lunes, 21 de septiembre de 2026

Confianza o colonización.

Un tema común en las relaciones es el de la confianza. Exigimos, para poder brindar nuestra confianza, un nivel de transparencia que no estamos dispuestos a ofrecer, dado que hay reservas del ser que no queremos y no debemos compartir con nadie. Lo paradójico, no obstante, es que cuando la otra parte no muestra la transparencia que exigimos, le retiramos nuestra confianza sin detenernos a pensar en lo que hacemos nosotros.  

La transparencia que pedimos, pero que no ofrecemos ni poseemos es la disolución entre el dentro y el fuera, la correspondencia entre lo que se es y se aparenta. Lo que pedimos pues, para brindar nuestra confianza, es la desnudez del ser. Que el otro se muestre tal como es, sin ambages y sin dobles caras. La realidad, no obstante, es que los únicos que en estricto sentido muestran la desnudez de su ser son: los niños en cuanto a inocentes y los enfermos mentales. 

Nuestro exterior es el envoltorio de nuestro caos interior.
En la Abstracción participa un cofrade que constantemente nos conmina a que clarifiquemos nuestras afirmaciones con el fin de que todos entendamos lo mismo. Comento eso debido a que tal vez sería prudente que definiéramos que es exactamente lo que exigimos de la otra parte para que sea meritoria de nuestra confianza, ya que es posible que, sin estar del todo consciente, lo que realmente estemos buscando es colonizar su privacidad (conocer el todo del otro). Una privacidad que tanto la otra parte como nosotros tenemos derecho a guardar. 

Es menester analizarlo a profundidad, ya que lo más probable es que usted llegue a creer, lo que no va a hacer. Creer que está dispuesto a exponer la desnudez de su ser en aras de crear una relación en la que también pueda exigir lo mismo. Lo cierto, no obstante, es que el que usted lo haga no obliga a la otra parte a hacer lo mismo. Pregúntese si eso que ofrece es lo que la otra parte quiere y necesita, porque de no ser así, no se dará la correspondencia que busca.

La cortesía es el disfraz elegante de la mentira.
Como usted bien sabe, una vida sin mentiras es mentira. Y prueba de ello es lo mucho que nos mentimos a nosotros mismos, sobre todo cuando justificamos nuestro accionar o el de los nuestros (las cosas se explican, no se justifican). Cuando la realidad es que si fuéramos tan trasparentes como exigimos, no nos sería menester justificar nada. Las cosas las llamaríamos por su nombre y lo haríamos sin descalificarlas o demeritarlas, ya que entenderíamos y comprenderíamos que las cosas son. Así de simple.  

El derecho a la privacidad.
La otra parte posee el mismo derecho que tiene usted de salvaguardar parte de sus pensamientos y actos. Amén de que nadie posee la fuerza mental y la madurez psicológica para recibir la cruda verdad del otro o de los otros. Ni para decir lo que realmente pensamos o sentimos de las otras personas en determinadas situaciones. Para eso inventamos la cortesía, para mentirnos a nosotros y a los otros con un nivel de elegancia que no nos haga sentir mal, y mucho menos, mentirosos.

La confianza en la relación de pareja.
Recién tuve la oportunidad de comer con una gran amiga. Esta me comento que había tenido una diferencia con su pareja. Él le oculto que se había reunido con unos amigos para ir a un evento. Me explico que, al descubrirlo y hablar con él al respecto, le pregunto la razón por la cual le había ocultado algo tan inocuo. A lo que este contesto que porque no quería pleitos ni dramas. Ella le pidió que le dijera las cosas como son. Que prefiere conocer y lidiar con la realidad como es, que descubrirla y especular sobre las razones de la ocultación.

Me preguntó que por qué los hombres tendemos a esconder las cosas. Las razones, le dije, son múltiples. Lo primero que debes comprender es que las diferencias entre hombres y mujeres son inexorables, debido a que nada agrede más al hombre que el tener que dar razón de la totalidad de sus actos. Y nada desea más la mujer que tener conocimiento de todas las razones de estos. La mujer siente, cuando no tiene el todo de las razones de su pareja, que la relación no está bien, ya que lo que intrínsecamente busca y necesita es tener colonizado todo su ser.

Cierto es que el afán de colonización es inversamente proporcional a la seguridad de la persona. Entre más insegura es una persona (hombre o mujer), mayor será la necesidad de saber el todo del otro. No obstante, el afán de colonizar es más constante en la mujer que en el hombre. Esta en su estructura antropológica.

La segunda razón por la que el hombre oculta las cosas es el drama. Para explicar esta parte le pregunté si con anterioridad le había hecho drama o si había recurrido a la persuasión emotiva (chantaje emocional) ante algo en lo que se hubiese sentido excluida o no tomada en cuenta. Me contesto que no, que solo le había dicho gracias por incluirme en algo que no la había incluido.

Le hice ver que si hay algo con lo que el hombre no puede, es con el drama. Lo que menos desea es tener problemas con la mujer que duerme. Amén, claro está, y aquí entramos a la tercera razón, es que una de las cosas que más teme el hombre de su mujer es, su portentosa memoria (espacio en el que las cosas ocurren más de una vez).

La mujer, dada su naturaleza, necesita hablar muchas veces de lo que siente, aun cuando ese sentir allá pasado hace mucho (en su memoria vuelve pasar una y otra vez). Es por lo que siente una ingente necesidad de hablar las cosas. Un hablar que, huelga decirlo, él entendió desde la primera vez, pero que ella necesita expresar una multiplicidad de veces para poder procesarla en su interior. Y espera que él, en ese proceso, la escuche con atención real, no figurada, aun cuando sea la décima ocasión que le expone el tema.

La pregunta es: ¿Quisiera ella saber lo que piensa él de eso o preferiría la diplomática cortesía que oculta la verdad? La pregunta es válida en todos los ámbitos de las relaciones humanas. ¿Realmente queremos saber lo que nuestra pareja, hijos, familiares, socios y amigos opinan de nosotros en determinados momentos? ¿Poseemos la fortaleza de mente para aceptar la realidad tal como es, sin que ello implique que descalifiquemos al otro o demeritemos lo que nos dice? ¿No será preferible ignorar intencionalmente algunas cosas que, si pasan, no pasa nada?

