viernes, 20 de enero de 2017

Escuchar lo que calla.

El secreto de todo está en el origen.
Todos hemos oído la premisa que dice: “al principio fue el verbo”. Y es cierto, más no con el enfoque escolástico con que nos lo han dicho, ya que la premisa en cuestión no tiene que ver con la religión sino con el ser humano.

Al principio fue el verbo.
La premisa no puede ser más cierta, ya que es ahí, en las palabras que usamos, donde está encerrada la intención de lo que queremos decir, aun cuando no estemos conscientes de esta. El problema de nuestro lenguaje no es el lenguaje en sí, sino el hecho de que no reparamos en él. Nos es tan común y cotidiano que dejamos de verlo como lo que es: la única herramienta que tenemos para nuestro progreso individual y colectivo.

Este no reparar en el lenguaje es lo que ha hecho que aquello que no debiera de ser problema, lo sea. Escuche usted el hablar de los demás. Observara que no solo hemos desvirtuado el uso de las palabras, sino que además hemos tergiversado el significado de las mismas. Esta des-construcción que hemos hecho del lenguaje se debe, entre otras causas, a una exigencia social.

La sociedad ve con muy buenos a ojos a aquel que nunca dice lo que piensa y quiere. Aquel que maquilla su querer y sentir para que este no incordie u ofenda a los demás. Esto nos ha llevado a desvirtuar y tergiversar las palabras, poniendo un velo a las mismas para que estas enuncien lo que queremos, sin que este enunciar sea tan directo y frontal que incomode a los demás.

La sociedad ve con muy malos ojos el que una persona (hombre o mujer) se acerque a otra para decirle abierta y frontalmente que le gusta. Tiene que empezar poco a poco, dejando entrever entre palabra y palabra que siente atracción por ella pero sin declarar abierta y llanamente sus intenciones.

Esta oblicuidad en el decir hace que nos sea más difícil leer las intenciones del otro, no obstante lo cierto es que leer las intenciones del otro es difícil pero no imposible. La intención está ahí… debajo de las palabras. Lo único que hay que hacer es sondear debajo de las mismas para poder llegar a la intención.

Motivación e intención.
Siempre hay en todo decir, una motivación y una intención.

La motivación siempre está en la superficie, la intención en el fondo. La motivación se dice (esos caramelos son muy ricos), la intención se calla (quiero un caramelo).


Cuando la persona manifiesta su motivación espera que el receptor ofrezca la intención:
Esos caramelos son muy ricos. 
¿Quieres uno? 
No. Solo te lo estoy diciendo porque en realidad son muy ricos. 
Anda vamos, compremos uno. Yo invito.

Por supuesto que no es así de simple, y menos conforme se avanza en edad.  El hijo le puede decir al papá un sinfín de bondades sobre determinado automóvil, y si bien es cierto que la intención no cambia (quiere que se lo compren), también lo es que la querencia se torna compleja y difícil de satisfacer. No es lo mismo la querencia o querencias de la infancia que las del adolescente o adultecente, por no hablar la de los adultos y adultos mayores.

La motivación es un decir oblicuo, indirecto. Es un decir que no confirma. Un decir que roza nuestra querencia pero que no la deja ver, por lo menos no abiertamente. Es un boomerang que le lanzamos al otro para que llegue a la persona en cuestión y recoja de ella una respuesta, la cual nos permitirá ver si en ella hay un resquicio de posibilidad o un rotundo rechazo.

Hacemos esto por una ingente necesidad de protegernos, de no abrirnos al otro. Así, si el boomerang regresa con una respuesta negativa podemos disfrazar socialmente nuestro malestar, ya que la forma en que dijimos las cosas fue para no desnudarnos ante el otro, amén de que ante un reclamo nos es dable argüir un mal entendido. En esto precisamente consiste la oblicuidad en el decir.

Si bien es cierto que nuestra oblicua forma de decir las cosas nos salva de muchos descalabros, también lo es el que nos impide leer correctamente las respuestas del emisor cuando estas son positivas, ya que este las emite con una ambigüedad que le permita salvarse ante una negativa nuestra. Esta ambigüedad en el decir las cosas dificulta en mucho la comunicación, sobre todo en el ámbito de las relaciones personales. Cosa que no pasa en los negocios. Ahí la claridad es total, salvo cuando hay intermediarios de por medio.

Regresemos al combes de lo personal. En la elección de pareja, sobre todo en los escarceos iniciales, la comunicación se torna difícil debido a que el miedo de ambos a equivocarse es el suficiente como para no leer correctamente las señales.

Recién me comentaba un amigo que la persona que le interesa le dijo: tengo miedo de que me vayas a hacer daño. El comentario le incómodo y no supo interpretarlo. Sus miedos no le dejaron ver todo lo bueno que esta atrás del comentario, lo que hizo que su inseguridad e incertidumbre se fuera a las nubes. 

Lo felicite por su logro, ya que la mujer amada le había dado un sí que ella aún no llevaba al consciente.

Me pregunto qué cómo podía yo saber que su respuesta era positiva. Le contesté que ni yo ni nadie podía saber eso, que lo único que hice fue educir el significado por lo que la respuesta encierra. Ya que tú no le dices ese tipo de cosas a nadie con quien no te piensas involucrar. Son cosas que le dices solo a esa persona con la que sabes que no te vas a poder dosificar. Se lo dices porque tu instinto te avisa que te vas a entregar a esa persona sin armas y defensas, por lo que tu vulnerabilidad va a ser tal, que no es posible que no salgas lastimado. Es por ello que le dices: tengo miedo de que me hagas daño, aun cuando no estés consiente de porque lo dices.

La realidad es que poco nos escuchamos y mucho menos a los demás, no obstante en el decir de nosotros y de los otros están escondidas nuestras más profundas querencias, solo es menester que le quitemos a las palabras el velo que las cubre para ver con toda claridad lo que está ahí.

