sábado, 19 de agosto de 2023

El secreto está en el origen.

El problema en los actos humanos es que el origen de lo que queremos es más una suposición que una certeza. Suponemos que queremos tal o cual cosa. Determinada cantidad de dinero, casa, carro, trabajo o negocio. Vivir solo, en pareja o con especifica persona, pero en estás, como en todas las cosas del querer humano, siempre hay más espacio para la suposición que para la certeza.

Esta suposición o falta de claridad en el querer nos hace tomar decisiones sin en el debido análisis de lo que intrínsecamente somos y necesitamos, así como del objeto o sujeto de decisión, lo que al paso del tiempo nos llevará a descubrir que las cosas no son como las habíamos conceptualizado, aun cuando las señales estaban ahí.
 

Las razones por las que no vemos las señales, es debido a que al principio de todo querer hay un enamoramiento que nos ayuda a minimizar defectos y atribuir virtudes a todo aquello en lo que hemos centrado nuestro querer. No importa si es una persona, una situación o un objeto. Nosotros siempre las vamos a ver mejor de lo que son.

Es importante anotar que, en el querer, el análisis más importante no es el del exterior (persona, circunstancia u objeto), es el del interior (lo que somos y necesitamos). Y la mejor forma de acceder a esto último es a través del análisis nuestros actos. En estos y no en las historias que nos contamos, está el lugar en el que vamos a encontrar la realidad de lo que siempre hemos buscado.

Así, pues, mi recomendación es que no le haga caso a las historias que se cuenta a usted mismo. Estas son, amén de engañosas, peligrosas, ya que le pueden hacer sentir y pensar que eso que imagina sobre tal persona, circunstancia u objeto lo va a hacer feliz. Nada más lejos de la realidad.  

Su cerebro le va a decir que va a ser feliz cuando viva con tal o cual persona, cuando compre la casa, el departamento o la finca de sus sueños. Cuando vaya de vacaciones o a conocer tal lugar, ciudad o país. Cuando tenga tranquilidad económica y muchas cosas más, pero lo único que no le va a decir su cerebro es que usted nunca dejara de ser usted y que las decisiones que tome basado en las historias que su cerebro le cuenta, generan un cambio en su exterior y una incomodidad e insatisfacción en su interior.  

El que el que viaja muda de clima, no de carácter.
Hay a quienes creen que aman a una persona, cuando lo que en realidad aman es lo que esta les da y no a la persona en sí. Vivir con alguien no es lo mismo que vivir a alguien. Vivir a una persona demanda compromiso, entrega, reciprocidad y sacrifico. Mientras que para disfrutar a alguien solo hay que estar ahí. Es un querer unilateral. Un estar para recibir, no para dar.  

Definir con toda claridad el intrínseco querer, demanda honestidad, reflexión y tiempo. No es algo que se pueda hacer de un día para otro. Hay muchas cosas que se pueden evaluar y decidir en el momento, pero se espera que sean las intrascendentales. Las trascendentales demandan tiempo, objetividad y honestidad.

Puede ser que usted sienta una fuerte atracción por una persona y que esa atracción le lleve a construir historias fantásticas en su mente, pero antes de tomar una decisión pregúntese que es lo que sus actos le indican: que lo que ha buscado y busca es una intermitencia o una permanencia. Si lo que necesita es formar un hogar, adelante, pero si no es así, no se haga daño ni dañe a los demás.

Es el origen el que define el destino.
Cuando usted tensa el arco para disparar una flecha, debe tomar en cuenta que el lugar donde esta va a caer se define justo en el momento en que esta sale del arco. Puede ser que en el trayecto un objeto o una ráfaga de viento cambie su destino, pero esto depende más del azar que de la elección. Es el origen (lo que usted es) lo que define el destino. Y esto aplica en todos los ámbitos de la vida.

Identificar la razón que motiva un querer que no necesita, le permitirá darle una mejor dirección a su vida y a la de los demás, no por que vaya a influir en ellos sino porque no los va a dañar.

Nos leemos en el siguiente artículo.

sábado, 12 de agosto de 2023

La mujer de Matías.

El objetivo de este artículo no es hablar de la mujer de Matías, que no tiene mujer, ni tampoco hablar específicamente de él, sin embargo, lo intitule así debido a un hecho observado en una de las reuniones de la Abstracción y que seguro estoy de que Matías no reparo en él.

La Abstracción es una cofradía intelectual que sesiona de manera cerrada (exclusiva a miembros) una vez a la semana y de manera abierta (con invitados) una vez al mes. Esta modalidad tiene poco más de cinco meses y ha funcionado muy bien. Las sesiones abiertas se llevan a cabo en un restaurante. Son sesiones donde cada uno de los miembros tiene derecho rotativo de invitar a una persona o dos que puedan aportar al tema que se va a debatir.

