domingo, 19 de abril de 2020

Mente creativa, mente ejecutiva.


En una prueba que se hizo de inteligencia creativa a 150 niños en edad preescolar, se descubrió que el 98% de ellos obtuvieron nota de genios, lo cual no fue sorpresa, ya que cada que nace un niño, nace un genio, no obstante, la nota o notas discordantes fueron las que se obtuvieron con el mismo grupo de infantes cinco y diez años después.

A los cinco años que se les volvió a aplicar la prueba, el 23% de ellos obtuvieron nota de genio, y cinco años después, cuando ya oscilaban entre los 13 y 15 años, solo el 10% obtuvo nota de genio, el resto, como bien se puede usted imaginar, ya eran parte de la media.

En el tránsito de la vida los padres, la sociedad y la escuela hacen hasta lo imposible para que estos migren de lo extraordinario a lo ordinario. No porque nuestra intención sea hacer de ellos uno más de la media estadística (Masa), sino porque lo que buscamos es que sean habitables, es decir, que encajen en la sociedad.

Así, conforme los vamos conformando en eso que llamamos deber ser y en ese falso pragmatismo que nos lleva a evitarles que pierdan el tiempo descubriendo lo ya descubierto (el hilo negro), lo que en realidad estamos haciendo es inhibirles el sentido de exploración y creación, características fundamentales en el ser humano.

Por el contrario, si los dejamos gastar energías en aquello que ya existe (el hilo negro), lo que en realidad estamos haciendo es brindarles la oportunidad de descubrir por si mismos las cosas. Cierto que esto hace más lento el proceso, pero también les permitirá potenciar su genio creativo, amén de que, en el proceso, van a ir descubriendo más cosas.

Antropológicamente el ser humano aprende (de aprehendere = asir con la mente) lo que descubre, no lo que se le dice. Cuando nos centramos en que aprendan lo que les decimos, lo único que lograremos es que sean repetidores de repetidores, lo que en el lenguaje coloquial se conoce como sabios de segunda mano (gente que sabe las cosas de oídas). Basta con que voltee a ver a sus conocidos. Una buena parte de ellos se han vuelto expertos en el coronavirus, aun cuando su especialidad es otra…, son pues, sabios de segunda mano.

El objetivo de este artículo no es explicar la forma en que nos convertimos en sabios de segunda mano la forma en que inhibimos la creación de los nuestros. El objetivo es poner a su consideración algunas ideas que fomenten su genio creativo y con uste, el de los suyos. El genio creativo lo tenemos. Nacemos con él, no obstante, lo hemos dejado en pausa. Lo que tenemos que hacer para activarlo es crearle, valga la redundancia, los escenarios que le permitan florecer.

Si no hay dolor, no hay creación.
Es importante entender que la creatividad tiene tantas formas de manifestación como seres humanos hay. Con esto lo que pretendo enunciar es que no hay un manual de creación, por lo menos no con la rigidez que hablan los expertos. No obstante, hay tres pilares antropológicos que la explican: la ausencia (carencia); el dolor de ausencia y; el sentido de trascendencia.

La ausencia (carencia), bien entendida, es una bendición, no obstante, es menester reconocer que la carencia no funciona igual para todos. Algunos la hacen parte de sí y la usan para victimizarse, lo que hace que difícilmente salgan de ella. Otros la usan como motor, lo que los lleva a convertirse en tránsfugas (personas que huyen de su origen para construir un futuro mejor).

Permítaseme una pequeña disgregación. En el artículo previo a este (La Dinámica del Cambio), explico que lo peor que le pudo pasar a España es descubrir América, ya que fue tal la riqueza que encontró en ese continente, que a partir de ese momento dejo de conquistar para empezar a cosechar. Pensó que la riqueza lo era todo y así, poco a poco, sin darse cuenta, fue perdiendo el coraje y espíritu de lucha que lo llevo a ser un conquistador, para pasar a ser un merecedor,

En México nos pasa algo similar. Los estados que más remesas de dólares reciben de Estados Unidos, de parte de los mexicanos que viven allá y mandan dinero a sus familias, son también los estados que menos riqueza generan. Son estados merecedores que viven de lo que les envían del exterior, por lo cual no es extraño que en lo político y en lo social sean los más conflictivos, los que menos aportan y los que más demandan (propio del merecedor).

Veamos otro ejemplo. El norte de México es árido, por ende, industrioso. Le tienen que arrancar al desierto lo que este no da. El centro y occidente son ricos en vegetación, recursos hidráulicos y horticultura, lo que ha hecho de ellos unos comerciantes. El sur es rico en playas, pesca y fruticultura. Lo único que tienen que hacer es estirar la mano y tomar lo que necesitan, lo que ha hecho que graviten a lo festivo, la gastronomía, las letras y las artes.

