miércoles, 18 de julio de 2018

Entre el instinto y la razón.


Los seres humanos nos movemos en dos dimensiones de las que no estamos del todo conscientes. Dimensiones que están en perene conflicto y que son las causantes de nuestras constantes contradicciones, ya que el instinto nos impele a hacer cosas que desaprueba la razón, al tiempo que esta nos aconseja cosas que son contrarias al instinto.

Por supuesto que lo que nos separa del resto de las especies es el hecho de que nosotros no estamos sujetos única y exclusivamente al instinto. La Inteligencia y voluntad, característica propia de los homínidos, es lo que nos ha llevado a distinguirnos y separarnos de las demás especies que pueblan el planeta.

Así, si le hacemos caso a la teoría, es debido a esta supuesta capacidad que tenemos de pensar lo que pensamos y de llevar lo pensado al ser, lo que nos ha llevado a ser la especie dominante del planeta, aun cuando en estricto sentido poco es lo que pensamos y poco lo que hacemos. No obstante hoy estamos en la cima gracias al trabajo creativo de un número muy reducido de personas y al trabajo operativo de muchos que con su diario, anónimo y rutinario quehacer, generan una continuidad que no poseen las otras especies.

Para lograr esto ha sido menester un sin número de generaciones, debido a que nuestra especie posee, como contrapeso a la inteligencia y voluntad, dos características que ralentizan su progreso:
Somos la única especie que está llena de actos inútiles (sin intención de futuro). Actos que lo único que pretenden es poblar el presente para matar a aquel que nos quiere matar: el tiempo.
Tan es así, que la frase más común que usted escuchara en su círculo de allegados es la de: estoy aburrido. Lo cual de suyo es una declaración de que la persona no sabe qué hacer cuando no tiene nada que hacer.
Esta frase es propia de la gente operativa. Los creativos no se aburren, ya que no les alcanza el tiempo para hacer todo lo que tienen que hacer.   

La segunda característica que ralentiza nuestro progreso es que somos la única especie que posee un comportamiento contradictorio. Las demás especies son lineales, limitadas pero lineales.
El comportamiento de las demás especies es cien  por cien predecible. Ninguna posee actos inútiles amén de que el comportamiento de las mismas no es contradictorio.
La inutilidad y la contradicción es propia de nuestra especie y la causa de la misma es esa perenne lucha que tenemos entre el instinto y la razón. Lo que hace de nosotros unos seres lógicamente ilógicos, que se mueven con un pie en el freno y otro en el acelerador.

Lo mismo que te lleva al éxito, te lleva al fracaso.
La combinación de instinto y razón nos ha llevado al éxito en algunas cosas y al fracaso en otras. Lo interesante aquí es que si aprendemos a identificar y a dirigir las señales del instinto, sin manipularlas pero sin dejar de sujetarlas al filtro de la razón, podríamos, con mucha seguridad, alcanzar mejores cuotas de desarrollo humano y material.

El instinto no es otra cosa más que la inteligencia de la especie. Y si de algo podemos estar ciertos es de que el instinto sabe más de nosotros y de lo que necesitamos que nosotros mismos. El instinto no se equivoca. Somos nosotros los que nos equivocamos al ignorar el instinto. El instinto funciona en todo, en el amor, en los negocios, en la familia, los hijos, amigos y demás menesteres.

El instinto siempre está ahí, atento y alerta a cualquier señal del entorno que le incumba para avisarnos del sí o el no de cada decisión. El problema no obstante no es el instinto y lo acotado que esté está, sino el hecho de que hemos aprendido a ignóralo en casi todo.

Le hemos dado todo el peso a algo que llamamos razón y que está muy lejos de la razón. Razonamos poco, racionalizamos mucho. Tanto que hemos minimizado el instinto casi al grado de la extinción, circunscribiendo este al combes de la reproducción y solo en los primeros estadios de la vida.

La razón de esta minimización se debe a la sobre argumentación que hemos hecho de todos los acaeceres de la vida. Es tal la necesidad de justificarnos que sobre argumentamos el porqué de nuestras decisiones cuando la realidad es que las cosas se explican solas. Las cosas se dicen haciéndolas, no explicándolas.

Lo ideal, claro está, sería sujetar el instinto a la razón y no a la racionalización, sin embargo la realidad es otra. Nos gana el impulso y para justificar este, esgrimimos argumentos que lo expliquen y justifiquen.

Las cosas se explican, no se justifican.
Racionalizar no es razonar. Racionalizamos cuando cubrimos nuestros argumentos con un disfraz que los haga parecer lógicos. Esto debido a que la lógica no es debatible. Es tan contunde que no se puede debatir. Y lo que pretendemos con nuestra argumentación es que esta sea tan lógica que el otro no nos la pueda debatir, cosa que pocas veces logramos.

Otra de las cosas que buscamos con nuestra argumentación es que ésta sea inteligente, ya que la inteligencia, amén de que nos es debatible, logra una tacita aceptación de parte de la audiencia. Así, pues, la razón por la cual esgrimimos argumentos que parezcan inteligentes, es porque queremos ser aceptados, no juzgados… Lo cual pocas veces logramos.

No olvidemos que la razón es una construcción social. Todo lo que usted piensa, lo piensa desde el marco cultural en el que usted creció y vive. Cambia su entorno, cambia su razón.

Veamos un ejemplo nimio. Si usted está en la nómina de una empresa, su mente va a empezar a procesar todo lo que le acontece a partir de ese entorno. Y si permanece en él más tiempo de lo debido, llegará el momento en que hasta lo que no compete a su trabajo lo procesara con la mente de una persona que se mueve en un entorno donde la certeza, seguridad, estabilidad y predictibilidad son la norma.

Todo aquello que no encaje en los parámetros mencionados (certeza, seguridad, estabilidad y predictibilidad), tendrá poca o nula posibilidad de aceptación y realización.

Por el contrario, si usted trabaja por su cuenta o posee una empresa propia, sin importar el tamaño de esta, su mente procesará todo lo que le acontece desde la óptica de la variabilidad de las cosas. Ya que usted habrá aprendido, más que ninguna otra persona, que la oblicuidad consiste en entender que la realidad que ve y vive obedece a una realidad que aconteció o está aconteciendo en otro lado y que incide en la realidad que esta usted viendo y viviendo, aun cuando no tenga ni la menor idea de lo que está pasando más allá de su campo de visión. Lo cual le ha hecho entender que las cosas cambian de un momento a otro y que no hay nada seguro.

El primero estará acotado a buscar en todo lo que hace la seguridad, estabilidad y predictibilidad. Poca, nula capacidad tendrá para adaptase a los vaivenes de la oblicuidad y responder a ella con soluciones creativas que no tengan precedente alguno. El segundo será flexible y oblicuo en todo lo que hace, adaptándose rápido a los avatares del entorno, sin problema para dejar atrás lo que debe dejar atrás.

El primero crea continuidad, el segundo innovación. Lo que cambia entre uno y otro es el entorno y la forma en que los sujetos se adaptan o sobreponen a él.

Si usted cambia su entorno, cambiará su mente y con ella su razón. Basta con que usted esté expuesto 120 días a un hábitat diferente para que su mente empiece un lento pero progresivo cambio en su forma de observar, interpretar y procesar la información del entorno.