En esta ocasión le toco a Matías, por lo que le extendió el convite a dos amigas de la infancia con las que ha mantenido contacto y a las que respeta no solo por su capacidad intelectual, sino por lo que son en sí mismas. Una vive en Estados Unidos y la otra a una hora de vuelo. Obviamente que ellas tenían más interés en lo que harían previo y posterior al debate que al debate en sí, no obstante, este estuvo muy interesante y el punto de vista de ellas fue muy enriquecedor.

El tema a debatir fue el de la soledad emocional que ya es considerado pandemia en buena parte del mundo. En el devenir del debate estuve atento no solo al contenido de sus palabras, sino al lenguaje corporal. Una de ellas con lenguaje florido, pero con argumentos muy ilustrativos de lo que está pasando en el vecino país.

La otra con un lenguaje más propio al mío y con un aporte tan valioso como el de su compañera. La del lenguaje florido es empresaria, vive en Estados Unidos. Nunca se casó, no tiene hijos, salvo sus hijos empresariales que es como ella llama a sus empresas. La otra es una inversionista de alto espectro, divorciada, con hijos y ya en proceso de planear su retiro, el cual acaecerá, según sus palabras, en no más de cinco años.

En el decurso de la tenida (sin que esto sea una logia) tuve oportunidad de observar y distinguir la gran diferencia que hay entre confianza y comodidad. Las dos mostraron en su trato con Matías y, por extensión, con cada uno de nosotros, una confianza que hizo que el debate y la reunión en sí fuera altamente productiva.

Sin embargo, solo una de ellas mostro una comodidad que llamo mi atención. Por obvias razones, las damas en cuestión se sentaron a la diestra y siniestra de Matías. La empresaria a su diestra, la inversionista a su siniestra. Ambas mostraron y expusieron sus ideas con las habilidades propias de su oficio. La primera, frontal, aguerrida y participativa. La segunda, cauta, analítica y especulativa.

A la inversionista la vi consultando a Matías sobre cada uno de los participantes, cosa que la empresaria no hizo. Esta se aboco a explorar a los que estábamos ahí a través de nuestras palabras y actos.

La inversionista, cauta donde las haya, escucho argumentos, medito respuestas y en algunas ocasiones pidió regresar a un argumento para hacer anotaciones puntuales y enriquecedoras. A primera instancia se podría pensar que la empresaria se sentía cómoda y en confianza, mientras que la inversionista, por lo recatado de su actuar, no sentía ni lo uno ni lo otro.

La verdad está en los detalles. Y en el detalle del detalle, la intención del detalle.
La empresaria se sintió en confianza a los minutos de haber empezado. La comodidad la fue adquiriendo conforme avanzaba el debate. Al grado que a la hora de haber empezado se cambió de lugar para estar frente al antagonista que más le gustaba, mostrando en ese punto más a la persona que a la empresaria.

La inversionista, por el contrario, se sintió cómoda casi de inmediato. No con nosotros, sí con Matías. Con este hablaba seguido, ya sea preguntando o comentando algo. No obstante, lo que llamó mi atención fue cuando llego el mesero. Algunos pidieron café, otros vino y Matías un Cheval Blanc Imperial, pero ella solo pidió agua. La tenida siguió, la inversionista se fue metiendo en los argumentos y contrargumentos del debate hasta que, en el fragor de la batalla, tomo la copa de Matías y empezó a tomar de ella.

Sirvieron el plato fuerte, llegaron los postres y los cafés. Ella declino ambos, pero tomo de la tasa de él y se comió buena parte del postre de este. El tema nos llevo a otros más, lo que hizo que la reunión se prolongara, lo que me permitió observar por más tiempo los actos no conscientes de ella y las instintivas respuestas de él.

En los actos de ella había propiedad, en los de él, confirmación. Lo interesante del tema es que no son pareja, ni había contacto físico entre ellos, sin embargo, ella se sentía tan cómoda con él, que hizo del espacio de él, su espacio. Lo cual llamó poderosamente mi atención, ya que, sin demerito de la confianza la cual es de suma importancia, el que una persona se siente cómoda con otra, marca toda la diferencia.

La comodidad, pues, es la piedra angular de cualquier tipo de relación, ya sea de amistad, sentimental o de negocios. Si analizamos esto, nos daremos cuenta de que conocemos e interactuamos con muchas personas, pero con muy pocas nos sentimos cómodos y pocos son también los que se han de sentir cómodos con nosotros.

La comodidad en cualquier tipo de relación es un lujo poco trabajado. Lograr que el otro se sienta cómodo con uno es un privilegio que a pocos nos interesa trabajar. Unos porque no desean más que una relación social, otros porque son unos eremitas a los que poco o nada les interesa la interacción humana, y a los más porque la dan por sentada, es decir, porque confunden confianza con comodidad.

Lo más interesante para mi de esa noche, aun cuando soy un eremita consumado, no fue el debate en sí, sino el darme cuenta del valor de la comodidad.