El peso de la idealización.
Es posible que una mujer que este profundamente enamorada de su novio, llegue a contemplar el suicidio ante la pérdida de una relación en la que había cifrado todas sus esperanzas, no obstante, es poco factible que una esposa contemple dicha posibilidad ante la pérdida de su esposo. Ya que una cosa es la irrealidad magnificada de lo soñado y otra la realidad de lo vivido. Lo vivido nos ayuda a conocer, aceptar y digerir los límites del otro. Limites que lo hacen tan humano como nosotros.

Antes de hablar de confianza definamos hasta donde estamos dispuestos a invadir o salvaguardar la privacidad de la otra parte para brindarle nuestra confianza y hasta donde esté dispuesta la otra parte a compartir esos rincones de su ser que desea preservar para sí, ya que, de no hacerlo, nuestras relaciones van a ser, en todos los ámbitos del ser humano, difíciles y conflictivas.

Y la segunda cosa que debemos hacer es preguntarnos que buscamos: ¿Compartir parte de nuestra vida con el otro o colonizarlo? Me queda claro que hay personas que son como el desierto… Por mucho que caminemos con ellas no vamos a llegar a la tierra prometida. Son desierto. Pero hay otras que valen la pena y que, en nuestro afán de colonizarlos, podemos, sin darnos cuenta, incentivar su independencia.

Si algo nos ha enseñado la historia es que todos los seres humanos, al ser colonizados, se independizan. Unos antes, otros después, pero se independizan…
 

No vaya a ser que por nuestro afán de colonizar perdamos eso, que en teoría, tanto amamos.

Nos leemos en el siguiente artículo.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Los Anómalos.

La estructura societaria la conforman tres segmentos antropológicos: El de los Hombres Masa, el de los Periféricos y el de los Anómalos. En este artículo nos centraremos en los Anómalos, no obstante, nos será menester aproximarnos a los dos primeros para entender lo que caracteriza y diferencia a cada segmento.

El Anómalo crea mundo (2%); El Periférico lo gobierna y vigila (5%); El Masa consume y opera (93%). Todo lo que usted usa y ve a su alrededor fue creado por un Anómalo. El mundo es un antes y un después de ellos y lo es en todo los ámbitos del quehacer humano. 

Los Hombres Masa y el mérito prestado.
Los Hombres Masa, aun cuando no estén conscientes de ello, ligan su valor y prestigio en la sociedad (pareja, familiares y amistades) al prestigio de la empresa o dependencia en la que trabajan y al puesto que en ella ocupan, así como a la adhesión de los dogmas, costumbres y rituales de su tribu familiar y social.

El Hombre Masa necesita para vivir de símbolos; mitos; retórica y ritual (cosa que el Periférico procurará crearles y darles).

Los Símbolos les dan identidad y sentido de pertenencia (camiseta de la empresa, del equipo deportivo, de la selección, así como de la marca de la ropa, de los accesorios, calzado y demás etcéteras).
Los Mitos les dan en que creer (para el Hombre Masa es más importante la creencia que la verdad).
La Retórica les da que hablar (un hablar que hablan los demás).
Y el Ritual, la tranquilidad y seguridad que brinda la repetición (son entes de rutina).

Los Hombres Masa no solo son
garantía de continuidad. Son los operadores que hacen que el mundo siga funcionando y consumiendo. Sin ellos, el mundo que han creado los Anómalos y que han gobernado los Periféricos, dejaría de funcionar.

El Hombre Masa es monolingüe. Entiende de emociones, sentimientos, tradiciones y costumbres. No solo se les dificulta en mucho la comprensión de todo aquello que este fuera de estas cuatro vertientes de su habla, sino que además han desarrollado una memoria de muy corta duración para todo aquello que se les diga o demuestre ajeno a las variables de su lenguaje basal.
     

El Periférico, razón disfrazada de emoción.
El Periférico, a sabiendas de que nada agrede más la sensibilidad del Hombre Masa que la falta de tacto al usar la lógica y la realidad, se comunican con ellos a través de emociones, narrativas y sentidos de pertenencia. Al hablar con la Masa usan la idealización que estos tienen de la ética, la moral, la familia y la patria para crearles, a través de una narrativa emotiva, la identidad y sentido de pertenencia que tanto necesitan y anhelan (los Masa son personas símbolo).

Esto no quiere decir que los Periféricos (personas Signo) no busquen la verdad, la justicia o el honor. Lo buscan, pero priman más en ellos el pragmatismo y la prevalencia del control, que la romántica idealización que el Masa hace de los conceptos símbolo.

Su métrica de éxito es el reconocimiento formal y la acumulación de poder dentro del sistema. Y aun cuando nada desean más que subir de nivel, cuidan, en su proceso de ascenso, de no enemistarse con los niveles superiores. La experiencia les ha demostrado que no solo es contraproducente, sino que estos pueden, en el mejor de los casos, obstaculizar su desarrollo o, en el peor de ellos, pararlo.

Entre sus pares (bilingües al fin), no hablan de emociones o valores. Su comunicación es pragmática, racional y centrada en recursos, correlación de fuerzas, capital y rentabilidad. Su motor no está en la creación de la realidad. Está en la gestión, comercialización y capitalización política y económica que esta ofrece.

El Anómalo. Ni razón, ni emoción: Creación.
Lo que para el Hombre Masa es la vida misma (la aprobación de los suyos y de los demás, el ritual, el confort, el estatus afectivo) y para el Periférico el fin (el poder, el dominio, la influencia), para el Anómalo es ruido de fondo. Para él todas estas cosas son, en sí mismas, un ejercicio de invención para desviación. Ni las entiende, ni las ve necesarias.

El Anómalo considera que las convenciones sociales son herramientas diseñadas para homogenizar, distraer y simplificar las mentes. Su lealtad no es hacia la pareja, la tribu o la estructura de poder. Es hacia su proyecto. Lo demás, le es insustancial e irrelevante.

