginar.
La Masa piensa poco y lo poco que piensa lo piensa mal. Recién escribí de un joven que se compró el celular de moda aun cuando el suyo tenía menos de un año; se compró un reloj para que este le avise que tiene un mensaje o llamada, y así como estas, un sin número de fatuidades más que lo único que hacen es esclavizarlo a un trabajo que no le gusta, pero que le es obligado conservar para poder pagar cosas que compro y no necesita.

En mi odisea bancaria de fin de año coincidí con una conocida la cual se había ido con su esposo e hijos a pasar las fiestas decembrinas a una de las islas del caribe. Comí con ellos un día y en la comida me comentaron todo lo que habían comprado, aprovechando que no tenían que pagar impuestos en ese lugar. La compra era cuantiosa, ya que compraron relojes, collares, anillos y pulseras que sumaban varios miles de dólares.

Ellos están en el negocio de los seguros y son muy exitosos. Su razonamiento fue que eso les ayudaría a vender una imagen de éxito, lo cual es de suma importancia al momento de cerrar una operación de seguros.

Esto, que a todas luces es falso, es un claro ejemplo de que pensar que se piensa no es pensar, es imaginar. Lo malo es que hasta la imaginación es mala. Ya que bien podrían imaginar nuevas formas de vender en lugar de dispendiar su dinero a lo tonto, en aras de algo que es verosímil pero no veraz.

En el mismo viaje me entreviste con algunos inversionistas de muy alto espectro. Inversionistas que en un mes mueven lo que ellos en un año, sin embargo estos, como buenos inversionistas, se dan el lujo de tener una casa cómoda, con unas vistas inmejorables, en donde el objetivo de ellos no es gastar por gastar, sino construir una plataforma de inversiones que trabaje para ellos y no al revés.

Lo único que uno gana al gastar por gastar, es hacer más hondo el vacío interior, ya que el dispendio de lo inútil nos mete en una espiral sin fin en la que nos es menester trabajar en demasía para poder pagar todo eso que adquirimos y que no necesitamos.

La única forma de salir de esta espiral es trabajar con uno mismo. Es menester aprender a brindarse espacios de soledad y silencio en los que ineluctablemente se escuchara a sí mismo. Lo más probable es que lo escuche no le guste, pero si usted deja de negociar con la verdad, descubrirá que la razón no miente. Esta le dirá las cosas con una lógica tan contundente, que no le será posible negociar con la verdad.

Nos leemos en el siguiente artículo.

martes, 15 de enero de 2019

El erotómano.


Una es la relación sexual, otra el erotismo y otra más el amor.

Los seres humanos nos movemos en el combés de la relación de pareja en tres estadios: la Relación sexual; el Erotismo y el Amor. Entre ellos no hay aproximación alguna. Cada una es en sí misma una entidad diferente, con características únicas y diferenciadas. Y lo único que no debemos es confundir una con otra o creer que una es la otra. Son complementarias pero diferentes entre sí.  

El amor se nutre de la relación sexual y del erotismo, pero a diferencia de ellos, el amor en cuanto Amor se manifiesta siempre en una sola dirección, en una sola persona.

En el amor no hay cupo para nadie que no sea la persona amada. Esa que en si misma representa nuestra otredad (ese que es un yo mismo pero mejorado). El amor nos impele a entregar el cuerpo (relación sexual) y la mente (erotismo) a una sola persona. En el amor no cabe ni la más mínima posibilidad de estar con alguien más que no sea la persona amada, la cual no solo puebla todo nuestro ser, sino que además es motor y destino de todo lo que necesitamos, queremos y deseamos. 

En el amor no hay cupo para tres. El amor es unidireccional. El otro representa el culmen de nuestros anhelos, tanto en lo referente al instinto (relación sexual), como en lo concerniente al ente de nuestros deseos (erotismo). No obstante lo más común es que las personas confundan el instinto y/o el erotismo con amor, con los consabidos problemas que esto conlleva.

El instinto y el erotismo no son unidireccionales. Todo lo contrario, se manifiestan en múltiples direcciones. El instinto se va a manifestar con cuanta persona posea la carga genética que necesitamos para mejorar la nuestra. La mente, por el contrario, no tiene nada que ver con el instinto, como no sea para refrenarlo. A diferencia de la mente, el instinto opera por sí solo, llevándonos a gravitar sobre aquella o aquellas personas que genéticamente nos completan y complementan.

Con erotismo acaece algo similar, salvo que este no tiene nada que ver con el instinto, sino con la cultura y con el hedonismo. El eros está en la mente, lo que significa que este lo tienes que construir. En donde el secreto del erotismo está en entender que el quid de este está subordinado al nivel cultural del individuo y a la idea de placer que está ha edificado en su mente. Es importante no confundir cultura con instrucción académica. Una persona puede leer mucho y haberse graduado de varias carreras, maestrías y doctorados y no ser culta.

