viernes, 28 de julio de 2023

Una decisión difícil.

Matías, un cofrade de la abstracción con el que mantengo un muy fructífero encuentro de contrarios, es un hombre inteligente, caustico y divertido, amén de que su capacidad intelectual ayuda a que el intercambio dialógico sea, amén de revelador, apasionante.

En la última sesión nos compartió una conversación que sostuvo con uno de sus discentes. Este le decía que la elección de pareja siempre es una decisión difícil, ya que lo normal es que la razón nos diga una cosa y la emoción, otra. Y que esa dificultad se agrava si tomamos en cuenta lo difícil que es romper con los patrones o modelos que nos llevan a repetirnos en la misma acción y en el mismo tipo de parejas.

Matías le hizo saber que precisamente ahí es donde estriba la diferencia entre error y equivocación. Error es cuando hacemos algo a sabiendas de que está mal, mientras que equivocación es cuando al hacer algo, descubrimos que no está bien. En el error hay conocimiento e intención, en la equivocación, descubrimiento.

Partiendo de esta premisa y suponiendo que estas en el umbral de una decisión, te preguntó, le dijo Matías: lo que vas a hacer es un error o una equivocación, y te preguntó a sabiendas que hay errores que son una delicia y equivocaciones que son un amor.  

A lo que el joven dicente le contesto que el problema es que se debatía entre dos opciones. Una mujer que había crecido con un padre al que idolatró en vida y al que mitifica en muerte. Y otra que conoció hace un par de años en la oficina y que es la antítesis de la primera. Esta no solo estuvo y está en conflicto con su padre, sino que además siente que este nunca le brindo el apoyo psicoafectivo que ella necesitaba para fortalecer su ya muy fuerte autoestima.

Le aclaro a Matías que no ha llevado la relación más allá de una amistad con la primera y de colega con la segunda, pero que ambas le gustan en demasía y con ambas se siente de lo mejor, pero que esta consiente que una cosa es que una mujer te guste y otra el hacer una vida con ella.

Matías le hizo saber, sin ánimo de desanimarlo, que la duda es, en sí misma, una respuesta, ya que, si estuviera cierto de una u otra, no dudaría en dar el paso.

Matías no es un hombre que se distinga por su religiosidad, todo lo contrario, no obstante, es un estudioso de las religiones y sabiendo que su pupilo había crecido en una familia devota donde las haya, uso la metáfora de Eva y Adán para ilustrar su decisión.

Eva, le dijo, proviene del hebreo חוה (Hava = vida, debido a la mujer es la fuente de la vida). Adán proviene del hebreo אדמה (Adam que significa tierra), y que para que la tierra germine, necesita vida. Y esa solo la puede aportar la mujer. De tal suerte que el rol de la mujer es darle al hombre la vida que este necesita para germinar y producir.

Así, pues, le explico Matías, la elección más importante que el hombre hará en su vida es la de elegir la mujer con la que va a vivir, ya que esta es la que le dará mayor o menor vida a la tierra que este representa. Tan es así que los productos que emerjan de este estarán íntimamente ligados a la vida que esta le pueda dar.  

Por último, y transcribo fiel lo que le dijo Matías, una mujer que idolatro al papá y que en muerte lo mitifica, tenderá a crear una relación que gravite alrededor del hombre, atendiéndolo, agradándolo y, claro está, exigiéndole, pero siempre en un ambiente en el que este siente que es lo más importante para ella.

Una mujer que se confronto con el padre y que aun mantiene un conflicto con la figura paterna, tendera a establecer una relación racional de alta exigencia y de no equitativa entrega, es decir, exigirá que el marido le de todo lo que no le dieron en atención, dinero, cuidados y tiempo, pero sin que ello signifique que ella deberá dar lo mismo, ya que, desde la mente de esta mujer, la sola presencia y compañía de ella es más que suficiente.

Por supuesto que esto no es norma, pero es un fenómeno que se repite con suma regularidad en casos similares a los anteriores, así es que, sin demeritar la piel y la química que esta representa, te aconsejo que medites cual de las dos te va a brindar más vida, ya que es lo más importante que una mujer aporta a la relación.

El tema expuesto por Matías genero un debate apasionado entre los jóvenes de la tercera edad que estábamos ahí, reconociendo todos que efectivamente la mujer sostiene, maximiza o minimiza la tierra que el hombre es, en donde lo difícil de la decisión, no a nuestra edad que ya solo nos dedicamos a debatir y a escribir, pero si a la de él que está en sus tardíos treintas, está en el hecho de que hay errores que son muy dulces y equivocaciones que son un amor.