Disrupción y progreso.
El progreso de la especie no nace del consenso de la Masa ni de la administración del Periférico, sino de la ruptura que provoca el Anómalo. No obstante, es menester reconocer que una vez que el Anómalo crea una nueva realidad en las letras, artes, ciencias, tecnología, negocios y demás etcéteras del quehacer humano, el Periférico las capitaliza y comercializa, y el Masa las ópera y consume como si estas hubiesen existido siempre.

Lo que distingue al Anómalo no es necesariamente su Cociente Intelectual, sino la extraordinaria capacidad que tiene para ver en lo que todo el mundo ve, lo que nadie ve (las cosas están ahí, solo hay que saber verlas y materializarlas). Este ver diferente le permite crear nuevas ideas, productos o formas en todos los ámbitos del quehacer humano en los que esta su anomalía.

El Anómalo es anómalo en lo personal, familiar, social, laboral o empresarial. Se muestran diferentes desde la primera infancia. Se le dificulta en demasía las relaciones humanas, así como la plática trivial o superficial (esencia de la convivencia en los Masas y Periféricos), lo que hace que unos y otros los marginen. Cosa que padecen primero y agradecen después.

En el Anómalo no solo no cabe la charla insustancial, sino que tampoco se le dan los eventos multitudinarios. Amén de que es ajeno a todos esos ejercicios de invención para la desviación que tanto gustan al Hombre Masa y al Periférico (mundiales, olimpiadas y demás etcéteras).
 Al primero por lo que le hacen sentir, al segundo, por el aparador que representan.

Al Anómalo no es necesariamente elitista o asocial, el problema, si lo podemos llamar así, es que son muy pocas las interacciones sociales que le agregan valor, amén de las cosas más interesantes que vive y experimenta están su cabeza, no fuera de ella.

Podrá, es cierto, ir a un festejo, estadio o concierto, cosa que hará una vez en su vida y solo para analizar y diseccionar lo que esos fenómenos le generan al Masa y al Periférico. Después necesitara de varias décadas para purgarse de esa multitud. Si usted pudiera conversar con uno de estos, éste le diría que para él: uno es suficiente; dos, bastante; tres, multitud.

Lo normal es que vivan en solitud (el 99% de ellos). Y si bien es cierto que son los que más necesitarían de una pareja que les gestione el día a día (genios en lo suyo, ineptos en todo lo demás), también lo es que son extraordinariamente torpes en el tema de la pareja y en la relación que esta conlleva.

El Anómalo -Anómalo busca el anonimato por sobre todas las cosas. El Anómalo – Periférico busca el reconocimiento intermitente del aparador. Se cansan rápido de él, pero ineluctablemente regresaran a él al termino de una nueva creación. Cosa que al Anómalo – Anómalo jamás hará.

La sociedad requiere del Anómalo para avanzar, pero los quiere lejos de la sociedad y a cuentagotas.

Los Anómalos son, en sí mismos, una anomalía necesaria.

Nos leemos en el siguiente artículo.

sábado, 29 de agosto de 2026

Contradicción hecha carne.

Las contradicciones, por definición, no existen. No es posible ser y no ser al mismo tiempo, no obstante, nos es menester reconocer que la contradicción es coesencial a la naturaleza humana, debido a que nuestra estructura es Hile-Mórfica (Hyle -materia; Morphé -espíritu). La materia nos conduce hacia los apetitos y afectos sensibles (en ese orden), y el espíritu, al vector contrario. Y es en este constante conflicto entre razón y entrañas que vivimos el día a día.  

Si algo nos ha enseñado la antropología es que las entrañas siempre ganan. Y si bien es cierto que una mente educada las puede dirigir y contener, también lo es el que no las puede desaparecer. De tal suerte que éstas, listas y atentas a cualquier oportunidad del entorno, aprovecharán cualquier flaqueza de la mente para salir a flote y llevar a su huésped a la acción. Ya vendrá después el arrepentimiento, que puede ser temporal o de palabra. El primero nos llevará a la intermitente reiteración y el segundo a la constante consumación.

Usted me podrá decir que es ilógica esta afirmación, y tiene razón, lo es, pero los seres humanos somos incongruentes y alógicos. Y si no me cree, pregúntese cuantas cosas hace a sabiendas de que no las debe de hacer y cuantas las hace regodeándose en ellas. Le puedo asegurar que son muchas. Y no es que usted no sepa que no las debe hacer. Lo sabe, pero las entrañas lo llevan a ellas en la primera oportunidad o flaqueza de su mente y de su voluntad.  

La explicación no justifica la acción. 
Los seres humanos somos, pues, contradicción hecha carne. Esto, huelga decir, no nos excusa para dejarnos llevar por los apetitos de la materia, pero si nos hace patente que el conflicto entre entrañas y razón es, además de intenso, constante. Y que aún a sabiendas de que nuestro andar es a contrasentido, debemos hacer todo lo posible por gobernar lo que somos para que lo que somos no nos gobierne a nosotros. Tarea que, no se preocupe, dura toda la vida.  

El tema obedece a que en las últimas sesiones de la Abstracción hemos discutido abiertamente este punto (razón – entrañas), debido a que un miembro de ella puso sobre la palestra un tema personal para análisis y debate. Lo puso no con el ánimo de hacer público lo privado (cosa que la gente hace en las redes sociales), sino para nutrirse del análisis reflexivo de sus cofrades. Y lo hizo a sabiendas de que la reflexión constante de aquello que demandan las entrañas es lo que más ayuda a contenerlas, sobre todo cuando esta se hace con una lógica contundente.

Un día sin ayer.
En la vida de los seres humanos solo puede haber dos días sin ayer: El día que nace (literal) y el día que conoce a su otredad (figurativo). Como el lector ya puede educir, el caso gira en torno su pretendida otredad. O, por lo menos, a la mujer que él considera o consideraba su otredad. El caso, para no entrar en detalles, giro en torno a la viabilidad o inviabilidad de la relación. No por la ausencia de ganas de las partes (entrañas), sino por las diferencias psicosociales de estas (mente).

