viernes, 24 de julio de 2026

Un entorno en tensión.

El entorno siempre está en tensión, ya sea por el nivel de incertidumbre económico, político o militar que conlleva o por algo tan disruptivo como el nacimiento de un modelo de vida opuesto al que conocemos.

La mente va a donde la mirada va.
Cierto es que los cambios se gestan en el decurso de las décadas, y cierto también, que poca o nula atención le damos a estos. Al grado que cuando alguien nos dice lo que ve venir en función de esos cambios, lo calificamos de alarmista o exagerado, ya que nuestra visión raramente va más allá de la semana, mes o año en que vivimos, debido a que no hemos educado nuestra mente a ver más de allá de lo inmediato. Y cuanto más lejos se nos pida ver, más difícil e inútil nos parece la petición, cuando la realidad es que…, para el que sabe mirar, no es difícil encontrar.  

La administración de los odios.
Si algo va a distinguir en el futuro el decurso de la segunda década del primer cuartil (2001 -2025) y primera del segundo cuartil (2026 -2050), va a ser el de la administración de los odios políticos. Odios que hacen patente el desgaste de la democracia que tanto nos costó construir y de la que tan mal uso hemos hecho votantes y votados, llegando al nivel de degradación e incredulidad que padecemos hoy.   

Esta degradación y tergiversación de la democracia es lo que ha permitido que lenta y gradualmente diéramos cabida a nuevas corrientes que vienen gestándose desde principios de siglo. Corrientes que buscan instituir una democracia imperial en la que una pequeña elite de políticos, en el caso de la izquierda, o de empresarios, en el caso de la derecha, sea la que gobierne y decida más allá de los votos del pueblo. Un pueblo que ha demostrado, junto con los políticos elegidos por ellos, que ven la democracia como un sistema de gobierno en donde los que no generan ingresos deben ser socorridos con los impuesto de los que si los generan.  

Si los políticos se hubiesen abocado, junto con los que votaron por ellos, a incentivar el trabajo, la creación de empleo y el respeto a la constitución y leyes de sus países en lugar de comprar votos a través de las dádivas gubernamentales, los llamados neoconservadores jamás hubiesen encontrado eco en el electorado.

La realidad es que el desencanto actual es tal que cada vez más personas de más países ven con buenos ojos un cambio de sistema, que en este caso viene acompañado de un cambio tecnológico que revolucionará el mercado laboral, lo que desaparecerá una cantidad inimaginable de puestos de trabajo y, con ellos, el sistema de contribución y gasto de los países, amén, claro está, de los problemas sociales que esto va a generar.

La identidad y sentido de pertenencia del individuo se van a ver seriamente afectados en el siguiente lustro y recrudecidos en los otros cinco. Lo que, nos hará vivir una década de transformación, caos y ajuste, en la que unos defenderán una democracia que alienta y sustenta la medianía y otros que buscarán que el sistema ponga los medios jurídicos e institucionales para que el que esté dispuesto a salir adelante, lo haga sin recurrir a las dádivas del Estado.

Para colmo de males, la historia y el entorno nos presentan democracias imperiales en las que, en muy pocas décadas, se ha podido crear y hacer lo que en el mismo período las democracias representativas no han podido hacer. El objetivo no es promover un modelo específico, sino hacer patente el intervalo de transformación, caos y ajuste que vamos a vivir de aquí a diez años.

Los neoconservadores buscan implementar una democracia en la que solo puedan participar los que tengan el conocimiento y el coraje de hacer lo que se tiene que hacer, y que solo tengan derecho a voto los que en los hechos han demostrado que pueden salir adelante con su trabajo y no con los dádivas del Estado, argumentando que estas crean una sociedad parasitaria que no produce, pero sí consume.

Un ejemplo de lo anterior es la polémica que se está dando con las nuevas generaciones, las cuales no están de acuerdo en que las empresas tecnológicas trabajen en fortalecer la inteligencia y las capacidades militares de los gobiernos. Sin embargo, justo es reconocer que la razón por la que piensan y defienden ese punto de vista es porque nunca han enfrentado un conflicto bélico que los lleve a cuestionar su postura, mientras que los que han tenido la experiencia de un conflicto, lo que buscan es estar preparados por si este se llega a dar, lo que, sin duda alguna, puede pasar. Y más en un entorno en donde todo va a ser nuevo y nadie tiene el conocimiento ni las herramientas para afrontarlo, ya que estas se están desarrollando bajo el esquema de prueba-error, que es como se lleva a cabo todo lo inédito.

