viernes, 26 de julio de 2024

Un frágil equilibrio (crisis de futuro).

En el artículo anterior (crisis de futuro) hablamos de lo inmanente y cambiante del ser humano. En este vamos a explorar algunos de los fenómenos sociales que explican esos cambios. Es importante anotar que no es nuestra intención cualificar cual es mejor en relación con los otros. Los cambios son parte del proceso evolutivo de la sociedad y nos va a llevar de dos a tres generaciones de procesos intensos y convulsos hasta que encontremos un punto medio que nos ayude a ser mejores como individuos y como sociedad.

Los seres humanos nos movemos en un frágil equilibrio biológico y emocional, en donde todo lo que hagamos o dejemos de hacer, tiene consecuencias. Algunas de las cosas que hacemos, dada su inmediatez, las podemos vislumbrar sin problema, pero hay otras en las que nos menester analizarlas ya una vez que sucedieron.

Lo individual incide en lo social y lo social en lo individual. Nosotros creamos nuestro entorno al tiempo que este nos crea a nosotros. Esto quiere decir que tenemos la posibilidad de crear un microentorno que nos permita desarrollar la individualidad que deseamos aun cuando el entorno en general sea diferente o adverso al nuestro.

Como humanidad hemos vivido cambios comunicacionales que han incido en nuestra forma de ver, interpretar y operar el mundo, cambios que su vez han incidido en nuestra forma de ser. El primero de ellos es la imprenta.

La imprenta permitió que el conocimiento saliera de la esfera de la iglesia y se popularizara entre el pueblo. Cierto que tomo muchos años, pero fue el cambio que gesto mucho de lo que hoy somos. Después de la imprenta llegaron los periódicos y con estos los mentideros sociales (cafés). En estos se debatían las diferentes interpretaciones que los individuos hacían del acontecer de su entorno. El siguiente cambio fue la radio y tiempo después la radio que se ve (televisión), en donde la sociedad podía debatir hasta en la mesa de la cocina las diferentes interpretaciones que del acontecer mundial hacían los miembros de una misma familia. El ultimo de los cambios comunicacionales fue el de las redes sociales, que dio cauce a la creación de redes y grupos identitarios en los que el individuo se identifica más con su grupo identitario que con su familia o pais.

Gracias a todos estos cambios la alfabetización avanzo lenta pero consistentemente en todos las naciones. Y si algo nos ha demostrado la historia es que cuando en una nación la población alfabetizada es igual o mayor al 50%, se gestan movimientos estructurales que cambian el sistema de gobierno del pais (revoluciones, caída de monarquías o establecimiento de monarquías parlamentarias y demás mutaciones en la estructura del poder). Esto genera tiempos revueltos, ya que lo que el pueblo busca es ocupar el puesto de las elites, para lo cual es menester derrocarlas. El problema, claro está, es que estas son las que tienen el saber del gobierno. 

En su primera etapa los cambios en el sistema de gobierno dejaron incólumes los de la familia. Estas seguían siendo patrilineales (jerárquicas, autoritarias, conservadoras, religiosas, monolíticas y masculinas). Los cambios en la estructura de las familias se dan cuando en una nación alfabetizada en 50% o más, logra que el 25% de la población estudiantil obtenga una titulación profesional.

En este momento empieza el lento debilitamiento de la familia patrilineal. Se cuestiona la autoridad para dar paso a individualidad de sus miembros. En estas familias la mujer va tomando poco a poco un papel predominante dentro de casa y fuera de ella (la sociedad), amén de que la familia se hace más comunitaria (se debaten las ideas y las normas de autoridad, estableciendo, por decirlo así, una democracia familiar en donde lo importante son los individuos y sus creencias).

Este avance que representa cosas muy positivas para la sociedad y los individuos, sufre, como contraparte, una lenta pero progresiva caída en la religiosidad de los individuos y de la sociedad. Por ejemplo, en las familias patrilineales es de suma importancia asistir los domingos al templo, así como el matrimonio por la iglesia, el bautizo y demás ritos sacros, amén de que las relaciones sexuales tienen un combés de sacralidad que las hace únicas y cuasi exclusivas.
     

En las familias patrilineales blandas, formadas en una sociedad altamente alfabetizada y con un 25% de la población estudiantil titulada, se deja de asistir al templo los domingos, pero se respeta el bautizo como rito social. Los matrimonios por la iglesia merman poco a poco, compartiendo espacio con aquellos que se hacen por lo civil y/o por unión libre, pero no se contempla en ningún modo el matrimonio entre miembros del mismo sexo.