Es por ello que es de suma importancia elegir muy bien lo que ve, escucha y lee, así como la gente con la que se asocia, ya que usted es el entorno que tiene… En la inteligencia de que el entorno, en su gran mayoría, lo elige y crea usted. No olvide que elegante es aquel que sabe elegir.

Regresemos al instinto.
El instinto es la inteligencia de la especie y justo es reconocer que muchos de nuestros actos están subordinados en primera instancia al impulso de éste. La razón por la cual no nos damos cuenta de ello, es debido a que los racionalizamos en nuestro interior para poder justificarnos a nosotros mismos del porqué de nuestras acciones. Tanto que llegamos a creer que son actos que obedecen a la razón.

No obstante la realidad es que es el instinto el que nos hace voltear a ver esa persona que atrapa nuestra atención, a escuchar a esa otra que nos parece interesante o a desconfiar de ese que percibimos amenazante o perjudicial a nosotros. Este saber natural que nos alerta positiva o negativamente sobre el otro, está en el instinto y lo poseen todas las especies, sin embargo, en nuestro caso, el instinto se completa y complementa con la razón.

Relaciones fallidas.
El por qué a veces nos involucramos en relaciones dañinas en lo sentimental, personal o empresarial, es debido a que justificamos nuestro proceder con los artificios que nuestra razón construyo para explicar nuestro accionar.

De origen sabemos que el otro, aún cuando nos guste en demasía, no es lo que necesitamos, y sin embargo seguimos adelante porque queremos creer que lo vamos a lograr (la esperanza se alimenta de esperanza, no de realidad).

Lo mismo acaece en los negocios. El instinto nos avisa que ese negocio no va, que ese negocio tiene algo turbio que no alcanzamos a vislumbrar y que va a terminar metiéndonos en problemas. O que no tiene posibilidad de futuro por la incapacidad de los actores. Pero son tales nuestras ganas de que si funcione, que la esperanza hace lo suyo y nos lleva a él… Hasta que la realidad, siempre inobjetable, nos muestra eso que ya habíamos visto pero que no queríamos aceptar.

Así, el instinto es el filtro de todo. Que no lo usemos así es otra cosa. Identificarlo y dirigirlo nos haría mucho bien. No obstante es importante anotar que el instinto no es todo. Este, en estricto sentido, debe sujetarse al filtro de la razón, haciendo a un lado nuestra muy subjetiva racionalización.

La generalidad del instinto.
El instinto, en el combes de lo sentimental, nos generará las mismas señales de atracción con todas aquellas personas que completan y complementan nuestra genética, lo cual no quiere decir que tendríamos que vincularnos con todas ellas. Es justo aquí donde la razón nos puede decir, más allá de nuestras emociones y subjetividades, cual de todas esas personas es con la que mejor asociación haríamos.

El amor es piel y razón. 
La piel atrae la mirada, pero no la retiene. Lo que nos retiene es el alma y mente del otro, pero estas necesitan forzosamente de la piel. Debe haber una mezcla muy bien balanceada de piel y razón para construir una relación con posibilidad de futuro.

La razón por la cual nos equivocamos tanto, es que ya una vez que el instinto nos lleva a alguien, nos instalamos en ese ese cúmulo de emociones que nos genera el otro y que nos obnubilan la razón. Por ello es que se dice que el amor es ciego, pero los vecinos no.

La emoción tiene imperio sobre la razón. Su mandato no solo es imperativo, sino que además mueve de manera inmediata los resortes que impelen a la acción. Mientras que la razón, siempre lenta y prudente, se circunscribe a aconsejar a la emoción para que esta no se precipite. Consejo que llega, las más de las veces, cuando la emoción ya activo los resortes de la acción.

Así, pues, el instinto no se equivoca, pero el instinto no es exclusivo. Este se manifestará con cuantas personas posean la genética que necesitamos para reproducir un ser con mejores genes que los nuestros, pero solo eso. Al instinto no le interesa la razón, inteligencia, moral o buenas costumbres. A éste lo que le interesa es la reproducción y a ello se aboca.

Es la razón la que debe filtrar la selección del instinto, pero para ello es menester que esta no subjetive el razonamiento, cosa muy difícil de lograr, no obstante es una habilidad que se desarrolla entre más se practica. En el fondo usted siempre sabe si quiere o lo quieren. Es usted, el que subordinado a la piel, decide engañarse.

Mejor no lo haga, hable directamente con el otro y hágale ver que es solo piel. Lo más probable es que lo manden a paseo, pero si de algo puede estar seguro es de que se va a evitar muchos problemas. Total, si le sirve de consuelo, piense que el instinto siempre se repite… Al tiempo le llevará a otra persona que le guste igual o más que la anterior.

Las relaciones fallidas.
Las relaciones fallidas son aquellas en donde lo único que impera es el instinto. En estas todo funciona muy bien… Pero solo al principio. Ya que ninguno de los dos puede dejar de ser lo que es. Sin embargo, es tal el impacto de la piel, que todo lo que no nos gusta del otro lo minimizamos con tal de prolongar la relación.

Estas parejas funcionan muy bien como Neo-Pareja, es decir, esas parejas en las que cada quien vive en su casa. Son parejas en las que cada quien tiene su vida y solo se ven para convivir intermitentemente y para darle cauce al instinto. La relación de estas será fenomenal, aun cuando al paso de los años terminen separándose, ya que el único motor que las tiene juntas es el instinto.

Una de las características de las relaciones en donde lo único que impera es el instinto, son los constantes encuentros y desencuentros de la pareja. El instinto los junta y la razón los separa. El instinto actúa tan fuerte en ambas direcciones, que obnubila la razón de las partes. Lo que hace que echen al olvido la causa de la separación, regresando en días, semanas o meses para redescubrir el o los motivos por los cuales habían terminado.

Cuando el instinto es el único motor, es inevitable que los desencuentros culturales (forma de pensar y hacer la vida), de cuna (estrato social) y de prospectiva (idea de futuro), no trunquen la relación.

No olvidemos que el instinto se satisface al consumarlo. Y ya una vez satisfecho lo que nos queda es la cultura, cuna y visión de futuro que tienen las partes, las cuales, si no encajan con el otro, terminarán abortando la relación. De estas variables la más acuciante de todas es la visión de futuro. Y es muy importante tomarla en cuenta, ya que esta está en la mente de cada quien y es cien por cien aspiracional…

Más claro, la visión de futuro de una persona, la verbalice o no (casi nadie lo hace), es el motor que impele, consciente o inconscientemente, la totalidad de nuestras acciones. Esta es la que nos lleva a asociarnos o desasociarnos de la pareja, socios, amigos o conocidos, e incluso hasta de familiares.

Veamos un ejemplo…
 Las parejas donde la diferencia de edad es abisal, digamos de quince años o más, la concepción de futuro de uno y otro es lo que va a determinar las posibilidades de éxito de la misma.

Puede ser que al principio una de las partes se haya sentido atraída por la madurez, sabiduría y sapiencia del otro, así como el otro se sintió atraído por el impulso y fuerza de vida del más joven. Sin embargo la realidad es que al paso del tiempo los atributos de uno y otro se verán como normales, ya que la familiaridad termina desmitificando al otro.

No es que el otro deje de ser lo que es, sino que la familiaridad nos muestra esas otras cosas que no veíamos y que lo hacen humano. Seguimos pensando que es muy inteligente o muy jovial, pero también vemos esas otras cosas que no veíamos y que forman parte del ser.