Ella pone como condición una casa que está, a juicio de él, más allá de las necesidades materiales de ambos (pareja sin hijos en casa). Una casa de cuatro o cinco habitaciones, doble sala y demás menesteres propios de una intensa vida social. Ella, fiel a sus necesidades sociales, le hizo saber que no se podría ir a vivir a una casa que este, en tamaño y espacio, por abajo de la que ya tiene.

No se trata de juzgar si la razón está del lado de ella o de él, ya que cada uno tiene diferentes ambiciones y necesidades. Él, eremita con una vida social que no va más allá de los círculos intelectuales con los que interacciona, propone un hábitat propio a su oficio y edad. Ella, aunque coetánea, necesita más. Uno demanda solitud, el otro, aparador.

De aquellos polvos, estos lodos.
Gabriel García Márquez era indigente en Paris. Pedía limosna afuera del Metro y de vez en vez se subía a los vagones del Metro a cantar para recolectar algunas monedas. Vivió, como la gran mayoría de los escritores y de la gente de cualquier oficio, días de penurias extremas, no obstante, nunca dejo de escribir. Y si bien es cierto que sus novelas no le daban para vivir ni para pagar la renta, también lo es que su esposa siempre estuvo ahí, invirtiendo con su tiempo, comprensión y apoyo. Lo demás es historia. Cien años de soledad fue y es un éxito mundial y le genero dinero a raudales.

Ella y él llegaron a la relación como inversores, no como cobradores. Tan es así que cuando llego el dinero, él siempre estuvo ahí para disfrutar con ella y sus hijos el trabajo de los dos. En conclusión, no todas las parejas son parejas. Unas llegan para invertir y otras para cobrar.

Encontrar tu otredad es encontrar tu segundo día sin ayer. Es encontrar a ese otro u otra con la que sientes que tu historia empieza de cero. Historia que construyen juntos para formar un nuevo amanecer. Estas parejas alcanzan tal plenitud en su relación que cuando una de las partes llega a faltar, la otra se disminuye sensiblemente.

En las parejas en donde el motor de una o de ambas partes es cobrar, el deterioro se deja notar: una parte se envejece y la otra se frustra. Y cuando llega a faltar una de ellas (sin importar cuál de las dos), la otra no solo se rejuvenece, sino que, además, se revitaliza y vuelve a sonreír.

El otro nunca te miente, te mientes respecto al otro.
De nuevo, el tema no es definir quién tiene la razón (cada parte defiende lo que le es esencial), sino entender que lo que nos engaña es la piel. Las entrañas te dicen que ahí es. Y la razón te dice que lo es en lo físico, pero no en lo psíquico. El otro no te está engañando, tus entrañas te están engañando respecto al otro.

Si partimos de la premisa de que el secreto de todo está en el origen, pregúntese: cual es la razón primera y última que me lleva a esa relación. Si es la piel, va a terminar por fenecer (el instinto se satisface al consumarse). Si es la razón, también. Debe haber un sano equilibrio entre piel y razón. Ya que si bien es cierto que el amor que no se escribe en la piel es poesía, también lo es que cuando solo hay piel, la razón se desespera y huye.
 

¿Llegas a esa relación para invertir con tiempo, apoyo y comprensión en lo que él otro es? ¿Llega ese otro como inversor o como cobrador? Ambos roles salen a flote muy rápido. A uno le corresponde decidir si deja llevar por las entrañas o si se da el tiempo para buscar o coincidir con ese otro u otra que además de piel y razón, es Inversor.

Es importante donde vas a vivir. Lo es más, el con quien vas a vivir.

Nos leemos en el siguiente artículo.

 

 

viernes, 7 de agosto de 2026

La revolución silenciosa de Mont Pelerin.

En 1947 Friederich von Hayek, Milton Friedman, Karl Popper, Wilhem Röpke y Ludwig von Mises fundaron la Sociedad Mont Pelerin.

Los objetivos de esta eran: I) Infiltrarse en las mejores universidades de Occidente para formar en las teorías del libre mercado, a los hombres de estado y de empresa que construirían el mundo de posguerra; II) Minar la influencia del consenso colectivista de Keynes; III) Crear las bases de la globalización. El éxito de la revolución que emprendieron estos intelectuales logro que el Keynesianismo desapareciera en casi todo occidente, excepto en América Latina.   

Evolución del ingreso personal.
De la edad de piedra al siglo XV, el 90.9% de la población mundial vivía en situación de pobreza extrema. Y entre el 15%  y 20% de la gente moría de inanición, pero como no había redes sociales (Facebook; Instagram), la gente consideraba que las cosas eran así, que era el ciclo natural de la vida.

El nacimiento del capitalismo permitió que la humanidad pasara de un ingreso que en el siglo XV oscilaba entre los $566 y $750 dólares al año, a uno de $25,000 dólares en el 2025. La diferencia, como dirían los socialdemócratas, es apenas perceptible.

La población de los paises que no entraron al capitalismo hasta bien entrado el siglo XX (China e India, por mencionar solo algunos), vivían a mitad del siglo (1950) en pobreza extrema. India, bajo un régimen socialdemócrata, con un ingreso promedio anual de $619 dólares. China, bajo un régimen colectivista radical, con uno de $448 dólares anuales.

China ingreso al capitalismo en 1978, pasando de un ingreso promedio anual de $448 dólares a uno de $25, 000 en 2025. India ingreso al capitalismo en 1990, pasando de un ingreso promedio anual de $619 dólares a uno de $10, 400 en 2025

Pragmatismo versus romanticismo.
Las generaciones que estaban enfocadas en la construcción patrimonial, no tenían otra cosa en mente más que trabajar intensa e inteligentemente para mejorar su nivel de vida y la de sus descendientes.

El cambio de tendencia lo suscitaron los que llegaron después de los constructores. Los descendientes de estas generaciones llegaron a un mundo con bases económicas, sociales y culturales que sus ancestros jamás hubiesen podido imaginar. Esta bonanza económica y cultural les permitió idealizar las teorías de Marx y Engels, al grado que hoy se enseña el manifiesto comunista, en más de tres mil programas de las mejores universidades de EE. UU.