Una persona culta es aquella que no solo ha estado expuesta a otras latitudes y culturas (formas de ser), sino que además las entiende. De nada sirve viajar a otra latitud, tomarse fotografías, visitar los lugares emblemáticos de la ciudad o país, si al finalizar no hemos logrado entender la forma de ser de sus habitantes y la o las razones que los han llevado a ser así.

Una persona culta es aquella que entiende más formas de ser, no para juzgar, no para criticar, señalar o diferenciar, sino para entender, asimilar y actuar. Una persona que entiende más formas de ser, tenderá, por antonomasia, a desarrollar un criterio más amplio y una mente más abierta y flexible, lo que le permitirá explorar nuevas formas de expresión en el ser y el hacer de su persona.

Por el contrario una persona instruida pero inculta, tendera a mostrase más cerrada, dogmática y critica, por lo que su apertura a explorar nuevas formas estará seriamente acotada, afectando con ello el potencial y expresión de su eros, lo que hace que la monotonía en ellos sea una constante tanto en su ser como en su hacer. Podrás verlos hoy, regresar en unos años y encontrar casi lo mismo. Las variaciones serán de forma, pero no de fondo.
Veamos, para ejemplificar el tema de la cultura, la pornografía. Entre más inculta es una persona, más pornografía ve, distorsionando con ello su mente y con ella su idea de placer, ya que la pornografía no hace otra cosa más que mostrar las fantasías de hombres muy limitados y las mentiras de las mujeres. De tal suerte que estos (género masculino) cuando yacen con una mujer, esperan que esta se comporte y guste de lo mismo que las actrices que ve en la pantalla. Nada más lejos de la realidad.

Una persona culta sabe que el erotismo se inventa, se crea y que cada acto es una experiencia y cada geografía un continente. La paradoja del erotismo es que este necesita mínimo de amor para llegar a su culmen. A mayor amor, mayor eros. El eros en una pareja que no posea un mínimo de amor entre ellos, se disipara en la medida en que los actores vayan introyectando al otro. A los dos años, la pareja empezara a buscar nuevos rostros, geografías y mentes que en su no fundamentada razón, los lleve a alcanzar nuevas cotas de placer.

Procederemos a explicar un poco más a detalle las características de uno y otro (relación sexual y erotismo) para poder entender y dirigir las diferencias.

La relación sexual es lineal.
Lo que importa en la relación sexual es el acto en sí, no sus formas.
En la relación sexual lo que prima es el instinto y la satisfacción de los impulsos que este genera. En el acto sexual no hay nada que nos distinga de las demás especies que pueblan el planeta. Es simplemente una copulación que en el instante se torna intensa, urgente, apremiante y satisfactoria.

No obstante la realidad es que terminado el acto no hay, en los actores, ningún vinculo más que el de la consumación. El interés por el otro regresará ya una vez que la biología haga lo suyo. No obstante al terminar el acto, lo apremiante es la separación. Cada uno sentirá la necesidad de su espacio y solo buscará al otro cuando su fisiología lo reclame.

La relación sexual, por lo general, es violenta, agresiva, no en lo referente a la agresión física sino a la acometida. La urgencia del instinto es tal que el acto se torna impetuoso, violento y expedito. Esto hace que la relación sexual se torne, las más de las veces, en un acto mecánico. Acto que los actores disfrazan de amor, y no quiere decir que no lo haya, pero no en la medida que los actores creen o quieren creer, ya que lo que sienten tiene que ver más con el instinto que con ellos mismos.

Así, pues la relación sexual tiende, por la naturaleza de la misma, a repetirse en acto y forma una y otra vez. En ella no hay innovación, exploración, creación. La relación sexual, por su génesis (instinto) tiene que ver más con la posesión del instante que con la relación en sí.

Ellos, en la relación sexual, tienden a mostrarse primitivos, impetuosos y expeditos. Por lo general, llegarán al orgasmo antes que ellas, lo cual, lenta, pausada pero progresivamente, hará que ellas vayan atemperando el impulso hasta que el acto en si se torne más un compromiso que una entrega.

Es menester entender que el instinto (inteligencia de la especie) siempre es el mismo y siempre se manifiesta de la misma forma, por lo que es inevitable que este se convierta, en cuanto a expresión, en algo mecánico, rutinario.

Así entonces, es inevitable que la relación sexual, como todo acto instintivo, no termine siendo una monotonía. Ellos, por lo general, no tiene mucho problema con esto. Ellas, por el contrario, si lo tienen. Tan lo tienen que la gran mayoría de ellas terminan por alejarse del tema, escindiéndose del acto o llevándolo a la menor frecuencia posible. Algunas, incluso, llegan a  no tener relaciones con su pareja, lo que la postre termina afectando la convivencia o convirtiéndola en una relación de compañeros, pero no de pareja.