Puesta en escena.
Este desencanto ha hecho que la sociedad permita la llegada al poder de personajes que hace tres décadas hubiesen resultado impensables. Personajes que lo que más poseen, sin demérito de sus capacidades intelectuales, es el poder de poner en escena cosas tan atípicas y alógicas como la motosierra de Miley en Argentina. País que ha recibido muy poca inversión extranjera, ya que los inversionistas entienden que una cosa es la puesta en escena y otra la garantía de continuidad. Esto último se ve difícil en un pueblo que lleva siete décadas recibiendo dádivas gubernamentales, lo que ha creado, en una parte de su sociedad, una cultura de merecedores en la que el trabajo y la lucha no están dentro de sus prioridades.

Nunca pensamos en el futuro y ahí es donde vamos a vivir el resto de nuestra vida.
Lo importante ante todos estos cambios que ya se están gestando, es definir la forma en que cada uno de nosotros debe prepararse desde ya, para anticiparse a todo lo que viene. Los cambios políticos van a ser, en casos como el de Argentina, pendulares, y en otros, hacia una derecha ajena a las dádivas gubernamentales. A esto se suma la fuerte reestructura que va a darse en el contexto de lo laboral, donde las pensiones y dádivas van a surgir como el principal problema con el que tendrán que lidiar gobernantes y gobernados.

El otro tema a considerar es que las nuevas generaciones tienen que crear un portafolio de inversiones que les ayude a generar un fondo para la vejez, amén de construir nuevas formas de identidad y pertenencia, ya que el empleo, como lo conocemos, va a desaparecer. La identidad y el sentido de pertenencia de una persona ya no van a estar ligados a la empresa en la que trabaja, sino a lo que la personas es… Y eso, va a llevar tiempo.
 

Mientras todo esto sucede, nos seguimos leyendo aquí.  

miércoles, 15 de julio de 2026

El mito social de la educación.

La educación es un mito al que poco valor le damos en acto, mucho en el imaginario. De hecho, no solo es exiguo el valor que le atribuimos, sino que además vivimos confundiendo instrucción con educación. 

Confusión que hace que los padres les digan a sus hijos (y así mismos) que la mejor herencia que les pueden dar es la educación. Lo que los impele a matricular a sus hijos en las mejores escuelas y universidades que su capacidad económica les permita. Olvidándose de que en esas instituciones instruyen, no educan. La educación se da en casa, la instrucción, en las aulas.

Hay, en este revuelto mundo de la instrucción y educación, dos tipos de saberes que la sociedad nomina como útiles o inútiles. Útil es el que tiene que ver con el mundo de los haceres. El inútil, el que no produce dinero. El primero, amén de hacernos la vida más funcional, nos permite desarrollar un oficio, un puesto ejecutivo o un emprendimiento que aprecie y pague el mercado. El segundo, nos hace crecer como personas.

Ambos, instrucción y educación, están social y culturalmente, mitificados. Y el mejor ejemplo de ello es que la gran mayoría de las personas, al graduarse en un saber específico (carrera técnica, profesional, maestría, doctorado), se detienen ahí. Son poco los que nutren su saber con saberes ajenos al que ya poseen. Y muchos menos los que nutren su ser con saberes que les exijan el desarrollo de una disciplina física y mental que extenderán a todos los ámbitos de su vida.

Los saberes que la sociedad estigmatiza de inútiles son los que nos ayudan a darle una mejor dirección al ser (o aprende a gobernar lo que usted es, o lo que es le va a gobernar a usted).  

Es importante anotar que no hablamos aquí de nada que tenga que ver con la falacia de la autoayuda, en la que lo único que no le enseñan es a pensar y pensarse (jamás podrá dirigir y mucho menos cambiar lo que no conoce). Y es menester acotar que tampoco consideramos los que tienen que ver con la numerología, astrología y cosas así (aquel que cree en los horóscopos es porque nació bajo el signo equivocado).

El objetivo de estas falacias es alejarle de su esencia, en la inteligencia de que entre más lejos este de ella, más manipulable es.  

