viernes, 2 de febrero de 2024

Asústame panteón.

Este año hay elecciones presidenciales en 73 países. Esto quiere decir que vamos a ser inundados de una gran cantidad de noticias calamitosas que no tienen otro fin que llevarnos a votar a favor o en contra de determinado candidato. Dentro de este cúmulo de noticias, las más aparatosas van a ser las de orden internacional (riesgos geopolíticos), ya que es más fácil que estas se puedan sobredimensionar, dada la lejanía de nuestras fronteras.

Un ejemplo de ello es lo que esta pasando en la Unión Europea. A los habitantes de algunos países europeos se les está diciendo que es posible que Rusia entre en guerra con Europa. Al grado que los gobiernos de esos países han conminado a sus ciudadanos a prepararse para la guerra, lo cual no solo ha hecho que la gente almacene víveres, agua y demás menesteres, sino que vivan bajo una psicosis que solo beneficia a sus líderes.

Lo curioso del caso es que los europeos le crean a sus lideres lo de la inminente invasión, aun cuando en los hechos Rusia ha hecho patente su inoperancia y falta de equipo en lo referente a armas, tanques e infantería. Cierto que no podemos desestimar la posibilidad de que la guerra se extienda más allá de Ucrania, pero tendría que ser una guerra en la que se usaran armas tácticas nucleares, cosa que de entrada se ve difícil, ya que sería entrar a un proceso de destrucción mutua. Las guerras son muy costosas y la economía de Rusia no da para más, tan es así que la guerra esta estancada y que no pueden avanzar más allá de donde ya están.

Otra noticia que se escucha mucho es la invasión de China a Taiwán. No desestimo la posibilidad, pero también la veo remota. Estados Unidos tiene 73 años diciéndole al mundo que la invasión es inminente y, sin embargo, 73 años después, no ha pasado nada. China no tiene necesidad de invadir a Taiwán y menos si consideramos que este representa la segunda inversión más alta en el pais.

China no quiere guerra, lo que quiere es establecer redes de comercio con cuanto pais pueda. La riqueza está en el intercambio, no en la guerra. Los países solo van a la guerra por dos razones: para imponer un tipo de comercio o porque no han podido comerciar.

El problema real en el estrecho de Taiwán es que China no ve con buenos ojos que barcos de otros países patrullen sus costas armados hasta los dientes. En otras palabras, China está reaccionando exactamente igual a como reaccionarían otras naciones si vieran barcos de este pais patrullando sus costas con armamento similar.

Otras noticias con las que nos van a bombardear son las de Israel, Hamas, Hutíes e Irán. Es cierto que un error de cálculo de parte de los contendientes puede hacer que esta se convierta en una guerra regional, sin embargo, es un hecho que China e Irán no quieren esta guerra, ya que afecta seriamente el tránsito de sus mercancías.

Lo que va a hacer que elevemos el nivel de vida de la gente es el comercio, no la guerra. La guerra beneficia a muy pocos, el comercio, a muchos.   

 Propósito.
Es importante entender que lo que subyace en todo lo que hacemos es la búsqueda de un propósito, sin importar si es una elección de pareja, carrera, hijos, trabajo u oficio. Lo que buscamos en todos estos actos no es necesariamente amor, familia, hijos o desarrollo, lo que buscamos es que nuestra vida tenga un propósito.

Esto que aplica para el ciudadano común, aplica también para los gobernantes. En todo lo que estos hacen hay un solo propósito: llegar al poder y mantenerse en él. Y si para ello es menester que exageren los riesgos nacionales e internacionales con el fin de que los electores voten por ellos, lo harán.

En síntesis, mi sugerencia es que no haga caso de todas esas noticias que no tienen otro fin más que distraerlo de lo sustancial: su economía.

Y si no me cree, le dejo, a manera de reflexión el siguiente dato:

Para poder retirarse con un nivel de vida como el que tiene actualmente, va a ser menester que, por 45 años, ahorre el 23% de su ingreso, y que con el 77% restante, pague sustento, escuelas, casa y movilidad.

Usted dirá si se quiere centrar en su economía o en las alarmantes noticias de un año electoral.

Nos leemos en el siguiente artículo.

viernes, 29 de diciembre de 2023

El mundo desde las finanzas.

Recién tuve la oportunidad de coordinar un taller de riesgos globales y nacionales con un grupo de financieros, inversionistas y directivos de diferentes giros de negocio. El grupo estaba conformado por personas de distintas latitudes geográficas y continentales, lo que me permitió acceder a desiguales y contradictorias formas de ver y entender lo que está pasando en el mundo.

Los temas que se analizaron fueron bélicos (Rusia; Israel; Egipto; Yemen; China; Filipinas y el rearme de Japón). Económicos (tasas de interés; petróleo; contracción monetaria). Sociales (elecciones presidenciales, migración, conflictos internos) y ambientales. Como era de esperarse, los inversionistas y directivos veían y analizaban el entorno desde dos ópticas: la empresarial y la social.