La Mujer es, antropológicamente, vaso de recibir.
Recibe al marido, a los hijos, nietos y seres queridos. El hombre, salvo raras excepciones, recibe mujer, hijos y nietos, y lo hará debido a una anomalía en su estructura que le permite hacerlo y que ellas agradecen. El tema da para más, sin embargo este tema lo tendré que dejar para postrer ocasión, ya que el tema que nos compete es el de la Relación Sexual y el Erotismo.

La Mujer, como vaso de recibir, tiene para dar mucho más que el hombre. Sin embargo a la Mujer, en lo referente al acto del amor, es menester invitarla a dar. Más claro, en lo concerniente a las relaciones sexuales, la mujer, al inicio de la relación, se da, se entrega. Y lo hace esperando de su pareja un proceso igual. Por supuesto que el instinto opera en ambos, no de la misma forma pero si con el mismo objetivo (reproducción). Sin embargo al principio de la relación, la relación sexual en ella será una entrega, en él, una conquista.

Ella espere que la relación sexual evolucione; él, que continúe.
En la relación sexual, no buscas la satisfacción de tu pareja, sino la propia. Lo cual no está mal, siempre y cuando los actores entiendan que esta tiene que migrar a nuevos estadios, ya que las expectativas de uno y otro son diferentes de origen.

Y si a esto se le añade el hecho de que las necesidades de ambos mutan con el tiempo (más en ellas que en ellos) y de que por lo general ellos no entienden que la relación no se puede ni se debe quedar única exclusivamente en el combés de lo sexual, entonces la relación sexual terminara degradándose, no en forma, sino en sustancia, es decir, en lo que esta significa para cada uno de los actores.

Así, pues, la relación sexual, maravillosa de origen, termina mutando por la falta de amor, comprensión y compromiso de los actores, en un acto mecánico y rutinario…, y, en muchos casos, en una obligación. Logrando con esto que ellas se sientan usadas y ellos hastiados.  

Erotismo.
El erotismo no es lineal, es oblicuo, caótico e impredecible.
En el erotismo lo importante es la maximización del placer. No del placer por el placer, sino de un placer que se obtiene al dar placer. Del placer que se obtiene cuando logras maximizar los sentidos del otro y de ti mismo.

En el erotismo es menester explorar la geografía corporal del otro… Detenerse en cada arista y ángulo de la piel… Respirar, tocar, saber (de sabor) lo que el otro es. En el erotismo hay entrega y recepción, pero el placer está más en la entrega que en la recepción.

En el erotismo es menester tomar posesión de todas y cada una de las partes del otro, ya que es la única forma de introyectarlo, de hacerlo propio. En el erotismo es menester explorar y conocer todos y cada uno de los contenidos y continentes de la geografía corporal del ser amado. Absorberlos, poseerlos, dejar nuestro aliento, sabor y tacto en cada uno de ellos y llevarlos, en la medida de lo que cada punto es, a un nivel de sensaciones y placeres jamás imaginado.  

En el erotismo la reproducción es un accidente. El objetivo no es la reproducción sino el placer. Lo importante es tomar posesión de todas y cada una de las partes del otro. Identificar y saber cómo reacciona cada una de ellas, como excitarlas, despertarlas y hacer de ellas un instrumento de placer, de sensaciones.  

El erotismo se nutre de dos variables: imaginación y placer.
La imaginación nutre al placer y el placer exacerba la imaginación.
Sin embargo, lo que poco se ha entendido es lo que mencionábamos líneas arriba, que el erotismo demanda cultura, apertura, permisividad. En otras palabras, darse permiso de sentir y de conocerse a sí mismo a través del otro. De descubrir partes de si no exploradas. Partes que son capaces de generarnos un cumulo de sensaciones inusitadas, inesperadas.

Una persona inculta no podrá ser erótica. Para esta persona todo estará mal. Todo será pecado, perversión. Entre más culta es una persona, es decir, entre mas forma de ser entiende, más amplio será su criterio y entendimiento de las cosas y por ende más amplia será su permisividad para consigo mismo y para con el otro. Una permisividad que tiene que ver con la exploración de los sentidos.

El eros, en cuanto a eros, no demanda de ningún tipo de perversión o desviación. Estas, de lo único que hablan, es de la incapacidad de las partes para sentir y hacerse sentir. El erotismo es un regalo de ella a él y a veces de él a ella. Y puntualizamos el a veces de él a ella, debido a que el erotismo requiere de una sensibilidad y de una delicadeza que pocas veces se encuentra en el género masculino.

En el erotismo la imaginación de las partes, las palabras, caricias, roces y degustaciones del ser y saber del otro son esenciales. En el erotismo lo que se busca es el placer, pero más específicamente el placer del otro. Se trata de hacerle sentir lo que siente más allá de lo antes sentido. No olvidemos que la mente le puede hacer sentir al cuerpo lo que el alma jamás imagino.

Así, pues, el erotismo es de dos. Dos que se funden en uno y que se reconocen en la piel y mente del otro.

