La naturaleza no va a ningún lado. Carece de dirección, lo cual no quiere decir que no tenga razón de ser. Tan la tiene que todo su hacer está orientado a un solo fin: asegurar su persistencia. Cosa que logra vía la reproducción y evolución. Con la vida pasa lo mismo. Carece de dirección. Es el ser que la vive el que le tiene que dar sentido y dirección.
Esta ingente necesidad que tenemos de darle sentido a la vida es lo que nos lleva a emprender mil y un actividades. Algunas esenciales, las menos, y otras insustanciales, las más. Amén de que esta necesidad de estar haciendo algo, es lo que antropológicamente nos impulsa más hacia el Hacer que al Logro. Hacemos mucho, logramos poco.
La no del todo consciente necesidad de darle sentido a la vida es lo que nos impele a adquirir compromisos de pareja, hijos, familia, amigos y demás etcéteras que tienen que ver más con el Ser que con el Hacer humano.
Es el darnos a esos otros que son nuestros otros y a esos otros que no son nuestros otros, lo que nos permite, por el hacer especifico que hacemos con ellos, el que nuestra vida tenga sentido. Este podrá ser satisfactorio o frustrante, de corta o larga duración, pero siempre se deberá más a nosotros que a los otros.
El secreto está en el origen.
Por la misma razón que llegamos a alguien o a algo, nos alejamos de ese
alguien o algo. Si usted llego a una relación de pareja solo por la atracción
física o psíquica, se alejará de esta cuando una o ambas hayan desaparecido. Si
llego por ambas y para formar un equipo, ahí se va a quedar. No porque la
física y psíquica de uno y otro no se deterioren -cosa que es ineluctable-, sino
porque es tanta la complementariedad y complicidad que como equipo han formado y
tanto lo que tienen que hacer, que nos les va a alcanzar el tiempo para
realizar lo que desean coronar. Amén, claro está, que la belleza de una persona
está en los ojos del ser que la contempla. Y siempre va a ver bello aquello que
ama.
Lo mismo acaece en los demás ámbitos del quehacer humano. Si usted hace las cosas solo para lograr una cierta cota de estatus, reconocimiento o poder, pero no por algo que contribuya realmente al desarrollo de su ser, el sentido que estas le brindarán será tan efímero e intermitente, que tenderá a repetirse en ellas una y otra vez, en aras de lograr eso, que de origen, inició mal.
A la naturaleza no le gustan los
vacíos y los vacíos los llena con excesos.
Si usted no se cuestiona la razón primera y última que lo impele a hacer lo
que hace, no podrá dimensionar si la trascendencia de su hacer es sustancial,
dañino o vacuo. Lo que inexorablemente le hará gravitar hacía una suma de vacíos
que tratará de curar con una abundancia de excesos. Cuando la realidad es que esas
cosas que tanto le han frustrado, se enunciaban de origen Fue usted quien conscientemente
decidió ignorarlas.
Y son precisamente es cosas que decidimos ignorar, las que hacen patentes nuestros vacíos (lugar en el que cabe todo) y, por ende, nuestros excesos. Cierto es que si hay algo que caracteriza a los seres humanos es que solemos llenarnos de actos que no tiene otro fin más que el de poblar el espacio tiempo que tenemos, pero una cosa son los actos inútiles y otras los excesos.
La experiencia, que no es otra cosa más que la proyección del pasado al futuro, le señalará esas áreas en las que sus vacíos le han llevado a repetirse una y otra vez -acertando y errando siempre con el mismo tipo de personas y en las mismas cosas.
Muchos encuentran un refugio al vacío en la pareja, hijos, amigos y trabajo. Otros en la religión y esoterismos de moda. Los más en la bebida y la fiesta, amén de aquellos que llenan sus vacío con enervantes y esos otros que lo hacen a través de deportes extremos y demás etcéteras. No obstante, lo realmente importante es que se cuestione la razón primera y última (origen) que lo lleva a hacer lo que hace, ya que siempre será el origen (causalidad) el que le haga patente la atinencia o impertinencia de su hacer.
El vació bien dirigido nos lleva a la creatividad, mal dirigido, a los excesos. Algunos, por ejemplo, incurren en un consumismo neurótico, sin tomar en cuenta que una compra que carece de significado genera un vació mayor que el que busca remediar. Entrando a una espiral a la baja que encuentra su fin cuando los recursos se agotan
Me lo crea o no, algún día se tendrá que retirar y lo ideal es que antes de que ello suceda, ya tenga un hacer que le dé sentido a su vida y que le agregue valor a su ser (el hacer que no le suma, le resta).
Recuerde que la pareja, hijos, amigos y demás etcéteras del ser y hacer humano, son transitorios. Y cuando todos se vayan, ya sea porque construyan una vida ajena a usted (hijos, amigos) o porque partan de este plano antes que usted (pareja, amigos) o porque usted mismo ya no está en la fuerza y en la posibilidad de hacer muchas cosas, el tener un hacer que le agregue valor a su ser, es lo que además de darle sentido a su vida, le hará desear estar en ella.
Líneas arriba decíamos que la experiencia no es otra cosa más que la proyección del pasado hacia el futuro. Revise las proyecciones que ha hecho de su pasado y descubrirá los vacíos en los que ha incurrido y la forma en que ha salido o permanecido en ellos. Sin embargo, para aprender de ellos, es menester que los revise con una cierta distancia emocional (objetividad), para centrarse no en lo que han hecho los demás, sino en lo que ha hecho usted.
La revisión del pasado ha sido siempre el mejor predictor y el mejor corrector,
tan es así que hay quienes al envejecer son más sabios y otros solo más viejos.
Lo importante, no obstante, es que sin importar la edad que tenga, está a tiempo... Usted decide.
Nos leemos en el siguiente artículo.