Comparto el tema a sabiendas de que causara un debate interno que los llevara a confirmar o a negar lo aquí expuesto, pero que al final los conminara, a analizarse y analizar su decisión.

Nos leemos en el siguiente artículo.

 

domingo, 16 de julio de 2023

La invención o creación de dios.

Hablar de dios es un tema espinoso, sobre todo si se hace fuera de la ortodoxia, sin embargo, lo importante aquí no es el cómo hablemos de dios, sino la exigüidad de tiempo, indagación y análisis que le dedica el hombre común a un tema que, en apariencia, les es trascendental.

Cierto que hay quienes no sienten la necesidad de hacerlo debido a que la ortodoxia lo ha hecho por ellos. Otros se amparan en la donación que sus ancestros les han legado de la idea de dios y a algunos más se ocupan de él, solo cuando las cosas les van mal. No obstante, lo que es menester entender es que la idea de dios es connatural el hombre. No importa si es inventado o creado, lo relevante es que este está íntimamente ligado a la superstición (
superstare = supervivencia).  

Tan es así que no importa si la persona profesa el hinduismo (la religión vigente más antigua del mundo) o si adora al dios Mazda (el primer dios monoteísta), o si practica el judaísmo, cristianismo, islam o alguna otra tan importante como estas. Lo significante es que la idea de la divinidad ha acompañado al hombre desde sus orígenes.

Al principio el hombre les atribuía una vida anímica a todos los seres de la naturaleza y a todos los fenómenos de esta (el sol, la luna, la noche, los rayos, relámpagos, terremotos, lluvia, sequía y demás etcéteras). Esta atribución lo llevo a adorar y temer todos estos fenómenos que no entendía y lo hacía como estrategia de supervivencia (superstare).

Esta misma estrategia es la que los llevo a asociarse con otros y a crear grupos cada vez mayores (tribu), mejorando con ello las posibilidades de caza y protección. En estos grupos destacaban dos figuras principales: el líder y el chamán. El primero por sus habilidades de caza y defensa, y el segundo, por su capacidad de observación, análisis y predicción de las rutas de los animales y por el conocimiento que tenía de los frutos y plantas peligrosas, comestibles y curativas, así como del clima.

De vez en vez surgía en esas tribus un chamán o guía espiritual con capacidades diferenciadas. Al grado que al morir este, los miembros del clan conservaban su cráneo con la intención de que los siguiera protegiendo y guiando desde el mundo de los espíritus. Este cráneo fue mitificado y venerado por las generaciones subsiguientes, naciendo con con ello el concepto del dios antropomorfo.

Conforme una tribu conquistaba a otra, imponía a esta su cráneo particular. Este, junto con los otros entes animistas de la época, brindaba protección y consuelo a los miembros de la congregación. Conforme está crecía en número, crecía también la cantidad de dioses o seres elementales que adoraban.

Cuando el grupo se convirtió en una comunidad con afinidades raciales y culturales (etnia), se afianzo la veneración de los antropomorfos y la lenta extinción de los animistas, debido a que a los seres humanos le era y les es más fácil identificarse con un dios parecido a ellos que con un animista.  

No obstante, la prominencia de los antropomorfos se dio justo en el momento en que los miembros de la etnia ocuparon, en conjunto con otras etnias, espacios geográficos que les permitían crear lo que hoy llamamos pueblo. Con el nacimiento de este nacen también las instituciones religiosas y de poder que normaban la vida de sus habitantes.

Conforme el pueblo crecía en número de habitantes, crecían también los problemas de gobernabilidad, por lo que las instituciones religiosas y de poder crearon el dios meticón (entremetido) que hoy conocemos.

Un dios que, además de ofrecer lo que los anteriores, ofrecía un guía moral que creaba en el pueblo una identidad común, y un sentido de confianza y cohesión, ya que este era un dios que podía observar, premiar y castigar los pensamientos e intenciones de cada uno de los pobladores, amén de comunicarle a reyes y sacerdotes los yerros y desaciertos de sus gobernados.  

El dios meticón fue mutando de formas e instituciones conforme cambiaban las sociedades de los hombres. Y si bien es cierto que en el mundo ha habido una sensible perdida de poder y relevancia del dios meticón, de sus instituciones y de sus representantes, también lo es el que el hombre ha regresado más fuerte que nunca a su origen animista.