Nos leemos en el siguiente artículo.  

miércoles, 9 de agosto de 2023

Por amor a la nación.

Vivimos en el mundo una serie de cambios de orden político y electoral que viene de antaño. Algunos cocinándose desde los tiempos Karl Marx, burgués de clase media alta que, al no tener necesidad de trabajar, se dedicó a idealizar y diseñar lo que desde su óptica sería una sociedad perfecta. Su familia poseía importantes viñedos en Mosela. Se caso con una aristócrata prusiana, hija del Barón Ludwing von Westphalen (miembro de la alta burocracia del imperio), lo cual le aseguraba una buena renta. Fue colaborador y becario de Friedrich Engels el cual era propietario de la fábrica textil más importante de Manchester.

Las ideas y valores que estos ricos y empoderados idealistas sembraron han causado más daño del que se hicieron así mismos. Hoy, el descreimiento en la política y en los políticos nos ha hecho caer en los absurdos que nos han llevado en el proceso electivo a decantarnos por populistas de izquierda y derecha que no tienen la más mínima idea de la realidad, amén de que hemos llegado a pensar que la ciudadanía, dividida en minorías muy vocales, es la que puede arreglar lo que los políticos no. Minorías que, claro está, no representan más que ese tres, cuatro o cinco por ciento que representan y que están en conflicto con esas otras minorías que, como ellas, quieren hacer de su pequeña parte un todo.

Sirva esta estulta disgregación para recordar, sin mitificación, idealización y nostalgia, pero si con un fuerte sentimiento de realidad, la forma en que los Aztecas elegían a su emperador. Cierto que eran otros los tiempos, las circunstancias y la cultura, pero que útil nos seria a muchas naciones, regresar a ello.

La elección del emperador era electiva, no hereditaria. El emperador no podía escoger a su sucesor ni placearlo como representante o defensor de su gobierno. La elección del emperador recaía en un colegio de electores formado por la máxima autoridad religiosa, por el capitán de los ejércitos y los señores de Texcoco y Tlacopan. Estos tenían la obligación de elegir, dentro de los descendientes de Ténoch (primer emperador azteca), a los más capacitados y virtuosos.

Hasta aquí todo bien, sin embargo, la diferencia estriba en que los candidatos al puesto de emperador se tenían que postular ellos mismos. El único requisito que se les pedía era que fueran descendientes de Ténoch. Esto permitía que los hijos del difunto, sobrinos, hermanos y demás parientes que se sintieran calificados, podían aspirar a sucederlo sin que el hombre que sucedían en el poder haya podido incidir en el proceso, ya que las postulaciones se hacían hasta la muerte de este.

Los aspirantes para sucederlo conocían el método de selección, por lo que no había engaño. Todo era transparente. El análisis de los candidatos era muy riguroso, de tal suerte que no solo evaluaban su devoción, su inteligencia, bravura y triunfos o fracasos en el campo de batalla, sino que además era de suma importancia la ética y comportamiento de estos, así como la habilidad diplomática mostrada en los puestos que hubiesen ocupado.

La parte más importante del proceso de sucesión era el de la muerte, ya que el procedimiento exigía la decapitación de los no elegidos, de tal suerte que el primer acto oficial y público del nuevo emperador, era la decapitación de los otros contendientes.

En otras palabras, los contendientes a la sucesión lo hacían conscientes de que serían ejecutados en caso de que no salieran elegidos. Imagine por un momento si esta regla estuviera vigente en todo el mundo. Cuantos de los candidatos que existen en este momento para la presidencia de sus respectivos países, estarían dispuestos a contender, bajo la estricta vigilancia de un colegio elector ajeno a independiente a ellos.

No hay duda de que los que contendieran lo harían por amor a la nación o por una excesiva confianza en sus posibilidades, sin olvidar, claro está, que una de las atribuciones del colegio elector era la de ejecutar al elegido, si este no cumplía cabalmente su función.

En ocasiones como las que estamos viviendo en algunos países, más de uno puede llegar a pensar que la barbarie de nuestros ancestros no nos vendría del todo mal en este momento, por lo menos en lo que respecta al rubro electoral y al de la función pública.

Hay países en los que la regla de cero corrupción aplica con un cierto grado de modernidad. En Singapur, por ejemplo, se empezó por condenar con las penas más altas a los funcionarios públicos que aceptaban sobornos o que hacían mal uso del dinero del estado. Esto llevo a la cárcel a muchos funcionarios, burócratas y empresarios involucrados, pero como esto no fue suficiente, se instituyo, años después, la pena de muerte.

Obviamente que en Singapur no ejecutan a los que no hayan logrado el voto del colegio electivo. Son tan civilizados que estos pueden colocarse dentro de la administración del candidato ganador o en algún otro equipo de la función pública, pero todos los hacen firmando un documento legal en el que autorizan al Estado a auditar sin previo aviso las cuentas bancarias de ellos y de los suyos, dentro y fuera del pais.

