lunes, 19 de enero de 2026

De la utopía a la distopía.

La utopía camina hacia adelante; la ucronía, hacia atrás.
La distopia es lo que resulta del enfrentamiento social o bélico entre la utopía y la ucronía.

Todo el progreso que hoy nos rodea y que nos hace la vida más amable y funcional fue, en algún momento dado, una utopía.

Las utopías serán un éxito en cuanto no atenten contra lo que ser humano es. Todas aquellas que han ido contra natura humana (totalitarismo, comunismo, socialismo y demás ismos), han fracasado. Debido, entre otras cosas, a que las personas, metafóricamente hablando, deciden con los pies: cuando las cosas no marchan, se marchan.

Las utopías que atentan contra lo que el ser humano es se han tenido que imponer través de la represión y de la violencia. Y, en la mayoría de los casos, con violencia extrema. Sirva para ilustrar lo anterior, dos aseveraciones del joven Vladimir Ilich Uliánov (que siempre estuvo financiado por el gobierno Alemán).

Este le decía a su gente:  
“Creéis realmente que podemos salir victoriosos sin utilizar el terror más despiadado”.
 

“Al menor intento de resistencia, debe fusilarse en masa a los rehenes, no debe caber ni la menor vacilación, ni la menor indecisión en la aplicación del terror de masas (22 de septiembre de 1918).

El ciclo de la historia.
El fantasma que recorría el mundo en el primer cuartil del siglo XX (1901 – 1925), fue el comunismo. Este se impuso con extrema violencia en todo Europa. Fue tal el avance de este, que las fuerzas contrarias llegaron a extremos similares en aras de frenarlo y recuperar ese pasado mítico en el que todo estaba bien (Ucronía).

El choque entre estas dos fuerzas fue tal, que al final del primer cuartil y devenir del segundo, se caracterizó por un enfrentamiento bélico (distopía) entre la utopía y la ucronía.

Lo que vivimos en el primer cuartil de este siglo (2001 – 2025) e inicio del segundo (2026 -2050), es muy similar lo que vivimos en los dos primeros cuartiles del siglo XX.

El fantasma que recorrió el mundo en el primer cuartil de este siglo (2001 -2025) fue el mal llamado socialismo del siglo XXI. Fue tal el avance y la degradación social que este generó, que al final del cuartil empezamos a ver importantes avances de las fuerzas contrarias, la cuales tomaron un alto grado de relevancia en el devenir de este año.

La ingente necesidad de dejar atrás los nocivos efectos del socialismo del siglo XXI anuncia una vuelta de tuerca en donde las fuerzas sociales, económicas y de poder buscarán regresar a ese pasado mítico (ucronía) en el que la sociedad tenía estructura y orden. Será un regreso fallido en el caso de que no entiendan el impulso de las nuevas generaciones Y positivo si las formas de orden y estructura contemplan e integran las nuevas formas de ser y hacer de las generaciones en curso.
 

De una forma u otra lo que vamos a ver en el devenir de este cuartil es el enfrentamiento entre la utopía y la ucronía. Los que ayer ostentaban el dominio y control bajo la bandera de una utopía que iba contra natura, buscarán por todos los medios conservar algunos espacios de poder que les permita conservar sus privilegios, al tiempo que los lideres que impulsan el regreso a las formas del pasado (ucronía), harán todo lo necesario para minimizar o eliminar a los primeros. 

Esto no quiere decir que el enfrentamiento que se dé entre ambas fuerzas (utopía y ucronía) termine forzosamente en un tema militar (distopía), no obstante, y sin descartar la posibilidad de un conflicto bélico, lo que si va a acaecer y de manera inmediata es un choque entre ambas fuerzas. 

Es posible que en los países de América Latina en los que no hay elecciones libres (Cuba; Nicaragua), veamos una colisión entre sociedad y gobernantes, pero también es factible que en los países en donde si hay elecciones libres veamos un giro de tuerca que frene de tajo el avance de la utopía que se buscó imponer.

