lunes, 13 de abril de 2015

Educar lo que queremos.

La empresa es un fenómeno social por excelencia. No obstante las ventajas que ha traído la constante expansión empresarial, los claroscuros de esta se han dejado sentir en todo el planeta y nuestro país no es la excepción.

En 1950, de cien personas que estaban en edad y capacidad de trabajar, 55 estaban en el auto empleo y 45 en la nomina de los primeros. Hoy, 65 años después con sesenta y cinco veces mas profesionistas que en la década de los cincuenta, 8 están en el auto empleo y 92 en la nomina de los primeros.

¿Qué cambio? ¿En que momento los padres de familia cambiaron el enfoque para empezar a formar a aquellos que trabajarían bajo la nomina de una persona en lugar de formar a aquellos que crearían las nominas donde trabajarían otras personas?

En 1950 la dinámica empresarial que imperaba era la de núcleo. Las empresas eran familiares. En ella trabajaban todos los integrantes de la familia, padres, hijos, familiares y parientes. Los infantes tenían claro el horizonte y sabían que de grandes iban a continuar y crecer lo que sus padres o abuelos habían iniciado.

No existía el concepto de orientación vocacional. Existía el oficio y los padres se encargaban de que su prole lo adquiriera desde temprana edad. La gente estaba orgullosa de su oficio, sin importar si este era de zapatero, plomero o industrial. La capacidad de hacer crecer el oficio estaba subordinada al trabajo, inteligencia y audacia de los padres, sin embargo todos tenían la responsabilidad de trabajar en la empresa de la familia.

En la década de los sesenta empezó el cambio. Los padres de familia querían que sus hijos tuvieran un futuro mejor que el de ellos. Un futuro donde no estuvieran a expensas de los vaivenes del mercado y del siempre cambiante gusto del publico. Un futuro donde no tuvieran que preocuparse por lo que ellos se preocupaban, de tal suerte que pudieran dedicarse a desarrollar su carrera para ser los mejores en ella y construir un mundo de comodidades y tranquilidades diferentes al de ellos.

Los padres empezaron a enfocar la formación y dirección de los hijos hacia el ámbito académico. Era un orgullo tener un hijo abogado, doctor o ingeniero. Los profesionistas estaban en la cúspide del poder. Eran el poder visible en casi todas las instituciones. Lo que menos querían los padres era que sus hijos estuvieran en la empresa. Su responsabilidad, les decían, era estudiar. Ya tendrían tiempo para trabajar cuando adultos, por lo que los apremiaban a estudiar y graduarse con las mejores notas para poder tener acceso a un mundo que ellos jamas podrían tener: el mundo ejecutivo.

En la década de los setenta se agudizo el proceso, ampliándose dramáticamente en los ochentas. Ya no era suficiente tener una carrera. Era menester tener una maestría y otro idioma. Los profesionistas mas cotizados eran aquellos egresados de universidades extranjeras. Estos no solo se habían graduado en una universidad extranjera, sino que ademas hablaban otro idioma y habían visto otras formas de hacer las cosas.

En los noventas tener una carrera profesional era visto como antaño tener la secundaria. Era el estudio mínimo que se le pedía a un individuo para ser considerado dentro de una empresa. Lo común era tener dos carreras y una maestría o una carrera y dos maestrías. Poco a poco se fue abriendo una brecha en donde era más importante tener una carrera que un oficio. Los jóvenes graduandos soñaban con entrar a trabajar en una empresa en la que pudieran hacer carrera. Consideraban que era un gran negocio trabajar en un gran negocio.

El oficio empresarial se fue perdiendo. El valor estaba en los títulos, no en el oficio. Entre mas títulos tuviera una persona, mas se cotizaba en el mercado. Al grado que se empezó a necesitar titulo para lo que antaño era un oficio. Ya no era suficiente con ser un cocinero, ahora era menester graduarse de Chef para trabajar de cocinero. Era necesario tener un titulo de Dirección Hotelera para trabajar de recepcionista en un hotel y lo mismo pasaba en muchas áreas donde antes era mas importante el oficio y la experiencia que el titulo en si.
Hoy, muchos de los jóvenes graduandos descubren que el mercado no tiene la capacidad para darle cabida a todos. Descubren que los títulos para lo único que sirven es para llenar vanidades y panteones, por eso se llama panteón, lugar de muchos dioses. 

Hoy hay carreras de todo. Muchas de ellas son terapia ocupacional para los jóvenes y espiritual para los padres. Los primeros pueden decir que están estudiando y los segundos sentirse tranquilos de que sus hijos están cursando una carrera que seguramente les ayudara a abrirse espacio en la vida, aun cuando la realidad es que solo el 3% de la gente terminara trabajando en lo que estudio.

Las nuevas tecnologías están revirtiendo el proceso. Cada vez son y serán más las personas que trabajen en el auto empleo. Las empresas tenderán a contratar cerebro de hora más que mano de obra. Producto versus tiempo. No obstante los padres de familia y las universidades deben cambiar el enfoque.

Las universidades le tienen que dar mas valor al auto empleo. Les deben crear el marco intelectual, cultural y social que los lleve a la investigación dirigida, a tener entrevistas y conferencias desde el primer semestre con jóvenes emprendedores que han sabido encontrar su nicho en función de su ser. Todo se da por contagio y entre mas los expongan a jóvenes emprendedores, mas se les contagiara la visión y pasión de estos.