El equipo auditor es ajeno a ellos y goza de plenos poderes, por lo que en el momento en que se descubre una irregularidad, por mínima que esta sea, se lleva a juicio a la persona y si es encontrado culpable, se la ahorca o fusila.

Cierto que ambos casos eran y son una autocracia democrática. Autocracia por que el fallo era y es irrevocable y, democrática, porque llegan al poder o a la función vía un colegio electoral. En ambos casos los candidatos se postulaban (Aztecas) o se postulan (Singapur). Pero lo hacían y lo hacen con conocimiento de causa de que es lo que les pasaría si fallan o no cumplen a cabalidad con sus responsabilidad.

Esto es muy mal visto en la actualidad, pero me pregunto si hubiese sido posible que gente como la que hoy detenta el poder y la gran mayoría de los cargos públicos hubiesen contendido por el poder y, en caso de llegar, estuviesen aun ahí si esta ley siguiera vigente, así como el tipo de gobernantes, funcionarios públicos y sociedad que tendríamos bajo una ley como las arriba mencionadas.

En esas autocracias se paga un precio muy alto, en las democracias participativas, otros. No obstante, me preguntó: ¿Cuál de los dos sistemas nos proporcionaría un mejor nivel de vida y una mejor sociedad, tanto en el combes de lo político, como en el de lo empresarial y social?

Solo usted puede elucidarlo. En el inter salga, vote y reclame.

Apoye a quien usted desee, pero vote a invite a votar a otros.

Nos leemos en el siguiente artículo.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    

martes, 8 de agosto de 2023

Interrogantes para Matías.

El artículo anterior (Una decisión difícil) genero un cúmulo de correos que muestran lo poco atinente que fueron mis letras, ya que la gran mayoría de ellos se abocaron a preguntar cuál de las dos opciones era mejor: la mujer que mitifica al padre o la que está en conflicto con él.

Por supuesto que también hubo correos en contra y otros en los que se me ataco de misógino y misántropo, lo cual no deja de ser cierto, ya que todos los seres humanos poseemos un cierto grado de misoginia y misantropía. Fue tal la reacción que genero el artículo, que por unas horas me cancelaron la página. No obstante, y sin demerito de las quejas y de lo anecdótico de la cancelación, procederé a responder la pregunta primaria, ya que esta fue vertida por igual, por ambos géneros.

Primero me gustaría aclarar que por muy avanzada que este la ciencia, la antropología, piscología y demás ramas del saber humano, no hay una sola que pueda considerarse determinante. Todo lo que se ha descubierto y estudiado del ser humano no son más que aproximaciones. Unas más certeras que otras, pero aproximaciones al fin. Dicho esto, procederé a dar mi opinión.

El amor es como el ser humano: alógico, insondable e inexplicable. Sirva, para explicar esto, la historia de Isaac, un hombre diez años mayor que yo y con el que he tenido el privilegio de convivir financiera, intelectual, filosófica y teológicamente.

Isaac enviudo en sus tempranos treintas, lo que lo convirtió en papá soltero con un hijo de ocho años. Es el primogénito de una dinastía de tres generaciones de banqueros. Creció con un padre que lo formo desde su primera infancia para tomar las riendas del negocio, cosa que hizo poco antes de cumplir los treinta.

Culto, inteligente y con una elegancia en las formas y en el vestir, que hacían de él el candidato ideal de muchas mujeres. En el tránsito de nuestra amistad, poco más de tres décadas, le conocí mujeres hermosas donde las haya. Altas, delgadas y con un porte de modelo que excedía en mucho a las de las pasarelas de su momento. No obstante, se mantuvo célibe hasta hace algunos años.

Se dedicó de lleno a los negocios y a formar a su hijo para la sucesión. Mudo las oficinas centrales a Estados Unidos y dejo al frente de ellas a su vástago. Se retiro hace poco más de doce años y hace diez me invito a cenar a su casa para presentarme a la mujer con la que hoy está casado.

Confieso que para mí fue una sorpresa. Nos veíamos con cierta frecuencia y en ningún momento había comentado sobre mujer alguna, por lo que fui a la cena con cierta expectación y seguro de que vería a una mujer bellísima, como todas las que la había conocido.

Al llegar me presento la antítesis de todo lo visto. Poco agraciada, con un rostro y cuerpo propio de una matrona. Agradable, platicadora y, desde mi gusto, parlanchina en exceso, pero él, estaba (y está) feliz.

Lo que deseo explicar con esta historia es que en el amor no hay nada escrito. Es importante saber si la mujer mitifica al padre o está en conflicto con él, como también es importante saber si el hombre tiene un problema con la figura materna o valora a la mujer. No obstante, y más allá de las mitificaciones y conflictos, lo más importante es la vida que uno y otro le inyectan a la pareja.