Las familias individuales o liberales se gestan en sociedades altamente alfabetizadas (50% o más) y con una población estudiantil titulada mayor al 35% en donde son más las mujeres que se titulan que los hombres. En estas familias se asiste al tempo solo por excepción (defunción de un familiar o boda de un amigo extraviado). La unión de parejas es por voluntad, sin requerir la intervención de la iglesia o de la autoridad civil y las relaciones sexuales son parte del proceso de prueba error en la selección de pareja hasta que dan con esa con la que empatan y entienden más. La unión entre parejas del mismo sexo y la relaciones entre parejas del mismo sexo se ve normal y la gestación, en la gran mayoría de los casos, es por encargo (vientre subrogado). Ucrania representaba antes de la guerra el 25% de las Gestaciones por encargo del mundo.

El único estrato social en el que no se ven cambios tan radicales es en las elites (1% de la población). Estas siguen asistiendo a misa y cumpliendo con todos los ritos sacros que el cristianismo protestante o católico comandan. Las parejas se casan por la iglesia, y se espera que las mujeres se embaracen cuantas veces puedan, ya que es menester tener a quien legar los bienes. En este estrato se espera que las personas que se decantan por personas de su mismo sexo se mantengan célibes o se casen y tengan hijos, ya que legar los bienes a los miembros de la familia está por encima de las individualidades.

Para no extender más esto, podemos concluir aceptando que el avance de la sociedad, con lo bueno y lo malo que tenga, es inexorable, pero también es cierto que uno puede crear un entorno propio en donde exista un frágil pero necesario equilibrio entre el concepto patrilineal (que asegura la continuidad) y el liberal (que asegura el desarrollo de la comunidad).

No podemos sustraernos del mundo, pero si crear nuestro propio mundo.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 24 de julio de 2024

Crisis de futuro.

En la sesión de la Abstracción que se llevó a cabo esta semana, hablamos de lo inmanente y de lo cambiante en el ser humano, por lo que nos fue menester analizar ambas variables desde campos tan diversos como la antropología, filosofía, sociología y psicología.

Huelga decir que la filosofía y la antropología se centran más en lo inmanente que en lo mutante. Y si bien es cierto que estudian esto último, también lo es que esta parte, que por esencia es mudable e inconsistente, compete más a la sociología y psicología. Disciplinas que ineludiblemente están subordinadas al entorno y a las circunstancias de los individuos.

En lo inmanente analizamos la relación hombre mujer y el cómo está, sin haber dejado de ser lo que es, ha priorizado la relación más hacia los intereses del individuo que de la especie. Los fenómenos sociales y psicológicos que explican esto son más que evidentes (41.7% menos matrimonios que en el 2000 y una tasa de natalidad del 1.6%, cuando la de remplazo es 2.1%), no obstante, y dado que nuestra capacidad de anticipación es muy limitada, el precio que vamos a pagar como especie es muy alto, amén claro está, de los cambios socio estructurales que esto va a traer en un futuro que ya se empieza a vislumbrar.

Las generaciones pasadas crecieron en un entorno y con unas circunstancias que los impelía trabajar pensando en un futuro modélico que se venía repitiendo por generaciones: casarse, tener hijos y construir un hogar con roles y responsabilidades muy definidas, en donde el objetivo de los padres era construir un escenario económico, cultural y social que le permitiera a sus hijos empezar desde una plataforma mejor que la que ellos tuvieron.   

Hoy el entorno y las circunstancias son otras. En México país, la gran mayoría de las parejas se casan (36.9%) o viven en unión libre (17.8%) entre los 30 y 40 años, permaneciendo solteros solo un 33.1% de ese segmento etario, amén de que son muy raras las parejas que logran estar juntas más de 17 años.

En estás relaciones es más importante el acompañamiento que la relación en sí. Poco o nada piensan en tener hijos, no obstante, es justo reconocer que los hijos que llegan a tener obedecen más a una decisión que a un accidente.

Lo que también ha mutado es el significado de la relación sexual. Esta ha perdido la sacralidad que en el pasado poseía para pasar a hacer algo que tiene que ver más con la biología que con una vinculación sexo afectiva que une y suelda a las parejas. Esto lo menciono debido a que ese 33.1% que permanecen solteros mantienen relaciones intermitentes con parejas del sexo opuesto o del mismo, sin que represente para ellos un vínculo afectivo emocional.  