Tiempo atrás escuche a un amigo decirle a la que hoy es su esposa la siguiente frase. Frase que le dijo cuando apenas se estaban conociendo. La frase en cuestión fue la siguiente: Hay quien enamorado de una peca se casa con todo el resto.

Ella recibió el piropo con extrañeza, ya que tenían pocos días de conocerse y jamás habían platicado más allá de lo social. No obstante él estaba feliz, pues si bien es cierto que recién se habían conocido, también lo es que él que se sentía fuertemente atraído por ella.

Le pregunte si se había dado cuenta de lo que había hecho y me contestó que sí, que le acababa de decir un piropo a una mujer que le gustaba más que ninguna otra. Le hice ver que sí, que tenía razón, pero que también le acaba de avisar que se iba a casar con ella. Se le subió el color. Me dijo que no. Que estaba equivocado, que él nunca le dijo eso. No obstante la realidad es que seis meses después estaban casados.

En las palabras que usamos están contenidas nuestras intenciones y querencias. Solo es menester quitarles el velo que las cubre para ver en la polaridad lo que a la postre va a suceder.

Polaridades.
En el artículo intitulado Polaridades Antropológicas, comente la forma en que estas trabajan. Para explicar el funcionamiento de estas, me serviré de una muy mala metáfora... Si usted toma una linterna descubrirá que para que salga luz de un lado es menester que haya oscuridad del otro.

Con las palabras pasa lo mismo. Cuando uno persona le dice algo, ignore lo que esta le dice y váyase a la polaridad para escuchar lo que esta calla. Ahí, en lo que calla, está la intención, es decir, lo que muy probablemente va a pasar.

Veamos algunos ejemplos:

Lo que la persona dice….                               Polaridad (lo que la persona calla….)
Le podría mentir a todos, menos a ti…          Ten por cierto que te voy a mentir.
Yo jamás te sería infiel…                                Lo más seguro es que te vaya a ser infiel.
Yo jamás te traicionaré…                               Te traicionar en cuanto así sea menester.

Una persona que no le va a mentir, jamás va a sentir la necesidad de decirle que le podría mentir a todos menos a usted.
El que es fiel no tiene por qué decirlo, sus actos lo enuncian. Por ende no se ve en el necesidad de decirle que jamás le será infiel, ya que no esta la infidelidad en su interior.
No contempla la traición el que no la ve, razón por la cual no la enuncia. No tiene necesidad de decirle que jamás le va a traicionar.

Las polaridades nos sirven mucho para identificar lo que esta atrás de lo que se dice, por ejemplo: “Créame si le digo…”. La Polaridad sería: Si consigo que me crea, hará usted lo que yo quiera.

A continuación le comparto un conjunto de palabras y frases que anuncian una posible polaridad. El objetivo es que usted identifique la polaridad, lo cual le va a resultar más fácil si recuerda el rostro de la persona que se la dijo, el gesto del rostro al decirla y el contexto en el que enuncio la frase, así como lo que aconteció tiempo después.

Palabras y frases que anuncian una posible mentira:
Honestamente… 
Sinceramente…
Francamente…
Sin duda alguna…
No le engaño…
¿Cree que le mentiría?
Yo sería incapaz de…
Confía en mí…
No tengo ninguna razón para mentir…
Hablando francamente…
Te digo la verdad…
¿Por qué tendría que mentirte?
Para ser totalmente franco/honesto/sincero contigo…
¿Haría yo algo así?
Lo juro sobre la tumba de mi madre / padre… 
Mi padre me enseñó a trabajar y/o a hablar con la verdad…
Soy un empleado/amigo/subordinado leal…
Soy un gran padre/hijo/hermano…
Soy muy buen esposo/esposa…
No amor, solo nos tomamos un café…
¿Con ella? ¡Estás loca! Es lesbiana…
Me case con una gran mujer / un gran hombre…
Tengo unos hijos maravillosos…
No soy de ese tipo de personas…
Jamás me rebajaría a una cosa así…
No entiendo cómo puede andar con esa mujer…
Soy una mujer / hombre bendecido…
Lo más importante: mi mujer, mis hijos y la lealtad en los negocios…
De mi podrán decir muchas cosas, menos que soy un sinvergüenza…
Dios es testigo…
Lo juro por Dios / por mi santa madre/ por mis hijos… 
Que Dios me castigue si no es así…

Otro dato que debe tomar en cuenta al escuchar a alguien, es que la palabra "solo" se utiliza para minimizar el significado de lo que se va a decir, es decir, para liberar a alguien del sentimiento de culpa o para echarle la culpa de las cosas a un tercero.

Solo te robaré cinco minutos de tu tiempo…
Ella solo es mi amiga…
Solo quería decirte que no es lo que parece…
Solo quiero que sepas que fue un mal entendido…

Cuando la persona dice lo intentaré. En la polaridad está diciendo: no quiero… O no creo poder hacerlo.

Es importante tomar en cuenta que el verbo intentar lo utilizan con frecuencia las personas que:
Normalmente rinden por debajo de la media; 
 Aquellas en las que el fracaso es un hábito; 
 Aquellas que esperan fracasar en la tarea; 
Aquellas que no quieren hacer lo que se les pide.

La frase: mis respetos; así como la de con mis respetos y la de con todo el debido respeto, es señal indicativa de que la persona que la utiliza siente poco o ningún respeto por usted.

Cuando la palabra respeto está acompañada de la palabra aprecio, es señal indicativa no solo de ausencia de respeto, sino de claro desprecio… Aprecio sus comentarios, pero permítame que le diga con todo el respeto que…

El tema da para más, no obstante lo aquí expuesto es una breve síntesis de cómo nos traicionamos al hablar, ya que al hablar nos transparentamos.

