El viaje a través de los libros te lleva al encuentro de grandes segmentos de la bibliofilia: el primero de ellos compuesto por toda la gama de la literatura; el segundo por el ensayo y la filosofía; y el tercero por la ciencia. Esta por demás anotar que la bibliofilia es tan rica que existen muchos más (teología, semiología y demás etcéteras), pero los tres primeros son los que más movimiento tienen en el mercado.
La literatura nos brinda personajes y marcos de referencia;
El ensayo y la filosofía, ideas y
conceptos;
La ciencia, datos… En este artículo nos centraremos en la literatura.
En esta encontraremos libros que son muy buenos. Otros que entran en la clasificación de dudosos. Unos más que son escritos para la masa. Y por último los que forman el binomio compuesto por los no tan buenos y los que, al hacer algunos ajustes, se tornan en buenos o muy buenos.
Los buenos (clásicos o no), son aquellos que además de presentarnos un argumento que se sostiene por sí mismo, nos brindan un cúmulo de personajes que nos muestran lo que somos como especie y lo que somos en lo individual cada uno de nosotros.
Los dudosos son los libros de los escritores noveles. Al leerlos no sabes si te
vas a encontrar a Mary Shelley o a Frankenstein. Sirva de ejemplo la primera
novela de Carlos Ruiz Zafón (La sombra del viento). Fue todo un éxito. En este
caso nos encontramos con Mary Shelley, pero en mucho otros lo que encontramos
es un Frankenstein (los no tan buenos o de desecho).
Luego están los escritos para la Masa (personas en las que pesa más la emoción
que la razón). En estos el argumento y los personajes son lo de menos. Lo
importante es que reflejen las ambiciones y frustraciones del hombre masa. Sirva
de ejemplo: El Conde de Montecristo. Un libro pobre en cuanto a personajes y
argumento, pero rico en cuanto frustraciones y fantasías de la masa. Es la
historia de un hombre que se hace inmensamente rico gracias a un tesoro (hoy la
lotería, me late, pronóstico deportivo y demás etcéteras) y que usa su riqueza para
vengarse de aquellos que lo ofendieron o dañaron.
Lo que Alexandre Dumas no le puede decir al lector (no le comprarían el libro), es que aquel que toma venganza se rebaja al mismo nivel de aquellos que le ofendieron.
Y por último están aquellos en los que el argumento no se sostiene por sí mismo (los no tan buenos). Esos que no son necesariamente un Frankenstein (libros de desecho), pero si rescatables. Por ejemplo: Drácula de Abraham Stoker. Este nos presenta un personaje que es inmortal y todo poderoso, pero que le tiene miedo al ajo. Si haces a un lado la figura de Drácula y te centras en los demás personajes, descubrirás que tienes ante ti una obra maestra que habla del valor de la amistad, de la palabra y de la dignidad del ser humano. Libro que, por la riqueza de sus personajes, es menester conservar.
Una historia muchas veces
contada.
Lo más importante de la
literatura es que esta te ayuda a entender que somos una historia muchas veces
contada. Nos alegran, apenan y afligen exactamente las mismas cosas que
alegraban, apenaban y afligían a nuestros ancestros... Y entre más atrás viajas en el
tiempo, más claro es el que nos mueven los mismos principios,
resortes y motores que movieron a nuestros ancestros y moverán a los que nos
sucedan.
Las críticas que en el devenir de
la historia ha hecho cada generación a la aparente decadencia de su entorno, a
las generaciones que le antecedieron y a las que le suceden, son las mismas. Las
nuevas se quejan de la incomprensión y obsolescencia de las que les anteceden…,
y estas de la incomprensión, distancia y pérdida de valores de las que le
suceden.
No importa si viajas a la Grecia clásica, al medievo, al renacimiento. A la era industrial,
cibernética o de Inteligencia Artificial. Los libros editados de cada una de
estas épocas nos muestran exactamente lo mismo: Que somos una historia muchas
veces contada.
Nota: Pocos años después de que
salió la imprenta, la gente culta del siglo XV se quejaba de que ya no había
libros manuscritos, cosa que, desde la óptica de ellos, dejaba ver la debacle
del ser humano. Similar a los que lo que hoy se dice de la Inteligencia
Artificial.
La historia nunca se repite. El
hombre, siempre.
El problema, si es que podemos
usar esa palabra, es que sin importar cuantas veces se repita la especie, cada
uno de nosotros tiene que vivir su propia historia. Y vivirla como si esta
fuera única y diferenciada de todas las demás (que lo es). Aun cuando no exista
en ella nada que no hayan padecido o disfrutado las generaciones que nos
precedieron.
En la vida se entiende lo ajeno y se comprende lo propio. Y es precisamente la comprensión de lo propio lo que nos lleva a pensar que nuestra vida es más rica, interesante y compleja que la que han vivido todos los demás. Cosa que es cierto en lo individual y falso en lo universal (vivimos mejor que nuestros ancestros).
La importancia de la literatura.
Más allá de esa centrípeta ilusión que nos embarga y que nos hace ver nuestra
vida como el centro de todo, lo invito a que nos centremos en la literatura y
en el análisis de los personajes que esta nos regala. Análisis que nos va a
ayudar a leernos mejor a nosotros mismos y a nuestros semejantes, amén de visualizar
con algo de antelación las posibilidades de éxito o fracaso de las decisiones que
tenemos en proceso.
Quién es más necio: El necio o el
que discute con el necio.
La tradición rige nuestro proceder
con ideas y conceptos de gente que ya no está, pero también es el oráculo al
que acudimos los vivos para acceder a lo ya probado (sabiduría del pasado). Podemos
ver a la tradición como la democracia de los muertos o como el oráculo de los
vivos, anverso y reverso de una moneda que encontraremos en la literatura. A
nosotros nos corresponde decidir si aprendemos de ella y aprovechamos el camino
o si la ignoramos y nos repetimos.
Aceptar lo que la literatura nos
ofrece nos es de suma utilidad para no repetirnos en los errores que obedecen a
nuestra natura (razón por la que nos repetimos), pero que la literatura nos
ayuda a identificar, reconocer y atemperar.
El análisis de los personajes que esta nos regala nos permite ser testigos del devenir
y final de estos, al tiempo que nos ayuda a anticipar el nuestro. Comprendiendo
que además de ser una historia muchas veces contada, somos también, perdonando el
oxímoron, relevantemente irrelevantes.
No nos vaya a pasar lo que a ese candidato que perdiendo a sus padres cuando infante, le decía con mucho orgullo a la audiencia que presenciaba el debate…, que él se había hecho a sí mismo. A lo que su contrincante respondió: pues hizo poco.
En el intertanto de que exploramos esta veta del saber y tratamos de hacer más con lo nuestro, lo invito que nos leamos en el siguiente artículo.
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