Hoy, al tiempo que se discuten y se viven los avances de la ciencia, del telescopio James Web, de la Inteligencia Artificial, el internet satelital y una suma de etcéteras más, se vive también una retrocesión en el combés de lo espiritual (el 41% de los occidentales consulta su horóscopo, el tarot, la numerología y cosas similares antes de tomar una decisión).

Estamos viviendo dos fenómenos que definirán la forma de vida de los individuos, de la sociedad y de las instituciones religiosas y gubernamentales en los siguientes quince años: la invención de dios acusa una seria disminución y; la creación de dioses, una exacerbada aceleración.

La invención tiene que ver con el descubrimiento (inventus = descubrir); la creación, con lo que emerge del hombre (creare = engendrar).

Esta exacerbada creación de dioses particulares que inicio junto con las redes sociales (2008), nos ha llevado como sociedad a migrar de una identidad común (nación) a una identidad de grupo (blancos, negros, pobres, homosexuales, lesbianas y demás); de la cohesión a la polarización y de la confianza a la suspicacia. Cuando las personas dejen de creer en el dios que inventaron sus ancestros, dejan de creer en las instituciones que estos crearon (iglesia, matrimonio, familia, sociedad, democracia y demás instituciones de orden legal y moral).

Esto está generando nuevas formas de interacción social y de gobierno. Los individuos se vinculan con aquellos que comparten identidad, al tiempo que rechazan y atacan a los que no la poseen (enfrentamiento de grupos). Los partidos políticos se fracturan y en lugar de cohesionar la nación, la dividen. Las iglesias se derrumban, pierden autoridad y no saben qué hacer.

Este fenómeno se va a agudizar los siguientes dos lustros (violencia e inestabilidad), después de ello perderá gradual y lentamente su fuerza hasta llegar al cuarto lustro, que es en el que la humanidad habrá esbozado una nueva forma de sociedad y gobierno.

En el inter lo que debemos hacer es ocuparnos de lo que es inmediato a nosotros, que, si bien es cierto que vamos a enfrentar riesgos y peligros, también lo es el que se van a presentar retos y oportunidades. Las cuales solo podremos capitalizar si nos centramos en nuestra salud, familia y economía.

Nos leemos en el siguiente artículo.

sábado, 1 de julio de 2023

El imperio de lo absurdo.

¿Se ha preguntado alguna vez cuanto de lo que ha hecho y hace, obedece a lo absurdo?

Lo absurdo impera en nosotros mucho más allá de lo que imaginamos y pensamos. Lo paradójico de lo absurdo (sordo a uno mismo) es que aun cuando estamos conscientes de que muchos de nuestros actos son irracionales y alógicos, los llevamos a cabo.

Por ejemplo, al elegir pareja el consciente nos dice una cosa y el subconsciente otra. El consciente nos dice que busquemos una pareja que nos complete y complemente, que nos ayude a crecer al tiempo que nosotros le correspondemos de la misma manera. Una pareja que al tiempo que sea pareja, sea equipo.

Nuestra parte apolínea nos señala con toda claridad la persona que racional e inteligentemente reúne todas esas características que nos ayudarían a vivir acorde a la razón y la virtud, pero se nos van los ojos y la piel con ese otro u otra que promete una vida accidentada, irregular, pero llena de pasión, discusiones, desacuerdos y reencuentros. Es un caminar hacia adelante que en muchas cosas nos hace ir hacia atrás…, pero que, alógica e irracionalmente, decidimos tomar.

Este irracional proceder obedece al imperio que nuestra parte dionisíaca tiene sobre nuestra parte apolínea. Sabemos, por ejemplo, que el negocio que nos ofrecen no es necesariamente la mejor opción, pero nos posiciona tanto de cara al aparador, que preferimos invertir en él que en ese otro que es menos accidentado, pero rentable.  

Los grupos aeroportuarios, por mencionar un caso, generaron el año pasado (2022) una utilidad neta del 30%, mientras que las líneas áreas perdieron dinero, salvo una de ellas que gano siete millones de pesos al año.

Menciono este ejemplo por el rescate millonario que hicieron de una aerolínea algunos inversionistas internacionales de gran prestigio. Estos tuvieron la oportunidad de invertir ese dinero en un Grupo Aeroportuario debido a que un inversionista vendía sus acciones para migrar a otros emprendimientos, y, sin embargo, optaron por la otra opción.