Cierto que a los discentes de dichas universidades no se les dice que Carlos Marx jamás le pago un solo céntimo a su empleada, como tampoco se les hace saber que los trabajadores de Federico Engels tenían jornadas de doce a catorces horas diarias de trabajo, ya que son detalles insignificantes comparados con la idealización de la teoría… Y si bien es cierto que en los diez principios que publicaron en el manifiesto comunista exigían salarios justos para los trabajadores y la abolición del trabajo infantil, también es cierto que ambos hicieron suya la frase de: hágase la justicia, pero en los bueyes de mi compadre.

Los estudiantes universitarios que reciben estas teorías jamás se detienen a pensar que los académicos que promueven estás ideas, no solo están pacientemente clorofilando, sino que además disfrutan de un nivel de vida y de unas prestaciones laborales y económicas que están muy por arriba del americano medio. Las únicas preocupaciones de estos amantes de la clorofila, es ganar un poco más de espacio en el presupuesto de la universidad.

Es de naturaleza humana estimar en poco lo que cuesta poco.
Cuando llegas a un mundo en el que está casi todo resuelto, es fácil que vendas y compres utopías, ya que das todo por sentado. Amén de que ninguno de estos académicos va a perder un céntimo de sus beneficios al promover las ideas del marxismo. Tal vez, y solo tal vez, corran el riesgo de perder su posición por quejas de los donantes, tal como le paso a la rectora de la Universidad de Pensilvania, que tuvo que renunciar a la rectoría de la universidad por las presiones de estos.

La universidad, consciente de la difícil situación de esta, le dio una indemnización de $4,4 millones de dólares y un plaza de investigadora de tiempo completo con un ingreso asegurado. Fuera de ese altísimo nivel de riesgo que le dejo con una muy buena indemnización y un empleo de por vida, no le paso nada más allá de la perdida de la rectoría.

En síntesis, la bonanza económica y cultural que crearon los constructores, facilitaron la compra de utopías de las generaciones posteriores (lo mismo que te lleva al éxito, te lleva al fracaso).

El lento regreso del péndulo.
La llegada de las nuevas tecnologías trae consigo a una nueva generación de constructores que están cien por cien enfocados en el trabajo, el ahorro y la inversión. Invierten vida y capital en emprendimientos que los van a llevar al éxito o al fracaso. Estos inversores están haciendo que el péndulo inicie un lento regreso al origen (construcción y lucha).

El primer cambio que la nueva generación de constructores exigió a las universidades de la Ivy League, es el de que formaran a sus alumnos en una visión de lucha y conquista. Al no responder estas a sus exigencias, abrieron el mercado de contratación a graduados de todas las universidades, obligando a los graduados de la primeras a competir con candidatos que antes no competían.

Lo más interesante de esto es que las universidades que más están formando a sus discentes en las teorías de libre mercado, son las estatales. Excepto en algunos paises de América Latina en los que han decidido ignorar que un sistema político que comprime artificialmente las distancias económicas, destruye en su gente la idea y el esfuerzo del largo plazo. Generando con ello una disminución de la matrícula escolar y universitaria, y un menor espíritu de lucha.  

La verdad se construye, la realidad, es.
Generacionalmente hablando, todos venimos de la más ínfima pobreza, menos del 10% de las familias de occidente conservan una riqueza de cuatro o más generaciones.

El 70% de las familias pierden su patrimonio en la segunda generación y el 90% de ellas, en la tercera. Solo un residuo cercano al 10% logra mantener su estructura patrimonial y de trabajo por más de cuatro generaciones.

La inmensa mayoría de los millonarios actuales son de primera o segunda generación. El 79% de ellos no recibió ninguna herencia. El 3% heredo un millón o más. El 23.7% combino herencia con construcción y solo un 8.5% son ricos de más de cuatro generaciones.

Los comunes denominadores que he encontrado en los constructores y en los que heredan y construyen, es que el dinero lo ven como un instrumento de creación de valor y no como capacidad de consumo. El segundo común denominador es que todos son autodidactas y lo son más allá de los títulos académicos que ostentan. Nunca dejan de estudiar, aprender y aplicar. El tercero es que contratan gente que en lo suyo, saben más que ellos. La cuarta es que se rodean de personas que generan soluciones, no pretextos o culpables.

 El cambio nos va a llevar más de una generación, pero estamos en los albores de ello.

 En el inter de que esto se da, nos seguimos leyendo aquí.

viernes, 24 de julio de 2026

Un entorno en tensión.

El entorno siempre está en tensión, ya sea por el nivel de incertidumbre económico, político o militar que conlleva o por algo tan disruptivo como el nacimiento de un modelo de vida opuesto al que conocemos.

La mente va a donde la mirada va.
Cierto es que los cambios se gestan en el decurso de las décadas, y cierto también, que poca o nula atención le damos a estos. Al grado que cuando alguien nos dice lo que ve venir en función de esos cambios, lo calificamos de alarmista o exagerado, ya que nuestra visión raramente va más allá de la semana, mes o año en que vivimos, debido a que no hemos educado nuestra mente a ver más de allá de lo inmediato. Y cuanto más lejos se nos pida ver, más difícil e inútil nos parece la petición, cuando la realidad es que…, para el que sabe mirar, no es difícil encontrar.  

La administración de los odios.
Si algo va a distinguir en el futuro el decurso de la segunda década del primer cuartil (2001 -2025) y primera del segundo cuartil (2026 -2050), va a ser el de la administración de los odios políticos. Odios que hacen patente el desgaste de la democracia que tanto nos costó construir y de la que tan mal uso hemos hecho votantes y votados, llegando al nivel de degradación e incredulidad que padecemos hoy.   