Desde lo empresarial analizaban el entorno partiendo de la premisa de que, en lo externo, lo interno. Lo que les hizo enfocarse en aquellas cosas del entorno que pudieran incidir en su proceso de negocios, dejando, para el ámbito social e individual, todo lo demás. En otras palabras, si lo que está pasando en determinada parte del globo me afecta, lo analizo y actuó en consecuencia. Lo que no incide en el quehacer de mi negocio, lo paso a la casilla de lo social o individual, para analizarlo más tarde y no desgastarme en aquello en lo que nada puedo hacer.

No es que no les interesase o desearán poner distancia al dolor y destrucción del acontecer mundial. Simplemente se enfocaban en lo que les incidía, en aras de capitalizar oportunidades y minimizar riesgos.

No obstante, había en el grupo quienes tenían un yo social tan grande que les era imposible no dolerse y preocuparse de esos otros aconteceres en los que no tenían forma de incidir, lo cual, aunado a nuestra humana tendencia a priorizar lo malo sobre lo bueno (que es una de las cosas que nos han ayudado a sobrevivir), les hacía indignarse e incordiarse ante la aparente pasividad e indiferencia de los que solo analizaban el entorno desde la óptica de los negocios y, peor aún, de los socialmente más alejados: los financieros.

La temperatura de las opiniones fue subiendo conforme se analizaban los acontecimientos actuales y los que se podrían suscitar en este nuevo escenario geopolítico que se empezó a gestar desde el 2020. Un escenario en el que inciden variables que no existían antes y que nos exponen a situaciones para las cuales no tenemos ni el conocimiento ni la experiencia. Tan es así que los más confundidos son los presidentes de los países y los Gobernadores de los Bancos Centrales.

La teorías económicas, sin haber perdido su vigencia y razón de ser, ya no inciden en los mercados y en las economías como lo hacían antes, debido a que estas se tienen que rediseñar en función de las nuevas variables que han aparecido y que antes solo leíamos en las novelas futuristas.

Los países industrializados se dieron cuenta en el 2020, que habían centrado lo más fuerte de su manufactura en locaciones más competitivas en mano de obra e insumos, en donde si bien es cierto que ganaron en utilidades, también lo es que perdieron en conocimiento. Si tú no haces las cosas, pierdes el conocimiento de cómo se hacen las cosas. China e India son los países que en este momento tienen el conocimiento de cómo se hacen las cosas que se dejaron de hacer en otros países.

La responsabilidad de un hombre de negocios es dual; maximizar utilidades y maximizar el valor de la empresa en el tiempo. Al llevarse la producción a otros países, maximizaron utilidades, pero no el valor de la empresa en el tiempo.

La Pandemia fue el detonador que llevo a los empresarios a tomar conciencia del error estratégico que cometieron al primar el corto plazo (beneficios) sobre el largo plazo (valor de la empresa en el tiempo.

A los políticos les paso algo similar, descubrieron que sus países dejaron de ser manufactureros para migrar de lleno al sector terciario de la economía (servicios), en el que el capital es más rentable respecto a los activos, pero más volátil y especulativo.

En otras palabras, ante una crisis de suministro, sus países no tienen con que defenderse. No solo no pueden hacerlo en la forma en que lo hacían cuando eran dueños de la manufactura, sino que además dependen de terceros en lo referente al control de las líneas de producción y distribución de bienes y servicios.

En el 2024 vamos a vivir una intensa guerra económica y arancelaria, amén de intensos procesos de desestabilización interna (elecciones polarizadas y migración), y de roces bélicos que pudieran agravarse por errores de cálculo.

Se hizo el análisis de los riesgos más acuciantes tanto en el orden global como en el nacional, sin embargo, y más allá de las conclusiones, la nota de la reunión la pusieron los financieros, específicamente los de la Banca.

Cuando los empresarios e inversionistas preguntaron a los financieros sobre su diagnóstico, estos no solo no veían motivo de alarma, sino que, además, mostraban una tranquilidad inentendible a ojos de los demás. Al cuestionarles al respecto, la respuesta fue: todos van a necesitar dinero. En bonanza o en crisis, en paz o en riesgo, estabilidad o inestabilidad, todos van a necesitar dinero. Así es que, desde nuestra óptica, todo está bien.

La anécdota no solo es interesante, sino que además es ilustrativa. Setenta y tres países van a tener cambio de gobierno en el 2024. Algunos de extrema izquierda, otros de extrema derecha y los menos, mediando entre uno y otro extremo. El 2024 también va a ser un año de intensos flujos migratorios y desequilibrios sociales, amén de cambios climáticos que generarán problemas y tragedias en diferentes partes del mundo.