En el artículo anterior, Matías explicaba que la mujer representa la Vida y el hombre la Tierra. Y que la tierra (
terrae = seco) recibe de la mujer (hayyim – manantial) el agua que hará que esa tierra sea tan fértil como nutrientes posea el agua.

En la relación no se trata de priorizar un género sobre otro, sino la forma en que estos se nutren mutuamente. Cierto que hay mujeres que mitifican al padre o están en conflicto con él, pero también hay hombres que tienen problemas con la figura femenina (materna) y otros que la valoran y respetan. Sin embargo, estas cosas, aunque importantes, no definen la relación. La hacen más tersa o accidentada, pero no la definen.

Lo que define la relación es la atracción y complementariedad física y psíquica..., y, de manera muy especial, el proyecto.

A Isaac le conocí mujeres extraordinariamente bellas, sin embargo, el proyecto de ellas no coincidía en tiempo y oportunidad con el de él. Ellas se querían casar. Él, consolidar un imperio.

Solo cuando este consolido su proyecto es que estuvo abierto a construir otro. Y, para sorpresa de todos y de él mismo, todo lo que él había pensado sobre la mujer ideal, en cuanto a estrato y estética, quedo en lo anecdótico cuando encontró a la mujer con la que vive hoy. 

La relación, me cuenta Isaac, era social, no sentimental, no obstante, se sentía extrañamente atraído por esa mujer que le inyectaba vida a su vida, aun cuando era (y es) la antítesis de las anteriores.

Platicando con ella se dio cuenta de que ambos buscaban lo mismo, una persona con la, en orden de importancia, pudieran ser, estar y transitar lo que les resta de vida. Él descubrió, terminando la consolidación de su proyecto, que era más vivaz y locuaz de lo que pensaba y que, allende las finanzas, la filosofía y la teología, compartía con ella temas mundanos que le divertían.

En otras palabras, si en la relación hay un alto nivel de química y de comunión psíquica, pero no proyecto, la relación, o no va a funcionar, o va a ser una más de esas que están por estar.

Así, pues, sin demeritar las áreas de oportunidad psicológica que las partes tengan que sanar, lo que realmente importa es que, amén de la atracción física y psíquica que sientan por la persona en cuestión, ambos tengan y compartan proyecto...

Proyecto en el que ambos construyan y cuiden el tema económico, de salud y de desarrollo individual y de pareja. En donde tal vez los gustos culinarios, artísticos, intelectuales y demás, no coincidan del todo, pero el tener un proyecto les va a ayudar a buscar un punto medio en donde su puedan interesar por los gustos del otro para departirlos y compartirlos.

Una pareja, sin proyecto de vida, es una temporalidad, pero no una pareja.

Nos leemos en el siguiente artículo.   

 

viernes, 28 de julio de 2023

Una decisión difícil.

Matías, un cofrade de la abstracción con el que mantengo un muy fructífero encuentro de contrarios, es un hombre inteligente, caustico y divertido, amén de que su capacidad intelectual ayuda a que el intercambio dialógico sea, amén de revelador, apasionante.

En la última sesión nos compartió una conversación que sostuvo con uno de sus discentes. Este le decía que la elección de pareja siempre es una decisión difícil, ya que lo normal es que la razón nos diga una cosa y la emoción, otra. Y que esa dificultad se agrava si tomamos en cuenta lo difícil que es romper con los patrones o modelos que nos llevan a repetirnos en la misma acción y en el mismo tipo de parejas.

Matías le hizo saber que precisamente ahí es donde estriba la diferencia entre error y equivocación. Error es cuando hacemos algo a sabiendas de que está mal, mientras que equivocación es cuando al hacer algo, descubrimos que no está bien. En el error hay conocimiento e intención, en la equivocación, descubrimiento.

Partiendo de esta premisa y suponiendo que estas en el umbral de una decisión, te preguntó, le dijo Matías: lo que vas a hacer es un error o una equivocación, y te preguntó a sabiendas que hay errores que son una delicia y equivocaciones que son un amor.  

A lo que el joven dicente le contesto que el problema es que se debatía entre dos opciones. Una mujer que había crecido con un padre al que idolatró en vida y al que mitifica en muerte. Y otra que conoció hace un par de años en la oficina y que es la antítesis de la primera. Esta no solo estuvo y está en conflicto con su padre, sino que además siente que este nunca le brindo el apoyo psicoafectivo que ella necesitaba para fortalecer su ya muy fuerte autoestima.

Le aclaro a Matías que no ha llevado la relación más allá de una amistad con la primera y de colega con la segunda, pero que ambas le gustan en demasía y con ambas se siente de lo mejor, pero que esta consiente que una cosa es que una mujer te guste y otra el hacer una vida con ella.