En los hogares debemos crearles el entorno cultural, intelectual y mental que los lleve a contemplar el auto empleo como la opción a desarrollar. Debemos crear mesas de análisis y debate con los nuestros, en donde el objetivo no sea decirles lo que deben de hacer, sino crearles los escenarios y las interrogantes que les lleven a descubrir que es lo que deben de hacer en función de lo que son y de la dinámica del mundo.

Necesitamos formadores de empresarios. Los necesitamos en los hogares, universidades y empresas. Necesitamos formadores que entiendan que una cosa es la instrucción pública, otra la formación y otra la educación. La instrucción publica se da en la universidades, la formación en las empresas y la educación en los hogares.
Nada ni nadie puede ir contra su esencia. El gobierno, las universidades y las empresas son facilitadores. La esencia de dichas instituciones no es la generación de soluciones, su responsabilidad y esencia consiste en poner los medios para que la gente haga lo que le enseñaron en su casa. Estas instituciones reciben el material humano que nosotros les entregamos y con eso hacen lo que pueden.

La solución de muchos de nuestros problemas esta en casa. A nosotros nos corresponde educar. La esencia de la familia es educar, no instruir. La palabra educar viene del latín -educere- que significa extraer lo mejor de. Y es a nosotros a quien nos toca extraer lo mejor de los nuestros. Si queremos un México mejor, necesitamos entregarle gente mejor.

sábado, 11 de abril de 2015

Códigos antropológicos.

El código antropológico es el significado inconsciente que le damos a cualquier acto, sujeto, lugar u objeto con el que interaccionamos o nos relacionamos El código, en cuanto a significado, cambia en función de la estructura familiar y el entorno cultural en el que el individuo creció. El acto de una persona tiene un significado si esta nace y crece en Mexico, otro si nace y crece en los países eslavos y otro si nace y crece en el Medio Oriente. Es la geografía, la raza y la historia en la que nace y crece el individuo lo que determina el significado de los actos.

Los códigos antropológicos que posee una persona son los que hacen que esta acepte o rechace lo que ve y se le ofrece, ya sea un objeto, producto, idea o concepto. Lo mismo pasa con las ofertas de trabajo y propuestas de negocios. Los códigos que la persona posee son los que le hacen decir sí o no. Nuestros códigos son los causantes indirectos (no conscientes) de que nos estanquemos o avancemos. 

Los códigos antropológicos se adquieren de manera inconsciente durante los primeros siete años de vida. Navegamos con ellos hasta que poco a poco los vamos complementando con nuevos códigos que adquirimos de manera racional, consciente y voluntaria. El problema de los códigos adquiridos es la formación o deformación que tengamos de nuestra conciencia. 

La conciencia no es otra cosa más que la capacidad para identificar y llamar a las cosas por su nombre. Una persona que no tenga la capacidad de identificar y llamar a las cosas por su nombre, confundirá la realidad con la teoría, el deber ser con el ser, la moral con lo natural. Este tipo de personas tendrán serios problemas para cambiar sus códigos, ya que estos obedecen a su mente, no a la realidad.

Los códigos antropológicos son el resultado de emociones intensas que nos ocasionaron ciertos actos, sujetos, lugares u objetos, y que determinan nuestro inconsciente hacer, vivir y consumir. 

Estos explican ese hacer que hacemos sin saber o estar conscientes de que porque lo hacemos. Por ejemplo las personas que poseen un Jeep, se distinguen por su tendencia a ser individualistas y solitarios. Se les dificulta un poco hacer equipo. No obstante son amables, de risa y sonrisa fácil. Son personas que por lo general se sienten comprimidas por su entorno doméstico (casa, matrimonio, familia, etc.). El Jeep es el medio por el cual satisfacen su necesidad de libertad y escape, lo que le hace más llevadero el tema del entorno. Esto quiere decir que al resolver su entorno el Jeep deja de tener sentido.

Otro ejemplo de un código antropológico es el baño. La razón por la cual permanecemos más tiempo del necesario en el baño es debido a que de infantes aprendimos que ya una vez que podíamos usar el papel higiénico, lográbamos un espacio de independencia que nos permitía cerrar la puerta del baño y dejar afuera a nuestros padres. Los cuales, cosa sorprendente, nos felicitaban por esto. Solo cuando el infante es capaz de utilizar el papel higiénico por si mismo, queda libre para encerrarse detrás de la puerta del baño con la anuencia de sus padres. El baño pasa a ser algo más que un baño. Es el lugar donde podemos estar con nosotros mismos, aislándonos momentáneamente de la familia y del mundo. 

Los códigos antropológicos permanecen en nosotros como improntas que le dan forma a nuestros pensamientos y acciones, definiéndonos como individuos y miembros de una cultura, región o nación. 

Por ejemplo, el Sol, en francés, es le soleilun sustantivo masculino que los franceses asocian estrechamente con el Rey Sol, Luis XIV. Los franceses perciben el Sol como masculino, lo que les hace ver a los hombres como iluminados, brillantes. Las mujeres, por el contrario, son asociadas con la Luna, la lune (palabra femenina). La Luna no brilla por sí misma. Refleja la luz del sol. Esto quiere decir que en Francia la mujer brilla más por el hombre que la acompaña que por sí misma.