Entre más conciencia tenga del uso del lenguaje mejor uso haga de él, más fácil le será leer las intenciones del otro y trasmitir las suyas.

Nos leemos en el siguiente artículo.

miércoles, 11 de enero de 2017

Leonardo da Piero da Antonio da Vinci.

El mundo occidental ha transitado por varias etapas o estadios, los cuales han recibido un nombre a posteriori. Nadie en el Medievo (siglo V - XV) identifico dicho estadio como tal. Todos los que vivieron esa etapa la veían tal como nosotros vemos la nuestra: vanguardista y vigente.

Este estadio de tiempo que nos tocó vivir recibirá a posteriori un nombre que explique lo que en este intervalo aconteció, tal como nosotros identificamos a posteriori con el nombre de Edad Media a ese espacio de tiempo que oscilo entre los siglos V y XV. Intervalo en el que Oriente brillaba en todas las ramas del saber y de las artes, mientras que Occidente moría encerrado en un conjunto de criterios religiosos que nada tenían que ver con su fundador.

En el Medievo el mundo occidental era Teocentrista.
Todo giraba en torno a la idea que la iglesia tenía de dios. El poder estaba en manos de sus representantes. Estos preclaros intérpretes de la voluntad de dios, eran los que normaban la acción en todos los ámbitos de la vida humana. Ellos tenían la autoridad y el conocimiento para dictar lo que la grey, sin importar el campo del saber, debería hacer.

Afortunadamente los avances de Oriente llegaron a Occidente vía las cruzadas y el comercio. La caída del imperio Bizantino y el descubrimiento de américa le dieron el golpe de gracia al teocentrismo del medievo y la bienvenida al antropocentrismo del Renacimiento (siglo XV - XVI).

El Renacimiento (re -nacer).
En el Renacimiento el mundo se centró en lo que el hombre podía hacer, dejando a un lado el falso saber de los hombres de dios, los cuales habían sumido a Occidente en una edad oscura donde la ignorancia, la cerrazón y el retraso eran la norma.

El Renacimiento fue testigo del nacimiento de un grupo de genios que marcaron el derrotero del mundo hasta nuestros días, siendo Leonardo da Antonio da Piero da Vinci el más ilustre de ellos.

Leonardo da Vinci ha sido considerado el epítome del Renacentista. Es uno de los tres grandes polímatas que ha habido en la historia de la humanidad: Aristóteles, Erasmo de Róterdam y Leonardo da Vinci.

Leonardo, por razones que se explican por si solas, ha sido considerado el personaje integral del Renacimiento, estadio de tiempo en el que como su nombre lo dice, renació el hombre en Occidente, y con él el desarrollo de nuevas formas de expresión del ser, donde la belleza, la grandeza y el espíritu de investigación científica eran la norma.

Leonardo es una de las personas más plenas en la historia de la cultura, semejando a lo que en su tiempo fue el estagirita de Tracia (Aristóteles). 

Leonardo nació en el poblado del que llevaría el nombre (Vinci), centrado en el corazón de la Toscana a solo unos kilómetros de Florencia. Fue hijo natural del Magistrado Piero Fruosino di Antonio y de Caterina, una campesina que laboraba como sirvienta en la cocina del palacio.

Leonardo creció en el Palacio de su padre con los derechos de un hijo legítimo, pero sin la presencia salvífica de la madre. A Caterina no se le permitió ver a su hijo, por lo que tuvo que regresar al campo para ver de lejos y a escondidas los primeros pasos de su vástago.

Leonardo, como muchos de sus coetáneos, fue eso que mal llamamos bastardo o ilegitimo, ya que en estricto sentido ningún ser humano nacido de mujer puede ser llamada ilegitimo. No obstante en esa época los hijos que los grandes señores tenían fuera de matrimonio, eran considerados ilegítimos.

Lo curioso del tema es que si usted toma los últimos seiscientos años descubrirá que el mundo lo han hecho los hijos nacidos fuera de matrimonio. No vayamos lejos, los dos grandes polímatas del Renacimiento -Leonardo da Vinci y Erasmo de Róterdam, fueron concebidos fuera de matrimonio y los dos revolucionaron su tiempo.

Leonardo fue por poco más de veinte años el único hijo varón del Magistrado Piero, razón por la cual la esposa de su padre lo tolero en la casa con la condición de que expulsaran a Caterina de sus vidas... La cual, a ojos de la esposa, era la única culpable de la infidelidad de su marido. Como podemos ver, las cosas no han cambiado mucho.

Las sucesivas señoras Da Vinci, cinco para ser más exactos, consideraron a Leonardo como un incordio que tenían que soportar, ya que la presencia de este les hacía patente lo que a ojos de ellas era la infidelidad de la sirviente y la debilidad humana del amo y señor.

Las madrastas sucesivas que tuvo Leonardo, mantuvieron con él una relación cordial pero distante. Ninguna de ellas se aboco a criarlo o a atenderlo. La prioridad de estas eran sus hijas, no Leonardo, por lo que creció sin el cariño salvífico de la mujer.

A Leonardo lo criaron, entre tarea y tarea, las otras sirvientas del palacio. Le adaptaron un espacio en la cocina en donde lo amamantaba una u otra, cosa común en la época, al tiempo que lo cuidaban y educaban a su buen entender.

Tal vez la orfandad filial y sentimental que padeció Leonardo, hicieron de él un acucioso observador de la naturaleza humana, dándole un especial énfasis al estudio de los rostros y gestos de las personas. 

La orfandad lleva a las personas a leer en el rostro de sus semejantes, lo que una persona que crece en un ambiente normal no necesita leer. Pues esta tiene a su papá y mamá que le protegen y cuidan de los demás, mientras que el huérfano siempre tiene que anticipar las intenciones del otro. 