Esta les ha dado mucho valor de cara al aparador, pero no rentabilidad. La empresa pierde $ 4.20 dólares por cada pasajero que sube al avión. ¿Por qué invirtieron en ella? No lo podemos saber, pero visto desde fuera podríamos decir que les gano la parte dionisíaca.

Lo mismo acaece en la gran mayoría de nuestras decisiones, nuestra parte apolínea nos señala con toda precisión lo que debemos hacer, sin embargo, lo común es que hagamos oídos sordos a ella (absurdo) para decantarnos por esa otra opción que no esta del todo bien, pero que nos promete una vida más intensa y accidentada.

Otro ejemplo que ilustra muy bien el imperio de lo absurdo es el de la infidelidad. ¿Por qué buscamos o aceptamos tener una relación con esa persona aun a sabiendas de que vive en pareja? ¿O por qué seguimos con esa otra a sabiendas de que comparte cama y piel con otra piel?

¿Es absurdo? Sí. Lo es. Pero hacemos oídos sordos a nuestra parte apolínea en aras de la pasión, del accidente y del error.

Más de uno podrá argumentar que la parte apolínea es muy aburrida. Y tal vez lo sea. No puedo argumentar mucho a favor de esta más que el hecho de que en muchas ocasiones ha sido muy rentable y productiva, amén de placentera (de placenta), pero también es cierto que Dionisio no para nunca. Este nos vive susurrando al oído placeres, accidentes, pasiones e intensidades que jamás nos podrá brindar Apolo.

Es Dionisio el que nos lleva a hacer oídos sordos para caer en ese imperio de lo absurdo que ha regido una buena parte de nuestros actos. ¿Sabemos que esta mal? Sí, pero también es cierto que si usted hurga en su memoria descubrirá que recuerda y se solaza más en lo dionisiaco que en lo apolíneo, aun cuando de cara al aparador hacemos todo lo posible para que la gente nos recuerde por nuestra parte apolínea.

El enfermo sabe lo que no debe comer o beber, y, sin embargo, en mayor o menor medida, hace lo que no debe hacer. Lo mismo acaece con los enfermos terminales. Saben lo que no deben hacer, pero mucho de ellos prefieren vivir una vida dionisíaca que una apolínea carente de placer.

En la vida es más lo que improvisamos que lo que planeamos.
Dionisio y la oblicuidad, que casi siempre van de la mano, nos viven presentado accidentes menores y mayores que nos obligan a salirnos del plan para improvisar. El problema, pues, no es la improvisación o lo dionisíaco, sino la ausencia de cálculo.

El no calcular adecuadamente el nivel de riesgo que podemos manejar (cosa de suyo difícil, ya que Dionisio nos dice que si podemos), es lo que nos ha llevado a hacer
oídos sordos a nuestra parte apolínea.

Lo paradójico de esto es que, si revisamos esos absurdos que a todas luces fueron mayores, encontraremos que el pretexto, texto y contexto nos mostraban todas las señales de alerta de lo que iba a pasar…, así pues, porque sorprendernos, si ahí estaban las señales apolíneas que nos decían lo que Dionisio iba a hacer.   

Lo peor del caso es que dada nuestra natura, es muy probable que lo volvamos a hacer. Tal vez con mucho mayor cautela y cálculo, pero lo volveríamos a hacer…

Nos leemos en el siguiente artículo.

sábado, 24 de junio de 2023

Hijos de su tiempo.

Todos somos hijos de nuestro tiempo. La economía, los fenómenos sociales y el avance de la tecnología inciden en nuestra visión, comprensión y operación del mundo. Al cambiar la economía (los negocios y la forma de hacer negocios) cambia la idea del trabajo y de la forma en que este se debe llevar a cabo.

Los fenómenos sociales (guerras, crímenes, revoluciones y demás etcéteras), determinan la forma de relacionarnos e interactuar con los demás. Los avances tecnológicos cambian nuestros gustos, divertimentos y formas de vida. Uno seria nuestro hacer y vivir sin computadoras, teléfonos móviles e inteligencia artificial y otro el que tenemos hoy.

Conscientes o no de ello, el entorno económico, social y tecnológico inciden en nosotros más allá de lo que pensamos, al grado que poco o nada nos detenemos a evaluar que del entorno es lo que debo hacer propio y hasta donde.  