Usted podrá estar en desacuerdo con la idea de que la educación es un mito, ya que, etiquetarla así, demerita algo que, en apariencia, es muy importante. No obstante, le pido de favor que realice el siguiente ejercicio: Pregunte a sus conocidos, colaboradores o socios qué porcentaje de sus ingresos anuales utilizan para seguir instruyéndose o educándose.

Pregunta importante ya que, si la instrucción y la educación tienen el valor que supuestamente les otorgamos, el porcentaje debiera ser equivalente. No obstante, lo más probable es que descubra que estos, ya una vez que dan por terminados sus estudios, no invierten ni el uno por ciento de sus ingresos en la continuidad de su educación e instrucción. 

Un sí a algo irrelevante, es un no a algo importante.
El tiempo es el material del que está hecho la vida. Es el único recurso que no podemos recuperar y el que más debiéramos optimizar. La realidad, no obstante, es que hacemos un pésimo uso de él, debido a que nada se nos dificulta más que el hacernos presente en nuestro presente, lo que nos impele a poblar nuestro tiempo con un sinfín de actos irrelevantes que nos permitan escapar de nosotros mismos.

Elegante es el ente que sabe elegir. Ordinario, el que eligen por él. Este está poblado de actos irrelevantes. Esos que, si pasan, no pasa nada. Sale de ellos tal como entro: dúctil y adocenado. En las antípodas están los actos importantes. Esos que, si pasan, pasa todo. Cuando sale de un acto importante, ya no es el mismo. El conocimiento que este le brinda de usted mismo le ayuda a convertirse en una mejor persona, lo cual es de suma importancia, ya que los seres humanos no estamos hechos para la cantidad, sino para la calidad.

El Homo Sapiens - Homo Ludens.
La parte Ludens es esencial en el ser humano, sobre todo en la infancia y adolescencia. Este nos enseña a interactuar con los otros en un marco de reglas y límites. El problema de estas dos facetas del ser humano es que ya una vez que damos por terminado el proceso de instrucción o formación, nos instalamos de lleno en el Ludens, sin volver a entrar al Sapiens más que por obligada excepción.

Esto mata aquello.
En la vida, al matar una cosa, damos nacimiento a otras. Muere la inocencia, nace la adolescencia. El libro de papel hizo innecesaria la construcción de catedrales góticas, dado que ya no era necesario construir estas para educar al pueblo a través de esculturas que figuraban lo que encontrarían en el cielo o en el infierno. Así pues, el libro de papel mato al libro de piedra, pero la muerte de este gesto el nacimiento de la literatura y otras formas de arquitectura.

El internet es el mayor catalizador de la metamorfosis de nuestra era. Hizo innecesarias unas cosas (enciclopedias, mapas, diccionarios y demás etcéteras), al tiempo que dio nacimiento a otras (la economía de plataformas y algoritmos).

El agua corre por donde no hay obstáculos.
La frase es de Ramiro, un cofrade que todos los domingos llega con su tablero de ajedrez al parque para jugar con cuanto extraño se siente con él, pero tomo la frase porque explica muy bien el por qué hemos dejado de lado el Sapiens para instalarnos de lleno en el Ludens.

Entre más se observa y piensa un individuo menos susceptible es a las emociones y distractores externos. El uso de plataformas, redes, apuestas en línea y demás distractores, es inversamente proporcional al nivel de observación que el individuo hace de sí mismo. A menor observación, más necesidad de emociones, más uso de plataformas. Estas le proporcionan las emociones que no le puede proporcionar la observación y análisis de si mismo. El agua corre, por donde no hay obstáculos.

Un cofrade que es cirujano cardiovascular, está estudiando latín, amén de otros idiomas y habilidades que esta desarrollando, pero me quiero detener en el Latín, dado que para muchos es lo que podríamos denominar un saber inútil (no genera dinero), sin embargo, el estudio de esta lengua muerta, le ha brindado una mayor comprensión del lenguaje y de sí mismo, amén de nuevas conexiones cerebrales que enriquecen todos los ámbitos de su ser y de su hacer.

Me despido con las preguntas que le sugerí líneas arriba. Ya una vez que la gente da por terminada su instrucción y formación: ¿Qué porcentaje de su tiempo y de sus ingresos anuales destina a seguir educándose?

 La respuesta que usted le dé a estas interrogantes, le dejará ver si la educación es un mito social o una realidad.

Nos leemos en el siguiente artículo.