Esta degradación y tergiversación de la democracia es lo que ha permitido que lenta y gradualmente diéramos cabida a nuevas corrientes que vienen gestándose desde principios de siglo. Corrientes que buscan instituir una democracia imperial en la que una pequeña elite de políticos, en el caso de la izquierda, o de empresarios, en el caso de la derecha, sea la que gobierne y decida más allá de los votos del pueblo. Un pueblo que ha demostrado, junto con los políticos elegidos por ellos, que ven la democracia como un sistema de gobierno en donde los que no generan ingresos deben ser socorridos con los impuesto de los que si los generan.  

Si los políticos se hubiesen abocado, junto con los que votaron por ellos, a incentivar el trabajo, la creación de empleo y el respeto a la constitución y leyes de sus países en lugar de comprar votos a través de las dádivas gubernamentales, los llamados neoconservadores jamás hubiesen encontrado eco en el electorado.

La realidad es que el desencanto actual es tal que cada vez más personas de más países ven con buenos ojos un cambio de sistema, que en este caso viene acompañado de un cambio tecnológico que revolucionará el mercado laboral, lo que desaparecerá una cantidad inimaginable de puestos de trabajo y, con ellos, el sistema de contribución y gasto de los países, amén, claro está, de los problemas sociales que esto va a generar.

La identidad y sentido de pertenencia del individuo se van a ver seriamente afectados en el siguiente lustro y recrudecidos en los otros cinco. Lo que, nos hará vivir una década de transformación, caos y ajuste, en la que unos defenderán una democracia que alienta y sustenta la medianía y otros que buscarán que el sistema ponga los medios jurídicos e institucionales para que el que esté dispuesto a salir adelante, lo haga sin recurrir a las dádivas del Estado.

Para colmo de males, la historia y el entorno nos presentan democracias imperiales en las que, en muy pocas décadas, se ha podido crear y hacer lo que en el mismo período las democracias representativas no han podido hacer. El objetivo no es promover un modelo específico, sino hacer patente el intervalo de transformación, caos y ajuste que vamos a vivir de aquí a diez años.

Los neoconservadores buscan implementar una democracia en la que solo puedan participar los que tengan el conocimiento y el coraje de hacer lo que se tiene que hacer, y que solo tengan derecho a voto los que en los hechos han demostrado que pueden salir adelante con su trabajo y no con los dádivas del Estado, argumentando que estas crean una sociedad parasitaria que no produce, pero sí consume.

Un ejemplo de lo anterior es la polémica que se está dando con las nuevas generaciones, las cuales no están de acuerdo en que las empresas tecnológicas trabajen en fortalecer la inteligencia y las capacidades militares de los gobiernos. Sin embargo, justo es reconocer que la razón por la que piensan y defienden ese punto de vista es porque nunca han enfrentado un conflicto bélico que los lleve a cuestionar su postura, mientras que los que han tenido la experiencia de un conflicto, lo que buscan es estar preparados por si este se llega a dar, lo que, sin duda alguna, puede pasar. Y más en un entorno en donde todo va a ser nuevo y nadie tiene el conocimiento ni las herramientas para afrontarlo, ya que estas se están desarrollando bajo el esquema de prueba-error, que es como se lleva a cabo todo lo inédito.

Puesta en escena.
Este desencanto ha hecho que la sociedad permita la llegada al poder de personajes que hace tres décadas hubiesen resultado impensables. Personajes que lo que más poseen, sin demérito de sus capacidades intelectuales, es el poder de poner en escena cosas tan atípicas y alógicas como la motosierra de Miley en Argentina. País que ha recibido muy poca inversión extranjera, ya que los inversionistas entienden que una cosa es la puesta en escena y otra la garantía de continuidad. Esto último se ve difícil en un pueblo que lleva siete décadas recibiendo dádivas gubernamentales, lo que ha creado, en una parte de su sociedad, una cultura de merecedores en la que el trabajo y la lucha no están dentro de sus prioridades.

Nunca pensamos en el futuro y ahí es donde vamos a vivir el resto de nuestra vida.
Lo importante ante todos estos cambios que ya se están gestando, es definir la forma en que cada uno de nosotros debe prepararse desde ya, para anticiparse a todo lo que viene. Los cambios políticos van a ser, en casos como el de Argentina, pendulares, y en otros, hacia una derecha ajena a las dádivas gubernamentales. A esto se suma la fuerte reestructura que va a darse en el contexto de lo laboral, donde las pensiones y dádivas van a surgir como el principal problema con el que tendrán que lidiar gobernantes y gobernados.

El otro tema a considerar es que las nuevas generaciones tienen que crear un portafolio de inversiones que les ayude a generar un fondo para la vejez, amén de construir nuevas formas de identidad y pertenencia, ya que el empleo, como lo conocemos, va a desaparecer. La identidad y el sentido de pertenencia de una persona ya no van a estar ligados a la empresa en la que trabaja, sino a lo que la personas es… Y eso, va a llevar tiempo.
 

Mientras todo esto sucede, nos seguimos leyendo aquí.  

miércoles, 15 de julio de 2026

El mito social de la educación.

La educación es un mito al que poco valor le damos en acto, mucho en el imaginario. De hecho, no solo es exiguo el valor que le atribuimos, sino que además vivimos confundiendo instrucción con educación. 

Confusión que hace que los padres les digan a sus hijos (y así mismos) que la mejor herencia que les pueden dar es la educación. Lo que los impele a matricular a sus hijos en las mejores escuelas y universidades que su capacidad económica les permita. Olvidándose de que en esas instituciones instruyen, no educan. La educación se da en casa, la instrucción, en las aulas.

Hay, en este revuelto mundo de la instrucción y educación, dos tipos de saberes que la sociedad nomina como útiles o inútiles. Útil es el que tiene que ver con el mundo de los haceres. El inútil, el que no produce dinero. El primero, amén de hacernos la vida más funcional, nos permite desarrollar un oficio, un puesto ejecutivo o un emprendimiento que aprecie y pague el mercado. El segundo, nos hace crecer como personas.