Ante eso y todo lo que está por venir, mi recomendación es que tome la postura de los financieros: céntrese en su dinero. En gastar lo menos posible e invertir en instrumentos líquidos y seguros, aun cuando la rentabilidad no sea tan alta como otros instrumentos de alto riesgo.

En síntesis, si usted cuida e invierte inteligentemente su dinero, le será más fácil sortear cuanta adversidad, problema o reto se avecine. Esto no significa que usted se deba mostrar ajeno a lo que pasa en el mundo. Hágalo, pero sin dejar de centrarse en lo único en lo que puede incidir: en usted y los suyos.

Nos leemos en el siguiente artículo.

domingo, 24 de diciembre de 2023

Pareja: expectativa, deseo y responsabilidad.

Hablar de la elección de pareja es un tema difícil y de poca audiencia. Mucho es lo que se ha escrito al respecto, poco lo que se ha diseccionado. Amén de que el día a día nos hace sentir que sabemos mucho de ello. Nada más lejos de la realidad.

Observe su entorno, descubrirá que la gran mayoría de las parejas están formadas por un Yo que no se conoce y que elije, para conocerse, a otro Yo que tampoco se conoce. Lo que une a estas parejas es el desconocimiento de sí mismos y la necesidad de definir su identidad a través de la identidad del otro, lo que convierte al otro en una necesidad, no en una pareja. El problema, amén del ya mencionado, es que este no conocerse genera en las partes expectativas y deseos que están más allá de la intrínseca realidad y posibilidad de las partes. Ni él va a poder cumplir las fantasiosas expectativas de ella, ni ella, los irreales deseos de él.  

Este desconocimiento de lo que son, quieren y pueden, hace que la pareja se sustente en el intercambio y no en el amor. Tan es así que en su yo interior, consideran que el otro es el responsable de cumplir sus respectivas expectativas y deseos. Estas, huelga decirlo, o se diluyen con el tiempo, dando paso a la resignación (es lo que me toco), o se evaporan en cuestión de días, semanas o meses, dando paso a la terminación (no era lo que pensaba).

En este tipo de relaciones la pareja no tiene otro objetivo más que la de compensar las carencias del ser a través del ser de la otra persona. Lo que hace que la identidad y rol de las partes no sea otra más que el ser la esposa de o el esposo de. Situación que deja a los involucrados en una posición muy frágil, ya que cuando la relación llegue a la etapa de la resignación, la frustración y el autoengaño serán la norma; y, si llega a término, la decepción y el luto interior, ya que en un solo acto habrán perdido pareja, identidad y rol.

Es importante entender que si usted es una persona que está bien consigo misma, que es responsable de lo que piensa, de lo que siente y de su propia felicidad, aparecerá en su entorno una pareja similar a usted. Lo que hará que ambos se puedan acompañar, conscientes de que cada uno es responsable única y exclusivamente de su propia felicidad. En estos casos al otro se le ve como lo que es: un compañero de viaje con el cual quiero y deseo compartir mi felicidad, y que me comparta la suya, por todo el tiempo que pueda y esté dispuesta a ello, pero no el responsable de ella. 

Por el contrario, si usted no está bien consigo mismo y piensa que los demás tienen un cierto grado de responsabilidad en lo referente a la satisfacción de sus necesidades, deseos y bienestar emocional, saldrá a la calle a buscar a ese ser especial que vive en su imaginario y que tendrá la suerte y oportunidad de ser el único responsable de que usted sea feliz, ya que tendrá todas las cualidades que busca- Proporcionándole, para tal efecto, el cien por cien de su atención y tiempo, sin descuidar, claro está, el bienestar material que usted visualiza y desea. Lo lamentable de estos casos es que lo único que va a encontrar es a ese otro u otra que sale a la calle a buscar exactamente lo mismo que usted, sin tomar en cuenta que las carencias de ambos se terminan de potencializar.

Las relaciones auténticas son aquellas que aparecen cuando la persona está haciendo lo que le realiza, lo que le hace feliz, no cuando sale a buscar a ese otro u otra que le va a hacer feliz. Paradójicamente, la relación de pareja tiene que ver más con la responsabilidad que con toda esa horda de falacias que nos venden en las películas y novelas de amor.

La responsabilidad es, más que con la pareja, con uno mismo. Lo que implica aceptar que uno es el responsable de sus expectativas, deseos y bienestar emocional. El otro no tiene nada que ver con ello.

Con la pareja lo que hay es propósito y compromiso. Propósito de vida y compromiso de caminar a la par, ya que las relaciones no son estáticas, son dinámicas. El propósito cambia cuando una de las partes crece y se desarrolla más que la otra, o cuando ya no siente la necesidad de transitar la misma senda, porque, así como cambiamos día a día, nuestros intereses lo hacen también.