Por lo general las personas erotómanas poseen una personalidad que imana a los demás. Una personalidad que al mismo tiempo que atrae, da miedo, debido a que se salen de la norma. Son atrayentes, interesantes, Crean, con su sola presencia, impronta, estilo y forma, un halo de misterio alrededor de ellos. No el misterio del que oculta, sino el que genera aquel que por más que lo veas, nunca terminas de desvelarlo.

Las personas erotómanas se mantienen cercanamente distantes. Les basta invitar para conminar a hacer. Una palabra, una frase, puebla los espacios de soledad y distancia que crean alrededor de ellos y de sus formas. Son inabarcables. Siempre hay en ellos, por mucho que los conozcas, una parcela del ser, hacer y saber a la que no habías tenido acceso. La cosmovisión que tienen del mundo los lleva a esculpir día a día su personalidad, por lo que está siempre está en proceso de formación, mejorándose, construyéndose para dar siempre lo mejor de sí.

El sujeto que provoca el movimiento de eros, se presenta siempre como algo que está más de lo que la gente alcanza a ver. Es la fusión de su materia, mente y alma lo que despierta en los otros el eros creador que los impele a gravitar sobre él.

El encuentro con una persona erotómana siempre nos llevará a un encuentro con nosotros mismos. A descubrir en nosotros cosas que no sabíamos, a hacer más tolerable y placentero el caos del amor.

La diferencia sucinta entre el eros y el amor, es que el eros viene de fuera hacia adentro, mientras que el amor viene de adentro hacia afuera. Es de suma importancia no confundir el eros con el amor. Son entidades próximas pero diferentes.

Lo feo sale con la edad.
Hay quienes, conforme avanzan en el tiempo, se degradan física y mentalmente. No obstante hay quienes conscientes de que lo único que nadie te da, nadie te quita y desaparece contigo al morir, es la personalidad. La personalidad es la base del éxito y es lo único que nunca trabajamos.

Las personas más eróticas del mundo son personas que poseen una personalidad avasalladora. Una personalidad que con el tiempo se hace más interesante, más atrayente. No hay forma de que pasen desapercibidas. Son inteligentes, cultos, selectivos y poseedores de una personalidad que imana a los demás. No se distinguen necesariamente por poseer una belleza sin igual, sino porque su forma de ser y de portarse a sí mismos hace que la gente los distinga sobre todos los demás.

Las personas eróticas tienen el poder de despertar los sentidos del otro. Sentidos que no tienen que ver con la sexualidad, sino con la seducción de su cerebro, de su mente de sus formas. Los erotómanos no se rigen por los convencionalismos. Están más allá de las formas y normas sociales, no obstante son educados, amables y atentos a los suyos, lo que les permite darle, a quien menos lo espera, una súbita importancia.

Por lo general dejan una huella en el acontecer del otro, ya sea con una atención, una frase, una palabra o alguna salutación  inesperada. Desarrollan una memoria biográfica impresionante. Lo que les permite tomar nota de los aconteceres de los demás, no para juzgar, como hace la Masa, sino para identificar cual o cuales son los resortes que mueven el accionar del otro.

La gran ventaja del erotismo es que este se trabaja. Se construye. Y se puede hacer a tal grado que llega a incidir en la dirección del instinto y en la consolidación del amor.

Seamos, pues, erotómanos.

viernes, 9 de noviembre de 2018

La Residencia y la Choza.


Los valores y otros mitos sociales.

Los mitos son hechos jamás acaecidos pero siempre presentes.
El mito es un hecho (en el decir, no en el hacer) que aun contrario a la realidad, goza de amplia aceptación en el seno de una comunidad que ante determinados miedos, angustias, penas e incertidumbres de la realidad, opta por subordinar la lógica y la razón a los apremios de la emoción.

La realidad no puede ser refutada. Lo que podemos refutar es la interpretación que cada quien hace de la realidad, sin embargo la realidad Es, y lo que Es no se discute, se resuelve. El mito, por el contrario, es metafísico y como tal especulativo. Es una válvula de escape, un paliativo que nos hace más llevadera la realidad. Este paliativo es lo que hace que el mito tenga sentido y que sea posible y plausible su discusión.

El mito se edifica a través del tiempo y muta en función de las necesidades de cada cultura, no obstante y más allá de la raza, historia y cultura que genera una geografía, hay, en cuanto especie, mitos comunes a todas las geografías. Los valores, la familia, el trabajo, la educación, la motivación y la historia (tradición) son comunes a todas las razas, sin importar época, idioma, religión o color.

La Residencia y la Choza o el mito de los valores.
Recién tuve la oportunidad de impartir una conferencia en una universidad católica que se distingue por tener un alumnado heterogéneo, de tal suerte que en ella conviven y coexisten ortodoxos y heterodoxos.