Ambos, instrucción y educación, están social y culturalmente, mitificados. Y el mejor ejemplo de ello es que la gran mayoría de las personas, al graduarse en un saber específico (carrera técnica, profesional, maestría, doctorado), se detienen ahí. Son poco los que nutren su saber con saberes ajenos al que ya poseen. Y muchos menos los que nutren su ser con saberes que les exijan el desarrollo de una disciplina física y mental que extenderán a todos los ámbitos de su vida.

Los saberes que la sociedad estigmatiza de inútiles son los que nos ayudan a darle una mejor dirección al ser (o aprende a gobernar lo que usted es, o lo que es le va a gobernar a usted).  

Es importante anotar que no hablamos aquí de nada que tenga que ver con la falacia de la autoayuda, en la que lo único que no le enseñan es a pensar y pensarse (jamás podrá dirigir y mucho menos cambiar lo que no conoce). Y es menester acotar que tampoco consideramos los que tienen que ver con la numerología, astrología y cosas así (aquel que cree en los horóscopos es porque nació bajo el signo equivocado).

El objetivo de estas falacias es alejarle de su esencia, en la inteligencia de que entre más lejos este de ella, más manipulable es.  

Usted podrá estar en desacuerdo con la idea de que la educación es un mito, ya que, etiquetarla así, demerita algo que, en apariencia, es muy importante. No obstante, le pido de favor que realice el siguiente ejercicio: Pregunte a sus conocidos, colaboradores o socios qué porcentaje de sus ingresos anuales utilizan para seguir instruyéndose o educándose.

Pregunta importante ya que, si la instrucción y la educación tienen el valor que supuestamente les otorgamos, el porcentaje debiera ser equivalente. No obstante, lo más probable es que descubra que estos, ya una vez que dan por terminados sus estudios, no invierten ni el uno por ciento de sus ingresos en la continuidad de su educación e instrucción. 

Un sí a algo irrelevante, es un no a algo importante.
El tiempo es el material del que está hecho la vida. Es el único recurso que no podemos recuperar y el que más debiéramos optimizar. La realidad, no obstante, es que hacemos un pésimo uso de él, debido a que nada se nos dificulta más que el hacernos presente en nuestro presente, lo que nos impele a poblar nuestro tiempo con un sinfín de actos irrelevantes que nos permitan escapar de nosotros mismos.

Elegante es el ente que sabe elegir. Ordinario, el que eligen por él. Este está poblado de actos irrelevantes. Esos que, si pasan, no pasa nada. Sale de ellos tal como entro: dúctil y adocenado. En las antípodas están los actos importantes. Esos que, si pasan, pasa todo. Cuando sale de un acto importante, ya no es el mismo. El conocimiento que este le brinda de usted mismo le ayuda a convertirse en una mejor persona, lo cual es de suma importancia, ya que los seres humanos no estamos hechos para la cantidad, sino para la calidad.

El Homo Sapiens - Homo Ludens.
La parte Ludens es esencial en el ser humano, sobre todo en la infancia y adolescencia. Este nos enseña a interactuar con los otros en un marco de reglas y límites. El problema de estas dos facetas del ser humano es que ya una vez que damos por terminado el proceso de instrucción o formación, nos instalamos de lleno en el Ludens, sin volver a entrar al Sapiens más que por obligada excepción.

Esto mata aquello.
En la vida, al matar una cosa, damos nacimiento a otras. Muere la inocencia, nace la adolescencia. El libro de papel hizo innecesaria la construcción de catedrales góticas, dado que ya no era necesario construir estas para educar al pueblo a través de esculturas que figuraban lo que encontrarían en el cielo o en el infierno. Así pues, el libro de papel mato al libro de piedra, pero la muerte de este gesto el nacimiento de la literatura y otras formas de arquitectura.

El internet es el mayor catalizador de la metamorfosis de nuestra era. Hizo innecesarias unas cosas (enciclopedias, mapas, diccionarios y demás etcéteras), al tiempo que dio nacimiento a otras (la economía de plataformas y algoritmos).

El agua corre por donde no hay obstáculos.
La frase es de Ramiro, un cofrade que todos los domingos llega con su tablero de ajedrez al parque para jugar con cuanto extraño se siente con él, pero tomo la frase porque explica muy bien el por qué hemos dejado de lado el Sapiens para instalarnos de lleno en el Ludens.

Entre más se observa y piensa un individuo menos susceptible es a las emociones y distractores externos. El uso de plataformas, redes, apuestas en línea y demás distractores, es inversamente proporcional al nivel de observación que el individuo hace de sí mismo. A menor observación, más necesidad de emociones, más uso de plataformas. Estas le proporcionan las emociones que no le puede proporcionar la observación y análisis de si mismo. El agua corre, por donde no hay obstáculos.

Un cofrade que es cirujano cardiovascular, está estudiando latín, amén de otros idiomas y habilidades que esta desarrollando, pero me quiero detener en el Latín, dado que para muchos es lo que podríamos denominar un saber inútil (no genera dinero), sin embargo, el estudio de esta lengua muerta, le ha brindado una mayor comprensión del lenguaje y de sí mismo, amén de nuevas conexiones cerebrales que enriquecen todos los ámbitos de su ser y de su hacer.

Me despido con las preguntas que le sugerí líneas arriba. Ya una vez que la gente da por terminada su instrucción y formación: ¿Qué porcentaje de su tiempo y de sus ingresos anuales destina a seguir educándose?

 La respuesta que usted le dé a estas interrogantes, le dejará ver si la educación es un mito social o una realidad.

Nos leemos en el siguiente artículo. 

 

lunes, 29 de junio de 2026

Una historia muchas veces contada.

El viaje a través de los libros te lleva al encuentro de grandes segmentos de la bibliofilia: el primero de ellos compuesto por toda la gama de la literatura; el segundo por el ensayo y la filosofía; y el tercero por la ciencia. Esta por demás anotar que la bibliofilia es tan rica que existen muchos más (teología, semiología y demás etcéteras), pero los tres primeros son los que más movimiento tienen en el mercado.

La literatura nos brinda personajes y marcos de referencia;
El ensayo y la filosofía, ideas y conceptos;
La ciencia, datos… En este artículo nos centraremos en la literatura.