Matías le hizo saber, sin ánimo de desanimarlo, que la duda es, en sí misma, una respuesta, ya que, si estuviera cierto de una u otra, no dudaría en dar el paso.

Matías no es un hombre que se distinga por su religiosidad, todo lo contrario, no obstante, es un estudioso de las religiones y sabiendo que su pupilo había crecido en una familia devota donde las haya, uso la metáfora de Eva y Adán para ilustrar su decisión.

Eva, le dijo, proviene del hebreo חוה (Hava = vida, debido a la mujer es la fuente de la vida). Adán proviene del hebreo אדמה (Adam que significa tierra), y que para que la tierra germine, necesita vida. Y esa solo la puede aportar la mujer. De tal suerte que el rol de la mujer es darle al hombre la vida que este necesita para germinar y producir.

Así, pues, le explico Matías, la elección más importante que el hombre hará en su vida es la de elegir la mujer con la que va a vivir, ya que esta es la que le dará mayor o menor vida a la tierra que este representa. Tan es así que los productos que emerjan de este estarán íntimamente ligados a la vida que esta le pueda dar.  

Por último, y transcribo fiel lo que le dijo Matías, una mujer que idolatro al papá y que en muerte lo mitifica, tenderá a crear una relación que gravite alrededor del hombre, atendiéndolo, agradándolo y, claro está, exigiéndole, pero siempre en un ambiente en el que este siente que es lo más importante para ella.

Una mujer que se confronto con el padre y que aun mantiene un conflicto con la figura paterna, tendera a establecer una relación racional de alta exigencia y de no equitativa entrega, es decir, exigirá que el marido le de todo lo que no le dieron en atención, dinero, cuidados y tiempo, pero sin que ello signifique que ella deberá dar lo mismo, ya que, desde la mente de esta mujer, la sola presencia y compañía de ella es más que suficiente.

Por supuesto que esto no es norma, pero es un fenómeno que se repite con suma regularidad en casos similares a los anteriores, así es que, sin demeritar la piel y la química que esta representa, te aconsejo que medites cual de las dos te va a brindar más vida, ya que es lo más importante que una mujer aporta a la relación.

El tema expuesto por Matías genero un debate apasionado entre los jóvenes de la tercera edad que estábamos ahí, reconociendo todos que efectivamente la mujer sostiene, maximiza o minimiza la tierra que el hombre es, en donde lo difícil de la decisión, no a nuestra edad que ya solo nos dedicamos a debatir y a escribir, pero si a la de él que está en sus tardíos treintas, está en el hecho de que hay errores que son muy dulces y equivocaciones que son un amor.

Comparto el tema a sabiendas de que causara un debate interno que los llevara a confirmar o a negar lo aquí expuesto, pero que al final los conminara, a analizarse y analizar su decisión.

Nos leemos en el siguiente artículo.

 

domingo, 16 de julio de 2023

La invención o creación de dios.

Hablar de dios es un tema espinoso, sobre todo si se hace fuera de la ortodoxia, sin embargo, lo importante aquí no es el cómo hablemos de dios, sino la exigüidad de tiempo, indagación y análisis que le dedica el hombre común a un tema que, en apariencia, les es trascendental.

Cierto que hay quienes no sienten la necesidad de hacerlo debido a que la ortodoxia lo ha hecho por ellos. Otros se amparan en la donación que sus ancestros les han legado de la idea de dios y a algunos más se ocupan de él, solo cuando las cosas les van mal. No obstante, lo que es menester entender es que la idea de dios es connatural el hombre. No importa si es inventado o creado, lo relevante es que este está íntimamente ligado a la superstición (
superstare = supervivencia).  

Tan es así que no importa si la persona profesa el hinduismo (la religión vigente más antigua del mundo) o si adora al dios Mazda (el primer dios monoteísta), o si practica el judaísmo, cristianismo, islam o alguna otra tan importante como estas. Lo significante es que la idea de la divinidad ha acompañado al hombre desde sus orígenes.

Al principio el hombre les atribuía una vida anímica a todos los seres de la naturaleza y a todos los fenómenos de esta (el sol, la luna, la noche, los rayos, relámpagos, terremotos, lluvia, sequía y demás etcéteras). Esta atribución lo llevo a adorar y temer todos estos fenómenos que no entendía y lo hacía como estrategia de supervivencia (superstare).

Esta misma estrategia es la que los llevo a asociarse con otros y a crear grupos cada vez mayores (tribu), mejorando con ello las posibilidades de caza y protección. En estos grupos destacaban dos figuras principales: el líder y el chamán. El primero por sus habilidades de caza y defensa, y el segundo, por su capacidad de observación, análisis y predicción de las rutas de los animales y por el conocimiento que tenía de los frutos y plantas peligrosas, comestibles y curativas, así como del clima.

