martes, 19 de mayo de 2015

Perfiles empresariales.

Nada puede ser y no ser al mismo tiempo.
La razón es la percepción de la realidad, y realidad se basa en una sola proposición: ser, es ser algo. Todo lo que existe tiene identidad. Es un ser que es algo, que existe, que tiene realidad. Todo aquello que esta en el mundo de las ideas, de los conceptos, no es. No existe. Es una idea, más no una realidad.

El concepto es universal, la existencia singular. La palabra o concepto Hombre nos habla de la idea Hombre, pero no de un hombre en particular. Para hablar de un hombre en particular nos es menester salirnos del concepto y decir: éste hombre. Este que se llama de tal manera; este que es y existe. Este es un hombre singular. Un hombre que tiene existencia, que es. El otro, el del concepto, es una idea, pero no un hombre.

Cada cosa es lo que es, y eso que la cosa es, es lo que determina todo su accionar. La ley de causalidad dice que las acciones de una cosa están determinadas por lo que la cosa es. Un gato no va a ladrar por accidente. Es imposible e improbable. No está en la naturaleza del gato ladrar. Querer que lo haga es una estupidez.

Lo mismo acontece con los seres humanos. Lo que somos define nuestro hacer, nuestro accionar. Vocación no es aquello para lo que soy bueno. Vocación es la forma en que hacemos las cosas, y esta obedece a nuestra esencia, es decir, a nuestro es.

El resultado que producen nuestras acciones obedece a una suma de causas: nuestra esencia, eficiencia, eficacia y azar. No obstante es importante anotar que el hacer no está subordinado al azar. Lo único susceptible al azar es el resultado, pero no el hacer. Lo que somos es lo que nos hace hacer las cosas de la forma en que las hacemos. Tal vez el azar nos obligue a hacer una acción específica, pero la forma en que llevamos a cabo esta acción, no obedece al azar, obedece al ser.

Lo que existe, existe por sí mismo y existe más allá de cada uno de nosotros.
El árbol no deja de ser árbol cuando yo muera. Deja de ser árbol cuando muera él. En otras palabras, las cosas son y existen más allá de cualquier conciencia... Conciencia es la capacidad de identificar y llamar a las cosas por su nombre. Una persona tiene más o menos conciencia en función de la capacidad que tenga para identificar y llamar a más o a menos cosas por su nombre. Entre más cosas pueda identificar y llamar por su nombre, más conciencia tendrá y menos propenso será al error.

Una persona que más allá de sus estudios y preparación posea una baja capacidad para identificar y llamar a las cosas por su nombre, será más propensa al error, debido a que tenderá a confundir lo que las cosas son. Este tipo de personas tienden a darle más valor a las ideas, conceptos y palabras que a la realidad en sí. Esto les lleva a creer en lo que no existe, a esperar lo improbable y a exigir lo irrealizable, es decir, lo que no tiene cabida en la realidad.

El universo existe independiente de cualquier consciencia. Esto quiere decir que usted podrá llamar a las cosas con un nombre que no corresponde a lo que la cosa es, sin embargo, la cosa sigue siendo lo que es más allá de cómo la llame usted. El hombre en cuanto hombre le es menester adaptar su entorno a sus propias necesidades, no obstante debe tener en cuenta que la naturaleza para ser dirigida, debe ser obedecida. No podemos pedirle a la cosa que haga lo que la cosa no es.

No podemos pedirle al Operador que deje de operar, al Directivo que deje de dirigir y al Creativo que deje de crear. Podemos refrenar la personalidad de cada uno de ellos, pero no cambiarla. La personalidad es como la naturaleza, la puedes encausar pero no acotar. Esta se va a expresar con toda su fuerza en la primera oportunidad que tenga.

Un líder debe identificar la naturaleza de sus allegados y potencializar lo que estos son. Esperar que la gente sea lo que no es, no solo es una falacia, sino que además es una estulticia. El que está mal es el líder, no el otro. El otro, ya sea por una falla de selección o de ubicación, está actuando conforme a lo que su naturaleza es. No puede dar lo que no tiene.

El reto del líder no solo está en identificar y rodearse de aquellos que necesita, sino en dirigir a aquellos que no necesariamente son lo que necesita. ¿Cómo entonces trabajar con aquellos que no tienen lo que necesitamos?

Para responder a esto nos es menester hacer una disgregación.
¿En qué porcentaje de su nómina esta el 80 – 90% de sus resultados? ¿Lo tiene identificado? ¿Sabe quién o quiénes son? ¿Hace algo al respecto?

Un servidor ha tenido la oportunidad de ser testigo de primera mano en varios intentos de compras hostiles, así como en varias que si se realizaron. Lo primero que les he aconsejado a los clientes que se han visto sujetos a esta modalidad, es que identifiquen en quien o quienes esta la esencia de su negocio. Quien o quienes son los que generan las utilidades. Esos son a los que debemos tratar de retener a toda costa. El negocio está en ellos. No en los demás.

Los demás son gente que va y viene dentro de la organización. Personas a las que se puede contratar sin problema alguno. Personas que no ven ni van más allá de las tareas para las que fueron contratadas. Son elementos de fácil sustitución. Cosa que no sucede con aquellos en los está la esencia del negocio.

Cuando los países se enfrentan a un posible conflicto bélico, lo primero que hacen es identificar sus empresas claves y dentro de ellas, a los hombres claves. Se estima que no más del 5% del personal genera el 80% de los resultados. Los demás son importantes, pero remplazables.

Una de las responsabilidades del líder es identificar quien o quienes son esas personas sobre las que descansa el negocio. Reconocerlas, formarlas, dirigirlas y retenerlas.

Líneas arriba mencionaba que fui testigo de varios intentos de compras hostiles. En una de ellas que si se llevó a cabo, hicimos un plan para identificar a aquellas personas que eran claves para el negocio. Se les indemnizo y se les ofreció un contrato para arrancar un proyecto similar con otro nombre, estructura y forma. De tal suerte que cuando la compra hostil se llevó a cabo, el cliente tenía todo listo para empezar de nuevo con la gente que requería para hacer lo que requería. 

Ahora bien,  regresando a la pregunta que nos compete: ¿cómo dirigir aquellos que no son del todo indispensables?

Todos los que trabajan en la empresa tienen un papel y con él un nivel de importancia y trascendencia. No obstante nos es menester reconocer que no todos son cruciales para el negocio. Hay quienes tienen un rol operativo, otros un rol directivo y los menos un rol creativo.

Perfil Operativo.
Los operativos van y vienen dentro de las organizaciones. No hay gran diferencia entre uno y otro. Lo más importante es ubicarlos en la función en la que deben estar. Estos son muy valiosos, ya que son los que garantizan la continuidad. No obstante el negocio no está en ellos. Si uno de ellos renuncia, hay otros que lo pueden remplazar. La diferencia entre uno y otro nunca es sustancial.

Los operativos se necesitan en todos los niveles de la organización. Un operativo puede estar en la línea o en una gerencia general y no por eso dejar de ser operativo. Lo importante no es el nivel, sino la función. Al líder le corresponde seleccionar y ubicar a los operativos en los puestos y funciones donde lo importante sea la continuidad, la administración de las inercias. Es menester ubicarlos en esos puestos y funciones donde hay poco o nada que innovar. Puestos y funciones rutinarias pero importantes para la continuidad.

El Operador requiere de certidumbres y nada le brinda más tranquilidad que la rutina. Es más freno que acelerador. Posee un bajo nivel de acoplamiento y transformación estructural. Por lo general trata de exponerse siempre al mismo tipo de escenarios y personas, y a eso le llama estabilidad.

El operador no crea, no dirige. Opera inercias. Brinda continuidad a la operación. Respeta y exige que se respete la jerarquía, estructura y los símbolos de poder. Le da un alto valor al orden y a la estabilidad. Requiere de un alto nivel de certidumbre. No gusta de la oblicuidad (lo no previsto). Es bueno para administrar y controlar la estabilidad. Es la persona ideal para consolidar lo ya hecho. El Operador crece de manera lenta, pausada y sostenidamente. Posee bajo nivel de apertura, lo que le hace ser poco proclive al cambio.

La mejor forma de dirigir a un Operador es tratarlo como operador. El operador sueña con ser más de lo que es, por lo que es menester ubicarlo en su realidad. No querer hacer de él un Director o un Creador. No tiene con qué. Es importante hacerle entender que es muy valioso como operador.

Es una persona que requiere soporte y apoyo emocional. Para el operador es importante existir, y existe cuando existe para el líder, por lo que es necesario darle un trato personal, llamarlo por su nombre, preguntarle por los suyos, es algo a lo que da mucho valor.     

Los Operadores están más centrados en los sujetos que en los objetos y procesos.
Generan el 70% de los costos y el 20% de las utilidades.