En esta encontraremos libros que son muy buenos. Otros que entran en la clasificación de dudosos. Unos más que son escritos para la masa. Y por último los que forman el binomio compuesto por los no tan buenos y los que, al hacer algunos ajustes, se tornan en buenos o muy buenos.

Los buenos (clásicos o no), son aquellos que además de presentarnos un argumento que se sostiene por sí mismo, nos brindan un cúmulo de personajes que nos muestran lo que somos como especie y lo que somos en lo individual cada uno de nosotros.

Los dudosos son los libros de los escritores noveles. Al leerlos no sabes si te vas a encontrar a Mary Shelley o a Frankenstein. Sirva de ejemplo la primera novela de Carlos Ruiz Zafón (La sombra del viento). Fue todo un éxito. En este caso nos encontramos con Mary Shelley, pero en mucho otros lo que encontramos es un Frankenstein (los no tan buenos o de desecho).

Luego están los escritos para la Masa (personas en las que pesa más la emoción que la razón). En estos el argumento y los personajes son lo de menos. Lo importante es que reflejen las ambiciones y frustraciones del hombre masa. Sirva de ejemplo: El Conde de Montecristo. Un libro pobre en cuanto a personajes y argumento, pero rico en cuanto frustraciones y fantasías de la masa. Es la historia de un hombre que se hace inmensamente rico gracias a un tesoro (hoy la lotería, me late, pronóstico deportivo y demás etcéteras) y que usa su riqueza para vengarse de aquellos que lo ofendieron o dañaron.

Lo que Alexandre Dumas no le puede decir al lector (no le comprarían el libro), es que aquel que toma venganza se rebaja al mismo nivel de aquellos que le ofendieron.

Y por último están aquellos en los que el argumento no se sostiene por sí mismo (los no tan buenos). Esos que no son necesariamente un Frankenstein (libros de desecho), pero si rescatables. Por ejemplo: Drácula de Abraham Stoker. Este nos presenta un personaje que es inmortal y todo poderoso, pero que le tiene miedo al ajo. Si haces a un lado la figura de Drácula y te centras en los demás personajes, descubrirás que tienes ante ti una obra maestra que habla del valor de la amistad, de la palabra y de la dignidad del ser humano. Libro que, por la riqueza de sus personajes, es menester conservar.

Una historia muchas veces contada.
Lo más importante de la literatura es que esta te ayuda a entender que somos una historia muchas veces contada. Nos alegran, apenan y afligen exactamente las mismas cosas que alegraban, apenaban y afligían a nuestros ancestros... Y entre más atrás viajas en el tiempo, más claro es el que nos mueven los mismos principios, resortes y motores que movieron a nuestros ancestros y moverán a los que nos sucedan.

Las críticas que en el devenir de la historia ha hecho cada generación a la aparente decadencia de su entorno, a las generaciones que le antecedieron y a las que le suceden, son las mismas. Las nuevas se quejan de la incomprensión y obsolescencia de las que les anteceden…, y estas de la incomprensión, distancia y pérdida de valores de las que le suceden.

No importa si viajas a la Grecia clásica, al medievo, al renacimiento. A la era industrial, cibernética o de Inteligencia Artificial. Los libros editados de cada una de estas épocas nos muestran exactamente lo mismo: Que somos una historia muchas veces contada.
Nota: Pocos años después de que salió la imprenta, la gente culta del siglo XV se quejaba de que ya no había libros manuscritos, cosa que, desde la óptica de ellos, dejaba ver la debacle del ser humano. Similar a los que lo que hoy se dice de la Inteligencia Artificial.

La historia nunca se repite. El hombre, siempre.
El problema, si es que podemos usar esa palabra, es que sin importar cuantas veces se repita la especie, cada uno de nosotros tiene que vivir su propia historia. Y vivirla como si esta fuera única y diferenciada de todas las demás (que lo es). Aun cuando no exista en ella nada que no hayan padecido o disfrutado las generaciones que nos precedieron.

En la vida se entiende lo ajeno y se comprende lo propio. Y es precisamente la comprensión de lo propio lo que nos lleva a pensar que nuestra vida es más rica, interesante y compleja que la que han vivido todos los demás. Cosa que es cierto en lo individual y falso en lo universal (vivimos mejor que nuestros ancestros).

La importancia de la literatura.
Más allá de esa centrípeta ilusión que nos embarga y que nos hace ver nuestra vida como el centro de todo, lo invito a que nos centremos en la literatura y en el análisis de los personajes que esta nos regala. Análisis que nos va a ayudar a leernos mejor a nosotros mismos y a nuestros semejantes, amén de visualizar con algo de antelación las posibilidades de éxito o fracaso de las decisiones que tenemos en proceso. 

Quién es más necio: El necio o el que discute con el necio.
La tradición rige nuestro proceder con ideas y conceptos de gente que ya no está, pero también es el oráculo al que acudimos los vivos para acceder a lo ya probado (sabiduría del pasado). Podemos ver a la tradición como la democracia de los muertos o como el oráculo de los vivos, anverso y reverso de una moneda que encontraremos en la literatura. A nosotros nos corresponde decidir si aprendemos de ella y aprovechamos el camino o si la ignoramos y nos repetimos.

Aceptar lo que la literatura nos ofrece nos es de suma utilidad para no repetirnos en los errores que obedecen a nuestra natura (razón por la que nos repetimos), pero que la literatura nos ayuda a identificar, reconocer y atemperar. 

El análisis de los personajes que esta nos regala nos permite ser testigos del devenir y final de estos, al tiempo que nos ayuda a anticipar el nuestro. Comprendiendo que además de ser una historia muchas veces contada, somos también, perdonando el oxímoron, relevantemente irrelevantes.

No nos vaya a pasar lo que a ese candidato que perdiendo a sus padres cuando infante, le decía con mucho orgullo a la audiencia que presenciaba el debate…, que él se había hecho a sí mismo. A lo que su contrincante respondió: pues hizo poco.

En el intertanto de que exploramos esta veta del saber y tratamos de hacer más con lo nuestro, lo invito que nos leamos en el siguiente artículo.