viernes, 7 de agosto de 2026

La revolución silenciosa de Mont Pelerin.

En 1947 Friederich von Hayek, Milton Friedman, Karl Popper, Wilhem Röpke y Ludwig von Mises fundaron la Sociedad Mont Pelerin.

Los objetivos de esta eran: I) Infiltrarse en las mejores universidades de Occidente para formar en las teorías del libre mercado, a los hombres de estado y de empresa que construirían el mundo de posguerra; II) Minar la influencia del consenso colectivista de Keynes; III) Crear las bases de la globalización. El éxito de la revolución que emprendieron estos intelectuales logro que el Keynesianismo desapareciera en casi todo occidente, excepto en América Latina.   

Evolución del ingreso personal.
De la edad de piedra al siglo XV, el 90.9% de la población mundial vivía en situación de pobreza extrema. Y entre el 15%  y 20% de la gente moría de inanición, pero como no había redes sociales (Facebook; Instagram), la gente consideraba que las cosas eran así, que era el ciclo natural de la vida.

El nacimiento del capitalismo permitió que la humanidad pasara de un ingreso que en el siglo XV oscilaba entre los $566 y $750 dólares al año, a uno de $25,000 dólares en el 2025. La diferencia, como dirían los socialdemócratas, es apenas perceptible.

La población de los paises que no entraron al capitalismo hasta bien entrado el siglo XX (China e India, por mencionar solo algunos), vivían a mitad del siglo (1950) en pobreza extrema. India, bajo un régimen socialdemócrata, con un ingreso promedio anual de $619 dólares. China, bajo un régimen colectivista radical, con uno de $448 dólares anuales.

China ingreso al capitalismo en 1978, pasando de un ingreso promedio anual de $448 dólares a uno de $25, 000 en 2025. India ingreso al capitalismo en 1990, pasando de un ingreso promedio anual de $619 dólares a uno de $10, 400 en 2025

Pragmatismo versus romanticismo.
Las generaciones que estaban enfocadas en la construcción patrimonial, no tenían otra cosa en mente más que trabajar intensa e inteligentemente para mejorar su nivel de vida y la de sus descendientes.

El cambio de tendencia lo suscitaron los que llegaron después de los constructores. Los descendientes de estas generaciones llegaron a un mundo con bases económicas, sociales y culturales que sus ancestros jamás hubiesen podido imaginar. Esta bonanza económica y cultural les permitió idealizar las teorías de Marx y Engels, al grado que hoy se enseña el manifiesto comunista, en más de tres mil programas de las mejores universidades de EE. UU.

Cierto que a los discentes de dichas universidades no se les dice que Carlos Marx jamás le pago un solo céntimo a su empleada, como tampoco se les hace saber que los trabajadores de Federico Engels tenían jornadas de doce a catorces horas diarias de trabajo, ya que son detalles insignificantes comparados con la idealización de la teoría… Y si bien es cierto que en los diez principios que publicaron en el manifiesto comunista exigían salarios justos para los trabajadores y la abolición del trabajo infantil, también es cierto que ambos hicieron suya la frase de: hágase la justicia, pero en los bueyes de mi compadre.

Los estudiantes universitarios que reciben estas teorías jamás se detienen a pensar que los académicos que promueven estás ideas, no solo están pacientemente clorofilando, sino que además disfrutan de un nivel de vida y de unas prestaciones laborales y económicas que están muy por arriba del americano medio. Las únicas preocupaciones de estos amantes de la clorofila, es ganar un poco más de espacio en el presupuesto de la universidad.

Es de naturaleza humana estimar en poco lo que cuesta poco.
Cuando llegas a un mundo en el que está casi todo resuelto, es fácil que vendas y compres utopías, ya que das todo por sentado. Amén de que ninguno de estos académicos va a perder un céntimo de sus beneficios al promover las ideas del marxismo. Tal vez, y solo tal vez, corran el riesgo de perder su posición por quejas de los donantes, tal como le paso a la rectora de la Universidad de Pensilvania, que tuvo que renunciar a la rectoría de la universidad por las presiones de estos.

La universidad, consciente de la difícil situación de esta, le dio una indemnización de $4,4 millones de dólares y un plaza de investigadora de tiempo completo con un ingreso asegurado. Fuera de ese altísimo nivel de riesgo que le dejo con una muy buena indemnización y un empleo de por vida, no le paso nada más allá de la perdida de la rectoría.

En síntesis, la bonanza económica y cultural que crearon los constructores, facilitaron la compra de utopías de las generaciones posteriores (lo mismo que te lleva al éxito, te lleva al fracaso).

El lento regreso del péndulo.
La llegada de las nuevas tecnologías trae consigo a una nueva generación de constructores que están cien por cien enfocados en el trabajo, el ahorro y la inversión. Invierten vida y capital en emprendimientos que los van a llevar al éxito o al fracaso. Estos inversores están haciendo que el péndulo inicie un lento regreso al origen (construcción y lucha).

El primer cambio que la nueva generación de constructores exigió a las universidades de la Ivy League, es el de que formaran a sus alumnos en una visión de lucha y conquista. Al no responder estas a sus exigencias, abrieron el mercado de contratación a graduados de todas las universidades, obligando a los graduados de la primeras a competir con candidatos que antes no competían.

Lo más interesante de esto es que las universidades que más están formando a sus discentes en las teorías de libre mercado, son las estatales. Excepto en algunos paises de América Latina en los que han decidido ignorar que un sistema político que comprime artificialmente las distancias económicas, destruye en su gente la idea y el esfuerzo del largo plazo. Generando con ello una disminución de la matrícula escolar y universitaria, y un menor espíritu de lucha.  

La verdad se construye, la realidad, es.
Generacionalmente hablando, todos venimos de la más ínfima pobreza, menos del 10% de las familias de occidente conservan una riqueza de cuatro o más generaciones.

El 70% de las familias pierden su patrimonio en la segunda generación y el 90% de ellas, en la tercera. Solo un residuo cercano al 10% logra mantener su estructura patrimonial y de trabajo por más de cuatro generaciones.

La inmensa mayoría de los millonarios actuales son de primera o segunda generación. El 79% de ellos no recibió ninguna herencia. El 3% heredo un millón o más. El 23.7% combino herencia con construcción y solo un 8.5% son ricos de más de cuatro generaciones.

Los comunes denominadores que he encontrado en los constructores y en los que heredan y construyen, es que el dinero lo ven como un instrumento de creación de valor y no como capacidad de consumo. El segundo común denominador es que todos son autodidactas y lo son más allá de los títulos académicos que ostentan. Nunca dejan de estudiar, aprender y aplicar. El tercero es que contratan gente que en lo suyo, saben más que ellos. La cuarta es que se rodean de personas que generan soluciones, no pretextos o culpables.

 El cambio nos va a llevar más de una generación, pero estamos en los albores de ello.

 En el inter de que esto se da, nos seguimos leyendo aquí.