De este leer para descubrir y anticipar es que Leonardo dedujo que su madre era esa campesina que a hurtadillas se asomaba a verlo por las ventanas de la cocina de palacio... Así Leonardo se acerca a Caterina, platica con ella y se percata del cariño que emana de su voz y de su mirada... Eso fue suficiente para buscar años después a su madre y llevársela a vivir con él. Una madre que no solo no entendía a su hijo, sino que además descubría que este podía hacer cosas que nadie más podía hacer.

Renglones arriba decíamos que Leonardo se vio en la necesidad de leer los rostros y gestos para anticipar las intenciones del otro… Esta habilidad quedo plasmada en sus obras. Los rostros que pinto son tan vivos y expresivos que parecen decirnos en su expresión lo que piensan y sienten.

Tenía quince años cuando se le permitió salir de la casa para ir a Florencia y empezar, lo que a ojos de su padre, era una vida impropia para su abolengo: la de músico y artista. Así vivió hasta pasados los veinte años de edad en que su padre logro tener un hijo varón dentro de matrimonio, olvidándose así de Leonardo y de su manutención. Quedando este en libertad de hacer lo que deseaba sin la constante recriminación y escarnio de su progenitor.

Andrea del Verrocchio.
En Florencia entro a trabajar como mozo al taller de Andrea del Verrocchio, uno de los pintores preferidos de Lorenzo De´ Medici. El taller del Verrocchio no solo era el más completo de Florencia, sino era el que mejor se adaptaba a la versátil genialidad de Leonardo, ya que Verrocchio era pintor, escultor, orfebre y comerciante en sedas, tapices y armaduras.

El bazar de Verrocchio, que en sí mismo era un caleidoscopio de las artes, de las antigüedades y de lo mejor de Florencia, fue para Leonardo el caldo de cultivo en el que desplegó su imaginación y sensibilidad por lo bello y lo estético.

Pronto destaco de sus demás compañeros por su trato, distinción, benevolencia y amabilidad, amén de que estas gracias iban acompañadas de una creatividad y capacidad artística sin parangón, por lo que en muy poco tiempo pasó de mozo a aprendiz y de aprendiz a colaborador personal del Verrocchio.

El secreto para ser interesante es interesarse.
Leonardo poseía sobre todos los demás una personalidad asaz interesante. Como ya lo hemos dicho el secreto para ser interesante es interesarse… Interesarse en todo y Leonardo así era. No había rama del saber que no le interesara, por lo que era imposible que no llamara la atención. Se le veía el saber en todo: en el porte, en la educación, en el hablar, escuchar y callar.

Observe usted a ese otro que a primera instancia le parece interesante… Tan pronto hable usted con él descubrirá que es interesante en uno o dos temas a lo sumo, sin embargo en esos otros ámbitos del saber en los que nunca se interesó, se mostrará tan llano y común como los demás. Para ser interesante, hay que interesarse…, pero nada más en todo.

El que esto escribe es un diletante de las artes, en especial del ballet. Y como tal sigo las presentaciones de varias compañías en México, Canadá y Estados Unidos. Lo que me ha permitido conocer a varias Primas Ballerinas de esos y otros países. He observado que diferencia real entre ellas y las demás ballerinas es, además del talento, el esfuerzo y la disciplina.

Los entrenamientos de Ballet son de seis a ocho diarias. Por lo que lo más normal es que las ballerinas aprovechen los recesos para descansar. No pasa lo mismo con las Primas Ballerinas. Estas aprovechan los recesos para trabajar en aquello que tienen que corregir. Así era Leonardo. Nunca descansaba y hasta cuando se le vía no hacer nada, estaba observando, pensando, diseccionando y descubriendo nuevas ramas del saber.

Tal era la capacidad de observación, análisis, disección y deducción de Leonardo, que hasta bien entrado el siglo XX los mejores mapas topográficos de la Italia central eran los de él. Leonardo era matemático, literato, pintor, escultor, músico, crítico histórico, inventor, ingeniero, arquitecto, cocinero, botánico y muchas cosas más.

El ángel de Leonardo.
El Verrocchio manda llamar un día a Leonardo y le pide que le de los últimos toques a un cuadro ya terminado: El bautismo de cristo. No obstante, le comenta, va a ser necesario que le agregues un angelito al cuadro que pinte, ya que el cliente así nos lo está solicitando. Pinta algo simple, le sugiere, ya que lo importante no es el ángel sino el cristo y el Bautista.

Fue tal el ángel que le puso, que desde ese entonces la pintura se conoce por el ángel de Leonardo en un bautismo de cristo de un tal Andrea del Verrocchio.

Permítaseme una disgregación, pero la pintura lo amerita…
Les recomiendo buscar en Internet la pintura arriba mencionada. Inmediatamente notaran la diferencia entre los personajes que pinto Adrea del Verrocchio y los que pinto Leonardo. En ese momento entenderán porque el cuadro en si es conocido por el ángel de Leonardo.

Leonardo decía que no se podía expresar pictóricamente a un personaje, si no se expresaba lo que el personaje estaba pensando y sintiendo al momento de pintarlo. En la pintura de Andrea del Verrocchio se nota en la expresión del ángel una sublimación y una vida que no tienen los personajes de Verrocchio.

Los apuntes de Leonardo.
Hay, en los museos y colecciones privadas, más de cinco mil folios de apuntes de Leonardo.
En ellos sorprende, además del contenido, su muy particular forma de escribir ya que éste escribía de derecha a izquierda, amén de que su escritura era especular, ya que es menester verla frente a un espejo para poder leer lo escrito ahí.

Leonardo decía que escribía así debido a que tenía muy mala ortografía… Se definía así mismo como Uomo senza lettere (hombre sin letras), lo cual a todos luces es falso, ya que era un poeta consumado. Escribía así debido a que era muy reservado con sus cosas y lo único que no quería es que sus apuntes fueran leídos por cualquier persona.

