El entorno siempre está en tensión, ya sea por el nivel de incertidumbre económico, político o militar que conlleva o por algo tan disruptivo como el nacimiento de un modelo de vida opuesto al que conocemos.
La mente va a donde la mirada va.
Cierto es que los cambios se
gestan en el decurso de las décadas, y cierto también, que poca o nula atención
le damos a estos. Al grado que cuando alguien nos dice lo que ve venir en
función de esos cambios, lo calificamos de alarmista o exagerado, ya que
nuestra visión raramente va más allá de la semana, mes o año en que vivimos,
debido a que no hemos educado nuestra mente a ver más de allá de lo inmediato.
Y cuanto más lejos se nos pida ver, más difícil e inútil nos parece la petición,
cuando la realidad es que…, para el que sabe mirar, no es difícil encontrar.
La administración de los odios.
Si algo va a distinguir en el
futuro el decurso de la segunda década del primer cuartil (2001 -2025) y
primera del segundo cuartil (2026 -2050), va a ser el de la administración de
los odios políticos. Odios que hacen patente el desgaste de la democracia que
tanto nos costó construir y de la que tan mal uso hemos hecho votantes y votados,
llegando al nivel de degradación e incredulidad que padecemos hoy.
Esta degradación y tergiversación de la democracia es lo que ha permitido que lenta y gradualmente diéramos cabida a nuevas corrientes que vienen gestándose desde principios de siglo. Corrientes que buscan instituir una democracia imperial en la que una pequeña elite de políticos, en el caso de la izquierda, o de empresarios, en el caso de la derecha, sea la que gobierne y decida más allá de los votos del pueblo. Un pueblo que ha demostrado, junto con los políticos elegidos por ellos, que ven la democracia como un sistema de gobierno en donde los que no generan ingresos deben ser socorridos con los impuesto de los que si los generan.
Si los políticos se hubiesen abocado, junto con los que votaron por ellos, a incentivar el trabajo, la creación de empleo y el respeto a la constitución y leyes de sus países en lugar de comprar votos a través de las dádivas gubernamentales, los llamados neoconservadores jamás hubiesen encontrado eco en el electorado.
La realidad es que el desencanto actual es tal que cada vez más personas de más países ven con buenos ojos un cambio de sistema, que en este caso viene acompañado de un cambio tecnológico que revolucionará el mercado laboral, lo que desaparecerá una cantidad inimaginable de puestos de trabajo y, con ellos, el sistema de contribución y gasto de los países, amén, claro está, de los problemas sociales que esto va a generar.
La identidad y sentido de pertenencia del individuo se van a ver seriamente afectados en el siguiente lustro y recrudecidos en los otros cinco. Lo que, nos hará vivir una década de transformación, caos y ajuste, en la que unos defenderán una democracia que alienta y sustenta la medianía y otros que buscarán que el sistema ponga los medios jurídicos e institucionales para que el que esté dispuesto a salir adelante, lo haga sin recurrir a las dádivas del Estado.
Para colmo de males, la historia y el entorno nos presentan democracias imperiales en las que, en muy pocas décadas, se ha podido crear y hacer lo que en el mismo período las democracias representativas no han podido hacer. El objetivo no es promover un modelo específico, sino hacer patente el intervalo de transformación, caos y ajuste que vamos a vivir de aquí a diez años.
Los neoconservadores buscan implementar una democracia en la que solo puedan participar los que tengan el conocimiento y el coraje de hacer lo que se tiene que hacer, y que solo tengan derecho a voto los que en los hechos han demostrado que pueden salir adelante con su trabajo y no con los dádivas del Estado, argumentando que estas crean una sociedad parasitaria que no produce, pero sí consume.
Un ejemplo de lo anterior es la polémica que se está dando con las nuevas generaciones, las cuales no están de acuerdo en que las empresas tecnológicas trabajen en fortalecer la inteligencia y las capacidades militares de los gobiernos. Sin embargo, justo es reconocer que la razón por la que piensan y defienden ese punto de vista es porque nunca han enfrentado un conflicto bélico que los lleve a cuestionar su postura, mientras que los que han tenido la experiencia de un conflicto, lo que buscan es estar preparados por si este se llega a dar, lo que, sin duda alguna, puede pasar. Y más en un entorno en donde todo va a ser nuevo y nadie tiene el conocimiento ni las herramientas para afrontarlo, ya que estas se están desarrollando bajo el esquema de prueba-error, que es como se lleva a cabo todo lo inédito.
Puesta en escena.
Este desencanto ha hecho que la
sociedad permita la llegada al poder de personajes que hace tres décadas
hubiesen resultado impensables. Personajes que lo que más poseen, sin demérito
de sus capacidades intelectuales, es el poder de poner en escena cosas tan
atípicas y alógicas como la motosierra de Miley en Argentina. País que ha
recibido muy poca inversión extranjera, ya que los inversionistas entienden que
una cosa es la puesta en escena y otra la garantía de continuidad. Esto último se
ve difícil en un pueblo que lleva siete décadas recibiendo dádivas gubernamentales,
lo que ha creado, en una parte de su sociedad, una cultura de merecedores en la
que el trabajo y la lucha no están dentro de sus prioridades.
Nunca pensamos en el futuro y ahí
es donde vamos a vivir el resto de nuestra vida.
Lo importante ante todos estos
cambios que ya se están gestando, es definir la forma en que cada uno de
nosotros debe prepararse desde ya, para anticiparse a todo lo que viene. Los cambios
políticos van a ser, en casos como el de Argentina, pendulares, y en otros, hacia
una derecha ajena a las dádivas gubernamentales. A esto se suma la fuerte
reestructura que va a darse en el contexto de lo laboral, donde las pensiones y
dádivas van a surgir como el principal problema con el que tendrán que lidiar gobernantes
y gobernados.
El otro tema a considerar es que las nuevas generaciones tienen que crear un
portafolio de inversiones que les ayude a generar un fondo para la vejez, amén de
construir nuevas formas de identidad y pertenencia, ya que el empleo, como lo
conocemos, va a desaparecer. La identidad y el sentido de pertenencia de una
persona ya no van a estar ligados a la empresa en la que trabaja, sino a lo que
la personas es… Y eso, va a llevar tiempo.
Mientras todo esto sucede, nos seguimos leyendo aquí.