El tema de la conferencia fue sobre los valores, más propiamente sobre la aplicación práctica de los valores en el mundo de los negocios. Como bien puede el lector imaginar, la conferencia género, amén de una intensa polémica, un muy enriquecedor intercambio dialógico con la audiencia.

Les comente que eso que socialmente solemos intitular con el epígrafe de valores, no es otra cosa más que un conjunto de usos sociales que mutan de generación en generación, por lo que es de suma importancia no confundir los valores con los usos sociales.

Valores antropológicos son tres: conservación, reproducción y mejora de la especie.
En el ámbito empresarial sucede lo mismo. Los valores son tres: rentabilidad; posición y competencia.

Todo lo demás, tanto en lo antropológico como en lo empresarial, son modas, tendencias o usos sociales que surgen en función de los idealismos académicos de quienes no han vivido en carne propia la realidad antropológica y/o empresarial. Imagine por un momento que usted mora en un país que está inmerso en una cruenta guerra civil, ¿en verdad defendería todos esos usos sociales disfrazados de valores, o se centraría en la defensa a ultranza de los valores antropológicos (conservación, reproducción y mejora de la especie)?

Lo mismo acaece en el combes empresarial. Decidir sobre los activos de un tercero implica un gran nivel de responsabilidad, sin embargo, la misma gesta, en la misma dimensión pero arriesgando nuestros activos y no los de otros, hace que todo lo anterior tome un matiz diferente. Lo más probable que deje al margen los idealismos de los académicos para centrarse en las realidades del mundo de los negocios.

La razón por la que tendemos a confundir los usos sociales con los valores, es debido a que los académicos, idealistas (que son muy parecidos pero no iguales) y gurús ideológicos que centran su hacer en un decir y no en un hacer, exponen con tal fuerza mediática sus argumentos, que la Masa les compra lo dicho sin detenerse a pensar si el decir de estos hombres pasa el filtro de la realidad, amén, claro está, del temor al rechazo social.

Aunando a lo anterior habría que considerar que los usos sociales están íntimamente ligados al estrato sociocultural y económico de quienes los enuncian y defienden. Las cosas se ven y perciben de diferente manera en la clase alta que en la clase baja. No es lo mismo si usted vive en una Residencia o en una Choza.

En la clase baja los valores o usos sociales tienen que ver con lo social: justicia, solidaridad y seguridad. En la romántica clase media con el ideal: equidad, moral, ética y buenas costumbres, amén de otras ensoñaciones de moda. En la clase alta con las apariencias: clase, distinción, distancia, respeto y formas.

Unas son las aspiraciones y comportamiento de lo que menos tienen y otras las de los que aspiran a más. Y otras, abisalmente diferentes, las de aquellos que en apariencia lo tienen todo. Lo mismo acaece en el combes de lo empresarial. Unas son las aspiraciones manifiestas de quienes no tienen más ambición que la de la seguridad, estabilidad y pensión de jubilación; otras la de los académicos y ejecutivos que nunca ha hecho negocios y otras muy distintas (rentabilidad, posición y competencia) las de aquellos que arriesgan su patrimonio en una gesta empresarial.

En otras palabras, cuando usted escucha a una persona hablar de valores, lo que en realidad está escuchando es la manifestación pública de sus circunstancias socioeconómicas. Por supuesto que la persona no está consciente de ello, si lo estuviera tal vez no las manifestaría…, sin embargo es la realidad. Esta misma persona, con otro quehacer biográfico y con otro estrato socioeconómico, enunciará valores diferentes a lo que en otro estrato defendió.

Dese la oportunidad de investigar que tanto hay de cierto en esto. Ausculte el tema de valores con las personas que conforman su círculo laboral, el cual suele ser más heterogéneo que el social. Estoy cierto que el resultado lo sorprenderá.

Por supuesto que las preguntas deben ser elaboradas y presentadas de tal forma que la persona no sospeche que usted esté evaluando sus respuestas, por lo que se deberá limitar a escuchar, asentir y auscultar la o las razones por las que dicha persona sostiene lo dicho como un valor.

Ponga atención a los valores que menciona y coteje estos con el estrato socioeconómico de quien los enuncia. Descubrirá que cada estrato menciona valores diferentes. Habrá algunas concomitancias, pero siempre serán mayores las diferencias que las coincidencias.

Otro tema a considerar es la época. Si de algo puede estar cierto es de que los usos sociales de hoy no serán los que rijan el accionar de las siguientes generaciones, así como los usos sociales de hoy no tienen nada que ver con los de nuestros padres y abuelos. Los usos sociales, sin importar si les llamamos valores o no, cambian con el tiempo, los valores no.

Valores son solo tres, tanto en el ámbito antropológico como en el empresarial. Todo lo demás son modas, tendencias o idealismos que la Masa toma en cuenta en el decir, pero no necesariamente en el hacer.