En Alemania, aún a pesar del nombre -Alemán = lugar donde viven los hombres-, sucede todo lo contrario. El sol, die sonne (palabra femenina), hace que los alemanes perciban a las mujeres de diferente forma que sus vecinos los franceses. Para los alemanes las mujeres representan la vida. Son las que le dan calor al mundo. Las que hacen que las cosas crezcan. Las que crían a los bebes. El hombre, por el contrario, es la noche. La oscuridad, der mond (termino masculino). El alemán brilla por la mujer que le acompaña.

Es como el azul y el rosa del catolicismo latino y del cristianismo en general. El azul representa el cielo. El lugar donde mora Dios. Lugar etéreo, distante, inalcanzable. 
El rosa representa la cercanía, lo íntimo, lo próximo. Representa la entrega (rosa son los labios vaginales, rosa es la vulva). Lo delicado, tierno, bello, hermético. Códigos que hacen que vistamos a los niños de azul y las niñas de rosa sin tener la más mínima idea de que por que lo hacemos o de lo que representa. 

El código antropológico para la mujer en México es Tierra; para el hombre es Dios.

En México la mujer es como la Tierra: es real, tangible. Es cimiento. La mujer es la dadora de vida y alimentos. El hombre es como Dios: Etéreo. Distante. Irascible. Está diferencia en los códigos hace que la relación con nuestros progenitores sea diferente. En México a la Madre se le ama, se le pone en un altar, se le protege, se le cuida. El Padre rara vez ocupa un lugar como el de la Madre. Al Padre primero se le idealiza, después se le teme y al último se le tiene una tolerancia cariñosa.

Es por ello que en México los dos días más venerados son el 10 de mayo y el 12 de diciembre. El del padre es un día más. Un día sin la significación que tiene el día de la madre o de la virgen de Guadalupe.

Está diferencia incide también en el comportamiento de uno y otro: La mujer (terra -seco) tiene los pies en la tierra. Su fantasía mengua el día que se casa y se extingue el día que tiene su primer hijo. Una mujer que tiene hijos se torna práctica, funcional. Persigue y vive realidades, no fantasías.

El hombre (Deus-lo que brilla) tiene los pies en el aire. Deslumbra y se deslumbra fácil. El hombre se va por lo que ve, por lo que brilla, por la apariencia, por la forma. Es soñador, fantasioso, quijotesco, idealista. Se afana en conquistar lo inexistente, lo irreal. Vive una fantasía que se extiende del útero a la tumba. 

La Mujer busca que la relación funcione, y la relación funciona cuando ambos asumen su rol y responsabilidad. El hombre (esposo, hijo, hermano) busca que la mujer le ayude a construir su sueño, más allá de si él cumple o no del todo con su responsabilidad. El hombre en México es como Dios. Le puedes pedir, no obstante él decide si responde o no.

La impronta y su código son como un candado de combinación. Entre más combinaciones desvelemos, mejor será el entendimiento de nosotros mismos y de los demás.


viernes, 10 de abril de 2015

Vocación y carácter.

En el artículo de Anómalos, Periféricos y Masa explico las características Antropológicas de unos y otros. No obstante hoy vamos a hablar de un perfil en particular: el de los Anómalos. 

Comentaba en el articulo arriba mencionado que los Anómalos son considerados así debido a una anomalía genética que los separa y distingue de los demás. Estos poseen una anomalía genética que se manifiesta entre los cuatro y ocho años de edad y que empieza definir su dirección a partir de los diez años de edad. 

No obstante es menester que a estos se les refuerce dicha anomalía (talento). Esta, sin la adecuada dirección y determinación se ira inhibiendo, lo que muy probablemente termine afectando seriamente al individuo, ya que no solo no encajara con los Anómalos (su perfil natural), sino que tampoco lo hará con los Periférico ni los Masa. Será un extraño entre extraños.  Cuando los Anómalos no son dirigidos o cuando no poseen la determinación necesaria para imponerse a su entorno, crecen con un sentimiento de in adaptación mayúsculo. No encajan en ningún lado. Crecen convencidos de la superioridad de su saber y frustrados de la inferioridad de su poder.

Identidad y destino.
La vocación siempre empuja por salir y el entorno por comprimir. 

Vocación viene del latín Vocatio -llamado de mi naturaleza. La vocación no es otra cosa más que el llamado de mi naturaleza. Esta se manifiesta desde la primera infancia. Nuestros ancestros decían que por la forma de agarrar el taco se reconoce al que es tragón. Esto quiere decir que el Es de cada quien esta ahí desde el origen, ya sea dormido, inhibido, perdido o activo. En todos los casos, la dirección y determinación son el distingo que marca la pauta entre los que triunfan y los que no.

La dirección se explica sola. Es la formación y cauce que los padres dan a la anomalía del hijo. No obstante la gran mayoría de los padres tienden a inhibiría. Sirva para ilustrar lo anterior el siguiente ejemplo: es común encontrar niños que desde la primaria hacen negocios con sus compañeritos, ya sea vendiendo cosas o intercambiando cosas (trueque). Cuando los padres se dan cuenta tienden a inhibir ese comportamiento, ya sea por pena, por lo que dirán los padres de los otros niños o por su propia opacidad de miras. Cuando lo correcto seria estimular el sentido comercial del hijo, reconociendo ante los demás miembros de la familia su emprendimiento.

El otro tema es el de la determinación. Este tiene que ver con el individuo. Con su fortaleza de carácter, es decir, con su capacidad para acometer y resistir. 