De vez en vez surgía en esas tribus un chamán o guía espiritual con capacidades diferenciadas. Al grado que al morir este, los miembros del clan conservaban su cráneo con la intención de que los siguiera protegiendo y guiando desde el mundo de los espíritus. Este cráneo fue mitificado y venerado por las generaciones subsiguientes, naciendo con con ello el concepto del dios antropomorfo.

Conforme una tribu conquistaba a otra, imponía a esta su cráneo particular. Este, junto con los otros entes animistas de la época, brindaba protección y consuelo a los miembros de la congregación. Conforme está crecía en número, crecía también la cantidad de dioses o seres elementales que adoraban.

Cuando el grupo se convirtió en una comunidad con afinidades raciales y culturales (etnia), se afianzo la veneración de los antropomorfos y la lenta extinción de los animistas, debido a que a los seres humanos le era y les es más fácil identificarse con un dios parecido a ellos que con un animista.  

No obstante, la prominencia de los antropomorfos se dio justo en el momento en que los miembros de la etnia ocuparon, en conjunto con otras etnias, espacios geográficos que les permitían crear lo que hoy llamamos pueblo. Con el nacimiento de este nacen también las instituciones religiosas y de poder que normaban la vida de sus habitantes.

Conforme el pueblo crecía en número de habitantes, crecían también los problemas de gobernabilidad, por lo que las instituciones religiosas y de poder crearon el dios meticón (entremetido) que hoy conocemos.

Un dios que, además de ofrecer lo que los anteriores, ofrecía un guía moral que creaba en el pueblo una identidad común, y un sentido de confianza y cohesión, ya que este era un dios que podía observar, premiar y castigar los pensamientos e intenciones de cada uno de los pobladores, amén de comunicarle a reyes y sacerdotes los yerros y desaciertos de sus gobernados.  

El dios meticón fue mutando de formas e instituciones conforme cambiaban las sociedades de los hombres. Y si bien es cierto que en el mundo ha habido una sensible perdida de poder y relevancia del dios meticón, de sus instituciones y de sus representantes, también lo es el que el hombre ha regresado más fuerte que nunca a su origen animista.

Hoy, al tiempo que se discuten y se viven los avances de la ciencia, del telescopio James Web, de la Inteligencia Artificial, el internet satelital y una suma de etcéteras más, se vive también una retrocesión en el combés de lo espiritual (el 41% de los occidentales consulta su horóscopo, el tarot, la numerología y cosas similares antes de tomar una decisión).

Estamos viviendo dos fenómenos que definirán la forma de vida de los individuos, de la sociedad y de las instituciones religiosas y gubernamentales en los siguientes quince años: la invención de dios acusa una seria disminución y; la creación de dioses, una exacerbada aceleración.

La invención tiene que ver con el descubrimiento (inventus = descubrir); la creación, con lo que emerge del hombre (creare = engendrar).

Esta exacerbada creación de dioses particulares que inicio junto con las redes sociales (2008), nos ha llevado como sociedad a migrar de una identidad común (nación) a una identidad de grupo (blancos, negros, pobres, homosexuales, lesbianas y demás); de la cohesión a la polarización y de la confianza a la suspicacia. Cuando las personas dejen de creer en el dios que inventaron sus ancestros, dejan de creer en las instituciones que estos crearon (iglesia, matrimonio, familia, sociedad, democracia y demás instituciones de orden legal y moral).

Esto está generando nuevas formas de interacción social y de gobierno. Los individuos se vinculan con aquellos que comparten identidad, al tiempo que rechazan y atacan a los que no la poseen (enfrentamiento de grupos). Los partidos políticos se fracturan y en lugar de cohesionar la nación, la dividen. Las iglesias se derrumban, pierden autoridad y no saben qué hacer.

Este fenómeno se va a agudizar los siguientes dos lustros (violencia e inestabilidad), después de ello perderá gradual y lentamente su fuerza hasta llegar al cuarto lustro, que es en el que la humanidad habrá esbozado una nueva forma de sociedad y gobierno.

En el inter lo que debemos hacer es ocuparnos de lo que es inmediato a nosotros, que, si bien es cierto que vamos a enfrentar riesgos y peligros, también lo es el que se van a presentar retos y oportunidades. Las cuales solo podremos capitalizar si nos centramos en nuestra salud, familia y economía.

Nos leemos en el siguiente artículo.

sábado, 1 de julio de 2023

El imperio de lo absurdo.

¿Se ha preguntado alguna vez cuanto de lo que ha hecho y hace, obedece a lo absurdo?

Lo absurdo impera en nosotros mucho más allá de lo que imaginamos y pensamos. Lo paradójico de lo absurdo (sordo a uno mismo) es que aun cuando estamos conscientes de que muchos de nuestros actos son irracionales y alógicos, los llevamos a cabo.

Por ejemplo, al elegir pareja el consciente nos dice una cosa y el subconsciente otra. El consciente nos dice que busquemos una pareja que nos complete y complemente, que nos ayude a crecer al tiempo que nosotros le correspondemos de la misma manera. Una pareja que al tiempo que sea pareja, sea equipo.