Sirva esta divagación para explicar lo siguiente. Tuve la oportunidad de reunirme con jóvenes recién egresados de las universidades privadas más caras del país. Una parte de ellos le da más valor al tiempo para sí mismo que al dinero que puedan ganar, mientras que los otros le dan más valor al dinero que puedan ganar que al tiempo libre que tengan para sí.

Podríamos erróneamente concluir que los primeros se inclinan a cosechar primero sin saber lo que tendrán que pagar después, mientras que los otros prefieren pagar el precio del tener para vivir mejor en la vejez. La lógica de la vida es la que nos hace concluir lo ya expresado, aunque lo justo es reconocer que no es más que la impresión del momento, ya que el devenir de estos recién empieza.   

Otro punto para considerar es el hecho de que las respuestas obtenidas están subordinadas a la cuna, ya que estos jóvenes cuentan con un respaldo familiar y económico que poca gente puede tener (no más del 2% de la población).

Extendí mi investigación con otros egresados de las mismas universidades, encontrando que los que venían de la clase media o media alta, son los que más valor le daban al tiempo para sí mismos, mientras que los que venían de la clase alta, son los que más valor le daban al dinero. Visión y valoración que, sin lugar a duda, responde a su entorno.

Otro tema que llamo mi atención es el hecho de que menos del 40% de ellos pensaban vivir en México. Los que se inclinan por México son los jóvenes de la clase alta, ya que aquí es donde están las empresas de la familia, aunque una buena parte de ellos piensa extender el negocio a otras latitudes del mundo, por lo que lo normal para ellos sería vivir en esos países.

Los de la clase media o media alta tienen su mira en otros países. Lo cual se entiende, ya que ellos crecieron con la globalización a su máxima expresión, haciendo que vieran el mundo como su casa. Lo más importante de este fenómeno es el hecho de que muy pocos de ellos tienen una genuina preocupación por lo que pasa en México. No por apatía e indiferencia, sino porque ya dejo de ser su país. Es el país de sus padres, pero no el de ellos.

Esto, sin duda alguna, se va a ver reflejado en la elección presidencial. Los partidos deberán hacer un esfuerzo creativo e inteligente para lograr que los jóvenes de la clase media salgan a votar. Para ellos, lo que pasa aquí, es visto como algo ajeno, distante. Como un problema, pero no de ellos.

Es muy posible que varios de ellos logren con becas y/o con el apoyo de sus familias, hacer una especialización en aquellos países en los que desean hacer una carrera profesional, pero también es cierto que las posibilidades de desarrollo profesional que presente el fenómeno del nearshoring, cambie en mediano plazo la óptica de algunos de estos, logrando con ello una mayor involucración en los problemas de su pais.

La dinámica socio cultural de las nuevas generaciones representa un retro mayúsculo para la sociedad en si y para los partidos políticos de todo el mundo.

Si los partidos políticos no encuentran la forma de llevar su mensaje a las nuevas generaciones, el mundo va a enfrentar una serie de retrocesos, debido a que los populistas de izquierda y de derecha encuentran respaldo en una generación que ya no trabaja y que vota por ellos en aras de obtener beneficios que ya no pueden lograr por cuenta propia y que estos lideres prometen.

Nos corresponde a nosotros en particular y a los partidos en general, lograr que los jóvenes, hijos de su tiempo, salgan a hacer algo que no está en ellos: votar…

En otras palabras, lo que sigue para el mundo queda más en nosotros que en ellos.

Nos leemos en el siguiente artículo.  

viernes, 16 de junio de 2023

El riesgo tiene cara de mujer.

Recién me invitaron a una exposición de pintura de una artista muy peculiar. Su obra me causo asombro por la explosión de color y por esa inteligente y picara forma de plasmar la naturaleza de la mujer, lo que ineluctablemente me llevo a una reflexión que comparto con ustedes y que va de la mano con el artículo anterior.

Con frecuencia escucho al hombre quejarse de la mujer y a estas de ellos, no obstante, los argumentos que sustentan las quejas de unos y otros están en las antípodas. Ellas se quejan de la poca o nula sensibilidad que estos tiene para entenderlas y ellos de lo complejo, contradictorias y frágiles que son.

Lo que más me extraña de la minimización que el hombre hace de la mujer, es el hecho de que no solo piensa que puede minimizar las quejas de esta, sino que, además, la puede direccionar. Lo cual no es más que una muestra de la extraordinaria ignorancia e ingenuidad del hombre.

Se requieren dos neuronas y un poco de observación para entender que el hombre que piensa que va a poder direccionar a su mujer, está plenamente equivocado.