Y ya una vez que se desmitifica a la persona, la idea de futuro de uno y otro será la causa de unión o separación de los actores. No se van a dejar de querer, pero ya no podrán vivir juntos.

Mientras el de mayor edad trabaja hacia una sola dirección, el otro, que aún le falta mucho por conocer, tenderá a explorar cuanta dirección se le haga interesante, abriéndose poco a poco una brecha entre los dos. De tal suerte que lo mismo que los unió, terminara siendo lo que los separe…, salvo que coincidan en visión.

Regresemos al tema del instinto.
Éste, como ya lo explicamos, escoge a aquel o aquellos con los que se completa y complementa, por lo que la función de la razón es cribar las elecciones del instinto, conscientes de que este se aplica única y exclusivamente a lo suyo.

También debemos considerar que el instinto menguará al paso del tiempo, mientras que las otras variables de la relación (cultura, cuna y prospectiva) irán en aumento, por lo que la razón debería servirnos para elegir la relación que tiene mejores posibilidades de futuro.

Nos leemos en el siguiente artículo.

martes, 12 de junio de 2018

Negociar con uno mismo.


El que esto escribe es un diletante de las letras que tiene la fortuna de contar con un grupo de cofrades compuesto por hombres y mujeres de distintas edades, oficios, concepciones religiosas y filosóficas, lo que no solo nos permite tener acceso a un encuentro de contrarios, sino que además nos permite confrontar nuestro saber con el saber de los demás, enriqueciendo así el acervo de todos. 

Nuestras sesiones son un encuentro de contrarios. Encuentro donde no solo está la perspectiva de género, la cual es por demás notoria, sino que además son una ventana al conocimiento del otro. Encuentros en donde lo más importante para nosotros es dejar atrás la ética de principios, que siempre obnubila la razón y el entendimiento, para instalarnos en una ética de responsabilidades, que es donde debiéramos estar todos.

En uno de estos encuentros, Humberto, un cofrade que ha tenido la oportunidad de trabajar en culturas cien por cien antípodas unas de otras en religión, cultura y filosofía, puso sobre la mesa como tema de debate: la negociación. Tema trillado y del que todos creemos saber algo, no obstante la polémica fue atroz, no por el tema en si, sino por las premisas que presento.

La reacción de los contertulios no se hizo esperar. Tanto ellas como ellos afilaron sus agudos instrumentos intelectuales para diseccionar, refutar y/o complementar lo expuesto por Humberto.

En este artículo me limitaré a exponer, sin ánimo de demeritar el proceso y las opiniones de unos y otros, las conclusiones de la ponencia. Consciente de que en lo humano nada está dicho, por lo que lo presentado aquí no es mas que una invitación a que debata con usted mismo lo aquí expuesto.

Negociar es ceder en algo que estimo en mucho para lograr algo que aprecio en más.
Humberto, el creador y responsable de la ponencia, baso en la premisa subrayada la esencia de su argumentación.

Nos hizo ver que el problema nuclear de toda negociación, sin importar la cultura, religión u oficio de la persona, es la persona en sí. Es posible, nos decía Humberto, que la persona tenga todas las habilidades que requiere un negociador, no obstante el secreto de la negociación no está en sus habilidades, sino en la honestidad que tiene para consigo mismo.

Hablemos en primera persona. Las habilidades nos van a ayudar mucho a la hora de negociar, sin embargo el problema real no está en las habilidades, sino en el hecho de que no nos enseñaron a ser honestos con nosotros mismos, y no solo no nos enseñaron, sino que además no hemos hecho nada para corregir la siempre apasionante y encantadora psicología del auto engaño en la que vivimos.

Nos mentimos tanto a nosotros mismos que es muy probable que nos sintamos incómodos cuando interactuamos con una persona que es honesta consiga misma. Esta nos parecerá árida y con poco o nulo respeto a la sensibilidad de los demás, cuando en la realidad, somos nosotros los que nos estamos evadiendo.

El secreto de la negociación está en aprender a negociar con uno mismo, no obstante para ello es menester ser honestos y dejar de construirle razones a nuestra razón para justificar nuestros actos. Justificación que hacemos no a ojos de los demás, los cuales no son más que un pretexto, sino ante nosotros mismos, que es lo que realmente nos importa.

En algunos artículos he explicado que la ignorancia es solo uno de los problemas del ser humano. Un problema muy importante. De acuerdo, pero no es problema - problema. El problema – problema es la conciencia. En ella está la causa primera y última de todo nuestro errático accionar.  
Sirva de ejemplo la comida. Todos sabemos que es lo que debemos comer y que es lo que debemos evitar. Tan cierto es que no necesitamos de un Nutriólogo o de un Bariatra para que nos diga que estamos comiendo mal. Lo que necesitamos es aplicarnos y comer bien...

Pasa lo mismo en todos los aconteceres de la vida. Todos sabemos que estamos haciendo cosas que no debemos hacer, y no solo las hacemos, sino que además hasta nos regodeamos haciéndolas. Así, pues, en estricto sentido el problema no es la ignorancia, sino la conciencia.

Partiendo de esta premisa, nos es menester reconocer que es más que imposible el que no nos demos cuenta de los yerros en los que conscientemente incurrimos. Por supuesto que nos damos cuenta, no obstante lo que pasa es que le damos razones a nuestra razón que no tienen otro fin más que aletargar la conciencia (animal extraño que no nos deja dormir y que nos causa mucho ruido).

En esta época, en la que todo lo disfuncional es funcional, hemos hecho de la laxitud de nuestra conciencia una forma de vida en la que la falta de honestidad para con uno mismo nos hace instalarnos permanentemente en lo accidental, dejando al margen lo esencial.

Uno de los cofrades nos decía en ese momento: De acuerdo, pero si solo vamos a hacer lo esencial, cómo entonces nos vamos a escapar de la realidad. Pregunta que nos acerca de nuevo al problema de la conciencia.

Los seres humanos tenemos una ingente necesidad de escaparnos intermitentemente de la realidad, lo cual no solo es sano sino necesario. Vivir permanentemente en la realidad es de locos. No hay quien lo soporte. Sin embargo el problema no es que nos escapemos a intermitentemente de la realidad, sino que hemos hecho del escape una permanencia y de la realidad una intermitencia.

Es tal nuestra necesidad de divertimento y de ocuparnos de cosas gratas, que poco a poco nos hemos ido dando permisos en la conciencia hasta que hicimos de estos la constante y no la excepción. Le hemos enseñado a nuestra conciencia a ver lo laxo como funcional y lo ortodoxo como disfuncional, tanto que nos cuesta mucho trabajo ser honestos con nosotros mismos, ya que ganar en todo, nos ocupa en todo.

La realidad es que no sabemos qué hacer con nosotros mismos, lo paradójico de este no saber es que hay millones de seres humanos que suspiran por la inmortalidad, pero no saben qué hacer una tarde de un domingo lluvioso, sin luz y sin internet.  

Regresemos al tema. La pregunta que toda persona se debe hacer en cualquier negociación, sin importar el tema o el objeto, es: ¿qué es aquello que aun valorándolo en mucho lo puedo ceder o dejar ir, en aras de lograr algo que aprecio en más?

Cuando la persona tiene perfectamente claro que es aquello que le es esencial, podrá ceder sin problema alguno aquello que es importante pero no fundamental. En esta batalla que emprendemos con nosotros mismos para separar lo esencial de lo trivial, el ego será nuestro gran oponente. El ego (el gran oponente) siempre es el enemigo a vencer.

