El conflicto bélico en Irán está causando el ruido mediático característico de un evento de esa envergadura. Y si bien es cierto que todo conflicto puede salirse control, también lo es que este lo han sobredimensionado los medios.
Cuando un divulgador, conferenciante o experto en el tema decide informar a su base, lo hace bajo cualquiera de los siguientes escenarios:
Mentirle a los que quieren que se les mienta, asegurando con ello mayor
audiencia e ingresos;
Decirle la verdad a quienes desean escuchar la verdad. Lo que le dará para
vivir, pero nada más.
Decirle la verdad a quienes desean que se les mienta. Lo que lo llevará a la
ruina.
Sirva lo anterior para que usted se cuestione que tipo de comunicador es el que le está informando: el que busca alarmar para vender o el que busca informar lo que es (la realidad).
Trump
y la guerra.
Trump
es, ante todo, un maestro en la gestión de la incertidumbre y la teatralidad
del poder, por lo que si bien es cierto que conviene escuchar lo que dice, conviene
más analizar lo que hace. Las cosas se dicen haciéndolas, no diciéndolas. El
decir es para la Masa, el hacer para los tomadores de decisiones.
Trump utiliza una estrategia de comunicación que no tiene otro fin más que el de alimentar a su base y convencer a sus oponentes de que es capaz de hacer lo dice que va a hacer (nota antropológica: si las cosas las tienes que decir, es porque no son).
No obstante, lo que enuncian los
alarmistas, la realidad es que Trump es un aislacionista, no un belicista. Su
decir está dirigido a esa base que desea ver reflejado en él al guerrero que
ellos dejaron de ser hace mucho.
Créame que, si hay alguien que está
convencido de que la hegemonía se define por el territorio y por el control de
la tecnología a través de la energía, es él… Y sus hechos así lo demuestran.
Cierto que siempre puede haber un error de cálculo que haga que el conflicto escale (cosa que en este momento se ve poco factible), pero también es cierto que Trump sabe que sus conciudadanos migraron desde hace décadas de una sociedad de conquista a una de consumo. Hoy, las batallas más violentas del americano promedio están en Instagram, fuera de ahí, no llegan a más.
Otra variable que motivaría a Trump a evitar que el conflicto escale más allá de las fuerzas ya asignadas a él, es el costo del ataúd. La pérdida de un hijo en el conflicto de Irán haría que el electorado le cobre facturas de las que difícilmente se podría recuperar. Dos son las cosas que el ciudadano castiga electoralmente: el costo de la despensa que lleva a casa y la pérdida de un hijo en una guerra que no busco.
Escenario bélico.
El
conflicto no es una guerra por territorio, es una guerra de desgaste económico
y tecnológico que Irán no puede ganar. Todo indica que el régimen buscará
llegar a un acuerdo (ya están en pláticas) en el que aceptara, en aras de
conservar el poder, restricciones en lo referente a energía nuclear y capacidad
militar, pero para lograr esto necesita que la guerra termine cuanto antes, ya
que esto disminuiría la posibilidad de un estallido social.
Israel
y los países del golfo asegurarían con el fin del conflicto la desaparición de
una potencia bélica regional y EE. UU estabilizaría temporalmente la zona y el Estrecho
de Ormuz.
Ya controla la franja marítima entre Panamá, Venezuela, Cuba y Golfo de México.
Controla la vía ártica (Groenlandia), incide en el Canal de Suez y está en
proceso definir lo que transite por el Estrecho de Ormuz. Todo esto en la inteligencia
de que el controla los mares (talasocracia), controla el comercio y con ello el
abastecimiento y distribución del petróleo.
El mito de la recesión Inminente.
Los
vendedores de riesgo nos hablan en todos los medios de la inminente recesión, lo
cual, en sí mismo, es un asústame panteón, ya que los indicadores económicos y del
mercado de futuros no dan muestra de ello.
Cierto
que el barril de petróleo ha estado oscilando entre los $90 y $120 USD, pero a
diferencia de crisis pasadas, EE. UU es hoy el mayor productor de petróleo y
gas del orbe, lo que amortigua en mucho el mercado interno. Por otro lado, los
países del G7 tienen reservas para meses de consumo sin necesidad de
importar del Golfo.
La realidad es que a los mercados les inquieta más la incertidumbre que la
guerra. Las Bolsas, ya una vez que los inversores calculan el alcance del
conflicto (cosa que ya están haciendo), tienden a recuperarse muy rápido.
A
lo que le tenemos que poner atención es a la inflación de los fertilizantes
(han subido un 30%), ya que esto podría incidir en el precio de los alimentos
en algunos países en desarrollo, pero no necesariamente generar una recesión.
Lo
que se ve venir en los mercados es un repunte en las acciones del mercado
energético. Los datos del primer trimestre del año muestran que los centros de
datos de IA están consumiendo energía a un ritmo sin precedentes. Se estima que,
para finales de año, el consumo de los hiper escaladores (Google, Microsoft,
Meta) representará casi el 20% del crecimiento de la demanda eléctrica mundial.