En sus apuntes podemos leer su composición poética, literaria, filosófica y musical, así como una muy detallada descripción de la ingente cantidad de aparatos que invento, y de las ciudades que diseño.

Leonardo, como todos saben, era ambidextro. Usaba las dos manos por igual, tanto al escribir como al pintar. No tenía preferencia por una u otra mano. Podía escribir de un tema con una mano y de otro con la otra. Así como escribir de un tema al tiempo que hablaba de otro.

Esta capacidad se debe a que las conexiones cerebrales de los ambidextros se dieron en él en grado sumo. El 89% de las personas somos diestros (hemisferio izquierdo), el 10% zurdos (hemisferio derecho) y el 1% ambidextros (ambos hemisferios).

Los ambidextros y una parte de los zurdos poseen un cerebro en el que ambos hemisferios cerebrales tienen el mismo grado de dominio y en algunos casos esta cualidad les permite desarrollar la sinestesia (ver sonidos y escuchar colores), tal como le sucedió a Leonardo.

Estas capacidades eran palpables en todas sus obras, incluso en sus divertimentos. Veamos un ejemplo de esto…

Leonardo gustaba de la equitación. Al tiempo que montaba y degustaba el movimiento del caballo, estudiaba, con el tacto y roce de sus piernas, la estructura ósea y muscular del equino. Así, mientras los demás solo montaban a caballo, él hacía un profundo estudio de la locomoción del animal. A él le debemos los primeros estudios que existen sobre la locomoción humana y animal.

Poseía, entre otros dones, el de la visión cinemascopica. Él no veía volar un pájaro. Lo que hacía era percibir cada instante sucesivo del vuelo del ave. De esas observaciones surgieron esos bocetos del estudio de las aves y los planos técnicos del primer avión, adelantándose varias centurias a su realización.

El Verrocchio fue llamado a Venecia para realizar la estatua ecuestre del Condotiero Coleone, dejando a Leonardo como responsable del taller, de sus compañeros y de todo lo que en el taller se habría de producir. Esta felicidad le duraría poco. Fue vetado por la iglesia y por las familias nobles de Florencia debido a sus investigaciones sobre el cuerpo humano.

Leonardo, en aras de entender el cuerpo humano, se dedicó de lleno a la necropsia, la cual estaba prohibida por la Iglesia. Leonardo se llevaba los cadáveres a su departamento, los lavaba, los tendía afuera en el balcón para que se orearan, lo cual seguramente incordio a más de un transeúnte.

También fue molestado por utilizar los servicios de modelos varones para sus obras, lo cual derivo en varias acusaciones de homosexualidad, aun cuando en sus apuntes dejo claro su aversión al contacto sexual. En sus notas se lee lo siguiente: 

El acto sexual es sublime, bello y sacro en cuanto está basado en el amor. Es la pasión de los amantes lo que hace que este sea bello, ya que si lo analizamos como lo que es, un mecanismo fisiológico de la naturaleza para asegurar la perpetuación, es en sí mismo un acto repugnante. Tan repugnante como las partes de cuerpo humano involucradas en el acto.

Leonardo tuvo que abandonar Florencia, cambiando su residencia a Milán para trabajar bajo las ordenes de Ludovico Sforza.

Ludovico contrato a Leonardo no solo para que pintara los cuadros de todas sus amantes (20 para ser exactos), sino para que este le resolviera todos los problemas de ingeniería civil que tuviera en su castillo y en la ciudad, sí como el diseño y fabricación de las armas que perpetuaran la seguridad del Conde.

Como dato anecdótico me sirvo transcribir un párrafo del currículo que Leonardo redacto para presentárselo al Duque de Milán:

Puedo construir puentes tan altos y tan largos como leves y fácilmente transportables.
Puedo fabricar cualquier otro instrumento o máquina para sitiar una ciudad hasta por medio de túneles y subterráneos con la finalidad de privarle el agua potable, obligándola a rendirse.

Sé extraer agua de los pozos en asedios.
En batallas navales puedo levantar cortinas de humo, construir carros blindados, bombas portátiles. Acabo de inventar un gas toxico que acaba con los enemigos, pero no con los nuestros, los cuales tomarían una pastilla que también he inventado.

Se cavar túneles sin hacer el menor ruido y puedo llegar por debajo de sus muros y fosos al centro de una ciudad enemiga en un día y hora determinados.
Puedo construir cualquier arma conocida o imaginada, ya sea para el ataque o para la defensa.

En tiempo de paz puede fungir como arquitecto y como ingeniero de edificios públicos y privados.
Y sé cómo llevar el agua de una comarca a otras mucho más elevadas…

Y al último, como quien no quiere la cosa, dice: Y también pinto y hago esculturas en mármol, bronce y terracota.

Ese fue el currículo de presentación que diseño Leonardo para el Duque de Milán. Un currículo donde le dice al Duque lo que éste quiere oír… Poniendo el arte al final y la utilidad al principio. El resultado fue el esperado: lo contrataron.

En ese currículo no dice que ya tenía los planos completos del primer avión; del primer helicóptero; del primer submarino; del elevador hidráulico; del salvavidas náutico; de la ametralladora; de la calefacción central; los lentes de contacto y el semáforo. Los otros inventos vendrían después.

Leonardo descubrió dos décadas antes que Miguel Servet, el mecanismo de la circulación de la sangre. Localizo e identifico las válvulas que regulan el corriente sanguíneo, aplicando el mismo modelo a los canales de Venecia, para que los Turcos pudieran entrar pero no salir.

Descubrió, con casi dos centurias de anticipación, el principio y las leyes fundamentales de la hidrostática que harían tan famoso a Blaise Pascal.