Líneas arriba decíamos que la vocación siempre empuja por salir y el entorno por comprimir.
El entorno son los padres, parientes, vecinos, amigos, etc. Estos son el principal obstáculo de la vocación. Son los que limitan, coartan e inhiben lo que el otro es. Los padres lo hacen pensando que eso es lo mejor para los hijos. Amen de que siempre será más fácil educar y formar al hijo para que encaje con los demás, para que pueda encontrar trabajo y tenga una forma de vida que le permita sobrevivir en el mundo de Mediocristán.

Los padres saben que para competir y destacar en Extremistán, se requiere de una genialidad (anomalía) que no ven el hijo, ya sea porque el hijo no la tiene, porque ellos no la ven y reconocen o por su propia deformación intelectual. Amén de que los padres están ciertos de que para poder triunfar en Extremistán se requiere de una fortaleza de carácter que esta más allá de lo que ellos mismo están dispuestos a aceptar en el hijo. Razón por la cual la gran mayoría de los padres se sienten mejor educando a sus hijos para que sean uno mas de Mediocristán, y no un líder de Extremistán. 

Los Anómalos que logran imponerse a sus entorno (padres, familiares, parientes y amigos) son los que mañana estarán dirigiendo al mundo.

Lo que es, es.
Hace treinta años empece a estudiar las características del Anómalo, de ese que los demás llamamos genio -genius: lo que el gen es-. Y no obstante de que la vida nos enseña que somos el resultado de una suma de causas, hay algunas variables que se manifiestan como común denominador en todos ellos.

1) Todos poseen una anomalía genética que los distingue y separa de los demás. 
Todas las mamas piensan que sus hijos son unos genios, no obstante conforme van creciendo se van dando cuenta de que sus hijos son uno mas de los demás. En otras palabras, salieron al padre. Lo cierto es que nosotros le llamamos genio a cualquier cosa, sin embargo la realidad es que los Anómalos nunca han sido mas del 2% de la población mundial.

Un amigo me decía el otro día que el ya esta en la edad de los milagros, ya que no se puede explicar como es que tiene un nieto tan inteligente de un yerno tan imbécil. Le conteste que no se preocupe, que no se iba a tardar en saber si había salido al papá. El genio se manifiesta desde los cuatros años de edad. 

2) Todos manifiestan el genio entre los cuatro y ocho años de edad. 
Hay, ni duda cabe, la manifestacion tardía. Esa que se da después de los treinta años. Es una desviación de la norma que no llega figura, pero que nos sirve de consuelo a muchos. Razón por la cual circulan en las redes sociales gráficos ibuprofénicos que sirven apara adormecer la medianía. Gráficos en los que nos dicen que nunca es tarde, que fulano empezó a los cincuenta y mengano a los sesenta. No obstante lo cierto es que estos no hubiesen podido empezar si el genius no estuviera ahí, esperando el momento, la oportunidad o la decisión del Anómalo para traicionar su historia y manifestarse. La norma, no obstante, es la manifestación temprana. 

3) Todos sabían desde temprana edad a lo que se iban a dedicar.
Esta es, me parece a mí, la mas reveladora de todas. En las ultimas dos décadas he tenido la oportunidad de entrevistar y aplicar herramientas antropológicas de diagnóstico a más de 500 Anómalos. Y en todos ellos el resultado ha sido el mismo. Todos sabían desde muy temprana edad a que se iban a dedicar. Con esto quiero decir que aproximadamente a los diez años de edad, empezaban a platicar de lo que harían cuando fueran grandes. 

En la pubertad y adolescencia tenían actividades comunes a los demás, no obstante sus divertimentos preferidos eran aquellos que tenían que ver con aquello a lo que se querían dedicar de grandes. De adultecentes canalizaban su energía, tiempo y coraje exclusivamente a esa actividad que desde niños venían manifestando como destino. 

Así, el que de infante decía que iba a ser el hombre mas fuerte del mundo, era campeón de halterofilia desde los 19 años de edad y sigue siéndolo en su categoría. Ha complementado su oficio con gimnasios, suplementos, ropa, etc. La que decía que iba a tener un negocio de computadoras, arranco su negocio formal a los 21, lo bursatilizo los 26, lo vendió a los 32, y hoy en los cincuenta sigue en el combes del computo. 

El que de infante decía que iba a ser oráculo, a los 12 impartió su primera conferencia, empezó a cobrar a los 16, dedicándose de adulto a dar conferencias y diseñar herramientas que le permiten trabajar con países y empresas en temas de especialización donde no tiene competencia. Ese que desde la primaria hablaba de sus hoteles, hoy de adulto tiene hoteles. Ese que se divertía escribiendo teorías para explicar las cosas, hoy a los setentas es uno de los autores mas reconocidos en antropología, psiquiatría y filosofía.  

Ejemplos tengo muchos, no obstante en todos el común denominador fue el mismo. Desde temprana edad sabían a lo que se iban a dedicar, luchando a brazo partido contra su entorno para imponerse a el y lograr ser lo que su gen es.

¿Cual es su genius? ¿Lo tiene identificado?

Cuantas veces le pregunta a los suyos: ¿tú, a qué te vas a dedicar de grande? ¿Les ayuda a identificar su genius?

martes, 7 de abril de 2015

Esa terapia ocupacional que llamamos trabajo.