La mujer, desde que nace, logra hacer en los adultos de su familia (padre, abuelo y tíos), lo que nadie más logra hacer: la gravitación incondicional hacia su ser. Gravitación que poco a poco se irá extendiendo a otros hombres dentro y fuera de la familia.  

De lo primero que se da cuenta de infanta, es que ese hombre al que todos temen y hablan con tanta circunstancia, se derrite como mantequilla cuando camina hacia él con los brazos abiertos para darle ese beso y ese abrazo que solo ella puede dar. Nada hay que le pida a su padre, que este no haga hasta lo imposible para dárselo.

Este saber que puede lograr en él lo que nadie más puede lograr, va desarrollando en ella esa ingente necesidad de validar su poder más allá de las paredes del hogar y de los hombres de su familia. La experiencia la va indicando en ese lento devenir de la vida, cuáles son las características que poseen esos hombres en los que su poder es mayor… Y hacia ellos dirigirá su mira.

Por supuesto que los hombres elegidos por ella creerán que son ellos los que la eligieron a ella, lo cual en sí mismo es una muestra del poder de esta para incidir en ellos. Incidencia que ira perfeccionando hasta llegar a ese hombre con el que ha decidido hacer la vida…, aun cuando este no tenga ni la menor idea de la decisión de esta.

Este capacidad de influencia desarrolla en la mujer una picardía que le distingue desde la cuna y que crece y se agudiza con la edad. Picardía y malicia que el hombre jamás llegará a tener.

Otro tema recurrente en los hombres es la frase que sale de sus labios cuando discute con su pareja: “mujeres hay muchas”. Lo cual es cierto, no obstante, la pregunta obligada es: si mujeres hay muchas, ¿por qué estas con ella y no con otra? La respuesta es más simple de lo que ellos creen. Están con ella debido a que esa picardía o malicia de la mujer que oscila entre lo benigno y lo maligno, los tiene gravitando hacia ella sin poder escapar de su órbita.

Cierto que este poder de la mujer no aplica por igual a todos los hombres, tan es así que, si hay algo a lo que le ha dedicado tiempo, es a identificar a ese otro que con muy poco puede hacer que gravite hacia ella... El hombre, reconozcámoslo, poco es lo que le pide a la mujer. La mujer, en cambio, mucho es lo que le exige al hombre, no obstante, es menester reconocer que la gran mayoría de las veces es esta exigencia sin fin de la mujer la que hace que el hombro logre lo que muy probablemente solo, no hubiese sentido la necesidad de lograr.

La mujer nace con ese extra que le permite que el hombre gravite hacía ella, aun cuando este crea, porque así se lo dice su espejo, que por el solo hecho de ser él, ella gravitara hacia todo lo que disponga él…

Esto, estará usted de acuerdo conmigo, no se ve ni en las novelas decimonónicas de Jane Austen.

¿Será, entre otras cosas, que sea gracias a esta bendita inocencia e ingenuidad del hombre lo que hace que vivamos en pareja?

La respuesta la tiene usted…

Nos leemos en el siguiente artículo.

domingo, 11 de junio de 2023

Elegir pareja.

Recién recibí una pregunta que capturo mi atención. Me preguntaron si la búsqueda de pareja afectiva y sexual en personas mayores de 50 años es un acto consciente, inconsciente, condicionado instintivo o comedia.

Estará usted de acuerdo que, ante la sutil elegancia de tan irónica pregunta, no me queda otra opción más que responder y complementar.

Antes de entrar de lleno al tema me voy a tomar la libertad de compartir un anécdota. El que esto escribe convive, por desviación intelectual, con un grupo de herejes iconoclastas de diferentes ramas del saber. Uno de ellos que está en sus primeros setentas, me decía que esta tan enamorado de su actual pareja, que le hubiese encantado coincidir con ella con un mayor horizonte de vida (él 74, ella 62 y diecisiete meses juntos).   

Lo que deseo explicar con esta anécdota es que el amor no tiene que ver con la edad, color, idioma o religión. Tiene que ver con lo humano. Lo que cambia con la edad es la idea, visión y forma de acercarse y vivir el amor, pero todos, en mayor o menor medida necesitan de esa significación que brinda el amor.

Cierto que uno puede encontrar significación en lo que hace o gusta, pero siempre atrás de ese gustar y hacer hay, velada o públicamente…, un para quien. En algunos casos la pareja, los hijos, hermanos o amigos, pero siempre hay un a quien entregar, unidireccional y desinteresadamente, lo que uno es.