La mal llamada derecha (el nombre correcto sería nacionalistas) mostro un crecimiento moderado en el intervalo 2015 -2020, sin embargo, es en el último lustro donde el crecimiento estallo a nivel mundial. Primero en Europa central (Alemania; Inglaterra; Francia, Italia, Países Bajos, Austria), pasando después a Europa del este (Polonia; Hungría; Rumania; Republica Checa; Bulgaria) y posteriormente a América del Sur, América Central y EE. UU.  
 

No deja de llamar la atención que el nacionalismo de los últimos cinco años este mostrando un comportamiento similar en cuanto a radicalismos que el que mostro en el mismo periodo la derecha de hace un siglo. Esto no quiere decir que vamos a vivir una guerra como la de ese entonces (las circunstancias son diferentes), pero si un fuerte enfrentamiento económico y comercial, con fuertes restricciones al comercio y al tránsito de personas. 

Estamos, pues, entrando a un enfrentamiento que nos va a llevar a una distopia política, comercial y económica que puede ralentizar el desarrollo social y económico los próximos cinco años. 

Enfrentamiento que se pudiera llegar a atemperar si la Unión Europea y Rusia llegarán a un acuerdo. La UE pensaba que, al derrotar a Rusia, las indemnizaciones de guerra que esta tendría que pagar le ayudaría a subsanar su déficit, sin embargo, la realidad les está haciendo ver que eso no va a pasar. 

Lo que más le conviene a las partes y al mundo, es que dejen atrás sus diferencias y formen una alianza comercial y económica. Esto le permitiría a la UE volver a competir en los mercados al tener acceso a energía barata, al tiempo que Rusia expandiría su comercio e influencia en toda Europa.

Cierto que EE. UU no vería con buenos ojos este acuerdo, pero también es cierto que el futuro de EE. UU está en América, en cuanto al abasto de materias primas y raras, petróleo, litio y recursos hídricos y agrícolas. Variables que le permitirían ofrecer a su propio mercado, al de la UE y socios asiáticos, recursos y productos más competitivos en cuanto a costo y calidad.

En el inter tanto de los acuerdos o desacuerdos que se dé entre las utopías y ucronías en conflicto, vamos a vivir cinco años de mucha agitación política, financiera, comercial con fuertes restricciones al tránsito de las personas entre naciones, amén de un cierto riesgo de conflictos regionales que mal manejados, pudieran llegar a algo más.

En el inter de este devenir…, nos seguimos leyendo aquí.

 

lunes, 12 de enero de 2026

Nosotros y las cosas.

Las cosas no saben que existimos y, sin embargo, nos afianzamos a la vida a través de las cosas. Estas no solo nos brindan un sentido de identidad que nos aproxima o aleja de los demás, sino que además nos dan un sentido de propiedad que nos afirma en ellas y en el mundo.

Desde la infancia hasta la vejez, las cosas, que no saben que existimos, toman un papel relevante en nuestra vida. En ellas se nos van muchos de los recursos que tan difícilmente ganamos y mucha de la energía que tenemos, aun cuando el intervalo que estas ocupan en nuestro espacio tiempo es, la gran mayoría de las veces, limitado. No porque no sean importantes, sino porque nuestro interés muta con la edad.

Lo paradójico de esto es que esas cosas que vamos dejando atrás fueron las mismas que ayer nos desvelaron y agotaron, ya sea para ganarlas o para conservarlas. Y, sin embargo, las hemos dejado atrás como mañana dejaremos las que hoy tenemos y nos tienen.  

Lo que coleccionas, te colecciona.
Los seres humanos nos parecemos a los hábitos y a las cosas que tenemos. Estás nos imaginan y semejan. Nuestros ancestros dirían: conoce la cueva del león y sabrás como es el león.  

 Las cosas, palabra que inevitablemente repetiré más de lo deseable, son, por muy preciadas que nos sean: cosa-objeto. Objetos que al morir nosotros serán una carga para nuestros hijos, ya que a estos les tocara decidir cuáles son esas pocas que van a conservar y esas muchas que van a desechar.

Nuestras cosas tienen valor solo para nosotros. No es que estas carezcan de valor en sí mismas, sino porque el valor que nosotros les damos está mucho más allá de su valor como cosa-objeto, y lo está debido a que cada una de estas nos retrotrae a algo. Y si algo nos enseña la vida en el devenir de esta es que los recuerdos arrastran recuerdos. 