La palabra trabajo viene del latín tripaliere. Instrumento de tortura compuesto de tres palos en el que amarraban a los esclavos para azotarlos (me suena tan familiar).

Un empresario ya retirado (85 años) con el que me tomo un café de vez en vez, me decía que si el trabajo fuera bueno ya lo hubiesen acaparado los ricos, y parece ser que nos lo han dejado a nosotros. Más allá de la inteligente broma de mi amigo, está el hecho de que el trabajo es al hombre lo que volar al pájaro. Nacimos para trabajar, no obstante no voy a discurrir en éste artículo la parte filosófica del trabajo. El tema no es ese. El tema es la praxis, no la teoría. 

Actos inútiles.
Los seres humanos somos los únicos seres de la creación que estamos llenos de actos inútiles.
Analice un día de trabajo. El que usted quiera. Ese día anotara todas las cosas que hace por mínimas e insignificantes que sean: ya sea servirse un café, ir al baño, contestar un correo, preparar un informe, llamar por teléfono, enviar un W.App, etc. Antes de dar por terminadas sus labores guarde el archivo donde apunto el devenir del día y olvídese de él.

Programe en su agenda una junta de una hora para la próxima semana. Junta en la que no va atender a nadie más que a usted. En esa hora va revisar fría y objetivamente el archivo en el que guardo las actividades del día. ¿Cuántas de las cosas que hizo ese día incidieron en el resultado del negocio? ¿Cuántas generaron un resultado acorde a los objetivos económicos que usted tiene? ¿Cuántas de las cosas que hizo eran innecesarias respecto al objetivo a lograr? ¿Cuántas cosas pudo haber dejado de hacer sin que pase algo que afecte en corto o largo plazo al resultado del negocio? ¿Cuántas a sus objetivos económicos? Lo más probable es que descubra que hace muchas cosas y logra pocas. La rentabilidad de las horas invertidas es nimia.

El trabajo es para la gran mayoría de nosotros una excelente terapia ocupacional, no una inversión. Nos ocupamos como terapia en un sin fin de cosas que si pasan no pasa nada. Cosas que no inciden en el negocio de nuestro negocio. Estas vacaciones recibí la llamada de un cliente. Me llamo para decirme que era urgente que nos reuniéramos de inmediato en su oficina por un tema que era de vital importancia. Le pregunte si la junta obedecía a su ansiedad o si era algo que en realidad teníamos que atender de inmediato para cerrar una operación y generar una ganancia. La respuesta fue la esperada: lo vemos cuando regreses de vacaciones.

¿Cuántas de las cosas que nos piden y pedimos bajo el rubro de urgente obedecen a la ansiedad, ya sea nuestra o del otro? ¿Cuántas de las cosas que nos piden y pedimos infieren realmente en los resultados del negocio? ¿Cuántas de las cosas que hacemos tienen que ver con lo que pretendemos lograr? Lo cierto es que muy pocas.

Siembra hábitos y cosecharas costumbres.
Este estar ocupados con un sin fin de cosas inútiles obedece a un conjunto de creencias y hábitos mal asimilados. Un hábito mal asimilado es algo que hacemos repetidamente sin estar conscientes de que lo hacemos, sin saber porque lo hacemos, o lo que es peor sin cuestionarnos el por qué lo hacemos. Algunos hábitos son adquiridos en casa y otros desarrollados por nosotros. Todos los hábitos tienen una función: brindarnos un momento de paz, de confort. Es algo que hacemos para consolarnos a nosotros mismos en un momento de tensión. No nos damos cuenta de ello debido a que poco/nada no nos observamos.

La creencia crea hábitos y los hábitos costumbres.
Nosotros nos movemos en tres estadios mentales: Ocurrencias, Ideas y Creencias.

Una Ocurrencia es algo que entra y sale de nuestro cerebro sin que en él suceda algo. Lo único que hace nuestro cerebro es registrar el fugaz e intrascendente paso de la Ocurrencia sin que las neuronas se vean en la necesidad de trabajar en ella. Lo único que hacen es darle un pase de entrada y salida para que algún día podamos decir: eso ya se me había ocurrido a mí.

Por el contrario, una Idea es algo que entra a nuestro cerebro y no sale de él. Nuestras neuronas se ven en la ingente necesidad de diseccionar la Idea. De separarla en sus partes para analizar cada una de ellas como un todo y toda ella como una sola cosa. La Idea es algo que nos vemos en la necesidad de analizar una y otra vez. La Idea nos exige discutirla, confrontarla con nuestras Creencias y con las de los demás. Requiere de fundamentos lógicos e inteligentes. Fundamentos que nos permitan rechazarla o aceptarla sin entrar en conflicto con una u otra posición. La Idea, ya una vez que la rechazamos, la eliminamos de nuestro cerebro para no pensar en ella más que ocasionalmente. Por el contrario, cuando la Idea la aceptamos, la convertimos en Creencia. Una Creencia es una Idea aceptada. 

Las Ideas se piensan. Las Creencias, ya una vez aceptadas, no se piensan, se creen.
Las Ideas las tenemos que defender. No estamos ciertos de ellas. Las Creencias, por el contrario, son un habitáculo. Nos instalamos en ellas. Jamás las pensamos. No las operamos, nos operan. Actuamos conforme a ellas. Nos definen. Nos hacer ser lo que somos. Determinan lo que sí y lo que no podemos hacer. Son las que definen nuestro destino. Y el destino no es otra cosa más que ese conjunto de creencias que hemos seguido consciente o inconscientemente y que han gobernado nuestra vida. Cambian nuestras creencias, cambia nuestra vida.