Nuestro dar no tiene que ver con los demás, sino con uno mismo, con nuestra satisfacción. Y solo cuando reconocemos que las cosas las hacemos por y para nuestra satisfacción, es cuando toman valor. Ya que justo en ese momento es cuando empiezas a dar sin esperar reciprocidad o reconocimiento.

Cuando tu dar no obedece a tu intrínseca necesidad de dar, lo que realmente estas buscando es la sumisión del otro a través del agradecimiento. El dar extrínseco es un intercambio comercial, pero no un acto de amor.

Acto consciente, inconsciente, condicionado, instintivo o comedia.
La elección de pareja cambia en función de la edad. En la adolescencia y adultesencia es un acto inconsciente que obedece al instinto, lo cual no garantiza que la pareja va a perdurar. Son otros los factores los que hacen que la pareja se mantenga más allá de la piel. No olvidemos que la relación de pareja es una construcción. Si lo único que te une a tu pareja es el sexo, estás en problemas, ya que, satisfecho este, no hay nada que te detenga ahí.

La elección se hace más consciente en personas de 50 o más años. Entiendes que el ojo quiere su parte y que la química es fundamental, sin embargo, la comunión de intereses, gustos, preferencias y convergencias socioculturales se tornan fundamentales, ya que puede haber muy buena química, pero no comunión. En el caso que mencione líneas arriba la relación se dio debido a que hay una excelente química entre ambos, amén de una convergencia de intereses y afinidades que les permite estar juntos: él es restaurador de arte y ella diletante y coleccionista.

Comedia es cuando la diferencia de edad es tal, que la convergencia de intereses se torna compleja y frustrante para las partes. Uno desea tranquilidad y el otro, movimiento. Entre más amplia sea la diferencia etaria, menos posibilidad de éxito tendrá la relación, salvo que la convergencia de ritmos e intereses sea tan afín, que el tránsito de la brecha etaria no represente problema alguno.

Resiliencia (con esto y con la conveniencia, complemento la pregunta) es cuando ya no hay amor entre las partes. Hay cariño, agradecimiento, tolerancia o respeto, pero no amor. En estos casos es cuando se dice que ya ni el amor se hace con amor. Están ahí por múltiples razones, pero la principal de todas es que carecen de los recursos materiales e intelectuales que les permitan empezar de nuevo.

Conveniente es cuando las partes deciden cohabitar sin ser pareja. En estos casos lo que existe es un acompañamiento que no demanda del otro más que amistad y respeto. En estos casos no hay piel de por medio, lo que hace que la exigencia se centre en los acuerdos de convivencia que fijaron las partes.

Contestada la pregunta concluyo con el irrefutable hecho de que el amor no tiene edad. Lo que tiene edad son las formas de vivirlo. Lo paradójico del amor es que solo cuando alcanzas la madurez es que te das cuenta de que el amor es lo único que importa en la vida. Todo lo demás es coyuntural.

Por ultimo y para no extenderme demás, concluiré diciendo que, entre más avanzas en edad, más inefable es el amor y la persona que te concita el amor, sin embargo, lo que te hace detenerte en esa persona es la realización...

Un amor que no te realiza, no es amor.

Nos leemos en el siguiente artículo.

lunes, 5 de junio de 2023

Ella antes de él.

María y Carlos son personas que conocí hace poco más de tres lustros. Ella en una conferencia; él en una Cafebrería. El contacto con María ha sido esporádico y trivial, salvo dos ocasiones en las que me busco para tratar temas de índole personal: su divorcio, hace ocho años. Y una decisión de futuro que recién tomo y que no está cierta de que sea la correcta.  

Con Carlos, la antítesis de María, me reúno con mucha frecuencia. Es un polímata consumado y un trotamundos con el que se puede hablar de ciencia, arte, economía, literatura y una suma de etcéteras más que, conjuntados con su memoria eidética, hacen del debate un placer.

Lejos estaba yo de pensar que uno y otro se conocían. Cuando María me busco después de mucho tiempo de no saber nada de ella, me pidió la oportunidad de tratar un tema que la tenía inquieta. Me comentó que coincidió en una reunión con un excompañero de preparatoria que hoy es un profesional reconocido en varios países de América, Europa y Asia. Un hombre al que tenía poco que ofrecerle en el ámbito intelectual, pero mucho en lo personal, por lo que se aboco a conseguir que este la invitara a salir. Cosa que hicieron un tiempo hasta que ella se alejo de él, debido a ciertas disonancias que le hacían ruido.