Es el ego el que nos lleva a no querer ceder en nada y a querer ganar en todo. Cuando la realidad es que hay cosas que si pasan, no pasa nada... Mientras que hay otras que si pasan, pasa todo. ¿En cuales nos queremos detener?

En toda negociación nos es menester unir sin confundir y distinguir sin separar. ¿Qué si podemos y debemos ceder en aras de llegar a un acuerdo? Y que no podemos ni debemos ceder, por que ceder en ello es ceder en lo que somos. Y lo que somos, no es negociable. 

Por favor no juegue con su mente. No todo es esencial. Hay muchas cosas que son deseables, pero no indispensables. En la negociación pasa lo mismo que en la vida. Una cosa es lo que se desea y otra lo que se necesita. Usted desea poder comprar el carro de sus sueños, cuando la realidad es que usted lo que necesita es transporte, no marca.

Cuando usted hace de la marca algo no negociable, es debido a que usted, en un auto engaño de la conciencia, cree que la marca tiene el poder de brindarle la identidad que no posee. No obstante lo que usted realmente necesita es definir su identidad y definirla más allá de su estrato económico, poder adquisitivo o función. Esas cosas son accidentales. Hoy están, mañana no. Lo que siempre esta es la esencia. Esta nace y muere con usted. 

No olvide que la identidad esta subordinada, entre otras cosas, a la idea que tenemos de nosotros mismos en el futuro, y esto no tiene que ver con nuestra capacidad de compra, sino con la visión que tenemos de nosotros mismos. Una persona que no tiene de visión de si, carece de identidad, por lo que estará subordinado a las marcas. 

Regresemos al tema que nos compete: negociar con uno mismo. 
Imagine que usted va a cenar con alguien y ese alguien le pide que elija el restaurante. Que él o ella no tienen en mente algún lugar en especial, por lo que cenaran en el lugar que usted elija. Acto seguido presenta usted su elección la cual de inmediato es objetada, y así las siguientes tres o cuatro opciones que presenta.

Cuando usted le dice a la persona que mejor elija ella, esta le dice que no. Que lo que realmente quiere es cenar en el restaurante que usted elija. Es claro que esta persona ya tiene una opción en mente, pero quiere que usted la adivine, ya que no quiere decirle donde desea cenar. Este no ser honesto con ella o con él mismo, hace que la elección sea innecesariamente difícil, cuando lo más fácil sería dejar claro donde quiere cenar.

Este tipo de personas buscan el control por el control, lo que le les dificulta en mucho separar lo accidental de lo esencial, ya que ven cualquier concesión como una pérdida de poder e influencia sobre el otro. Para ellos lo esencial es el control. Negociar con este tipo de personas es asaz difícil, ya que estas personas dimensionan por igual todas, sin importar si son triviales o no. No saben como negociar con ellas mismas, ya que para ellas todo es importante. 

Llevemos la negociación al combés de la pareja. Imagine que usted está en una relación con una pareja que le gusta en demasía. Al grado que cuando usted la ve se queda en pausa, es decir, se le va el audio. No obstante reconoce que hay en ella algunos hábitos y actitudes que le incomodan y otros que le incordian, lo cual obviamente aplica para ambos lados.

Así, pues, usted debe ser muy honesto consigo mismo y preguntarse que le es más importante, el contenido o el empaque. Que si está dispuesto a ceder y que no. En la inteligencia de que hay cosas que si pasan, no pasa nada, y otras que si pasan, pasa todo.

Si quieres hacer reír a dios, cuéntale tus planes.
Permítaseme enunciar un caso cercano a mí, el cual tiene como fin ilustrar lo complejo del tema de la conciencia, ya que lo que en conciencia es bueno para unos, no lo es para otros.

Recuerde por favor que conciencia no es solo tener la capacidad de identificar y llamar a las cosas por su nombre, sino que también es todo aquello que nos enseñaron a valorar (y que ya de adultos confirmamos como valor), razón por la cual lo que es bueno para unos, no lo es para otros.

Por ejemplo, si a usted le enseñaron a ser ventajoso, se va a sentir muy bien tomando ventaja de los demás. Por el contrario, si le enseñaron a ser justo (y confirmo el valor de adulto), se va a sentir muy mal el día que intencionalmente haga un trato tomando ventaja de los demás.

Sirva esta disgregación para poder explicar y entender el caso que narraré a continuación. 

Nelly estuvo felizmente casada con un hombre que había hecho de ella el centro de su universo. Pasaron los años y la relación se fortalecía. Él no tenía ojos más que para ella y su única ambición era llegar a casa para estar con ella, no obstante la vida, siempre oblicua, los llevo por otros caminos.

Nelly conoce a Adriana y se enamora súbitamente de ella. Termina su matrimonio y se divorcia en muy buenos términos. No obstante Adriana, honesta con ella y con Nelly, le dice que ella no se piensa divorciar de Carmen, por lo que Nelly tiene que negociar con ella misma y decidir si acepta las cosas como están o da marcha atrás.

Acepto a Adriana en las condiciones de esta. Pasaron los meses y Adriana tomo la decisión de presentarle a Nelly a una amiga con la que mantiene encuentros casuales, en donde el objetivo de dicha presentación es hacer que la amiga funja como pareja de Nelly a ojos de Carmen y de todos los demás.

El entorno inmediato de Nelly reprueba su accionar, no obstante esta, en esa negociación que hizo con ella misma, decidió que esto que está mal a ojos de todos, está bien para ella...

Aquí no estamos calificando si está bien o mal, sino el hecho de que ella tuvo que ser honesta con ella misma y decidir, en función de su conciencia, lo que está dispuesta a perder y lo que no, y ella decidió no perder a Adriana. 

Nada es caro cuando sabes su precio, porque entonces ya decides si lo pagas o no.
Si hizo bien o hizo mal es algo que no nos compete a nosotros. Aquí lo único que queremos enunciar es lo difícil que es ser honesto con un mismo. Y cada quien lo es en función de sus conciencia. Todo lo que haga o deje de hacer tendrá consecuencias y es menester conocer el precio de las mismas y asumir las consecuencias. 

Como bien sabemos, uno de los secretos de la vida es que no hay respuestas, solo aproximaciones, pero no respuestas. No hay un solo lugar al que podamos acudir por ellas. Nunca ha habido una respuesta a las cosas y esa es la respuesta.

Lo aquí escrito es una aproximación más de las muchas que se han hecho, y cierto estoy, como decía líneas arriba, que lo aquí expuesto no tiene otro fin más que invitarlo a un debate con usted mismo para encuentre en su interior una respuesta, la cual le será útil a usted y todos nosotros.

No obstante lo importante aquí es tomar conciencia de que el secreto de toda negociación, esta primero en negociar con uno mimo. Ya una vez que uno tiene claro lo que está dispuesto a ceder y lo que no, entonces y solo entonces podrá negociar con el otro y llegar a un arreglo, antes no.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 30 de mayo de 2018

La misma piedra.


Recién sostuve una charla con un conocido que me comentó que le encantaría tener veinte años menos para corregir un cúmulo de errores que hoy lleva a cuestas. Mi primera pregunta fue qué porque veinte, porque no treinta, cuarenta o más años. A lo que contesto de inmediato que si todo estuviera en pedir, pediría cuarenta años menos pero con la experiencia de los sesenta y cuatro que tiene en este momento.