Perfil Directivo.
Los directivos son importantes, ya que gracias a ellos los operativos hacen lo que deben hacer y la empresa reorienta sus inercias. Los Directivos son personas con un buen nivel de acoplamiento y transformación estructural, lo que les lleva optimizar, cambiar y orientar inercias.

El Directivo busca capitalizar los activos más allá de su origen. Esto le lleva a explorar todas esas otras cosas que se pueden hacer con los activos para que estos generen más de lo que originalmente se pensó. Es alguien que valora por igual la aportación de ideas de negocios, y la estructura y jerarquía de la empresa.

El Directivo le da un alto valor a la toma de decisiones, a los símbolos de poder (estatus) y a la inversión. Toma decisiones de riesgo controlado. Trabaja bajo la premisa de caos creado, caos controlado. Gusta de crear un espíritu de competencia y competitividad dentro y fuera de la empresa. Hábil en el manejo de las relaciones sociales y alianzas de negocio. Frío, racional y medianamente distante. Nunca deja de preparase. Siempre se está comparando, actualizando y exigiendo. Es un inconformista perenne.  

El directivo es alguien que le exige un alto nivel de rentabilidad a la organización. Busca lograr un crecimiento dinámico y constante, de sí y de la empresa. Es a un mismo tiempo freno y acelerador, ocasionado con ello un buen nivel de presión y desgaste a la estructura.

La mejor forma de dirigir a un Directivo es a través de retos, indicadores de negocio y límites de operación.

Los Directivos están más centrados en los objetos y procesos que en los sujetos.
Generan el 20% de los costos y el 30% de las utilidades.

Perfil Creativo.
El creativo se mueve muy bien en la incertidumbre. Nada le agrede más que la rutina, la tradición y la costumbre. Posee un muy alto nivel de acoplamiento y transformación estructural, lo que lo lleva a exponerse a muchos tipos de escenarios y personas, y a crear nuevas y mejores inercias.

El creador siempre capitaliza el concepto más allá del origen. Es alguien que lo que busca es crear imperio, no empresa. Para el creador es más importante la creación y aportación de ideas que la estructura y la jerarquía. Es alguien que gusta de explorar caminos inexplorados, lo que le lleva a crear constantemente nuevas vetas de negocio.

El creador exige de los demás previsión, control, crecimiento y rentabilidad. Posee apertura y firmeza de criterio. Cuando inicia un negocio lo hace con múltiples alternativas de salida (plan a, b, c, y d).

El creador es más acelerador que freno. Su toma de decisiones está orientada al imperio, a la creación. Gusta del riesgo y la adrenalina. Posee un alto nivel de tolerancia a la frustración, lo que les permite empezar cuantas veces sea necesario. Suele ser frío, duro y exigente consigo mismo y con los demás.

El creador está convencido de que solo crea el que no tiene. El que tiene esta más preocupado en cuidar lo que tiene que en crear nuevas y mejores formas.

La creación requiere de ausencia, dolor de ausencia y sentido de trascendencia. Razón por la cual el creador siempre actúa como si no tuviera. Lo creado, creado esta. Lo cuida, lo mejora, no obstante lo que realmente le apremia es crear algo que supere lo ya creado, que es la única forma de genera nuevas alternativas de negocio.

Para el creador es más importante el ingenio que el dinero, por lo que le dará más valor a aquellos que tienen la capacidad de resolver sin recursos.

La mejor forma de dirigir a un creador es definirle lo que se necesita. Cuidar que la creación no pierda funcionalidad. Definirle tiempos y dejarle trabajar.

Los Creadores están más centrados en los conceptos y procesos, que en los objetos y sujetos.
Generan el 10% de los costos y el 50% de las utilidades.

Conclusión.
No hay perfiles malos. Lo que hay es gente equivocada en el lugar equivocado.

El líder debe tener la capacidad de rodearse de los con quienes que necesita para hacer lo que necesita. Pidiéndole a cada quien, lo de cada quien.  

domingo, 17 de mayo de 2015

La Malinche. Liderazgo y estrategia.

La Malinche es la mujer más representativa de la historia de México. Una mujer a la que nuestra historia ha estigmatizado como traidora. La gran mayoría de nuestros historiadores, biógrafos e intelectuales la han ignorado y condenado al olvido, al grado de que no existen biografías dignas de tomarse en cuenta y las que hay son noveladas- ricas en supuestos e imaginación  pero carentes de hechos y bases históricas-. Lo que sabemos de ella se lo debemos a las crónicas de la época y a Bernal Díaz del Castillo.

La estigmatización de su nombre ha llegado a tal nivel que en algunos sectores de la sociedad, sobre todo en aquellos que están menos expuestos a la globalización, se sigue usando el término de malinchista para señalar a aquel que prefiere lo extranjero a lo nacional, cuando la realidad es que en México hemos hecho lo mismo en lo que concierne a los reconocimientos. Ninguna calle, plaza o centro educativo cultural lleva su nombre. Es como si nunca hubiera existido, a pesar de lo mucho que hizo. En México no hay una sola estatua de ella. Hay de muchos extranjeros pero ninguna de ella. Es como si en Mexico se prefiriera lo extranjero a lo nacional. 

Los aztecas y nosotros.
Es importante anotar que lo único que tenemos en común con los aztecas es el que ellos, como nosotros, formaron parte de esta tierra. Compartimos un espacio de historia, pero no tenemos nada en común. Nada nos une a ellos. No corre en nuestras venas casi nada de sangre azteca: 58.96% europea, 35.5% asiático y 5.3% africanos (Instituto Nacional de Medicina Genómica). 

El Imperio azteca era regional, abarcaba la totalidad del estado de México, Veracruz y Puebla, además de una pequeña franja de los estados de Oaxaca, Guerrero, Chiapas e Hidalgo, así como una parte de Guatemala. Su geografía, arquitectura y urbanística era insuperable. La ciudad era una belleza, sus palacios, canales y chinampas eran algo no visto en ninguna otra latitud. 

La belleza de la ciudad se oscurecía cuando llegabas a los templos. Estos poseían una ornamentación propia a lo que en ellos se hacia -sacrificios humanos. El hedor era insoportable, amen de las costras de sangre humana que cubría paredes, pisos y escaleras. Los sacerdotes no se lavaban el pelo. Parte esencial de su ornamentación y distinción eran las costras de sangre de sus víctimas en el cabello. A mayores costras, mayor distinción. 

Los aztecas se parecían mucho a los católicos ortodoxos. Estos se laceraban el cuerpo con azotes y cilicio a manera de penitencia. Los aztecas se punzaban la lengua, orejas y cuerpo con púas de maguey a manera de penitencia. Las privaciones y castigos corporales eran aplicados por igual a toda la gente. No olvidemos que el imperio azteca era una dictadura teocrático-militar con condiciones de vida extraordinariamente difíciles, tanto para los suyos como para las naciones tributarias. 

El México que conocemos no existía en ese entonces. Lo que existía era un conjunto de cacicazgos formados por tribus de diferentes etnias y razas, sujetas la gran mayoría de ellas al poderío de Tenochtitlán. Había varias naciones y todas en conflicto con los aztecas. Así entonces la pregunta que nos debemos hacer es: ¿a quien traiciono la Malinche? A los popolucas, tribu a la que pertenecía y que la había vendido como esclava a la muerte de su padre. A los mayas que la compraron y vendieron años después al señor de Tabasco. A los zapotecas, purépechas, tlaxcaltecas, mexicas a quién.

La Malinche no traiciono a los aztecas. Ella no era azteca. No traiciono a su raza los populucas, ni a los mayas o tabascos con los que vivió como esclava. Todo lo contrario. Desde el contexto en el que ella vivía, en el que casi todas las tribus estaban sojuzgadas por la dictadura teocrática militar de los aztecas, lo que hizo fue contribuir a su liberación. Lo que aconteció después de la conquista no es imputable a ella, no podía saberlo. 

Es una mujer a la que no se la ha dado el reconocimiento que merece. No lo han hecho nuestros políticos, no lo ha hecho la Iglesia. La Iglesia ha pasado por el alto el hecho de que la Malinche fue la primera persona evangelizadora que hubo en México. Por muchos años se dedicó a transmitir, explicar y promover la nueva fe. Una fe que era muy difícil de explicar y transmitir, ya que temáticamente no tenía nada que ofrecer. 

Qué podía ofrecer a los pueblos de ese entonces una fe en la que un solo hombre había muerto por toda la humanidad, cuando en esos pueblos lo común era que muchos de ellos se ofrecieran, ya no para salvar a la humanidad, sino para lograr que saliera el sol, que los campos fructificaran, que la lluvia cayera, etc. ¿Qué les podía ofrecer una fe que estaba centrada en el sacrificio de un solo hombre? ¿Cuál era el atractivo si ellos estaban acostumbrados al sacrificio voluntario de sus mejores hombres?