Cierto que muchos pudieran pensar que lo que sentimos hacia ellas es apego, y sin duda lo es, pero también lo es el que estas nos afirman y reafirman en la vida y en uno mismo. 

El hábitat, cosa que nosotros creamos y que al final nos habita, no solo nos es sustancial, sino que cuando diseñas este pensando en que sea un lugar que te acoja y construya, se convertirá, la gran de las veces, en un lugar salvífico. Por lo que es de suma importancia meditar de que cosas nos vamos a rodear porque estas terminaran construyéndonos o destruyéndonos, aun cuando no estemos conscientes de ello. 

Líneas arriba decíamos que los seres humanos nos parecemos a los hábitos y a las cosas que tenemos, esto debido no solo a que lo que coleccionamos nos colecciona, sino que también nos coloniza. Una persona que todo lo que le rodea tiene que ver con la comida, la bebida y la fiesta, va a ser más que imposible que la colonización que estas hayan hecho de su ser y hacer no se note en el mapa de su mente, en la arquitectura de su rostro y en la geografía de su cuerpo. Lo mismo acaece con el deporte, el arte, la literatura, los libros, el ajedrez y toda esa suma de etcéteras que habitamos y nos habitan.  

En la vida, todo lo que no suma, resta.
Si la colección y los hábitos no nos construyen, nos destruyen, lo que hará más que notorio la perdida de la verticalidad de la mirada que poseen aquellos que coleccionan cosas que retan y nutren su cerebro. 

El mapa de la mente, la arquitectura del rostro y la morfología del cuerpo de una persona nos deja ver el nivel de actividad física y psíquica de la persona que tenemos enfrente. La razón por la que en el devenir de la vida vemos a algunos adultos mayores con un anacronismo estético que les hace verse muy bien física y mentalmente es, precisamente, por la intensa actividad física y mental que caracteriza su diario vivir.  

En las antípodas encontramos a esos otros en los que lo único que notamos es una acusada ausencia de ideas prácticas y una abundancia de actos e ideas erráticas que les terminan generando una temprana arterioesclerosis del poder. Arterioesclerosis que no solo no les permite usar adecuadamente los recursos que poseen, sino que además les impele a impedir el que otros los usen. 

El entorno te forma o te deforma, pero jamás te deja igual.
Las cosas, ya una vez que las habitas y te habitan, no solo te acercan o separan de los demás, sino que además te pueden construir o destruir. Así, pues, la pregunta es: las cosas y hábitos que posees y te poseen: ¿te llevan a la lenta o acelerada destrucción..., o a la lenta y progresiva construcción?

Sócrates, quien fue un hombre que en vida tuvo muy pocas cosas. Cuando lo condenaron a morir vía la ingesta de la cicuta, les pidió a sus discentes que le llevarán a su celda la flauta más barata del mercado. Este, ya una vez que sus alumnos regresaban a sus actividades cotidianas, se abocaba a practicar una melodía de difícil ejecución. 

Su carcelero que, ya había tenido la oportunidad de convivir con varios condenados a muerte, asombrado ante la calma de Sócrates y el esfuerzo que este hacía en practicar una y otra vez la melodía. Le preguntó qué porque se afanaba tanto si en cuestión de días iba a morir. A lo que este contestó: para que cuando me muera, me muera sabiéndola.

La flauta era, como todas las cosas, una cosa objeto. Sin embargo, este pidió que le llevaran una cosa objeto que jamás había utilizado, aprovechando los últimos días de su vida para aprender a hacer algo que le agregará valor a su hacer y ser…, no para la inmortalidad, sí para él.  
 

La superación y construcción van más allá del éxito económico. Es una travesía personal en la que nos vamos construyendo a través de las cosas que nos allegamos y de los habitamos que sembramos. Es un viaje que termina justo cuando terminamos nosotros, ya sea porque hemos dejado de aprender o porque dejamos de existir…

Nos corresponde a nosotros decidir y hacer.

Nos leemos en el siguiente artículo.