domingo, 14 de junio de 2026

La metamorfosis del amor.

Recién recibí una llamada de unos Operadores áureos. Un argentino y un mexicano. Ambos con vasta experiencia en el mercado del oro. El objetivo de la llamada no era otro más que el consultar sobre un instrumento financiero que les puso sobre la mesa un comprador ajeno a su mercado y con el que nunca habían trabajado. El instrumento, huelga decirlo, no tenía posibilidad de operarse. No en la forma en que opera el mercado áureo. El comprador, fiel a sí mismo y al mercado en el que trabaja, les ofreció un instrumento que se pagaría en el momento en el que a él le pagaran el oro.  

Les hice saber que la operación no era viable, debido a que el instrumento que se les ofreció no opera con liquidez inmediata. Sin embargo, era tal el interés de uno de ellos en cerrar la operación, que me pidió que buscará el cómo sí del instrumento en cuestión. 

Desesperado con este último, les comenté que en la vida nada hay más fácil que convencer a quien desea ser convencido. Y que si algo me quedaba claro es que ellos querían ser convencidos de que iban a poder hacer la venta con este cliente, dado que ellos creían, desde su imaginario, que al lograr una operación con un comprador de tal prestigio y relevancia, se vendrían en cascada muchas otras oportunidades de venta que nadie en el mercado áureo había contemplado.

El comprador, conocido social del socio Porteño, nunca ha operado en el mercado áureo. Su saber esta en las Notas de Termino Medio y en las mesas de intercambio, no en la compraventa de oro.

Les hice ver, dada la insistencia de uno de ellos, que se estaban enfocando en el síntoma y no en la causa. Y que la confianza, cuando carece de fundamento, se hace esclava de la suerte. Que yo entendía que confiaran mucho en su comprador, dado el prestigio que este tiene en el mercado secundario, pero que su confianza estaba basada en el prestigio y relevancia del comprador y no en el instrumento que este les ofrecía.

Al no poder vencer la resistencia de uno de los socios que con denuedo insistía en que buscará el cómo sí, me permití explicar lo que sucede cuando te enfocas en el síntoma y no la causa… Y lo hice a través de la problemática que está enfrentado la cultura occidental en lo concerniente a la baja en la tasa de natalidad. Para tal efecto les explique lo que habían hecho varios países del orbe para revertir este proceso y las razones por las que fracasaron.

La baja en la tasa de natalidad no se debe necesariamente a un tema económico. Este, en sí mismo, es síntoma, no causa. Razón por la que los incentivos económicos y fiscales que algunos países ofrecieron para revertir el proceso estaban condenados a fracasar.

La causa raíz que está generando una baja en la tasa de natalidad es que cambio el rol de la mujer en el mundo y mientras este no cambie, no va a cambiar la tasa de natalidad. Se van a requerir un mínimo de dos generaciones para que el rol de la mujer tome una nueva forma. No sabemos cuál va a ser, pero va a suceder.

Así ellos, a sabiendas de quienes son sus compradores, se abocaron a explorar nuevas alternativas de venta, pero en el mercado equivocado. Por lo que nada que hagan ahí va a funcionar. Lo que tienen que hacer es regresar al origen.

Usted dirá, y con justa razón, que qué tiene que ver esto con la metamorfosis del amor. Lo que pasa es que días después me llamó el socio mexicano para decirme que se había quedado rumiando el ejemplo (tiene tres hijas) y que no estaba de acuerdo con la causa que presente.

Que él pensaba que la causa raíz es que había cambiado el significado que las parejas le dan al amor. Para tal efecto me planteo la siguiente interrogante: ¿Existe el amor o lo que existe es la idea del amor en la pareja? Y si el amor existe, entonces lo que cambio es el significado que las parejas le dan al amor, lo cual poco o nada tiene que ver con el rol de la mujer en el mundo.

Mi respuesta a bote pronto fue que el amor de pareja existe y que el que tenga dudas de ello, que voltee a ver a sus ancestros, los cuales, más allá de los mil y un avatares y dificultades que tuvieron que enfrentar y resolver, hicieron una vida juntos.

El amor es una decisión.
Me queda claro que el ojo quiere su parte. Y es precisamente esa parte lo que hace que en un principio nos llame la atención la estética del otro. Pero, si bien es cierto que la piel atrae la mirada, también lo es el que no la retiene. Lo que nos retiene junto al otro esta más allá de la piel.

Conforme vamos tratando y conociendo lo que el otro es, es que nos vamos dando cuenta de si en su ser y hacer esta nuestra otredad (un yo mismo, pero mejorado). Así pues, lo que nos mantiene junto al otro es lo que lo que su humanitas es, no lo que su piel es.

Amas lo que la persona es, no lo que su cuerpo es.
El cuerpo va a vivir un inexorable deterioro, de tal suerte que si lo que te retiene junto al otro es solo su geografía corporal, entonces estas en una relación en la que prima el instinto, no el amor. Una relación que carece de profundidad sentimental, intelectual y espiritual, va a terminar más pronto de lo que las partes se imaginan, debido a que por lo mismo que llegas a una persona, la dejas.  

Si eso que te llevo a esa persona no posee esa abisal fisura que brinda la otredad, te vas a ir en cuanto el vació te alcance. Vació que, está por demás decirlo, lo vas sintiendo de manera progresiva…, hasta que llega el momento en ya no puedes con él. Y es justo ahí cuando renuncias a aquello que te lo genero, ya sea una relación de pareja, de trabajo o de evasión social.

No obstante, cabe aclarar que no es necesariamente que el otro o lo otro te haya generado ese vació, ya que desde un inició sabias que no era ahí. Lo que te convierte en coautor de tu propio vació. El problema es que, si no resuelves la vacuidad que te lleva a ello, te pasaras la vida migrando de vació en vació y de caos en caos.

 El significado del amor.
Y respecto al significado del amor, lo que ha cambiado es que estamos inmersos en un presentismo que carece de intención de futuro. Pero esto no va a poder extenderse más allá de una o dos generaciones, ya que, cuando el futuro los alcance (y los va a alcanzar), van a descubrir que no solo están más solos e insatisfechos que nunca, sino que además no están acompañados ni de sí mismos.

Justo cuando estas generaciones lleguen a ese momento, es que vamos a regresar al origen, pero como los seres humanos somos animales de corta memoria, regresaremos a ello atribuyéndoselo a otras causas…

En el intertanto, nos seguiremos leyendo aquí.