La educación es un mito al que poco valor le damos en acto, mucho en el imaginario. De hecho, no solo es exiguo
el valor que le atribuimos, sino que además vivimos confundiendo instrucción
con educación.
Confusión que hace que los padres
les digan a sus hijos (y así mismos) que la mejor herencia que les pueden dar
es la educación. Lo que los impele a matricular a sus hijos en las mejores
escuelas y universidades que su capacidad económica les permita. Olvidándose de
que en esas instituciones instruyen, no educan. La educación se da en casa, la
instrucción, en las aulas.
Hay, en este revuelto mundo de la
instrucción y educación, dos tipos de saberes que la sociedad nomina como
útiles o inútiles. Útil es el que tiene que ver con el mundo de los haceres. El
inútil, el que no produce dinero. El primero, amén de hacernos la vida más funcional,
nos permite desarrollar un oficio, un puesto ejecutivo o un emprendimiento que aprecie
y pague el mercado. El segundo, nos hace crecer como personas.
Ambos, instrucción y educación, están social y culturalmente, mitificados. Y el
mejor ejemplo de ello es que la gran mayoría de las personas, al graduarse en
un saber específico (carrera técnica, profesional, maestría, doctorado), se detienen
ahí. Son poco los que nutren su saber con saberes ajenos al que ya poseen. Y
muchos menos los que nutren su ser con saberes que les exijan el desarrollo de
una disciplina física y mental que extenderán a todos los ámbitos de su vida.
Los saberes que la sociedad estigmatiza de inútiles son los que nos ayudan a darle una mejor dirección al ser (o aprende a gobernar lo que usted es, o lo que es le va a gobernar a usted).
Es importante anotar que no hablamos aquí de nada que tenga que ver con la falacia de la autoayuda, en la que lo único que no le enseñan es a pensar y pensarse (jamás podrá dirigir y mucho menos cambiar lo que no conoce). Y es menester acotar que tampoco consideramos los que tienen que ver con la numerología, astrología y cosas así (aquel que cree en los horóscopos es porque nació bajo el signo equivocado).
El objetivo de estas falacias es alejarle de su esencia, en la inteligencia de que entre más lejos este de ella, más manipulable es.
Usted podrá estar en desacuerdo con la idea de que la educación es un mito, ya que, etiquetarla así, demerita algo que, en apariencia, es muy importante. No obstante, le pido de favor que realice el siguiente ejercicio: Pregunte a sus conocidos, colaboradores o socios qué porcentaje de sus ingresos anuales utilizan para seguir instruyéndose o educándose.
Pregunta importante ya que, si la instrucción y la educación tienen el valor que supuestamente les otorgamos, el porcentaje debiera ser equivalente. No obstante, lo más probable es que descubra que estos, ya una vez que dan por terminados sus estudios, no invierten ni el uno por ciento de sus ingresos en la continuidad de su educación e instrucción.
Un sí a algo irrelevante, es un
no a algo importante.
El tiempo es el material del que está
hecho la vida. Es el único recurso que no podemos recuperar y el que más
debiéramos optimizar. La realidad, no obstante, es que hacemos un pésimo uso de
él, debido a que nada se nos dificulta más que el hacernos presente en nuestro
presente, lo que nos impele a poblar nuestro tiempo con un sinfín de actos
irrelevantes que nos permitan escapar de nosotros mismos.
Elegante es el ente que sabe elegir. Ordinario, el que eligen por él. Este está poblado de actos irrelevantes. Esos que, si pasan, no pasa nada. Sale de ellos tal como entro: dúctil y adocenado. En las antípodas están los actos importantes. Esos que, si pasan, pasa todo. Cuando sale de un acto importante, ya no es el mismo. El conocimiento que este le brinda de usted mismo le ayuda a convertirse en una mejor persona, lo cual es de suma importancia, ya que los seres humanos no estamos hechos para la cantidad, sino para la calidad.
El Homo Sapiens - Homo Ludens.
La parte Ludens es esencial en el
ser humano, sobre todo en la infancia y adolescencia. Este nos enseña a interactuar
con los otros en un marco de reglas y límites. El problema de estas dos facetas
del ser humano es que ya una vez que damos por terminado el proceso de
instrucción o formación, nos instalamos de lleno en el Ludens, sin volver a
entrar al Sapiens más que por obligada excepción.
Esto mata aquello.
En la vida, al matar una cosa, damos
nacimiento a otras. Muere la inocencia, nace la adolescencia. El libro de papel
hizo innecesaria la construcción de catedrales góticas, dado que ya no era
necesario construir estas para educar al pueblo a través de esculturas que figuraban
lo que encontrarían en el cielo o en el infierno. Así pues, el libro de papel mato
al libro de piedra, pero la muerte de este gesto el nacimiento de la literatura
y otras formas de arquitectura.
El internet es el mayor catalizador de la metamorfosis de nuestra era. Hizo innecesarias unas cosas (enciclopedias, mapas, diccionarios y demás etcéteras), al tiempo que dio nacimiento a otras (la economía de plataformas y algoritmos).
El agua corre por donde no hay
obstáculos.
La frase es de Ramiro, un cofrade que todos los domingos llega con su
tablero de ajedrez al parque para jugar con cuanto extraño se siente con él,
pero tomo la frase porque explica muy bien el por qué hemos dejado de lado el Sapiens
para instalarnos de lleno en el Ludens.
Entre más se observa y piensa un individuo menos susceptible es a las emociones y distractores externos. El uso de plataformas, redes, apuestas en línea y demás distractores, es inversamente proporcional al nivel de observación que el individuo hace de sí mismo. A menor observación, más necesidad de emociones, más uso de plataformas. Estas le proporcionan las emociones que no le puede proporcionar la observación y análisis de si mismo. El agua corre, por donde no hay obstáculos.
Un cofrade que es cirujano cardiovascular, está estudiando latín, amén de otros idiomas y habilidades que esta desarrollando, pero me quiero detener en el Latín, dado que para muchos es lo que podríamos denominar un saber inútil (no genera dinero), sin embargo, el estudio de esta lengua muerta, le ha brindado una mayor comprensión del lenguaje y de sí mismo, amén de nuevas conexiones cerebrales que enriquecen todos los ámbitos de su ser y de su hacer.
Me despido con las preguntas que le sugerí líneas arriba. Ya una vez que la gente da por terminada su instrucción y formación: ¿Qué porcentaje de su tiempo y de sus ingresos anuales destina a seguir educándose?
Nos leemos en el siguiente artículo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Comentarios y sugerencias