Escuche atentamente su idílica argumentación y todo lo que haría. Pasando la enmienda de sus actos por temas que jamás imagine (su matrimonio y la sociedad con sus hermanos) así como otros temas lógicos pero idílicos.

Acto seguido me preguntó que si a mí me fuera dable tener varios años menos con la misma experiencia, cuantos menos pediría tener. Mi respuesta fue lacónica y contundente: ninguno. Me quedo con los que tengo. 

No me interesa enmendar nada y no porque no cargue cosas de regular peso sobre la espalda, sino porque aunque tuviera esa ventana de tiempo, lo más probable es que me repetiría en los mismos errores tal como se repite toda la gente, ya que nuestros errores obedecen a nuestra esencia.

La realidad es que el hombre es el único animal que se tropezara dos o más veces con la misma piedra. El resto de los animales se tropezaran una vez pero no más. El instinto no comete errores. Jamás se equivoca. La diferencia entre ellos y nosotros estriba en que ellos operan con el instinto y nosotros con la inteligencia

El instinto es la inteligencia de la especie y cada especie tiene la inteligencia que requiere para sobrevivir y perpetuarse como tal. Así, pues, el Instinto no puede darse el lujo de equivocarse, ya que al hacerlo pone en riesgo no solo la sobrevivencia sino la perpetuación de la especie.

La inteligencia (capacidad de pensar lo que se piensa) es propensa al error, amén de que esta generalmente opera con los datos que están almacenados en medio de nuestros dos parietales. Así, la misma información es procesada de diferente forma por diferentes personas. Es por ello que se dice que cuando dos personas hacen la misma cosa, ya no es la misma cosa.

En alguna ocasión realice un ejercicio en una universidad con personas de diferentes oficios.
El objetivo del ejercicio era demostrarle a los alumnos que las cosas no significan lo mismo para todos, ya que cada quien escucha y observa desde su cultura y entorno. Y que si bien es cierto que los asistentes al ejercicio eran todos mexicanos y de la misma ciudad, también lo era el que cada uno de ellos era diferente al otro en oficio, estrato social y cultura (forma de hacer las cosas), lo cual inevitablemente genera un código de interpretación que les norma criterios y opiniones diferentes.

El grupo estaba conformado por un contador, un ebanista, un urbanista, un otorrinolaringólogo, un político, un joyero, una estilista, un ejecutivo bancario, un ajustador de seguros, un chef  y diez estudiantes de distintas carreras.

A todos se les dictaron unas palabras con el fin de que cada uno de ellos escribiera el significado que estas tenían para ellos. Las palabras en cuestión fueron las siguientes; Asiento; Arnés; Túnel; Cono; Esmalte; Yunque; Patina; Fascia; Laberinto; Patrón y Pasta.

Los resultados no pudieron ser más disímbolos. Para el político la palabra Yunque tenía que ver con un grupo de extrema derecha. Para el ajustador de seguros, el carpintero, el joyero y algunos estudiantes, la palabra tenía que ver con una herramienta. Para el otorrinolaringólogo, con una parte del oído externo.

La palabra Pasta era un alimento para el chef y dinero para el financiero. La palabra Asiento era un término contable para el contador, el financiero y tres estudiantes, mientras que para el urbanista era el lugar donde había estado un edificio o pueblo, y para el ebanista, un lugar para sentarse.

Así, palabras iguales tienen significados distintos, ya que estas tienen una resonancia particular en función de la biografía del que las escucha. Está por demás decir que el resultado fue impactante para todos, tanto para los estudiantes como para los participantes y maestros presentes. A todos les quedo claro que lo que es obvio para nosotros, no lo es para los demás.

Cada uno somos un Universo disímbolo al de los demás y el hecho de que compartamos el mismo idioma, geografía, religión e historia, no nos hace iguales.

Sirva este ejemplo para entender como trabaja la inteligencia en cada uno de nosotros. La inteligencia es la capacidad de pensar lo que se piensa, no obstante cada uno de nosotros piensa y analiza las cosas en función de la información que tenemos entre nuestros parietales.

Lo que ineluctablemente nos llevara a interpretar todo lo que vemos y escuchamos de una manera muy particular, tal vez próxima y parecida a aquellos que crecieron, viven y trabajan con nosotros, pero en el fondo, distinta

Entre más amplia sea la significación de las palabras y de las cosas, es decir, entre más entendamos lo que estas pueden ser en una y otra cultura, oficio y persona, más amplia será nuestra capacidad de procesamiento y de generación de soluciones. 

Este es un dato importante, ya que entender esto nos ayudará a ampliar nuestros horizontes y posibilidades de acción, lo cual tal vez nos salve de tropezar varias veces con la misma piedra. 

No obstante es importante anotar que si no ponemos atención a las piedras con las que solemos tropezar en función de nuestra esencia, tropezaremos con ellas una y otra vez.

Tropezar con la misma piedra.
El refrán dice que los seres humanos son los únicos animales que se tropiezan con la misma piedra. Lo cual es cierto, no obstante esto se debe a que no hemos aprendido a identificar las piedras con las que tropezamos, ya sea porque estas se presentan con rostros, escenarios y actos diferentes, pero la realidad es que son las mismas. 

La gran mayoría de nuestros aciertos y desaciertos son con el mismo tipo de personas, actos y cosas. Sirva, para ilustrar lo anterior, esta pequeña disgregación intelectual.

La mujer, al buscar pareja, siempre voltea a ver ligeramente hacia abajo. Algunas de ellas, incluso, tienen vocación espeleológica. Voltean a ver tan abajo que uno no se puede explicar el porqué de ello, aun cuando sabemos y entendemos las razones antropológicas de su vocación.

Antes de que se enojen conmigo me es menester explicar que esto le sucede a todos menos a nosotros. Es decir, estoy cierto de que las mujeres que nos eligieron como pareja voltearon a ver hacia arriba, tanto como las dos o tres lectoras que tengo lo hacen, ya que estas, cuando eligieron a sus parejas, voltearon también a ver hacia arriba. Explicada la excepción, regreso al tema de la mujer.

Tengo una amiga que constantemente se queja de la suerte que tiene con los hombres. Todos, absolutamente todos poseen el mismo común denominador. Todos necesitan ser redimidos por ella. Tan pronto los redime, finiquita la relación, y se queda en la inconsciente y atenta espera de que aparezca otro ser a medio hacer que necesite de su redención.

Por supuesto que como esto es algo que obedece a su esencia, lo repite una y otra vez. De hecho no solo lo repite, sino que lo mejora. Cada uno de sus pretendientes ha sido peor que el anterior. Recuerde usted que la personalidad es progresiva y mortal. Nunca va a menos, siempre va a más. Los errores se magnifican y las virtudes se mantienen.

En otras palabras, la esencia de ella le hará gravitar normalmente hacia ese tipo de individuos y lo hará de manera inconsciente, en donde la única forma en que ella pueda revertir esa tendencia, será aceptando que así es para poder mantenerse alerta y darse cuenta cuando el error se presente con una cara bonita que le diga: hola.

El día que se confié y baje la guardia, su esencia la llevara a repetirse en el mismo error. Claro, le quedara el consuelo de que la vida se los puso así.

