Recién recibí una llamada de unos Operadores áureos. Un argentino y un mexicano. Ambos con vasta experiencia en el mercado del oro. El objetivo de la llamada no era otro más que el consultar sobre un instrumento financiero que les puso sobre la mesa un comprador ajeno a su mercado y con el que nunca habían trabajado. El instrumento, huelga decirlo, no tenía posibilidad de operarse. No en la forma en que opera el mercado áureo. El comprador, fiel a sí mismo y al mercado en el que trabaja, les ofreció un instrumento que se pagaría en el momento en el que a él le pagaran el oro.
Les hice saber que la operación no era viable, debido a que el instrumento que
se les ofreció no opera con liquidez inmediata. Sin embargo, era tal el interés
de uno de ellos en cerrar la operación, que me pidió que buscará el cómo sí del
instrumento en cuestión.
Desesperado con este último, les
comenté que en la vida nada hay más fácil que convencer a quien desea ser
convencido. Y que si algo me quedaba claro es que ellos querían ser convencidos
de que iban a poder hacer la venta con este cliente, dado que ellos creían, desde su imaginario, que al lograr una operación
con un comprador de tal prestigio y relevancia, se vendrían en cascada muchas
otras oportunidades de venta que nadie en el mercado áureo había contemplado.
El comprador, conocido social del
socio Porteño, nunca ha operado en el mercado áureo. Su saber esta en las Notas
de Termino Medio y en las mesas de intercambio, no en la compraventa de oro.
Les hice ver, dada la insistencia de uno de ellos, que se estaban enfocando en
el síntoma y no en la causa. Y que la confianza, cuando carece de fundamento, se hace esclava de la suerte. Que yo entendía que confiaran mucho en su
comprador, dado el prestigio que este tiene en el mercado secundario, pero que
su confianza estaba basada en el prestigio y relevancia del comprador y no en el instrumento
que este les ofrecía.
Al no poder vencer la resistencia de uno de los socios que con denuedo insistía
en que buscará el cómo sí, me permití explicar lo que sucede cuando te enfocas
en el síntoma y no la causa… Y lo hice a través de la problemática que está
enfrentado la cultura occidental en lo concerniente a la baja en la tasa de
natalidad. Para tal efecto les explique lo que habían hecho varios países del orbe para
revertir este proceso y las razones por las que fracasaron.
La baja en la tasa de natalidad no se debe necesariamente a un tema económico.
Este, en sí mismo, es síntoma, no causa. Razón por la que los incentivos
económicos y fiscales que algunos países ofrecieron para revertir el proceso estaban
condenados a fracasar.
La causa raíz que está generando
una baja en la tasa de natalidad es que cambio el rol de la mujer en el mundo y
mientras este no cambie, no va a cambiar la tasa de natalidad. Se van a
requerir un mínimo de dos generaciones para que el rol de la mujer tome una
nueva forma. No sabemos cuál va a ser, pero va a suceder.
Así ellos, a sabiendas de quienes son sus compradores, se abocaron a explorar
nuevas alternativas de venta, pero en el mercado equivocado. Por lo que nada
que hagan ahí va a funcionar. Lo que tienen que hacer es regresar al origen.
Usted dirá, y con justa razón, que qué tiene que ver esto con la metamorfosis
del amor. Lo que pasa es que días después me llamó el socio mexicano para decirme
que se había quedado rumiando el ejemplo (tiene tres hijas) y que no estaba de acuerdo con la causa que presente.
Que él pensaba que la causa raíz es que había cambiado el significado que las parejas le dan al amor. Para tal efecto me planteo la siguiente interrogante: ¿Existe el amor o lo que existe es la idea del amor en la pareja? Y si el amor existe, entonces lo que cambio es el significado que las parejas le dan al amor, lo cual poco o nada tiene que ver con el rol de la mujer en el mundo.
Mi respuesta a bote pronto fue que el amor de pareja existe y que el que tenga dudas de ello, que voltee a ver a sus ancestros, los cuales, más allá de los mil y un avatares y dificultades que tuvieron que enfrentar y resolver, hicieron una vida juntos.
El amor es una decisión.
Me queda claro que el ojo quiere
su parte. Y es precisamente esa parte lo que hace que en un principio nos llame
la atención la estética del otro. Pero, si bien es cierto que la piel atrae la
mirada, también lo es el que no la retiene. Lo que nos retiene junto al otro
esta más allá de la piel.
Conforme vamos tratando y conociendo lo que el otro es, es que nos vamos dando cuenta de si en su ser y hacer esta nuestra otredad (un yo mismo, pero mejorado). Así pues, lo que nos mantiene junto al otro es lo que lo que su humanitas es, no lo que su piel es.
Amas lo que la persona es, no lo que su cuerpo es.
El cuerpo va a vivir un inexorable
deterioro, de tal suerte que si lo que te retiene junto al otro es solo su geografía
corporal, entonces estas en una relación en la que prima el instinto, no el
amor. Una relación que carece de profundidad sentimental, intelectual y
espiritual, va a terminar más pronto de lo que las partes se imaginan, debido a
que por lo mismo que llegas a una persona, la dejas.
Si eso que te llevo a esa persona no posee esa abisal fisura que brinda la otredad, te vas a ir en cuanto el vació te alcance. Vació que, está por demás decirlo, lo vas sintiendo de manera progresiva…, hasta que llega el momento en ya no puedes con él. Y es justo ahí cuando renuncias a aquello que te lo genero, ya sea una relación de pareja, de trabajo o de evasión social.