Por qué habrían de seguir una fe que nos les ofrecía nada nuevo. Y lo cierto es que no obstante los óbices mencionados, la Malinche hizo lo suyo y lo hizo bien. Al grado que muchos años después cuando llegaron los misioneros, encontraron que una buena cantidad de gente de los pueblos cercanos a ella, había abrazado la fe católica. 

La Malinche fue una mujer extraordinaria que no solo ha sido estigmatizada y no reconocida, sino que además está en el olvido de muchos de nosotros.

Las cartas de relación de Hernán Cortes.
Las cartas de relación de Hernán Cortés fueron escritas a un monarca que no conocía. A un monarca con el que no tenía más vinculo que el vasallaje. Las cartas son de obligada lectura. Las escribió como ejercicio de promoción y venta. Son, junto con el Príncipe de Maquiavelo, un tratado de liderazgo. No deja de llamar la atención el hecho de que ambas obras se escribieron por la misma razón: Maquiavelo se estaba promocionando ante los Medici y Hernán Cortes ante el emperador Carlos I de España.

Es importante entender que Cortes no le escribía al emperador explicándole como iba la tarea que este le encomendó. Cortes era un fugitivo. Había emprendido la conquista sin la venia del rey y sin la venia de Diego de Velázquez. Así pues, escribía para justificarse, para promoverse. No podía entrar en intimidades ni confidencias. Narraba gestas, retos, dificultades y triunfos. 

Claro que en estas cartas no aparece la Malinche. Ella era algo íntimo. Algo que se le cuenta al jefe, al amigo, pero no a aquel que puede decidir nuestro futuro, y menos si emprendimos algo sin su debido consentimiento. Este tener que ocultar y guardar las formas hizo que la Malinche se viera privada del reconocimiento que le debía Cortes. Es muy probable que hoy, quinientos años después, muchas mujeres sepan de esto.

La Malinche y Cortes.
La Malinche fue vendida como esclava dos veces. Una a los mayas y otra al señor de Tabasco. Llego a Tabasco a los 13 años de edad, dominando para ese momento tres lenguas –Náhuatl, Tabasco, Maya. La Malinche no solo era poliglota, sino que además entendía a la perfección las tres culturas, sus ritos, tradiciones, costumbres, debilidades y ambiciones, lo que a la postre le sería de suma utilidad. Era tal su señorío e inteligencia que a los 15 años empezó a ser llamada por su amo con el prefijo tzin (malinal- tzin), pasando de esclava a gran señora.

Fue en Tabasco cuando oyó hablar por primera vez de esos seres que venían del mar en unas casas flotantes de gran tamaño. Seres que se cubrían el cuerpo y que no se sabía si eran humanos o dioses. Seres extraños carentes de color y poseedores de un olor poco tolerante. Seres que venían acompañados de venados gigantes que inspiraban temor y renuencia. Extraños personajes que llegaban a las costas en mayores cantidades y que se temía fueran a ocasionar cambios en la vida de todos. 

La llegada de los españoles fue significativo para ambas partes. Para los españoles fue un viaje en el túnel del tiempo. Un viaje que los acercó a los orígenes de la humanidad. Para los nativos representó la llegada de seres del futuro. El cerebro de unos y otros debió sufrir un shock de primer orden, sobre todo para los nativos. Lo más seguro es que la llegada de esos seres carentes de color generará cambios en el mundo que ellos conocían. La gente estaba nerviosa, llena de presagios y temores.

Lo más seguro es que la Malinche no fuera ajena a las preocupaciones de los demás, sin embargo pensamos que se sentía más segura que el esto de sus congéneres. Tenía el carácter, la inteligencia y las herramientas necesarias para entender, capitalizar y dirigir el cambio. No olvidemos que la Malinche había vivido cambios dramáticos. Nació y vivió como princesa. Luego, cuando si padre murió, su madre la vendió como esclava a los mayas y estos años después al señor de Tabasco. Se adapto a sus circunstancias y busco sacar lo mejor de ellas, logrando una posición de distinción que solo se lograba siendo hija o esposa de rey. 

Lo mas probable es que pensara que los cambios que los hombres sin color hicieran seria uno más de los muchos a los que se había tenido que enfrentar y sobrellevar. 

Por otro lado está la figura de Hernán Cortes. Un hombre inteligente, reflexivo y audaz como ninguno. Poseedor de un nivel de liderazgo pocas veces visto en la historia.

Cortes llego como fugitivo. Cierto que Diego de Velázquez había bosquejado con él la posibilidad de explorar esa gran isla o continente del que hablaban otros expedicionarios, pero también es cierto que no lo quería hacer con él. Estaba seguro de que Cortes no solo se le iba a rebelar, sino que además trataría de llegar al rey para obtener de éste el señorío de las tierras conquistadas, dejándole al margen de los beneficios.

Cortes se enteró de que Velázquez iba a nombrar a otro capitán, por lo que zarpo del puerto horas antes de que este llegara con el nombramiento del nuevo capitán. Cortes emprendió su odisea sin la debida autorización y sin el apoyo de la tripulación. Contados eran los que estaban con él. Los demás, violentados en su proceso y filias, se mantenían observantes y puestos a criticar y en su momento a removerlo del mando. Esto obligo a Cortes a legitimar todos sus actos. Uno de ellos es la fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz y del Cabildo, otorgando nombramientos a contrarios y propios en las funciones del mismo.

Otra característica de Cortes era su capacidad de adaptación, respuesta y generación de resultados. Sus acciones generaban resultados rápidos y sorprendentes. Resultados que hacían que los demás pasaran por alto la falta de autorización de este para emprender las tareas que estaba llevando a cabo. Era un hombre que vivía en el límite. Un ejemplo de ello es el hecho de que barreno todos los barcos para que sus hombres no pudieran regresar a Cuba. El mensaje era claro: o ganamos o morimos. 

Cortes era un hombre que se dejaba aconsejar. Que meditaba en silencio y ya una vez concebido el plan lo exponía a sus íntimos, incluida la Malinche, para que estos le dieran sus puntos de vista.

El encuentro de la Malinche y de Cortes fue coyuntural. Por un lado Cortes que no venía de parte de nadie y por el otro la Malinche que no representa a nadie. 

Fue el encuentro de dos personas con biografías y caracteres similares. Dos seres que han tenido que enfrentar y resolver circunstancias adversas y sobreponerse a ellas. Dos que saben que no tienen a nadie más que a sí mismos para salir adelante. La afinidad entre ellos era inevitable. Cortes fue para la Malinche su llave de salida y señorío, y ella fue para él la llave de la conquista. Uno y otro se completaban y complementaban. 

La Malinche supo de inmediato que esos seres sin color no eran dioses. Eran hombres con ambiciones materiales y deseos carnales. La Malinche vio en Cortes al hombre y él vio en ella a la mujer. Uno y otro se identificaban, necesitaban y entendían. Visto desde la antropología, lo que se dio entre ellos fue una conquista. Cortes fue el conquistador y ella la conquistada. Al paso del tiempo, como sucede en todos los matrimonios, ella fue la conquistadora y el conquistado. 

Antropológicamente el hombre siempre es un conquistador domesticado y Cortes no fue la excepción. Así, juntos, señor y señora, se convirtieron en los artífices de la nueva raza. Engendraron el primer mestizo y con él las bases del México que hoy conocemos. 

La Malinche aprende el idioma de Cortes (ya maneja cuatro lenguas). Aprende también a conocerle, a adivinarle. Le aprende el sentido de la estrategia el cual refuerza con el suyo propio. Ella, conocedora de la sutileza de los habitantes de los señoríos que poblaban el México de ese entonces, decide no presentar a Cortes como conquistador. Lo presentó como libertador. 

Para ello fue menester explicarle y hacerle entender a Cortes que si quería tener éxito en su misión era necesario que no actuara como conquistador. Lo que la gente necesitaba era un libertador. Alguien que los liberará del yugo de Moctezuma y del oneroso tributo que tenían que pagar al imperio. Cortes no solo entendió, sino que aprendió de la Malinche. Dejo a un lado el conquistador para presentarse ante los pueblos con los actos propios de un libertador. Tesis que de ahí en adelante copiarían todos los grandes señores del mundo, diciéndoles a los pueblos conquistados que su intención no es subyugar, sino liberar. Recién vimos algo similar en Ucrania y años antes en Irak.

La Malinche, conocedora de las gentes y lenguas, le explica a los Caciques de los diferentes señoríos cual es el papel de Cortes. Se convierte en la mediadora, en el instrumento por el cual ellos pueden negociar con él. La esclava se convierte en la guía e intermediadora de los grandes señores de la región y en la guía, líder, institutriz y lengua de Cortes. Lo educa, corrige y reprende. Intermedia y defiende los derechos de los locales en aras de una alianza que Cortes habrá de necesitar. Y Cortes, conquistador domesticado, se deja guiar. Mérito de ambos, pero en especial de la Malinche.

