La realidad es la condición de ser una "cosa"; Una cualidad de lo que es tangible o existente por sí mismo. Cosa que no sucede con el ideal. El ideal es una abstracción. Un modelo o patrón de perfección que solo existe en la mente y no por sí misma. La existencia, pues, es falible, limitada y finita. La abstracción, infalible, ilimitada e infinita.
La angustia no consciente de nuestra finitud y de la finitud de las cosas, nos ha llevado a tergiversar la realidad a través del lenguaje, de tal suerte que nos es muy fácil hacernos a la idea de que lo que no existe es real. Permítame ilustrar lo anterior a través de dos ejemplos: la teoría de la conspiración y el globalismo.
La conspiración, en cuanto a ente real, es falible, limitada y finita. Ya que es imposible que los conspiradores puedan controlar todas las variables (falible), todos los recursos (limitada) y todas las voluntades (finita). Cosa que no acaece con el conspiracionismo o teorías de la conspiración. Estas, como toda abstracción, son: infalibles, ilimitadas e infinitas. Son una construcción de la mente que la concibe y una aceptación de las mentes que la siguen. Y entre más atrás en el tiempo sea su aparente concepción, mejor.
El éxito de las teorías de la conspiración se debe al hecho de que estas son el medio por el cual el Hombre Masa justifica su propia medianía. A través de estas les explica a los otros (y a sí mismo) la razón de sus fracasos, en donde estos no obedecen a él, sino al proceder de mentes oscuras que se orquestan para impedir que tenga éxito.
Lo mismo acaece con dos términos símiles,
pero distintos: globalización y globalismo. La globalización es incluyente. Y
lo es más allá de las filias, fobias y creencias. El Globalismo, por el
contrario, está en las antípodas. Este es divisivo y excluyente. Se nutre de
las filias, fobias y creencias de todos aquellos que lo único que desean es
entronizar sus ideas sobre las de los demás, lo que ineluctablemente termina
separando a los individuos y a las naciones.
Me voy a extender en esta última
para explicar lo que está acaeciendo y los riesgos que pueden devenir de esto.
En la vida lo
mismo que te lleva al éxito te lleva al fracaso.
El mundo entro de lleno a la globalización al caer la Unión Soviética. Sin embargo,
esto, que se festejó con bomba y platillo en todo Occidente, hizo que Estados
Unidos, ante la ausencia de un contendiente que pudiera acotarlo, cometiera el
mismo error que han cometido todos los imperios: extender su influencia cultural
y operativa más allá de su propia geografía, lo que al paso del tiempo termino
colisionando con las formas de hacer de cada una de las naciones con las que
este trabaja y comercia (no puedes obligar a ser igual a los desiguales).
Este sobre extender las formas,
influencias y modos de operar, demandó de una estructura gubernamental, militar
y política que terminó excediendo las capacidades económicas del país, generando
graves fisuras al interior e irreparables al exterior. Fisuras que están
capitalizando aquellos países a los que ayudo y capacito para que le
compitieran, lo que lo sitúa en un escenario en el que: o se resigna a una pérdida
parcial de su poder o a una pérdida total del mismo.
El antecedente inmediato lo tenemos en el imperio Británico. Este, en aras de
no perder ni un ápice del poder que tenía, perdió la totalidad de este. Hoy Estados
Unidos está ante la disyuntiva de aceptar una perdida parcial, pero
significativa de su influencia, o la totalidad de esta.
La estrategia de seguridad nacional de 2025 publicada recientemente por la Casa
Blanca, migra del principio de globalización que estableció a finales de la
Segunda Guerra Mundial, en donde la exigencia primera a los países que comerciaban
con él, es que instituyeran la democracia como sistema de gobierno, a uno en
donde a conveniencia de los intereses de EE.UU, se respetan las distintas
formas de gobierno, al tiempo que se exime de la responsabilidad de correr con
el gasto y la acción de defender a aquellos que antaño defendía.
Este cambio de paradigma le va a
permitir canalizar al interior de su país los recursos que usaba en el extrarradio.