Es importante entender que el que creció aún no ha llegado a su nivel, lo que le motivara a seguir trabajando en el desarrollo de su ser y saber, pero también es importante entender que el que en apariencia se quedó atrás, no falló ni en el propósito ni en el compromiso. Simplemente, alcanzó su nivel, lo que hace que ya no sienta la necesidad ni el impulso del primero. El viaje, como pareja, ha terminado, pero muchos ni se dan cuenta y otros lo tratan de sobre extender.

Esto explica los intentos de pareja en el devenir de su vida. Cada uno de los intentos que ha tenido, han sido las que en ese momento necesitaba. Personas que le mostraron lo que tenía que aprender de usted mismo.

El secreto de una buena pareja está más en uno mismo que en el otro. Entre más trabaje y desarrolle su personalidad, más atrayente será para los demás, tanto para los que trabajan en el desarrollo de su ser como para los que ven en usted a ese ser imaginario que va a satisfacer todas sus expectativas y deseos.

Cierto que a muchos de estos nos los va a ver, pero habrá otros que por su belleza o forma atrapen momentáneamente su atención. Su responsabilidad, más allá de la atracción física, de la emoción y del sentimiento, es entender que, de todos sus oferentes, solo uno tendrá la capacidad de construir una vida caminando a la par de usted.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

El Alma: entre la poesía y la realidad.

El concepto del alma ha sido la piedra basal de filósofos, teólogos y poetas. La palabra nos es tan común que hasta los legos recurrimos a ella para indicar la cuantía de un sentir: me duele el alma. Interesante sería que una vez dicha esta expresión fuéramos capaces de definir con toda exactitud la descripción de ese dolor de alma y la parte concreta en la que lo sentimos.

Cuando usted acude a un médico, este pondrá su sapiencia, experiencia y esfuerzo en el diagnostico concreto de su mal, ya que de este depende el tratamiento y medicación, pero: ¿y con el alma? ¿Cómo se diagnóstica, cómo se atiende y, en su caso, se medica?

Los psicólogos dirían que esta se cura hablando (las mujeres saben mucho de esto) y que, para tal efecto, es menester la guía de un especialista en la materia. Dando por sentado que esto es cierto, la pregunta para los psicólogos es: ¿Qué es el alma?

Podría un psicólogo o un filósofo definir el alma con tanta precisión como un cirujano cardiovascular define y describe una cirugía a corazón abierto, un financiero una operación o un arquitecto una construcción. Lo más probable es que no.

¿Será que gracias a que el concepto del alma es tan ambiguo y etéreo, que podemos recurrir a él para expresar lo que no podemos definir con claridad y precisión? Por ejemplo, cuando le decimos a un congénere: te amo con toda el alma, qué es exactamente lo que le queremos decir. Y cabe, en los mismos términos, la interrogante sobre lo que le pasa al alma, cuando, por las razones que sean, dejamos de amar a esa persona: ¿se daña o sigue intacta? Y si se daña: ¿Cómo se daña?

¿Podemos, después de haber amado a alguien con toda el alma, llegar a amar con toda el alma a otra persona? Y si es así: ¿cómo? Cuando amamos a alguien con toda el alma, cómo amamos a los demás: ¿sin alma?

La realidad es que el alma, con su etérea vaguedad en cuanto a concepto y definición, es un término que usamos coloquialmente sin importar si somos filósofos, teólogos, poetas o psicólogos. Lo más paradójico de esto es que lo usamos con tal certeza y autoridad, que cualquiera diría que podemos definir a la perfección lo que es el alma.

Si hacemos un análisis del texto y contexto en el que usamos la palabra alma, descubriremos que el común denominador de todos ellos es el sentimiento. Si damos por cierto esto, podríamos decir, en nuestra calidad de legos, que el alma humana es una sensibilidad antropocéntrica que se alimenta de su entorno y de otros antropocentrismos para expresar y crear lo que solo el ser humano puede expresar y crear.

La famosa inmortalidad del alma que argumentan filósofos, teólogos y poetas no es más que la expresión de un ideal romántico que los seres humanos usamos de consuelo ante nuestra inexorable muerte y desaparición, no obstante, existe, más allá del respetable ámbito de las creencias, la posibilidad de crear un cierto grado de inmortalidad a través del bien que uno hace a los suyos y a través de las obras que uno crea, ya sea un libro, una escultura, una pintura, una cura medicinal, una patente, vacuna, tratamiento o alimento que beneficie a la humanidad.

El alma, decíamos líneas arriba, es una sensibilidad antropocéntrica que se nutre del entorno y de otros antropocentrismos. Es decir, una sensibilidad que se sublima ante un amanecer, la sonrisa de un bebe, las notas musicales de Mozart, Beethoven, Chaikovshy y demás genios del ámbito musical. Una sensibilidad a la que sublima la tesitura de voz de los maestros de ópera, pero también la contemplación de un Rembrandt, Caravaggio, Rodin y demás creadores que se nutrieron del antropocentrismo de otros creadores.