La Malinche no solo dirige a Cortes. Es también la consejera y guia de los pueblos que se resisten a Cortes, de los que se le unen y de los que dudan. Es la que vence sus reticencias. Es la que les hace ver que él es un libertador, no un conquistador. 

Les explica que Cortes es vasallo de un rey que mora en tierras muy lejanas. Un rey al que le es casi imposible viajar hasta las tierras liberadas por Cortes, ya que debe cuidar ese reino distante y remoto que nada tiene que ver con el de ellos. Un rey que no podía viajar con todo su ejercito para tomar posesión de las tierras. Que ya una vez liberados, lo más probable es que Cortes, con su exiguo grupo de hombres, se tuviera que regresar a sus tierras, dejándolos a ellos como señores de sus tierras.

La inteligencia y fino entendimiento de las sutilezas de cada pueblo, fue lo que le permitió a la Malinche fincar las alianzas que Cortes necesitaba para la conquista de Tenochtitlan. No olvidemos que Tenochtitlan se rindió por falta de agua y alimentos. Los pueblos tributarios dejaron de proveer a la gran ciudad del agua y alimentos que esta necesitaba para resistir. Bernal Díaz del Castillo dice de la Malinche: jamás vimos en ella flaqueza ni debilidad alguna. Sino ímpetu y esfuerzo mayores a los de cualquiera otra mujer y a no pocos de nuestros propios hombres. 

Ella es la que entiende que el militarismo religioso de Moctezuma es el que le llevaría a no hacer frente a Cortes. Si bien es cierto que hizo todo lo humanamente posible para evitar que Cortes llegara a Tenochtitlan, también lo es que pudiendo hacerle frente no lo hizo. Su creencia y profunda convicción de la segunda llegada de Quetzalcóatl, le hizo recibir a aquellos que probablemente eran sus mensajeros. La Malinche entendió y capitalizo a favor de Cortes la religiosidad de Moctezuma. Tan cierto es esto que dándose cuenta Moctezuma de que ella es la estratega y Cortes el instrumento, llama a Cortes bajo el nombre de Malintzine. 

Moctezuma se da cuenta de que Cortes no es un dios, es un conquistador domesticado y por eso lo llama Malintzine, que significa: el que pertenece a la Malitzin.  Se da cuenta que es ella la responsable de la conquista. Ella, la que de esclava migro a señora y de señora a conquistadora. Una mujer maternal, dulce, profunda y ligeramente triste, pero también una mujer inteligente, sutil, estratega y audaz como ningún.

Terminada la conquista, Cortes viaja a España para no regresar jamás. Cortes había conquistado para el emperador mas tierras que los que sus padres le habían legado. Gracias a Cortes es que el sol no se ponía nunca en los dominios del emperador, y sin embargo éste no solo no lo recibe, sino que ademas lo margina de la conquista y del Mexico que se estaba construyendo.

Cortes había caído en desgracia cuando la Malinche visito España. Fue recibida en la corte como una gran señora. Regresa a México donde es esposa del primer alcalde de la ciudad, teniendo un papel de primer orden en la construcción del nuevo Mexico. Muere a los 29 años de edad, dejando un legado de liderazgo y estrategia que mucha falta nos haría, reconocer, estudiar y aplicar.

martes, 12 de mayo de 2015

San Judas Iscariote

Cuando uno escribe, se describe.
La personalidad es como un pueblo, está lleno de casas, parques, tiendas, edificios y demás componentes. Y en cada casa, edificio o lugar hay infinidad de rincones, cuadros, muebles, cajones, etc., en las que existe información que nos puede ser de suma utilidad para esbozar la personalidad del pueblo y en nuestro caso del individuo.

No existe la causa única o variable predominante que nos permita definir con exactitud la personalidad de un individuo, no obstante cada uno de sus actos, palabras y manifestaciones nos brindan información al respecto. El currículo de una persona, sus correos, mensajes, etc., son fuente muy valiosa de información, no tanto por lo que dice, sino por la forma en que lo dice.

Todo está hecho a imagen y semejanza.
Todo lo que decimos, decidimos, hacemos y compramos nos imagina y semeja. Y la forma de estructurar una carta, un currículo, correo, etc., no es la excepción. Podemos saber un poco del que escribe a través de la redacción que utiliza, las palabras que usa, la forma en que las usa y el orden en que las usa. Estas nos dejaran ver su cuna, estrato social, valores, inteligencia, raciocinio, cultura, fobias y filias, así como intenciones y motivaciones. Es importante entender que el que escribe no es alguien carente de ideas, juicios, emociones y sentimientos. Escribe con intención e inspiración, por lo cual no está exento de que su texto nos transparente sus afinidades e identidades, filias y antipatías.

Para ilustrar lo anterior me voy a permitir usar unos textos conocidos por todos o casi todos. El objetivo no es juzgar. Es entender la personalidad, temperamento, inteligencia, valores, intenciones y motivaciones de los autores. Vamos a revisar los cuatro evangelios, en especial el de Juan, que es él que más información nos da de sí mismo. Para tal efecto me voy a centrar en lo que estos dicen de Judas Iscariote, el cual es un santo en Oriente y un demonio en Occidente.

Es importante hacer notar que de los cuatro evangelistas solo dos conocen aquello de lo que están hablando: Mateo y Juan. Los otros dos, Marcos y Lucas no conocieron al protagonista de su historia. Marcos fue discípulo de Pedro. Por lo que su texto contiene información de segunda mano. Lucas está más lejos aún, es un repetidor de repetidores. El evangelio de Lucas es una narración de tercera, cuarta y quinta mano.

Lucas fue discípulo de Pablo, el cual adquirió el título de apóstol sin haberlo sido. Es un apóstol honoris causa. Pablo no conoció a Jesús. Conoció a los que conocieron a Jesús y a aquellos que conocieron a los que conocieron a Jesús. De tal suerte que el evangelio de Lucas no tiene la cercanía de los dos primeros. En conclusión, tenemos dos evangelios de primera mano, uno de segunda y uno de tercera, cuarta y quinta mano.

Los textos de los evangelistas son emocionales. No prima en ellos el más mínimo resquicio de objetividad. El objetivo de los evangelistas no es llevarnos a la razón. Lo que buscan es contagiarnos su emoción, su pasión. Imagine usted una religión racional, sería ciencia, pero no religión. La religión debe tocarnos nuestras fibras más íntimas y ni duda cabe que los cuatro lo logran.

Análisis de los textos.
En los cuatro evangelios se ve una clara animadversión contra Judas Iscariote. ¿Con o sin razón? No sabemos. Nos es menester leer el texto y ver si esta está justificada o si obedece a los celos, envidias, filias y fobias de los evangelistas.

Hay varias frases en los evangelios que poseen una enorme carga de agravio contra Judas. Una de ellas es la siguiente: Judas era ladrón y por eso llevaba la bolsa. No podemos saber si la frase en cuestión cuenta con los fundamentos requeridos para tal afirmación, lo que si podemos hacer es revisar los textos y poner evidencia lo que estos nos dicen.

Basándonos en el contenido de los textos, podemos afirmar que la frase: Judas era ladrón y por eso llevaba la bolsa deja muy mal parados a los cuatro evangelistas y muy bien a Judas Iscariote.

La frase, en conjunto con los hechos narrados en los evangelios, muestra a Judas como un hombre probo, honrado. Un hombre que tenía en primer lugar los intereses del grupo que los de él mismo. Los evangelios nos dicen que Judas administro tres años la bolsa y ninguno de ellos nos hace saber que en ese inter haya faltado un solo centavo.

Judas tenía a su cargo la tesorería del grupo, tarea nada fácil, ya que si se satisfacen las necesidades del grupo, el mérito es del grupo, mientras que si no se satisfacen, el fallo es del administrador. Podemos leer en los textos que Judas siempre satisfizo a plenitud las necesidades de los trece miembros de la comuna. Miembros que comían y bebían como hombres expuestos a una enorme necesidad de desgaste físico y emocional. Y lo cierto es que jamás les falto nada, lo que de nuevo, habla muy bien de Judas. 

Como bien sabemos ninguno de los trece miembros trabajaba. Ninguno aportaba para los gastos. Por tres años no hicieron nada productivo. Nada que les generara ingresos. Lo único que hacían es consumir. La responsabilidad de mantener al grupo era de Judas. Por tres años les dio de comer, les pago sus gastos, hospedaje y demás menesteres, y todo esto sin recibir un centavo de parte de ellos.

La imagen que hoy tenemos de Judas se debe a lo que de él nos han dicho los demás apóstoles, los cuales hablan de él con un cierto grado de animadversión. Veamos algunos ejemplos…

En los Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas dice que los demás apóstoles criticaron el que la Magdala haya uncido los pies de Jesús con un ungüento tan caro, sobre todo cuando ese dinero le podía servir a los pobres. En el evangelio de Juan dice que Judas critico el acto porque era ladrón. En ningún momento hace referencia de que los demás también lo hicieron. Se circunscribe exclusivamente a Judas, lo que de suyo dice mucho de Juan.