Descubrió cien años antes que Galileo que la oscilación de un péndulo, por su regularidad, puede servir para mover máquinas de relojería o de cualquier otro instrumento de precisión. Y antes de la revolución industrial del siglo décimo octavo, Leonardo ya movía sus artefactos a vapor, adelantándose casi trescientos años a James Watt.

Dibujo las ilustraciones del primer libro de arte, llamado la Divina Proporción. Libro en que se hablaba sobre los cánones del cuerpo humano según el arte clásico. Construyo el anemómetro al tiempo que no dejaba de pintar y crear piezas y artefactos musicales.

Fue en Milán donde pinto la Virgen de las Rocas. Una virgen con su niño en el fondo de una cueva oscura en la que la luz entra a la cueva a través del arroyo que la cruza. Razón por la cual podemos ver a los personajes como si la cueca estuviera iluminada. 

Preparo, para darle le bienvenida al Rey de Francia al Ducado de Milán, un león de oro de tamaño natural...

El rey de Francia estaba sentado junto al Duque de Milán cuando ve que el león de oro de Leonardo se yergue en sus cuatro patas, camina leoninamente hasta donde está él. Se detiene frente al rey. Abre sus fauces y empieza sonar el himno nacional de Francia, al tiempo en que salía de la boca del león una lluvia de flores de Liz de plata. Ya imaginarán ustedes el susto y azoro del rey.

Por cierto, y solo como nota, el león de Leonardo término en los hornos de fundición del Duque. Este pensó que era más valioso el oro que la obra en sí.

El rey de Francia, admirado ante el la creación de Leonardo, se lo lleva a Francia donde moriría a los 67 años de edad.

En sus últimos años dejo de pintar y crear. Se dedicó observar y pensar todo lo que le rodeaba. Cuando el Rey de Francia le pide que trabaje, que aún es joven, este le dice que no. Que no tardará en tener dos ataques de los cuales quedará paralitico, por lo que sus últimos años los quiere dedicar a estudiar para aprender.

Los últimos años de su vida fue catedrático de medicina y cirugía en París.

Más que el pintor, escultor, científico y filósofo del Renacimiento. Leonardo viene a ser la figura que nos recuerda que no nos es dable emprender obra alguna si no está respaldada por una garantía espiritual… Pero que al propio tiempo, todas las garantías espirituales deben estar respaldas por un irrestricto conocimiento y apego a la realidad.

Y más si estamos conscientes de nuestra dualidad, ya que el rumbo de nuestro espíritu siempre corre en una dirección contraria a los intereses de la materia, siendo nuestra responsabilidad de que materia y espíritu caminen, como en Leonardo, siempre unidos.

Nos leemos en el siguiente artículo…

lunes, 2 de enero de 2017

¿En qué creen los que no creen?

No existe en el mundo persona alguna que no crea en algo. Todos tenemos un dios o creencia que nos motiva y sostiene, ya sea un dios religioso, material, económico, humano o de cualquier otra índole de los tantos etcéteras que conforman el quehacer humano.

El ateísmo no existe. Es una figura conceptual que han creado y sostenido los dirigentes religiosos para perseguir y ejercer una acción punitiva sobre todos aquellos que no creen lo que ellos creen, es decir sobre todos esos herejes que han elegido un credo ajeno al de ellos.

La palabra hereje (hereticus), en su acepción correcta, sirve para indicar a aquel que elije diferente. De tal suerte que si usted y yo vamos a un restaurante y usted pide café y yo agua, somos, por elección, herejes el uno del otro. Ya que usted eligió diferente a mí y yo diferente a usted.

Así pues, hereje es aquel que hace una elección diferente a la nuestra, sin importar si la elección es religiosa o de otra índole. Aclarado este insustancial asunto procederé a regresar al tema que nos compete.

Ocurrencias; Ideas y Creencias.
Decíamos líneas arriba que todos tenemos algo en que creer, ya sea un credo religioso, esotérico, exotérico, psíquico o físico, pero todos creemos en algo.  

Antes de entrar a la disección de las creencias y los dioses, ya sean estos dioses de supermercado o dioses institucionales, nos es menester explicar la diferencia entre ocurrencias, ideas y creencias.

Ocurrencia.
Una ocurrencia es algo que como su nombre lo dice, acaece intempestiva e irregularmente en la mente de las personas. La ocurrencia entra y sale del cerebro de la persona sin que en esta haya pasado algo. Es un acaecer fugaz que no encontró acomodo en los parietales del sujeto, ya sea porque ese acaecer no obedece a la persona en sí o porque esta carece de las herramientas intelectuales para retenerla y diseccionarla.

Un ejemplo que ilustra muy bien el entrar y salir del cerebro sin que en este pase algo, es cuando usted está con alguien platicando sobre algún producto o servicio que ha salido al mercado, y ese alguien le dice: esa idea ya se me había ocurrido a mí…

Efectivamente, se la había ocurrido a él…, pero no pasó nada. Se le tuvo que ocurrir a otra persona para que esta la retuviera en sus parietales, la diseccionara en sus partes y la convirtiera en algo útil y funcional.

Así pues, una ocurrencia es algo que entra y sale del cerebro sin que en este suceda algo.

No obstante, la gente suele creer que una ocurrencia es una idea. Nada más lejos de la verdad. La idea es la antesala de la creencia, mientras que la ocurrencia es, paradójicamente, la presencia de la nada.

Idea.
Una idea es una ocurrencia atrapada por nuestros parietales los cuales de inmediato la empiezan a procesar, por lo que a partir de ese momento deja de ser ocurrencia para convertirse en idea, ocupando una muy buena parte de nuestro discurrir intelectual.