Con esto no quiero decir que las modas, tendencias o idealismos no se deban considerar, sino que estas se deben subordinar a lo fundamental. Por ejemplo, en una empresa el factor humano es de suma importancia, pero solo en aquellos casos en los que se ve afectada la rentabilidad de la empresa, su posición en el mercado y/o su relación con la competencia.

Veamos un ejemplo…
En uno de las tantas incursiones bélicas de Estados Unidos, la Presidencia del país pidió que protegieran las empresas claves del país. Para lo cual se procedió a identificar aquellas que eran consideradas así por su relevancia económica y tecnológica. En estas se reveló una constante no atendida antes, por lo menos no en forma consciente.

Se descubrió que el 6% de la nómina generaba el 80% de las utilidades. El resto del factor humano, es decir, el otro 94% de la gente que trabaja en ellas, era un personal importante pero no indispensable. Cierto que de ellos depende la operación, pero la operación la puede hacer cualquiera. Cambiará la curva de aprendizaje en función de la experiencia del contrato, pero no más.

En otras palabras, para estas empresas lo importante de los puestos operativos no es si el puesto lo ocupa Juan, Carlos o María, lo importante es que en ese puesto este una persona con el conocimiento operativo necesario para hacer lo que es menester, sin importar si este está a nivel operario o gerencial.

Por el contrario, si una persona del 6% renuncia, se enferma o se siente a disgusto en la empresa, de inmediato la dirección y el Consejo tomarán cartas en el asunto para resolver la situación, ya que esta persona afecta los valores de la empresa (rentabilidad, posición, competencia). 

En ambos casos se trata del factor humano, no obstante si el que no se siente a gusto en la empresa es un miembro del 94% operativo, sin importar si es Juan, Carlos o María, el Consejo jamás se enterará de ello. En el mejor de los casos será la gerencia media quien lo resuelva o simplemente deje ir a la persona, ya que la permanencia o no de cualquiera de ellos, no incide en los valores de la empresa.

Lo mismo acece en el ámbito de lo antropológico, si el mal es accidental, es decir si es algo que no atenta contra la reproducción, conservación o mejora de la especie, el problema se subsanará con una pena, reprimenda y, en el mejor de los casos, con un proceso de formación que no llegará a más allá de los actores involucrados.

Sin embargo, si el problema atenta contra lo fundamental (reproducción, conservación y mejora de la especie), las acciones toman otro nivel de importancia, involucrando en las soluciones a otros actores, en donde el objetivo es solucionar el problema para poder garantizar que ninguno de los tres valores sea vea afectado.

Los valores están bien definidos, y lo han estado en todas las épocas. Lo que ha cambiado en el decurso de los años no son los valores, sino los usos sociales, y estos para lo único que sirven es para que nos demos cuenta de la realidad económica de quienes los enuncian.

Tan es así que ya una vez que la persona ha superado con creces sus necesidades primarias -alimentación, vestido, transporte, escuela y vivienda-, migrará, sin darse cuenta de ello, a una nueva escala de valores, es decir, a una nueva proyección no consciente de su realidad económica.

Su preocupación tendrá que ver más con su imagen, con no engordar (dieta permanente), con no envejecer (cirugías plásticas) y no morir (suplementos y otras estulticias milagrosas que supuestamente sirven para no oxidarse), que con la supervivencia, la ética, la moralidad y justicia social.   

El mito de la historia.
El mito dice que el que no conoce la historia está condenado a repetirla. Nada más lejos de la verdad. La historia jamás se repite. Cierto es que hay circunstancias similares a otras, sin embargo el entorno de las mismas es otro y otra la persona que las vive.

Puede ser que usted encuentre que en su historia personal se presentan ciclos o circunstancias similares a otros del pasado, pero también es cierto que usted muy probablemente ya no sea el que era en ese entonces. Lo mismo acaece con la historia en general. En ella puede que existan circunstancias similares a las actuales, sin embargo los entornos y los actores son diferentes y con ellos la cultura de la época.

Lo más importante de la historia no es lo que en sí mismo acaeció, sino las emociones que el hecho género en los actores directos e indirectos que construyeron eso que hoy llamamos historia. Así, en la historia lo que debemos estudiar no es lo que en sí mismo acaeció, sino las emociones humanas que ocasionaron que eso acaeciera, ya que lo que hace que las cosas se repitan o parezcan en demasía, es la forma en que nuestras emociones nos llevan a reaccionar ante circunstancias próximas a las del pasado.

Las emociones humanas siempre son las mismas, las variantes son de grado, pero en esencia son las mismas. Lo que debemos estudiar no es solo la historia, sino las emociones que generaron esa historia. Entender las emociones que determinados actos propician en determinas circunstancias y las forma en que cada cultura reacciona a ellas, nos va a permitir anticipar un figurativo de lo que puede pasar. 