Otro tema en el que Juan hace patente su animadversión, es en el del Sanedrín.
No sabemos si Juan era adivino, si tenía súper poderes o una red de micrófonos secretamente instalados en el Sanedrín, lo que sí sabemos es que narra con lujo de detalle los acuerdos que tuvieron las autoridades del Sanedrín con Judas Iscariote, aun cuando no estuvo ahí.

En dicha reunión se acordó, según Juan, la entrega y captura de Jesús. Juan no tuvo acceso a esa junta y no podía saber si en realidad aconteció, ni los términos de la misma, ya que Judas se ahorco y nada dijo, y ninguno de los miembros del sanedrín hizo pública dicha reunión. De hecho no hay registro en los evangelios de que persona alguna le haya informado a Juan.

Otro ejemplo es el de la traición.
Dicen los evangelios que cuando Jesús anunció: uno de ustedes me va a traicionar. Todos se abalanzaron -incluido Judas- para preguntarle: ¿seré yo acaso señor? Los evangelistas nos dicen que Jesús le respondió a Judas en secreto: tú lo has dicho. Secreto que los cuatro evangelistas mencionan y que ninguno de ellos lo podría saber, ya que como ellos mismos dicen, Jesús le respondió en secreto. El propósito de Jesús era que solo lo escuchara Judas. Si él lo hubiese querido hacer público lo hubiese dicho en voz alta para que lo escucharan todos.

La animadversión de Juan es patente en esa otra frase que habla del demonio.
La frase dice que Judas estaba poseído por el demonio. Frase escrita con toda la intención de agraviar a Judas, al tiempo que incide en el ánimo de los lectores. La frase: Judas estaba poseído por el demonio es a todas luces una equivocación. Es una frase que no persigue otro fin que el de perjudicar, ya que un poseso no es dueño de sus actos. No es él el que actúa. Funge como instrumento de otro, por lo que no es alguien a quien se puede culpar. En estricto sentido, la frase debiera haber sido usada para absolverlo, no para culparlo.

No obstante Juan llega al grado de afirmar que él vio cuando el demonio le entró. Nos hace saber no solo que el demonio le entro, sino el momento justo en que esto paso. Nos dice que el demonio le entro justo en el momento en el que Judas abrió la boca para meterse el pan que Jesús le dio. Juan, claro está, se lo reservo para sí. Nada dijo a los demás. No le hizo saber a Jesús ni a los otros que el demonio le había entrado a Judas, lo que le hace culpable del pecado de omisión.

Otro tema es el que narra la identificación y prendimiento de Jesús. Hay dos versiones. Las dos diferentes. Una obsecuente a la divinidad de Jesús y la otra emocional.
Dicen los evangelios que salieron de la cena y que al poco tiempo llego un grupo de civiles y de militares. Los primeros con palos y los militares con sus respectivas espadas. Jesús al verlos les preguntó que a quien buscaban, por lo que estos, que no sabían quién era Jesús, que no tenían ninguna referencia de él a pesar de lo que mucho que había hecho y predicado, le contestaron que a Jesús de Nazaret. Los textos de los otros evangelistas nos dicen que Jesús les respondió: Yo soy y enseguida cayeron todos inertes al suelo. Los tres evangelios dicen que tres veces cayeron inertes hasta que Jesús tolero que lo maniataran.

Juan nos presenta la versión emocional. Nos hace saber que gracias al beso de Judas fue que estos supieron quién era Jesús. Esto del beso es a todas luces innecesario. Obedece más a las necesidades de Juan que a lo que realmente ocurrió. Qué necesidad tenía Judas de identificar a Jesús si los mismos evangelistas nos dicen que estuvo tres años predicando. Que todo el mundo lo conoce. Que había predicado en las mañana en el templo, en la tardes en la sinagoga y próximo a la puesta del sol en las calles y plazas. Qué necesidad hay de identificar a un hombre que es público a más no poder, en especial para la autoridad. No olvidemos que Jesús tiro las mesas de los cambistas en el templo, es decir, frente a la autoridad. Es imposible que no lo conocieran.

El tema del cenáculo guarda el mismo comportamiento.
Juan nos dice que salen del cenáculo y pasean. Sabemos con certeza que esto no aconteció. No pudo ser. A Juan se le olvido que era la Pascua y la ley era y es muy clara: desde la tarde del día anterior hasta el alba de la festividad de Pascua, ninguno saldrá de la puerta de su casa hasta el amanecer del día siguiente. Y sabemos que todos ellos, en especial Jesús, eran israelitas observantes, por lo que es algo que jamás pudo pasar, tanto por las convicciones de Jesús como por el hecho de que lo prohibía el Sabbat como la misma Pascua.

Desde nuestra humanidad es posible pensar que Jesús y los apóstoles violaron flagrantemente la ley, pero no podemos pensar eso del Sanedrín, siendo este el responsable de hacer guardar la ley a un pueblo observante y exigente con sus autoridades. El Sanedrín no tenía necesidad alguna de violar la ley. Podía prender a Jesús un día después. Este no se iba a escapar. No tenía a donde ir. Tendría que tomar un avión para salir de Judea y no ser prendido, ya que de hacerlo en burro o a pie, se hubiese tardado meses en salir de Judea, con la posibilidad de prenderle en cualquier momento.

Lo de José de Arimatea entra en el mismo caso.
Es algo que no pudo haber acontecido. No como lo narra Juan. Juan nos dice que José de Arimatea, después de labrar todo el día su campo, compra una sábana para que sirva de sudario. No podía estar en el campo. Lo prohibía la Pascua y las penas eran durísimas. Por otro lado donde iba a comprar la sábana si todos los comercios estaban cerrados. Los anales de la historia nos demuestran que todas las rebeliones que hubo en Judea contra el Imperio romano fueron por violaciones menores que estos hicieron a sus ritos, en especial el de la Pascua y el Sabbat.

Tampoco es posible creer que el tribunal se instituyo para juzgar a Jesús y a los otros dos (Dimas y Gestas). Si esto no sucede hoy, mucho menos en esa época en donde la religión era lo más importante de los seres humanos. Nada de lo narrado obedece a los usos y costumbres de la época. Obedece a las intenciones de los evangelistas y en especial a las de Juan.

Conclusión y posibles causas de la animadversión.
Una de las posibles causas de la animadversión es la preferencia que tuvo Jesús sobre Judas Iscariote. Lo prefirió sobre sus propios primos y sobre todos los demás que le conocen desde la infancia.

A él, el extranjero, el extraño, el que no conoce nada de Jesús. El que no conoce a su familia. A él que era el único de los apóstoles con la preparación y cultura necesaria para confrontar a Jesús y hacerle pensar lo que está diciendo y haciendo. A él, el extraño, el ajeno, el diferente es al que le confiere la administración del grupo.

A él le hizo responsable de pagar posadas, alimentos y necesidades del grupo. Lo cual sin lugar a dudas le gano muchas animadversiones, ya sea por celos o por lo impopular de su tarea. A Judas le correspondía negar prebendas y favores, lo cual es posible que le haya generado algunas enemistades.

Judas, si le hacemos caso a los textos, fue el único que dejo todo por Jesús. Los demás dejaron encargadas sus cosas a otros. Tan es así que en la resurrección, Jesús tuvo que ir a buscarlos a sus antiguos oficios. Lo que no aconteció con Judas. Este dejo todo. Dejo familia, dinero y posición por Jesús. Fue el único que lo hizo. Judas era un hombre rico. No necesitaba treinta monedas. Tal vez los otros, pero no él. Él era el único que generaba ingresos. Los demás dependían de él.

Es muy probable que la suma de todo esto le haya generado un cumulo de animadversiones. Judas, como ya mencionamos, no solo fue el elegido por Jesús para llevar la administración del grupo, sino que fue elegido sobre aquellos que Jesús conocía desde la infancia, sus primos, amigos y compañeros.

Jesús hacia milagros intermitentes. Uno de ellos es el de la multiplicación de los panes. Judas, en cambio, tenía que alimentarlos a diario. Y no hay en los evangelios una sola palabra de agradecimiento hacía él. Todo lo contrario.

Los textos no nos hacen patentes las razones por las que los evangelistas se ensañaron con Judas y no nos toca a nosotros escudriñarlas. Lo que si nos corresponde es entender que cuando una persona habla mal de otra, no podemos saber si lo que esta dice es cierto o no, lo que sí sabemos es que tiene algo contra el otro, de lo contrario no nos habría dicho nada.

Analizar el texto del otro, nos da la posibilidad de acercarnos un poco más al otro.

viernes, 8 de mayo de 2015

Los escritores de Dios.