Así, el norte, donde no hay nada, genera industria, producción; en el centro se comercia lo que el norte genera, y el sur disfruta lo que ambos hacen.

La Carencia es uno de los motores de la creatividad. Cuando a un hijo o a un colaborador se le da todo lo que pide, se le responden todas sus preguntas o se le resuelven todos sus problemas, lo que en realidad estamos haciendo es minar el potencial creativo de uno y otro.

Por supuesto que la carencia en si no garantiza nada. Si la carencia fuera el único condicionante no habría pobres, y si algo nos ha demostrado la realidad es que los hay y en abundancia.

El segundo motor o condicionante de la creación es: el dolor de ausencia. Si la carencia no te duele, no va a pasar nada. La razón por la que hay muchos pobres es porque la pobreza no les duele. Por favor no se incordie, no estoy diciendo que les guste ser pobres. A nadie le gusta ser pobre. Lo que estoy diciendo es que el dolor que les genera la pobreza la han hecho parte de sí. No la han convertido en motor. Todo lo contrario, se refugian en la idea de que son pobres pero buenos… Humildes y buenos.

El dolor de ausencia es lo que nos lleva a resolver. Si no te duele, no resuelves. Si tu capacidad de resignación es mayor que tu dolor, jamás vas a resolver. Por lo general lo que tendemos a hacer es resolver el día a día, pero no más allá, y esto se debe a que nuestra capacidad de resignación es mayor que el dolor que la ausencia nos genera.

Nuestro papel como padres y líderes es frustrar, no resolver. Debemos formar para cuando no estemos. La vida, nos guste o no, los va a frustrar, por lo que es menester que constantemente les estemos dosificando una dosis de frustración, para que cuando no estemos, tengan la capacidad de resolver y salir adelante.

Debemos aprender a crear hijos y colaboradores que no acepten lo establecido. Cierto que va a ser mucho más difícil nuestra gestión, pero también va a rendir más frutos (en ellos y en nosotros).

El tercer motor es el sentido de trascendencia. Hay, decíamos líneas arriba, quienes resuelven por resolver, es decir, el día a día, sin embargo, hay otros que lo buscan es trascender en la carencia. A estos, les duele tanto la ausencia que lo único que les ocupa es trascender en la carencia.

La ausencia, el dolor de ausencia y la necesidad de trascender el dolor de la carencia, es lo que nos lleva a una constante creación. El rico hace dinero porque le tiene un miedo enorme a la pobreza. El culto le tiene un miedo enorme a la ignorancia; el trabajador a la pereza; el social a la soledad; el poderoso a la pérdida de influencia y el inteligente, a la estupidez.

¿A qué le tiene miedo usted? Por favor no conteste que a su mujer. Eso ya lo sabemos. La pregunta es: a qué, ajeno a ella, le tiene miedo usted. Descubrirá que a eso que le tiene miedo es donde está su creatividad y voluntad, en lo demás, solo resolverá por resolver, pero no para trascender.

Conozco personas a las que, en apariencia, les duelen muy pocas cosas. Y, sin embargo, es precisamente esa ausencia de dolor lo que les hace estar lejos de todo aquello que no les duele, centrándose única y exclusivamente en eso que les duele de verdad, haciendo de su dolor una genialidad. No son personas fáciles, pero son las que construyen el mundo donde vivimos los demás.

La creatividad, pues, está en la ausencia, en el dolor que nos genera esa ausencia y en la necesidad que tenemos de trascender a ella.

Es muy posible que usted en este momento no tenga claro en qué es donde sus hijos y colaboradores sientan la necesidad de trascender, sin embargo, si usted les da todo lo que piden al tiempo que les resuelve todos sus problemas e interrogantes, poca o nula posibilidad tendrá de saber jamás en qué van a trascender, por ende, no sabrá que botones tocar para llevarlos a la acción.

Solo recuerde, si la ausencia no duele en lo más profundo del ser, no se sentirá la necesidad de trascender en ella.

Un ejemplo acorde a los tiempos de la pandemia que estamos viviendo es el de la pareja. La tasa de divorcios y o separaciones va a explotar cuando termine la cuarentena (como ya ha sucedido en otros países), sin embargo, también habrá a quien la distancia y el aislamiento le dolió a tal grado, que buscará trascender en su pareja como nunca lo había hecho. Trascendemos en lo que nos duele.

Regresemos a la creación. La mente trabaja de múltiples formas, no obstante, en este momento me es menester detenerme en dos de ellas, ya que estas están íntimamente ligadas a la creación y a la ejecución: La Mente Descendente y la Mente Ascendente.

La primera es lógica, analítica; la segunda, intuitiva, visionaria.