Este sentimiento de libertad absoluta en donde la relación es más un acompañamiento o una intermitencia ha desasociado a las nuevas generaciones del sentido del compromiso. Con esto no quiero afirmar que carecen de compromiso, lo tienen, pero no necesariamente en la construcción de una familia. Su compromiso tiene que ver más con sus proyectos profesionales y económicos que de pareja o familia.

Uno de los tantos cambios en el entorno que los ha llevado a esto es el alto costo de la vida. El progreso ha representado para todos una mayor oportunidad de desarrollo laboral y profesional, pero no necesariamente económico, por lo menos no en la forma en que lo fue para sus padres.

Hoy las parejas perciben un mayor nivel de dificultad para lograr el nivel de vida que desean, tanto que muchas de ellas piensan que antes era más fácil, ya que con el trabajo de uno o de ambos padres habían logrado un nivel de bienestar que hoy lo ven cada vez más remoto.

No dudo que las circunstancias hayan cambiado (costo de la vida y mayor competencia laboral), pero también ha cambiado el nivel de sacrificio que están dispuestos a hacer. Una muestra de ello es la forma en que sus padres vivieron su etapa escolar y laboral. Lo más probable es que muy pocos de ellos tuvieran el dinero y la oportunidad de gastar socialmente (restaurantes, bares, eventos y demás etcéteras) y de viajar como lo hacen los jóvenes de hoy. Sus padres tenían que limitar el gasto para poder subsanar los costos de manutención y educación.

Lo que distingue a estas generaciones, sin demeritar lo agudo de las circunstancias económicas y laborales que enfrentan, es que poseen una visión de futuro de muy corto plazo y un nivel de inmediatez que les impide ver más allá de sí mismos y de lo que van a enfrentar al paso del tiempo.

Están subordinando sus ideas (forma de vida – el bien ser) a sus intereses (nivel socio económico – el bien estar) en lugar de subordinar los intereses a las ideas. Esto, que no pueden o no quieren visualizar y entender en sus últimas consecuencias, les está generando un nivel de individualidad y liberalismo que no solo va en detrimento de ellos, sino de la sociedad en sí.

Pero de esto hablaremos en el siguiente artículo.

miércoles, 10 de julio de 2024

Realidad y fe.

Los seres humanos nos movemos en dos dimensiones de la realidad: una realidad objetiva (lo que la cosa es) y una subjetiva (lo que en el sujeto la cosa es). La realidad objetiva es simple, lineal y no demanda de nosotros más que comprensión y aceptación. Cierto que podemos y debemos reflexionar sobre ella, ya que en ella está el saber científico, procesal y mecánico de las cosas, sin embargo, por mucha reflexión que de ella hagamos, está siempre será poca comparada con la que nos demanda la siempre fluida y cambiante realidad subjetiva.

En una tertulia puedo afirmar que esta lloviendo y mis contertulios lo único que necesitan hacer es validar que efectivamente este lloviendo, sin embargo, si lo que afirmo es que estamos viviendo tiempos revolucionarios, mi afirmación deberá sujetarse al infinito de valoraciones y opiniones de mis contertulios, los cuales emitirán, desde su circunstancia socioeconómica y cultural, un juicio que podrá respaldar o negar mi afirmación. Este intercambio de puntos de vista y opiniones se basa en un proceso reflexivo que nada tiene que ver con la realidad objetiva.

En este espacio de subjetividad es donde entra la fe, que no es otra cosa más que esa enorme necesidad que tenemos los seres humanos de que las cosas sean ciertas, aun cuando no tengan un ápice de realidad o sustento. En donde más impera el reino de la fe, sin ánimo de caer en la tautología, es en el combés de las creencias, de lo intangible y de las relaciones humanas.
   

Para no herir susceptibilidades innecesarias, me circunscribe al ámbito de las relaciones humanas, donde hasta el más lógico, sarcástico, irónico y racional de mis cofrades (y vaya que tengo algunos) se verán en la necesidad de aceptar que la fe es el hilo que anuda y sostiene las relaciones humanas.

El motor de nuestros primeros veinte años de vida es el conocimiento. Las siguientes dos décadas nos movemos entre el conocimiento y la voluntad (más conocimiento que voluntad). En la tercera veintena se da un frágil equilibrio entre conocimiento y voluntad, en donde poco a poco la voluntad va ganando terreno, hasta que llegamos a la cuarta veintena, donde lo que impera es la voluntad. No significa que dejemos de buscar el conocimiento. Al contrario, este se hace más selectivo, pero cierto es que, aunque tengamos el conocimiento, la voluntad de hacer las cosas ya no es la misma.