Al emitir una opinión sobre un libro, hecho, acontecimiento o persona, lo que estoy afirmando es lo que estas representan para mí y no lo que son en sí mismas. Antropológicamente no podemos ver las cosas como son. Las vemos como se divisan detrás de nuestros ojos. Ojos que no solo están influenciados por nuestra genética e historia, sino que además procesan lo que ven en función de aquello con lo que hemos alimentado nuestro cerebro, lo que de suyo hace que lo que usted ve sea diferente a lo que yo veo, aun cuando ambos estemos viendo la misma cosa.

Cuando dos personas hacen la misma cosa, ya no es la misma cosa.
En 1997 se estrenó el Titanic de James Cameron. Invite a tres amigos (dos hombres y una mujer) a ver la película. Al final de la misma nos fuimos a casa para hacer el análisis correspondiente. El resultado no me sorprendió. Ella, poeta, escritora y fiel seguidora del romanticismo del siglo XIX, se identificó con el romanticismo y tragedia de los amantes. El otro, informático especializado en animación, se extasió con los efectos especiales, y el tercero, discípulo de Nietzsche y Schopenhauer, comentó que era la historia de dos cornudos.
Los tres vieron la misma película, pero cada uno con su correspondiente subjetividad -ojos, historia y carga informática-, lo que hizo que esta fuera diferente para cada uno de ellos.     

La subjetividad está presente en todos y cada uno de nosotros. Yo no puedo decir que es la Gioconda de Leonardo o el Quijote de Cervantes. Lo que puedo decir es lo que me significan, pero no lo que son. Lo mismo me pasa con la Biblia. No puedo decir lo que esta es. Lo que sí puedo hacer es hablar de mi Biblia, de esa que está prohibida porque poco o nada se asemeja a la Biblia de los demás. Por ejemplo, mi Biblia no es la palabra de Dios. Es la palabra de muchos hombres, escrita a través de muchos siglos y en muchos lugares.

Josías de Judá (Rey de Judá entre 639 y 608 A.C.), hábil estratega y político, inventó con un alto sentido de la oportunidad el hallazgo de las tabillas de babilonia (Deuteronomio), lo que le permitió, junto con la hábil pluma del profeta Jeremías, hacer las reformas para eliminar la idolatría a favor del monoteísmo judaico. Esta hábil e inteligente medida la instituyo con el fin de centrar el poder celestial en un solo Dios y el terrenal en un solo hombre. La idolatría o politeísmo centraba el poder celestial en varios dioses y el terrenal en varios hombres, lo que devenía en constantes luchas y cambios de gobierno. El monoteísmo de Josías cambio el concepto teológico y político. Centro el poder en un solo Dios y el terrenal en un solo hombre.

Muchos siglos después, este modelo quedaría obsoleto con la llegada del catolicismo. Migraríamos del poder de un solo hombre al poder de una familia. El catolicismo instituye con la divina trinidad (Dios, Padre y Espíritu Santo) el concepto de la monarquía hereditaria, reconociendo el derecho de sangre que es el impera hasta este momento. Sin embargo, como bien comentamos, se requerían de muchos siglos para llegar a este modelo, por lo que nos es menester regresar a Josías de Judá.

Josías de Judá crea un Dios masculino, severo, irascible, penalista. Un Dios de pocas dulzuras y de muchas cóleras. Un Dios obsecuente a la época, a las necesidades de Josías, de Jeremías y del pueblo en sí.

En mi Biblia, que no es tan antigua como la Ilíada o la Odisea y que empezó a redactarse en el reinado de Josías, dice que Dios creo primero la vegetación con todo su verdor clorofílico y después el sol. Este anacronismo se debe a que los redactores de mi Biblia no sabían lo que sabemos nosotros, que era necesario crear primero el sol para que las plantas puedan alimentarse de este, sin el cual no hay forma de lograr el verdor clorofílico que las distingue.

Los escritores de mi Biblia redactaron esta con los conocimientos que tenían en ese momento. De tal suerte que no podían plasmar en ella la Edad de piedra, ya que no la conocían. Esto les llevo a omitir 45 mil años de historia. Dando por sentado que Adán y Eva, conocieron lo mismo que ellos: el fuego, la agricultura y la ganadería, razón por la cual en mi Biblia sitúan a los primeros seres humanos en una etapa de cultivo sistemático y ganadería organizada, con un padre y una madre que tenían un hijo agricultor y otro ganadero (Caín y Abel). En mi Biblia los hombres ya conocen el fuego, las oblaciones y los ritos elaborados (liturgias) que se requieren para hacer las ofrendas, cuando la realidad es que nos llevó 45 mil años llegar a ello.

En mi Biblia dice que Dios hizo al hombre y a la mujer: Hombre y mujer los creo y los llamo Adán. Años después en la corrección editorial de la misma dice que Dios creo a Adán y que la mujer salió del hombre, cambios obligados en función de las circunstancias históricas de ese momento.

En mi Biblia el diluvio se presenta como castigo inmediato del pecado original. Un diluvio universal, es decir, un diluvio en Asia menor que era el total del universo conocido en esa época.

En mi Biblia los malos son los egipcios y los buenos los israelís. No porque los primeros fueron malos, sino porque eran los que ostentaban el poder mientras que los otros no, aunado al hecho de que mi Biblia la redactaron los israelís, no los egipcios.

Mi Biblia habla de un Dios penalista e iracundo que siempre está en búsqueda de un culpable. Un Dios inhumano que le pide a su pueblo que agarre un puñal, que lo tenga listo sobre su muslo y que vaya a la tienda del padre, hermano, hijo y amigo, y que los atraviese con su puñal porque les ha prohibido vivir por sus prevaricaciones. Esto, obviamente, es redacción del escritor de turno, pero no de Dios.

En la BAC del Vaticano (biblioteca de autores cristianos) de 1959, nos dice en la introducción de la Biblia católica romana que Caín y Abel representan los dos géneros de vida primitivos conocidos por los hebreos, los cuales, cito textual, ignoraban la edad de piedra.

La Biblia de Jerusalén de 1969 nos dice en el prólogo que el incidente entre Caín y Abel no representa lo que aconteció entre los hijos de la primera pareja humana, sino a personajes muy posteriores a ellos y de nombres parecidos. Los cambios, claro está, se deben a la corrección editorial de los hombres, no de Dios.  

Hacemos con la Biblia lo mismo que hicimos con los viejos dioses. Los fuimos creando en función de nuestras necesidades, de nuestra evolución como seres humanos, como sociedad. Que mejor caso para ilustrar lo anterior que el viejo conflicto entre Atenea y Poseidón.

Poseidón era el antiguo Dios de muchos asentamientos humanos, en donde lo más natural es que siendo pescadores inventaran un Dios marino. Ya una vez que aprendieron a cultivar la tierra se vieron en la necesidad de inventar otro Dios, y como la agricultura fue un invento de la mujer, crearon una deidad femenina que respondiera a las necesidades de ellas. Una diosa que como ellas era creadora de vida, responsable de la germinación, fructificación y multiplicación de los productos de la tierra.

Así nació Atenea, lo cual creo un problema entre los seguidores de uno y otro Dios, ya que unos preferían a Poseidón y otros a Atenea. Esto derivo en un conflicto que termino con una lucha abierta entre Atenea y Poseidón, debido a que cada uno quería tener a los atenienses como pueblo suyo. Poseidón les decía a los atenienses que él les había dado el mar y sus productos, el agua potable y los caballos. Atenea les decía que ella les había dado los granos, el olivo, el aceite, etc. La mitología dice que Atenea resulto vencedora, debido, claro está, a que en ese momento había más mujeres que hombres.

De igual forma la Biblia ha evolucionado en función de las eras y etapas de los hombres. En el caso de Caín (el primer hombre pensante) y Abel (obediente pero no pensante), lo que trata de explicar mi Biblia es que a una generación de agricultores le sucedió una de ganaderos. Y que aun cuando los agricultores están más pegados a la tierra y por ende son más pacientes, pasivos y resignados que los ganaderos, fue el agricultor y no el ganadero el que resulto estigmatizado, cuando lo lógico es que lo fuera este último, ya que éste, por necesidades de oficio, se ve en la necesidad de ser más activo, violento, agresivo e impaciente que el primero.

El agricultor (Caín) siembra, cuida, riega, atiende. Le tiene amor a la tierra, a sus frutos, a la vida en sí. El ganadero debe cuidar, defender y arriar a sus animales. Debe hacerles frente a otros animales, atacar si es necesario y destazar los suyos para llevar la comida a la mesa. Las personalidades de uno y otro no pueden ser más diferentes.   

Eva llamó a su primogénito Caín, que significa don, regalo, gracia, no solo porque le es concedido, sino porque la gratifica ya que pasa de esposa a madre, ama y matrona. Ya no es la mujer que depende de hombre. Es mujer generadora de hombres, mujer que convierte la maternidad en un principio de afirmación matriarcal.