Las ideas las tenemos que sostener, las creencias nos sostienen.
Una idea es ese pensamiento o razón que en primera instancia decidimos no rechazar, aun cuando no encaja en nuestro código de creencias. El peso de su lógica y de su fuerza argumental nos hace dudar en si debemos o no considerarla como parte de nuestro equipaje intelectual, por lo que nos es menester diseccionarla hasta sus últimas consecuencias para poder decidir si la aceptamos o rechazamos.

En este proceso asaz difícil por la crisis espiritual e intelectual en la que nos sumerge, nos descubriremos hablando constantemente de la idea que nos ocupa con cuánta gente nos quiera escuchar. En donde la realidad es que este hablar con los demás no es otra cosa más que un hablarnos a nosotros mismos con la finalidad de escucharnos y encontrar la verdad.

Así pues, el estar hablando de la idea que nos ocupa con cuánta gente nos rodea, es por la ingente necesidad que tenemos de sostener la idea hasta que decidamos rechazarla o sumarla a nuestro código de creencias..

Sirva lo siguiente para ilustrar lo anterior…
Cuando usted escucha que una persona está constantemente hablando de dios, del amor, de la caridad, ética, humildad y cuantos etcéteras se le ocurran, no es porque esta persona crea en dios, en el amor y demás menesteres, sino que está hablando de ello para convencerse a sí mismo… El que ya hizo propias esas cosas las guarda para sí, hablando del tema solo cuando es menester.

No obstante es importante entender que unas son las personas que están en el discurrir intelectual y otras los exaltados que le hablarán día a día de estas cosas pero no para discurrirlas o debatirlas con usted, sino para enrolarlo como adepto en su secta o creencia al tiempo que se forjan una identidad… 

Este tipo de personas son las que por reclutamiento u orfandad psíquica, se suman a la secta o creencia que mejor se acomoda a su patología y a sus emociones.

El otro, el que solo habla del tema porque está en constante debate consigo mismo, dejará de hablar del tema ya una vez que haya finalizado su disección. Al término de la misma decidirá si acepta la idea y la convierte en creencia, o la rechaza para no pensarla más.

Creencia.
Las creencias nos sostienen día a día. Estas son las responsables de nuestro mucho o poco quehacer, así como de nuestros alcances y limitaciones.

El destino de un ser humano está subordinado a un conjunto de creencias que ha seguido consciente e inconscientemente y que le han gobernado la vida.

El problema de las creencias es que estas nos sostienen. No se discurren, no se diseccionan, solo son. No importa si las adquirimos por herencia o por voluntad. Simplemente son y con ello es suficiente para no pensarlas jamás, aun cuando estas son las que definen nuestro horizonte de posibilidad y acción

Por ejemplo, si una persona cree que la Vida es la respuesta, se limitará a recibir, creer y actuar. Jamás se verá en la necesidad de cuestionarse nada. Sera un feliz creyente y seguidor de las normas y criterios de otros, los cuales, a su vez, las heredaron de otros y así sucesivamente.

Por el contrario si una persona cree que la Vida es la pregunta, se cuestionara todo lo que le dicen, todo lo que observe, lea, escuche y piense. Buscando la lógica, razón y pragmatismo de cada pensamiento o cosa.

Los primeros crean religión, los segundos ciencia. Los primeros están orientados a la estabilidad, los segundos al progreso. Unos son conservadores, los otros revolucionarios. En donde la diferencia real entre unos y otros son sus creencias, no sus capacidades.

La primera responsabilidad que tiene un ser humano para consigo mismo es auscultar su código de creencias. Revisar a donde le han llevado estas y decidir si así es como quiere estar, definiendo cuales tiene que conservar, cambiar o desechar. De lo contrario su vida será más biología que biografía.

Veamos otro ejemplo pero este del combés empresarial.
Las empresas te pagan tan cara la dependencia que te hacen incosteable la independencia.

Si una persona cree que no hay nada más seguro que la estabilidad y tranquilidad que le da un sueldo, una pensión y una jubilación, buscará, por sobre todas las cosas, la falsa seguridad de un empleo, prefiriendo vivir en la mísera certeza de la servidumbre que en la angustiosa riqueza de la incertidumbre.  

La estabilidad es para las plantas, la congruencia para las piedras y la seguridad para los débiles.

Por el contrario, si una persona cree que trabajar para otro es subordinar la redacción de su biografía al lápiz de otro escritor, jamás podrá estar en la nómina de persona alguna. Todo lo que estudie o haga, así como la gente con la que se relacione o asocie, será en miras de su independencia y autonomía, ya que para él…, ese el estado normal de las cosas.

Nuestra responsabilidad es revisar constantemente nuestro código de creencias, para ser nosotros los que dirijamos a nuestras creencias en lugar de que ellas nos dirijan a nosotros.

Dioses esotéricos y exotéricos.
El conocimiento en la antigüedad se dividía en dos: el conocimiento esotérico y el exotérico.

El conocimiento esotérico (esoterikos-los de adentro) era y es para los iniciados.
Este se refería y refiere a la filosofía, metafísica, lógica, matemáticas y geometría. Se asumía, y con razón, que este conocimiento no era para todos, ya que no solo requería de una muy buena cabeza, sino que además era necesario que los iniciados fueran a una escuela, como el nombre lo dice, a iniciarse en el conocimiento en cuestión.

Lo mismo pasa hoy. Las Universidades reciben a todos aquellos que desean iniciarse en lo que van a estudiar, ya sea medicina, ingeniería, leyes, física y toda la suma de etcéteras que se enseñan e imparten hoy.

Si usted es un físico matemático y va a impartir una cátedra especializada en el que vaya a informar de los últimos avances de la física cuántica, será menester que acudamos a ella los iniciados en el tema, de lo contrario nos será imposible entender lo que se está diciendo o demostrado vía la matemática cuántica.

El que usted imparta dicha cátedra, no hace de usted un místico del conocimiento arcano (no hay tal), ni nada de esas lindezas que gustan a todos aquellos exotéricos que desean encontrar algo más allá de lo obvio. Usted simplemente es un esotérico que comparte con los suyos el gusto por el saber.