Al preguntarle en que consistían estas, me dijo que no entendía el que un hombre tan exitoso como él, viviera con estrecheces propias de alguien que va empezando su carrera. Su carro, me decía, es como el que mis amigos les compran a sus hijos cuando empiezan a manejar, además de que tiene diez años con él. Su vestir obedece más al nivel de las personas que le asisten en su ejercicio profesional que a los que triunfan en él. Y si bien es cierto que posee atributos y cualidades que no he encontrado en ningún otro, también lo es que la presencia o prescindencia de dinero determina el éxito o fracaso de una relación.

A mi edad, argumento María, el tema del dinero es vital, sobre todo porque ambos estamos en la recta final de nuestra vida productiva. Y era tal la prescindencia de dinero que veía en él que decidí poner distancia de por medio.

Al preguntarle en que exactamente estriba su duda o inquietud. Me contesto: que nunca se había topado con un hombre al que tanta gente respetaba afectiva, profesional e intelectualmente, pero que, en el fiel de la balanza, peso más las prescindencia de dinero que el maravilloso trato que este le dispendio. Le agradecí la confianza no sin antes hacerle saber que nadie podía ayudarla, ya que la respuesta la tenía ella. Le di algunos parámetros de reflexión y me despedí de ella.

El, después de ella.
A los día me llamo Carlos para confirmar día y hora del debate semanal (cuando está en la ciudad). Llego a la hora acordada y me dijo que esta sesión, a la que solo habíamos asistido él y yo, era particular. Pedimos los cafés y ya que este había entrado a su sistema, se dispuso a hablar. Me comentó que estaba confundido. Que había estado saliendo con una mujer con la que sentía muy bien. De la edad, con hijos próximos a la de edad de los de él y con amigos comunes. Que todo iba de maravilla hasta que un día se esfumo. La busco para saber si estaba bien, a lo que ella respondió que sí. Que solo necesitaba estar sola. Que por favor no la buscara.

No había, desde la óptica de él, motivo o razón de tal desvanecimiento. Nos llevábamos de maravilla, tanto con ella como con sus hijos y seres queridos. No entiendo que fue lo que de la noche a la mañana la llevo a alejarse así. Le pregunté si la seguía buscando y contesto que no. Que es de caballeros respetar la decisión de una mujer.

Le pregunté cómo se sentía y me contesto que bien. Que está haciendo su vida. Que recién regreso de Republica Dominicana y que se va a Jordania, Estambul e Israel a una serie de eventos con colegas y amigos de aquellas latitudes, y que a su regreso se va a Egipto con sus hijos. Que en general todo bien, solo que confundido, ya que no entiende lo que paso.

Me preguntó si podía leer una fotografía de ella, a lo que conteste que sí, pero que antes de ver la fotografía hiciéramos una disección de su lengua, hábitat y actos con el fin de no contaminarme con la imagen de la fotografía. Cabe aclarar que hasta este momento yo no tenía idea de quien era la mujer con la que Carlos había estado saliendo.  

Para no aburrir a los dos lectores que tengo, les diré que la síntesis de lo analizado fue lo siguiente:
La mujer en cuestión es, sin duda, una gran mujer. Solo que lo que le significa a ella está en el extremo opuesto de lo que le significa a él.

Carlos vive hacia adentro, por lo que la moda, estatus y símbolos de poder, le tienen sin cuidado.
Ella vive de cara al aparador, lo que hace que la apariencia del “Tener” y todo lo que esto encierra, sean de suma importancia.
Ella necesita demostrar; él, invertir.
Ella ve el futuro como un presente continuado; él, como una construcción. 

A ambos les ha funcionado su forma de ver y operar la vida, sin embargo, la concordancia entre uno y otro se ve poco probable.

Al término de la disección me mostro la fotografía y cual va siendo mi estupor el ver que era María. Le comenté que la conocía y que poco sabia de ella, dado que no es alguien a quien frecuente, pero que el análisis al que llego él al diseccionar el habla, actos y hábitat de María, corresponde a lo que yo he visto en ella.

Lo único que le comenté es que ella viene de un entorno familiar donde la apariencia del Tener es más importante que el mismo Tener… Y eso, no cambia.

Nos leemos en el siguiente artículo.