Es importante entender esto, ya que podemos estar cien por cien ciertos de nuestras herramientas y conocimientos técnicos para hacer las cosas, sin embargo, todo el conocimiento del mundo entra al mundo de lo subjetivo (fe), en cuanto roza la piel del otro, ya que es la voluntad y no el conocimiento la que genera la gran mayoría de las acciones humanas.

Hay acciones innatas que no requieren ni conocimiento ni voluntad (instintivas), pero fuera de ellas, todas demandan de esta dupla. Usted, por ejemplo, puede ser un experto en naturaleza humana (si es que existen expertos en eso), sin embargo, al iniciar una relación sentimental, de amistad o de negocios con una persona, el éxito de esta depende más de la voluntad del otro que de su propio conocimiento. Y ese estar subordinado a la voluntad del otro, demanda fe, mucha fe.

Usted, sin duda alguna, pondrá lo mejor de usted (conocimiento, voluntad y paciencia) para lograr que la relación fructifique, sin embargo, la decisión final siempre estará subordinada a la muy natural ambivalencia del querer (voluntad) del otro. Querer que, a su vez, hará titubear el propio. Y es precisamente en este errático y no siempre claro andar, donde se mueve el hacer humano. Un hacer que demanda, en muchas ocasiones, mas fe que conocimiento.

Nos leemos en el siguiente artículo.

viernes, 5 de julio de 2024

La soledad: el mal del siglo XXI

La obesidad y las enfermedades que de esta emanan, van a representar un alto costo económico, social y político en las estructuras de salud pública de las naciones Occidentales. No obstante, lo que más preocupa a los expertos en geopolítica y dinámica poblacional, es el alto costo que está representando y que va a representar el mal de la soledad. Al grado que se estima que va a ser el mal del siglo XXI.

La tasa de natalidad en Occidente no solo decrece año a año, sino que además cada vez son más los individuos que optan por vivir sin compañía humana, pero con una o dos mascotas que por mucho que interactúan con sus dueños, no pueden remplazar la riqueza intelectual que se da en el intercambio dialógico entre dos o más entes pensantes. Esto, que en este momento no se ve preocupante, aun cuando ya hay serias señales del deterioro cognitivo de los individuos, terminara afectando no solo su capacidad intelectual, sino también la emocional, ya que perderán la habilidad de entender y dirigir sus emociones y las de los demás.

Tal vez las personas que opten por vivir solos sin tener la capacidad de resistirse a sí mismos, no se den cuenta de lo que les está aconteciendo, debido a que la edad o el trabajo les permite un cierto grado de interacción social que les ayuda a paliar su soledad, no obstante, al paso de los años la interacción social no solo se hace más electiva, sino que, además, se reduce a mínimos, lo que hace que la persona enfrente mayores espacios de tedio o, en el mejor de los casos, de soledad.

En los países donde la pirámide poblacional se ha invertido, el sentimiento de irrealización y frustración de las personas que viven solas se ha ido haciendo patente en los estudios de dinámica poblacional. Muchos de ellos argumentan que la soledad les empezó a llegar en el tránsito de la tercera a la cuarta década de su vida, la cual se hace intolerablemente acérrima en las décadas subsiguientes.  

Interpretaciones puede haber muchas, no obstante, me voy a detener en una sola de ellas: la necesidad de los otros es inversamente proporcional a la capacidad de estar consigo mismo. Entre más a gusto se encuentra una persona consigo misma, menos necesidad tiene de los demás.

Antes del nacimiento de las redes sociales (2008) le gente iba a los Mentideros sociales (cafés) a interactuar dialógicamente con sus iguales. Nunca mejor dicho, ya que la calidad del intercambio dialógico depende de la calidad de los contertulios. No obstante, aun cuando la calidad intelectual no fuera diga de encomio, las personas tenían que afilar su agudeza mental para escuchar, entender y replicar. Hoy ya no sucede así, los mentideros sociales se convirtieron en oficinas. La gente va a ellos a trabajar.

Lo que priva hoy en Occidente en la gran mayoría de los adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos es el tedio. El cual no solo está en las antípodas del ocio, sino que además es improductivo.