Por ejemplo, ya sabemos que el miedo es una herramienta que algunos gobernantes usan para lograr que sus gobernados acepten ciertas condiciones restrictivas que ni por equivocación aceptarían en un entorno boyante. Si nuestras emociones se centraran en minimizar ese miedo, el gobernante no podría imponer dichas leyes, ya que estas no serían aceptadas por sus gobernados.

En el pasado tuve la oportunidad de departir con una mujer muy especial. Ella participaba intermitentemente en unas mesas de debate que yo organizaba en mi cafebrería (librería café). Además de su cerebro y su belleza, llamaba mi atención el hecho de que en las ocasiones que le invite a la Mesa de Debates, llegaba acompañada alternadamente de uno u otro hombre. A ambos me los presento como su Marido.

Al tiempo deje de ver a uno de ellos y en una ocasión que fue sola me preguntó si al final del debate nos podíamos tomar un café. Termino el debate, pedí los cafés y platicamos sobre el tema que le ocupaba (un libro que estaba próximo a publicar).

El libro, me decía ella, era un libro de mujeres para mujeres, en donde el tema central era la infidelidad de la mujer y las razones de esta. En el libro explicaba que en la infidelidad, la mujer no solo tiene que lidiar con el miedo que la pareja tiene a que ella le sea infiel, sino que además tienen que lidiar con el miedo del amante, ya que estos, en su calidad de segundos, tienen un miedo enorme a que ella le sea infiel a la infidelidad.

Es tal el miedo del segundo hombre, que no solo celan en demasía a la mujer, sino que además la amedrentan sin darse cuenta que el miedo es de ellos, no de ellas. Al pedirle un ejemplo me comento que recién había terminado una relación debido a que los celos de él hacían imposible la relación. Al decirle que ya no iban a continuar, él la amenazo con decirle a su marido. Ante lo cual ella tomo el celular, digito el número de su marido y le dijo: te paso el teléfono, quieren hablar contigo.

Esto hizo que él no hiciera nada. Tomo el teléfono, colgó. Se paró y se fue. El tema aquí, aunque el otro les parezca más interesante, es el miedo. Ella minimizo el miedo. Lo enfrento, lo dirigió y al hacerlo, lo neutralizo. El otro ya no pudo usar el miedo como herramienta. 

En síntesis, ella se centró más en las emociones de ella que en las de él. En el pasado ya había estado expuesta a algo así, el miedo hizo que permitiría cosas de las que después se arrepintió. Aprendió a identificar y dirigir sus emociones, lo que le permitió cambiar su forma de actuar y con ello, su historia.

La historia no se repite, lo que se repite son las emociones. Si cambiamos las emociones, cambiamos los actos y con ellos la historia.

El Mito del Trabajo.
Perdemos mucho tiempo confundiendo lo que hacemos con lo que logramos. Hacemos muchas cosas, logramos pocas. Una pregunta que poco o nunca nos hacemos es: qué queremos, trabajar o ganar dinero, porque son cosas muy distintas.

Nos han dicho que el trabajo dignifica y ni duda hay de ello, pero lo que nunca se nos enseño es que antes de trabajar, debemos pensar en qué y cómo queremos trabajar. La gran mayoría de la gente trabaja por que tiene que trabajar, pero jamás se detienen a pensar en el tipo de trabajo que quieren y en lo que en están dispuestos a hacer para lograr lo que quieren.

La realidad es que usted tiene ocho o diez horas de decisiones y aplicaciones. En esas ocho diez horas, usted puede limpiar zapatos, fabricar zapatos o vender zapatos. El tiempo es el mismo: ocho o diez horas de decisiones y aplicaciones; el producto es el mismo: zapatos. Lo que cambia es la rentabilidad. En donde es más rentable su tiempo: ¿limpiando, fabricando o vendiendo zapatos?

Cierto que la gran mayoría se ve en la necesidad de tomar un trabajo que les permita cumplir con sus obligaciones pecuniarias. Cosa que hacen en el inter de que encuentran lo que buscan, no obstante la realidad es que el entorno termina por atraparlos, por lo que se mantienen en ese trabajo más tiempo del que habían imaginado. Y en muchos casos se extiende tanto que a lo único que aspiran es a lograr una jubilación, cuando en estricto sentido tuvieron la oportunidad, no de encontrar, pero sí de crear el trabajo que necesitaban para ganar lo que querían ganar sin perder la libertad.

En la vida todo lo transitorio es permanente. Todo eso que usted hace en calidad de mientras, tiene una alta factibilidad de convertirse en permanente. Por lo que es de suma importancia no perder el objetivo ante el apremio de la inmediatez.

Es muy difícil lograr que la trascendencia no se subordine a la exigencia de la inmediatez (alimento, sustento, servicios, escuelas, enfermedades y demás etcéteras del diario vivir), sin embargo esta marginación o subordinación no tiene por qué ser permanente. El secreto está, primero en el carácter, después, en el equilibrio.

