Recién se llevó a cabo lo que en los medios se ha denominado la cumbre China – EE. UU, en la que la gran mayoría confirman el poderío creciente de China y la lenta debacle de la hegemonía de EE. UU. Opiniones que no solo encuentran su sustento en el antiamericanismo propio de la época, sino en la palabras de Xi Jinpin sobre la trampa de Tucídides.
Comentario, desde mi óptica, poco afortunado, ya que, si bien es cierto que Tucídides le hace saber a sus contemporáneos que Esparta, ante el temor del creciente poderío de Atenas, le declararía la guerra a esta, lo que en sí mismo será el principio del fin de Esparta. Lo que no se comenta de la trampa de Tucídides es que Atenas perdió la guerra.
Los comentarios que los expertos y que el público en general ha hecho sobre la cumbre Chino – Americana, obedecen a nuestra época y circunstancia, somos hijos de nuestro tiempo. Si hubiésemos crecido en el siglo XIX y la cumbre hubiese sido Inglaterra – Alemania, los medios del momento promoverían la debacle de Inglaterra y el ascenso del segundo.
El antiamericanismo propio de la
época nos ha llevado a achacar a EE. UU todos los males, al tiempo que romantizamos
a Europa e idealizamos el innegable desarrollo de China. No obstante, en este
romantizar al primero y denostar a Estados Unidos, se nos olvida que la Europa
que idealizamos es la que invento dos de los sistemas (Nazismo y Socialismo) que
más vida y daños han causado a la humanidad, amén de que fue la que promovió el
esclavismo a nivel global.
Cierto que el esclavismo fue un fenómeno global y que los mismos esclavos
cuando alcanzaban su libertad (libertos), compraban esclavos en cuanto su
economía se los permitía para ponerlos a trabajar en sus tierras y alfarerías. También
es cierto que en África imperaba el esclavismo antes de que llegará el hombre
blanco. Pero fue Inglaterra la que hizo del esclavismo un mercado global,
secundada por las otras naciones europeas que deseaban capitalizar ese mercado.
El objetivo no es denostar el esclavismo que Europa impuso a nivel global. Este obedecía a su tiempo y si lo hemos de juzgar, tendría que ser con los ojos de su tiempo y no del nuestro. Lo que si nos queda más cerca es el nazismo y socialismo que los europeos le legaron al mundo y en que muchos lugares han tomado carta de natalidad.
Por otro lado, es menester reconocer que China es una potencia en ascenso. Muy
lejos aún del poderío de EE. UU, pero en ascenso, sin embargo, tiene algunos
problemas estructurales que le llevaran varias décadas resolver antes de pensar
en aventurase como Hegemon, cosa, que es menester anotar, no está en su ADN.
Lo que vemos de China representa el 20% de lo que esta es. El otro 80% está a
años luz de ese 20% que observamos y publicitan. Es como si usted viajara a la
ciudad de Chihuahua, Querétaro y Monterrey y pensará que todo México es así.
Pus lo mismo acece con lo que ve de China. El 80% que no ve está muy lejos del
20% que si ve.
China tiene problemas
estructurales que no vemos pero que debemos considerar:
En esta primera etapa de su desarrollo necesita entre 15 y 16 millones de
barriles de petróleo por día para operar, pero sus campos petrolíferos (maduros
y de alto costo de extracción), difícilmente llegan a los 4 millones de
barriles al día. En otras palabras, necesita importar más del 70% del petróleo
que requiere, el cual pasa, en su gran mayoría, por el Estrecho de Malaca. Si EE.
UU. o una coalición hostil bloqueara ese estrecho de apenas 2.5 kilómetros de
ancho en su punto más angosto, la economía china se asfixiaría en semanas.
Aunado a lo anterior, es menester considerar que China no tiene salida al mar.
La salida al mar la tienen Japón, Taiwán, Filipinas, todas aliadas de Occidente,
amén de que son paises con los que históricamente se lleva mal.
El
otro punto por considerar es el del agua potable y el de las tierras cultivables.
China tiene el 18% de la población mundial, pero solo el 7% del agua dulce y el
9% de las tierras cultivables del planeta. Necesita de Brasil y de EE. UU. para
alimentar a su población y a su ganado.
Su demografía y economía interna son bombas de tiempo. China implementó la
política de un solo hijo, lo que en sí mismo es un suicidio demográfico. Su
población ya empezó a encogerse y su fuerza laboral alcanzó su punto máximo
hace años. Tan es así que para el 2050 perderá cientos de millones de personas
en edad de trabajar. Tendrán una pirámide poblacional en la que un joven en
edad de trabajar mantendrá a dos padres y cuatro abuelos.
Es
menester anotar que más allá de sus encomiables avances tecnológicos, sigue
dependiendo de la propiedad intelectual y de los semiconductores avanzados de
Occidente (y de Taiwán, ASML en los Países Bajos, EE. UU., Japón). Cierto es
que está invirtiendo ingentes sumas de dinero en replicar tecnologías que sus
competidores ya dominan, pero su avance va a tomar algunas décadas más.
Amén de lo ya dicho, es menester considerar que lo que milenariamente impera en ellos es el concepto de "Reino Medio" (Zhongguó). En otras palabras, ni buscan ni les interesa evangelizar o expandir su estilo de vida como antaño lo hizo Inglaterra y hoy EE. UU. Lo que buscan es que el resto del mundo reconozca su capacidad tecnológica y comercial y que no se metan con su forma de gobierno.
El tema es que cuando China llegue a ser una potencia próxima a EE. UU se va a encontrar otra igual o más fuerte que ella que le va a preocupar mucho más. India ya superó a China en población, amén de que tiene una demografía que promedia los 28 años, frente a los 39 de China.
En síntesis, a lo que fue EE. UU a China es definir la forma en que van a operar la interdependencia que tienen una de la otra. China, como gesto de buena voluntad, regresará la vista antes de las elecciones de medio termino en EE. UU, lo que le permitirá a Trump reposicionarse con su base y enamorar a ese 60% que decide el voto.
Nota: el que esto escribe ha hablado erróneamente de la polarización reinante
en EE. UU. La Base de Trump representa el 25% del electorado. La base de los
Demócratas, el 15%. El 60% restante decide en función de su economía personal,
es decir, votan en función de las circunstancias del momento. Ese 60% es el
segmento que llevo a Trump a la Presidencia y el que buscará rescatar.
Conclusión: No hay tal polarización. Lo que hay un un voto racional sujeto a la economía de ese 60% del electorado que no decide en función de un partido, sino de lo bien o mal que lo ha hecho el gobernante de turno.
Nos leemos en el siguiente artículo.
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