Mente Descendente.
La mente descendente la conforman la parte lógica y analítica de nuestro proceso pensante. Es la que usamos para resolver, para ejecutar. Su proceso pensante es lineal, especifico, rígido (no ve más allá que lo que tiene que hacer). Es la que, a fuerza de repetición, nos lleva a la excelencia. No obstante, es menester entender que, si bien es cierto que esta es un sirviente fiel, también lo es que hay que educarla, conscientes de que esta nos hace especialistas en un mundo de generalistas.

El especialista es aquel que cada día sabe más de menos. Más de lo suyo, menos de los demás.

La mente descendente está más en la ejecución que en la reflexión. Es una mente ocupacional que centra su pensar en lo que tiene que hacer, pero no en la trascendencia de lo que tiene que hacer…, hasta que una mente creativa, innova otra forma.  

No olvidemos que el cerebro no está hecho para pensar. Está hecho para adaptarse y sobrevivir, por lo que es menester educarlo. Ordenarle de manera impositiva y dictatorial aquello en lo que debe de pensar, y hacerlo con una disciplina castrante, ya que este aprovecha cualquier descuido de nuestra parte para pensar por sí mismo, y por lo general, puras estulticias.

Sirva como ejemplo de lo anterior el acontecer de la gran mayoría en esta cuarentena…
Los negocios que más han crecido en esta cuarentena son: las drogas; el alcohol, la pornografía y la industria del entretenimiento (Netflix, Amazon Prime, Tik Tok y otros). Distractores que nos ayudan a ocupar la mente en cosas ajenas a nosotros. Cierto que estos distractores nos hacen el aislamiento más amable, pero también es cierto que nos eximen de pensar y, por ende, de crear.

Regresemos a la mente descendente. Esta es una mente focal, resolutiva. Su operar es lógico procesal. No obstante, hay que tener cuidado, ya que su lógica procesal es funcional y justificativa. Es una mente que le da razones a su razón, y si algo sabemos bien es que las cosas se explican, no se justifican, por lo que debemos tener mucho cuidado de no caer en las trampas de esta.

La mente descendente es la que más se centra en el aquí y en el ahora, no obstante, necesita ayuda. De las actividades humanas, el sexo y la diversión son las únicas en las que la persona esta cien por cien en el aquí y en el ahora (por eso se les pasa el tiempo sin que reparen en él). El aquí y el ahora en el ejercicio pesado, es de un 90%; en la conversación, de un 60%; en la lectura, en el estudio, el trabajo y análisis de las cosas, un 30%.

La mejor forma de ayudar a que la persona se centre en el aquí y en él ahora es a través de un adecuado ejercicio de dirección.

Hay tres estilos de dirección: Dirección por Objetivos; Dirección por Control y Dirección por Crisis. De estas tres, la última es la que más ayuda a que la persona se centre en el aquí y en el ahora.

Dirección por Objetivos. Este estilo de dirección es el que usamos cuando la persona posee las siguientes características antropológicas:
Alta capacidad de reflexión (capacidad de pensar lo que se piensa);
Alta capacidad de riesgo (toma de decisiones);
Alta capacidad de ejecución (llevar lo pensado al ser);
Alto dominio de la función (domina el qué, el cómo, el porqué; el cuándo y el para quien de las cosas);
Alta tolerancia a la frustración (capacidad de empezar de nuevo cuantas veces sea necesario).

Este estilo es el que se usa en los Consejos de Administración. Los accionistas necesitan que el Presidente Ejecutivo del Consejo y/o Director General de la empresa, posean y dominen las cinco variables, ya que el ejercicio de presión al que estos acores van a estar sujetos es muy alto, tanto por la responsabilidad de manejar y hacer rentables los activos de los accionistas, como por las presiones de la dirección en sí (todo ejercicio de dirección es antagónico e impopular y se requiere temple para lidiar con ello).

Dirección por Control. Estilo que usamos cuando la persona no posee el nivel de madurez que requiere el ejercicio de dirección, ni el dominio de la función, ni las habilidades arriba mencionadas. Nota: madurez la tiene ese ser emocional que no permite que su emoción dirija su razón.

Dirección por Crisis. Estilo que usamos para sacar a la gente de su zona de confort. Este estilo es el más eficiente de todos, amén de que es el que más se adapta a lo que el ser humano es: un animal de confort. A nada tiende más el ser humano que al confort. Estamos hechos para el confort, no para la lucha.

El estilo de dirección por crisis parte de la premisa antropológica de que en la vida no hay mejor opción que la de no tener opción. Cuando no tienes opción, o luchas o claudicas, pero no hay términos medios. Es importante entender esto, ya que el confort, por natura, nos impele a buscar los términos medios.

