Cristóbal Colón llego sin saber a dónde, sin saber cómo y siempre a expensas del estado. Hecho que lo convirtió en el santo patrono de los burócratas de todo el mundo. A los burócratas de Bruselas les paso lo mismo: llevaron a la Unión Europea a un lugar que no esperaban, sin estar conscientes de cómo lo hicieron y a expensas de los contribuyentes. Nota: Un burócrata es un ente de gobierno que para cada solución tiene un problema.
El secreto está en el origen.
En la vida, en el amor como en
los negocios, el secreto de todo está en el origen. Por lo que no nos debiera
extrañar que la Unión Europea, que de origen nació mal, se esté fracturando. No
va a desaparecer, pero va a empezar a funcionar más como un Tratado Comercial
que como Unión.
Los países miembros están empezando a tomar decisiones de manera aislada o en bloques: Europa del norte; Europa central y del sur; Europa del este. Cosa que hacen y harán más allá de lo que digan los seguidores de Cristóforo Colombo en Bruselas, en los países verdes y en el único país que aún enarbola la bandera progresista (España). País que en noviembre de este año decidirá si gira hacia el realismo o continua en la Isla de la Fantasía.
La fractura.
El origen de la fractura de la
Unión Europea es la hiper regulación que emano de la ideología progresista que los
países fundacionales impusieron a todos los miembros que se fueron sumando a la
Unión. Idealismo que hizo que aquellos que otrora tiempo fueran el motor de la economía
y de la innovación tecnológica, sean hoy una economía de holganza y exigencia que
ha perdido terreno en la nueva economía del siglo XXI: la economía del
conocimiento.
El idealista es, por definición,
un ignorante.
El lado oscuro de los idealistas
es que ignoran que ignoran. Son el equivalente al líder de la manada de ciervos
que lucha con denuedo para convertir al león en vegetariano. Y cuando los
miembros de su manada le reclaman que el león se haya comido a otro de los
suyos, les dice: Sí, pero a este se lo comió como con asco.
Lo mismo le paso a la Unión Europea, pensaban que, con esa base industrial del siglo XX, podrían competir en el XXI, al grado que poseen una inversión muy baja en Inteligencia artificial, software y empresas tecnológicas. De las 50 empresas tecnológicas más grandes del mundo, solo 4 son Europeas y ninguna de ellas con un valor superior a los $100,000 mil millones de Euros, mientras que las de EE. UU., están por arriba del billón de dólares.
Las empresas tecnológicas de EE. UU., representan el 9.2% del PIB; el 10.2% en China; el 13% en Corea del Sur; el 10% en Japón; el 11% en India y el 14% en Vietnam. La sobrerregulación de la Unión ha frenado el desarrollo de ese sector (5.4% de su PIB). La interrogante es: ¿Cómo piensan competir?
La cuota de la UE en los ingresos tecnológicos globales cayó del 22% al 18%, al tiempo que los de EE. UU., pasaron del 30% al 38%. Esto no quiere decir que la UE no posea el talento. Lo poseen, sin embargo, entre el 30% y 35% de los emprendimientos se mudan a EE. UU., porque la regulación de los burócratas de Bruselas les limita las posibilidades de financiamiento e innovación. Sobrerregulación que propicio la formación de bloques dentro de la UE para luchar contra los acólitos de Cristóforo Colombo en Bruselas.
Bloque desregulatorio (13
países).
Este bloque está formado por 13 países liderados por los Países Bajos, los
países bálticos (Estonia, Lituania, Letonia) e Irlanda. Lo que exigen es un
freno radical a las leyes digitales que inhiben el desarrollo de las empresas
tecnológicas y que propician el éxodo de talento.
Bloque en contra de la Ley de Inteligencia Artificial.
Francia y Alemania comandan este bloque y lo hacen no por convicción de los
burócratas que gobiernan sus respectivos países, sino porque las empresas de IA
(Mistral AI; Aleph Alpha) presionaron y amenazaron al gobierno con el éxodo.
Informe Draghi.
El Informe Draghi sobre
competitividad (2024), denunció que la UE ha creado más de 13,000 leyes nuevas sobre
la actividad económica, en especial sobre la Inteligencia Artificial, mientras
que EE. UU, emitió 5,500 en la misma ventana de tiempo (cinco años). Las de la
UE para frenar, las de EE. UU., para incentivar.
Desde
el año 2000, el crecimiento medio anual de la productividad en la UE ha rondado
entre el 0.9% y 1.2% anual, una cifra inferior a la de Estados Unidos, 2.4%. Y dramáticamente inferior a la de China (4.8%), India (4.2%) y Vietnam (4.5%),
países contra los que compiten directamente. Y sensiblemente menor que la de Irlanda
(10.5%), Polonia (4.1%) y Países Bálticos (3.5%), las cuales, de seguir así,
serán el nuevo motor económico de la UE.
Utilidades para hoy; Inversiones para mañana.
La responsabilidad de un mandatario, amén de la seguridad, bienestar y
desarrollo de su país, es lograr utilidades para hoy e inversiones para mañana.
Cosa que algunos países de la UE dejaron de hacer.
Alemania
se subió a la ola China desde el 2006, generando utilidades para ese presente,
pero sin inversiones para el hoy. La bonanza fue tal que dejaron de invertir y
de innovar. Ya no era necesario hacerlo. Lo hacía China y le podían comprar
barato.
En Francia la crisis del 2008 puso de manifiesto la estulta rigidez del mercado laboral, su alta fiscalidad, su desindustrialización y su irrefrenable déficit fiscal (5.4%), con una deuda que ronda el (119%) y con una disminución de su productividad del 8.5% del 2019 a la fecha (PIB por hora trabajada).
El nivel de productividad de los países de Europa central entro en una espiral a la baja desde hace dos décadas, lo que agrava su deuda. El problema de los países no es el porcentaje de la deuda respecto al PIB (ese es un dato engañoso). El problema es que la productividad no genera los ingresos para pagarla.
Italia y España dejaron de crecer desde 1996. Son países dependientes y consumidores. Y con un nivel de deuda que no solo no pueden subsanar, sino que va en aumento, pero sin producir más.
La sobrerregulación de Bruselas les permite a los burócratas justificar su existencia, pero ha llevado a sus países miembros a una pérdida de competitividad de la que no saldrán en veinte años, salvo que en los próximos años dieran un giro de 180 grados, lo que en este momento se antoja difícil.
En la UE están preocupados por la llegada de la mal llamada extrema derecha, sin embargo, han sido sus gobernantes los que han propiciado la llegada de estos, debido a que crearon, en cuanto a desarrollo y bienestar, expectativas altas y probabilidades bajas (un jubilado francés recibe de pensión un 102% más que lo que gana un empleado medio en Francia), lo que hace que la población se radicalice y le dé cabida a lideres populistas que en una economía plausible tendrían pocas o nulas probabilidades de triunfar.
Lo que vamos a ver en los siguientes meses y años es una Unión Europea que comercia entre sí, pero en la que cada país o bloque de países forjarán alianzas que les permitan acceder a energía barata, al tiempo que emiten leyes que propicien la inversión y desarrollo de las nuevas tecnologías. Y lo harán de manera individual o en bloque, hasta que llegue a Bruselas una camada de líderes con visión de estado y de negocio (utilidades para el presente e inversiones para el mañana).
En el intertanto de que eso pase, nos seguimos leyendo aquí.