El alma, es pues, una sensibilidad humana que tiene la capacidad de sublimarse ante la nobleza de un acto humano, la belleza de un congénere, la magnificencia de la naturaleza y de la creación de otros creadores, no obstante, para su mejor sensibilidad y expresión, es menester que tengamos resueltas nuestras necesidades primarias y que podamos disfrutar de espacios de ocio, sin estas, poco es lo que el alma puede hacer. No porque se pierda nuestra sensibilidad, sino porque nuestro tiempo y atención va a estar centrado en lo primario.  

Poca atención y tiempo le va a dedicar a la belleza del entorno y a la de las obras de otros artistas y creadores quien no tenga resueltas sus necesidades primarias. Lo mismo acaece con los adictos al trabajo o la actividad por la actividad en sí. La sensibilidad necesita de espacios de ocio para sentir y para expresar. Bien nos los señala el ilustre Miguel de Cervantes cuando en la introducción al Quijote nos dice: desocupado lector. No buscaba Cervantes agraviarnos con esa notación, sino hacernos patente el hecho de que, para apreciar la belleza de las cosas, es menester un cierto grado de ocio.

Lentamente vamos entendiendo en occidente la importancia de los espacios de ocio, tan es así que hemos cambiado el orden económico, dejando de lado un poco las compras de bienes físicos, para retornar, lenta y gradualmente, a las actividades de ocio presencial.

Por último, es menester anotar que, al ser el alma humana antropocéntrica, corresponde al yo de cada individuo, decidir cómo y con que la nutrimos, conscientes de que esto no solo definirá lo que podamos crear, sino la forma en que vamos a vivir con nosotros mismos.

Nos leemos en el siguiente artículo.   

martes, 31 de octubre de 2023

La destrucción creativa.

 El mundo entra, cada determinado tiempo, a un proceso de reacomodo estructural. La intención de estos procesos es erradicar la desigualdad, equiparar oportunidades y generar mejores condiciones de estabilidad y desarrollo.

El proceso, aunque necesario, no dejar de ser errático, pues si bien es cierto que hay un reacomodo cupular y una mejora en la estructura social, también lo es que al paso del tiempo se imponen los mismos males que deseaban erradicar.

Esto no quiere decir que los cambios no sean positivos, lo son, pero nunca en la medida que se pretendía de origen. La pobreza es el mejor ejemplo de ello. Previo al siglo XX, el 90% de la humanidad vivía en estado de pobreza. En la actualidad solo el 18% vive en ella, amén de que la de hoy, en nada se equipara a la pobreza de subsistencia que imperaba en los siglos previos al XX.

Otra variable que ha mejorado gracias a estos reacomodos estructurales es el de la desigualdad. Los jóvenes de hoy tienen muchas más oportunidades de mejorar su calidad de vida que la que tuvieron sus padres. A finales del siglo XIX y principios del XX, el 80% de la población trabajaba en el empleo doméstico, en las minas o en el campo.

Cuando el proceso de reacomodo estructural termina bien, el siguiente proceso se dará al paso de muchas décadas. Cuando termina mal, a los pocos años del primero. Un ejemplo de ellos son las dos grandes guerras. La Segunda Guerra Mundial fue para corregir los errores de la Primera.

Los cambios estructurales se gestan a través de cuatro fenómenos. Huelga decir que entre más fenómenos incidan en el cambio, más dramático y doloroso es el proceso.

Fenómenos que inciden en cambio estructural:
Guerras masivas; Transformaciones tecnológicas; Estados Fallidos; Pandemias.

Guerras masivas.
Estas obedecen a las cúpulas y se gestan para cambiar al grupo que está en el poder. Es una lucha entre elites que se extiende en geografía y tiempo en función del poder y recursos de los contendientes.

Huelga decir que el pueblo no crea guerras, crea revoluciones, no obstante, el principio que rige ambos movimientos es el mismo: a mayor derramamiento de sangre, mayor cambio.

La Revolución francesa, aunque violenta, tuvo un menor derramamiento de sangre que la rusa, lo que permitió que la casa reinante regresara al poder. No paso lo mismo en Rusia. En esta no solo eliminaron a toda la casa reinante, sino que además acabaron con todos los grupos de poder que rodeaban al Zar (a mayor derramamiento de sangre, mayor cambio).

La Primera Guerra Mundial fue una guerra entre primos, y si bien es cierto que fue extraordinariamente violenta (diez millones de muertos), también lo es que el cambio radical se dio hasta la Segunda Guerra Mundial, que fue cuando murieron los imperios y nacieron los estados. El costo, 60 millones de muertos.  

