miércoles, 30 de septiembre de 2026

El polémico Donald Trump.

Hablar de política es como hablar del clima, por mucho que hables de ella no va a cambiar. Lo que tenemos que hacer es comprender y rentabilizar con lo que hay, conscientes de que el pan de hoy es más caro que el de ayer.

Donald Trump no es un político que guste a muchos. Sus declaraciones agreden los tímpanos finos y los mensajes en su red social a las retinas delicadas. No obstante, es menester no perdernos en el discurso electoral. A Donald Trump no le interesa que la manufacture regrese a su país ni hacer grande a América a través de la tecnología del siglo XX. Ese es un discurso para los nostálgicos, que es la basa de MAGA. Lo que le interesa es hacer grande a su pais a través de la tecnología del siglo XXI. Así pues, una cosa es lo que electoralmente dice y otra la que ejecutivamente hace.

El problema, claro está, es que a la Masa le es más fácil recordar que visionar. Si su discurso electoral fuera el de que van a invertir ingentes cantidades de dinero en la formación de graduandos en tecnología cibernética, de semiconductores y de Inteligencia Artificial y en empresas de silicio, el número de votantes hubiese sido sensiblemente menor al que obtuvo. A la Masa lo que le mueve y conmueve es el pasado, no el futuro.

También lo podemos criticar por lo de Venezuela e Irán, y por su postura con la Unión Europea, sin embargo, aunque no nos gusten sus formas, posturas y discursos, tiene razón. China posee el 90% de la capacidad de refino de materias raras del mundo, pero no el petróleo que necesita para operar como pais. Tienen un déficit de petróleo del 74%, el cual importaban de Venezuela, Irán y Rusia. 

Lo que Trump ha hecho es cortar las cadenas de suministro de petróleo que requiere China, emparejando con ello el tablero de competencias de ambos países. Uno necesita la materias raras refinadas y el otro el petróleo y los semiconductores de tres y dos nanómetros. Carencias que los obligan a negociar en el inter de que desarrollan algunas de las capacidades faltantes.

En esta hecatombe geopolítica que apenas comienza, México y Venezuela son y van a hacer pilares fundamentales para EE. UU., y lo van a ser sin importar quien sea el inquilino de la Casa Blanca. La estrategia de EE. UU., es que México se convierta en el taller de manufactura y ensamblaje de las industria del silicio con las que van a competir. El sector automotriz, industria en declive y prioridad del siglo XX, se lo dejan a Europa.
 

Venezuela les es clave debido a que es rica en agua, petróleo y con una población que tiene una alta necesidad de empleo. El país se va a convertir en el principal proveedor de petróleo y en el refinador de materias raras de EE. UU. Industria en la que los americanos van a invertir ingentes cantidades.

No se extrañe de que, en cuestión de uno o dos lustros, Venezuela supere a México en inversión extranjera y en educación. Para EE. UU., va a ser muy importante que en ese pais se desarrolle y forme la gente que lo va a hacer fuerte en el siglo XXI y que en México se desarrolle y forme la gente que lo va a soportar en manufactura. México tuvo su oportunidad, pero decidió no tomarla.

China está invirtiendo cuantiosas sumas de dinero en la preparación de las siguientes generaciones de ingenieros cibernéticos, tecnológicos y de Inteligencia Artificial, amén de invertir en laboratorios de Investigación y Desarrollo en esos temas. En este momento tienen Chips de cuatro y cinco nanómetros, pero no el conocimiento, la tecnología y maquinaria para los de tres, dos o menos nanómetros.

Los de cuatro y cinco nanómetros les permite competir en los sectores de telefonía celular, electrodomésticos y automóviles, pero no aún en el tipo de semiconductores que demanda la Inteligencia Artificial, amén de que esta avanza tan rápido que en cuestión de meses quedan en la obsolescencia muchos de los avances logrados.  

Ambos contendientes (EE. UU., y China) saben que el que gane la carrera de la Inteligencia Artificial será el que marque la pauta en el mundo. 

Las preguntas para nuestros políticos son: ¿Cómo se están preparando para lo que viene? ¿Qué infraestructura están desarrollando para que las empresas tecnológicas se instalen en el país? ¿Cuánto dinero están invirtiendo en desarrollar a las nuevas generaciones en las competencias tecnológicas que está demandando el siglo XXI?
 

Sirva de ejemplo los ciberataques. México, principal proveedor de muchos de los componentes que demanda EE. UU., corre el riesgo de ser el centro de los ataques cibernéticos de terceras entidades. Ataques que crearían interrupciones en el proceso de fabricación, ya sea por falta de agua, de electricidad y demás etcéteras que ralenticen la proveeduría, sin que ello implique una agresión directa a EE. UU. ¿Están nuestros políticos conscientes del riesgo? ¿Están actuando en consecuencia? 