Sirva, como ejemplo, la siguiente reflexión: la razón por, la cual nos damos el lujo de desperdiciar la vida, es porque nunca hemos entendido que cada noche es una muerte en pequeño y cada día es una resurrección. Así, el día de hoy nos tenemos que levantar a conquistar el día, el pan y las mentes. Ya que no sabemos si al dormir nos vamos a levantar. La estadística dice que sí, pero eso decía la estadística de los que no se levantaron. Si viéramos cada día como una resurrección, capitalizaríamos el día de una manera muy diferente a como los hacemos hoy.

Dentro de nuestras creencias está el tema del ocio. Nos enseñaron que el ocio es la madre de todos los vicios. Lo cual de suyo deja ver que crecimos en una familia de operadores, no de directores. Ya que el líder debe dirigir hacia el ocio. Si no tiene el ocio para pensar y pensarse, no podrá hacer lo que le debe de hacer, como lo debe hacer.

Este no estar ociosos hace que nos ocupemos en cosas inútiles. Imagínese por un momento que está usted en su oficina sin hacer nada operativo, trabajando con su mente para resolver un problema que lo ha ocupado más de dos horas. Sus superiores y subordinados pasan una y otra vez y lo ven haciendo nada. ¿Qué pasa por su mente cuando ellos lo ven así? ¿Qué cree que piensan en ellos?
Este no querer parecer ociosos hace que poblemos el día con un sin fin de actos inútiles.

Capitalismo viene de Cápita –Cabeza. Esto quiere decir que todos los días debemos preguntarnos: donde son más rentables mis ocho o diez horas de trabajo, boleando zapatos, vendiendo zapatos o fabricando zapatos. El producto es el mismo, lo que cambia es la ocupación.

Lo mismo pasa en tu trabajo: ¿Qué actividades son las más rentable? ¿En dónde está el negocio de tu negocio? ¿Cuál es la rentabilidad de tus horas de trabajo?

Si el cien por cien de las actividades que haces en tu trabajo cotizaran en el mercado de valores, ¿en cuales valdría la pena invertir y en cuales no?

Así, la pregunta final es: Cómo debes organizar tu trabajo para hacer que tus horas sean más rentables.

 

domingo, 5 de abril de 2015

El derecho de conquista.

¿Quien es más injusto, aquel que te da más de lo que mereces o aquel que te da menos de lo que mereces? Comparta la pregunta con sus familiares, amigos, socios y colaboradores. Se sorprenderá con las respuestas. Descubrirá que estas son autobiográficas, por lo que las respuestas que obtenga le darán mucha información sobre las personas que las emiten.

Tal vez si replanteamos la pregunta nos sea más fácil aducir la respuesta: ¿Quien daña más al otro, el que le da más o el que le da menos de lo que merece?

Analicemos la pregunta desde una perspectiva antropológica, para lo cual nos es menester tomar en cuenta las siguientes consideraciones:

I) A nada tiende más el ser humano que al confort.
Observe lo que hacen los suyos el fin de semana. Lo mas probable es que se pasen el fin de semana inmersos en un experimento científico de expansión celular. Para tal efecto les será menester permanecer sentados frente al televisor, el Ipad, la computadora, etc., ingiriendo tal cantidad de comida chatarra para que las células adiposas, siempre agradecidas, puedan hacer su trabajo alrededor de la cintura, de tal suerte que el lunes sentirán con orgullo que la ropa les queda un poco más justa.

El confort es inherente al ser humano. Aprovechamos cualquier oportunidad, por mínima que esta sea, para meternos a una zona de confort mental y física donde nos sintamos bien. Es muy común encontrar en la casa, escuela o trabajo a gente que tiene tal economía de movimientos que cualquiera pudiera pensar que están pacientemente clorofilando. Razón por la cual el líder se ve en la penosa necesidad de tener que instrumentar un sin fin de herramientas, teorías y conceptos que le ayuden a mover a la gente, ya que lo que más trabajo le va a costar, es lograr que estos quieran salir de sus zonas de confort.

Recuerdo ese trabajador del rancho que cuando le pedía que hiciera algo me contestaba: no patrón, saco vacío... párelo usted. Le daba de comer y ya una vez que este había terminado le pedía que hiciera sus deberes, a lo que de inmediato me contestaba: no patrón, saco lleno doblelo usted.

Más allá de lo poco ilustrativo que sea la anécdota, la realidad es que nada nos cuesta más trabajo que dejar nuestras zonas de confort.

II) Es de naturaleza humana estimar en poco lo que cuesta poco.
En calidad de padres, líderes o formadores podemos abrogarnos muchos derechos, menos el de privar a los nuestros del derecho de conquista.

Tenemos que darle a los nuestros la oportunidad de conquistar las cosas. Es parte esencial de su realización, de su seguridad y satisfacción personal. Amén de que les estaremos desarrollando la capacidad de logro -la más baja en el ser humano. Así, al otro, sin importar quien sea, lo tenemos que formar para cuando no estemos, no solo para lograr que no nos necesite, sino para que éste nos supere y pueda formar a otros como nosotros lo formamos a él.