No obstante, cabe aclarar que no es necesariamente que el otro o lo otro te haya generado ese vació, ya que desde un inició sabias que no era ahí. Lo que te convierte en coautor de tu propio vació. El problema es que, si no resuelves la vacuidad que te lleva a ello, te pasaras la vida migrando de vació en vació y de caos en caos.
Y respecto al significado del
amor, lo que ha cambiado es que estamos inmersos en un presentismo que carece
de intención de futuro. Pero esto no va a poder extenderse más allá de una o
dos generaciones, ya que, cuando el futuro los alcance (y los va a alcanzar), van
a descubrir que no solo están más solos e insatisfechos que nunca, sino que
además no están acompañados ni de sí mismos.
Justo cuando estas generaciones lleguen a ese
momento, es que vamos a regresar al origen, pero como los seres humanos somos
animales de corta memoria, regresaremos a ello atribuyéndoselo a otras causas…
En el intertanto, nos seguiremos leyendo aquí.
La lección de los operadores áureos es clara: desear ser convencido no hace viable el instrumento. Mi conocido vivió su propia metamorfosis. Atrapado en la rutina matrimonial, ese vacío silencioso que no es odio sino ausencia de riesgo, él y su esposa tomaron una decisión radical. Primero por terapia: compartirla con otros hombres. Luego, sin hipocresía, por negocio: prostitución consensuada. El mundo lo juzgaría como degradación. Él lo llama el único instrumento que sí operó con liquidez emocional. Porque no migraron de caos en caos. Regresaron al origen —la honestidad brutal sobre el deseo, el poder y el aburrimiento— pero con un contrato que ningún manual sentimental contempla. El cambio verdadero no está en la forma convencional del amor. Está en atreverse a una transacción que el mercado tradicional rechaza. Como aquel comprador de oro: si la herramienta no sirve, no importa el prestigio del ofertante. Mi conocido dejó de enfocarse en el síntoma (la rutina) y rompió la causa raíz: la mentira cómoda. Eso no es perversión. Es metamorfosis épica. Porque el amor, cuando se atreve a su propia ruina y la reconstruye con reglas nuevas, se vuelve más real que cualquier ideal romántico.
ResponderBorrarLa consecuencia de una sociedad tan materializada es la escasez del amor.
ResponderBorrarEl amor. Esa "rara avis" que ya daba yo por extinta. Si alguien lo ve o lo encuentra tomele foto o video y subala a la red por favor.
ResponderBorrarA estas alturas de la vida he decidido enamorarme. Y no está tan mal, es bonito amar y ser amado. Es cierto, es una decisión y una elección amar a alguien con quien tienes muchas afinidades. Ojalá no se entere mi esposa porque las cosas se pondrán realmente mal. Bien dicen: el amor es una cosa maravillosa mientras no se entere tu esposa. Un día de estos cuando sea millonario me voy a divorciar, ya que esos son lujos de ricos o de gente que ha recobrado la cordura. Pero no me volveré a casar. Esa cosa asesina al matrimonio según las últimas investigaciones de criminalística.
ResponderBorrarNuestros ancestros cuidaban mucho el amor, sobre todo el de pareja porque las condiciones para sobrevivir y sacar adelante a la familia eran muy duras. Eso aunado a una serie de valores éticos, morales y religiosos y una estructura familiar muy cohesionada hacían que el amor forjado por el mateimonio y la familia prevalecerá. La formación y la educación que se recibía al interior de la familia permitían que el amor en sus múltiples manifestaciones florecieron.
ResponderBorrarHoy por más que inculquemos a nuestros hijos formación y valores el internet y los medios de comunicación los bombardean de manera inmisericorde con una serie de anti valores e ideologías que van en contra de nuestra tradición ética moral y religiosa occidental. Esto auspiciado por quienes se benefician de ello, que ya es otro tema.
Corrección del comentario de las 23:16. El matrimonio es el asesino del amor. O al menos es el de mayor índice de criminalidad del mismo.
ResponderBorrarMe encanta cómo plantean la corrección. Coincido: el matrimonio tiene alta tasa de criminalidad contra el amor porque confunde el contrato social con la arquitectura emocional. Mientras la tradición se defendía con valores rígidos y supervivencia, hoy el bombardeo digital erosiona esa muralla con ideologías líquidas.
ResponderBorrarParadójicamente, un caso cercano me demostró que la verdadera lealtad no nace del dogma, sino de la ruptura consciente del tabú. Esta pareja, asfixiada por la rutina que los ancestros soportaron en silencio, decidió romper la regla máxima: compartir la intimidad con otros. Primero por terapia, luego por acuerdo honesto. El mundo lo llama herejía. Ellos lo llaman el único instrumento con liquidez emocional inmediata para salvar lo que se hundía. El sexo compartido no fue degradación; fue el espejo donde confrontaron sus miedos. La confianza no se quebró, se reconstruyó desde la honestidad brutal, desde la rendición de cuentas sin máscaras.
La lealtad que hoy tienen no es la de la obligación silenciosa que predicaban los abuelos; es la del riesgo asumido juntos frente al abismo. El asesino del amor no es romper las reglas, es callar la verdad mientras el cuerpo y el alma se oxidan en la rutina. Nuestros ancestros no eran más virtuosos, solo tenían menos opciones y más miedo a la exclusión social. Hoy, reconstruir desde la transparencia radical, incluso sobre el deseo compartido con otros, es el nuevo acto heroico que desafía tanto a la moral tradicional como al hedonismo vacío de las redes.