Revise usted sus aciertos y desaciertos. Descubrirá que unos y otros poseen el mismo común denominador. Siempre acierta con el mismo tipo de personas, actos y cosas. Así como siempre se equivoca con el mismo tipo de personas, actos y cosas. Tan es así que el instinto le avisa que se está equivocando, y sin embargo no solo ignora el aviso, sino que además se reconforta en el error, sobre todo si el error tiene un muy buen ver y un mejor tocar.

Es por ello que de nada nos servirían esos años de juventud recuperada de la que me hablaba la persona que me llevo a escribir este artículo. Lo más seguro es que él, como usted y como yo, cometamos los mismos errores. Y no solo eso, sino que además los cometeríamos con gusto.

Por favor no se enoje conmigo. Revise su presente. Para que querría usted recuperar años de juventud si la realidad es que no ha hecho nada para enmendar sus errores. Porque justo es reconocer que oportunidades ha tenido… Y sin embargo, no lo ha hecho.

Es como el tema de la inmortalidad. Lo que le gente quiere no es ser inmortal, sino ser eternamente joven. Con el mito de la juventud recuperada pasa lo mimo, lo que la gente busca no es emendar los errores, sino poder volver a vivir los mismos con esa intensidad y fuerza que ya no tiene.

La persona que me llevo a escribir este artículo me dijo que uno de los actos que enmendaría es el de su matrimonio, que se casaría con otra persona pero no con la que se casó. Sin embargo, lo que no dijo es que muy probablemente esa otra mujer con la que le hubiese gustado casarse y que vive en su imaginario pero no en la vida real, es muy parecida a la actual, solo que como no vive con ella, la idealiza y mitifica.

Cuando le pregunte la razón por la cual no lo había hecho, me contestó que el matrimonio es para toda la vida y que si ya se había casado con su esposa, no podía divorciarse de esta para casarse con la otra, tanto por el tema de los hijos (todos grandes y casados) como por sus creencias religiosas… En otras palabras, puras incongruencias y contradicciones que no pasan el filtro de la razón

Estadios antropológicos.
En un artículo anterior escribí sobre la Crisis de Mediodía. En ese artículo comenté que los seres humanos pasamos por varios estados antropológicos, los cuales enlisto a continuación:

La inmediatez inconsciente (de los 3 a los11 años);
Presente inmediato (de los 12 a los 18 años);
Presente consciente (de los 19 a los 38 años);
Crisis de mediodía (de los 39 a los 50 años);
Futuro inmediato (de los 51 a los 65);
Futuro declinante (de los 66 a los 75 años);
Inmediatez consciente (de los 76 en adelante).

Cada uno de esos estadios tiene características que lo hacen inconfundible, aun cuando las personas habiten geografías, religiones, historias y culturas diferentes.

En este caso nos vamos a centrar en el estadio del Futuro Inmediato, dado que en esa etapa esta la persona que me cuestiono sobre el tema que nos compete.

En este estadio las personas tomamos dolorosa conciencia de que el paso del tiempo no solo es inexorable, sino que además este se queda en cada arruga y en cada cana de nuestro ser, por lo menos así le sucede a los hombres, ya que a las mujeres el paso del tiempo se les queda como una bella expresión facial, ya que las arrugas son de los hombres, no de las mujeres.

En este estadio el cuerpo embarnece más allá de las dietas y cuidados que pongamos en nuestra nutrición, cosa que en realidad no hacemos, ya que en este espacio de tiempo-edad volvemos a comer como cuando eramos niños: con los ojos. Sabemos que es lo que debemos comer, pero no lo hacemos, ya que son los ojos los que nos dicen lo que hemos de comer. Así, pues, en esta edad comemos con los ojos, no con el cerebro.

El cuerpo se está preparando para la vejez y lo hace de tal forma que hasta lo que no engorda lo convertimos en grasa, lo que obviamente, ante los ojos de los demás, nos hace ver exactamente iguales a esas personas que cuando las veíamos nosotros decíamos: que grande esta esa señora o que grande esta ese señor...

En síntesis, es la edad en la que empezamos a parecernos a Sancho Panza pero sin dejar de sentir como el Quijote.

Podemos, en el estulto afán de no envejecer, recurrir a la cirugía estética, al tinte de pelo o a la vestimenta, no obstante la realidad es que esto no nos va a hacer más jóvenes ni más atractivos al sexo complementario (que algunos llaman erróneamente opuesto). La realidad es que la gran mayoría de las veces lo único que logramos con esto es vernos más viejos.

Las nuevas generaciones son como los carros: cada año salen nuevos y más bonitos; al tiempo que nosotros nos vemos mayores y, en algunas ocasiones, ridículos. Bueno fuera que nos viéramos como un clásico, pero eso solo aplica a los carros.

Amén de la dolorosa toma de conciencia de la edad y de que es justo en esta edad cuando uno empieza a desarrollar esta extraña manía de que ya no lo persigan a uno, nos damos cuenta también de que los demás comienzan a vernos más como somos que como queremos ser.

La principal señal de esto nos la dan los hijos. Estos hablan entre si y cuando hablan de nosotros es común que les escuchemos expresiones como: Hay mi mamá… O hay mi papá. Expresiones de cariño que llevan implícitas un tinte de conmiseración.   

La vida es una caja de asuntos pendientes.
Otras de las cosas que toma uno conciencia es el hecho de que la vida es una caja de asuntos pendientes. Cosa que no pensábamos cuando nos creíamos inmortales, pero ahora que ya no nos podemos mentir frente al espejo y que el cuerpo nos habla, tenemos que asumir con dolorosa resignación que hay muchas cosas que jamás alcanzaremos a hacer y que por ende nuestra obligación es enfocarnos mucho más que antes.

Se supone que a esta edad ya debemos tener las bases de lo que sigue, sin embargo la realidad es que es todo lo contrario. Mucha gente al llegar al estadio del Futuro inmediato (de los 51 a los 65), descubre que está en la etapa más álgida de su devenir. El dinero no lo supo usar o lo invirtió mal o lo poco mucho que genero se le fue en la familia.

De una forma u otra ese ingreso constante que tenía antes se perdió o está en riesgo de perderlo, ya que el entorno nos ha dejado de considerar como opción, amén de que hemos dejado de inventarnos… Y dejar de inventarse es empezar a morirse.

No obstante esta puede ser la etapa más productiva de todas, y lo será solo si la persona acepta su realidad y deja de competir con los jóvenes en lo que compiten ellos. Lo que debe de hacer es definir cuál es su ventaja competitiva No puede ser que tantos años de vida no le haya arrojado una. La debe haber. Pero hay que salirse de la caja para verla objetivamente.

No pretenda usted hacer lo que siempre hacia. Créame que las cosas que hacía en las formas en que las hacía, ya están en vías de la obsolescencia. Cada día salen formas que el mercado aprecia más que las suyas. Si quiere competir en lo mimo, se va a quedar atrás y con un espacio cada vez más reducido.

Lo que tiene que hacer es descubrir su ventaja competitiva, es decir, eso que solo tiene usted y nadie más. Y ya una vez que la tenga definida, empáquela y véndala, pero deje de comportase como un jovencito y de competir con ellos. Le van a ganar.

Más claro, usted tiene una experiencia diferenciada. Su futuro inmediato no esta en el pasado, esta en su experiencia diferenciada. Empaquela y vendala. 

Nos leemos en el siguiente artículo.

domingo, 27 de mayo de 2018

Dos neuronas.