Cuando al otro le das más de lo que merece, sentirá que le das menos de lo que puedes. 
La gente valora y agradece más lo que esta por recibir que lo recibido. Lo obtenido recibido esta. Ya es de él, aun cuando no lo haya ganado. Pero lo otro aun no lo es. Esta y estará a la espera de ello. Así pues lo justo no es darle más de lo que merece. Es darle solo lo que se gano, lo que se acordó. No más, no menos.

Partiendo de estas dos premisas antropológicas, podemos concluir dos cosas:
1) El dinero no es el motor de la gente. Es el motor de los ricos, pero no el de la Masa. Si el dinero fuera el motor de la gente, no habría pobres. La gente hace las cosas no por necesidad, sino por que no les queda de otra. Y solo hacen lo mínimo indispensable. La Masa lo que quiere es gastar dinero, no ganar dinero.

Por otro lado esta el hecho de que no nos educaron para generar riqueza. Fuimos educados para obtener trabajo, no para crearlo. Es por ello que una persona cuando pierde su empleo se aboca a buscar otro. No piensa en crear trabajo para él y para otros. Lo que piensa es en conseguir trabajo. La gran mayoría de nosotros hemos educado merecedores, no conquistadores.

2) Dado que es de naturaleza humana estimar en poco lo que cuesta poco, podemos afirmar que siempre le hará más daño al otro el que le da más de lo que merece, ya que lo estará privando del derecho de conquista, amén de que le estará inhibiendo su capacidad de logro. Una baja capacidad de logro va a acompañada de una baja necesidad. Una alta capacidad de logro va a acompañada de una alta necesidad.

Lo que tenemos que hacer es crearles necesidades y darles lo justo. No más, no menos. Y dejar que ellos sean los que decidan cuales de esas necesidades toman como propias y cuales dejan pasar. 

viernes, 3 de abril de 2015

La temporalidad de eso que mal llamamos valores.

Un valor es un valor solo si es válido para todos los seres humanos sin importar época, idioma, religión o color. Valores son tres. Los demás son usos sociales pero no valores.

Los usos sociales cambian con el tiempo. Cada generación hereda y transforma eso que mal llamamos valores. Los usos sociales van sufriendo en el transcurso de una generación, cambios que flexibilizan su uso, permitiendo que al paso de tres generaciones sea tolerado hoy, lo que era penado ayer. 

En una ocasión me invitaron a dar una conferencia en una empresa. Previa a la misma el dueño de la empresa me pidió que nos tomáramos un café en el comedor de la empresa, el cual recién había remodelado. Fuimos al comedor. Nos servimos un café. Comentamos los cambios y nos sentamos a una mesa a platicar. Al poco tiempo llegaron tres muchachas jóvenes del área de ingeniería. Estas, con el arrojo que da la juventud, se les hizo fácil sentarse en la mesa donde estábamos nosotros. Saludaron y después se pusieron a platicar entre ellas. El dialogo entre ellas fue de lo mas común. Una de ellas quería saber como les había terminado de ir en la noche. No obstante el dialogo en sí llamó mi atención debido a la temporalidad del mismo, ya que ese dialogo hubiese sido un escándalo sesenta años atrás.

El dialogo fue más o menos el siguiente:
Una de ellas le preguntó a las otra dos:
- ¿Y hasta qué hora siguieron la fiesta.
A lo que una de ellas contestó con una pregunta:
¿A qué hora te dejamos en tu casa?
A las dos de la mañana, responde la interrogada.
- Pues la verdad es que no mucho. De ahí nos regresamos al antro y estuvimos unas dos horas más.
- Y que tal estuvo, pregunta la primera.
- Muy bien, contesta la que no había hablado. Nos tomamos unas copas y después le pedí a María que me llevara a mi casa, por que ya me sentía mal. Ya veía guapo a fulano. Imagínate como tendría que estar para verlo guapo.  
Se rieron las tres. Terminaron su descanso y regresaron a sus labores. 

El dueño de la empresa me habló maravillas de las tres. Me comentó que eran muy buenas en su trabajo, decentes y de buenos valores. En ese momento no pensé ahondar en el tema, ya que la conferencia que tenía que impartir era sobre otro tema. No obstante me quede con el análisis y reflexión del tema. 

Por un momento situense por favor en el entorno y en los usos sociales del México de 1950. 

El presidente del país era Adolfo Ruíz Cortines. La cultura era de recato y austeridad. El trabajo, el ahorro y el cuidado de las cosas eran la norma social. La mujer iba a votar por primera vez. No existían los productos desechables. Los encendedores Cricket llegarían al mercado en 1961 con un fracaso rotundo. La gente no podía concebir comprar algo que tenían que tirar. 

Revise por favor el dialogo de las tres jóvenes ingenieras bajo el entorno y cultura arriba mencionado. ¿Qué pensaría de ellas? ¿Que pensarían los padres de ellas? ¿Qué sus jefes? ¿Que pensarían los padres de usted? ¿Qué la sociedad? La lista es larga, pero lo más probable es que el pensamiento hubiese sido réprobo, debido a los usos sociales de la época.

Así pues, una cosa son los valores y otra los usos sociales. Estos están sujetos a la época y cambian diametralmente cada sesenta años. Los valores son, han sido y serán los mismos. No cambian. Los valores son valores solo si son validos para todos los seres humanos sin importar época, idioma, religión o color. 

Los valores antropológicos son: 
I) Reproducción de la especie; 
II) Conservación de la especie;
III) Mejora de la especie.