Lo paradójico de las guerras masivas no es solo el costo (derramamiento de sangre), sino que estas terminan siendo el caldo de cultivo de las siguientes. Los objetivos de estas guerras son: cambiar al grupo que está en el poder; equiparar oportunidades, combatir la desigualdad y crear mejores condiciones de estabilidad y desarrollo.

Al crear mejores condiciones para la estabilidad, crean las bases para que mejore la economía y con ella las oportunidades de la población (lo que en principio disminuye la desigualdad). El problema de la economía es que ya una vez que está crece sostenidamente, crece con ella la desigualdad, lo que ineluctablemente crea la lenta simiente de la siguiente guerra masiva.

El mundo entro desde hace algunos años en un reacomodo estructural que se ha ido recrudeciendo. Tan es así que la guerra que estamos viviendo es mundial, solo que las armas son más financieras, tecnológicas y de mercado que de misiles y balas.

¿Vamos a enfrentar un problema balístico?
La respuesta es sí. Esperemos que sea menor, ya que los misiles que realmente dañan a la contraparte son financieros y de mercado.
  

Transformaciones tecnológicas.
Las transformaciones tecnológicas cambian la forma de trabajar y con ella el concepto de la relación laboral. Entre más radical sea la transformación más miedo genera en la masa laboral. Un ejemplo de ello fue el Ludismo. Movimiento que se gestó a principios del XIX y que consistía en destruir los telares industriales y las máquinas de hilar en aras de conservar el empleo.

Nuestra transformación tecnológica está en la Inteligencia Artificial (IA). Un cambio que excede todo lo visto. A está se le han añadido atributos que no posé, ya que una cucaracha siempre tendrá más inteligencia que el robot más avanzado. Esta sabrá en qué momento esconderse, huir o atacar. Un robot, por lo menos hasta lo que conocemos en este momento, no tiene esa capacidad.

Se estima que la IA reduzca sensiblemente el trabajo iterativo que hacemos los humanos, reduciendo en un 60% la plantilla laboral de las empresas. Esto va a generar cambios dramáticos en la relación laboral y fuertes presiones sociales en lo gubernamental.

Estados Fallidos.
Un estado fallido es aquel que no solo no brinda bienestar a su población, sino que además representa un riesgo para la seguridad internacional, tanto por la inestabilidad que genera en el entorno como por la enorme ola de refugiados que buscan asilo o trabajo en otros paises.

Condiciones de un Estado Fallido:
Altos niveles de criminalidad, delincuencia organizada e inseguridad ciudadana;
Altos niveles de terrorismo y/o narcotráfico;
Incapacidad de las fuerzas de seguridad para responder al terrorismo o al narcotráfico, así como la participación de estas en dichas actividades.
Altos niveles de informalidad y pobreza;
Crisis económicas, inflación y desempleo;
Incapacidad para suministrar servicios básicos y/o de salud a su población;
Sobrepoblación y contaminación;
Bajo porcentaje de personas con nivel de educación superior;
Alta cantidad de asentamientos irregulares;
Alta emigración cualificada (perdida de talento);
Mayoría de la población con primaria o secundaria incompleta;
Pérdida de control gubernamental en algunos territorios o perdida de territorio;
Uso e imposición de las fuerza de seguridad en los ámbitos civiles;
Incapacidad para responder económica e institucionalmente ante emergencias naturales y nacionales;
Incapacidad para interactuar con otros paises como miembro pleno de la comunidad internacional.

Haga usted su análisis e identifique cuantos de los estados que conoce pueden considerase fallidos o en tránsito de estarlo.

Pandemias.
Las pandemias se miden bajo el mismo principio de las Guerras Masivas, a mayor mortandad, mayor cambio. Lo cierto es que más allá del dolor que estas generan, el cambio que suscitan en la estructura y en la relación laboral es positiva: mejoran los salarios y las condiciones de trabajo.

Recién salimos de una pandemia y no está del todo claro lo que va a resultar, pero lo que ya es un hecho es que han mejorado los salarios y que el trabajo remoto va a ser cada vez más común.

Conclusiones:
Estamos viviendo un reacomodo estructural en el que se conjugan, en mayor o menor grado los cuatro elementos. En algunas naciones más que en otras, pero la afectación va a ser mundial.

Uno de los cambios inmediatos es que vamos a tener que aprender a vivir con una inflación de uno a dos puntos arriba de lo acostumbrado y con unas tasas de interés acorde a ellas. La globalización va a tomar nuevas formas (bloques y regiones) y los nacionalismos y populismos se van a exacerbar.

Ante este marasmo de incertidumbre que vamos a vivir, mi recomendación es que consideren que hoy, el uso que hagan de su tiempo y de su dinero, va a tomar más relevancia que nunca…

Los hechos están ahí. Nos corresponde a nosotros decidir.

