Lo normal es que el instinto y la razón nos impulsen a construir imperio para
la dinastía, cuando lo que debiéramos hacer es crear dinastía para el imperio. Los
imperios que se sostienen en el tiempo son aquellos que se forjan a través de
varias dinastías. Los que se extinguen al paso de dos o tres generaciones son
aquellos que se formaron en el espacio tiempo vida de un solo hombre. Hombre
que se afano tanto en la construcción del imperio que descubre, cuando tiene
que pasar la estafeta, que tiene imperio, pero no dinastía que lo soporte.
Son
muy raras las personas que en su espacio tiempo logran construir un imperio
(0.00001%). Los fundadores de imperios (personas que transforman su entorno a una
escala que trasciende su espacio tiempo de vida) son una rareza estadística.
El
secreto del imperio está en la dinastía, no en el imperio.
Las
dinastías que perduran a través de varias generaciones le dan más valor a la
educación que a la instrucción pública (universidades). Reconocen el valor de
está, pero les es más importante la educación (educere = extraer lo
mejor del otro), la cual se da en casa y por contagio.
Otra variable a la que le otorgan un alto valor es a la cultura. Culto no es el
que sabe más. Saber mucho de algo no me convierte en ese algo. El loro repite
las palabras, pero no sabe hablar. Los sabios de segunda mano (personas que su
único objetivo era obtener un título) son repetidores de repetidores, pero no
saben hacer las cosas. Culto es el que entiende y comprende diferentes formas
de hacer las cosas.
Nota: Recuerdo a ese culto de aparador que a los meses de haber muerto Octavio Paz me dijo: no sabes cuanto me dolió la muerte de Octavio Paz, aun cuando nunca haya leído un libro de él.
El trabajo es otro valor. Se les educa para trabajar inteligente e intensamente (en ese orden). Es el pensamiento el que rige la acción y no al revés. Se les enseña a evaluar donde son más rentables sus ocho, diez o doce horas de decisiones y acciones: ¿boleando, vendiendo o fabricando zapatos? El producto es el mismo, lo que cambia es la responsabilidad y rentabilidad.
El secreto del imperio está en formar una dinastía que posea la educación, visión y carácter que les permita recibir, acrecentar y consolidar lo poco o mucho que se les herede. Considerando, claro está, que una cosa es lo que queremos nosotros y otra la que nuestros hijos decidan hacer con todo y la formación o deformación que les hayamos dado.
En este formar dinastía debemos entender que a la naturaleza le gusta la medianía. Tan es así que en la historia de la humanidad solo el 0.004% de la humanidad han sido genios (incluyéndolo a usted). Genios cuyos hijos regresan a la medianía o debajo de esta. Cierto es que existen varias decenas de genios que procrearon genios, pero son la anomalía, no la norma. A los hijos los tenemos que formar (morphe = moldear) para que aprendan a capitalizar y rentabilizar el talento que poseen, indistintamente de que sean o no genios.
La
otra variable por considerar es que, así como la naturaleza tiende a la
medianía, la humanidad tiende a la pobreza (intelectual y económica). Pobreza
que además encuentra su caldo de cultivo en el irracional uso que hacemos del tiempo
y del dinero. Voltee a ver a su alrededor y vea cuanto tiempo pasa la gente en
distractores que no le suman, le restan. Así como el dinero que gastan en
símbolos de poder y en esa infinidad de cosas que compran y que poco o nada
usan. Tiempo y recursos que no producen, empobrecen.
Nunca pensamos en el futuro y ahí es donde vamos a vivir el resto de nuestra
vida.
Las
decisiones como creadores de imperio y de dinastías, las debemos llevar a cabo
conscientes de que una buena parte de ellas darán frutos al paso de varias
décadas. Y muchas de ellas cuando ya no estemos aquí. En otras palabras, más
que buscar reconocimiento, lo que debemos buscar es que la enseñanza persista más
allá de nosotros mismos. No por ego ni por trascendencia, sino por la responsabilidad
de dejarle a la vida mejores seres humanos que lo que somos o fuimos.
Es
de naturaleza humana estimar en poco lo que cuesta poco.
Los
Rothschild les dicen a sus hijos: Nacer en la familia Rothschild no te convierte
en un Rothschild. Tienes que ganarte el derecho de ser un Rothschild.
Las familias que logran crear un legado generacional educan a sus herederos en una cultura en la que el mérito prima sobre el derecho de sangre. Son familias en las que el apellido no se ve como premio, sino como una deuda generacional que tienen que solventar y mejorar, administrando, consolidando y acrecentando el valor del apellido (fundamento del imperio).
Los apellidos que se desvanecen en dos o tres generaciones son aquellos a los que se les educo como merecedores (todo merecen, nada deben). En el anverso de esta moneda están los conquistadores. A estos se les obliga a empezar desde los peldaños más bajos, atendiendo mesas, engrasando máquinas, revisando libros de contabilidad o trabajando en puestos secundarios, en donde el objetivo de esta preparación es el que entiendan y comprendan el valor del capital humano y el valor del capital económico. Cada mano aporta y cada tornillo cuesta, hasta el que esta tirado en el piso.
Empezar
desde abajo no va le va a agregar talento al que carece de él, pero si le va a
permitir apreciar el valor del capital humano y económico, cosa que le será de suma
utilidad en todos los aconteceres de su vida.
A los conquistadores se les enseña a vivir con bajo perfil, rayando, en algunos
casos, en el anonimato. Se les educa en la contención y sobriedad de la vida
privada. Se les enseña a evitar la exposición innecesaria y a entender y
comprender que una exposición innecesaria genera envidias innecesarias, lo que
a la postre se convertirán en obstáculos.
El
resurgimiento de la filantropía.
Cada
vez va a ser más difícil lograr que el apellido se aprecie en el tiempo, dado
que las nuevas generaciones no desean tener hijos, Decisión que esta más allá
de la presencia o ausencia de recursos, ya que lo que realmente desean es tener
tiempo para sí (eternizar la juventud). Son generaciones que van a descubrir que
el trabajo de toda una vida va a ser para el Fisco (lo que seguramente les hará
muy felices) o para instituciones de beneficencia humana o animal.
Esto implica que cada vez va a ver menos apellidos dinásticos, sin embargo,
serán apellidos más conocidos, ya que serán tan pocos que les será muy difícil
pasar desapercibidos. Lo que hará que cambie el concepto de Imperio y Dinastía.
Nos leemos en el siguiente artículo.
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