Ahora bien, si a usted se le contrata para dar una conferencia al público en general, usted impartirá en dicha conferencia un conocimiento exotérico, es decir, una conferencia de divulgación en donde su tema es uno más de eso que llamamos cultura general.

Lo paradójico del tema es que hoy llamamos esotérico al conocimiento exotérico, es decir, al conocimiento de divulgación, ese que consiste en dar una pincelada del saber a aquellos que no saben que no saben.

Esos que son sabios de segunda mano y que lo único que desean es quedarse en la superficie de las cosas, ya que su pereza intelectual ha hecho que su cerebro no les de para más. 

Recién me invitaron a departir intelectualmente con una experta en numerología y otra en astrología. Ambas, fieles a su feminidad, se volcaron sobre mí con un sinfín de preguntas, ya que una de ellas pensaba que yo sabía de la cábala y esas cosas.

Me preguntaron mi parecer sobre ambos temas y ambas les comenté que era un neófito en la materia, y que por obvias razones no estaba facultado para emitir una opinión al respecto. Pasaron por alto mis objeciones diciéndome que cualquiera puede emitir una opinión.

Les comenté que no tenía fundamentos pero que si podía hacerles algunas preguntas que me ayudarán a aclarar mi perplejidad.

Aquel que cree en los horóscopos es porque nació bajo el signo equivocado.
Le pregunte a la experta en los horóscopos, que qué horóscopo debiera revisar al subir a un avión para un vuelo transcontinental: el horóscopo del piloto o el mío.

La pregunta le sorprendió a tal grado que el mutis, acompañado de una cara de incordio y asombro, se extendió más allá de lo cortésmente razonable. Afortunadamente su compañera logro distender el incordio con una risa que iba acompañada de un comentario en el que me invitaba a dejar de jugar para hacer una pregunta sería.

La experta en los horóscopos se limitó a preguntarme si yo creía en los astros, a lo que respondí que no. Que respetaba en mucho las leyes que rigen el movimiento de los astros (astronomía), pero que no sabía nada de la astrología.

Su compañera, más abierta y frontal, interpelo mi incredulidad no solo para los horóscopos y numerología, sino para todo lo que tiene que ver con el combes del creer.

Les conteste que en lo único en que yo creo es en todo el bien y todo el mal que el hombre puede hacer. Mi creer no se extiende más allá de eso.

Les explique que desde mi óptica no hay nada mejor que llamar a las cosas por su nombre. Que siempre será mejor hacerlo así, que nominarlas de la forma equivocada. La realidad como realidad y la ficción como ficción.

Cuando llamas a las cosas por su nombre, eliges conscientemente las ficciones o paliativos en los que te vas a refugiar para hacer la vida más amable. A sabiendas de que estos no tienen otro fin más que servirte de catarsis para despresurizar tus cuitas y canguelos… En otras palabras, dejas de esperar lo inesperable.

Las ficciones o creencias son entes de razón. No tienen vida propia. La vida que tienen es la que uno le da en su cabeza, pero la realidad es que no existen, por lo que no pueden poseer posibilidad o intención para resolver lo que solo usted puede resolver.

Veamos algunos ejemplos por demás polémicos…

Los dioses.
Los dioses no tienen existencia real. Son entes de razón y como tal la única vida que tienen es la que cada quien le da en su cabeza. Los entes de razón carecen de posibilidad e intención. Lo que no es, no puede resolver lo que si Es. 

¿Por qué entonces al rezarles o conversar con ellos (una relación personal con dios, me decía una e ellas), las personas se sienten mejor y solucionan sus cosas?

Al rezar o hablar con sus entes de razón, lo que en realidad está haciendo es hablar consigo mismo.

Este hablar consigo mismo no solo le ayuda a despresurizarse y sentirse mejor, sino que además le permite escucharse… Y, cuando uno se escucha, encuentra.

Bien decía Don Miguel de Unamuno: el conocimiento se da hablando.

No obstante puede, si usted así lo desea, atribuirle a sus dioses la solución encontrada, pero la realidad es que fue usted el que la pario, ejecuto y resolvió.

El amor.
El amor existe en la cabeza de cada uno de nosotros y este es obsecuente a nuestra lotería genética, la cual determina y escoge antes de que nosotros lo llevemos a la razón, a ese otro u otra que completa y complementa nuestro ser.

La realidad es que uno no ama a su otredad. Lo que amamos es lo que sentimos cuando estamos con nuestra otredad. 

El amor romántico nos ha vendido la idea de que el amor todo lo puede, y es cierto, lo puede todo pero en uno mismo, no en el otro.

El otro persigue su propio bien, y en la medida en que usted se vea en la penosa necesidad de renunciar a lo que Es para darle gusto al otro, descubrirá que al paso del tiempo terminará abortando la relación, ya que nadie puede dejar de ser lo que Es para traicionarse a sí mismo.

El amor, en cuanto tal, no pide, castiga, limita o exige la abnegación del otro, ya que en ese momento deja de expresar el ser para pasar a ser una caricatura de lo que era, perdiendo con ello el amor a si y el amor al otro.

En la vida lo que es no necesita de fe, ya es.
Se cree solo lo que no es. La realidad no necesita de fe. La realidad es. 

La creencia es necesaria única y exclusivamente en lo que no es.
Lo que es no requiere de la subjetividad humana para ser. Existe por sí mismo, sin necesidad de nuestra aprobación o rechazo.

Somos nosotros los que decidimos creer en algo para hacer más amable la vida. Ya sea este un creer consiente, eligiendo nuestras ficciones y creencias, o un creer inconsciente, en donde estaremos dirigidos por nuestras creencias en lugar de que nosotros las dirijamos a ellas.