No pretendo que este artículo sea el más polémico de todos los que he escrito, no obstante es casi seguro que sea el que más ámpulas levante y el que más detractores tenga, ya que el objetivo de éste es subir a la palestra ese cumulo de ideas que hemos dado como buenas y que no estoy cierto que lo sean, razón por la cual escribo este artículo para retroalimentarme de la siempre rica pluma de mis lectores.


Recién sostuve una charla con una mujer que ocupa un lugar muy importante en mi vida. Es una mujer a la que conozco desde hace poco más de tres lustros, por lo que he sido testigo de su devenir. Actualmente está en sus primeros treintas. Madre de dos hijos que son para ella algo así como un motor adicional, y enfatizo la palabra adicional debido a que no necesita de un motor externo para lograr sus metas. Ella en sí misma es motor y es un motor al que pocos le pueden seguir el ritmo.

La conocí en una empresa donde entro como practicante y en donde a fuerza de talento, ingenio y resultados llego a ocupar el puesto vértice de su unidad de negocio. No conoce otra cultura empresarial ni otra forma de hacer negocios más que esa en la que creció y que le ha dado excelentes resultados.

En este momento está inmersa en una de esas disyuntivas disruptivas que nos presenta la vida. Recibió una propuesta de matrimonio de un hombre atípico, es decir, de un hombre que no encaja con el molde de los hombres que la han buscado ni tampoco en el molde de la filosofía de vida y de negocios en los que ella ha crecido.

El hombre en cuestión tiene cuatro años pretendiéndola. Intervalo en el que con lenta paciencia han estado intercambiando pareceres y filosofías. No obstante la disyuntiva es de ella, no de él, ya que al aceptar casarse con él, se vería en la necesidad de cambiar de ciudad, de entorno, de cultura y otros etcéteras más que debe considerar, por lo que disrupción la sufre ella, no él.

Él nunca ha trabajado en la nómina de un tercero, razón por la cual le cuesta entender el como ella ha hecho de ese entorno un hábitat al que hoy, por obvias razones, no quiere renunciar.

Él piensa que aquel que trabaja para otro termina subordinando la redacción de su biografía al lápiz de otro escritor. No obstante entiende que la empresa es un fenómeno por excelencia y que todos los han crecido bajo la égida empresarial, la ven como una opción obvia y natural.

Opción donde no solo buscan resolver la vida desde un punto de vista pecuniario, sino que además buscan reducir el nivel de angustia e incertidumbre del vivir. Sin embargo le cuesta trabajo entender que ella, con su enorme capacidad, inteligencia y fuerza, no opte por crear un escenario de ella y no de otros.

Ópticas antropológicas.
Una persona que no está en la nómina de un tercero, se ve en la necesidad de inventarse día a día, sin importar si trabaja por su cuenta o si es dueño de un consorcio industrial, inmobiliario, financiero o de otro índole. Este se debe inventar día a día y el día que no se invente, el mercado se lo va a cobrar.

El otro, el que está en la nómina de un tercero, no necesita inventarse. Necesita operar y resolver. Tanto uno como otro son importantes, amén de que cada escenario posee su nivel de estrés.

La diferencia estriba en que los que se inventan día a día aprenden a vivir con la incertidumbre, el cambio y el riesgo como parte inherente de la vida. Su tolerancia a la frustración se pone a prueba todos los días.

Así, pues, el miedo y la incertidumbre les son consustanciales, dado que nada es cierto hasta que se concreta. Tienen tanto miedo como los otros, pero el diferendo está en que ellos no consienten su miedo.

Los que están en la nómina de un tercero, aprenden a vivir con la intriga, el chisme, el rumor. Con la falta de responsabilidad y con la búsqueda de culpables. Trabajan en un ambiente sumamente estresante en el que tienen que lograr que la operación genere los resultados que espera el mercado, aun a costa de las insuficiencias humanas y tecnológicas de su entorno.

Los primeros se levantan, toman una ducha, desayunan y salen al mercado a inventarse. Los segundos, se levantan, toman una ducha, desayunan y salen al mercado a operar. 

Unos crean otros operan. Los primeros son capaces de apostar todo en un proyecto empresarial, al grado que muchos de ellos ni casa tienen (el dinero está en el negocio, no en la casa). Los segundos van a lo seguro, a lo estable, a lo sólido y predecible.

Los primeros no se aburren nunca, tienen una mente que nos les deja descansar. Siempre están ideando, innovando, creando alternativas, construyendo planes alternos debido a que la vida es oblicua y nunca sabes por donde va a surgir la oportunidad o el escollo. Los segundos van a lo seguro, a lo estable, a lo míticamente congruente.

Unos y otros son valiosos y de suma importancia para la sociedad, no obstante son animales diferentes. Valga la disgregación debido a que ella y él pertenecen a mundos diferentes. Ella necesita del trabajo para sentir que gana su dinero, que es independiente y autónoma. Él le dice que deje de trabajar, que eso no es lo importante. Que ya tendrán, cuando estén juntos, mil  y un cosas que hacer.

Ella le dice que debe ganar su dinero. Él le dice que no es necesario, que el dinero que hagan es de los dos. Ella se resiste. Él insiste.

El tema aquí no es educir quien o cual de los dos tiene la razón. Los dos tienen razón y los dos son obsecuentes a su entorno cultural, sin embargo lo importante aquí es entender por qué uno y otro discurren así.

Solo la superficie se conoce a sí misma.
En más de una ocasión he sostenido el hecho de que nosotros somos el resultado de una suma de causas. No obstante hay causas que inciden más en nosotros que todas las demás. Identificar estas causas nos permitirá dirigirlas para que seamos nosotros los que dirijamos las causas en lugar de que estas nos dirijan a nosotros.

Para dar con las causas incidentales nos es menester bucear en lo más profundo de nuestras simas, lo cual no es grato ni placentero. Ya una vez que nos aventuremos a nuestros abismos, lo que sigue es identificar las causas, entenderlas, digerirlas y dirigirlas.

Me queda claro que hay quienes creen que se conocen a si mimos. Nada más lejos de la realidad. Solo la superficie se conoce a sí misma. Es por ello que cuando a los superficiales les da insomnio (lo cual es una contradicción), se les recomienda que cuenten sus defectos y de inmediato se quedaran dormidos.

Así, pues, se requiere dejar la superficie que habitualmente habitamos y bucear en los abismos del ser para encontrar la causa o las causas que definen nuestro basamento de creencias y que dirigen nuestro inconscientemente accionar. Mientras no hagamos esto, siempre vamos a creer que estamos en lo correcto.

Con esto no quiero decir que él o ella están equivocados, sino que cada uno de ellos interpreta la vida en función de sus basamentos, lo cual no significa que tengan que ser concluyentes.

De hecho la primera responsabilidad que un ser humano tiene para consigo mismo, es revisar su código de creencias en función de los resultados y metas a lograr. Es alógico y estulto pensar que haciendo las mismas cosas vamos a lograr resultados diferentes.

La inteligencia es la falsa medida del hombre.
Todos somos inteligentes para unas cosas y mediocres para otras. La inteligencia opera con los datos que tiene en el sistema. Si los datos están acotados y reforzados por nuestras asociaciones libres y por años de hacer las mismas cosas, no podemos esperar que la inteligencia llegue a resultados diferentes.