Europa y Donald Trump.
Los adolescentes de la tercera edad que ostentan el poder político de la Unión Europea, están ofendidos e indignados con Trump, debido a que este ha tomado distancia con ellos. Y lo hacen sin considerar lo que ellos hacen con EE. UU.
 

Le exigen al gobierno de EE. UU., lo que no están dispuestos a otorgar. Le reclaman la falta de apoyo a Ucrania, pero rechazan apoyarlo en el conflicto de Irán. En palabras textuales le dicen que esa no es su guerra, olvidándose, claro está, que la de Ucrania tampoco lo es.

La razón por la que se involucraron en la de Ucrania fue por el temor de que la débil Rusia se posicionara en Europa del Este y que al paso de dos o tres lustros decidiera avanzar hacia Europa Central. Pero cuando EE. UU., les pidió que lo apoyaran para neutralizar a Irán, principal proveedor de Rusia en los drones y en la tecnología para atacar a Ucrania, se negaron a hacerlo. Y lo hicieron sin medir las consecuencias de lo mucho que les afecta la doble carencia de energía en la que están inmersos.

Perdieron la energía barata de Rusia y el petróleo barato de Irán, pero no se quieren involucrar. Lo que buscan es que EE. UU., les resuelva sus necesidades sin aportar nada a cambio (adolescentes).

Cercano, el interior. Lejano, el exterior.
Soy el primero en reconocer que las formas de Donald Trump no son las adecuadas, pero también el primero en reconocer que está haciendo lo que debe de hacer. Trump se va a ir en cuanto acabe su periodo, pero lo que los Europeos y los políticos de México van a descubrir cuando este se vaya, es que lo que va a cambiar son las formas, no las exigencias. 

Tripulación o pasaje.
EE. UU., y China se están preparando para competir, invirtiendo en educación, tecnología y en la investigación y desarrollo de las tecnologías que requieren para poder competir (China con una carencia de petróleo difícil de soslayar). 

Sin embargo, la otrora prospera y dinámica Europa no solo no se está preparando, sino que año a año pierde mercado y competitividad en el mercado global. Le abrieron las puertas a China y esta, que ve por los cercanos y no por los lejanos, los está destruyendo. Lo mismo le va a pasar a Canadá si sigue por ese camino.
Nota: La Unión Europea importaba 3,800 vehículos chinos a finales de 2024. Hoy importan cerca de 90,000 al mes (50,000 híbridos y 36,000 eléctricos) y en aumento. 

Nosotros no estamos mejor, nuestros políticos (entes de muy baja calificación y cualificación) están centrados en reconstruir un pasado que no existió, caminando hacia un futuro en el que seremos pasaje, pero no tripulación.

Nos leemos en el siguiente artículo.    

 

1 comentario:

  1. No soy fan de Trump. Punto. Un narcisista me genera urticaria, y sus formas me parecen un espectáculo que agrede tanto como entretiene. Dicho esto, hay que tener estómago para reconocerlo: el tipo recuperó la identidad y el posicionamiento de Estados Unidos. Le pese a quien le pese. Y eso, guste o no, es un hecho, no una opinión.

    El blog lo clava cuando dice que una cosa es el discurso electoral y otra la ejecución. A la Masa le venden el regreso de la manufactura, el rugido nostálgico del siglo XX, la gorra y el mito. Pero por debajo, lo que Trump está haciendo es jugar al siglo XXI: cortar el petróleo a China, emparejar el tablero, apostar por semiconductores e IA. No le interesa hacer grande a América con fábricas de autos. Le interesa hacerla fuerte con silicio. El show es para los votantes. La jugada es geopolítica.

    Y aquí viene lo incómodo para nosotros los mexicanos: México tuvo su oportunidad y la dejó pasar. Nos ofrecieron ser el taller del futuro, el ensamblador del silicio, y nuestros políticos (entes de baja calificación, como bien dice el texto) siguen reconstruyendo un pasado que no existió. Mientras tanto, Venezuela se perfila como el nuevo socio estratégico de EE. UU. en petróleo y refinación de materias raras. Sí, Venezuela. Léalo dos veces. Uno o dos lustros y nos superan en inversión y educación. Duele, pero es lo que hay.

    Europa, por su parte, hace berrinche de adolescente de la tercera edad. Exige apoyo sin dar nada. Perdió la energía barata de Rusia y el petróleo de Irán, y todavía se ofende. Así no se juega.

    La pregunta final del blog es la única que importa: ¿somos tripulación o pasaje? Porque EE. UU. y China invierten en educación, tecnología e I+D como si les fuera la vida en ello (y les va). Nosotros, mientras, debatimos si el ritual importa más que la verdad.

    Trump se va a ir. Lo que no se va a ir son las exigencias. Y los que se queden dormidos, van de pasaje. Yo ya me bajé del asiento a ver si aprendo a remar. ¿Y tú?

    ResponderBorrar

Comentarios y sugerencias