Caín no solo convierte a Eva y a todas las mujeres en matriarcas, él es, desde el punto de vista de la teología, nuestro primer ancestro. Todo lo malo que digamos de él, lo estamos diciendo de nosotros. Adán y Eva no son nada nuestros. Nada nos pueden enseñar. Ellos no supieron lo que es tener padres, tener infancia, ser niños, adolescentes, etc. Ellos no pudieron decir papá, mamá. No conocieron la intimidad salvífica del seno de la madre. Su padre, aunque divino, era cósmico, ajeno, lejano, distante. Jamás pudieron disfrutar de esa exclusividad que tuvo Caín de decir mi papá, mi mamá.

Caín es, teológicamente, el verdadero representante de la humanidad. Es el primer hombre nacido de mujer. El primero que mamo leche materna. El primero que supo lo que es una mamá. Es el primer pensante y por ende el primero en equivocarse, y solo se equivocan los que piensan. Los obedientes, los que acatan sin pensar, sin cuestionar y cuestionarse nada, son segundones, son gente que no nos gustaría ser.

Dice mi Biblia que Caín decidió ser agricultor. Esto quiere decir que lo que para sus padres fue un castigo (ganar el pan con el sudor de tu frente) para él fue una vocación. Lo que para Adán fue una obligación, para Caín fue una devoción. Adán nos heredó el trabajo como castigo, Caín como vocación. Adán nos lo lego como maldición, Caín como bendición.

Mi Biblia dice que Caín fue el primero hombre que pensó, lloro y se preguntó un porqué. Porque si él no estuvo en el Paraíso, si él no conoció el árbol de bien y del mal, si no oyó hablar a la serpiente, porqué si él nació en el destierro, porqué si él se solidarizó con su padre ayudándole por gusto en aquello que para Adán era obligación. Porqué si él esta ajeno a todo eso tuvo que heredar la enemistad de Dios.

Caín es el primero humano que sufre por algo que no hizo, es el primero que nace sin nada y que se muere dejando algo. El primero en hacer filosofía, cultura. El primero que eligió mujer, que formo familia y con ella un patrimonio para legar. El primero en fundar una ciudad. El primero que hizo y sintió todo lo que nosotros hacemos y sentimos.

Caín, como todo agricultor, le ofrecía a la divinidad lo más sacro en él, lo que más amaba, los productos de la tierra. Las flores, guirnaldas, frutos y semillas. Abel, en cambio, era pastor. El pastoreo demanda fuerza, carácter, violencia. Al pastor le es menester proteger el ganado, defenderlo de otros animales, arriarlo y si es necesario empujarlo.

Una escena cotidiana de Caín sería regar la tierra, cuidar sus plantas, flores, árboles, tomar sus frutos y abonar todo para que crezcan bien. La escena cotidiana de Abel sería estar con sus animales, cruzarlos, caparlos, destazarlos para llevar a la carne a la mesa. Uno cuida y el otro mata. Uno desarrolla una personalidad noble, agradecida, bondadosa. El otro cuida para matar. Desarrolla un gusto por la sangre, una personalidad fuerte, agresiva, asesina.

Caín representa la rehabilitación de un castigo. Es el labrador voluntario que trabaja por gusto con su padre, labrador obligado. Abel representa una regresión a lo más primario, a lo más cruento. Cada uno de ellos eligió oficio en función de su naturaleza. Caín poeta, Abel carnicero. Sus vocaciones eran opuestas, lo que nos permite intuir que sus relaciones no eran del todo buenas. Claro que mi Biblia solo nos pone una escena que obedece a las preferencias y gustos del escritor de turno, puesto que Dios sería incapaz de mostrarnos una parcialidad. Eso lo hacen los humanos, pero no Dios.

Es lógico pensar que personalidades tan disímbolas tuvieron más de un desencuentro, en donde lo más probable es que Caín, el poeta, hubiese sido el que se llevó la peor parte. Algo así ha de haber pasado con la ofrenda que le hicieron a la divinidad. Caín, pegado a la tierra, a la naturaleza, le ofreció a la divinidad lo que más amaba, sus flores, guirnaldas, espigas, semillas. Mientras que Abel le ofreció lo propio, sus animales. Los dos hicieron una fogata. La primera de flores, la segunda de animales. Es lógico pensar que la segunda logro un tamaño que jamás podría lograr la primera.

Mi Biblia dice que Jehová, observante de ambas ofrendas, noto que la de Abel era más grande: Jehová miro propicio a Abel y a su oblación, pero no miro propicio a Caín ni a su oblación. Esto obviamente no fue dictado por Dios. Fue escrito por un hombre con gusto por la carne, las grasas, la hoguera, pero no Dios. Este hubiese sabido apreciar la ofrenda de Caín.

Lo más probable es que Abel, competitivo al fin, se haya mofado de la ofrenda de Caín. Este, en su calidad de hermano mayor, seguramente le habrá querido dar un coscorrón y el otro para evitarlo se movió, se resbalo por la grasa de sus animales y cayó rompiéndose el occipital.

Caín no podría querer asesinar a su hermano. No sabía lo que era eso. Al no conocer la muerte humana, no podía desearla. Ninguno de los cuatro sabía lo que era la muerte. Jamás habían visto un cadáver humano. Lo que Caín quería era darle un coscorrón, no matarlo.

Dice el escritor de turno de mi Biblia que apareció Dios y que le pregunto a Caín: dónde está tu hermano y que éste contestó: no lo sé. Y tenía razón. Su respuesta fue sincera, honesta. No podía saberlo. No sabía lo que era la muerte. Caín sabe que algo sucedió, pero no sabe qué fue lo que sucedió. Él no podía saber que el hermano inmóvil quedo privado de la vida. Lo veía examine, pero no muerto.

No obstante el desconocimiento de lo que había hecho, Dios lo juzgo y con el nosotros. Nosotros que por siglos hemos matamos a millones de personas por no querer aceptar el amor de Dios, somos los que juzgamos e inculpamos a Caín.

La subjetividad de los redactores de la Biblia, nos han hecho ver las cosas de manera errada. Lo mismo nos pasa cuando hablamos de un tercero. Es nuestra subjetividad la que hace que este pague o disfrute lo que nosotros queremos. Es nuestra subjetividad la creadora de cada uno de nuestros Caín.         

 

 

lunes, 4 de mayo de 2015

Polaridades antropológicas.

Los seres humanos somos a un mismo tiempo víctimas y victimarios, luz y oscuridad. No obstante la luz es nuestra constante social. Nadie en su sano juicio sale a la calle con su oscuridad a cuestas. La oscuridad es algo que tratamos de ocultar. Algo que sale a flote bajo circunstancias especificas: en un arrebato, en un momento de descuido, en las bromas que hacemos o en los momentos de intensa presión. 

La oscuridad, como todo, tiene grados. En esta ocasión nos vamos a centrar en la visible. La que esta en la superficie. Esa que por falta de entrenamiento y de ganas decidimos ignorar. La otra, la que habita la parte más profunda de nuestro ser, la dejaremos para postrer ocasión. 

La luz es la constante de cada uno de nosotros. Con ella salimos a la calle. Con ella enamoramos, vendemos, convivimos, trabajamos e inter actuamos con los demás. Esta es la que nos permite la sana convivencia. La oscuridad, como contraparte, es la que nos permite saber eso que el otro es y que no muestra. La que nos ayuda a minimizar sorpresas. La que nos pone en evidencia los límites del otro, la que nos dice hasta donde podemos llegar, lo que podemos esperar.

La luz es la polaridad de la oscuridad. Una y otra son interdependientes. No puede haber luz sin oscuridad ni oscuridad sin luz. La oscuridad del otro siempre esta ahí, escondida atrás de la luz que proyecta. El problema de la oscuridad no es que este ahí, el problema es que no queremos verla. De tal suerte que cuando esta se manifiesta nos sorprende, pero solo al principio. Al paso del tiempo entendemos que no existía razón para la sorpresa. La razón nos negaba su presencia pero el instinto nos la confirmaba. Eramos nosotros los que no queríamos verla. 

Veamos algunos ejemplos que nos ayudaran a entender lo que son las polaridades.

El Ordenado.
Una persona ordenada nos da seguridad, confianza. Sentimos que hay estructura, método, forma. Que podemos trabajar con esa persona. Que las cosas van a fluir. Que es alguien con quien podemos tener una buena relación.

Una persona ordenada necesita del orden para sentirse bien. Necesita que todo este en su lugar. El orden le da tranquilidad. Bajo presión o cuando las cosas no van bien, tenderá a refugiarse en su hábitat, en ese sacro lugar donde todo esta bien, donde cada cosa esta en el lugar que le corresponde. Donde todo es orden, certeza, seguridad. 