Se requiere una inteligencia superior para poder analizar, diseccionar, entender y dirigir otras culturas y entornos, tanto desde el punto de vista empresarial como antropológico.

El devenir de mi oficio me ha permitido interactuar con personas cien por cien disímbolas a mí, lo cual, sin lugar a dudas ha sido desgastante, pero sumamente enriquecedor. Entiendo, por ejemplo, la cultura del ejecutivo, empleado u operario que siempre ha estado bajo el manto protector de una estructura.

Lo lógico y plausible en ese entorno es que la persona aspire a lograr mayores cotas de responsabilidad y acción, entendiendo que los beneficios serán una resultante de los mismos.

Las personas que han hecho la vida en este entorno y cultura, difícilmente quemaran sus naves para ir a emprender una gesta antropológica o empresarial donde nada está hecho. Y no lo harán aun a sabiendas de que nadie como ellos para sacar operativa y administrativamente su proyecto.

Para estas personas sería muy difícil dejar de hacer lo que hacen para ir hacer nada, es decir, para darse el tiempo para crear trabajo en lugar de buscar trabajo. Es por ello que cuando estas personas se quedan sin trabajo, lo primero que hacen es buscar trabajo, porque lo que saben es ir a una empresa, no crear empresa.

Insisto, no es que unos valgan más que otros. Tan importante los creadores como los operadores. Nada son los creadores sin los operadores como tampoco nada son los operadores sin los creadores. Unos y otros se completan y complementan. Así, pues, no se trata de ver cuál es más, sino de entender lo extraordinariamente difícil que es para uno vivir en el mundo del otro.

Las tablas te las da el escenario.
Entre más expuesta este la persona a mentalidades, religiones, culturas y oficios diferentes, más entendimiento tendrá de los mismos y de las normas que rigen el inconsciente accionar de esas personas.  

Se requieren dos neuronas para entender que lo nuestro no es lo único que existe. Gracias a este entendimiento es que el mundo progresa.

Veamos un ejemplo: Estados Unidos de Norteamérica.
 Los países de habla hispana del continente americano están muy orgullosos de sus raíces, aun cuando el habitante promedio no tiene en la sangre ni el 2% de esos a los que consideran sus ancestros. Cierto que hay mucho de encomiable en esas culturas, pero también es cierto que son culturas que se han cerrado al mundo, limitando con ello la exposición a nuevas formas de ver y vivir la vida.

El ultimo choque de culturas de esas naciones fue hace 500 años, después de ello no ha habido ningún otro. Los americanos, por el contrario, descienden de los barcos. Más del 50% de la población encuentra sus raíces en otras partes del globo. Y no solo eso, sino que además siguen llegando una gran cantidad de migrantes a estudiar, trabajar y vivir en ese caótico país.

Estados Unidos es un país donde el choque de culturas ha sido una constante. Usted puede caminar en New York y escuchar idiomas de todo el mundo. El choque de culturas crea caos y genera creación y desarrollo económico.

Japón, por ejemplo, es el país que más patentes registra a nivel mundial, seguido en segundo lugar por los Estados Unidos. No obstante la migración en Japón no llega al 2% mientras que en Estados Unidos es poco más del 14%, lo que hace que este país sea caordico, pero sumamente creativo y con un enfoque comercial que no tiene ningún otro país. 

No estoy apuntando aquí si un país es mejor que otro, sino que los países que más se abren a otras culturas, son los que más oportunidades capitalizan. Lo mismo pasa con las personas...

Aquella persona que está casada con sus formas está condenada a la estabilidad (la envidiaría cualquier planta), a la predictibilidad y a la monotonía. No habrá nada nuevo bajo el sol. La obra siempre es la misma. Cambia el escenario y los actores, pero no la trama de la obra.

Ni duda cabe que la persona en cuestión será la mejor en ese papel, pero se estará condenando a la infinita repetición de sí misma.

Estiércol conceptual.
Líneas arriba decía que la primera responsabilidad que una persona tiene para consigo misma, es revisar su código de creencias en función de sus metas de vida. Auscultar las mismas nos llevará a preguntarnos qué es lo que realmente queremos y cuál es el precio que por ello estamos dispuestos a pagar.

En la vida nada es caro cuando sabes su precio, porque entonces ya decides si lo pagas o no. El problema es cuando jamás hacemos esto. Es decir, cuando nos casamos con lo que estamos haciendo sin detenernos a preguntarnos si en realidad eso es lo que queremos..., por lo menos hasta que el destino nos alcance y nos obligue a revisar lo hecho… Y justo en ese momento es cuando tomamos conciencia de que tanto eso que logramos es lo que realmente queríamos.

Mi edad me permite un alto nivel de interacción con personas de mi segmento etario y con otras tantas arriba de él. Por lo general lo que leo en ellos es resignación. No era lo que querían, pero si lo que debían. Es decir, le dieron y le dan razones a su razón para aceptar con resignación el paso de una vida que ya no tienen ni tendrán.  

Regresemos a la autora intelectual o inspiradora de este artículo. Me es menester reconocer que no pude fundamentar, porque me falto capacidad en ese momento, el por qué si o por qué no de su raciocinio. Esta tan casada con el hecho de que debe generar su propio dinero, que no ve más allá de ese horizonte.
En otros artículos hemos explicado que en la vida todo lo masculino es pasivo y todo lo femenino es activo. Al mundo lo mueve la mujer, no el hombre. El hombre lo opera, pero no lo mueve.

Así entones cabe la pregunta; porque pudiendo ser león, se empeña en maullar como gato. Si ella es la inspiradora de todo lo que él hace, justo es que el logro sea de los dos. No tiene que abrir y cerrar la caja registradora para sentir que el logro es de ella.

No concibo que los grandes potentados de las finanzas o del mundo empresarial, se sientan menos cada que uno de sus directores, asociados o colaboradores cierra un buen negocio. Al contrario. Ellos lo pueden hacer gracias a ellos. Unos y otros se completan y complementan.

En el matrimonio es lo mismo. El día que la mujer entienda que se debe atender a sí misma, que se deba dar tiempo para ella, para consentirse, para mimarse, descubrirá que ella y solo ella es el centro del universo de su casa y de todos los que gravitan en su órbita, porque ella es la que nutre y alimenta a todos.

Cierto que hay mujeres que no tienen opción y que se ven obligadas a trabajar para sacar adelante a sus hijos, no obstante hay otras que teniendo la oportunidad de trabajar en ellas no lo hacen por el mito de la igualdad. Prefieren trabajar para un tercero que para ellas mismas.

No estoy en contra de que la mujer trabaje. Estoy en contra de que trabaje en algo que no le dé tiempo para sí misma. Si la mujer tiene la oportunidad de hacer que él genere la plataforma patrimonial de la familia, esa y no otra debiera ser su prioridad.

Crear un patrimonio no tiene ciencia. Cada quien lo crea acorde a sus capacidades. En cambio crear una familia es una tarea titánica. Es algo, que si nos basamos en los hechos, pocos pueden lograr.

Al final lo que le estamos entregando a la sociedad son operadores, de los cuales ya hay muchos. Lo que necesitamos son creadores y muchos.

Lo más difícil siempre debe ser para el más apto y el más apto para crear un hombre de bien es la mujer. Si la sociedad va a cambiar para bien será gracias a la mujer….

La pregunta es: ¿lo entenderá la mujer?

Nos leemos en el siguiente artículo.