Nos leemos en el siguiente artículo.

jueves, 26 de octubre de 2023

La búsqueda del estatus.

La búsqueda del estatus es una necesidad y una trampa. Necesidad en el inter de que defines tu personalidad; trampa cuando a falta de definición, vives inmerso en la búsqueda de un estatus que no te va a brindar lo que no tienes: identidad.

El orgullo está basado en lo que en hechos sustento de mí; la vanidad en la idea que quiero que los demás tengan de mí.

La persona que ya definió su identidad, que ya sabe lo que es, jamás habla de sí, de sus propiedades, bienes o saberes. Es un conversador que se dedica más a escuchar que hablar. No necesita demostrar nada, ya es. El estatus y símbolos de poder que acompañan a este, le son insustanciales. Estos no pueden sustituir lo que él es ni hacer lo que él hace. Su hacer es útil y silencioso. Trata, en la medida de lo posible, de pasar desapercibido. Se dedica a escuchar, observar, aprender y a mantenerse lejos del aparador.  

El que está en proceso de definir su identidad, se mostrara orgulloso y vanidoso. Orgulloso por lo que en hechos va logrando; vanidoso por lo que aún no es y desea que los demás piensen que es. La vanidad ira despareciendo en la medida en que vaya definiendo lo que es, ya que a partir de ese momento dejara de invertir tiempo y energía en lo que no le compete y a hacer alianzas con aquellos otros que saben y pueden lo que él no. Esos otros que le ayudan a ser mejor en lo que es, al tiempo que él les ayuda a ser mejores en lo que son.

Definirse es excluirse.
El problema de la definición es que ya una vez que te defines, te excluyes. Te haces dueño de tu definición y ajeno a todo lo demás, lo cual hace que tu mundo se circunscriba a una parcela muy pequeña respecto al mundo y gigante respecto a ti. Lo que tienes que decidir es si quieres estar en todo o en ti.  

El que llega a la edad adulta sin definir lo que es, se mostrara centrípeto, vanidoso y presuntuoso. La falta de identidad lo impulsara, como mecanismo inconsciente de compensación, a buscar el estatus y símbolos de poder que acompañan este. Constantemente hablará de sí y de sus aparentes logros, bienes, haceres y teneres. Vivirá tan de cara al aparador que le dará más valor al parecer que al ser. No olvidemos que el que no tiene identidad se vive imaginando que es ese otro yo que imagina que imaginan los demás.  

Su necesidad de reconocimiento lo hará rodearse de personas a las que apreciará más por sus halagos que por sus aportes. El problema de las personas que carecen de identidad es que, cuando la realidad los acota o la incapacidad por edad o enfermedad los alcanza, descubren que están más solos que nadie, ya que ni siquiera se tienen a sí mismos.

La búsqueda del estatus o necesidad de sobresalir es un proceso por lo que transita todo lo vivo. Es un impulso que nos impele a buscar y ganar un espacio en nuestro entorno, sobre todo en la infancia y adolescencia. Es una etapa en la que nos es menester diferenciarnos de los demás, ya sea por una cualidad, una capacidad o por nuestro ser, hacer o tener.

En el intervalo de la adolescencia a la edad adulta el impulso va perdiendo fuerza. No porque deje de ser importante, sino porque vas tomando conciencia que no puedes estar ni competir en todo. Es en un periodo de tiempo en el que defines esa parcela del mundo (identidad) en la que tienes todas las de ganar…, no a los demás, sí a ti mismo.

Avanzas en la vida y te vas dando cuenta que entre menos es la persona, más necesidad tiene de demostrarle a los demás lo que cree que es. Los que ya son, no dicen nada. Son los demás los que los buscan a ellos y no ellos a los demás.

Lo paradójico del estatus es que este siempre obedece más a lo que los otros piensan de ti que a lo que haces para buscarlo. Entre más lo buscas, más lo pierdes; entre más te defines, más lo logras.

Cierto que no todos apreciarán los que eres, pero los que lo hagan te darán un lugar que esta más allá de tu hacer y tener, ya que lo que realmente apreciaran de ti es tu ser…

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Caminando en círculos.

 Los seres humanos nos movemos en círculos. No nos damos cuenta debido a que nuestro horizonte de visión y acción es lineal y limitado. Lo cual no está mal. Obedece a nuestra natura. Esta en ella el que nos movamos en círculos. Permítame explicarlo…

Si usted abandona a una persona en la selva sin ningún aparato de geolocalización y sin conocimiento alguno de la posición de las estrellas, esta caminara las distancias que sean necesarias en aras de encontrar una salida que le permita llegar a la civilización. No obstante, lo que en realidad hará es caminar en círculos, regresando al mismo lugar una y otra vez. Tal vez no se dé cuenta debido a que no regresa a ese árbol, lado de la montaña, risco o arroyo que le sirvió de referencia, pero será, metros más, metros menos, el mismo lugar.