Nuestros ancestros salían a cazar y ya una vez que lograban una pieza, se sentaban a descansar. Saliendo de su zona de confort, cuando ya no tenían opción. Lo mismo nos pasa a nosotros. Cuando ya dominamos el Qué; el Cómo; el Por qué; el Cuándo y el Para quien, de las cosas, dejamos de exigirnos como lo hacíamos antes. Nos posicionamos en un término medio hasta que algo o alguien nos saca de nuestra zona de confort.

El estilo de dirección por crisis, consiste, en como su nombre lo indica, situarnos y situar a los nuestros en un constante escenario de crisis, exigiéndonos y exigiendo a los nuestros más y mejores metas (inteligentes, rentables) y más y mejores formas de hacer las cosas (productividad). El objetivo es que por ningún motivo nos demos y le demos a nuestra gente la oportunidad de instalarse en un punto medio. La vida es biografía, no biología, y la biografía se escribe a diario.

Mente Ascendente.
La mente ascendente es un don creativo y como tal, hay que dirigirlo, ya que esta, por natura, es dispersa.

La mente ascendente se nutre de todo lo que los sentidos captan, tenga o no relación con lo que le ocupa, sin embargo, y más allá de su dispersión, la principal razón por la cual hay que dirigirla, es porque está, al resolver dentro de sí, ya no siente la necesidad de ejecutar, por lo que de inmediato migrara a otro ejercicio de creación.

En otras palabras, si ya está dentro de mi (resuelto en mi mente), ya no me es menester ejecutarlo, ya no me reta. Lo que me reta es otra creación. Por ello es menester dirigirla, para obligarla a materializar la creación.  

La mente ascendente trabaja con nuestra parte intuitiva, visionaria. Es una mente errante, que tiene el don de asociar lo que ve con aquello que le ocupa u ocupo en un tiempo. De tal suerte que puede estar usted haciendo algo totalmente ajeno a lo que le ocupa y asociar algo que ve, siente, escucha o huele con aquello que antaño no pudo resolver.

Es una mente emocional, oblicua, global. Se alimenta de los sentidos, de las sensaciones. Es cien por cien alógica, irracional. Es una mente en la que nada tiene que ver con nada, aunque todo lo asocia con todo (generalista).

Es curiosa, inquisitiva. Todo se pregunta. Todo pregunta. Es activa en mente, pasiva en acción. Razón por la cual es desesperante la cohabitación con los creativos. Lo activo es su mente, no su acción, amén de que para la mente creativa (ascendente), el otro, los otros, no existen, por lo menos no como social y humanamente necesitan.

La mente ascendente no toma en cuenta las necesidades de los demás, lo único que le ocupa es la creación, lo que hace que a los creativos se les perciba como monotemáticos, no porque lo sean, sino porque en el inter de que resuelven, el único tema que habitará su mente es el que les ocupa.

Las personas en las que la mente que domina es la ascendente, suelen ser individualistas, centrípetos, con un alto nivel de indiferencia social, debido a que no les interesa lo que interesa a los demás. Por lo que poseen pocas nulas habilidades sociales…, las cuales, por cierto, no les preocupan.

La historia de las ideas es la historia de los solitarios. Estos, los solitarios, son los que crean, los que gestan aquello que mañana regirá la vida de los demás, no obstante, son pésimos ejecutores, por lo que les es menester educar su mente para aprender a migrar de la ascendente a la descendente.

Si usted, por formación o desviación de oficio, esa instalado en la mente descendente, le recomiendo que considere la posibilidad de tomarse una hora al día para estar consigo mismo, sin teléfono, música o algo que lo distraiga.

Salga a caminar, no a hacer ejercicio, simplemente a caminar y siempre por diferentes rumbos. Observe el paisaje y paisanaje del lugar. Pregúntese que le dice lo que ve. Analice lo que sus sentidos captan. Haga de esto un hábito. Descubrirá, al paso del tiempo, que su mente se tornará más ágil, más creativa, lo que mejorará en mucho su mente descendente.

Por el contrario, si usted es una persona que está instalado en la mente ascendente, va a necesitar un esfuerzo extraordinario para exigirse la ejecución de las cosas, ante de migrar a nueva creación.

Considere la posibilidad de rodearse de gente funcional, pragmática. Gente que no solo le va a ayudar a cuestionar lo que hace, sino que le va a exigir que su hacer sea un hacer funcional. Por supuesto que va a ser desesperante, sin embargo, si se disciplina y le exige a su mente que no claudique, va a encontrar que al final su mente no solo será más creativa, sino que también será más ejecutiva.

En síntesis, tenemos que identificar que es aquello que en verdad nos duele al grado que nos lleve a trascender en ello, al tiempo que aprendemos a migrar de una mente a otra para enriquecer nuestro ser y quehacer.

Nos leemos en el siguiente artículo.

Jaime Ramos.