Nuestra parte apolínea nos señala con toda claridad la persona que racional e inteligentemente reúne todas esas características que nos ayudarían a vivir acorde a la razón y la virtud, pero se nos van los ojos y la piel con ese otro u otra que promete una vida accidentada, irregular, pero llena de pasión, discusiones, desacuerdos y reencuentros. Es un caminar hacia adelante que en muchas cosas nos hace ir hacia atrás…, pero que, alógica e irracionalmente, decidimos tomar.

Este irracional proceder obedece al imperio que nuestra parte dionisíaca tiene sobre nuestra parte apolínea. Sabemos, por ejemplo, que el negocio que nos ofrecen no es necesariamente la mejor opción, pero nos posiciona tanto de cara al aparador, que preferimos invertir en él que en ese otro que es menos accidentado, pero rentable.  

Los grupos aeroportuarios, por mencionar un caso, generaron el año pasado (2022) una utilidad neta del 30%, mientras que las líneas áreas perdieron dinero, salvo una de ellas que gano siete millones de pesos al año.

Menciono este ejemplo por el rescate millonario que hicieron de una aerolínea algunos inversionistas internacionales de gran prestigio. Estos tuvieron la oportunidad de invertir ese dinero en un Grupo Aeroportuario debido a que un inversionista vendía sus acciones para migrar a otros emprendimientos, y, sin embargo, optaron por la otra opción.

Esta les ha dado mucho valor de cara al aparador, pero no rentabilidad. La empresa pierde $ 4.20 dólares por cada pasajero que sube al avión. ¿Por qué invirtieron en ella? No lo podemos saber, pero visto desde fuera podríamos decir que les gano la parte dionisíaca.

Lo mismo acaece en la gran mayoría de nuestras decisiones, nuestra parte apolínea nos señala con toda precisión lo que debemos hacer, sin embargo, lo común es que hagamos oídos sordos a ella (absurdo) para decantarnos por esa otra opción que no esta del todo bien, pero que nos promete una vida más intensa y accidentada.

Otro ejemplo que ilustra muy bien el imperio de lo absurdo es el de la infidelidad. ¿Por qué buscamos o aceptamos tener una relación con esa persona aun a sabiendas de que vive en pareja? ¿O por qué seguimos con esa otra a sabiendas de que comparte cama y piel con otra piel?

¿Es absurdo? Sí. Lo es. Pero hacemos oídos sordos a nuestra parte apolínea en aras de la pasión, del accidente y del error.

Más de uno podrá argumentar que la parte apolínea es muy aburrida. Y tal vez lo sea. No puedo argumentar mucho a favor de esta más que el hecho de que en muchas ocasiones ha sido muy rentable y productiva, amén de placentera (de placenta), pero también es cierto que Dionisio no para nunca. Este nos vive susurrando al oído placeres, accidentes, pasiones e intensidades que jamás nos podrá brindar Apolo.

Es Dionisio el que nos lleva a hacer oídos sordos para caer en ese imperio de lo absurdo que ha regido una buena parte de nuestros actos. ¿Sabemos que esta mal? Sí, pero también es cierto que si usted hurga en su memoria descubrirá que recuerda y se solaza más en lo dionisiaco que en lo apolíneo, aun cuando de cara al aparador hacemos todo lo posible para que la gente nos recuerde por nuestra parte apolínea.

El enfermo sabe lo que no debe comer o beber, y, sin embargo, en mayor o menor medida, hace lo que no debe hacer. Lo mismo acaece con los enfermos terminales. Saben lo que no deben hacer, pero mucho de ellos prefieren vivir una vida dionisíaca que una apolínea carente de placer.

En la vida es más lo que improvisamos que lo que planeamos.
Dionisio y la oblicuidad, que casi siempre van de la mano, nos viven presentado accidentes menores y mayores que nos obligan a salirnos del plan para improvisar. El problema, pues, no es la improvisación o lo dionisíaco, sino la ausencia de cálculo.

El no calcular adecuadamente el nivel de riesgo que podemos manejar (cosa de suyo difícil, ya que Dionisio nos dice que si podemos), es lo que nos ha llevado a hacer
oídos sordos a nuestra parte apolínea.

Lo paradójico de esto es que, si revisamos esos absurdos que a todas luces fueron mayores, encontraremos que el pretexto, texto y contexto nos mostraban todas las señales de alerta de lo que iba a pasar…, así pues, porque sorprendernos, si ahí estaban las señales apolíneas que nos decían lo que Dionisio iba a hacer.   

Lo peor del caso es que dada nuestra natura, es muy probable que lo volvamos a hacer. Tal vez con mucho mayor cautela y cálculo, pero lo volveríamos a hacer…

Nos leemos en el siguiente artículo.