La mejor forma de sacar de balance a un ordenado es cambiarle las cosas de lugar. Si usted le mueve algo de su hábitat (cuarto, oficina, escritorio, carro) este no podrá ponerle el nivel de atención que usted necesita, debido a que sentirá un irremediable impulso de volver a colocar las cosas en su lugar. Le escuchara ya una vez que logre volver a poner las cosas en su lugar, pero lo hará a medias. Estará más atento a lo que usted haga que a lo que usted diga. Por el contrario, si usted acude a un ordenado y no osa tocar o mover nada de su hábitat, este le pondrá toda la atención que usted necesita.

La polaridad del ordenado es la priorización. Se le dificulta priorizar objetivos. Para él es más importante el orden que lo que hay que hacer. No se le dan bien las oblicuidades (lo no previsto). Necesitar mas tiempo que los otros para digerir y reaccionar ante lo no previsto. 
La paradoja es que nadie mejor que el ordenado para detectar lo que no va a acontecer conforme al plan. Su extraordinaria capacidad de método le hace detectar con tiempo de sobra aquello que se va a salir de la norma, pero no hace nada al respecto. Prefiere pensar que si va a acontecer aún cuando en su interior se haya disparado una anunciándole lo contrario. 

La polaridad del ordenado -dificultad para priorizar objetivos- atenta contra la impresión que este nos causo. Las cosas no fluyen como pensábamos debido a dos razones: el ordenado le da mas importancia a la forma que al fondo, a la apariencia que al resultado, a sus necesidades que a las del proyecto. La segunda razón es la oblicuidad. El mundo no es lineal, es oblicuo. Y el ordenado es lineal, no oblicuo. Su capacidad de adaptación ante la oblicuidad (lo no previsto) es lenta. Le cuesta mucho trabajo cambiar su ritmo, por lo que su capacidad de adaptación y respuesta tiende a ser más baja de lo normal.

La luz que proyecta el ordenado no nos deja ver la oscuridad que oculta, hasta que esta se hace manifiesta.

El Emotivo.
Una persona emotiva nos hace sentir que es una persona empática, humana, sensible e involucrada con los demás. Alguien a quien acudiríamos en un momento de dolor, tristeza o alegría. La humanidad y empatía que nos transmite crea el entorno propio para la confidencia, lo que nos lleva contarle nuestras penas y dolores sin reparo alguno. Nos hace sentir que es alguien que no nos va a juzgar. Al contrario, pensamos y sentimos que es alguien que nos va a entender, a apoyar.

El emotivo se nutre de la biografía de los demás, de sus penas y dolores. No sabe estar solo. Le es menester estar rodeado de gente y que esta le cuente sus confidencias. El emotivo existe en la medida en que existe para los demás. Y entre más amplio sea el circulo de personas que se vuelcan sobre él para contarle sus alegrías, cuitas y dolores, mayor será el sentido que le encuentre a su existencia. 

La mejor manera de sacar de base a un emotivo es no contarle nada. Si usted llega con cara de apesadumbrado a tomarse un café con un emotivo, este tratará de hacer hasta lo imposible para que usted le cuente que es lo que esta pasando. Si usted se limita a hacerle saber que esta viviendo una circunstancia difícil, negándose a contarle los detalles de la misma, este pensara que algo malo esta pasando con él, que algo no esta bien. Su instinto lo llevara a buscar a otras personas con la intención de constatar si el del problema es él o usted. Si se diera el difícil caso de que las otras personas optaran por no contarle nada, este entraría a una crisis mayúscula. Pensara que el universo esta en contra de él. 

Por el contrario, si usted no le cuenta nada pero el resto de la gente si, entonces pensara que el del problema es usted. Le insistirá un par de ocasiones y si no ve resultado se alejara poco a poco, dejándole al margen de su circulo de conocidos para migrar hacia otras personas con mayor disposición a hacer publico lo privado. 

La polaridad del emotivo es la falta de interés en el otro, así como el poco nulo respeto a la privacidad e intimidad del otro. El emotivo no tiene amigos, tiene conocidos y a todos sus conocidos los ve como amigos. No establece vínculos con nadie, salvo con aquellos que siempre están dispuestos a contarle sus intimidades. Le cuesta mucho trabajo no divulgar lo que la gente le cuenta. Para él es muy importante hacerle ver a los demás que posee información de usted y de todos los demás. Es algo que hace con sutileza, con tacto, como no queriendo decir las cosas. Lo que hace es poner ejemplos... ¿Te acuerdas de Fulano? Pues bien, a él le paso algo similar a lo tuyo (describiendo los detalles) y lo resolvimos de esta forma, por lo puedes estar seguro de que te va a funcionar.

El emotivo vive en la superficie. No conoce la profundidad. Este estar en la superficie le hace creer que es un gran conocedor de la naturaleza humana. Nada más lejos de la realidad. Es una persona que se detiene en los síntomas, no en la enfermedad. El emotivo tiene una enorme necesidad de migrar de una emoción a otra y de una persona a otra. No le interesa la gente, lo que le interesa es saber lo que le pasa a la gente. Su preocupación no es el otro, su preocupación es lo que le sucede al otro. No es alguien en quien pueda confiar sus alegrías, penas y dolores. Estas tienen una alta probabilidad de terminar siendo publicas. El emotivo sentirá un irrefrenable impulso de divulgarlas al universo de sus conocidos. 

La polaridad del emotivo es lo contrario a lo que muestra. No le interesa la gente. Lo que le interesa es lo que le pasa a la gente. Si usted necesita que alguien sepa de algo, cuéntele al emotivo. Hágalo como si fuera un confidencia. Lo más seguro es que esta sea del dominio público en poco tiempo. El emotivo no actúa de mala fe, no es maldiciente. Es imprudente.

Haga memoria de los emotivos que conoce. Obsérvelos. Descubrirá que no hay razón para la sorpresa. Nunca ocultaron lo que eran. Fue usted el que decidió ver solo la luz del emotivo pero no su oscuridad.

El Entusiasta.
Una persona entusiasta contagia optimismo, alegría, ganas de hacer las cosas. Nos lleva a ver el lado positivo de las cosas. Tiene el don de ver el como si. Nos impulsa a seguir adelante, a no detenernos en los obstáculos. Nos hace sentir que las cosas son mucho más fáciles de lo que en realidad son. 

El entusiasta se alimenta de sueños, de instantes. De los impulsos de los demás. De eso que él llama buena vibra. El entusiasta es ante todo un idealista -una persona que ignora que ignora. Una persona que gracias al desconocimiento de la realidad puede emprender con audacia lo que el realista haría con prudencia. El desconocimiento de la realidad le hace creer que las cosas son más fáciles de lo que en realidad son, por lo que le es muy fácil transmitir y contagiar posibilidad.

La mejor forma de sacar de balance a un entusiasta es sometiéndolo a una dosis de realidad. Ponerlo al frente de algo que él mismo haya vendido o apoyado. Exigir que sea él que haga las cosas, ya que como buen entusiasta tenderá a delegar sin supervisar. 

La polaridad del entusiasta es la ausencia de realidad, la inconsistencia, la falta de seguimiento, de continuidad. Posee una extraordinaria capacidad para tergiversar la realidad. Para el entusiasta la realidad es un supermercado al que acude para escoger que toma y que deja. Posee un nivel de energía que lo puede llevar a la cúspide o al abismo. No obstante lo común es que se le vea más en la cúspide. Es importante entender que el hacer del entusiasta es un decir, no un hacer. Son excelentes relacionistas públicos, promotores y capacitadores.

Conclusiones.
Las polaridades (luz y oscuridad) están en cada uno de nosotros y debemos tomarlas en cuenta al platicar, trabajar, negociar o interrelacionarnos con los demás. De lo contrario corremos el riesgo de tomar decisiones con la mitad de la información. Sirva como ejemplo los casos que arriba mencionados: La luz del Ordenado nos muestra su estructura, forma y método, lo cual probablemente nos haga pasar por alto el hecho de que él le dará prioridad a cosas que no debe, a cosas que son importantes para él pero no para el proyecto.

La luz del Emotivo nos hará percibir su alto nivel de empatía y sentido de humanidad, lo cual es muy probable que nos haga pasar por alto el hecho de que para él son más importantes los problemas de las personas que las personas en si. 

La luz del Entusiasta nos contagiara impulso, animo y realización, lo cual nos puede hacer creer que él es la persona ideal para liderar un proyecto, cuando la realidad es que es el menos indicado. 

Las polaridades aplican en todos los ámbitos del ser humano, en el ser, en el decir y en el hacer. Lo que tenemos que hacer es ver lo que esta atrás de lo que la persona nos dice, hace o muestra. Las polaridades nos ayudan a tomar en cuenta la luz y oscuridad del otro. Nos ayudan a equivocarnos menos, a seleccionar mejor a nuestros socios y amigos y a dirigir mejor. 

Las polaridades nos ayudan a entender que a mayor luz, mayor oscuridad. Y que una y otra son interdependientes, por lo que a nosotros nos corresponde ver a través de la luz que el otro proyecta, su oscuridad.