El tedio es común en aquellas personas que no tienen la capacidad de resistirse a sí mismas. Lo que los lleva, en aras de paliar su hastió, a dividir su tiempo entre las redes sociales (Instagram; TikTok; YouTube) y las plataformas de contenido de medios, solazándose a través de películas y series infinitas que les permiten estar pacientemente clorofilando.  

El ocio, como contraparte, es cien por cien productivo. Demanda una alta capacidad de resistirse a si mismo y de desarrollo neuronal. El ocio crea, ya sea pintura, letras, obras de arte, desarrollo tecnológico y abstracción en general. Cuando usted se entrevista con una persona que vive inmersa en el tedio, descubre que su capacidad neuronal no le da para más. No solo no le interesa saber nada de nada, sino que además esta conforme con ello. Sus platicas nunca van a ir más allá de la superficie (lo que alcanzan a percibir sus ojos) y de los eventos del momento en las redes y plataformas.

En cambio, los que viven inmersos en el ocio, por fortuna, retiro o decisión, poseen un intercambio dialógico que va mucho más allá de la mirada y de lo eventos del momento. Estas personas nos enriquecen. Nos abren una ventana al conocimiento que nos permite ver, analizar y entender esa otra parte del mundo que no habíamos alcanzado a ver. Ya sea porque estábamos inmersos en nuestra respectiva parcela de abstracción (arte, pintura, escultura, filosofía, letras, etcétera) o por miopía intelectual.

Lo cierto, para no extenderme más, es que el tedio esta siendo y va a ser el mal del siglo XXI en occidente. No se extrañe usted de encontrar cada vez más personas a las que no solo se les lea en el rostro su insatisfacción, sino que además expresen de viva voz una falta de sentido que solo compete a ellos.

En el intertanto vamos a ver un serio incremento de síntomas depresivos, de abandono de sí mismos y de suicidios. Fenómenos, todos, que van a ser capitalizados por lideres populistas de derecha e izquierda que con sus propuestas de solución inoperante e irreales, van a sumar al mundo en un caos de inestabilidad los siguientes veinte años.

Pasados esos veinte años (que es lo que se tarda una generación en darse cuenta de sus errores y cambiar el rumbo), regresaremos difícil, dolorosa y lentamente, a construir un nuevo tipo de estabilidad. En el intertanto, preocúpese usted por lo que pasa en su casa, para que no sea usted parte del caos.

Nos leemos en el siguiente artículo.

 

miércoles, 1 de mayo de 2024

Daño colateral.

Se dice que el famoso aforismo: "Conócete a ti mismo", estaba inscrito en el pronaos del Templo de Apolo en Delfos. No obstante, la realidad es que poco caso le hemos hecho. Somos, antropológicamente, seres de sentimientos profundos y entendimientos cortos, lo que nos impele a preocuparnos más por lo que acaece fuera que dentro de nosotros.

Recién me invitaron al corte del listón inaugural del séptimo restaurante de un amigo. Este es un joven emprendedor que está en sus tempranos cuarenta y que cuenta en su haber una cadena de restaurantes y una procesadora de alimentos. Es un hombre inteligente, agradable y de trato fácil, amén de una sonrisa que pareciera ser parte de su rostro, ya que pocas veces le he visto sin ella.  

Él, como la gran mayoría de nosotros, vive más hacia afuera que hacia adentro. Este estar constante viviendo hacia el exterior, lo llevo a establecer una relación con una mujer de extraordinaria belleza interior y exterior. Una mujer que lo amo (tuve oportunidad de conocerla y de convivir con ambos) como pocas veces he visto que ame una mujer a un hombre.

Está lo único que quería es estar con él. Cierto que había un alto nivel de exigencia de parte de ella (no hay mujer que no lo haga), pero su exigencia era más cualitativa que cuantitativa, es decir, para ella era más valioso el tiempo que pasaban juntos que todos los bienes y regalos que este le pudiera dar.

El caso es que ella estuvo ausente en la inauguración del restaurante, lo cual no dejo de extrañar a propios y extraños. Días después el empresario en cuestión me invito a comer para ver unos temas de inversión y al terminar de analizar estos, me preguntó qué cómo andaba de tiempo para platicar un tema personal de relevante importancia. Le hice ver que disponía de tiempo y que encantado escuchaba su decir y, por la cara que tenía (había perdido su sonrisa), su pesar.