Y lo hará con la intención de fortalecer su industria, economía, tecnología y
defensa. Objetivos: reducir su gasto (déficit), maximizar su influencia en el
continente americano y neutralizar o bloquear la influencia de China en el
continente, cosa que se antoja difícil por la fuerte presencia que esta tiene
en varios países (Brasil, Perú).
Vacíos y
excesos.
A la naturaleza no le gustan los vacíos y cuando estos se generan, los
llena con excesos. El problema de esta acción es el vacío y desesperación que está
generando en esas naciones en las que por décadas fortaleció su presencia e
influencia a través de ingentes apoyos económicos, políticos y militares.
Países que al dar por sentado que Estados Unidos jamás dejaría de asumir la
responsabilidad de su defensa, invirtieron sus recursos en un sistema de
gobierno que al paso del tiempo se hizo obeso e ineficiente.
El problema que enfrentan hoy y que enfrentarán en los años por venir, no solo
es la acusada pérdida demográfica y de influencia en el acontecer mundial, sino
que además los pone en una situación de vulnerabilidad ante un ataque de un
enemigo exterior, con el que primero comerciaban y después guerreaban (siempre
provocas lo que temes).
Esta fragilidad los puede llevar
a llenar el vació con excesos, al grado que podrían considerar la opción bélica
como el único medio por el cual pudieran blindarse de influencias o
intervenciones extranjeras, al tiempo que posicionan un área geográfica de control
ajena a la de otras naciones que también están haciendo lo propio (EE. UU,
Rusia y China).
La paradoja que enfrenta la Unión Europea es que al tiempo que sus países miembros
necesitan de la energía barata que les provee ese al que hoy ven como su principal enemigo,
le estarían proporcionando, al comprarle a él, los recursos económicos que necesita
para fortalecer su defensa ante un posible estallido bélico por parte de ellos.
La otra opción es que le compren a Estados Unidos una energía que es 40% más
cara con tal de que los recursos que pagan por ella no lleguen a manos de su
enemigo, aun cuando esto vaya en detrimento de su ya muy disminuida competitividad,
lo que a la postre, terminaría hundiéndoles más.
Si a lo ya mencionado le sumamos el
crecimiento de los partidos nacionalistas en los parlamentos y congresos de los
países que integran la UE (pasaron de 270 a 380 escaños) y el endurecimiento de
las políticas migratorias, el panorama de la Unión Europea se antoja difícil,
volátil y de alta inestabilidad.
Probablemente lo que defina el futuro inmediato de la UE y las esferas de
influencia de China, Rusia y Estados Unidos, sea la forma en que se resuelva el
tema de Ucrania. Si esta se resuelve dándole a Rusia lo que pide, la UE se vera
sensiblemente debilitada en lo bélico, económico y político.
Si la resolución del conflicto se
hace a través de un arreglo en el que Rusia; Estados Unidos y la Unión Europea
estén de acuerdo, es posible que el nivel de riesgo se atenué algunos años y
que el comercio sea la vía por la cual los países lleguen a un arreglo que propicie
la paz, estabilidad y prosperidad de las partes…, cosa que sabremos en muy poco
tiempo.
En el intertanto de que esto ocurre, nos seguimos leyendo aquí.
Tu tesis central es poderosa: la confusión entre lo real y lo ideal nos lleva a políticas peligrosas. Efectivamente, enfrentamos una crisis de mediación: ni los mercados (globalización) ni las ideologías (globalismo/conspiracionismo) logran mediar adecuadamente entre lo universal y lo particular.
ResponderBorrarLa solución quizás no esté en elegir entre realidad falible o idealidad infinita, sino en practicar lo que Boaventura de Sousa llama "traducción intercultural": construir puentes entre diferentes experiencias de la finitud, reconociendo tanto nuestra vulnerabilidad común como nuestras diferencias irreductibles.
Tu análisis invita a una política de la mesura que reconozca límites sin caer en la parálisis. O como diría Gramsci: "Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad".
¿Qué opinas de incorporar la dimensión ecológica a este análisis? Creo que confirmaría tu tesis: la naturaleza impone la finitud más incontrovertible, frente a la cual nuestros ideales políticos parecen aún más abstractos y, a veces, más peligrosos.