Estos habitan lo más profundo de nuestro ser. Son los que hacen que los padres corran al doctor cuando sus hijos se lastiman sus partes genitales. Son los que nos hacen reprobar el exterminio de nuestros semejantes. Los que nos hacen luchar a brazo partido para lograr que nuestros hijos sean mejores que nosotros. Los que nos hacen hacer y decir muchas de las cosas que decimos y hacemos, aun cuando no estemos conscientes del origen de los mismas.

En una ocasión llega mi hija y me presenta al hombre que hoy es su marido y padre de sus tres hijos. Cuando le conocí pensé que Sir Robert Charles Darwin me envidiaría. Él se paso toda la vida buscando el eslabón perdido, y yo lo tenia justo frente a mí. Departimos un rato, platicamos, nos tomamos un café y ya una vez que se fue regresa mi hija y me pregunta:
¿Y bien, que te pareció? 
Le conteste que lo importante no es que me parecía a mí, sino a ella, ya que ella era la que iba a pasar el resto de su vida con él.
No obstante insistió y me dijo.
- Si. Ya lo sé, pero en vedad quiero saber que te parece.
Respire profundo y le dije:
- Hija, cuando te dije que había que mejorar la especie, me refería a la nuestra, no a la de él.

Esta anécdota real, que habla muy mal de mi, es una de las tantas cosas que decimos y hacemos en función de esos tres valores que habitan en lo más profundo de nosotros y que no estamos conscientes de ellos.

Mucho nos ayudaría entender que una cosa son los valores y otra los usos sociales.

¿Qué es la verdad?

¿Qué es la verdad? ¿Quien o quienes son poseedores de la verdad?

Desde el punto de vista antropológico la verdad no es más que un conjunto de mentiras repetidas hasta el infinito por un conjunto de generaciones, hasta que poco a poco va surgiendo otro conjunto de mentiras que será repetido hasta el infinito por otro conjunto de generaciones y así sucesivamente...

La verdad de ayer es la mentira de hoy, así como la verdad de hoy será la mentira de mañana. ¿Porqué entonces nos genera tanto problema el tema de la verdad? ¿Porqué nos es tan difícil entender la relatividad de nuestra posición respecto al absoluto?

En la vida nada es relativo. Todo es absoluto. El problema es que a nosotros nos es imposible acceder al absoluto. Nadie puede ver una naranja completa. Nos es menester darle vuelta para ver una cara de ella justo en el momento en que dejamos de ver la otra. La naranja en sí es absoluta, pero nuestra posición respecto a ella es relativa. Esto quiere decir que nadie, tiene la verdad absoluta, solo una parte de ella, no obstante nos afanamos en hacer de nuestra relatividad, un absoluto.

Desde el punto de vista de la antropología podemos dividir a la humanidad en dos segmentos: aquellos que ven el universo como un lugar de respuestas, y aquellos que lo ven como un lugar de preguntas.

Los que lo ven el universo como un lugar de respuestas no tienen necesidad de investigar, preguntar, explorar o abrir su mente a nuevas formas, culturas y personas. Para ellos todo esta dado. Lo único que tienen que hacer es acatar las respuestas, lo que les ayudará a vivir una vida sin problemas, angustias e incertidumbres. Para ellos esta muy claro el mal y quienes lo representan.

Los que ven el universo como un lugar de preguntas tienen la enorme necesidad de investigar, preguntar, explorar y abrir su mente a nuevas formas, culturas y personas. Para ellos casi nada esta dado. Tienen una ingente necesidad de preguntar, preguntarse. Investigar, buscar respuestas y sujetarlas al tamiz de la realidad. A estos les esta claro que el otro y lo otro son parte esencial de las respuestas. No las pueden encontrar sin ellos. El otro posee una parte de la verdad y lo otro una parte de la realidad. Ambas son necesarias. No se pueden cerrar a ninguna de ellas.

Los primeros, los que ven el universo como un lugar de respuestas, tienden a ser firmes, cerrados, poco tolerantes. Seguros de su verdad. De si mismos. Son los que le dan continuidad al mundo. Le dan un alto valor a la moral, a la tradición y al orden establecido. No obstante son mas propensos al error. A equivocarse. A causar daño en sus relaciones. No es algo que hagan de manera intencional. Lo hacen defendiendo sus convicciones, sus creencias. 

Los segundos, los que ven el universo como un lugar de preguntas, son abiertos, flexibles, tolerantes. Seguros de sí. De la búsqueda. Son los que hacen avanzar el mundo. Los que se atreven. Los que innovan. Le dan un alto valor a la oportunidad. Quieren conocer, probar. Se dan el premiso de equivocarse y volver a empezar cuantas veces sea necesario. Son abiertos en sus relaciones. Respetan lo que el otro es. Poseen, como los otros, creencias y convicciones, no obstante estas emanan de un doloroso proceso de prueba error, no obstante sus creencias y convicciones las refrendan en el día a día. Cuando una de ellas prueba su ineficacia, de inmediato se abocan a buscar los datos, la información y el conocimiento que necesitan para actualizar y enriquecer sus creencias. 

Unos y otros poseen una parte de la verdad, para que entonces hacer de nuestra relatividad un absoluto. Lo que debiéramos hace es centrarnos en los hechos. Alimentar nuestra parcialidad con la parcialidad del otro. Gano yo, gana el otro.