Este caminar en círculos es algo que nos acaece en todos los ámbitos de la vida. Lo que cambia, y es lo que hace que no nos demos cuenta, es el tamaño del recorrido, pero no su forma (círculo). A mayor capacidad de observación y análisis de nuestros patrones y modelos, mayor posibilidad de ampliar el círculo. A menor capacidad, menor posibilidad.

Por razones personales y de negocio he tenido la oportunidad de colaborar con una ingente cantidad de personas de diferentes ámbitos y oficios, observando no solo el tamaño de sus círculos, sino el recorrido de estos. La cercanía me ha permitido anticipar los obstáculos o piedras con las que es posible que se vuelvan a tropezar, ya que así lo han hecho en recorridos anteriores.

Nos han dicho que debemos levantarnos ante todo tropiezo. En lo personal pienso que esta sentencia está de más, ya que es un hecho que nos tenemos que levantar. Lo verdaderamente importante en este proceso es que el tropiezo sea en la dirección correcta, ya que para eso nos detiene la vida, para que podamos hacer un alto en el camino y analizar si estamos repitiendo, reduciendo o ampliando el círculo.

A nada tiende más el ser humano que al confort.
Debemos tomar en cuenta que el óbice que nos impele a no cambiar o ampliar nuestro círculo es el confort. Nos negamos a salir de éste o a ampliarlo debido a la seguridad. Buscar nuevos caminos implica arriesgarse o equivocarse.

Nuestros mayores nos decían que mas vale malo conocido que bueno por conocer. Esta frase que puede ser válida en ciertos momento, pierde validez cuando estas en esa edad en la que la ignorancia te permite explorar y cambiar todo (la ignorancia nos hace audaces).

Con el tiempo vas aprendiendo que el circulo se conforma por esos patrones de repetición que tenemos en todos los ámbitos del quehacer humano. Patrones que, al no identificarlos, nos llevan a repetirnos con el mismo tipo de personas en lo sentimental, social o empresarial.

Un cofrade al que tengo en alta estima intelectual y afectiva me comentó la siguiente sentencia, en un análisis crítico irónico que hizo de sí mismo: “repito patrones”. Esta notación es muy importante, ya que la mente que cuestiona es la única que se percibe a sí misma en el tiempo, y, por ende, la única que puede buscar respuestas para el futuro.

Otro que se distingue por su raciocinio y objetividad, se azoro de sobre manera cuando le mostraron una fotografía de su pareja con peluca, ya que en esta vio lo que no había visto antes o lo que no había querido ver: que su actual pareja es una copia fiel de la anterior.   

Todos, pues, repetimos patrones. Y si bien es cierto que obedecen a nuestra natura, también lo es el que podemos hacer un alto en el camino y analizar cuáles son los que debemos cambiar y cómo y con quien ampliarlos.

En este proceso de cambio es menester tomar en cuenta el ego y la realidad. El ego es un intento de la mente errada para que te percibas a ti mismo tal como deseas ser, en vez de como realmente eres. El ego nos vive creando ilusiones respecto a nosotros mismos y los demás, por lo que no debemos olvidar que el primer paso para deshacer la ilusión es cuestionar su realidad. Es por eso por lo que se dice que en la vida nada es caro cuando sabes su precio, porque entonces ya decides si lo pagas o no.  

Es importante entender que, si decides no cuestionar la realidad de tus ilusiones, la probabilidad de que caigas en una espiral de círculos reducidos es muy alta, amén de que esto propiciará que te repitas una y otra vez en aras de demostrar (te) que no estás equivocado, lo cual ineluctablemente te llevará a reducir aún más tu círculo (opciones), e incluso a asociarte con personas que reducirán más tus posibilidades, ya que, por lo general, tendemos a ver el circulo de los demás más como esperanzador que como errático.

La mejor forma de romper nuestros patrones y por ende de ampliar nuestros círculos, es asociarnos con personas que tengan círculos más amplios, enriquecedores e interesantes que los nuestros. Círculos que nos hagan ver que hay mejores formas de hacer el recorrido, es decir, de lograr las cosas e incluso de lograr cosas diferentes.

No obstante, es menester estar alerta a los patrones en los que más nos repetimos, ya sea porque son los que más adrenalina nos generan (nos encanta el riesgo), los que más disfrutamos (por el placer que nos generan) o los que más esperanza nos crean (ilusiones). De los tres, este último es el peor de todos.

Les comparto, ya para terminar, una reflexión de uno de los cofrades de la Abstracción: tal vez lo que mas nos ayudaría a ampliar o mejorar nuestro círculo es entender que en la vida es más importante el para quien haces las cosas que el para qué.

El para quien te brinda un por qué, que no te brinda ningún otro quehacer.   

Nos leemos en el siguiente artículo.