En la realización del ser, el entorno siempre es el obstáculo a vencer. La vocación siempre empuja por salir y el entorno por comprimir. En otras palabras, o te sobrepones a tu entono o tu entorno se sobrepondrá a ti.

Para sobreponerse al entorno se requiere carácter (fuerza y resistencia). Fuerza para acometer, tolerancia para resistir. En la acometida siempre hay fuerza, en la resistencia, tolerancia. La tarea más titánica a la que se puede enfrentar un ser humano es la de sobreponerse a su entorno.

Todo su entorno (pareja, hijos, familia, amigos) harán todo lo que este en sus manos para lograr sobreponerse a usted. Esto es algo que harán pensando en su bien, es decir, en eso que ellos consideran que es su bien. Y su bien, a ojos de los suyos, tiene que ver más con tener la capacidad para cumplir con lo inmediato que con la realización de sus metas.

Veamos un ejemplo…
Los jóvenes van a la universidad a estudiar todo lo que hicieron los que no estudiaron. Sin embargo lo único que no les enseñan es vencer los obstáculos que tuvieron que vencer los iconos a los que hoy estudian.

El entorno que tuvieron que vencer tanto Bill Gates, Steve Jobs, Jeff Bezos, Elon Musk y muchos otros del pasado y presente inmediato, fue extraordinariamente hostil. Todos tuvieron que luchar contra su familia (pareja, hermanos, hijos), contra sus amigos y contra los inversionistas para poder lograr coronar sus metas.

Cierto estoy que a más de uno de ellos les llegaron a ofrecer un estatus más cómodo, Estatus que la pareja e hijos hubiesen agradecido en su momento y sin embargo ellos prefirieron claudicar a la comodidad y a la inmediatez, en eras de la siempre incierta realización de sus metas.

Así pues, ellos, como nosotros, tienen ocho, diez horas de decisiones y aplicaciones. La diferencia entre ellos y nosotros es la rentabilidad que obtienen en sus ocho, diez horas. Ellos no buscan trabajar, lo que buscan es ganar dinero. Así, en el mito del trabajo, la pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿Qué queremos, trabajar o ganar dinero? 

El Mito de la Motivación.
Lo más importante de la motivación es entender que esta es intrínseca, nunca extrínseca. La extrínseca es un impulso y como todo impulso, efímero. La intrínseca, en cambio, es de raíz. Lo que nos impele a ella es un descubrimiento. Algo que queremos hacer propio y meter a nuestro sistema. Cuando esto pasa, la motivación se exacerbará y se mantendrá así hasta que usted logre hacer parte de si eso que descubrió.

Ya una vez que usted logra que eso que estaba fuera de usted, esté en su sistema, la motivación regresara a los niveles acostumbrados, por lo menos hasta que alguna otra cosa del exterior, atrape su atención.

Cuantas personas en el amor, teniendo a su lado a la persona correcta, se sienten más motivadas a conquistar la atención de otra persona en lugar de fortalecer la relación con su pareja. Para estos lo más importante es conquistar sin perder lo logrado, lo que ya tienen. Es por ello que no renuncian a la pareja (orgullo, vanidad).

La realidad es que la motivación está más orientada hacia la conquista que a la conservación. La supervivencia la damos por hecha y solo nos abocamos a ella cuando estamos en peligro, no antes. Mientras tanto será la conquista lo que haga que nuestra motivación se active.

Lo mismo acaece en lo material. La motivación está en ese algo más que no tenemos. Lo que ya tenemos lo damos por hecho, mientras que lo otro es algo que hay lograr. Materialmente hablando las personas más exitosas del mundo son aquellas que constantemente se viven creando crisis. Una crisis inteligente que los lleva a centrar la conquista en engrandecer lo que ya tienen al tiempo que suman cosas nuevas, conscientes de que cuando dan las cosas por hechas, corren el riesgo de no lograr lo que buscan y perder lo que tienen.   

Otro mito de la motivación es que esta tiene que ver con la capacidad, sin embargo la realidad es que la motivación no tiene nada que ver con la capacidad.

Ser capaz en algo no hace necesariamente que uno se sienta motivado a hacer ese algo, al contrario, lo que ya se domina se ve como natural. La motivación no se enfoca en lo ya hecho o en lo ya dominado. Se enfoca en aquellas cosas que aún no hemos logrado dominar.

Así, pues, la motivación no es extrínseca, es intrínseca y se activa solo cuando algo ajeno a nosotros atrapa nuestra atención. Si usted cree que puede motivar a los demás, permítame decirle que la gente hace las cosas por sus razones, no por las nuestras. Usted podrá motivar a los demás justo en el momento en que dé con las razones de ellos, no con las de usted.

Si su motivación es incidir en los otros, deberá dedicarle mucho tiempo al estudio y conocimiento de aquellos los que quiere motivar, de lo contrario, todo lo que usted haga será un impulso y como tal, efímero.

Nos leemos en el siguiente artículo.