El tema es que después de tres años decidió terminar con ella. Lo peor del caso, argumentaba él, es que es la mujer más maravillosa que he tenido en mi vida. Y, sin embargo, el animal que soy, me empujo a terminar con ella. Pensé, y sigo pensando, que no hay nada como la soledad. Mi trabajo demanda un muy alto nivel de contacto humano, de tal suerte que nada deseo más cuando llego a casa que tener tiempo para mí. Y eso, precisamente, fue lo que me llevo a terminar con ella.

El problema, me dice, es que demanda tanto mi atención que poco tiempo me queda para revisar el acontecer de mis negocios, que es lo que me permite definir el proceder del día, semana o mes. Cierto que disfruto su compañía, pero me encantaría que esta fuera espaciada e intermitente y no permanente. Cuando hable con ella al respecto, me dijo que las cosas no son así. Que en la vida puedes tener casi todo lo que deseas, pero no todo al mismo tiempo. Que tenía que decidir y decidí.

El caso es que me saturo muy rápido de los demás. Cosa que no afecta en mi trabajo, ya que la interacción es variada y de momentos, pero habitar el día a día con una persona es abrumador. Al término de su exposición me preguntó: ¿se puede amar tanto a una mujer y vivir sin ella?

El problema real, le contesté, es la ausencia de amor. En los negocios como en el amor, hay que aprender a restar antes que sumar. En los negocios tienes que restar beneficios en socios y colaboradores. En el amor, lo que restas es tiempo e individualidad y lo restas en ella y en los hijos. Ellas restan mucho más que nosotros, pero lo hacen en los hijos y ocasionalmente en ellos.

Los hombres se satisfacen con poco. Ellas, no. Estás exigen tanto, porque dan tanto. Poco a ti, mucho a los hijos. Y, en ausencia de estos, a la idea que tienen de sí mismas y de la relación de pareja. Y si no te hace sentido, revisa tu guardarropa y el de ella, que estos no son más que el reflejo de uno y otro. Para ellas, como buenas centrípetas, nada es suficiente. Demandan atención constante y permanente dado que todo gira y debe girar en torno a ellas. Cosa que no acaece con el hombre. Este, como todo centrífugo, demandan poco de ellas y lo poco que demanda lo demanda poco.

Le comenté lo que líneas arriba mencioné: que los seres humanos somos entes de sentimientos profundos y entendimientos cortos. Lo que ineluctablemente hace que nos preocupemos y ocupemos más de lo que acaece fuera que dentro de nosotros.

Cuando te sientas profundamente atraído por una mujer, concédete el permiso de convivir lo más que puedas con ella, tanto para conocerla, como para descubrir si la resta te pesa. Si no te pesa, ahí es, pero si te pesa, no te quedes, que el daño colateral va a ser mayor cuanto más tiempo prolongues la relación.

Nos leemos en el siguiente artículo.

sábado, 20 de abril de 2024

Siete años después.

En el libro Puente de otoño de Takashi Matsuoka hay una frase que encierra la totalidad del acontecer humano: Éramos felices y no lo sabíamos.

La felicidad es una suma de instantes, no obstante, hay ocasiones que esa felicidad se prolonga en un espacio tiempo que va más allá del instante. Y es justo en esos momentos en los que la felicidad extendida forma parte de nuestra vida que se nos hace fácil tomar decisiones que no tomaríamos en otras circunstancias. El problema, huelga decirlo, es que cuando la realidad nos alcanza, ya no hay forma de recuperar eso que teníamos y es cuando cabe la frase de Takashi Matsuoka: Éramos felices y no lo sabíamos.

Otro tema que influye en las personas a la hora de tomar decisiones es la estructura antropológica de estas, es decir, si en un Primus o un Secundus.

El Primus tiene una alta necesidad de control y de seguridad. Le es de suma importancia que todo y todos los que están a su alrededor estén en sintonía con lo que desea y espera de cada uno de ellos. Batalla de sobremanera con la ambigüedad y con la aparente indecisión que acompaña a esta. Y con la gente que en intensidad y forma no le da lo que quiere y necesita, tanto en el combés de lo sentimental como en el de lo material.

La insuficiencia prima en su persona. Nada, por mucho que sea, le es suficiente. Su necesidad de seguridad, certeza y control es, sobre todo y sobre todos, infinita. Especialmente en aquellos que están sentimentalmente vinculados a su persona. Su suspicacia le hace ver riesgos donde no los hay. Al grado que en ocasiones su inconsciente provoca aquello que teme, en aras de demostrar que tenía razón.