Tan
es así que las acciones de las empresas que proveen energía 24/7 no solo están
superando al Nasdaq, sino que se pueden convertir en acciones refugio. En otras
palabras, el mercado, previo al conflicto, empezó valorar más la innovación que
el software. Otra estimación por considerar es la revaloración del dólar, ya
que en tiempos de guerra el dólar se ve como refugio, lo que significa que los
Fondos de Inversión en dólares vuelven a ser opción.
El costo electoral.
Aunque
EE. UU. produzca su propio combustible, el precio del galón de gasolina se rige
por el mercado global (WTI/Brent). Si el petróleo se mantiene sobre los $110
USD (al momento de escribir esto estaba en $97.19 USD y estima en un mes este en $90), el costo electoral será
alto para los Republicanos. Un votante puede aguantar una caída en la bolsa,
pero no perdona que llenar el tanque y el refrigerador cueste un 20% más
mientras los salarios se estancan.
Trump tiene seis meses para lograr un acuerdo (lo más factible es que se
concrete en dos). Estabilizar el precio de los combustibles (petróleo y gas) y,
si es posible, lograr que bajen de precios. Si lo logra, las elecciones no
serán tan perjudiciales para los Republicanos.
En el intertanto de que los alarmistas nos siguen asustando…
Nos leemos aquí.
Una perspectiva muy interesante que no nos dan los medios de comunicación comunes.
ResponderBorrarEl texto plantea un eje central que merece atención: la diferencia entre el ruido mediático y los hechos sobre el terreno, entre el decir y el hacer. La distinción entre los tres tipos de comunicador (el que miente a quienes quieren que se les mienta, el que dice la verdad a quienes la buscan, y el que dice la verdad a quienes quieren que se les mienta) es una tipología útil, aunque quizás demasiado binaria. Existe una cuarta categoría: el comunicador que, sin mentir deliberadamente, replica el marco del alarmismo porque es el único que el algoritmo premia. No hay mala intención, pero el resultado es el mismo.
ResponderBorrarSobre Trump y la gestión de la incertidumbre, el análisis es agudo. La idea de que "si las cosas las tienes que decir, es porque no son" es una máxima que merece desarrollo. Trump no es belicista, sino aislacionista, y su retórica guerrera alimenta una base que necesita ver en él al guerrero que ya no son. Eso es cierto. Pero cabe añadir una tensión interna: el aislacionismo que se proclama choca con el control de rutas marítimas que el mismo texto describe (Panamá, Groenlandia, Ormuz). Controlar los mares no es aislarse. Es, quizás, redefinir el alcance de la hegemonía: menos ocupación territorial, más dominio sobre los flujos.
El escenario bélico está bien trazado. La guerra como guerra de desgaste económico y tecnológico, no territorial. Irán no puede ganarla y buscará un acuerdo. Israel y los países del golfo saldrían beneficiados. El control del estrecho de Ormuz se sumaría a una estrategia talasocrática que ya incluye otras rutas clave. Lo que falta es una variable: el factor Rusia y China. No aparecen en el análisis. En una guerra de desgaste contra Irán, ambos tienen intereses y capacidad de prolongar el conflicto sin disparar un solo misil, solo mediante el suministro de componentes, información o cobertura diplomática. Subestimar eso puede llevar a cálculos erróneos sobre la duración y el costo real del conflicto.
Sobre el mito de la recesión inminente, el diagnóstico es sólido. Los indicadores no la muestran. El petróleo oscila pero EE.UU. es hoy el mayor productor. Las bolsas tienden a recuperarse una vez que los inversores calculan el alcance. La observación sobre los fertilizantes es precisa: ahí puede estar el verdadero dolor, no en la energía. Sin embargo, falta una consideración: la recesión no es solo cuestión de indicadores agregados. Para amplios sectores de la población (especialmente en economías vulnerables fuera del G7), la inflación de alimentos por el encarecimiento de fertilizantes ya es una recesión en miniatura, aunque los mercados no la llamen así.
El punto sobre el consumo energético de los centros de datos de IA es un acierto mayúsculo. Es una variable que la mayoría de los análisis geopolíticos y económicos aún no incorporan. La idea de que el mercado está valorando más la innovación que el software, y que las empresas de energía 24/7 se están convirtiendo en acciones refugio, merece un desarrollo propio. Sería un tema para un post aparte.
Finalmente, el costo electoral. El texto acierta al señalar que el votante castiga el precio de la despensa y la pérdida de un hijo, no la caída de la bolsa. Trump tiene seis meses para estabilizar el precio del combustible. Pero el margen es más estrecho de lo que parece. Si el petróleo se mantiene por encima de los 100 USD durante más de tres meses, el daño electoral puede estar ya hecho antes de cualquier acuerdo, porque la percepción de carestía se instala más rápido que su solución.
En conjunto, el análisis es valioso porque desmonta varios lugares comunes del alarmismo. Donde puede complementarse es en tres direcciones: 1) incorporar el rol de China y Rusia como factores de prolongación del conflicto; 2) distinguir entre recesión macro y sufrimiento micro (los fertilizantes son la clave); 3) profundizar en la contradicción entre aislacionismo retórico y control marítimo efectivo.
El ruido mediático seguirá. La tarea es leerlo sin dejarse llevar por él, justo como el texto invita a hacer