viernes, 22 de mayo de 2026

El éxito de las malas noticias.

La prudencia, cuando joven, virtud. Cuando mayor, instinto.
La prudencia nos ha mantenido vivos y es ese instinto natural hacia la conservación el que hace que le demos más valor a las malas que a las buenas noticias. Un medio que en su origen decida distinguirse de los demás por la publicación de buenas noticias, está condenado a perecer. Los seres humanos poseemos un sesgo natural hacia las notas negativas y entre más negativas y alarmantes, mejor.

Analice los titulares de los medios o de los videos de YouTube. Todos se presentan con encabezados alarmistas, ya que estos captan más la atención que los que enuncian y explican con una racionalidad lógica la realidad. Cierto que esto se matiza en función de la geografía, raza, historia y cultura que dicha geografía generó.

Un entorno cálido (América Latina) desarrolla seres exultantes en lo positivo e iracundos en lo negativo. Un entorno gélido (Países Nórdicos) desarrolla seres reflexivos e introspectivos. Los primeros les dan un muy alto valor a las notas alarmantes y las asumen con un muy bajo nivel de escrutinio. Los segundos, sin demeritar el valor alarmista de los titulares, lo que valoran es el contenido de estas. Esto no significa que una latitud sea mejor que otra, simplemente, son distintas. Cada una con sus yerros y aciertos, pero distintas.  

Sirva esta disgregación para explicar el caso México. En un artículo anterior (https://antropologiayotrashierbas.blogspot.com/2026/03/riesgo-mexico.html), comentaba que el gobierno de EE. UU, sin importar quien sea el inquilino de la Casa Blanca, ve al gobierno de México como un socio no confiable, con un cáncer ideológico e institucional que representa para ellos un problema de seguridad nacional (3,145 kilómetros de frontera) y que a nosotros nos va a llevar más de dos sexenios revertirlo.

Recién nos hizo saber el Secretario de Economía del pais (Marcelo Ebrard) que tenemos que aprender a trabajar con aranceles y revisiones anuales, dado que es la realidad con la que operará el T-MEC en lo sucesivo. Cosa que seguirá bajo este tenor (y estos son palabras mías), hasta que México deje de representar un problema de seguridad nacional para EE. UU, lo cual estimo nos va a llevar de dos a tres lustros.

El inteligente prevé, el estúpido constata.
Dado lo anterior es menester que tomemos en cuenta en nuestra planeación financiera, de ahorro y de inversión, el hecho de que vamos a enfrentar una suma de años de bajo crecimiento económico, en donde el ahorro y la racionalidad del gasto deberán ser la prioridad de las familias y de las empresas.  

Es importante anotar que el partido en el poder no solo se va a radicalizar antes las presiones que está recibiendo del gobierno y de las cortes americanas, sino que van a hacer todo lo que sea menester para conservar la silla presidencial de uno a dos sexenios más, ya que están ciertos que en cuanto sean defenestrados de esta, serán juzgados y encarcelados por quienes les sucedan en el poder.

EE. UU y México: Vencedores y vencidos.
La diferencia entre vencedores y vencidos no es necesariamente la astucia de los primeros, sino la vanidad de los segundos. Esta les obnubila la mirada y en lugar de ver las cosas con ojos de realidad, las ven con ojos de posibilidad.

Justo es lo que le está pasando al gobierno de México. La Presidenta posee cerebro científico, pero no alma de científico. Su animae no está en la ciencia. Está en una izquierda utópica, anacrónica y retrograda que no tuvo, tiene ni tendrá lugar en nuestro pais, ya que atenta contra lo más profundo del ser humano: la libertad y seguridad del individuo.

La memoria es caprichosa. La melancolía, más.
Lo más peligroso de la melancolía es que esta nos puede llevar a sentir nostalgia de lo que no sucedió. La presidenta está consciente de la situación, pero pesa más en su animae lo que no ha sucedido que la situación actual. Al grado que tanto ella como su guía y rector, están dispuestos a sacrificar al pais en aras de cristalizar lo que no han podido lograr: la consolidación de un gobierno seudo socialista que les permita perpetuarse en el poder, no para el beneficio del pueblo de México, si para el de ellos.

Duro oficio el del rey el de contradecirse a sí mismo.
No obstante, y sin el ánimo de contradecir lo ya enunciado, pienso que lo que es más probable que acontezca es que la presión de EE. UU sea tan fuerte, que el partido en el poder va a batallar más con el crimen organizado que con la ciudadanía para conservar la presidencia y gubernaturas que ostenta.  

Conforme el crimen organizado pierda cotas de poder y de negocio por el embate que las autoridades se vean obligadas a hacer, será más público y notorio el cobro de facturas que estos les hagan a los políticos con los que establecieron alianzas electorales y de negocio.

Esto no quiere decir que los índices de seguridad vayan a mejorar de manera expedita, pero sí que al paso de los años iremos constatando una mejoría en los índices de seguridad. Mejoría que incentivará el desarrollo del comercio y de la pequeña empresa.

Es importante anotar, para los que tienen la esperanza de un rápido cambio de gobierno, que la posibilidad de que así sea es muy baja. Cierto es que de aquí a que termine el sexenio muchas cosas pueden pasar, pero para que ello suceda, la oposición debería construir un plan de gobierno que le haga sentido al elector… Y en este momento, ni oposición hay.

EE. UU va a seguir con la presión, pero sin desestabilizar de manera contundente a Morena. Esto significa que también vamos a ver ordenes de extradición de miembros prominentes de otros partidos (principalmente Verde y PT), lo cual será magnificado por Morena para enunciar los yerros de estos y ocultar los propios.

Nos quedan, pues, de uno a dos sexenios más con Morena, pero con condiciones más amables para la ciudadanía, para el comercio y para la pequeña empresa.

Nos leemos en el siguiente artículo.