El problema del Primus es que cuando siente que el otro ya no está a su nivel o que ya no le puede dar esa ingente e infinita necesidad de cariño, atención, viajes y bienes materiales, buscará en terceras personas lo que siente que ya no encuentra en su pareja. Esto no quiere decir que incurrirá directamente en un cambio de personas y escenarios, pero si se abrirá a explorar nuevas posibilidades, a las que siempre verá con mejores ojos, no porque lo sean, sino porque en ese momento tiene todo resuelto.   

El Secundus, por el contrario, piensa que todo cabe en lo humano (lo bueno, lo malo, lo espectacular y espectral). Lo que hace de él un ser flexible y tolerante en cuanto a las múltiples formas del ser, no obstante, es menester anotar que, a pesar de ello, tiende a mostrarse agudo y sarcástico ante aquellos que muestran una intolerancia monolítica en la forma de ser.

Está cierto de que no hay ley o dogma que brinde certeza en el quehacer humano. Lo que lo impele a ver y vivir el mundo como lo que es: una hipótesis. Es decir, como algo que siempre está sujeto a comprobación, en especial, lo humano.

La hipótesis es la teoría sin la prueba explicita. Así pues, esta cierto de que no hay seguridad en nada de lo que se decida o emprenda, por lo que es menester apostar por aquello que se ha decidido aun cuando no se esté cierto de que va a funcionar.

El Secundus está consciente que el acto de elegir pareja, carrera u oficio es, en sí mismo, una hipótesis, es decir, algo que siempre está en constante construcción. En donde lo hecho ayer no tiene nada que ver con lo que ha de hacer hoy o lo que hará mañana. Este estar consciente de que todo es una hipótesis lo lleva a trabajar consigo mismo, con la pareja, carrera u oficio que elige en aras de reducir lo más posible la probabilidad de error. No obstante, cuando el error se presenta lo vive como lo que es, un instante y no una constante.

De los dos, el Primus es el que paga el más alto precio en la redención. El Secundus lo paga, pero de manera muy breve. Es tan alta su capacidad para enterrar las cosas, que el dolor de la redención es breve y transitorio.

La relación de pareja pasa por cinco estadios: Descubrimiento; Conquista: Colonización; Independencia y Redención.

La pareja, ya una vez que te descubre, te conquista y en la conquista sienta las bases de lo que será su colonización, ya que entre más logre colonizarte (poblar todos tus espacios físicos y mentales), más difícil te será la independencia.

La colonización del Primus es intensa y total. Entre más logre este que te mimetices con su pensar y querer, mejor será su colonización y por ende su sentimiento de felicidad.

Para el Secundus la colonización estriba en aprender a vivir con lo que eres, ya que da por sentado que entre más puedas expresar tu ser (ser tú mismo), menos ganas tendrás de irte (independencia).

Por lo general, la independencia en el Primus obedece a él, en el Secundus, al otro. Ya sea porque el Primus lo dejo o porque se haya cansado de tanto nivel de acotamiento y control.  

Cuando el Primus se independiza en aras de lograr más de lo que tiene, piensa que su felicidad se extenderá a partir de la que ya tiene, sin embargo, lo normal es que esta decaiga a través de los años hasta que llega el estadio de la redención. Momento en el que ya no le queda más que la añoranza o dolor de la felicidad perdida.
  

Cuando la redención se da en el Secundus, se da en cuestión de semanas y en una forma tan amable, que este rápido entierra el pasado para construir un nuevo futuro.

El Secundus lleva la felicidad en él; el Primus, en los otros. Para estos, más que para los otros, es donde cabe la frase de Takashi Matsuoka: Éramos felices y no lo sabíamos.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 10 de abril de 2024

La importancia del dinero en el amor.

Recién tuve la oportunidad de platicar con una joven ejecutiva a la que tengo en alta estima personal y empresarial. Es una mujer inteligente y con un nivel de fuerza y empuje que hace de ella el epitome del Hacedor. No para nunca y nada le desespera más que ver al otro sin hacer nada, y más si ese otro u otros son o están en su coto de influencia. Entendiendo que el significado de nada es todo aquello que la gente de su coto hace sin que sea por o para ella (de esto, las mujeres saben mucho).

La idea que esta joven ejecutiva tiene del amor es una contradicción funcional. Es romántica en el amor y pragmática en la vida. El amor, me decía, debe ser romántico y funcional. Él puede ser inteligente, atento, caballeroso y educado, pero si no tiene la capacidad de resolver lo económico, no funciona. Ese hombre será mi amigo, pero no mi pareja. El amor en nosotras se sustenta en un romanticismo realista, cosa que no sucede con los hombres. Ustedes son idealistas por definición y realistas por excepción.

Al concluir la plática me comentó que ella jamás podría estar con un hombre carente de recursos, no por los recursos en sí, sino porque la ausencia de estos, le hacía ver que en ese hombre carece del coraje necesario para salir adelante, amén de un exagerado nivel de conformismo.

Confieso que la conversación me dejo más dudas que certezas, ya que el Resorte – Motor de las personas define lo que es importante para estás y no todos nos interesamos por las mismas cosas. Por ejemplo, para aquel que su Resorte – Motor está en el
logro y el tener, realizara conquistas totalmente ajenas a las que realizara una persona que tenga su Resorte – Motor en la afiliación y el hacer. Los dos necesitaran dinero, solo que uno de ellos lo necesitara en grado sumo y el otro, no.

El Resorte (Afiliación; Logro; Poder) nos genera los impulsos, pero no el rumbo. La dirección de vida de un ser humano la genera el Motor. Este es el que define los objetivos intrínsecos de la persona (Ser; Hacer; Tener).

Truman Streckfus Persons, mejor conocido como Truman Capote, fue un escritor al que su Resorte - Motor (
afiliación – ser), lo llevo a brillar en lo más alto de la sociedad. En su Motor no estaba el Tener. Tan no estaba que no solo dilapido todo el dinero que gano con sus libros, sino que además vivió toda su vida arrimado en la casa de un amigo. Cuando la sociedad lo castigo y le retiro su apoyo por los chismes que publico de la alta sociedad, siguió escribiendo y vendiendo libros, pero en un ostracismo social que lo llevo a la tumba.  

Cuestión de géneros.
Las dudas que me genero la plática con la joven arriba mencionada, me llevo a indagar las percepciones que hombres y mujeres tienen sobre el dinero y el amor. A los encuestados se les planteo el siguiente escenario y pregunta: conoces a alguien que reúne todos los requisitos cualitativos que buscas en una persona para establecer una relación, pero está carece de recursos, es decir, es pobre: ¿te darías la oportunidad de establecer una relación con esa persona?

El cien por cien de los hombres respondió que sí. El 92% de las mujeres respondió que no.

La muestra de esta indagación se hizo entre personas que oscilan entre los 40 y 60 años, por lo que es posible que las respuestas cambien en función del segmento etario. El objetivo al enfocarnos en este segmento fue escoger personas con responsabilidad económica a cuestas, sin importar si vivían solas o con hijos.

Las razones que argumentaron las mujeres fueron muy parecidas a las que me dio la ejecutiva en cuestión. Le otorgaron un alto valor al tema económico. Lo que definió la intensidad del más o del menos de cada una de ellas, fue su respectivo Resorte – Motor.

Algunas decían que los viajes, las casas, los carros (todo en plural) y forma de vida eran requisitos no negociables. Otras se centraban en que fuera un hombre capaz de proveer lo que ella y sus hijos necesitaban, amén de una casa confortable y una renta para la vejez y para los imprevistos (salud). Ninguna cuestiono el trato, ya que todas daban por sentado que el hombre las tenía que tratar como princesas, al grado que algunas de ellas me dijeron: puede ser lo que sea con los demás, pero a mí…, o me trata como princesa o se va.

A ellos el tema económico no les preocupo, pero si la pobreza mental. Le daban un alto valor al hecho de que fuera una mujer que más que
tener más, quisiera ser más. Que al ser ella más, serían más ellos. Al preguntarles si esto no iba de la mano con la inteligencia y el dinero, respondieron que no, ya que puedes ganar mucho dinero y ser un idiota. La inteligencia, argumentaban, tiene que ver más con la forma en que llevas tu vida, que con el dinero que ganas.

La diferencia entre hombres y mujeres es abisal. El hombre busca dar lo que puede su capacidad. La mujer no. Ella siempre va a exigir más allá de la capacidad. La mujer construye el mundo; el hombre, lo opera.

En síntesis, la ambición y el hambre de progreso está en ambos, pero en ellas está en grado muy superior al de los hombres. La mujer va a estirar la liga hasta donde sea posible. El hombre, no. Éste tenderá a instalarse en lo que tiene y a buscar el más por excepción. Excepción que, por lo general, suele ser una mujer, ya sea pareja, la hija o la madre, pero siempre una mujer.

Nos leemos en el siguiente artículo.